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Bartian

Usuario (Argentina)

Primer post: 7 abr 2014Último post: 18 ago 2014
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Cuento de terror: "Las Músicas Atroces" (Paulo Ma
ArteporAnónimo4/7/2014

Las músicas atroces Mi nombre es Antonio Tozza. Heredé este nombre de mi abuela, a quien nunca conocí. Ella provenía de una familia de coleccionistas de arte de mucha influencia en las clases altas por sus refinadas y excéntricas preferencias estéticas, siempre a la vanguardia. A lo largo de varias generaciones, toda variedad de artistas se han sabido mostrar muy agradecidos y generosos con ellos por sus favores. Mi madre, Josefa, murió a los 71 años de edad, mientras que mi padre logró sobrevivirle por un tiempo más y perdurar para acompañarme hasta mi madurez. La familia de mi padre se dedicó siempre al comercio. Por lo tanto, se podría decir que era una persona práctica, hábil y resuelta. Gracias a ello, pudo conquistar a mi madre. Una criatura extremadamente sensible e introvertida, aunque no por eso una mujer débil de carácter o espíritu exánime, sino todo lo contrario. La historia de mi ascendencia está plagada de muertes trágicas, absurdas o misteriosas, por decirlo de alguna forma. Hasta hace unos años, me encontraba felizmente casado con Elizabeth, ahora mi difunta esposa. A mí también, desafortunadamente, me tocó padecer esta herencia de mis mayores. Antes de morir ella, vivíamos en una propiedad que perteneció a mi familia, en Campania, Nápoles, cerca de los campos Flégreos. Ésta es una zona alejada y tranquila, con salida al mar, que se encuentra rodeada de volcanes ya inactivos desde hace muchos años. Más de los que podría contar. Durante toda mi vida, me desempeñé en las actividades comerciales, continuando el legado de mis antecesores, aunque me he visto obligado a abandonarlo. Estoy viejo e inválido, he vivido demasiado, y no tengo a quién legarle toda mi experiencia y empresas. Mi esposa, desde un principio, se dedicó a las tareas domésticas y a la crianza de nuestras dos hermosas hijas, mientras que en sus ratos libres atesoraba y llevaba un formidable archivo de distintas rarezas artísticas sin valor, anónimas e inclasificables, sólo por afición. Este detalle siempre me resultó enternecedor y me remontaba a mi infancia, rodeado de objetos fascinantes e incomprensibles a esa edad. Podría decirse que tenía muchas cosas en común con mi madre: en su forma de ser, en sus pasiones. Al día de hoy, debo lamentar también la muerte de Victoria, una de nuestras hijas, la más pequeña. Lucy y yo ahora vivimos en la ciudad, lejos de aquellos campos. Claro está, ella no tiene el más mínimo interés en el comercio o la navegación. Ha heredado mucho de su madre. Se dedica al estudio de la filosofía y las letras en la Universidad de Nápoles. Es una mujer muy inteligente y animosa, llena de brío. Por mi parte, intento descansar y pasar lo que me queda de esta vida sin padecimientos ni sorpresas, estar en paz y dejar atrás un pasado signado por la desgracia. Lucy era muy chica. No recuerda nada de lo que ha sucedido. Al menos confío en que así sea. Mi invalidez no me permite hacer otra cosa más que recapitular, una y otra vez, los mismos hechos. He sido reducido a eso. Durante la prolongada agonía de mi esposa, me vi forzado a delegar todas mis responsabilidades para quedarme junto a ella, asistirla y cuidar de nuestras hijas. En el momento en que cayó enferma, yo me encontraba en uno de mis viajes. Por lo tanto, las circunstancias o razones de su afección no me fueron completamente claras. Una mañana salió a dar un paseo hacia el lago, según me dijeron, para encontrar ahí su suerte. Fue golpeada y violada ahí mismo por algo innombrable, abandonada desnuda; moretones y heridas en todo su cuerpo. Así la encontraron nuestros sirvientes y el ama de llaves unos días después. No podía moverse. Los temblores y espasmos la dominaban. No quedaban fuerzas en su espíritu, se desvanecía en llantos. Debieron sujetarla y arrastrarla hasta la casa. Las heridas que le habían sido provocadas estaban infectadas y ella ya no tenía medios para luchar contra lo inevitable. Las constantes nauseas, las llagas por todo su cuerpo y su rostro, el deterioro de sus huesos, la piel mellada. Los intensos gritos de dolor. Sus ataques de ira. Los vómitos. Yo permanecí a su lado a cada momento. Los médicos, de todas partes del mundo, iban y venían para prescribir no más que su ignorancia sobre pestes de las que nadie sabía demasiado todavía. Su cuerpo estaba vejado, íntegramente. Su espíritu había sido quebrado. Su mente, ida. Pero aún así resistía. Gasté gran parte de mi fortuna buscando una forma de aliviar su sufrimiento, una respuesta certera al menos. Nunca lo conseguí. Por las noches, cuando ella lograba conciliar un poco el sueño, o simplemente se desmayaba, agotada por el padecimiento, me sentaba en el balcón de nuestra habitación a fumar algunos cigarros. Es curioso cómo uno recuerda a la persona amada, la forma en que la evoca. Lo que más extrañaba, y aún hoy extraño de ella, es el modo en que me demostraba su afecto, su amor, el cariño, su respeto. Su compañía. Eso es lo verdaderamente único que puede darle una persona a otra, lo único que cuenta. Lo demás pierde importancia. Todo eventualmente pierde importancia. Se diluye. [...] para continuar leyendo: http://paulomanterola.blogspot.com.ar/2014/04/las-musicas-atroces.html ¡Espero que lo disfruten!

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blog de poesía, cuentos, ficciones y traducciones: Alicia
blog de poesía, cuentos, ficciones y traducciones: Alicia
ArteporAnónimo4/19/2014

¡Buenas! Les transcribo un extracto del poema Alicia de mi autoría en un pequeño y humilde homenaje al eterno personaje de Lewis Carroll. ¡Espero lo dsitruten! Si gustan de seguir leyendo, acá les dejo el link: www.paulomanterola.blogspot.com.ar Alicia tropezó una vez, pequeña, entre mis dedos, caprichosa, distraída... ... como quien busca tropezar, desde la apatía de un jardín donde sólo existen los números y las certezas, siempre es siempre no; no hay sueños dentro de sueños y la razón nunca enferma de deseo. Y este día que la encuentra somnolienta, Alicia ha vuelto a encontrar una puerta, ha roto un espejo; quiere regalarme una sonrisa, aunque sabe, tal vez no deba... ... y yo podría quizás esta vez prestarle mi sombrero, pero mi corazón no es más joven ni más bueno de un tiempo a estos días. Aunque llevo siempre, bajo el ala, alguna que otra adivinanza de las que sabían entretenerla. Pero, a decir verdad, olvidé las respuestas. Y aunque el tiempo se empecine en dejarnos detenidos, mientras seguimos dando vueltas, precipitándonos... ... de un escenario a otro, entre roles y máscaras en este paréntesis donde se nos quedó un pedazo del alma, donde acaricio la gracia de tenerla nunca y siempre. Tal vez hoy se pregunte quién sueña a quién... ... y es que, a este punto, Alicia, cuál es la importancia. [...] continúa: www.paulomanterola.blogspot.com.ar ¡Saludos!

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Blog de Poesía y Literatura ¡A leer!
ArteporAnónimo4/8/2014

AMNESIA Cuando la memoria retiene todo, absolutamente todo; eventualmente, acaba por retener nada. Soy un libro abierto, no hay nada entre líneas; soy lo que ves. Solamente está oculto para mí. Soy una vena abierta de par en par. Fácil de temperar, fácil de envenenar. Soy un producto de la espontaneidad –soy amnesia–. Escupo palabras que ya me son ajenas. Creeme hoy... ... mañana es tarde para mí. Los pensamientos atacan filosos y breves... ... ligeros, nimios, entre otras ficciones de mis impulsos que se me desbordan de los huesos. Soy un esqueleto de nervios pulverizados, un tumor a punto de reventar... ... y este corazón, todos estas inflexiones, como espasmos: soy un efecto de tu causalidad –soy amnesia–. Vivo asombrado; casi tanto como cansado. Doy todo lo que puedo dar... ... y más. No guardo nada. Soy un producto de la espontaneidad. Soy amnesia. Todo es tan excitante... ... todo es tan estresante. Autor: Paulo Manterola. aquí va el link: http://paulomanterola.blogspot.com.ar/2014/04/amnesia.html Si gustan de leer más: www.paulomanterola.blogspot.com ¡Saludos!

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Poema: Casas de cartas
ArteporAnónimo4/9/2014

CASAS DE CARTAS Mientras todos duermen, yo voy, decidido, avanzo tranquilo, prontos los sentidos. Y busco ese punto en los contornos en donde todos los senderos convergen. Y ando y vuelvo a donde empecé a andar y veo los sueños de todos quietos. Y quiero empujarlos. Y creo que puedo. Mi espalda es ancha, mis manos grandes y mi sangre hierve. De a ratos, me pierdo en algún que otro letargo, indistinto, arbitrario. Y voy, también, un poco más liviano, recorro distancias más improbables, dejando la huella de mis pies en libros de arena; rumores de pensamientos que se ahogan en el vacío; diseñando, construyendo las casas de cartas que habito durante el día. Luego, cuando todos despiertan, bostezan y salen al mundo, a buscar algo para comer, para coger. Y patalean porque comen mal o cogen mal… … Y mienten, se engañan y se olvidan, a mí me da sueño. si gustan de leer más les dejo elwww.paulomanterola.blogspot.com recomiendo por acá también otro blog de arte: elesconditedeorfeo.blogspot.com ¡Espero que lo disfruten! ¡Saludos!

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Microrrelatos
ArteporAnónimo5/14/2014

¡Hola! Les dejo aquí uno de los microrrelatos que he escrito en estos últimos días. Si les gusta y quieren ver más, este es el link de mi blog: www.paulomanterola.blogspot.com.ar La morbosidad de trascurrir Nos lamentamos, hipócritas, de no haberlo visto venir. Lo aceptamos como algo natural, como el devenir de las cosas; caímos en la trampa. Ansiábamos descubrir ese secreto, las figuras que habitan entre los blancos que dibujan las figuras. Pensamos que reiríamos luego. Y ahora que hicimos nuestro todo aquello que añorábamos, también es nuestro el miedo, el terror. La angustia y la desolación; la soledad. Lo efímero, lo fútil, de revelarnos ante la propia conciencia. Y, en realidad, lo vimos venir y, de todas formas, lo quisimos. Hace tiempo, cuando todo eran fábulas, no deberíamos haber dejado jamás de desconfiar. ¡Espero les haya gustado y lo disfruten! ¡No dejen de pasar por el blog! ¡Saludos!

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El viejo, filosofía y literatura
El viejo, filosofía y literatura
ArteporAnónimo6/28/2014

¡Buenas! Les dejo un extracto del último cuento publicado. Para leerlo completo, diríjanse al link copiado al final. ¡Espero lo disfruten! [...] — Hace poco escuché una historia de lo más curiosa relacionada a esto que te menciono. — Ah, ¿sí? —comentó Diego con poco interés. Pero antes de que tuviera posibilidad de cambiar de tema, el otro ya había comenzado su relato: — En el siglo XVIII, un ingeniero, un genio científico, fanático de la electricidad –un artista en realidad, para hacerle justicia–, cuyo nombre no viene a colación, algo loco, oscuro, construyó un autómata. Esta máquina, que no era más que pedazos de metal soldados y cables, imitaba a la perfección la figura, los movimientos y los gestos de un ser humano. Por supuesto que no tenía voluntad, alma si querés. Seguía siendo un pedazo de metal, técnicamente. Carecía de la facultad de sentir, emocionarse, aun contando con un corazón fuerte y saludable, como es esta pieza que está entre nosotros. — Un corazón en sentido figurado, claro —agregó Diego, un poco más relajado, dejándose llevar por el efecto de su bebida y por la historia que su amigo estaba desarrollando de a poco, con un talento que siempre envidió. — Seguro, no hace falta aclarar —contestó Ariadno, con una sonrisa entre los labios—. Las emociones, los sentimientos, no tienen nada que ver con el corazón, el músculo en sí mismo: están relacionados a la psiquis. Por más inteligente que sea un mecanismo artificial, no podría acercarse siquiera a la complejidad que representa nuestro cerebro. De todas formas, no se trata simplemente de eso. Este autómata tenía una facultad extraordinaria que nadie nunca quiso o pudo explicarse: hablaba. Y no solamente eso: sus palabras eran sabias, acertadas. La gente que sabía de su existencia, pagaba a su dueño para ir y hablar con nuestro amigo de lata, le pedía consejos, le hacía preguntas sobre lo que le deparaba la vida, el destino, como quieras llamarle. Y ¿sabés qué es lo realmente curioso de todo esto? — ¿Qué es? —preguntó Diego divertido, algo intrigado. — Siempre daba la respuesta correcta. No se equivocaba. Nunca. Ariadno hizo una pausa antes de volver a hablar. Diego aguardó sin decir nada, expectante. Sabía cómo era su amigo: todavía faltaba más. — ¡Daba consejos! Sabios, buenos consejos. ¡Imaginate! ¡Una máquina, unos pedazos de metal unidos por cables, un ser sin alma ni capacidad emocional, intelectual o intuitiva, aconsejando a unos pobres seres humanos desesperados! — Me cuesta un poco creer todo eso. ¿De qué libro lo sacaste? —dijo el viejo, dándole un trago largo a su bebida e inclinándose hacia adelante sobre el escritorio. — Sí, es extraño. Pero es verdad. Sin embargo —retomó Ariadno, haciendo otra pausa—, supongamos que hubiera algún truco. — Eso sería un poco más lógico quizás. — Pero no lo es —replicó Ariadno sonriente—. De todas formas, supongámoslo. Quisiera saber qué dice tu razonamiento lógico a todo esto, ¿te parece? Diego asintió y se reclinó sobre su asiento nuevamente: — Probame. Ariadno se rió y le dijo: — ¿Tenés idea de por qué las personas iban a verlo y a hablar con este autómata? — ¿Por qué? —increpó el viejo, sin intención de hacerle notar que ya lo había mencionado hacía unos minutos, dándole el gusto a su amigo para que se explayara sobre este tipo de curiosidades asombrosas e inevitables de la vida que a él le fascinaban. — ¡Porque siempre daba la respuesta correcta! —gritó Ariadno con un suspiro triunfal mientras se echaba hacia atrás en su asiento con las manos en alto, como si estuviera sosteniendo a una criatura, con una enorme sonrisa en la cara. Diego se quedó mirándolo, esperando. Luego, Ariadno retomó: — Suponiendo que hubiera algún truco, ¿cierto? ¿Cómo es posible que siempre tuviera la respuesta correcta? Siempre. Para cada persona. ¿Cómo puede predecirse eso? ¿Cómo puede ser que no haya fallado aunque sea una sola vez? [...] continúa en el link: http://paulomanterola.blogspot.com.ar/2014/06/el-viejo.html

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Sobre el hombre que eligió no tener alma, cuento
ArteporAnónimo6/28/2014

Hay una teoría. Esta expresa que los deseos son impulsos nerviosos generados por nuestras neuronas, las cuales funcionan a través de conexiones eléctricas. De hecho, la electricidad está presente en todo nuestro cuerpo, todo el tiempo, aunque no logremos percibirlo. Nuestro cuerpo está hecho de electricidad, estática. Más allá del cielo, en la ionosfera, donde nacen los relámpagos y los meteoroides se convierten en estrellas fugaces, donde la luz del sol se transforma, se extiende un campo magnético que puede transmitir cualquier tipo de descarga eléctrica hacia determinado destino sin la necesidad de conductor alguno. Entonces… … ¿qué es lo que hace que nuestros deseos se cumplan? ¿Quién tiene conocimiento de este fenómeno? ¿Quién puede hacer posible este milagro o accidente de la naturaleza? ¿Quién tiene la posibilidad de usarlo a su placer? Sea quien sea esa persona, tiene en sus manos su propio destino más que nadie en el mundo, así como también el de quienes se encuentran conectados a esta. — Sonría —le dice ella—. Solía gustarme mucho verlo sonreír. Él intenta una mueca y ella se sonríe, con ternura. Está recostado, exánime, entumecido por el dolor, mientras ella permanece aún a su lado, desde una silla a un costado de la cabecera de la cama; sostiene su mano, repleta de manchas rojas. La madera, las paredes, el aire, todo está lleno de humedad, como el cuerpo de él. Lleva con sus manos la de él hacia ese pecho encendido por un fuego que nace en sus huesos. Aprieta su mano, le frota el pecho. Ese pecho cansado y enfermo. El silencio envuelve aquella pequeña habitación descolorida. Las ventanas están cubiertas por mantas. Todo está a oscuras allí. La luz del sol le provoca espasmos a él; la humedad, impregnada en su cuerpo, lo descompone. Ella se pone a llorar. Él ya no siente dolor, aunque siente una angustia muy honda, desconsolada. Ya no es más que algunos huesos deshechos y carne pudriéndose. Y no le importa en realidad. Pero no quiere verla llorar, quedarse solo o dejarla sola. Ella no se mueve de su lado desde hace tres días. Estuvo velando por él. Tal vez por devoción a un pasado más agradable en sus memorias. — Todo esto es por mí —murmura ella mientras las lágrimas comienzan a deslizarse por las mejillas hacia su boca. Le suelta la mano y respira hondo. Se seca los ojos. Lame la sal de entre sus labios. — Todo esto es por mí —repite ahora, erguida—, por su cobardía en realidad. Hace una pausa. Vuelve a suspirar, todavía con los ojos humedecidos. — Yo lo único que quería era esto, que estemos juntos. No tenía que terminar así. Él no puede hablar y, aunque pudiera, ya no sabría qué decir. La mira, y no comprende. Lo único que sabe con seguridad es que, después de tanto tiempo, aprendió que la ama. Y, al mismo momento, que la odia. — No lo lamento —sigue diciendo—: después de todo lo que he sufrido. Se inclina sobre él y le besa la frente, también manchada. — Pero siento lástima por usted hoy; por nosotros, ahora. [...] continúa en el link: http://paulomanterola.blogspot.com.ar/2014/06/sobre-el-hombre-que-eligio-no-tener-alma.html

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poema: a una mujer hecha de oro
ArteporAnónimo8/18/2014

A UNA MUJER HECHA DE ORO ella me dijo que nos pusimos de novios un día veintiocho, de un marzo... ... y yo sabía que no era verdad, pero no dije nada. un tiempo después, me dijo que fue porque sabía que febrero nunca tiene treinta días. y la primera vez me olvidé, y ella no. también me dijo una vez, antes, después, da igual, que no esperaba que duremos más de un año y eso yo no lo pude olvidar. pero le dije está bien, vamos a casa, y después fuimos a casa. yo le decía que la quería y ella me decía yo también. yo me quedaba despierto hasta que se durmiera, acariciándola, haciéndole mimos. cuando yo me quedaba dormido, ella se levantaba a tomar mate; me hizo algunas caricias tibias en el brazo una vez hasta que me dormí enroscado en su cintura, sobre su pecho, y cuando desperté, estaba solo, ella estaba leyendo un libro de bolaño en el comedor. me encantaba estar en la cama con ella, estar nada más. le llevaba el desayuno. ella terminaba el café, se bañaba y salía corriendo para la facultad... [...] para seguir leyendo: http://paulomanterola.blogspot.com.ar/2014/08/a-una-mujer-hecha-de-oro.html

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Everybody knows (traducida al español)
Everybody knows (traducida al español)
ArteporAnónimo8/18/2014

Dejo acá un fragmento de esta gran canción de Leonard Cohen, traducida por mí. Espero lo disfruten y si quieren leerla completa, va el link: http://paulomanterola.blogspot.com.ar/2014/08/todos-lo-saben-ya.html TODOS LO SABEN Todos lo saben que los dados están cargados, pero esperan su turno, cruzando los dedos. Todos lo saben que la guerra ha terminado; y también lo saben, los buenos perdieron. Todos lo saben que la pelea estaba hablada: los pobres mueren pobres; los ricos, en sus casas. Y así es como se da… … todos lo saben ya. Todos lo saben que el barco está zozobrando, todos lo saben que el capitán mintió; todos parecen tener esa sensación de espanto como cuando su padre o su perro murió. Y todos presumen sus riquezas y dones, pero lo que quieren es una caja de bombones y una rosa en el ojal… … todos lo saben ya. Todos lo saben que me amás bien, mujer, todos saben que esa es la verdad; todos lo saben que has sabido ser fiel, excepto una o dos noches, quizás. Y todos saben que has sido discreta, pero fueron tantos los hombres que andaban cerca cuando querías jugar… … todos lo saben ya.

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blog de arte y literatura
ArteporAnónimo4/28/2014

"¿Y ahora qué?", se preguntó Platón, luego Yeats. Pregunta esencial para la vida misma. Blog de relatos, cuentos, poemas, traducciones de poetas angloparlantes y ¡mucho más! Ficción, literatura, pintura y música. ¡No dejen de visitarlo y compartirlo! ¡Espero lo disfruten! ¡Saludos! http://paulomanterola.blogspot.com.ar/ ¡Muchas gracias! ¡Saludos!

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