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Completa reseña de la situación de los reductos culturales de la Ciudad 17 clausuras y desalojos hasta el momento. 1- Centro Cultural y Social Almagro, centro cultural alternativo desalojado violentamente la semana pasada. Medrano 473, Almagro. 2- Vecinos por el 25 de Mayo, grupo de vecinos de Villa Urquiza que lograron la recuperación del cine teatro 25 de mayo, la promesa fue cogestionarlo entre el gobierno porteño y los vecinos del barrio, pero no se cumplió. Allí presentaron al jefe de la policía porteña lo que motivó un acto de repudio en el que adhirieron a nuestras protestas. 3- Centro Cultural del Sur del gobierno de la ciudad, hace varios meses fue clausurado por el gobierno a causa de que el propio gobierno no realizó las reparaciones indispensables para mantenerlo funcionando. Se cerraron los talleres y se levantaron todos los espectáculos programados en su auditorio. Av. Caseros 1750, Barracas. 4- Cirko Trivenchi, centro cultural alternativo circense con orden de desalojo, Av. Caseros 1712, Barracas. 5- Movimiento Afrocultural Bonga, centro cultural alternativo afro con orden de desalojo. El gobierno de la ciudad les daría el uso del CC Plaza Defensa, donde no podrían tener su vivienda ni llevar adelante los talleres que les permiten subsistir. Herrera 313, Barracas. 6- CC Plaza Defensa del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, sería cedido al Movimiento Afrocultural con lo cual quedarían en banda los trabajadores que vienen sosteniendo el espacio desde hace 10 años y se cancelaría la programación artística prevista hasta fin de año. Defensa 535, San Telmo. 7- CC 20 Flores de la Asamblea de Flores, acaban de recibir el primer aviso de desalojo. Avellaneda 2177. 8- El Sexto Kultural, centro cultural alternativo con orden de desalojo que afecta también a la mutual sentimiento y otras organizaciones sociales y cooperativas de trabajo. Av. F. Lacroze 4181, Chacarita. 9- IMPA La Fábrica Ciudad Cultural, centro cultural alternativo, orden de desalojo de la justicia sobre la cooperativa de trabajadores que recupero la fábrica e implica el desalojo del centro cultural. Querandíes 4290, Almagro. 10- Casa de la Cultura Compadres del Horizonte, con clausura del salón en el que tocaban grupos musicales, con ese ingreso sostenían el merendero y las actividades sociales para los niñ@s del barrio. Combate de los Pozos 1983, Constitución. 11- Casa Zitarrosa Centro cultural uruguayo-argentino liderado por Cristina Zitarrosa, hermana de Alfredo Zitarrosa el gran cantautor y poeta uruguayo. Desalojado de su sede de Villa Urquiza dodne realizaban talleres, espectáculos y vivía la familia Zitarrosa. Av.Constituyentes 5700, Villa Urquiza. 12- La Huerta Orgazmika y CC La Sala. La huerta que funcionaba desde hace varios años en terrenos linderos a las vías del FFCC Sarmiento, estación Caballito, fue violenta y completamente arrasada con topadoras en horas de la madrugada. Al día siguiente, las organizaciones sociales y culturales fueron al CGP para protestar contra la destrucción terminaron siendo perseguidas por la policía que ingresó al CC La Sala para golpearlos, detenerlos y romper las instalaciones. 13- Grupo de Cine libre de Parque Rivadavia, el gobierno de la ciudad mediante la UCEP (Unidad de Control de los Espacios Públicos) y la policía intenta impedir que continúen las actividades culturales gratuitas que el colectivo de cine y otros artista callejeros desarrollan en el Parque. 14- Artistas y técnicos de las obras teatrales del Complejo Teatral Buenos Aires(Teatro San Martín, Alvear, De la Ribera, Reggio y otros), están trabajando sin contrato y sin cobrar. 15- Talleristas de los Centros Culturales Barriales del Gobierno de la Ciudad, llevan varios meses sin cobrar. 16- Teatro Colón, por causa de la paralización de obras que lo mantienen cerrado desde hace varios años, corren riesgo los puestos de trabajo de los cuerpos artísticos y técnicos. 17- Escuela de Artes Manuel Belgrano, los alumnos resisten su vaciamiento. [/size] Fuente:
Cada vez hay más polícias, ya sea en las calles, en los subtes, en los negocios, en todos los lugares donde el capital circula. Pero ¿es bueno que así sea? ¿Qué significado tiene este aumento cuantitativo de la fuerza policial? Es evidente que la inseguridad no cesó, los robos continúan, la gente está cada vez más asusada, prefiriendo quedarse encerrada entre sus cuatro paredes donde el "home theatre" resuena tapando el otro mundo. Los sectores de la burguesía que enérgicamente exigen mayor seguridad como también, y acompañando a ello, pena de muerte a los delincuentes, han generado este incremento en los espacios tanto públicos como privados de la policía, sin haber tomado conciencia de lo que esto significa en verdad. Así es que como ejemplo podemos citar el actual conflicto que se está llevando a cabo entre los trabajadores de la fábrica Kraft-Terrabusi y los representantes de la burguesía internacional y nacional, Kraft, el Estado, la CGT y las fuerzas policiales. Kraft es una multinacional norteamericana que hace unos años compró la fábrica alimenticia Terrabusi, las más grande de ese rubro en Argentina, con más de 4 mil obreros, la mayoría mujeres. Desde hace 15 años, apoyado por una masiva camada de luchadores, existe un Cuerpo de Delegados de fábrica que es independiente de la dirigencia sindical de “los gordos” de la CGT, caracterizada por su corrupción y entreguismo a la patronal. La multinacional ha logrado inmensas ganancias y no está en crisis. La matriz de esta empresa utiliza sus millonarias ganancias para presentar una oferta de compra de la multinacional inglesa Cadbury por un valor de 17 mil millones de dólares, por ejemplo. Este dato nos demuestra que los patronos aumentan sus riquezas y hacen muy buenos negocios con la crisis de su capitalismo. Así, con el único objetivo de poder avanzar sobre las conquistas obreras, súper explotar a sus trabajadores y lograr mayores márgenes de ganancia aun, hace 4 semanas tomó la decisión de despedir a 155 trabajadores. Entre ellos a la mayoría de los delegados, miembros del sindicato y activistas, con la clara intención de quebrar la organización obrera, para imponer su ajuste. Los trabajadores de Terrabusi Kraft respondieron a los despidos con un fuerte paro. El gobierno argentino dictó entonces, la “conciliación obligatoria”, obligando a la patronal a reincorporar a todos por el término de 20 días y a los obreros a levantar las medidas de fuerza. Pero la multinacional yanqui se negó a permitir que los despedidos volvieran a sus puestos. Esto llevó a un nuevo paro obrero. Esta vez el gobierno envió a la policía a reprimir a los trabajadores, mostrando con claridad de qué lado está. Actualmente, la policía bonaerense ha ocupado la fábrica con división de perros, caballería y grupos especiales creando una verdadera cárcel, algo parecido a un Estado de Sitio. Todas medidas tomadas para terminar con la organización obrera, conformada por la comisión interna, el cuerpo de delegados y la organización sindical; todas medidas para respaldar la aptitud de Kraft y beneficiarla más aun. Así pues, las peticiones que día a día la masa de la sociedad hace por mayor seguridad creyendo que teniendo uno, dos, tres o diez policías parados en la puerta de sus casas la delincuencia desaparecería, son erroneas. La delincuencia no es más que una consecuencia de este tipo de sistema social, donde se nos inventan muchas necesidades como cierto tipo de lujos, gustos, modelos a seguir, y se nos quitan otras muchas más. Se generan así sujetos sociales sin conciencia, sin pensamiento crítico, sujetos alienados y acéfalos. La delincuencia está fomentada por el propio sistema, porque por detrás de las necesidades básicas el que roba lo hace impulsado por cierto tipo de drogas que no hacen otra cosa que modificar la personalidad y elevar el Ego hacia el infinito. Así es, el Ego crece más y más, no mide consecuencias, porque "es él o ella" en ese momento, no importa otra cosa, sólo uno mismo. ¿Pero acaso no es el Ego el valor que la sociedad capitalista realza por entre los valores? Sí, el egoísmo y egocentrismo son sus valores, y así, nos alienamos, nos separamos cada vez más de nuestro entorno. Por esto, que halla más policías sólo significa una cosa: mayor control de la sociedad. La crisis por la que estamos pasando toca a los trabajadores, los va erosionando, entonces es cuando la intervención policial muestra su razón de ser: frenar y si es necesario aniquilar un posible cambio social, parar a los que van transmitiendo esas energías que una vez le pudieron absorver, para que los que detentan el poder lo sigan teniendo. Ese es el deber de la tan aclamada policía. Fuente: http://la-illusio.blogspot.com/

Hola Taringuer@s, cómo están? Hoy les comparto uno de mis cuentos, mezclo realidad con fantasía, tiene también suspenso. Les cuento que es de mi autoría (lamentablemente hay que estar aclarando estos detalles... ¬_¬ SOPA fuck!). Espero los entretenga, atrape y les guste. Viva el Arte y la Autogestión! Viva la fantasía y la magia! El Descubrimiento Cuando cumplió nueve años ocurrió el descubrimiento. Como era costumbre en estos festejos, concurrió mucha gente, de aquí y de allí, pues las fiestas de los reyes no eran despreciadas, ya sea porque el esplendor estético y culinario las caracterizaba, o porque si uno se negaba habiendo sido invitado corría el riesgo de terminar en las mazmorras. El día había amanecido claro, el sol era radiante y los colores de la primavera pintaban de vida el inmenso jardín real. Desde que le corrieron las cortinas y la claridad le pegó en la cara, presintió que este sería un cumpleaños diferente, no por la manera en que las quince siervas la vistieron con un atuendo de seda china a estrenar, ni por la cantidad descomunal de comida que desbordaba de la mesa de 5 metros de largo, ni por la muchedumbre invitada, más de la mitad completamente le era desconocida, ni por las dieciocho docenas de regalos lujosos que recibió; esa primavera avistada desde el ventanal de 7 por 10 metros que enfrentaba a su cama, le insinuó la estrategia que horas más tarde guió su acción. Primero para no romper la costumbre saludó a los presentes –amigos, familiares cercanos, conocidos del séquito real- estrechó abrazos e intercambió besos en ambas mejillas, y con los demás una que otra reverencia, o nada. Después bailó el insoportable vals con Rey padre y de esa forma se dio comienzo al baile en el salón correspondiente, una habitación muy amplia, de techo preponderantemente alto cubierto de par en par por una delicada pintura, esas de ángeles y nubes, hecha por un artista italiano contratado por sus padres. Estuvo presente un poco ahí y otro tanto en el jardín en donde habían dispuesto la comilona, en el interín intercambió charlas banales con la Reina madre, charlas que viraban de los buenos modales que una princesa debe tener, el trato despótico que una princesa debe seguir con los sirvientes, los regalos que la princesa recibió, la dieta que la princesa debe cumplir para ser bella y bienamada, todas cuestiones que ella se sabía de memoria y que para sus entrantes nueve años empezaban a trastornarla y le generaban un peculiar rechazo que todavía no podía terminar de entender. Transcurridas dos horas, pudo escabullirse perdiéndose en la multitud que ya para esos momentos más de la mitad estaba ebria, contabilizándose en esa mitad su propio padre. Se fue alejando lo más que pudo, lo cual iba haciendo que vaya en dirección al sótano, lugar en el que nunca había estado y al que hasta ese día nunca se había atrevido siquiera a ir, pues se trataba de un lugar oscuro, frío y sombrío del que los siervos rumoreaban con temor y preferían evitar, mas la princesa fue. Se sentía rara pero satisfecha, al menos no tenía que pasar el cumpleaños otra vez con toda esa gente desvariada e inepta, dos cualidades que empezó a usar para describirla. Cuando llegó a la descendente escalera para ingresar al sótano, tuvo que ejercer su autoridad en el guardia que dubitativo al final le dio paso; al fin y al cabo ella era la heredera y hoy era su cumpleaños. Y entró al sótano, sí que era feo. No estaba muy alumbrado, alguna que otra antorcha dispuesta en las paredes le permitía divisar cosas amontonadas: muebles pasados de moda según el criterio de su madre, pilas y pilas de libros y manuscritos cubiertos de polvo, bueno, todo estaba cubierto de polvo en ese lugar del palacio. También notó, más o menos, que estaban mezclados en el montón, juguetes que ella había usado cuando era más pequeña. Prácticamente a los tumbos se fue inmiscuyendo en la habitación, intuía que era por ahí aquello que estaba por cambiar su rutina, por eso decidió caminar hasta las profundidades del sótano, hasta donde la luz de las antorchas no alcanzaban a llegar. Ahora a ciegas, iba dando lentos pasitos con los brazos extendidos y las manos dispuestas para tantear su alrededor, y tropezó bruscamente con quién sabe qué objeto, hecho que plasmó el ambiente con un retumbante ruido a desastre. Otra vez tuvo que ejercer esa maldita autoridad para poder continuar con la odisea sin ser interrumpida y desterrada de esa habitación, y condenada a pasar el resto de sus días prisionera de su condición; porque la princesa tiene que llevar una vida armoniosa y tranquila, el Santo Espíritu así lo quiere, como los ministros recomendaban a sus padres. Ella sabía que el mundo no era lo que le decían que era, porque su curiosidad interrogó varias veces, cuando podía llegar a hacerlo a espaldas de los reyes y el séquito, a los siervos. Ellos le confesaron las calamidades que afuera de palacio se padecían, cuestión que movilizaba sus criterios. Y cuando ella logró deshacerse del guardia que por poco y entraba al sótano, se dejó ver frente suyo. Fue extraño, porque la oscuridad era muy espesa, pero los ojos azabache de la cumpleañera podían verlo. Sin más se incorporó y durante un minuto el unicornio y la princesa se cautivaron frente a frente. Sin mover las bocas, ambos conversaron. - Al fin has venido, Alexandra- le dijo el unicornio a la princesa. - ¿Quién eres, qué eres? ¿Por qué vives aquí?- le preguntó ella. El unicornio permaneció unos segundos observador hasta que decidió responderle las preguntas – Soy Krameal, soy lo que ustedes los humanos llaman unicornio, y no vivo aquí, ¿acaso piensas que tengo tan espantoso gusto para escoger mi morada? -Me parece que no, ¿y de dónde eres, qué haces entonces aquí, Krameal?- volvió a consultarle la princesa. - Tu padre me ha capturado hace once años, y hace once años que no hablaba con alguien. Me ha encerrado en una jaula de barrotes que mi magia no puede destruir, estoy cerca de la muerte, hace mucho que no me alimento pues el sol no llega en donde me han encerrado- el unicornio transmitía tristeza, mucha tristeza. - Pero yo no te veo en ninguna jaula…- cuestionó pensativa. - Estoy usando la poca magia que me queda para comunicarme con el único humano de este lugar que tiene gran corazón, soy un espectro de mi verdadero ser- le confesó el unicornio-. Por favor, sígueme y te mostraré mi cuerpo. Fue así que la princesa siguió al holograma del unicornio, iba flotando, sumergiéndose aún más en lo profundo de la habitación, bien al fondo. Traspasaron muchas cosas, ella tuvo que pisar sobre varias y saltarlas para poder seguir con la travesía. Entonces el unicornio espectral cesó y le dijo – Mírame con tu valeroso corazón, y descubrirás mi prisión-. Luego ella cerró los ojos por un momento, se reconcentró en una cálida cosquilla circundante, y cuando sintió que la calidez la regocijaba y le daba paz, los volvió a abrir y delante vio la espantosa jaula circular de gruesos barrotes de hierro, de 4 metros cuadrados por 5 metros de alto, y en medio, sobre el duro y helado suelo, sin agua y sin alimento estaba agonizando el unicornio. Él abrió sus cristalinos ojos y vio a la princesa. -Me has encontrado, Alexandra- le dijo sin mover la boca. Desesperada, y aún sin poder entender por qué su padre había hecho algo tan brutal, empezó a caminar alrededor de la jaula para encontrar la abertura – No mueras, Krameal, yo te voy a liberar, aguanta un poquito más- rogó ella al unicornio. -Sé que a pocos pasos encontrarás eso con que ustedes desgastan este material, ve hacia tu izquierda, unos siete pasos- aconsejó él. Sin perder ni un segundo, la princesa hizo lo que el unicornio había dicho, y fue así que encontró una lima bastante buena. Volvió con la herramienta en mano y empezó con el trabajo: limó y limó el gran candado que cerraba el pasador de la jaula. Resultó ser una tarea difícil, pero la princesa al fin logró el cometido, entonces rompió el candado, lo dejó caer al suelo y abrió la puerta. Entró a la jaula y abrazó arrojándose a él, al unicornio. - ¡Vamos Krameal, tenemos que salir de aquí!- exclamó. -Muchas gracias por escucharme- le agradeció el unicornio mientras intentaba incorporarse. En verdad que estaba débil, casi no podía dar paso, así y todo, fueron hasta la salida del sótano. A su favor, era el momento del recambio en la vigilancia y dado que el guardia no quería perderse el festín, huyó del puesto un rato antes de la llegada de su reemplazo. Y salieron… Tomaron el camino que iba directo a los jardines reales, y a causa de la magia de Krameal que de a poco su cuerno espiralado generaba, pues la luz de los ventanales lo iluminaba, pasaban desapercibidos por la muchedumbre ebria y descompuesta. Y pisaron el césped, y olieron el aroma de las flores. Cruzaron por delante de la mismísima reina sin ser vistos y se internaron en el bosque que crecía hace muchas generaciones, pero aún estaban en los dominios de la realeza. -¿A dónde vas?- consultó de pronto la princesa al unicornio. - Lejos de aquí, donde ningún humano pueda verme- le respondió cesando un instante la marcha. - Llévame contigo, Krameal- pidió la princesa-. Mi mundo no es mi mundo. Son perversos, mi padre y mi madre hacen sufrir a mucha gente, te han encerrado y casi mueres. A mi también me encierran…- y lo miró a los ojos cristalinos y bondadosos. - Eres una buena persona, pero no puedes venir conmigo, Alexandra. - ¡Por favor, te lo suplico! Yo también moriré si me dejar aquí con ellos. El unicornio hizo brillar su cuerno espiralado, la brisa le arremolinaba sus onduladas crines del color de la Luna, y los cristalinos ojos miraron a su compañera. Ella se reflejaba en el iris de Krameal, era la silueta de otro unicornio. Ambos se alejaron al galope para nunca jamás regresar. Las flores brotaban a su paso.

Hola taringueros y lectores, cómo les va? Paso a dejarlos uno de mis cuentos, espero les guste. Hasta la próxima, y espero sus comentarios. Les aseguro que desde que tengo memoria siempre me dejó a la deriva. El primer recuerdo que tengo de mi padre es cuando me llevó a una plaza, yo tendría cuatro años, creo, y me prometió que en un rato me pasaba a buscar, me dijo “quedate acá jugando, en un rato vuelvo y vamos para casa”, bueno, resulta que ese rato se convirtió en horas, se hizo de noche y hacía frío, y mi viejo todavía no aparecía. Les aseguro que fue una experiencia muy desagradable… cuando no quedaba nadie y las hamacas se movían por el viento, apareció, y tenía otra ropa puesta. Otro recuerdo que me quedó grabado pasó cuando terminé séptimo grado, en teoría todos los padres y madres pasarían a recibir el diploma con sus hijos, te hacían subir al escenario y toda la bola; pensé que en esta no me iba a defraudar, y me equivoqué, porque cayó cuando el acto había terminado, ¡pobre mi vieja, nos hizo pasar una vergüenza terrible! Desde ese día todos pensaron que era madre soltera y nos miran raro (tengan en cuenta que fui a una escuela lo bastante conservadora como para comprender la realidad de la situación). A los catorce medio que quiso recomponer la relación, tenían que verlo, caía todos los días a casa con alguna cosa cara a modo de regalo: arrancó con la compu (toda una novedad para la época), siguió con la Play, una bici nueva de no sé cuántos cambios, y una lista interminable de chucherías que estoy seguro las compraba en un Todo x $2, pero me decía que las vendían en los Shopping, y ropa de marca que habré usado una o dos veces, porque nada que ver con mi gusto, no soy quisquilloso, pero posta que nada que ver. ¿Y mi vieja? Bueno, pobre, es una buena mina, pero hay veces (por lo general…) que me dan ganas de sacudirla para ver si se le mueven las neuronas y reacciona. Ahí va ella y él, ahora estoy seguro que ni a palos se quieren, pero el qué dirán les puede más, y sí, la rutina se los chupó. Cuando se me pasaba lo que las viejas llaman la edad del pavo, me puse paranoico por saber qué carajo hacía mi viejo para ganarse la vida (sí, vivía en una burbuja), porque mi escuela era carísima, todos los veranos nos dábamos el lujo de irnos de vacaciones a donde queríamos, mi vieja era ama de casa (es ama de casa), y teníamos un estilo de vida que no cualquiera podía mantener. ¡Abra kadabra! Mi padre era un mafioso. Ahora es un jubilado de elite, pero en esos tiempos era el dueño de cinco concesionarias de autos O Km. Un día lo seguí y conocí su cara más turbia: lo vi cagarlo a palos a un tipo con dos chavones trajeados a más no poder. Llegué a escuchar que le decían cuándo le iba a garpar, porque él no era Papa Noel… le destrozaron la cara. Espero no estar pareciéndoles un plomazo contándoles esta funesta vida, ¡ah, perdón, todavía no les conté la “mejor” parte! Resultó ser que un “buen” día, a una semana de haber pasado mi cumpleaños número veintiuno, mi viejo después de cómo tres años que no lo hacía, me tocó la puerta de mi habitación y pasó. Se los resumo: me pidió que sea su mano derecha, pues ya era mayor, era un hombre y como tal tenía que continuar con el legado. No me quedó otra que decirle que sí (se me vino a la mente el tipo en la concesionaria). Debo confesar que los primeros seis meses el negocio marchaba viento en popa, hasta que un “buen” día, para no perder la costumbre ¿no?, mi viejo se mandó una de las suyas, una jodida, una muy grosa. La cuestión radicó en que se les fue la mano a sus matones con un viejo, lo mataron a golpes en una fiesta de una fundación caritativa que una de las empresas de mi viejo apadrinaba (puro lavado de guita, obviamente), y resultó ser que el viejo este iba a ser candidato a diputado en las elecciones del próximo año. No me olvido más, desde esa noche que lo detesto, no me entra en la cabeza cómo me pudo hacer algo así, a su propio hijo… Me llamó a las tres de la madrugada, me despertó a los gritos, que me vista y vaya ya para el evento, que me necesitaba ahí urgente. Fui tan pelotudo que me vestí y como un cordero fui rapidísimo. ¿Saben cuál fue la ayuda que necesitaba de mí? Ni bien me vio, me llevó al baño de hombres y me rogó que me lleve el cuerpo del susodicho, me acuerdo patente sus palabras – Llevátelo a su casa, entralo metido en una caja que los muchachos te van a dar, y te ponés la esta ropa (me dio un bolso con un uniforme de mensajero) y después lo tirás ahí en la casa, dale vuelta todo, simulá un robo, algo así, qué se yo, que parezca que le entraron unos chorros y lo cagaron a trompadas. ¡Por favor, si se enteran los medios de esto estoy muerto! Se me cae el mundo, Germán, te lo suplico, hacelo por mí y por tu madre… Te lo pido a vos porque te da el bocho, sos inteligente, si se lo pido a los pánfilos éstos estoy muerto-. Nunca tendría que haber ido, nunca tendría que haberle dicho que sí cuando me pidió laburar con él y seguir con el legado. Ahora, encerrado en prisión hace cinco años, todavía estoy esperando que mi propio padre haga algo para que su inocente hijo sea libre. Todos los días pienso, ¿cómo puede ser un padre tan nefasto para delegar a su hijo su propia calamidad? Sólo se me ocurre que quiere más a su vida, a su mundo, a su status, que a mí. “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Nota: la intención de este cuento no pretende la defensa de Jesús ante Dios, sino que busca poner de manifiesto la violencia simbólica o implícita en lo que se cree un acto de heroísmo. Fuente: http://papelyfantasia.blogspot.com/2011/04/el-legado.html
¡Hola Taringuer@s! ¿Cómo andan? Hoy les quiero compartir otro de mis cuentos, se llama Anillos de Ingenuidad, es bien cortito (una carilla A4 o menos, jajaja, se los aseguro porque cuando lo escribí me propuse - Bueno, quiero escribir un cuento que no se extienda más de una carilla A4 de Word - ). ¿La temática? Pues bien, como pueden notar si leen varios de mis cuentos, mezclo realidad y fantasía, yo lo llamo ruptura cotidiana, porque en la vida normal de mis personajes ocurren cosas totalmente imprevistas y fuera de lo común. Entonces, hecha la breve presentación, aquí el cuento. Espero los atrape y lo disfruten. Todos sus puntos y comentarios son bienvenidos. Saludos!! Anillos de Ingenuidad Eran las costas de un extenso mar de aguas azules y verdes, el aire era recorrido por una cálida brisa que daba regocijo si tocaba algún rostro. La arena brillaba y el sol se alzaba fulguroso en el amplio cielo. A lo lejos, el sonido del agua rompiendo sobre las rocas, y de vez en cuando, se oía pasar una bandada de gaviotas revoloteando, cada sonido parecía ser único, irrepetible, especial; un lugar para el deleite de un fotógrafo locuaz y para los que buscan una distensión cien por ciento asegurada, playas serenas y alejadas de los cúmulos del gentío. Ahora pasaba una parejita que por poco más y las cabezas salpicaban arroz. Como la mayoría de esas pequeñas relaciones sociales que pasaban a conocer, llevaban colgada de alguna parte del cuerpo, por lo general de la muñeca y también del cuello, sus cámaras de video y fotográficas. Se los veía felices, entusiasmados, el lugar les estaba pareciendo fantástico, pues sus cambios de planes estaban valiendo la pena. Caminaban tomados de la mano desocupada, en el caso de ella la izquierda y la de él, la derecha, sintiendo la arena húmeda en los pies, de tanto en tanto, el mar les mojaba los talones. Se miraban y sonreían, avistaban lo maravilloso del paisaje lugareño, y se besaban. El sonido tan placentero, relajante, calmo, inmenso… Continuaban transitando la bella costa que se iba achicando de a poco, mientras que las piedras crecían de tamaño. Para entonces, el agua les salpicaba los rostros ruborizados, ahora el olor del mar les llenaba sus narices, se iba inmiscuyendo hasta ser nítido y total. Y las olas azotaban las rocas acantiladas cubiertas de musgo y algas. Oían y olían al mar, estaba dentro suyo, los descomponía en partes, una sensación de puro placer era lo que llegaban a sentir. Las cámaras se derrumbaron, el mar se los comía, los ojos se cerraban y oían a la inmensidad del paraíso sensitivo en el centro de sus cabezas, sonaba y sonaba majestuosamente. Sentían la arena en la espalda, y el olor penetrante del mar, y la arena en la espalda, y el magnífico sonido de aquel mar. Y las manos se separaron, y los jóvenes anillos se cayeron, y una sensación de calidez licuada en las muñecas… Un eco sibilante había, parecía estar ensalivándose los labios (¿acaso un eco tiene labios…?), y el olor del mar no se había ido. La sensación de calidez licuada estaba llegándoles a los hombros, al cuello, y el eco se saboreaba, los descomponía en partes, el olor era intenso, los estaba mareando, las nauseas estremecían y el estómago se les retorcía. Sin más ambos abrieron los ojos, ya no había sol, ni cielo, ni mar, en su lugar la penumbra de una gruta entremetida en el acantilado, y allí recostada en medio vieron su rostro, uno jamás visto. De ojos naranjas, nariz ofidia, el cabello fucsia lleno de algas y pequeños moluscos le caía sobre la mejillas y le cubría los protuberantes senos, y los dientes de tiburón manchados de sangre (tienen sangre, ¿qué sangre?). Y es así que se observaron y allí se vieron mutilados, pues un brazo les faltaba, gritaron y gritaron, lloraron, rogaron, rezaron al Señor todo poderoso que lo unió en sagrado matrimonio; ahora les faltaba una pierna. Y lo ojos anaranjados se fijaron en los de ellos, le rogaron una y otra vez, la temible mujer agitó su escamosa y azulada extremidad con aletas enormes en la punta. Lo último que llegaron a ver fueron sus feroces dientes de tiburón venírseles sobre ellos. El sonido tan placentero, relajante, calmo e inmenso era evocado otra vez.

Hola taringueros, cómo les va? Hoy les dejo otro de mis cuentos, espero les guste. Hasta la próxima! Cuando cumplió nueve años ocurrió el descubrimiento. Como era costumbre en estos festejos, concurrió mucha gente, de aquí y de allí, pues las fiestas de los reyes no eran despreciadas, ya sea porque el esplendor estético y culinario las caracterizaba, o porque si uno se negaba habiendo sido invitado corría el riesgo de terminar en las mazmorras. El día había amanecido claro, el sol era radiante y los colores de la primavera pintaban de vida el inmenso jardín real. Desde que le corrieron las cortinas y la claridad le pegó en la cara, presintió que este sería un cumpleaños diferente, no por la manera en que las quince siervas la vistieron con un atuendo de seda china a estrenar, ni por la cantidad descomunal de comida que desbordaba de la mesa de 5 metros de largo, ni por la muchedumbre invitada, más de la mitad completamente le era desconocida, ni por las dieciocho docenas de regalos lujosos que recibió; esa primavera avistada desde el ventanal de 7 por 10 metros que enfrentaba a su cama, le insinuó la estrategia que horas más tarde guió su acción. Primero para no romper la costumbre saludó a los presentes –amigos, familiares cercanos, conocidos del séquito real- estrechó abrazos e intercambió besos en ambas mejillas, y con los demás una que otra reverencia, o nada. Después bailó el insoportable vals con Rey padre y de esa forma se dio comienzo al baile en el salón correspondiente, una habitación muy amplia, de techo preponderantemente alto cubierto de par en par por una delicada pintura, esas de ángeles y nubes, hecha por un artista italiano contratado por sus padres. Estuvo presente un poco ahí y otro tanto en el jardín en donde habían dispuesto la comilona, en el interín intercambió charlas banales con la Reina madre, charlas que viraban de los buenos modales que una princesa debe tener, el trato despótico que una princesa debe seguir con los sirvientes, los regalos que la princesa recibió, la dieta que la princesa debe cumplir para ser bella y bienamada, todas cuestiones que ella se sabía de memoria y que para sus entrantes nueve años empezaban a trastornarla y le generaban un peculiar rechazo que todavía no podía terminar de entender. Transcurridas dos horas, pudo escabullirse perdiéndose en la multitud que ya para esos momentos más de la mitad estaba ebria, contabilizándose en esa mitad su propio padre. Se fue alejando lo más que pudo, lo cual iba haciendo que vaya en dirección al sótano, lugar en el que nunca había estado y al que hasta ese día nunca se había atrevido siquiera a ir, pues se trataba de un lugar oscuro, frío y sombrío del que los siervos rumoreaban con temor y preferían evitar, mas la princesa fue. Se sentía rara pero satisfecha, al menos no tenía que pasar el cumpleaños otra vez con toda esa gente desvariada e inepta, dos cualidades que empezó a usar para describirla. Cuando llegó a la descendente escalera para ingresar al sótano, tuvo que ejercer su autoridad en el guardia que dubitativo al final le dio paso; al fin y al cabo ella era la heredera y hoy era su cumpleaños. Y entró al sótano, sí que era feo. No estaba muy alumbrado, alguna que otra antorcha dispuesta en las paredes le permitía divisar cosas amontonadas: muebles pasados de moda según el criterio de su madre, pilas y pilas de libros y manuscritos cubiertos de polvo, bueno, todo estaba cubierto de polvo en ese lugar del palacio. También notó, más o menos, que estaban mezclados en el montón, juguetes que ella había usado cuando era más pequeña. Prácticamente a los tumbos se fue inmiscuyendo en la habitación, intuía que era por ahí aquello que estaba por cambiar su rutina, por eso decidió caminar hasta las profundidades del sótano, hasta donde la luz de las antorchas no alcanzaban a llegar. Ahora a ciegas, iba dando lentos pasitos con los brazos extendidos y las manos dispuestas para tantear su alrededor, y tropezó bruscamente con quién sabe qué objeto, hecho que plasmó el ambiente con un retumbante ruido a desastre. Otra vez tuvo que ejercer esa maldita autoridad para poder continuar con la odisea sin ser interrumpida y desterrada de esa habitación, y condenada a pasar el resto de sus días prisionera de su condición; porque la princesa tiene que llevar una vida armoniosa y tranquila, el Santo Espíritu así lo quiere, como los ministros recomendaban a sus padres. Ella sabía que el mundo no era lo que le decían que era, porque su curiosidad interrogó varias veces, cuando podía llegar a hacerlo a espaldas de los reyes y el séquito, a los siervos. Ellos le confesaron las calamidades que afuera de palacio se padecían, cuestión que movilizaba sus criterios. Y cuando ella logró deshacerse del guardia que por poco y entraba al sótano, se dejó ver frente suyo. Fue extraño, porque la oscuridad era muy espesa, pero los ojos azabache de la cumpleañera podían verlo. Sin más se incorporó y durante un minuto el unicornio y la princesa se cautivaron frente a frente. Sin mover las bocas, ambos conversaron. - Al fin has venido, Alexandra- le dijo el unicornio a la princesa. - ¿Quién eres, qué eres? ¿Por qué vives aquí?- le preguntó ella. El unicornio permaneció unos segundos observador hasta que decidió responderle las preguntas – Soy Krameal, soy lo que ustedes los humanos llaman unicornio, y no vivo aquí, ¿acaso piensas que tengo tan espantoso gusto para escoger mi morada? -Me parece que no, ¿y de dónde eres, qué haces entonces aquí, Krameal?- volvió a consultarle la princesa. - Tu padre me ha capturado hace once años, y hace once años que no hablaba con alguien. Me ha encerrado en una jaula de barrotes que mi magia no puede destruir, estoy cerca de la muerte, hace mucho que no me alimento pues el sol no llega en donde me han encerrado- el unicornio transmitía tristeza, mucha tristeza. - Pero yo no te veo en ninguna jaula…- cuestionó pensativa. - Estoy usando la poca magia que me queda para comunicarme con el único humano de este lugar que tiene gran corazón, soy un espectro de mi verdadero ser- le confesó el unicornio-. Por favor, sígueme y te mostraré mi cuerpo. Fue así que la princesa siguió al holograma del unicornio, iba flotando, sumergiéndose aún más en lo profundo de la habitación, bien al fondo. Traspasaron muchas cosas, ella tuvo que pisar sobre varias y saltarlas para poder seguir con la travesía. Entonces el unicornio espectral cesó y le dijo – Mírame con tu valeroso corazón, y descubrirás mi prisión-. Luego ella cerró los ojos por un momento, se reconcentró en una cálida cosquilla circundante, y cuando sintió que la calidez la regocijaba y le daba paz, los volvió a abrir y delante vio la espantosa jaula circular de gruesos barrotes de hierro, de 4 metros cuadrados por 5 metros de alto, y en medio, sobre el duro y helado suelo, sin agua y sin alimento estaba agonizando el unicornio. Él abrió sus cristalinos ojos y vio a la princesa. -Me has encontrado, Alexandra- le dijo sin mover la boca. Desesperada, y aún sin poder entender por qué su padre había hecho algo tan brutal, empezó a caminar alrededor de la jaula para encontrar la abertura – No mueras, Krameal, yo te voy a liberar, aguanta un poquito más- rogó ella al unicornio. -Sé que a pocos pasos encontrarás eso con que ustedes desgastan este material, ve hacia tu izquierda, unos siete pasos- aconsejó él. Sin perder ni un segundo, la princesa hizo lo que el unicornio había dicho, y fue así que encontró una lima bastante buena. Volvió con la herramienta en mano y empezó con el trabajo: limó y limó el gran candado que cerraba el pasador de la jaula. Resultó ser una tarea difícil, pero la princesa al fin logró el cometido, entonces rompió el candado, lo dejó caer al suelo y abrió la puerta. Entró a la jaula y abrazó arrojándose a él, al unicornio. - ¡Vamos Krameal, tenemos que salir de aquí!- exclamó. -Muchas gracias por escucharme- le agradeció el unicornio mientras intentaba incorporarse. En verdad que estaba débil, casi no podía dar paso, así y todo, fueron hasta la salida del sótano. A su favor, era el momento del recambio en la vigilancia y dado que el guardia no quería perderse el festín, huyó del puesto un rato antes de la llegada de su reemplazo. Y salieron… Tomaron el camino que iba directo a los jardines reales, y a causa de la magia de Krameal que de a poco su cuerno espiralado generaba, pues la luz de los ventanales lo iluminaba, pasaban desapercibidos por la muchedumbre ebria y descompuesta. Y pisaron el césped, y olieron el aroma de las flores. Cruzaron por delante de la mismísima reina sin ser vistos y se internaron en el bosque que crecía hace muchas generaciones, pero aún estaban en los dominios de la realeza. -¿A dónde vas?- consultó de pronto la princesa al unicornio. - Lejos de aquí, donde ningún humano pueda verme- le respondió cesando un instante la marcha. - Llévame contigo, Krameal- pidió la princesa-. Mi mundo no es mi mundo. Son perversos, mi padre y mi madre hacen sufrir a mucha gente, te han encerrado y casi mueres. A mi también me encierran…- y lo miró a los ojos cristalinos y bondadosos. - Eres una buena persona, pero no puedes venir conmigo, Alexandra. - ¡Por favor, te lo suplico! Yo también moriré si me dejar aquí con ellos. El unicornio hizo brillar su cuerno espiralado, la brisa le arremolinaba sus onduladas crines del color de la Luna, y los cristalinos ojos miraron a su compañera. Ella se reflejaba en el iris de Krameal, era la silueta de otro unicornio. Ambos se alejaron al galope para nunca jamás regresar. Las flores brotaban a su paso. Fuente: http://papelyfantasia.blogspot.com/2011/04/el-descubrimiento.html

Hola taringueros, cómo están? Les dejo un cuento que escribí, puramente creado por mí. Espero les guste Hasta la próxima! Sería un día como cualquier otro, sólo por un detalle que lo marcaría para toda su vida. Cuando dieron las siete, se levantó al igual que todas las mañana de lunes a viernes con el llamado de su madre desde el umbral de su cueva, como solía llamarla. Se puso lo primero que encontró en la silla de la ropa y fue hasta el baño, después se lavó la cara, y sin más, se sentó a la mesa donde un suculento desayuno lo esperaba. Al terminar la última gota del té con limón, se paró, tomó la mochila, las llaves y con un “hasta después” partió para la escuela. Con el primer paso en la calle, sus oídos escuchaban nada más que su música, y así, al igual que todas las mañanas de lunes a viernes, caminó las cinco cuadras que lo llevaban hasta el colegio, con las manos en los bolsillos, un poco encorvado, y envuelto por sus sonidos. Pasado un rato ya veía los ademanes de todos los días, ademanes de la señora de trajecito aterciopelado, hoy azul porque era jueves, que se señalaba los oídos bruscamente y movía de forma veloz la boca -¡Sáquese eso de una vez, cuántas veces se lo tengo que decir, Ferreyra!- escuchó al fin y al cabo, y sin más remedio tuvo que apagar el mp3 y guardarlo en el bolsillo de la mochila. Y se sucedieron una tras otra las clases, matemática, geografía, lengua y literatura, hora libre porque la profesora de administración había faltado, un rato después vino el preceptor con los cuadernos informando que se retirarían antes. -¡Chau, nos vemos!- y la música ya resonaba en sus oídos… Y fue entonces que habiendo caminado tres cuadras, se lo cruzó. Delante de él un perrito de tres o cuatro meses nomás estaba debatiéndose entre la vida y la muerte al costado de un árbol, de esos árboles bien grandes que con sus raíces rompen las sólidas baldosas de la vereda. Sin dudarlo, se detuvo, cuando de pronto desde una de las puertas de las casas de esa cuadra (precisamente la puerta que estaba enfrentada al gran árbol) salió un hombre algo rechoncho con un mondadientes que se le asomaba por el lado derecho de su boca – Miralo a éste, todavía sigue acá- le dijo echándole una mirada altiva al perrito-. Decí que no le doy comida desde hace un par de días, ¡sino sabés cómo se te quedan éstos guachos! Mi hija cayó el sábado con el perro, ¡naaa! ¡Me rompió una zapatilla, dejate de joder! Le dije “si lo querés andá a laburar”, pero la piba quiere terminar la escuela y no se que flauta, ¡y bue, loco, al que quiere celeste que le cueste!- chasqueó con la lengua- Bue, chua flaco, no te saco más tiempo-. Repentinamente la música paró, los auriculares abandonaron los oídos y su voz se escuchó -¡Sí, le pido por favor, vaya, vaya, que estábamos por entablar una conversación de verdad! ¿O no?- y miró al perrito. Un portazo de indignación resonó por toda la cuadra, seguido de una pícara risita y de un corto ladrido – Vamos che, vamos a casa- y sin pensarlo de nuevo, él tomó al perrito entre sus brazos y emprendió camino a casa. -¡Hola ma, llegamos! -¿Llegamos, con quién viniste? Se te nota de buen humor, Esteban- le contestaba su madre mientras salía de la habitación. Y entonces, los vio- ¿Y ese perro, Esteban? -Decí “hola Sheik, saludá a mamá”. -Ja, ja, está bien, está bien, pero compromete a sacarlo a pasear, llevalo al veterinario ¡porque lo veo muy mal! Y le tenés que dar de comer, ¡mirá que un perro demanda tiempo, Esteban, después no quiero andar pidiéndote las cosas, por favor! -Joya- y con Sheik entre los brazos salió corriendo sonriente-. Le voy a preparar una cuchita, a ver qué encuentro en el galpón. El mp3 todavía estaba en su mochila. Fuente: http://papelyfantasia.blogspot.com/2011/03/el-salvataje.html

¡Hola taringueros! ¿Cómo están? Hoy les dejo otro de mis cuentos, en este caso es de fantasía, no les cuento de qué trata porque le sacaría todo el misterio, sólo puedo decirles que dos personajes la esperan ansiosos, porque ella les prometió que iba a venir, lo que es fundamental que ocurra ese mismo día que la esperan. Espero les guste, hasta luego. -¿Te parece que va a venir?- le decía a su compañero. -Y, nos dijo que sí, no creo que falte a su palabra- contestó el otro al primero. Los dos estaban mirando a la ventana que tenían a unos pocos metros del lugar donde se la pasaban los días. Estaban muy atentos y bastante ansiosos esperándola, porque ella les había prometido que hoy vendría. -¿Y si nos ven?- preguntaba ahora el primero. -No creo, ella nos aseguró que todo se iba a dar en perfecto secreto- le respondió seguro. -Porque si nos ven...¡chau!- decía enérgicamente- Ojalá llegue a tiempo... -Le tengo mucha confianza- le contestó su compañero. Una hora, dos horas, tres horas... La casa estaba silenciosa, muy tranquila son toda esa gente de aquí para allá, ruidosa y gritona. Sólo ellos dos mirando por la ventana; hacía un día de lluvia, había un poco de viento y las hojas ya habían comenzado a caer de los árboles. La calle parecía estar desierta, porque a diferencia de los días de semana, como habían aprendido que se llamaban cinco días seguidos escuchando a la gente ruidosa de la casa, pasaba de tanto en tanto uno de esos que largan humo fatigador. Y allí aguardaban con nervios y ansias, era ahora o nunca, porque la gente ruidosa de la casa se había ido el día que escuchaban como viernes, y no iba a volver hasta el día que escuchaban como sábado, para el sábado a las diez de la noche, precisamente, cuando la Luna se veía y ellos ya dormían. Por eso, ella tenía que llegar cuando antes, así tendrían tiempo suficiente. -¡Uf, ya se está por ir la luz!- exclamó el llamado Petit. -Va a venir, vas a ver- le contestó esperanzado una vez más el llamado Penacho. Siguieron esperando, aún llovía. Para cuando ambos estaban abuchonados y cabeceando de sueño, una luz verde los avivó. -¡Hey muchachos, ya llegué!- escucharon que les hablaba la vocesita de ella, ya estaba ahí, ya había llegado. Se había aparecido como acostumbraba a hacer cuando la gente ruidosa no andaba por la casa. -Llegaste Liletí- dijo Penacho con alegría. -Claro que sí, amigos, ¿qué pensaban, que iba a dejarlos aquí y faltar a mi palabra? Pues no, ¡un hada nunca rompe sus promesas!- confesó Liletí a los compañeros. Entonces la pequeñita hada, que revoloteaba moviendo sus dos alas de mariposa muy veloz, posó sus delicadas manos sobre la puerta de la jaula que colgaba de la pared y la abrió- ¡Vamos, vamos, no teman, todo va a estar bien!- los alentó ella, pues esta sería la primera vez que desplegarían sus emplumadas alas fuera de esa pequeña jaula de finos barrotes blancos y forma ovoide; tenía más o menos 30 x 20 cm., un comedero con alpiste y mezcla para pájaros, un bebedero y una piletita donde Penacho y Petit se bañaban todas las mañanas. -Es difícil- dijo temeroso Petit-, ¿y si nos come un gato? -Para nada, Petit, eso no ocurrirá, nosostros tenemos alas- alentaba con un rostro muy jovial el hada-, ¡vamos amigos, vengan conmigo, seremos muy felices! Deben probar el sabor de la libertad. Los dos compañeros emplumados, Petit amarillo y Penacho negro con un estilo de corbata roja, se observaron. Fueron juntos saltiqueando hasta la puertita, la miraban una y otra vez, con un ojo y con el otro. Se fueron acercando más y más hasta estar bajo el umbral asomando los picos. Y al fin, impulsados por la valentía, salieron al aire y extendieron como nunca antes lo habían hecho, sus alas, y empezaron a sobrevolar todo el living-comedor de la casa. -Como les había indicado cuando nos vimos la vez anterior, no traten de salir por la ventana, está cerrada y se van a terminar golpeando contra el vidrio- les recordó Liletí. Así fue que ambos se pararon sobre la jaula, ya fuera de ella, y la miraban al hada, por su parte, ella se encendió de luz verde, los cabellos repletos de hojas y flores se le agitaban- Nos vamos, despídanse para siempre de su prisión-. Los tres fueron envueltos por la resplandeciente luz verde de Liletí, los cubrió y sin más los sacó. El clima se había mejorado, ya no llovía y el cielo estaba limpio y la luz de las estrellas y de la Luna creciente les fue marcando el camino. Desde esa noche, Petit y Penacho junto a su amiga, el hada Liletí, volaron hasta el final de sus largos y felices días. Fuente:
¡Hola [email protected]! ¿Qué cuentan? Les quiero compartir mi primer poema. Espero sus comentarios y críticas. Les cuento que yo suelo escribir narrativa, tanto cuentos, ensayos, y estoy terminando de pulir mi novela. Pero bueno, hoy al parecer estuve inspirada y me animé a adentrarme con un nuevo género: la poesía. En fin, sin más preámbulos, les comparto el poema: La Fantasía. ¡Hasta luego! Sensación de libertad, sensación de expansión, sensación de creación, sensación de lo imposible. Para los niños y adultos, para los que se niegan a la sumisión de lo real, a la opacidad de la vida cotidiana, al envejecimiento del ser. El mundo de lo imposible se convierte en posibilidad tangible, los miedos se vencen, las alas de la liberación se abren, y las cadenas opresoras son quebrantadas. Fantasía e imaginación, hacedoras de todas las posibilidades pensadas, creadoras de lo soñado, ¡oh, no dejes que te las chupen! El mundo opaco de lo real, pies cansados y mentes turbadas, alienación del espíritu creativo y autogestivo, te las han arrebatado suplantándotelas por las tristes. Autora: Anahí Méndez