InicioArteCuento Corto: Anillos de Ingenuidad
¡Hola Taringuer@s! ¿Cómo andan? Hoy les quiero compartir otro de mis cuentos, se llama Anillos de Ingenuidad, es bien cortito (una carilla A4 o menos, jajaja, se los aseguro porque cuando lo escribí me propuse - Bueno, quiero escribir un cuento que no se extienda más de una carilla A4 de Word - ). ¿La temática? Pues bien, como pueden notar si leen varios de mis cuentos, mezclo realidad y fantasía, yo lo llamo ruptura cotidiana, porque en la vida normal de mis personajes ocurren cosas totalmente imprevistas y fuera de lo común.
Entonces, hecha la breve presentación, aquí el cuento. Espero los atrape y lo disfruten.
Todos sus puntos y comentarios son bienvenidos. Saludos!!



Anillos de Ingenuidad




Eran las costas de un extenso mar de aguas azules y verdes, el aire era recorrido por una cálida brisa que daba regocijo si tocaba algún rostro. La arena brillaba y el sol se alzaba fulguroso en el amplio cielo. A lo lejos, el sonido del agua rompiendo sobre las rocas, y de vez en cuando, se oía pasar una bandada de gaviotas revoloteando, cada sonido parecía ser único, irrepetible, especial; un lugar para el deleite de un fotógrafo locuaz y para los que buscan una distensión cien por ciento asegurada, playas serenas y alejadas de los cúmulos del gentío.

Ahora pasaba una parejita que por poco más y las cabezas salpicaban arroz. Como la mayoría de esas pequeñas relaciones sociales que pasaban a conocer, llevaban colgada de alguna parte del cuerpo, por lo general de la muñeca y también del cuello, sus cámaras de video y fotográficas. Se los veía felices, entusiasmados, el lugar les estaba pareciendo fantástico, pues sus cambios de planes estaban valiendo la pena. Caminaban tomados de la mano desocupada, en el caso de ella la izquierda y la de él, la derecha, sintiendo la arena húmeda en los pies, de tanto en tanto, el mar les mojaba los talones. Se miraban y sonreían, avistaban lo maravilloso del paisaje lugareño, y se besaban. El sonido tan placentero, relajante, calmo, inmenso… Continuaban transitando la bella costa que se iba achicando de a poco, mientras que las piedras crecían de tamaño. Para entonces, el agua les salpicaba los rostros ruborizados, ahora el olor del mar les llenaba sus narices, se iba inmiscuyendo hasta ser nítido y total. Y las olas azotaban las rocas acantiladas cubiertas de musgo y algas. Oían y olían al mar, estaba dentro suyo, los descomponía en partes, una sensación de puro placer era lo que llegaban a sentir.

Las cámaras se derrumbaron, el mar se los comía, los ojos se cerraban y oían a la inmensidad del paraíso sensitivo en el centro de sus cabezas, sonaba y sonaba majestuosamente. Sentían la arena en la espalda, y el olor penetrante del mar, y la arena en la espalda, y el magnífico sonido de aquel mar. Y las manos se separaron, y los jóvenes anillos se cayeron, y una sensación de calidez licuada en las muñecas…

Un eco sibilante había, parecía estar ensalivándose los labios (¿acaso un eco tiene labios…?), y el olor del mar no se había ido. La sensación de calidez licuada estaba llegándoles a los hombros, al cuello, y el eco se saboreaba, los descomponía en partes, el olor era intenso, los estaba mareando, las nauseas estremecían y el estómago se les retorcía. Sin más ambos abrieron los ojos, ya no había sol, ni cielo, ni mar, en su lugar la penumbra de una gruta entremetida en el acantilado, y allí recostada en medio vieron su rostro, uno jamás visto. De ojos naranjas, nariz ofidia, el cabello fucsia lleno de algas y pequeños moluscos le caía sobre la mejillas y le cubría los protuberantes senos, y los dientes de tiburón manchados de sangre (tienen sangre, ¿qué sangre?). Y es así que se observaron y allí se vieron mutilados, pues un brazo les faltaba, gritaron y gritaron, lloraron, rogaron, rezaron al Señor todo poderoso que lo unió en sagrado matrimonio; ahora les faltaba una pierna. Y lo ojos anaranjados se fijaron en los de ellos, le rogaron una y otra vez, la temible mujer agitó su escamosa y azulada extremidad con aletas enormes en la punta. Lo último que llegaron a ver fueron sus feroces dientes de tiburón venírseles sobre ellos.

El sonido tan placentero, relajante, calmo e inmenso era evocado otra vez.
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

A
Amethyste🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts9
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.