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Primer post: 28 sept 2010
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Aborígenes argentinos región centro y cuyo
Ciencia EducacionporAnónimo9/28/2010

Introducción Cuando los navegantes y conquistadores europeos llegaron a las costas americanas llamaron a sus habitantes indios, porque creían que habían llegado a la India. Pero estos habitantes no eran indios, eran una antigua raza que vivía en este continente desde muchos siglos atrás y que había llegado por el estrecho de Bering, según la teoría más firme. Los europeos llegaron a América por primera vez en 1492 dirigidos por Cristóbal Colón, que hizo ese viaje porque los turcos habían cortado la ruta conocida a la India. En aquel momento, en nuestro territorio subsistían tribus de diferentes razas y de diverso nivel cultural. Los grupos aborígenes más representativos que ocupaban la región Centro y Cuyo de Argentina eran los huarpes, sanavirones, comechingones, olongastas, ranqueles y timbúes. En este trabajo mencionaremos la ubicación geográfica, orígenes e historia, economía, organización política y social, cultura y arte, mitos y religión de cada uno de éstos. En muchas de estas tribus se hablaba quechua, lengua oficial del imperio inca por la influencia de éstos en la región. Muchos de ellos vivían en cadenas montañosas de más de 2.000 m de altura y defendían los establecimientos que tenían en ellas. Olongastas Los pobladores de los llanos del sur de La Rioja, el sureste de San Juan, el norte de San Luis y el oeste de la provincia de Córdoba eran los olongastas que ocuparon principalmente la región comprendida al oeste, por las sierras de la Huerta y Los Gigantes; de San Luis, al sur; las de Guasapampa y Pocho al este. La primera referencia escrita que tenemos sobre los olongastas se encuentra en un documento español del siglo XVI que señala como "Nolongasta" a una de las comarcas cuyanas, en la que el conquistador Juan Jufré realizaría la fundación de la ciudad de San Juan. Estas tribus fabricaban grandes cacharros para contener chicha; también los cuencos, botellones y ollitas eran su vajilla usual. Utilizaban para su decoración los colores negro y rojo, algunos con dibujos geométricos, otros, con o sin grabados. Cazaban y se defendían con el arco, las flechas con puntas de piedra, las boleadoras y hachas también de piedra. Los olongastas eran sedentarios y practicaban la agricultura. Formaban pequeños poblados. Se cree que las viviendas eran construidas con materiales perecederos, pues no quedaron vestigios. Huarpes Los huarpes se extinguieron hace mucho tiempo, pero los relatos de los conquistadores y hallazgos arqueológicos permitieron acercarnos un poco a su cultura. El padre Lizárraga, quien atravesó el territorio huarpe en el siglo XVI, nos cuenta que eran muy altos y delgados; otro sacerdote, el padre Ovalle agrega que eran muy atléticos. Los últimos desprendimientos andinos de los agricultores menores eran los huarpes. Éstos vivían en los actuales territorios de San Luis, San Juan, Mendoza y el norte de Neuquén. Los huarpes, al igual que los olongastas, practicaban la agricultura y regaban sus cosechas por canales artificiales. Cultivaban maíz y quínoa que es una planta de hojas triangulares y racimos paniculares, cuyas tiernas hojas se usan como alimento y su semilla en la sopa y en la elaboración de bebidas. Cazaban patos mediante una técnica muy particular: sobre la superficie de la laguna, ponían varias calabazas para que las aves se posaran sobre ellas sin saber que bajo una de éstas había un aborigen hundido en su totalidad. Éste tomaba el ave por las patas y la ahogaba. Fueron, en conclusión, pescadores y cazadores de aves, con cuyas plumas se hacían vestidos y adornos. También los venados, guanacos y tatúes eran el objetivo de sus cacerías. Fueron excelentes cesteros y alfareros. Las tramas de las canastas y cestas de paja eran tan fuertes y apretadas que el agua no se derramaba. Vasos y tazas estaban hechos de este material. Utilizaron el mortero horadado sobre el suelo rocoso, donde molían el maíz y a la vez servían de contenedores de líquido. Los huarpes eran politeístas. Su dios más venerado y respetado era Hunuc Huar. Este dios habitaba en las montañas. También adoraban al sol, las estrellas, la luna y los ríos. En las aldeas existía la presencia de un hechicero llamado "machi", que era el encargado de curar a los enfermos y de pedir protección a los muertos para realizar su viaje a la montaña de Hunuc Huar. El sepelio de un difunto respondía a un acto social: se llevaba a cabo con danzas al compás de un tambor (uno de los pocos instrumentos huarpes) y se embriagaban con una bebida alcohólica que fabricaban con la chaucha del algarrobo a la que llamaban "aloja". La creencia era que el muerto emprendía un viaje al más allá, donde habitaría las montañas en compañía de Hunuc Huar. Para el viaje colocaban en sus tumbas mantas, ropas, bebidas, comida y objetos personales. Con respecto a sus costumbres sociales, los huarpes practicaban "levirato", costumbre ancestral por la que al fallecer el esposo, la viuda y los hijos pasaban a depender del hermano menor del muerto. También existía el "sororato": el varón al casarse, adquiría el derecho de hacerlo con las hermanas menores de la esposa. La familia de los caciques y personas pudientes era poligámica. Existía la descendencia por línea materna, los hijos pertenecían al clan materno. Comechingones Los comechingones eran de alta estatura, con mayor cantidad de pelo y de mayor pigmentación que otros indios. Su nombre significa, según alguna teoría "morador de cuevas". Según otra teoría, en su propia lengua, el término comechingón significaba "pueblo de las sierras" y es en este paisaje de la provincia de Córdoba donde se establecieron estas poblaciones indígenas. Los comechingones ocupaban las sierras de Córdoba tanto del lado este como del oeste. Afincados a lo largo del sistema serrano que lleva su nombre y en sus lados sanluiseño y cordobés, los comechingones septentrionales se diferenciaban de sus hermanos meridionales por su lengua, denominada henia, mientras que la de éstos era la camiare. Los comechingones eran sedentarios y agricultores, y sembraban maíz, porotos, papas, maní y zapallos. Regaban artificialmente y criaban animales pero también cazaban. Las viviendas de los comechingones eran de piedra, eran bajas, porque la mitad estaba por debajo del nivel del terreno. Por su forma, estas casas-pozo mantenían el calor durante el invierno y eran frescas en verano. Para entrar, había que bajar por una rampa. En el centro de la habitación reinaba el fogón para cocinar y calefaccionar. También se establecieron en las concavidades montañosas como refugio natural. Vestían ropa de lana, sus prendas más comunes, el delantal atado a la cintura con una faja y una túnica (como un poncho con los lados cocidos). Esta ropa solía estar adornada con chaquiras (disquitos de conchilla) y tientos. Además algunos usaban mantos sujetos con prendedores de cobre y otros materiales. En los pies llevaban hojotas de fibra vegetal trenzada. Los caciques, guerreros y curanderos lucían trajes de cuero muy elaborado y recubierto con vistosas plumas. En ocasiones especiales llevaban en la cabeza mandíbulas de animales salvajes. Con respecto a su religión, los comechingones creían en los dioses del Sol y la Luna, pues mediante ellos la tierra producía lo que los moradores necesitaban para vivir. Los tenían por hacedores de todas las cosas humanas y por eso tenían por costumbre luchar de noche, para que la Luna los protegiera. Los comechingones, al igual que los sanavirones, dividían sus territorios en comunidades o clanes. Cada comunidad estaba comandada por un cacique hereditario. En cada casa vivían cuatro o cinco matrimonios de la misma familia. Además de las casas, había unas pequeñas construcciones semienterradas donde tomaban baños de vapor. Lindando con el poblado, poseían tierras que trabajaban en forma comunitaria, realizando cultivos, pastoreo y allí construían el jaguey (especie de pozo o zanja donde se juntaba el agua para beber y regar). Sanavirones Podemos ubicar a la cultura de los sanavirones en la depresión de la laguna de Mar Chiquita, en Córdoba. Las poblaciones de la parcialidad sanavirona ocupaban una vasta zona que abarcaba el río Dulce, al norte, el río Primero, al sur, hacia el este lindaba su territorio con el de los pobladores del chaco santafesino y al oeste limitaba con la sierra de Sumampa. Ocupaban los actuales territorios de las provincias de Córdoba, Santa Fe y el sudeste de Santiago del Estero. Los sanavirones adoptaron sistemas andinos de cultivos, a los que complementaron con caza, pesca y recolección. Sus sistemas de riego para cultivos eran altamente desarrollados. Construían ranchos o chozas apuntaladas con cuatro horcones clavados en tierra. El techo, sostenido por estos horcones, estaba fabricado con palos, ramas y pajas. Para levantar las paredes usaban adobe crudo o tierra apisonada. Cubrían las aberturas con puertas de caña o cueros. Tenían viviendas grandes agrupadas en pequeños poblados, protegidos o rodeados por cardones o arbustos espinosos. Con respecto a su artesanía, su cerámica era de color negro grisáceo, con motivos geométricos e impresiones de telas y cestería. Esto implicaría que los sanavirones conocían el hilado y el tejido, además de haberse encontrado varias piezas de rueca, propias de un telar rudimentario. Los sanavirones practicaban ritos religiosos y mágicos y ceremonias religiosas para festejar el nacimiento de un nuevo miembro de la tribu, la entrada en la pubertad y otros grandes acontecimientos familiares. Creían en la existencia de un ser superior llamado Watavinewa, dueño de todo lo creado. También adoraban a otros dioses, como por ejemplo a Tánowa, diosa que mora en el interior de la tierra. Los sanavirones se dividían en comunidades o clanes, bajo el mando de un cacique hereditario. Trabajaban la tierra en forma comunitaria, al igual que los comechingones. Ranqueles La Ranquel era una etnia originaria de la patagonia que en realidad era una rama mapuche. Entre 1775 y 1790 un grupo de los pehuenches (que eran huarpes mapuchizados) avanzó desde los faldeos andinos hasta el territorio que denominaron Mamül Mapu (que significa territorio de leña) ya que lo encontraron cubierto por bosques de caldén, algarrobo y chañar. Así es que se establecieron entre el río Cuarto y el Colorado, desde el Sur de los actuales territorios de San Luis y Córdoba, hasta el sur de la provincia de La Pampa. Se aliaron a las fuerzas de Felipe Varela durante la rebelión contra la Guerra del Paraguay y el Gobierno Central. Tras la captura de Pincén, los ranqueles fueron reducidos durante la Conquista del Desierto, ocupándose sus tierras. Se estableció para ellos la Colonia Emilio Mitre en la actual provincia de La Pampa, la cual tras ser reducido su territorio en varias oportunidades, permanece como núcleo de este pueblo. Eran cazadores, generalmente nómades dada la escasez de alimentos, y durante buena parte del siglo XIX se mantuvieron en alianza con las tribus tehuelches. Vivían en toldos construidos con cueros cosidos, que instalaban cerca de ríos o arroyos. Se agrupaban en conjuntos constituidos por 400 a 600 toldos. Comían carne, caldo, tortas cocidas, algarroba pisada y maíz tostado. Tenían caciques hereditarios los cuales salían del poder cuando envejecían. Cuenta la religión y la leyenda ranquel que allá, en el tiempo de los tiempos, los habitantes de este planeta descubrieron con gran preocupación, que una vez cada año Antü, el Sol amenazaba con iluminar cada día menos, hasta que volvía a retomar su ciclo, devolviendo la vida a la tierra. El pueblo comenzaba con grandes rogativas, para que no se extinguiera. Y luego gran algarabía, gran júbilo, grandes festejos, cuando lograban que siguiera alumbrando. Este fenómeno ocurría en Europa, como en Abia Yala (América), en diferentes fechas, como corresponde a continentes opuestos, aunque complementarios. Allá, en diciembre. Aquí, en junio. Sus dioses principales eran Chachao (padre de todos) y Walichu (que ocasionaba males y desgracias). Timbúes Los timbúes se ubicaban en las zonas del litoral y Santa Fe, a orillas del río Paraná. También son nombrados chanás, beguás, caracaráes, corondas, quiloazas, calchines, mepenes y mocoretáes. Comprobado por restos arqueológicos, llegaron a esta región por el río Uruguay. Comían maíz, carne y pescado, calabazas y habas. La pesca era considerada como un medio de subsistencia muy importante. La practicaban todos los grupos, sirviéndose de canoas de 20 m de largo. Cuando tenían excedentes de pescado lo conservaban secándolo al sol y ahumándolo. La economía estaba basada principalmente en el cultivo y la pesca. También practicaban la caza de venados, avestruces, nutrias, etc. En la recolección sobresalían la miel, las vainas de algarrobas, las raíces y los caracoles. El armamento consistía en arcos cortos y flechas con puntas de madera y hueso. En épocas calurosas andaban desnudos. Se señalaba el uso de mantos de pieles generalmente de nutria, para la estación fría. Ellos tenían en la cabeza un gorro de piel hecho con las cabezas de onza con dientes. En los grupos étnicos que basaban su economía en la caza y recolección, la vivienda debía adaptarse a la movilidad necesaria para subsistir. En cambio, los timbúes eran sedentarios o semisedentarios, y construían sus viviendas junto a ríos y arroyos. Se trataban de chozas comunes, regulares, con paredes de junco. Posiblemente los techos eran de paja, a dos aguas. Ellos reconocían la existencia de un gran Señor principal o general. Se sabe que existían hechiceros. Los enterratorios eran realizados en cementerios cercanos a las aldeas. Se trataría de enterratorios de primer grado con el cadáver en posición de descanso o en cuclillas. A los sepulcros de los padres se los adornaban con plumas de avestruz, y en cada uno plantaban un ombú. Acudía allí la parentela de tiempo en tiempo a plañir sentidamente al difunto. No existe ningún documento escrito que nos informe acerca de la lengua de este pueblo. Mitos La leyenda de Ansenuza (mito sanavirón) Esta leyenda habla sobre cómo se formó la Laguna de Mar Chiquita o Mar de Ansenuza. Hace mucho tiempo, el agua de la laguna era dulce y un castillo de cristal se levantaba sobre ella. En el castillo vivía una diosa que rechazaba a cualquier joven que estuviera enamorado de ella. Un día, un guerrero indígena llegó malherido a la laguna y se enamoró de ella. La diosa quiso ayudarlo pero fue muy tarde. Al día siguiente, el guerrero abrió los ojos nuevamente pero ella ya no estaba allí. Ahora el agua de la laguna era turbia y la playa estaba blanca, el agua era salada. Él se interno en la laguna, pero en vez de hundirse flotaba. Luego un rayo de sol se transformó en un flamenco que ahora es el guardián de la laguna. Entonces se dio cuenta de que el agua era salada por el llanto de la diosa y que flotaba por el espíritu de ella. Termas de Pismanta (mito huarpe) Hay una leyenda que explica el origen de estas aguas termales. Y dice lo siguiente. El cacique huarpe Pismanta no aceptaba la conquista española. Por eso se encontraba muy triste por esos días, es que mucho más al sur de sus dominios, otro jefe huarpe había cedido al poder invasor: el cacique Angaco se había unido a los españoles. Pismanta veía que el hombre blanco avanzaba sin pausa sobre las tierras que siempre les habían pertenecido. Por eso, para no ser avasallado, se internó aun más en sus dominios con su familia y se encerró en una cueva de Angualasto. La leyenda asegura que se encerró a esperar la muerte. Poco después se escucho un estruendo increíble cerca de ese lugar. Cuando los pobladores se acercaron a ver qué había sucedido no encontraron más que rocas en el lugar. No había cuerpos, ni restos de alguna explosión. Nada. Solo una grieta de la cual manaba un hilo de agua muy caliente del cual se comenzaron a formar las termas. Termas tan caliente como el reclamo del cacique Pismanta. El águila (mito comechingón) Cuenta la historia que cuando los españoles se instalaron en América y cuando los aborígenes empezaron a perder las guerras en Córdoba contra los europeos y su sangre comenzó a correr por los valles y tiñó de rojo los ríos y arroyos que serpenteaban las sierras del Valle de Calamuchita y el resto de Córdoba, los comechingones recordaron la leyenda del águila que habían escuchado de sus abuelos. Y la volvieron a contar porque era casi su única esperanza: “Un elegido vendría traído por el águila a traer la paz, para, por fin, lograr la hermandad entre los pueblos”. Se dice que existió una niña de nombre Arabela que poseía cualidades extraordinarias y que, convertida en mujer, las desarrolló en defensa de su tribu. Con sabiduría y fina percepción guió las batallas, y logró, de esa manera, que resistieran más allá de la posibilidad humana, siendo ejemplo de la valentía con la que lucharon los comechingones, cuyo grito de guerra resultó conocido y temido por sus adversarios. Los comechingones identificaron a Arabela con la “elegida”. Arabela, la enviada, murió luchando por su pueblo. Pero se dice que el alma de ella perdura en el vuelo majestuoso del águila y por eso el águila no es solo signo de libertad sino que también es signo de la búsqueda de la paz y la hermandad.

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Aztecas
Ciencia EducacionporAnónimoFecha desconocida

Introducción En su mayor apogeo, es decir, a finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI, el imperio azteca se extendía por una amplia región de Mesoamérica, incluyendo además del valle de México, las costas del Golfo y las del Pacífico, el istmo de Tehuantepec y parte del actual territorio de Guatemala. Los aztecas, a diferencia de las demás civilizaciones de Mesoamérica, iniciaron algo tarde su ascenso cultural, probablemente hacia el año 1325 a. de C. cuando se establecieron en el Lago de Texcoco, en el cual iniciaron la construcción de la ciudad capital de Tenochtitlán, hoy ciudad de México. Los aztecas habían sido una tribu guerrera y nómada de cazadores y recolectores, proveniente de la región semiárida del norte de México. En los siglos siguientes y hasta la llegada de los españoles, dominaron a los pueblos vecinos y construyeron un vasto imperio. Historia Los aztecas llegaron al valle de México en el siglo XXI. Luego de llegar a este lugar, en el año 1276, se instalaron en Chapultepec (cerro ubicado cercano a la actual ciudad de México) de donde luego fueron expulsados por los culhuas. En 1325 huyeron por el lago Texcoco donde vieron un águila comiéndose una serpiente, señal que significaba que allí debían fundar su nueva capital, Tenochtitlán. Durante los próximos años se aliaron con los tlatelolcas, que vivían cercanos a ellos. En 1376 Acamachpitlí se declaró rey de los aztecas. Durante el reinado de Izcóalt los aztecas se unieron a Texcoco y a Tlacopan (dos ciudades junto al lago Texcoco), en este tiempo el imperio ocupo los alrededores de este lago. Durante el reinado de Moctezuma I Illhucamina los aztecas no sólo aseguraron sus dominios sino que expandieron su imperio hasta dejarlo varias veces más grande. Además en este tiempo Tenochtitlán enriqueció, tanto en el aspecto económico como en el artístico. En el reinado de Axayácalt, de Tizoc (que duró muy poco) y de Ahuízolt el imperio conquistó el valle de Toluca, la ciudad de Tlatelolco, Oaxa, Tehuantepec y parte de lo que hoy es Guatemala. Aquí el imperio azteca alcanzó su máxima expansión con 200.000 km2 y cinco a seis millones de habitantes. Desde 1502 y durante el reinado de Moctezuma II Yocoyotzin el poder monárquico creció, pero así el descontento de los países sometidos al imperio era cada vez mayor. En 1519 tuvieron el primer encuentro con conquistadores europeos. Moctezuma recibió amistosamente a los extranjeros blancos pensando que Hernán Cortés era la encarnación del dios Quetzalcóatl, cuya llegada era vaticinada por las profecías. Unos cientos españoles, apoyados por tribus indias enemigas de los aztecas, llegaron a Tenochtitlán. Un ataque azteca al enclave español de Veracruz en la costa del Golfo de México sirvió de pretexto a Cortés para apresar a Moctezuma en su propia corte. El recelo de los aztecas de los españoles fue creciendo. El 30 de junio de 1520 los guerreros de Tenochtitlán dirigidos por Cuitláhuac obligaron a los españoles y a sus aliados a abandonar la ciudad causándoles grandes pérdidas. Al día siguiente los españoles contuvieron el ataque de los aztecas en la llanura de Apam y se refugiaron en Tlaxcala. Una epidemia de viruela, enfermedad traída del viejo mundo, diezmó durante los meses siguientes a la población de Tenochtitlán. Mientras tanto, Cortés se dedicó a reorganizar y reforzar a sus ejércitos y a preparar el ataque a la capital azteca. En abril de 1521, los españoles iniciaron el sitio de Tenochtitlán y comenzaron a bombardear desde varios bergantines que se encontraban en la laguna. Los aztecas, privados de agua y alimento, resistieron durante cuatro meses. El 13 de agosto, se produjo el asalto final durante el cual los aztecas defendieron con valor hasta el último reducto de su ciudad. Cuauhtémoc, último rey de los aztecas, fue apresado por los conquistadores cuando intentaba escapar en canoa para refugiarse en las provincias y reorganizar las fuerzas aztecas. La caída de la capital, el apresamiento de Cuauhtémoc y la dispersión del ejército azteca facilitaron la conquista del resto del imperio por parte de los españoles. Desde la capital, reconstruida a través de los antiguos cimientos, Cortés organizó diversas expediciones por el territorio mexicano y centroamérica. En 1534 quedó convertido en el Virreinato de Nueva España o de México. Sociedad La sociedad azteca estaba dividida en tres clases sociales: esclavos, plebeyos (del pueblo) y nobles. Los hijos de los pobres podían ser vendidos como esclavos por un periodo determinado. Los esclavos podían comprar su libertad y los que lograban escapar de sus amos y llegar hasta el palacio real sin que los atraparan obtenían la libertad inmediatamente. A los plebeyos se les daba un terreno en el que construían su casa. Sin embargo, a los plebeyos más pobres, no se les permitía tener propiedades y eran campesinos en tierras arrendadas. La nobleza estaba compuesta por los nobles de nacimiento, los sacerdotes y los que se habían ganado el derecho a serlo (especialmente los guerreros) la educación era muy estricta y se impartía desde los primeros años. A las mujeres se les imponía la discreción en sus modales y en el vestir y se les enseñaban todas las modalidades de los quehaceres domésticos que, además de moler y preparar los alimentos, consistían en descarozar el algodón, hilar, tejer y confeccionar la ropa de la familia. A los hombres se les destinaba a guerrear. Desde pequeños se les formaba para que fueran fuertes, de modo que los bañaban con agua fría, los abrigaban con ropa ligera y dormían en el suelo. Cultura La cultura azteca se basa en las culturas Tolteca y Mixteca que está compuesta por la arquitectura, proveniente de los Toltecas, y las artesanías, provenientes de los Mixtecas. Religión La extrema complejidad de la religión azteca sólo puede comprenderse desde la perspectiva de un pueblo guerrero que, en apenas dos siglos, pasó de ser dominado a ejercer total soberanía sobre los restantes pueblos mesoamericanos, muchos de ellos con una tradición cultural muy anterior a la suya. El régimen azteca era teocrático. El rey ejercía el poder divino por medio de las leyes, los funcionarios y las escuelas nobles. Cosmogonía Al igual que otros pueblos mesoamericanos, como los mayas, los aztecas creían estar viviendo en la era del quinto sol, mientras que las cuatro anteriores habían terminado en catástrofes. Ello constituía, cuando menos, una justificación ideológica para las continuas guerras aztecas, pues era necesario capturar enemigos y sacrificarlos a los dioses, a fin de proporcionar sangre para que el sol no se apagara. En realidad, las concepciones guerreras -con su culto al sacrificio y al valor-, las necesidades políticas y las creencias religiosas constituían casi una unidad en el mundo azteca. Los cautivos muertos en sacrificios, al igual que los guerreros fallecidos en combate, tenían asegurada su entrada en el imperio del sol. Suerte semejante estaba reservada a las mujeres que morían en parto, probablemente para ahuyentar los temores y aumentar la fecundidad. Los muertos vulgares iban a un lugar subterráneo llamado Mictlan. Los aztecas, en suma, contemplaban el mundo como un lugar inestable, fatalismo al que sin duda contribuyó su vagabundear de siglos por la meseta mesoamericana. Las cosechas, los hombres, incluso los mismos dioses, estaban amenazados por las catástrofes naturales, y sólo una religión dura y severa podía ofrecer seguridad. El panteón azteca El sincretismo -conciliación de las diferentes religiones de los pueblos vecinos- llenó de dioses el panteón azteca. Deidades provenientes de diversas tradiciones duplicaban una misma misión; la tradición dualista oponía los dioses propicios a los destructores. Los intereses de la clase dirigente ensalzaban a sus divinidades guerreras, mientras que los campesinos atribuían la fertilidad o las calamidades a los dioses agrícolas. Cada lugar, cada profesión, agregaba al panteón azteca sus propias divinidades. Los sacerdotes trataron de sistematizar y simplificar la complejidad del sistema de dioses. A mediados del siglo XV, el rey de Texcoco, Netzahualcóyotl -poeta, filósofo y sabio-, proclamó la existencia de un ser supremo invisible; pero, carente de imágenes sensibles, el culto impuesto resultó abstracto y sin eco popular. Más extendida estaba la creencia en un principio dual de la creación, Ometecuhtli y Omecíhuatl. Tres dioses, que provenían de tres tradiciones distintas, pueden considerarse partícipes de una naturaleza suprema. Quetzalcóatl, la "serpiente emplumada", dios supremo, benéfico, creador del hombre y héroe civilizador, patrocinador del clero, tenía su origen en la civilización de Teotihuacan y había sido adoptado ya por los toltecas; fue vencido y expulsado de su reino -aunque la tradición aseguraba que volvería- por Tezcatlipoca, el sol nocturno, dios supremo de los toltecas, protector de los hechiceros y de los jóvenes guerreros. Huitzilopochtli, divinidad suprema de los primitivos aztecas, era el dios del sol diurno y de la guerra; para los campesinos, el dios de la cosecha y de la vegetación. Muy cercanos a éstos pueden considerarse también otros dioses como Tláloc, dios de la lluvia y de la tormenta; para los campesinos era el dios de la lluvia fertilizante, pero también de la sequía y de las inundaciones, deidad imprevisible a la que era preciso aplacar con sacrificios, y cuyo reino era el lugar de los que morían ahogados y de los leprosos. Su madre, Coatlicue, era el símbolo de la tierra, que se alimentaba de los cadáveres enterrados, y que absorbía los pecados de quienes los confesaban. Chalchiuhtlicue gobernaba las aguas dulces y Huixtocíhuatl las saladas. Las diosas Teteoinnan, Cihuacóatl e Itzapapalotl patrocinaban la fertilidad de la tierra y la fecundidad de las mujeres. Centéotl era la divinidad del maíz, Xochipilli la de las flores y Xipe Totec la de la primavera. La diosa Tlazoltéotl presidía el amor carnal, y en los parajes subterráneos de Mictlan reinaban Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl, señores de la muerte. Además de éstos y otros dioses principales, los calpulli y los grupos familiares y locales tenían sus propias divinidades. Clero y culto religioso El clero pertenecía a las clases superiores; estudiaba en sus propias escuelas (calmécac) la escritura y la astrología, a la vez que practicaba la mortificación y los cantos rituales; su vida era de suma austeridad y permanecían célibes. Los dos sumos sacerdotes dependían del rey. Éste era inaccesible -gobernaba a través de un delegado- y, según los españoles, era transportado en litera porque sus pies no podían pisar la tierra. Los templos estaban bien dotados, y a sus expensas se mantenían asilos y hospitales. Los ritos religiosos, frecuentemente celebrados al aire libre alrededor de los templos, reproducían fenómenos cósmicos y, dada su estrecha relación con los ciclos vegetativos, se regían por un complicado ritual, centrado en los sacrificios. Éstos podían ser de flores y de animales, pero con frecuencia eran humanos, aun cuando las descripciones dadas por los españoles sin duda exageraron el número de víctimas. Los sacrificios e inmolaciones eran en ocasiones voluntarios, si bien lo usual es que se realizaran con cautivos. Las víctimas eran ejecutadas por los sacerdotes, y el ritual indicaba la forma en que debía llevarse a cabo la ejecución. Cuando el sacrificio era dedicado a Huitzilopochtli o Tezcatlipoca, el sacerdote extraía el corazón del guerrero para alimentar al dios. En ocasiones, cuando no había guerra contra los vecinos, los aztecas declaraban la "guerra florida", una serie de combates individuales que proporcionaban víctimas para los sacrificios. El aspecto sanguinario de estos rituales impresionó grandemente a los españoles, pero la posible evolución del sistema religioso quedó truncada con la invasión hispana. El mismo Moctezuma tomó a los españoles por emisarios de Quetzalcóatl, el dios benéfico que había de volver; claro es que los españoles no se comportaron como mensajeros de Dios. Construcciones En su máximo esplendor la ciudad de Tenochtitlan tenia alrededor de 150.000 habitantes y superaba en extensión a cualquier ciudad Europea de esa época. Los aztecas la edificaron sobre un islote en el lago texcoco unido a la costa y los demás islotes a través de una red de puentes y túneles. En su centro albergaba un conjunto de templos donde se hacían sacrificios humanos. La parte mas importante del recinto sagrado era el templo mayor que alcanzaba los 42 metros de altura que albergaba dos templos dedicados para sacrificios. La base del templo mayor estaba decorada con figuras talladas y se ascendía a éste por escalinatas. Economía La base de su economía Azteca fue la agricultura del maíz, pero tenían también como cultivo frijoles, calabazas, ají, tomates y otros productos. Usualmente, lo hacían en las chinampas, esto es, campos artificiales que flotaban sobre el lago como verdaderas islas, pero en otras áreas desarrollaron una agricultura a gran escala, con la técnica de tala y roza. Existía la propiedad privada, el salario y un tributo, cada calpulli, división que constituía la unidad fundamental de la sociedad, debía pagar dos veces al año, lo que permitía al estado desarrollar obras arquitectónicas en lugares lejanos. El comercio jugó también un papel fundamental en la formación e integración del imperio. Se desarrollaba en dos niveles, el exterior para obtener bienes exóticos y de lujo para la nobleza (plumas, frutos, maderas, legumbres, herramientas, ropa, pescado, biscochos de maíz, etc.), y otro de menor escala, de mercados, para el abastecimiento local básico interno. Las semillas de cacao actuaban como valor de cambio. siendo su isla demasiado estrecha para llevar a cabo sus cultivos, crearon chinanpas o islas artificiales, forrado con lodo amontonado y fijado mediante hierbas y arbustos, entre los cuales circulaba el agua por canales. A través de las chinanpas, los Aztecas consiguieron ganarle espacio al lago y cultivar grandes cantidades de maíz (base de su alimentación), Diferentes variedades de judías (poroto, frijol), melones, pimientos, tomates, variedades de algodón y cacao. Y por último, había plantaciones de tabaco, que se fumaban en las ceremonías religiosas. La cría de animales era escasa, se críaba una especie de perros sin pelos (chihuahua), sumamente apreciados por su carne. La única ave de corral conocida era el pavo. Se comian perdices, patos y aves salvajes.Una rama importante de la economía, estaba constituída por el comercio. Todas las ciudades aztecas y Tenotichlán, en particular, contaban con un mercado de gran movimiento donde se reunian millares de personas venidas de muy lejos. Se desconocía la moneda, se efectuaba un intercambio de productos. Para facilitar los canjes, se saldaban los restos de una cuenta con semillas de cacao.

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