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Comparto con Ustedes este Poema que me Gusta

Arte10/15/2010
HIMNO A HIPNOS Bernardo Ortiz de Montellano Incendia, joven Hipnos, ese lirismo lógico que ha reducido al hombre a ser un placentero bazar de cosas útiles, sin inquietudes y sin rebeldías. Lirismo calculado para cerebros satisfechos con el calor eléctrico, el trabajo, las lluvias y el dinero. Un lirismo de formas, suaves formas, fuego, apenas, de flores de tabaco; lirismo que se aparta del corazón del mar y de los femeninos nublados de la tierra porque no está bien que el hombre —Ser superior— que se engaña sabiendo lo que ignora, que ignora lo que sabe, conceda cosa alguna a otro poder extraño al de su voluntad serpiente omnipotente. El poder de su yo feroz que impone con razones su falta de razón. Incendia, joven Hipnos, esos corazones letrados que amenazan sin dudas a la sabiduría, esos falsos corazones de hierba endurecida impenetrables a la sed y al fuego con que la sed se apaga. Quema sus fábricas de verbos, la maquinaria de sus pensamientos y de sus acciones ajenos a los ritmos de amor indescifrados; afina sus sentidos de mariposas torpes; haz profunda en sus pechos la conciencia del ala de la muerte que llevamos; destruye las anémonas de su sangre cuando se conformen, no más, con superficies y con cantidades; devuélveles la honda simplicidad de tus paraísos de silencio en donde crece sin horror la Vida. Joven Hipnos vidente. Yo sé que soy, también, un hombre de estos hombres. Hipnos, creador de sueños, que tus manos de sueño derramen su veneno saludable sobre la fatiga y el temor del hombre, que de los ritmos de la noche tuya despierte sin orgullos ni martirios, sin sentimientos sucios, sin vicios vegetales, sin trabajos forzados ajenos al deseo de fabricar el día: ciego rodar la rueda de un mecanismo ciego insensible al tacto de formas musculares muerto al goce de abeja de hacernos pensamientos. El hombre no es árbol ni edificio ni campo ni ciudad, es pez y pájaro. Devuélvele su vuelo submarino, su reino de belleza compartida, su identificación con otros hombres. Roza la soledad inerte de sus consigo mismo de muerte anticipada invernaderos turbios de los sueños, que penetre su diálogo de espuma al fondo de la roca de la oreja que sus voces se quemen de preguntas su silencio se aclame de pronombres ramos de vida plantados una vez en este paraíso único Paraíso verdadero de la diaria belleza de innumerables modos repetida, oculta y fragmentada la Belleza que sólo pueden gozar los hombres juntos unidos de lirismo vital y sin engaños de hombre a cielo, de pecho a inanimado, de pulsación a ritmo, cuerpo a cuerpo de inteligencia, verbo, naturaleza y sueños. Delirios, joven Hipnos, que los hombres destruimos en los niños enemigos del hombre y otra vez enemigos. Joven Hipnos es justo que el hombre valga, ni más ni menos, el valor del hombre sin torturas de infancia, sin tormentas de viejo, sin propiedad de nada, ni de nombre o prestigio o bien alguno que defender a espada. Pero que el hombre valga, ni más ni menos el valor del hombre. sobre Hipnos en Wikipedia: En la mitología griega, Hipnos (en griego Ύπνος Hypnos, ‘sueño’) era la personificación del sueño. Su madre era Nix, la noche, que lo tuvo sin intervención masculina, aunque en alguna otra tradición su padre fue Érebo. Era hermano gemelo (o hermanastro) de Tánatos, la muerte no violenta. Su equivalente romano era Somnus. Su palacio era una cueva oscura donde el sol nunca brillaba. A su entrada crecían amapolas y otras plantas hipnóticas. Según algunas fuentes, vivía junto con Tánatos en un palacio subterráneo cercano al de Nix. Según otras, lo hacía en una cueva bajo una isla griega, a través de la cual fluía Lete, el río del olvido. En una ocasión Hera prometió a Hipnos la mano de una de las gracias, Pasítea, si le ayudaba a dormir a Zeus. El Sueño obedeció, pero Zeus se despertó iracundo y hubiera arrojado a Hipnos del monte Olimpo si no hubiera intervenido su madre Nix, que demostraba así el poder que ejercía tanto sobre los dioses como sobre los hombres. Con Pasítea tuvo mil hijos, los Oniros. Los tres más importantes aparecían en los sueños de los reyes: Morfeo, Iquelo (o Fobetor) y Fantaso. Según otro mito, Morfeo se ocupaba del contenido animado de los sueños de los seres humanos, mientras que los otros dos Oniros eran responsables de los animales y los objetos inanimados en los sueños. También Hera recurrió a Hipnos, a través de Iris, para que adoptara la forma de Ceix y, en sueños, se le presentara a su mujer y le explicara su muerte, pues la pobre Alcíone esperaba ansiosa el regreso de su marido ignorando que éste había muerto hacía tiempo. Endimión recibió de Hipnos el poder de dormir con los ojos abiertos, para poder así vigilar constantemente a su amada Selene (la primera representación de la Luna). En el arte, Hipnos era retratado como un hombre joven desnudo y con alas en los hombros o las sienes. También se le muestra en ocasiones con barba, parecido a su hermano Tánatos. A veces es representado como un hombre dormido en una cama de plumas con cortinas negras a su alrededor. Sus atributos incluyen un cuerno de opio inductor de sueño, un tallo de amapola, una rama de la que gotea el rocío del río Lete y una antorcha invertida. Morfeo es su principal ayudante y evita que los ruidos le despierten. En Esparta, la imagen de Hipnos siempre se situaba cerca de la muerte. EN: www.librerita.com.ar
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