InicioArteLa Chica en la Ventana - Cuento Propio
La Chica en la Ventana




Si había algo que disfrutaba de su trabajo, además del día en que le pagaban, era lo cerca que quedaba de su casa. No cerca en el sentido de un viaje en colectivo de diez minutos, cerca en el sentido de que lo separaban tan sólo tres cuadras con la justa medida de árboles, luz y longitud. En general eran cuadras residenciales excepto por un par de almacenes barriales, todo parecía estar condicionado para disfrutar al transitarlas, incluso a veces deseaba que el camino fuera más extenso, es decir, que fueran cinco o seis calles en total, lo suficiente como para que no fuera un ejercicio.

El hecho de que la distancia fuera tan corta, permitía ir a un paso lento y contemplar cada casa y árbol con gran detenimiento, de hecho, ya tenía una especie de rutina, la cual comenzaba con una casa de la segunda cuadra que le llamaba especialmente la atención. Una casa muy antigua que si no fuera porque había visto a una anciana salir y entrar al almacén que había al lado, creería que estaba abandonada. El jardín había crecido mucho más de lo deseable y no permitía ver con claridad el primer piso, la enredadera estaba a punto de llegar al segundo pero la dueña de la casa no lo consideraba un problema. La casa estaba protegida por una reja negra que superaba la altura de un ser humano normal y como si eso fuera poco, cada barra terminaba en una punta filosa. El hecho de que las pocas veces que había visto a alguien abrir la puerta de la reja, ésta había producido un chirrido, le indicó que la anciana no acostumbraba a salir o recibir visitas.

Había otra razón por la cual contemplaba la casa cada vez que pasaba además de su lúgubre aspecto, no recordaba una vez que no haya saludado a la chica, de no más de ocho años, que lo esperaba sonriente en la ventana superior derecha de la estructura. Cada día laboral, allí estaba, como esperándolo. La chica no combinaba con la casa, estaba vestida modernamente y tenía una actitud y apariencia alegre. Eso le hacía pensar que tal vez ella no vivía allí, pero como todas las mañanas, ya que nunca la había visto al volver del trabajo, se presentaba en la ventana para saludarlo, era algo difícil de creer. El procedimiento era simple, él miraba hacia la ventana, la chica lo saludaba con la mano, él le devolvía el gesto y una vez que ella desaparecía de la vista, él volvía a su rutina contemplativa: el desarrollo de la casa en construcción a dos casas de distancia de la de la anciana, la cancha de fútbol 5, la cual siempre parecía estar ocupada sin importar la hora o el clima y finalmente, el jardín de una casa cuyo dueño o dueña (nunca había visto a nadie salir de ella) mantenía esmeradamente.

Así eran todas las mañanas y así mismo fue la mañana soleada del lunes. Una vez caminada las tres cuadras, cruzó la puerta del supermercado, atravesó todo el largo del negocio e ingresó al área de empleados para prepararse para un nuevo día de trabajo. Un trabajo que no le gustaba en lo más mínimo y que únicamente soportaba porque sabía que era temporal. De acuerdo a sus planes, estaría recibiéndose en poco más de un año. Sin embargo, se planteaba si llegaría a soportar todo un año en ese infierno: ya de por sí el trabajo de repositor no era el más gratificante, pero su jefe (o por lo menos el que creía que lo era) no lo dejaba en paz un instante y los inútiles de los otros repositores le dejaban todo el trabajo ya que eran amigos cercanos del jefe. Pero si era posible que algo lo irritara aún más que ellos, eran los clientes. Los odiaba. No dudaban un segundo en hacerle cualquier pregunta que se les cruzara por la cabeza, desde pedirle consejo sobre qué desodorante llevar hasta cuál era la diferencia entre dos tipos de jabón. Obviamente él no era el culpable de la producción de los distintos jabones y no tenía la menor idea de qué propiedades poseía cada uno y mucho menos que significaban. Este tipo de clientes lo había atormentado tanto que ya no contestaba ninguna tipo de pregunta, sin importar si verdaderamente le correspondían a él contestarlas, cómo la ubicación de una clase de producto en general. Él contestaba con voz monótona y con una expresión molesta que preguntara en la caja, a pesar de que el cliente tuviera que atravesar todo el supermercado.

Era por eso que cada tarde, cuando salía de esa tortura, y comenzaba a caminar las tres cuadras no era nada como en la mañana. Las caminaba apresuradamente sin mirar, contemplar ni disfrutar. Únicamente, y porque ya era un hábito incorporado, desviaba la vista un instante a la ventana, pero en seguida la regresaba al camino, nunca había visto a la chica en la tarde. Pero ese lunes, que, sin temor a equivocarse, había considerado el peor día de trabajo de toda su vida, le sorprendió ver el rostro de la chica, sonriente como siempre, saludándolo. Esta vez, sin saber muy bien el motivo, tal vez necesitaba descargarse con alguien y sabía que en su casa no encontraría a nadie, no devolvió el saludo, de hecho la miró sólo un instante y siguió su camino como lo hacía todas las tardes, apresurado e impaciente de llegar a su casa. No creía que la chica se fuera a ofender si no cumplía por una única vez al acuerdo implícito que mantenían, estaba seguro que ella no vivía para saludarlo a él. Una vez llegó a su departamento y se sentó en su sillón a mirar la televisión se olvidó completamente del asunto.

A la mañana siguiente si bien se levantó a la misma hora en que lo hacía y había hecho, todos los días, desde hace un año, se sentía como si no hubiera dormido ni un mísero minuto. Algo lo había despertado continuamente durante la noche y no lo había dejado dormir tranquilo. Por un momento, consideró la opción de faltar a su trabajo, pero en seguida desechó la idea, sabía que el jefe no toleraría que se ausentara dos veces en un mes – la semana pasada se había despertado con un fuerte dolor en el estómago que lo mantuvo incapacitado las veinticuatro horas. No tenía opción, con un gran esfuerzo se levantó de su cama, se vistió y fue a trabajar.

Sin darse cuenta, había dejado de caminar a la mitad de la segunda cuadra. Como todas las mañanas se fijó en la ventana superior derecha de la casa de la anciana pero la encontró vacía, no había rastro de la chica. En ese momento, recordó lo que había sucedido la noche anterior, de como había ignorado su saludo, después de todo, parecía que sí se había ofendido. Se le ocurrió que podría tocar el timbre de la casa de la anciana y disculparse por su actitud, pero descartó esa idea en seguida, ¿Qué le diría a la vieja? Nunca había hablado con ella, era probable que ella no tuviera la menor idea de quién era él, no conocía el nombre de la chica y no creía que alguien aceptara que un completo desconocido entrara a su casa para hablar con su nieta, o cual fuera el vínculo que tuvieran entre ellas. Mucho menos si ese alguien vive en una casa decrépita y protegida por una reja. Así que dio un último vistazo a la ventana con la esperanza de que la chica hubiera aparecido mientras él divagaba, y al notar que no fue así, continuó con su camino hacia el supermercado.

Salió del trabajo mucho más relajado que el día anterior, como si todos querrían compensarlo por el mal día anterior. Cuando pasó por la casa antigua, no tenía ninguna esperanza de encontrarse con su amiga, y por supuesto, no estaba. Se preocupó, no es que le fuera imprescindible para vivir que la chica lo saludara, pero temía haberla lastimado, sin embargo, se dijo que ella lo superaría y que tal vez ella también se había aburrido y tan sólo lo seguía haciendo para no ofenderlo a él. Notó que le estaba dando demasiada importancia al asunto, decidió olvidarse y dejar de preocuparse por nimiedades.

El problema comenzó cuando se dispuso a dormir esa misma noche, había algo que lo molestaba, tal y como había sucedido la noche anterior. Notó algo. Un ruido, unos golpes en realidad. Se levantó, provenían del comedor, donde se encontraba la puerta principal. Lentamente, y sin hacer ruido, caminó hacia el comedor, le costaba levemente respirar, tenía miedo, el volumen de los golpes había aumentado y se dio cuenta que era incesante, no había ni un segundo de separación entre un golpe y el otro. Finalmente, llegó a la puerta que separaba al comedor del resto del departamento, estaba cerrada, tal como él la había dejado. Intentó mirar a través de la cerradura, pero no logró ver nada, sólo veía la puerta principal. Abrió la puerta muy lentamente, el comedor era más largo que ancho, del lado izquierdo de la puerta principal, estaba el sillón con la televisión, mientras que del lado derecho, que en ese momento no podía ver porque lo tapaba la puerta que acababa de abrir, se encontraba la mesa donde solía comer y un balcón muy pequeño, rodeado por una reja que llegaba hasta el piso superior, que daba a la calle. Por allí entraba la única luz que iluminaba la habitación en ese momento, la luz de la luna ya que las luces de la calle estaban rotas. El golpeteo seguía incrementando de volumen y seguía siendo permanente y continuo. Tomó una decisión, en vez de asomarse lentamente, lo haría rápido y repentinamente. Contó tres segundos. Uno. Se le ocurrió volver a su cama, después de todo, la noche anterior no le había sucedido nada malo, pero no, sabía que no podría dormirse hasta saber de qué se trataba. Dos. Notó que estaba aguantando la respiración y que tenía la espalda helada por el sudor frío que le provocaba la adrenalina que sentía, el corazón le latía a más no poder. Tres. Con un movimiento brusco, empujó la puerta lo más que pudo hasta que esta chocó con la pared, había alguien en el balcón. Era la chica. Comenzó a gritar desesperadamente. Golpeaba la ventana con la palma abierta, ya no lo saludaba, tampoco sonreía.





COMENTÁ
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
382visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

m
milito_11🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts15
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.