InicioArteEl mejor post de Joan Miró










Picasso, Dalí y Miró son los pintores españoles más importantes del siglo XX y tres de los pintores fundamentales de la historia del arte occidental.
Joan Miró es uno de los surrealistas con más personalidad,y genialidad. Tiene en la niñez su fuente de inspiración, pero volver a pintar como un niño, tal como decia Picasso,no es tarea facil, es todo un ejercicio consciente de recuperación de los valores infantiles y de liberación de las convenciones sociales.
Joan Miró nació en 1893 en Barcelona, aunque pasó su infancia en Montroig, Tarragona. A los catorce años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona. Organiza su primera exposición en 1918. Sus cuadros recuerdan a los brillantes colores de los fauvistas, las formas fragmentadas del cubismo y las bidimensionales de los frescos románicos catalanes.









En 1919 se traslada a París, encontrándose con Pablo Picasso, donde, bajo la influencia de los poetas y escritores surrealistas, fue madurando su estilo.Sus cuadros son cada vez más espontáneamente sencillos en sus trazos. Conoce las teorías de Freud y se «afilia» a sus concepciones. La masía, y La masovera. En 1924 pinta Tierra labrada y El carnaval de Arlequín, lo que supone una ruptura definitiva con la realidad visible. 1930 expone en Nueva York.








La masia (1922)











El carnaval del arlequín (1925)













Sus cuadros se llenan de color, líneas y trazos. Busca las relaciones entre los objetos que pinta en el cuadro, en sus composiciones, en una búsqueda del cuadro como objeto artístico que le acerca a la abstracción. En sus cuadros predomina las líneas y las manchas de colores puros y semipuros: rojos, azules, amarillos, verdes, negros y blancos. Los fondos son planos y amplios. Su obra está llena de poesía.





Interior holandés I (1928)








Retrato IV (1938)








Constelación: Despertando al Amanecer (1944)









Miró también experimentó con otros medios artísticos, como grabados y litografías, a los que se dedicó en la década de 1950. También realizó acuarelas, pasteles, collages, pintura sobre cobre, escultura, escenografías teatrales y cartones para tapices. Sin embargo, las creaciones que han tenido una mayor trascendencia, junto con su obra pictórica, son sus esculturas cerámicas, entre los que destacan los grandes murales cerámicos: La pared de la Luna y La pared del Sol (1957-1959) para el edificio de la UNESCO en París, y el mural del Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid.





En 1950 realiza una pintura mural para la Universidad de Harvard.








En 1958 realiza para la UNESCO el mural Noche y día.









También trabaja en esos años en los murales del aeropuerto de Barcelona.









Desde 1956 hasta su muerte, en 1983, Miró se instala en Palma de Mallorca en una especie de exilio interior mientras crece el reconocimiento internacional de su figura. Allí podrá, por fin realizar su sueño de trabajar en un gran taller, que el arquitecto Josep Lluis Sert Construye para él en 1956. En 1975 abre sus puertas en Barcelona la Fundación Joan Miró, que, por expresa voluntad del artista, se convierte en un centro de activa promoción del arte contemporáneo. Pese al universal prestigio de su obra, Miró no cejó
nunca en la intensidad de su búsqueda de nuevos territorios artísticos; sus diseños teatrales para el montaje de Mori el Merma, del grupo La Claca, o su última obra, la gran escultura monumental de fibrocemento y cerámica Mujer y pájaro, instalada en un parque de su ciudad natal, así lo demuestran.



















El Asesino del Arte


¡¡ Quiero asesinar a la pintura !! expresó Miró en varias entrevistas causando cierto escándalo, esa idea nació en él durante la década de los treinta como un acto personal de rebeldía contra el arte burgués visto como instrumento de propaganda y de identidad cultural entre las clases acomodadas. No quería doblegarse a sus exigencias y a su estética ni siquiera con sus compromisos hacia los surrealistas.

Con la obra Bailarina española Miró ha logrado su propósito de asesinar la pintura, la ha hecho desaparecer sustituida por un soporte que es plano, en espacio y textura, simultáneamente, indicando en él con motivos bien simples el recuerdo, el concepto… de la bailarina española: su zapato y dos rayas.
Es un cuadro de esos que impresionan por lo irónico, es uno de los aspectos que definirá la obra de los Dadaistas. Un cuadro que impacta al salirse de su ámbito habitual, al ser una imagen que no se parece en nada a lo que había hecho antes ni a lo que hará más adelante.

El único elemento que claramente alude a la bailarina es el zapato típico de bailaora recortado de un periódico o revista que Miró ha pegado sobre un grueso y áspero papel de lija clavado sobre el tablero que se ha pintado de rojo, excepto un círculo blanco que parece aludir al ojo de la bailarina, una raya vertical a la izquierda que aludiría el espacio en que ella baila y dos líneas oblicuas dispuestas con forma de compás pintadas sobre la lija y que representarían las piernas o la falda de la bailaora.

Esta obra y el autorretrato que encabeza el post (pintado en 1919) son comprados por Picasso.












Obras




1917












1918





















1919








1922














1923








1924













1925





















1933















1934













1937






1938






1939






1940
































1944







1945






1951






1952






1960






1961







1962







1965







1966












1968







1970







1973
















Fotografias








































Esculturas y cerámicas



El interés de Miró por la escultura deriva de una voluntad de superar los límites estrictos de la pintura. La primera pieza realizada por él en 1931, a base de objetos ensamblados, en el más puro espíritu provocador del surrealismo, resulta ya muy significativa, pues proclama con rotundidad el papel fundamental que le atribuye al objeto como generador de sentidos.
Más tarde, a mediados de los años cuarenta, elabora pequeñas piezas en arcilla que después traslada al bronce. Éste será, en lo sucesivo, el material escultórico predilecto de Miró. Por otra parte, Miró propició siempre una relación muy estrecha, de colaboración efectiva, con los fundidores. Ello le permitió ajustar la concepción de las piezas a unos resultados en que en ocasiones prevalecía un acabado pulido y otras, en cambio, la riqueza de matices de unas pátinas sorprendentes.
En los años sesenta, el artista introdujo el color en la escultura, un color directo y elemental, que distingue y destaca el carácter individual de los componentes que constituyen las piezas.
La escultura y la cerámica le permitieron, además, intervenir en el espacio público, con realizaciones de carácter monumental.






Personaje (con paraguas), 1931 (Réplica 1973)






Pájaro (lunar), 1946-1949
La luna y el sol, el principio femenino y el principio masculino, la noche y el día, fuerzas a la vez opuestas y complementarias, son referencias constantes en la obra de Miró. Éste Pájaro (lunar) presenta, al igual que Pájaro (solar), un modelado austero y una superficie pulida y el aspecto general evoca ciertas figuras arcaicas o votivas. Pájaro (solar) guarda más la apariencia de un pájaro, mientas que Pájaro (lunar) parece más próximo a los personajes mironianos ligados al mundo terrestre. El primero es más horizontal, más estático; el segundo, más vertical y dinámico.






Pájaro (solar), 1946-1949
Bronce
Las esculturas modeladas por Miró entre 1944 y 1950 son una transposición a las tres dimensiones de las formas y motivos que aparecen en sus pinturas. El pájaro es un motivo esencial de la iconografía mironiana. Pájaro (solar) no sugiere el vuelo ni la capacidad de volar, ni tan sólo el movimiento, sino que asume su papel de mediador entre el cielo y la tierra. La base, una masa sólida, consistente, lo une gravitatoriamente a la tierra. Una luna tumbada construye sus alas y lo vincula al mundo celeste.







Cabeza y pájaro, 1966
Bronce






Estela de doble cara, 1956
Gres y esmalte

Joan Miró se inició en la cerámica en 1945, después de reencontrarse con el ceramista Josep Llorens Artigas, a quien había conocido en el Cercle Artístic de Sant Lluc. Miró descubre las peculiaridades de esta técnica y se sirve de ellas con un profundo respeto. Su iconografía persiste, aunque el artista deja completa libertad a la fusión natural de la materia y el fuego.
Lo que le atrae de la cerámica es el carácter imprevisible del resultado, las reacciones caprichosas de la sustancia sometida a la acción creadora del fuego.







El reloj del viento, 1967
Bronce







Mujer, 1967
Bronce







La caricia de un pájaro, 1967
Bronce pintado

Entrado el año 1967, Miró introduce el color en la escultura.
En las esculturas de bronce pintadas, el metal queda disimulado bajo una capa de color intenso.
A pesar del volumen, las obras tridimensionales de Miró dejan entrever la mirada del pintor: el color marca una diferencia entre cada componente y el punto de vista frontal se impone a los otros.
Cualquier objeto, como parte integrante de una escultura, cambia de significado gracias a su forma específica y a su disposición en la obra.






Mujer y pájaro, 1967
Bronce pintado






Mujer y pájaro, 1967
Bronce pintado






Muchacha evadiéndose, 1967
Bronce pintado





Pájaro solar, 1968
Mármol de Carrara





Luna, sol y una estrella, 1968
Bronce y cemento







Mujer, 1969
Bronce








El pájaro anida en los dedos en flor, 1969
Bronce







Mujer y pájaro, 1969
Bronce






Personaje, 1970
Bronce







Personaje, 1971
Bronce







Perro, 1974
Bronce







Pareja de enamorados de los juegos de flores de almendro. Maqueta del conjunto escultórico de La Défense (París), 1975
Resina sintética pintada











Vamos a verlo pintar ......





















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