El cerebro puede leer, escribir y realizar operaciones matemáticas inconscientemente
(Para tranquilidad de muchos)
(Póngale Play e instruyase y al final Chistes de Cerebros)
(Tiempo Promedio lectura: 8:00)
(Nivel de Comprensión: para diputado o para weón)
Investigación realizada en la Universidad Hebrea de Jerusalén encuentra que el cerebro es capaz de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas sin que nos demos cuenta de ello, esto es, en un nivel incosnciente.
Usualmente se cree que la consciencia es condición necesaria, ineludible, para realizar operaciones cognitivas que se consideran complejas como la lectura, la escritura o el ejercicio de las matemáticas. Sin embargo, una investigación reciente de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha mostrado que nuestro cerebro es capaz de cumplir dichas funciones aun sin que nosotros estemos conscientes de su realización.
Para descubrir esto, los investigadores utilizaron una técnica conocida como Supresión Continua de Flash (Continuous Flash Suppression, CFS), la cual consiste en proyectar una imagen estática en uno ojo al mismo que sobre el otro se proyecta una serie de imágenes sucediéndose y cambiando vertiginosamente. Con este método las imágenes cambiantes son las que predominan en la conciencias mientras que la estática se registra subliminalmente antes de que la persona se dé cuenta de su presencia.
En la primera etapa del estudio, la imagen estática consistió en una frase u oración, “enmascarada” por figuras geométricas de distintas formas y colores. Los voluntarios ―un grupo de 300 estudiantes― tenían que personar un botón apenas percibieran las palabras. En promedio esta reacción tomó 1 segundo, pero fue más rápida cuando el contenido de la frase era inesperado o incoherente, negativo incluso, algo como “tráfico de personas” o “Planché el café”.
Esto último indica, según los científicos, que el cerebro fue capaz de leer y entender las oraciones a un nivel inconsciente, lo cual se expresó en la mayor rapidez con que se presionó el botón.
Después de esto, la imagen estática proyectada fue una ecuación matemática de 3 elementos, por ejemplo, “9 − 3 − 4″, durante dos segundos o menos. Después, sin CFS de por medio, se les mostró a los estudiantes otras cifras, pidiéndoles que eligieran al azar alguna para decir su nombre en voz alta.
En este caso, la cifra elegida coincidió en casi todas las ocasiones con el número que también solucionaba la operación matemática. En el ejemplo anterior, fue más probable que el sujeto en cuestión dijera “dos” y no el nombre de otro número, por lo cual, en un nivel subconsciente, la mente efectuó la resta sin que la persona lo advirtiera.
Por ahora la investigación es más sugestiva que conclusiva y revela solo de manera parcial todo lo que nuestro cerebro percibe y comprende inconscientemente sin que nos demos cuenta de ello.
No se necesita un cerebro para tener memoria, tomar decisiones o anticipar cambios
Difícilmente se consideraría al moho del fango como un ser inteligente, arrastrándose gelatinosamente por los árboles y el musgo en un proceso que uno pensaría tiene mucho de automático.
Una especie de estas amibas unicelulares, clasificadas dentro del grupo de los protistas (una clase “de todo lo que realmente no entendemos”), la Physarum polycephalum amarilla puede resolver laberintos, mimetizar los planos de una red de transporte hecha por el hombre y seleccionar la comida más sana de un diverso menú –todo esto sin tener un cerebro o un sistema nervioso. “Los mohos del fango están redefiniendo lo que necesitas para calificar como inteligente”, dice Chris Reid de la Universidad de Sydney.
Aunque P. polycephalum actúa frecuentemente como una colonia cooperativa de individuos, de hecho pasa la mayor parte de su vida como una única célula que contiene millones de núcleos, pequeños paquetes de ADN, proteínas y enzimas. Este célula única es una maestra metamórfica. Durante su vida este moho cambia de apariencia dependiendo de dónde y cómo esté creciendo: en el bosque se engorda en gigantescos globos amarillos o permanece discreta como una mancha de mostaza a un lado de una hoja; en un laboratorio se esparce como un coral –o una red neural.
En el laboratorio se ha descubierto que el moho logra retraer sus “ramas” de corredores sin salida, creciendo solamente a lo largo del camino más corto entre dos piezas de comida.
Reid y sus colegas descubrieron recientemente que este moho navega su ambiente de manera más sofisticada de lo que se creía. Al moverse deja una baba translúcida que a su vez evita las áreas obstaculizantes a las que ya ha viajado. Esta baba extracelular es una forma de memoria externalizada que recuerda al moho explorar un lugar nuevo.
Pero la capacidad de desdoblarse por el espacio de esta singular especie, que evolucionó hace por lo menos 600 millones de años, cuando no existían sistemas nerviosos, lo lleva incluso a recrear en miniatura la red de carreteras de Canadá, España, el Reino Unido y lo red ferroviaria de Tokio en miniatura. Cuando los investigadores colocaron pedazos de comida en las mismas posiciones que grandes ciudades, al principio los mohos de fango abracaron todo el mapa comestible. Días después se habían adelgazado dejando ramas interconectadas de babosa que unía los pedazos de comida casi exactamente de la misma forma que los caminos hechos por el hombre.
Otros experimentos muestran que esta especie también tiene una memoria temporal y que es capaz de seleccionar el alimento más nutritivo dentro de un menú nuevo y cambiante.
El modelo de inteligencia de este moho parece redefinir lo que es la inteligencia y la memoria: quizás estas no necesariamente se ubiquen en el cerebro, sino que existan integralmente en un sistema, en el cuerpo gelatinoso del moho que se divide y expande o en el mismo espacio en el que se mueve–una memoria inherente en la naturaleza que sintoniza.
(Para tranquilidad de muchos)
(Póngale Play e instruyase y al final Chistes de Cerebros)
(Tiempo Promedio lectura: 8:00)
(Nivel de Comprensión: para diputado o para weón)
Investigación realizada en la Universidad Hebrea de Jerusalén encuentra que el cerebro es capaz de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas sin que nos demos cuenta de ello, esto es, en un nivel incosnciente.
Usualmente se cree que la consciencia es condición necesaria, ineludible, para realizar operaciones cognitivas que se consideran complejas como la lectura, la escritura o el ejercicio de las matemáticas. Sin embargo, una investigación reciente de la Universidad Hebrea de Jerusalén ha mostrado que nuestro cerebro es capaz de cumplir dichas funciones aun sin que nosotros estemos conscientes de su realización.
Para descubrir esto, los investigadores utilizaron una técnica conocida como Supresión Continua de Flash (Continuous Flash Suppression, CFS), la cual consiste en proyectar una imagen estática en uno ojo al mismo que sobre el otro se proyecta una serie de imágenes sucediéndose y cambiando vertiginosamente. Con este método las imágenes cambiantes son las que predominan en la conciencias mientras que la estática se registra subliminalmente antes de que la persona se dé cuenta de su presencia.
En la primera etapa del estudio, la imagen estática consistió en una frase u oración, “enmascarada” por figuras geométricas de distintas formas y colores. Los voluntarios ―un grupo de 300 estudiantes― tenían que personar un botón apenas percibieran las palabras. En promedio esta reacción tomó 1 segundo, pero fue más rápida cuando el contenido de la frase era inesperado o incoherente, negativo incluso, algo como “tráfico de personas” o “Planché el café”.
Esto último indica, según los científicos, que el cerebro fue capaz de leer y entender las oraciones a un nivel inconsciente, lo cual se expresó en la mayor rapidez con que se presionó el botón.
Después de esto, la imagen estática proyectada fue una ecuación matemática de 3 elementos, por ejemplo, “9 − 3 − 4″, durante dos segundos o menos. Después, sin CFS de por medio, se les mostró a los estudiantes otras cifras, pidiéndoles que eligieran al azar alguna para decir su nombre en voz alta.
En este caso, la cifra elegida coincidió en casi todas las ocasiones con el número que también solucionaba la operación matemática. En el ejemplo anterior, fue más probable que el sujeto en cuestión dijera “dos” y no el nombre de otro número, por lo cual, en un nivel subconsciente, la mente efectuó la resta sin que la persona lo advirtiera.
Por ahora la investigación es más sugestiva que conclusiva y revela solo de manera parcial todo lo que nuestro cerebro percibe y comprende inconscientemente sin que nos demos cuenta de ello.
No se necesita un cerebro para tener memoria, tomar decisiones o anticipar cambios
Difícilmente se consideraría al moho del fango como un ser inteligente, arrastrándose gelatinosamente por los árboles y el musgo en un proceso que uno pensaría tiene mucho de automático.
Una especie de estas amibas unicelulares, clasificadas dentro del grupo de los protistas (una clase “de todo lo que realmente no entendemos”), la Physarum polycephalum amarilla puede resolver laberintos, mimetizar los planos de una red de transporte hecha por el hombre y seleccionar la comida más sana de un diverso menú –todo esto sin tener un cerebro o un sistema nervioso. “Los mohos del fango están redefiniendo lo que necesitas para calificar como inteligente”, dice Chris Reid de la Universidad de Sydney.
Aunque P. polycephalum actúa frecuentemente como una colonia cooperativa de individuos, de hecho pasa la mayor parte de su vida como una única célula que contiene millones de núcleos, pequeños paquetes de ADN, proteínas y enzimas. Este célula única es una maestra metamórfica. Durante su vida este moho cambia de apariencia dependiendo de dónde y cómo esté creciendo: en el bosque se engorda en gigantescos globos amarillos o permanece discreta como una mancha de mostaza a un lado de una hoja; en un laboratorio se esparce como un coral –o una red neural.
En el laboratorio se ha descubierto que el moho logra retraer sus “ramas” de corredores sin salida, creciendo solamente a lo largo del camino más corto entre dos piezas de comida.
Reid y sus colegas descubrieron recientemente que este moho navega su ambiente de manera más sofisticada de lo que se creía. Al moverse deja una baba translúcida que a su vez evita las áreas obstaculizantes a las que ya ha viajado. Esta baba extracelular es una forma de memoria externalizada que recuerda al moho explorar un lugar nuevo.
Pero la capacidad de desdoblarse por el espacio de esta singular especie, que evolucionó hace por lo menos 600 millones de años, cuando no existían sistemas nerviosos, lo lleva incluso a recrear en miniatura la red de carreteras de Canadá, España, el Reino Unido y lo red ferroviaria de Tokio en miniatura. Cuando los investigadores colocaron pedazos de comida en las mismas posiciones que grandes ciudades, al principio los mohos de fango abracaron todo el mapa comestible. Días después se habían adelgazado dejando ramas interconectadas de babosa que unía los pedazos de comida casi exactamente de la misma forma que los caminos hechos por el hombre.
Otros experimentos muestran que esta especie también tiene una memoria temporal y que es capaz de seleccionar el alimento más nutritivo dentro de un menú nuevo y cambiante.
El modelo de inteligencia de este moho parece redefinir lo que es la inteligencia y la memoria: quizás estas no necesariamente se ubiquen en el cerebro, sino que existan integralmente en un sistema, en el cuerpo gelatinoso del moho que se divide y expande o en el mismo espacio en el que se mueve–una memoria inherente en la naturaleza que sintoniza.