Adolfo Hitler nació el 20 de abril de 1889 en la aldea austriaca de Braunau, en el Imperio Austrohúngaro. Su padre era un férreo y agresivo hombre de negocios, dedicado al área de las aduanas, y su madre era una honesta ama de casa. Hitler no se crió en la pobreza, tuvo un hogar católico de clase media, y estaba siguiendo una educación escolar de primera. Desde niño, su pasión fueron las artes plásticas. Al fallecer su padre en 1903, su madre le permitió abandonar el colegio, con la esperanza de que ingrese a la Academia de Bellas Artes de Viena y sea un artista de lujo. Su primer examen de ingreso lo pasó mientras ella sufría cáncer. Cuando ella murió, él se enteró que desaprobó, e hizo un segundo intento que igualmente falló. Como alternativa a las Bellas Artes pensó en estudiar arquitectura en la universidad, pero como no tenía el título de secundario, no pudo acceder a la universidad, y no era eficiente para las Bellas Artes, por lo que quedó hecho un linyera huérfano en Viena.
Su rencor y temor lo consumían mientras veía el enorme progreso económico de los burgueses, judíos y extranjeros en la ciudad, fruto de sus años de esfuerzo. Para ganar algo de dinero, realizó varios oficios como el pintar sellos postales y ser albañil, con lo que ahorraba para pagarse las pensiones, comprarse libros, y algún pasaje de tren hacia el Imperio Alemán. En 1913, con sus ahorros partió a la ciudad alemana de Múnich, zafando asimismo del servicio militar obligatorio de los austrohúngaros. En Múnich tuvo la misma triste vida que en Viena. Hitler decidió cambiar su suerte, cuando el archiduque de su país fue asesinado por un terrorista, desencadenando un conflicto gigantesco entre las alianzas militares de Europa, comenzando la Primera Guerra Mundial. Harto de pasar hambre y vergüenza como un linyera, se unió a los soldados alemanes, y fue a combatir en su nombre.
Cuatro años después, el Imperio Alemán fue derrotado, lo que traumó a Hitler, y consideró a varios grupos, sobre todos los judíos, como los responsables de la derrota. Su resentimiento a los judíos creció más. El Imperio Alemán y el Austrohúngaro colapsaron, y Alemania se convirtió en una república cuando fue destronado el káiser Guillermo II. Al año siguiente, Hitler ya tenía una vida más cómoda, como veterano de guerra y colaborador militar, aunque el ejército alemán fue inhabilitado. A Hitler le pidieron que vaya a investigar una facción política que estaba en formación, él fue, y la política que esta planteaba lo atrajo mucho, y dejó de ser colaborador para militar en este nuevo partido. Poco a poco fue ganándose la simpatía de los militantes, y sus encendidos discursos atrajeron a más público, un público dolorido por las consecuencias económicas y sociales que sufría el país por la derrota. Hitler no buscó una solución pacífica, a los gritos trataba en todo discurso su miedo a varios grupos étnicos, especialmente los judíos, pidiendo su desaparición, así como el de varios grupos extranjeros que capitalizaban en Alemania, lo que supuestamente arruinaba la economía.
Así, fue declarado líder de su partido, y le cambió el nombre. Coloquialmente, fue llamado Partido Nazi. Con ello, a fines de 1923 protagonizó un fallido golpe de Estado, fue juzgado y sentenciado a prisión. En prisión se dedicó a escribir sus memorias y sus ideas en un feroz libro llamado Mi lucha. Menos de un año de estar preso fue amnistiado, y con sus escritos volvió a entrar a escena. Se presentó a las elecciones presidenciales de Alemania, ganando el anciano veterano de guerra Paul von Hindenburg. Hitler le insistió en que lo elija como su canciller, ósea primer ministro. El presidente, viendo el riesgo que seria tener a un hombre tan inestable en ese cargo, no quiso elegirlo, pero insistió tanto, que en enero de 1933 aceptó.
En agosto de 1934, el anciano presidente falleció, y Hitler unificó la jefatura del Estado con la del gobierno para crear el cargo de führer, asumiendo a su vez plenas facultades legislativas. Con el Imperio Alemán extinto hace años, Hitler se dedicó a crear su propio Imperio. Al principio, conquistó de manera pacífica a Austria, su nación natal, y varias regiones germanas de Checoslovaquia. Mientras tanto, tuvo un autoritario control de todos los grupos que creía responsables del fracaso de Alemania. En septiembre de 1939, intentó tomar Polonia con acciones militares por la fuerza, lo que alarmó a los países ganadores de la Primera Guerra Mundial, y reaccionaron a armas, lo que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Hitler era un conquistador brillante al principio, macabro, pero brillante. No había habido un conquistador europeo desde Napoleón Bonaparte hace más de 120 años. Pero como Napoleón, sería derrotado más adelante. El Imperio hitleriano tuvo mucha presencia militar, incluso de soldados muy jóvenes que luchaban contra su voluntad, como el futuro príncipe alemán Nicolás de Holanda y el papa emérito Benedicto XVI.
Si bien hay quienes afirman que quería constituir un Estado donde exiliar a todos los judíos, Hitler dirigió un genocidio de terror en su contra, junto a otros grupos y minorías que él tanto temía y no soportaba; el Holocausto. El 30 de abril de 1945, con la guerra perdida y su Imperio colapsado, se mató de un tiro junto a su nueva esposa, Eva Braun; y Alemania fue conquistada por Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética, creando dos nuevos países en su territorio; el territorio oriental fue un Estado satélite de los comunistas soviéticos por 45 años. La Segunda Guerra Mundial dejó más de 65 millones de muertos (La Primera 10 millones) y Hitler ejecutó a 17 millones de personas considerándolas una raza inferior por motivos culturales, místicos y biológicos. Hoy Alemania es una democracia de primer mundo y un país ideal.