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Pesamientos vanos de una mente cansada (relato propio)

Arte•1/15/2011

Hola a todos. Se que soy un pésimo escritor, pero es tanto lo que adoro la literatura, que me he esforzado por hacer un texto narrativo, el cual podrás ver a continuación:


Nota: El relato lo escribí en primera persona, pero el personaje que verás es totalemente ficticio

PENSAMIENTOS VANOS DE UNA MENTE CANSADA



Introducción maquiavélica

Sentado en una silla mecedora, estoy pasando los últimos años de mi vida, o al menos eso es lo que siento. He tenido que soportar la cruel venganza de Dios mediante múltiples caídas en la vida. Mis sentidos están muriendo, cualquier día de estos puedo despertar y no ver nada.
Siempre me jacté de ser un hombre valiente, sin temores, y ahora me asusta hasta el más mínimo ruido... Y pensar que yo me burlaba de la gente vieja..., fui un miserable. Cuando vi por primera vez a mi padre usando un bastón para caminar le dije:
_ ¿Qué haces con eso?
_ Es mi apoyo, ya no me puedo mantener en pie.
_ Así que ya no puedes ni caminar...
_ Al menos no por mi cuenta.
_ Bien, ahora te has convertido en basura, totalmente desechable.
_ ...
_ Di algo, no te quedes en silencio
_ ...
Dos días depués de esto mi padre murió y no lloré una sola lágrima. Pero ahora... lloro por cualquier cosa, la sensibilidad fue floreciendo en mi a medida que pasaban los años.
Ahora quiero dejar mi ideología al descubierto antes de que me lleve la dulce muerte, para permancer vivo aunque sea en vuestras mentes:


Sobre el amor



El amor es el más bello de los sentimientos. Yo solo sentí amor en dos etapas de mi vida: en la infancia y ahora que estoy viejo. En realidad, el amor siempre nos acompaña, pero a veces está bloqueado por ese sinfín de sentimientos y actitudes humanas encargadas de destruír nuestro espíritu como la ira, el orgullo, la superficialidad, el odio, la envidia, la aversión, etc.
La gente suele confundir el amor con la calentura. Es sumamente fácil discernir entre los dos y tiene que ver con la distinta finalidad de ambas. Mientras que en el amor se busca compartir, conocer, y proteger al otro, en la calentura, se busca solo un objetivo: el sexo.
Ese fue mi principal error. Yo no busqué nunca el amor, sólo buscaba mujeres para servirme de ellas y saciar mi apetito por el placer carnal.
Y era siempre lo mismo; entraba en ellas sin compasión, luego eyaculaba y el mundo se me venía abajo, me sentía un inútil, un ninfómano sin arreglo, un débil incurable.
Imáginese como me siento, querido lector, ahora que estoy viejo. Ya nadie me puede amar, todo por culpa de esta cochina capa de piel arrugada que cubre mi cuerpo; y a pesar de que puedo comprar muchas mujeres con el dinero que invertí durante toda mi vida, no puedo comprar el cariño de nadie.


Sobre los vicios



Pero el sexo no es el único vicio que tuve. Las cajas de vino tinto me hacían compañía todos los días. Tinto, tenía que ser tinto; aborrecía el vino blanco. En mi cumpleaños 43, un colega me regaló una fina botella de vino blanco y yo se la reventé en la cabeza. Esta actitud violenta se alojó en mí por mucho tiempo. Infundía miedo en la gente. Cuando me embriagaba nadie se acercaba a mi, pues temían de mis reacciones.
Lo triste es que siempre supe el daño que me hacía el alcohol, pero aún así no lo dejaba. Ahora mi hígado está casi todo descompuesto.
Pero dejo para el final a ese germen que fue el más perjudicial: el cigarrillo. Fumaba sin control, a veces un cigarrillo tras otro. El humo entraba a mi cuerpo y me sentía el rey del mundo, expulsando bocanadas de diversas formas, pues ese era uno de mis talentos ocultos. Los domingos me sentaba en la escala de mi casa y practicaba las más divertidas formas de despedir el humo de mi boca.
No se si me arrepiento de mis vicios, ya que en un tiempo me dieron una vida placentera, pero creo que ahora mi cuerpo me agradecería que en mi juventud hubiera sido un poco más mesurado.


Sobre el sentido de la vida



A pesar de que en el prefacio nombré a Dios, solo formaba parte de una expresión, pues nunca creí en él.
Odiaba a esos hipócritas que predicaban sobre la salvación y la vida eterna, pues notaba un marcado cinismo en sus palabras.
Nunca entré a una iglesia, ni a una capilla. Me reía de los estúpidos que daban su dinero a sociedades religiosas.
Ahora voy a la iglesia cada sábado en la mañana, hipnotizado por esas melódicas y celestiales alabanzas, por esas promesas, por esos mensajes de esperanza que en el fondo se que son falsos.
Mi teoría es que mientras más miedo tienes, más crees en Dios.

Así termino mi relato, que no tiene mayores complejidades de vocabulario, pues se centra en la entrega de un mensaje: Si no quieres tener una vejez como la mía, entrega cariño, disminuye tus vicios, no uses la violencia y culturízate lo más que puedas.




Este fue mi post. Si te pareció....

Pésimo: Dímelo sin usar palabras despectivas, y no escribiré más
Regular: Dímelo e intentaré mejorar
Excelente: Dímelo, pero te advierto que aumentarás mi ego y me sentiré superior a ti.


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Nos vemos!!
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