No existen evidencias arqueológicas concisas que nos permitan esclarecer porque aplaudimos. Algunos antropólogos piensan que nuestros antepasados chocaban sus manos para ahuyentar a los depredadores o para advertir al grupo de su presencia. Comportamiento que también se observa entre chimpances que golpean las manos y los pies e incluso palmean una mano contra la otra en situaciones de estrés para alivianar tensiones. Hay otros que concuerdan en que el aplauso pudo haber surgido durante las primeras cacerías en grupo del homo erectus,ya que las mismas incluían un método idóneo de comunicación.
No se sabe ciertamente su origen pero sin lugar a dudas el aplauso pasó a demostrar aprobación en el teatro. Los romanos y los griegos ya lo utilizaban además de chasquear los dedos, ondear la punta de las togas y sacudir unas tiras que distribuían para gratificar una acción o conducta.
Era tal la importancia simbólica del aplauso que se contrataba gente para que aplaudiese, Nerón por ejemplo pagaba 5000 plausores aproximadamente en sus apariciones públicas.
Desde el punto de vista psicológico se sostienen que el aplauso deriva de palmear la espalda a alguien como manera de felicitarle y como los expectadores no pueden hacerlo con los actores en lugar de ello aplauden.
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