Actualmente constituye un lugar común hablar de la muerte del marxismo.
Con una sospechosa unanimidad, intelectuales, medios de comunicación audiovisuales
y publicaciones diversas insisten en que el marxismo es una reliquia
histérica, que sus postulados están caducos y que, tanto política como económicamente,
el marxismo ha fracasado; incluso se afirmaque el marxismo es inservible
como método de análisis.
Esta situación contrasta con la existente no hace tantos años. Durante la década
de los sesenta y parte de los setenta hubo, por decirlo de alguna forma, un
florecimiento del marxismo y su influencia en las ciencias sociales era evidente.
Sin embargo, durante los años ochenta, y especialmente tras la desaparición
de-la URSS y las sociedades socialistas del este de Europa, el antimarxismo se
ha convertido en una moda. Paradójicamente, muchos de los marxistas de ayer
son hoy los abanderados del antimarxismo y quienes han decretado el fallecimiento
intelectual de Marx y Engels. Pero, por encima de modas académicas, a
las que nos tienen acostumbrados tantos intelectuales y profesores universitarios
más amantes del ágape y larecepción oficial que del archivo y la biblioteca, lo
que se debe debatir es si existen argumentos sólidos, científicos, para considerar
que el marxismo ha quedado obsoleto como sistema de pensamiento; en una
palabra, ¿los conceptos económicos, sociales y políticos de Marx y Engels
han sido superados?
Los que defienden la muerte del marxismo se basan en cuatro ejes argumentales:
A) Las categorías y conceptos económicos de Marx ya no sirven para analizar
el capitalismo del siglo xxi.
B) El materialismo histórico es incapaz de explicar el desarrollo de la Humanidad.
C) La desaparición de la URSS y de los países socialistas del este de Europa
demostrarían que el socialismo ha fracasado políticamente.
D) El capitalismo se ha mostrado superior al sistema de economía planificada,
lo que vendría a confirmar que el marxismo también ha fracasado
como sistema económico.
En cuanto al primer eje argumental, se ha convertido en un tópico afirmar
que Marx describió el capitalismo del siglo xix y que sus análisis han quedado
desfasados. Efectivamente, Marx escribió en el siglo xix, y para sus estudios se
basó en el capitalismo británico, pero lo que hizo fue analizar el capitalismo
como MODO DE PRODUCCIÓN, elaborando leyes y categorías que explican el
funcionamiento del capitalismo en general y no el de un capitalismo nacional
concreto. Para certificar la defunción del marxismo habría que empezar por
demostrar que esas leyes y categorías ya no se cumplen en el capitalismo de finales
del siglo xx y comienzos del xxí. Examinemos, por tanto, algunos de esos
conceptos básicos de Marx.
Marx definió el capitalismo como un sistema basado en la explotación de
trabajo asalariado; explotación que consiste en la obtención de plusvalía, esto
es, el valor que crea el trabajador por encima del valor de su fuerza de trabajo y
del cual se apropia el empresario en razón de su condición de propietario de los
medios de producción. Como este es uno de los conceptos centrales de la economía
política marxista, seña imprescindible desmontarlo para plantear con un
mfnimo rigor que los autores del Manifiesto Comunista deben ser estudiados
únicamente en su condición de clásicos del pensamiento universal. Pero esta tarea
se ha mostrado superior a todos los esfuerzos realizados por los economIstas
neoliberales, quienes no han podido aportar ni un solo dato que muestre ausencia
de explotación, y en cuanto a los que esgrimen la mejora del nivel de
vida de los obreros como prueba de un cambio sustancial en el capitalismo, hay
que recordarles que la explotación no excluye mejoras en la situación material
del proletariado, logradas, dicho sea de paso, en la luchacontra el capital. Y, en
cualquier caso, no debemos olvidar que ese aumento del bienestar social sólo se
ha logrado en un limitado número de países desarrollados. La inmensa mayoría
de la Humanidad, cuya existencia transcurre dentro del sistema capitalista,
vive en unas condiciones de miseria extrema que no sólo no remiten, sino que
tienden a agravarse, como ponen puntualmente de manifiesto los Informes sobre
Desarrollo Humano de la ONU.