luz de noche
Desperté de golpe, a mitad de la noche. A pesar de mi cansancio, no podía volver dormir. Era la cuarta noche esta semana que despertaba inquieto. Mi imaginación había estado muy activa y viendo las sombras encontraba formas terroríficas en los muebles de mi cuarto. Pero mi miedo se iba al concentrarme en las formas, al darme cuenta que ese fantasma no era mas que una toalla sobre mi ventilador.
Me acostaba viendo la pared, para evitar ver las sombras y al final el cansancio me volvía a vencer. Al despertar me sentía tonto, veía que en verdad no era más que objetos cotidianos que mi mente disfrazaba con las sombras de la noche y les daba formas que solo veía en mis pesadillas.
La última noche desperté cuando todo parecía mas callado. Era el silencio lo que me ponía nervioso, las últimas noches despertaba escuchando algún televisor, el ruido de los autos pasando por la calle. Esta vez no había nada, solo silencio. Un silencio tan intenso que escuchaba mi corazón latir desesperadamente debido al terror que sentía. Quise volver a dormir viendo la pared. Por alguna razón algo se sentía diferente, como cuando te observan. Como cuando se te acercan por la espalda.
Volteaba constantemente para analizar el cuarto. Las mismas sombras de siempre, el mismo montón de ropa fingiendo ser algo más, mi imaginación jugándome otra de sus bromas. Estaba comenzando a asustarme sin haber visto nada. Me asustaba estar rodeado de tanta obscuridad y no distinguir nada en las sombras. Detestaba que bastara tan poco para atemorizarme tanto como lo estaba. Decidí que lo mejor sería encender la lámpara junto a mi cama, eso me calmaría.
No alumbraba demasiado, pero habría la suficiente luz para distinguir las cosas. Cuando estaba apunto de apretar el botón cerré los ojos, tenía miedo de ver algo que no debía estar allí. Para mi sorpresa cuando abrí los ojos no había luz, vi que la lámpara estaba desconectada. Me calmé, casi me reí. Temiendo a la obscuridad como un niño. Me levanté de la cama para conectarla a la corriente.
No alumbraba demasiado, pero hubo la suficiente luz para descubrir que lo que estaba en mi armario no era un abrigo…
te asecha en la oscuridad
NO MIREIS LA IMAGEN QUE PONGO AL FINAL SIN HABER LEÍDO ANTES LA HISTORIA
Con la negra noche llegaban los temores más profundos de Eric…
Por el día era todo lo normal que un niño de 6 años puede llegar a ser: gustaba de jugar con sus amigos en el parque a ver quien corría más o a perseguir a las palomas, le gustaba el fútbol, aunque con sus piernecitas tan cortas los niños más grandes que él siempre conseguían ganarle,pero su madre le decía que no debía preocuparse por aquello, que ya crecería; aunque a él le parecía que tardaba siglos en llegar ese día; hacía sus deberes, aunque esto último como a cualquier niño, y no tan niños, no le gustaba demasiado; pero le bastaba una mirada de esas que solía poner su madre de ultimátum para ir corriendo a hacerlos. También admiraba mucho a su hermano mayor de 10 años, aunque este como todo hermano mayor solía intentar quitarselo de encima alegando que solo era un crío; aunque en el fondo se adoraban. En definitiva era un niño alegre y sin preocupaciones.
Sólo cuando el sol se ocultaba Eric empezaba a sudar y el corazón le latía tan fuerte que creía que se le saldría del pecho; sabía que llegaba la hora de dormir, eso implicaba convivir con la oscuridad y con aquella cosa…
Por el día no ocurría nada, pero al anochecer aquel ser oculto entre las estanterías de la habitación le acechaba con sus ojos, que con la oscuridad parecían como si lanzaran destellos de pura maldad, como si de un momento a otro fuera a lanzarse encima de él cual buitre y atacarle…y lo peor era cuando por la noche hablaba de repente con esa voz burlona y macabra, y cuando canturreaba, ay…..aquello era lo peor…
Sus padres al principio trataron de explicarle de buenos modos que no podía hacerle nada, que debía aprender a calmarse solo y no temer a cosas de niños pequeños, su madre al principio se ablandaba un poco y lo dejaba dormir con ellos, pero su padre era más severo y reticente y opinaba que así no crecería.
Tampoco ayudaba que su hermano se burlara en silencio de él alegando que era como un bebé por asustarse de semejante cosa, a su hermano parecía que le fascinaba; o tal vez solo lo hacía para chincharle, opinaba Eric.
Pero aquella noche se armó de un secreto valor y juró que acabaría con aquella pesadilla de una vez por todas.
Cuando las luces estuvieron apagadas el ser volvió a mirarlo fijamente; el niño empezó a sudar y notó como le costaba respirar por la tensión; cerró los ojos por un momento, apretó los puños con fuerza y con una valentía inusitada se encaramó a una silla dirigiendo sus manos al bicho…Sin pensarlo mucho, pues sabía que si lo hacía le fallarían las fuerzas, lo cogió con sus pequeñas manos apretando bien fuerte, aunque notaba que le sudaban las manos y se le resabalaba, corrió todo lo que pudo hasta la ventana de su habitación y lanzó al ser por los aires. Suspiró tan aliviado que pensaba que iba a hacerse pis. Había sido sencillo, y ya no volvería a molestarle nunca más. Se acostó en la cama y durmió como hacía meses que no hacía; y solo tuvo un pensamiento antes de dormirse plácidamente: ¿Que cara pondría su hermano al ver que su querido, horroroso y estúpido Furby había sufrido un pequeño accidente y no volvería nunca más?