Esa tarde llegué muy cansado. Mi día de trabajo había sido demasiado pesado, más que mis capacidades. No pude reparar en lo que querías de mí en esos momentos.
Cuando uno esta tan agotado no piensa en nada más que en descansar, cerrar los ojos y no darse cuenta de nada hasta que la energía se haya recuperado.
! Pero que gran error el que cometí contigo ¡ ! No sabes cuánto me arrepiento ahora…Era tan sencillo, solo mirarte y leer lo que tus ojos me estaban diciendo…Tal vez el problema de entonces hubiera tenido solución…Hoy ya nada soluciona esto.
Si tu mirada me hablaba con elocuencia y tu rostro indicaba la marca de la necesidad, y yo en mi cansado cuerpo tenía lo que necesitabas… ¿Cómo no lo imaginé? era tan sencillo entonces. Ahora ya es muy complicado.
Solo en el momento en que, con tus maletas en ambas manos me miraste con decepción, y tu rostro me indicó la decisión irreversible, supe lo que había perdido en realidad. También entendí la causa justa que te llevaba a tomar esa decisión.
Mientras que mi corazón sangraba con fuerza incontenible, y mi alma se debatía entre la culpa y la desesperación, tuve que vagar por las calles solitarias de mi propia conciencia, anhelando una palabra de amor, de comprensión y ternura, sobre todo de perdón, sin que nada haya encontrado en todo este tiempo; en cambio la soledad aumentada en mil partes, amenaza explotar mi alma en poco tiempo.
Ahora experimento con rudeza la soledad y el vacío que deja el ser que uno ama y que no está. Comprendo con claridad lo que sentías aun teniéndome tan cerca de ti. Mi presencia no te daba lo que en realidad necesitabas: amor, ternura…
! Por dios¡ estabas necesitada de amor y yo estaba y aún estoy enamorado de ti. Tú lo sabías; al menos pensé que lo sabías, y por eso me relajé con la relación. Creí que era suficiente con trabajar duro para darte todo lo que necesitabas…
Hoy el trabajo me asquea. En realidad lo detesto tanto como a mí mismo. Tanto él como yo somos los culpables de que la culpa me carcoma, y la soledad me consuma desde adentro hacia afuera. Pero por más que intente huir o negar la realidad triste de mi situación, la culpa me bombardea con los recuerdos de las causas de ese abandono al que fui abocado por mi apatía, egoísmo y ceguera.
Aún después del tiempo transcurrido, sigo esperando que aparezcas en mi puerta y me digas “Te amo”.
Cuando uno esta tan agotado no piensa en nada más que en descansar, cerrar los ojos y no darse cuenta de nada hasta que la energía se haya recuperado.
! Pero que gran error el que cometí contigo ¡ ! No sabes cuánto me arrepiento ahora…Era tan sencillo, solo mirarte y leer lo que tus ojos me estaban diciendo…Tal vez el problema de entonces hubiera tenido solución…Hoy ya nada soluciona esto.
Si tu mirada me hablaba con elocuencia y tu rostro indicaba la marca de la necesidad, y yo en mi cansado cuerpo tenía lo que necesitabas… ¿Cómo no lo imaginé? era tan sencillo entonces. Ahora ya es muy complicado.
Solo en el momento en que, con tus maletas en ambas manos me miraste con decepción, y tu rostro me indicó la decisión irreversible, supe lo que había perdido en realidad. También entendí la causa justa que te llevaba a tomar esa decisión.
Mientras que mi corazón sangraba con fuerza incontenible, y mi alma se debatía entre la culpa y la desesperación, tuve que vagar por las calles solitarias de mi propia conciencia, anhelando una palabra de amor, de comprensión y ternura, sobre todo de perdón, sin que nada haya encontrado en todo este tiempo; en cambio la soledad aumentada en mil partes, amenaza explotar mi alma en poco tiempo.
Ahora experimento con rudeza la soledad y el vacío que deja el ser que uno ama y que no está. Comprendo con claridad lo que sentías aun teniéndome tan cerca de ti. Mi presencia no te daba lo que en realidad necesitabas: amor, ternura…
! Por dios¡ estabas necesitada de amor y yo estaba y aún estoy enamorado de ti. Tú lo sabías; al menos pensé que lo sabías, y por eso me relajé con la relación. Creí que era suficiente con trabajar duro para darte todo lo que necesitabas…
Hoy el trabajo me asquea. En realidad lo detesto tanto como a mí mismo. Tanto él como yo somos los culpables de que la culpa me carcoma, y la soledad me consuma desde adentro hacia afuera. Pero por más que intente huir o negar la realidad triste de mi situación, la culpa me bombardea con los recuerdos de las causas de ese abandono al que fui abocado por mi apatía, egoísmo y ceguera.
Aún después del tiempo transcurrido, sigo esperando que aparezcas en mi puerta y me digas “Te amo”.