Habitación número 13
(por Writerman)
Necesitaba descansar. Luego de un largo viaje de doce horas en un arruinado colectivo de larga distancia- el cual él conducía -, llegó a Retiro, y no pensaba en otra cosa más que en darse un baño y dejarse caer en una cama por largas horas antes de tener que partir nuevamente.
El hotel que le asignaba la empresa de transportes era siempre el mismo, un lúgubre bastión de almas perdidas que rondan la noche porteña. Nada ideal para alguien que busque lujo y confort, pero él sólo necesitaba cerrar sus párpados y no pensar más en nada ni en nadie.
El encargado del hotel, que ya lo conocía, le entregó la llave de la habitación número trece. El número ya le daba mala espina. Aunque no era supersticioso, pero algo parecido a una premonición lo puso nervioso y no quería tener que perder el sueño por un desafortunado mito urbano. Con sus ojos rojos, producto de las largas horas de exposición a las luces de los autos de la ruta que siempre lo encandilaban y de lo cual siempre se quejaba – no entendía cómo podía haber tantos idiotas que circularan todo el tiempo con las luces altas y, pero aún, los imbéciles que ponían los rompe nieblas cuando no había siquiera un minúsculo atisbo de ello – le pidió al viejo Norris que si le podía dar alguna otra. Éste, al que se lo veía preocupado, como muy ido en su fuero interno, le dijo que no, en un tono amistoso pero firme – característico de su acostumbrado trato con toda clase de personajes recios que la noche atraía- mientras miraba como al pasar al parque de enfrente, en donde un hombre con una maleta como de máquina de escribir, se encontraba sentado en uno de los bancos.
- ¿Todo anda bien señor Norris? – le preguntó él, que ya se sentía demasiado cansado como para insistir, pero que a la vez notaba la mirada extrañada y un tanto fuera de foco que el viejo tenía en ese momento.
- Si, todo está bien, todo está bien… – respondió el viejo, como cuando uno está en modo automático mientras cavila otras cuestiones.
Sin más demoras, tomó las llaves y comenzó a subir por la angosta y derruida escalera mugrienta para tomar su merecido descanso, mientras, veía que una bella chica y un hombre de saco gastado al estilo bohemio entraban a pedirse otra habitación. En ese momento, escuchó al viejo Norris decir:
- La catorce.
Y pensó: espero que estos dos me dejen dormir tranquilo esta noche.
Ya veía los indicios de sus malditas premoniciones hacerse realidad.
El olor a humedad de las paredes sudorosas revestidas con un asqueroso empapelado añejo y de mal gusto, lo ponían de mal humor. Pero no con el suficiente como para interrumpir su rutina de aseo que tanto venía ansiando desde que bajó al playón de estacionamiento en Retiro.
Ya desnudo y a punto de entrar al baño, comienza a sentir unos leves golpeteos rítmicos en la pared contigua. Al parecer, la parejita feliz había comenzado con su faena animal.
Como un flash le vino a la mente la hija del viejo Norris. Era una chica de baja estatura, como su padre, no recordaba si se llamaba Carla, Clara, o algo por el estilo, tenía buenos pechos y una cara pálida que se hacía aún más blanca por su pelo rubio y tan lacio que parecía estar pegado a su cara todo el tiempo.
Ahora, ya limpio y relajado, se dejó llevar por las fuerzas del más allá para caer en esa especie de coma profundo que inevitablemente lo estaba esperando.
Como por arte de magia, ahora se encontraba en un campo verde, uno de los tantos que suele ver en las largar rutas argentinas en cada uno de sus viajes. Pero lo afortunado era que estaba acompañado por la pechugona de Claudia Norris, ah… sí, de repente se acordaba su nombre, y ella lo miraba con ganas de todo. Él le acariciaba un pecho mientras ella se reía y lo instaba a seguir. Jugaban y se ponían cada vez más ardientes, al punto de verse desnudos y entrelazados por sus carnes tibias regadas de sol, un sol brillante que se iba poniendo cada vez más blanco, tanto como las luces de un faro que encandila al mirarse. El día se transformaba en noche y Claudia ya no era Claudia, era la chica del catorce. Y el escenario ya no era el campo verde, sino una oscura plaza de ciudad ocupada por prostitutas y traficantes. Su corazón latía rápido y la extraña chica desconocida lo arrastraba del brazo en dirección a donde se encontraba un hombre con un gamulán gastado que le inspiraba su mayor desconfianza. Él comenzaba a desesperarse y quería salir corriendo, pero la chica se lo impedía. Cuando escucha un ruido ensordecedor y se despertó súbitamente, todo sudado y con palpitaciones angustiantes.
Todo vuelve a la normalidad. Está en la inmunda habitación, solo. Se levanta y se dirige al baño para mojarse la cara y limpiarse la transpiración. Aún no tiene idea de lo que pasó, está un tanto aturdido por el sobresalto. Vuelve a la cama y se sienta al borde para respirar lento y profundo por unos segundos. Decide bajar y tratar de entender algo. Al llegar a la recepción, ve al viejo Norris abrazado por un sujeto que se encontraba llorando desconsoladamente. No quiere interrumpir la escena. Ve que la puerta de la habitación número cuatro del pasillo de planta baja se encuentra abierta, Sospecha que el sujeto sollozante salió de allí. No comprende del todo pero imagina los hechos. Advierte el olor a pólvora. Pregunta:
- ¿Todo anda bien señor Norris?
- Ahora, todo anda mejor, todo anda mejor – contesta el viejo, pero esta vez ya no perdido en sus cavilaciones, sino, con una suerte de paz interior que tranquiliza a quien lo escucha.
Decide no hacer más preguntas y vuelve a subir a su habitación número trece, para intentar conciliar el sueño y, tal vez, reencontrarse con Claudia o con alguna otra que le sirva de compañía ideal.
De todos modos, ya se sentía mejor, las premonitorias asociaciones ya no existían, y haber visto a ese otro en peores condiciones anímicas que él, por esas cosas que tenemos los humanos, le habían causado una sensación de menor desgracia respecto de su mediocre vida y lo absurdo de creer en la fantasiosa numerología.
No sabía cuanto había dormido antes del abrupto despertar, pero en la catorce no se escuchaba más nada. Ahora sí podría descansar.
También quiero invitarlos a participar de la comunidad de escritores imperfectos, llamada. Escritura Imperfecta. Sin más. Gracias por haber leído este texto.
Acá dejo el link de la comunidad:
Este texto está basado en el resto de los anteriormente publicados en esta comunidad llamados Habitación número, 14, 15 y 4. de Guada_82, Ninchdails y Cocuy respectivamente. Además usé el texto llamado La hija del viejo Norris, escrito por zapatodecuerina para crear dos de los personajes. Gracias a todos ellos por sus textos.