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Sobre el uso del latín - Iglesia Católica

Info12/26/2011






Iesvs Hominvm Salvator - Jesús Salvador de los hombres



IESVS NAZARENVS REX IVDAEORVM - Jesús de Nazaret Rey de los Judíos


BENEDICTO XVI

“Sobre la Lengua latina”


(Exhortación Apostólica Postsinodal, Sacrametum Caritatis, sobre la Eucaristía: fuente y culmen de la vida y la misión de la Iglesia) 2007

Para expresar mejor la unidad y universalidad de la Iglesia, quisiera recomendar lo que ha sugerido el Sínodo de los Obispos, en sintonía con las normas del Concilio Vaticano II: exceptuadas las lecturas, la homilía y la oración de los fieles, sería bueno que dichas celebraciones fueran en latín; también se podrían rezar en latín las oraciones más conocidas de la tradición de la Iglesia y, eventualmente, cantar algunas partes en canto gregoriano.

Más en general, pido que los futuros sacerdotes, desde el tiempo del seminario, se preparen para comprender y celebrar la santa Misa en latín, además de utilizar textos latinos y cantar en gregoriano; y se ha de procurar que los mismos fieles conozcan las oraciones más comunes en latín y que canten en gregoriano algunas partes de la liturgia”


Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Sagrada Liturgia

“Se conservará el uso de la lengua latina en los ritos latinos, salvo derecho particular.”


Papa Juan XXIII

Constitución Apostólica Veterum Sapientia: “Renacimiento, estudio y uso del latín” (1962)
Excelencia y méritos de la lengua latina


La antigua sabiduría encerrada en la literatura de los griegos y de los romanos, así como las preclaras enseñanzas de los pueblos antiguos, deben considerarse como una aurora preanunciadora del Evangelio que el Hijo de Dios, árbitro y maestro de la gracia y de la doctrina, luz y guía de la humanidad, ha anunciado en la tierra.

En efecto, los padres y los Doctores de la Iglesia reconocieron en esos antiquísimos e importantísimos monumentos literarios, cierta preparación de los espíritus para recibir las riquezas divinas, que Jesucristo en la economía de la plenitud de los tiempos comunicó a los hombres; por consiguiente, con la introducción del cristianismo en el mundo, nada se perdió de cuanto los siglos precedentes habían producido de verdadero, de justo, de noble y de bello.


Es una herencia preciosa transmitida a la Iglesia

Por tanto, la Iglesia rindió siempre sumo honor a estos venerables documentos de sabiduría, y sobre todo a las lenguas griega y latina, que de la sabiduría misma son como el áureo ropaje; y acogió asimismo el uso de otras venerables lenguas, florecidas en Oriente, que mucho contribuyeron al progreso humano y a la civilización y que, usadas en los sagrados ritos y en las versiones de las Sagradas Escrituras, se encuentran aún en vigor en algunas naciones, como expresión de un antiguo uso, ininterrumpido y vivo.

En esta variedad de lenguas se destaca sin duda la que, nacida en el Lacio, llegó a ser más tarde admirable instrumento para la propagación del cristianismo en Occidente.

Ya que, ciertamente no sin especial providencia de Dios, esta lengua, que durante muchos siglos unió a muchas gentes bajo la autoridad del Imperio; llegó a ser la lengua propia de la Sede Apostólica y, conservada para la posteridad, unió entre sí con estrecho vínculo de unidad a los pueblos cristianos de Europa.


Las dotes del latín corresponden a la naturaleza y la misión de la Iglesia.

En efecto, la lengua latina es por su naturaleza perfectamente adecuada para promover cualquier forma de cultura en cualquier pueblo: no suscita celos, se muestra imparcial con todos, no es privilegio de nadie y es bien aceptada por todos.

Y no cabe olvidar que la lengua latina tiene una conformación propia, noble y característica: un estilo conciso, variado, armonioso, lleno de majestad y de dignidad que conviene de modo singular a la claridad y a la gravedad.

Por estos motivos la Sede Apostólica se ha preocupado siempre de conservar con celo y amor la lengua latina, y la ha estimado digna de usarla ella misma, como espléndido ropaje de la doctrina celestial y de las santísimas leyes,en el ejercicio de su sagrado ministerio, así como de que la usaran sus ministros.

Donde quiera que éstos se encuentren, pueden, con el conocimiento y el uso del latín, llegar a saber más rápidamente todo lo que procede de la Sede Romana, así como comunicarse más libremente con ella y entre sí.

Por lo tanto, el pleno conocimiento y el fácil uso de esta lengua, tan íntimamente ligada a la vida de la Iglesia, interesan más a la religión que a la cultura y a las letras, como dijo Nuestro Predecesor de inmortal memoria, Pío XI, el cual indagando científicamente sus razones, indicó tres dotes de esta lengua, en admirable consonancia con la naturaleza de la Iglesia.

En efecto, la Iglesia, al abrazar en su seno a todas las naciones y al estar destinada a durar hasta la consumación de los siglos, exige por su misma naturaleza una lengua universal, inmutable, no popular.


Lengua universal

Dado que toda la Iglesia tiene que depender de la Iglesia Romana y que los Sumos Pontífices tienen verdadera potestad episcopal, ordinaria e inmediata, no solamente sobre todas y cada una de las iglesias, sino también sobre todos y cada uno de los Pastores y fieles de todos los ritos, pueblos y lenguas, resulta como consecuencia que el instrumento de mutua comunicación debe ser universal y uniforme sobre todo entre la Santa Sede y las diferentes Iglesias del mismo rito latino.

Por lo tanto, los Romanos Pontífices cuando quieren instruir a los pueblos católicos, lo mismo que los Ministerios de la Curia Romana en la resolución de asuntos y en la redacción de decretos que afectan a toda la comunidad de los fieles, usan siempre la lengua latina, por ser ésta aceptada y grata a todos los pueblos como voz de la madre común.


Lengua inmutable

No tan sólo universal sino también inmutable debe ser la lengua usada por la Iglesia. Porque si las verdades de la Iglesia Católica fueran encomendadas a algunas o muchas de las mudables lenguas modernas, ninguna de las cuales tuviera autoridad sobre las demás, acontecería que, varias como son, no a muchos sería manifiesto con suficiente precisión y claridad el sentido de tales verdades, y por otra parte no habría ninguna lengua que sirviera de norma común y constante, sobre la cual tener que regular el exacto sentido de las demás lenguas.

Pues bien, la lengua latina, ya desde hace siglos sustraída a las variaciones de significado que el uso cotidiano suele introducir en los vocablos, debe considerarse fija e invariable, ya que los nuevos significados de algunas palabras latinas, exigidos por el desarrollo, por la explicación y defensa de las verdades cristianas, han sido desde hace tiempo determinados en forma estable.


Tesoro incomparable y clave de la tradición

Además, la lengua latina, a la que podemos verdaderamente llamar católica por estar consagrada por el constante uso que de ella ha hecho la Sede Apostólica, madre y maestra de todas las Iglesias, debe considerarse un tesoro … de valor incomparable, una puerta que pone en contacto directo con las verdades cristianas transmitidas por la tradición y con los documentos de la enseñanza de la Iglesia ; y, en fin, un vínculo eficacísimo que une en admirable e inalterable continuidad a la Iglesia de hoy con la de ayer y de mañana.


Eficacia formativa

Además, no hay nadie que pueda poner en duda toda la eficacia especial que tienen tanto la lengua latina como, en general, la cultura humanística, en el desarrollo y formación de las tiernas mentes de los jóvenes.

En efecto, cultiva, madura y perfecciona las mejores facultades del espíritu; da destreza de mente y fineza de juicio; ensancha y consolida a las jóvenes inteligencias para que puedan abrazar y apreciar justamente todas las cosas y, por último, enseña a pensar y a hablar con orden sumo.


Por estos méritos la Iglesia la ha sostenido siempre y la sostiene

Si se ponderan, en efecto, estos méritos, se comprenderá fácilmente por qué tan frecuentemente los Romanos Pontífices no solamente, han exaltado tanto la importancia y la excelencia de la lengua latina sino que incluso han prescrito su estudio y su uso a los sagrados ministerios del clero secular y regular, denunciando claramente los peligros que se derivan de su abandono.

También Nos, por lo tanto, impulsados por los mismos gravísimos motivos que ya movieron a Nuestros Predecesores y a los Sínodos Provinciales, deseamos con firme voluntad que el estudio de esta lengua, restituida a su dignidad, sea cada vez más fomentado y ejercitado.


Y como el uso de latín se pone durante nuestros días en discusión en algunos lugares y muchos preguntan cuál es a este propósito el pensamiento de la Sede Apostólica, hemos decidido proveer con normas oportunas, enunciadas en este solemne documento para que el antiguo e ininterrumpido uso de la lengua latina sea mantenido y donde hubiera caído casi en abandono, sea absolutamente restablecido.

Por lo demás, creemos que Nuestro pensamiento sobre esta cuestión ha sido ya por Nos con suficiente claridad expresado con estas palabras dichas a ilustres estudiosos de latín: “Por desgracia, hay muchos que extrañamente deslumbrados por el maravilloso progreso de las ciencias, pretenden excluir o reducir el estudio del latín y de otras disciplinas semejantes… Nos, en cambio, precisamente por esta impelente necesidad, pensamos que debe seguirse un camino diferente.

Del mismo modo que en el espíritu penetra y se fija lo que más corresponde a la naturaleza y dignidad humana, con más ardor hay que adquirir cuanto forma y ennoblece el espíritu, con el fin de que los pobres mortales no lleguen a ser, como las maquinas que construyen, fríos, duros y carentes de amor”.


Papa Pio XII Encíclica Mediator Dei: Sobre la Sagrada Liturgia. (1947)

“El empleo de la lengua latina, vigente en una gran parte de la Iglesia, es un claro y noble signo de unidad y un eficaz antídoto contra toda corrupción de la pura doctrina.”

LATÍN ECLESIÁSTICO

La denominación latín eclesiástico refiere al idioma latín tal como es usado en los documentos de la Iglesia Católica y en la liturgia latina. Aunque su pronunciación difiere ligeramente del latín clásico, no es un lenguaje distinto o un dialecto. La pronunciación del latín eclesial ha sido muy común, tras la caída del Imperio romano en el s. IV para las palabras del latín clásico, en tales casos lo más frecuente ha sido la permutación del fonema correspondiente al grafema c que en latín clásico suele tener el valor fonético de [k] y en el latín eclesial el de [č] (-ch española-), y el valor de la letra v que muchas veces en latín clásico corresponde al fonema u (i.e. : veritas en latín clásico suena "uéritas", mientras que frecuentemente en latín eclesial se pronuncia con v).

A continuación algunas normas de pronunciación de los textos latinos

Nunca se acentúa la última sílaba de las palabras; en las palabras de dos sílabas, pues, el acento recae siempre sobre la primera. 

Generalmente, las palabras de más de dos sílabas tienen escrito el acento en la sílaba correspondiente.

ae, oe se lee e.   Ejemplos: vitae, moeror, se lee vite, meror. 

aë, oë, (con diéresis) se lee ae, oe, como poeta, aer. 

ae, oe, (sin diéresis) se suelen escribir formando una sola letra: æ, œ

ce, cæ, cœ, se lee che; ci, se lee chi.   Ejemplos: Cecilia, cœlum se lee Chechilia, chelum. 
      
ch se lee k.   Ejemplo: chérubim se lee kérubim. 

ghe, ghi, se lee gue, gui. 

gue, gui, se lee güe, güi.  Ejemplos: inguen, sanguis, se lee ingüen, sangüis. 

gn se lee ñ.   Ejemplo: agnus se lee añus. 

g: Delante de una e o i tiene el mismo sonido que en francés (como una y suavizada) .
   
h se lee k en mihi, nihil y sus derivados: se lee miki, nikil. 
  
j se lee i.   Ejemplo: jejúnium se lee ieiúnium. 
   
ll se lee l-l.   Ejemplo: ille se lee il-le. 
   
ph se lee f.   Ejemplo: philosophía se lee filosofía. 

cc: Cuando se encuentra la doble c delante de de e, i, æ u œ se pronuncia kch

sc: Delante de e y de i, tiene el mismo sonido que la ch francesa, la sh inglesa o la x catalana.

th: Tiene el sonido de la t española.
   
La t en medio de dicción, seguida de i y de otra vocal se lee como la s castellana. Ejemplos: cognítio, grátia, initium, se lee coñisio, grásia, inísium. 
Conserva el sonido de t: 
    Si tiene antes de ella la s o la x.   Ejemplos: quoestio, mixtio. 
    Si después de la t está la h: como Pythia. 
    En las palabras Antíopa, Antíochus y sus derivados. 
   
La u precedida de q se pronuncia siempre: pero suavemente, sin cargarle el acento. Ejemplo: qua, quem, quaenam, qui, quosque, quum, se lee cuá, cuém, cuénam, cuí, cuóscue, cuúm. 
   
Cui se pronuncia con acento sobre la u: se lee cúi, cúilibet. 
   
la z, al principio de dicción, se pronuncia ds.   Ejemplo: Zea se lee dsea. 
   
En medio de dicción, la z se lee ts.   Ejemplo: Gaza se lee gatsa. 
   
La b y la v deben pronunciarse con los sonidos propios de cada una. 
  
La s seguida de consonante al principio de dicción se pronuncia sin la e.   Ejemplos: spíritus, stábilis. 




Cantos y oraciones en latín

Beneditione

In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen

Bendición

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen


Per signum crucis

Per signun crucis de inimícis nostris líbera nos, Deus noster.

Por la señal de la Cruz

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.


Veni Creator Spiritus

Veni, Creator Spiritus,
Mentes tuórum vísita,
Imple supérna grátia,
Quae Tu creásti péctora.

Qui díceris Paráclitus,
Altíssimi dónum Déi,
Fons vivus, Ignis, Cáritas,
Et spiritális únctio.

Tu septifórmis múnere,
Dígitus patérnae déxterae,
Tu rite promíssum Patris
Sermóne ditans gúttura.

Accénde lumen sénsibus,
Infúnde amórem córdibus;
Infírma nostri córporis,
Virtúte firmans pérpeti.

Hostem repéllas longius,
Pacémque dones prótinus;
Ductóre sic Te prévio,
Vitémus omne nóxium.

Per Te sciámus da Patrem,
Noscámus atque Fílium,
Teque utriúsque Spíritum,
Credámus omni témpore.

Deo Patri sit glória,
Et Fílio, qui a mórtuis
Surréxit, ac Paráclito,
In saeculórum saécula. Amen.

V/: Emitte Spíritum tuum et creabúntur.

R/: Et renovábis fáciem terrae.

Oremus

Deus, qui corda fidelium Sancti Spíritus illustratione docuisti, da nobis in eodum Spíritu recta sápere, et de ejus semper consolatione gaudere.
Per Chrístum Dóminum nostrum. Amen.

Ven Espíritu Creador

Ven, Espíritu Creador,
visita las almas de tus fieles
y llena de la divina gracia los corazones,
que Tú mismo creaste.
Tú eres nuestro Consolador,
don de Dios Altísimo,
fuente viva, fuego, caridad
y espiritual unción.
Tú derramas sobre nosotros los siete dones;
Tu, el dedo de la mano de Dios;
Tú, el prometido del Padre;
Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz nuestros sentidos;
infunde tu amor en nuestros corazones;
y, con tu perpetuo auxilio,
fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al enemigo,
danos pronto la paz,
sé Tú mismo nuestro guía,
y puestos bajo tu dirección, evitaremos todo lo nocivo.
Por Ti conozcamos al Padre,
y también al Hijo;
y que en Ti, Espíritu de entrambos,
creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó,
y al Espíritu Consolador,
por los siglos infinitos. Amén.

V. Envía tu Espíritu y serán creados.
R. Y renovarás la faz de la tierra.

Oremos.

Oh Dios, que has iluminado los corazones de tus hijos con la luz del Espíritu Santo; haznos dóciles a tu Espíritu para gustar siempre el bien y gozar de su consuelo.Por Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén.





Salve Regina

Sálve Regína, Máter misericórdiae;
Vita, dulcédo, et spes nóstra, sálve.
Ad te clamámus, éxsules, fílii Evae.
Ad te suspirámus, geméntes et fléntes
in hac lacrimárum válle.
Eia ergo, advocáta nóstra,
Illos túos misericórdes óculos ad nos convérte.
Et Jésum, benedíctum frúctum véntris túi,
Nobis post hoc exsílium osténde.
O clémens, O pía, O dúlcis Vírgo María.

Salve Reina

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!


Alma Redemptoris Mater

Alma Redemptoris Mater,
quae pérvia caeli porta manes,
et Stella maris,
succurre cadenti súrgere qui curat pópulo:
tu quae genuisti, natura mirante,
tuum sanctum Genitorem:
Virgo prius ac postérius,
Gabrielis ab ore sumens illud Ave,
peccatorum miserere.

Alma Redemptoris Mater

Madre Santa del Redentor, puerta siempre abierta del cielo,
estrella del mar, socorre al pueblo que cae
y procura levantarse: Tú que ante el asombro de la naturaleza
engendraste a tu Santo Creador,
Virgen antes y después de haber recibido de la boca de Gabriel
aquel Ave, ten piedad de los pecadores.



Ave Regina Caelorum

Ave, Regina caelorum,
Ave, Dómina Angelorum:
Salve radix, salve porta,
ex qua mundo lux est orta:
Gaude Virgo gloriosa,
super omnes speciosa:
Vale, o valde decora,
et pro nobis Christum exora.


Salve Reina del Cielo

Salve, Reina del cielo, salve, Señora de los ángeles; salve, Raíz, salve, oh Puerta, de la cual la luz del mundo surgió; alégrate, Virgen gloriosa, graciosa entre todas las mujeres, salve, oh toda bella, y por nosotros a Cristo implora.

Regina Caeli

Regina caeli laetare, alleluia:
Quia quem meruisti portare, alleluia:
Resurrexit, sicut dixit, alleluia:
Ora pro nobis Deum, alleluia.

V/: Gaude et letaere Virgo Sacrata, alleluia.

R/: Quia surrexit Dóminus vere, alleluia.

Regina Caeli

Esta antífona, que data del s. X, se reza durante el tiempo pascual en vez del Ángelus (siempre de pie)

Reina del Cielo, alégrate, aleluya.
Porque Aquel, a Quien mereciste llevar, aleluya.
Resucitó según dijo, aleluya.
Ruega por nosotros a Dios, aleluya.

V. Gózate y alégrate, Virgen María, aleluya.

R. Porque resucitó el Señor verdaderamente, aleluya.



Pater Noster

Pater noster, qui es in caelis: santificétur nomen tuum; advéniat regnum tuum; fiat volúntas tua, sicut in caelo, et in terra. Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie; et dimitte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris; et ne nos indúcas in tentatiónem; sed líbera nos a malo. Amen

Padre nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave Maria

Ave María, gratia plena,
Dominus técum;benedicta tu in muliéribus, et benedictus fructus ventris tui, Iesus.

Sancta María, Mater Dei, ora pro nobis peccatóribus, nunc et in hora mortis nostrae.
Amen.

Ave María

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria

Gloria Patri, et Filio, et Spíritui Sancto.

Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saécula saeculórum. Amen.

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.




Symbolum Nicaenum- Costantinopolitanum

Credo in unum Deum, Patrem omnipoténtem, factórem caeli et terrae, visibílium ómnium et invisibílium. Et in unum Dóminum Iesum Christum, Fílium Dei unigénitum, et ex Patre natum ante ómnia sáecula. Deum de Deo, lumen de lúmine, Deum verum de Deo vero, génitum, non factum, consubstantiálem Patri: per quem ómnia facta sunt. Qui propter nos hómines et propter nostram salútem descéndit de caelis. Et incarnátus est de Spíritu Sancto ex María Vírgine, et homo factus est. Crucifíxus étiam pro nobis sub Póntio Piláto; passus et sepúltus est, et resurréxit tértia die secúndum Scriptúras, et ascéndit in caelum, sedet ad déxteram Patris. Et íterum ventúrus est cum glória, iudicáre vivos et mórtuos, cuius regni non erit finis.

Et in Spíritum Sanctum, Dóminum et vivificántem: qui es Patre Filióque procédit. Qui cum Patre et Fílio simul adorátur et conglorificátur: qui locútus est per prophétas.

Et unam, sanctam, cathólicam et apostólicam Ecclésiam. Confiteor unum baptísma in remissiónem peccatórum. Et exspécto resurrectiónem mortuórum, et vitam ventúri sáeculi.
Amen.

Credo Niceno-Constantinopolitano

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por Quien todo fue hecho, que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén.

Symbolum Apostolorum

Credo in Deum Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae. Et in Iesum Christum, Filium eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus, descendit ad inferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos. Credo in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum communionem, remissionem peccatorum, carnis resurrectionem, vitam aeternam. Amen.

Credo de los Apóstoles

Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de Santa María Virgen.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos; está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo.
La Santa Iglesia Católica; la comunión de los Santos.
El perdón de los pecados.
La resurrección de la carne.
La vida eterna. Amén.

Angelus Domini

V. Ángelus Dómini nuntiávit Maríae.
R. Et concépit de Spíritu Sancto.
Ave María.

V. Ecce ancílla Dómini.
R. Fiat mihi secúndum verbum tuum.
Ave María.

V. Et Verbum caro factum est.
R. Et habitávit in nobis.
Ave María.

V. Ora pro nobis, sancta Dei Génitrix.
R. Ut digni efficiámur promissiónibus Christi.

Orémus:
Grátiam tuam, quaésumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Ángelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónem cognóvimus, per Passiónem ejus et Crucem ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum.
R. Amen.


Ángelus

Esta oración, que en su forma actual ya se conocía en el s. XVI, nos recuerda el gran misterio de la Encarnación, por el cual María fue elevada a la excelsa dignidad de Madre de Dios.
Se reza tres veces al día: al amanecer, al mediodía y al atardecer.
Se debe rezar de rodillas, excepto el Sábado por la tarde y el Domingo, que se reza de pie, en recuerdo de la resurrección de Jesús.


V. El Ángel del Señor Anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María...
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María...
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María...
V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Oremos:
Infunde, Señor, tu gracia en nuestras almas, a fin de que habiendo conocido por la voz del Ángel el Misterio de la Encarnación de tu divino Hijo, podamos, por los méritos de su Pasión y de su Cruz, alcanzar la gloria de la Resurrección. Por Cristo, nuestro Señor.
Amén.


Confiteor

Confiteor Deo omnipotenti
et vobis, fratres,
quia peccavi
nimis cogitatione, verbo, opere et omissione:
mea culpa, mea culpa,
mea maxima culpa.
Ideo precor beatam Mariam semper Virginem,
omnes Angelos et Sanctos,
et vos, fratres,
orare pro me ad Dominum Deum nostrum. Amen.

Yo pecador

Yo confieso ante Dios Todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho,
de pensamiento, palabra, obra y omisión.
por mi culpa, por mi culpa,
por mi gravísima culpa.
Por eso ruego a Santa María siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios nuestro Señor. Amén. 


Corona Divinae Misericordiae

Pater noster...

Ave Maria...

Credo...

Ad singula grana in quibus PATER NOSTER dicitur:

PATER aeterne, offero tibi Corpus et Sanguinem, animam et divinitatem dilectissimi Filii Tui,
Domini nostri, Iesu Christi, in propitiatione pro peccatis nostris et totius mundi.

Ad singula grana in quibus AVE MARIA dicitur:

Pro dolorosa Eius passione, miserere nobis et totius mundi.

In conclusione, ter dicitur:

SANCTUS Deus, Sanctus Fortis, Sanctus Immortalis, miserere nobis et totius mundi.

Coronilla de la Divina Misericordia

Padre  nuestro...

Ave María...

Credo...

En cada cuenta correspondiente al PADRE NUESTRO decir:

PADRE Eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y de los del mundo entero.

En cada cuenta del AVE MARÍA decir:

Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Para terminar, decir tres veces:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.
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