El pacto Autor:Belceboso El viento soplaba, acariciando cariñosamente el pasto, y conforme este bailaba, en el ir y venir del viento, se entrelazaba con los rayos del sol. Y desde aquella casa de la colina un hombre observaba lo que sucedía, o al menos eso decían sus ojos. Aquel hombre, regreso de su viaje interior, y con un leve suspiro, regreso a su escritorio, y en él se encontraba su viejo “enemigo”, aquella hoja en blanco. Muchos decían que había perdido el talento, aunque él sabía que no podía perder aquello que nunca poseyó. Pues sus obras eran ajenas, el había comprado, a un anciano, pero la garra del destino destruyo su relación comercial, puesto que aquel anciano había muerto. Así que el ahora estaba solo, en su batalla con la “hoja en blanco”. El cuarto se hacía cada vez más pequeño en torno a aquella hoja de papel, y el cada vez se sentía más prisionero, de aquella hoja. Pero el sonido de la puerta principal lo alejo de aquel trance, era su esposa, regresando de su busca semanal de víveres, y con una voz suave le dijo -¡Amor! Ya regrese, en cinco minutos esta la cena-, y él se reclino por un momento en su silla, para recuperar un poco la compostura. Bajando por aquellas sencillas escaleras llego a la mesa, donde su esposa empezaba a repartir los alimentos, y el silencio se hizo presente, solo sonidos de cubiertos chocando con la porcelana, hasta que su esposa le comenzó a platicar su día, aunque él no le prestaba atención, solo eventuales movimientos de cabeza, y así que cuando se acabaron los alimentos, el regreso a su labor, la noche se había hecho presente. En aquel cuarto, solo la luz de una vela, peleaba con las sombras de la noche, y él sin avances, se encontraba cada vez mas frustrado, y inclinándose para el frente, sostuvo su rostro con aquellas inútiles, y mediocres manos, sabía que nada podía hacer. El viento rujia a las afueras, tanto así, que su ventana temblaba, tal vez por el viento, o por temor. Aquel hombre, se estaba quedando dormido, lo arrullaba el sonido del viento, que cada vez se hacía más tenue, hasta que el sonido del reloj, anunciando la media noche, lo levanto abruptamente. Todo se había vuelto silencio, en ese cuarto, el sabiendo de su derrota, se empezó a alejar de la maldita “hoja en blanco”, se dirigiría a dormir a su cuarto, con su amada, pero una voz lo paralizo –Hola, viejo amigo, veo que necesitas ayuda-, el sabia de quien era la voz, pero también sabía que era imposible, pues el dueño de la misma, había muerto, hace ya tiempo. El temeroso, le pregunto a la voz -¿Vienes a atormentarme?, yo nunca te engañe mi viejo amigo, sabíamos lo que estábamos haciendo…-, y una pequeña risa se escucho en el cuarto, y aquel viejo amigo le contesto -¡No te preocupes!, no vengo buscando venganza, mas bien, vengo con un trato que no podrás rechazar, mi viejo amigo-. Y saliendo de las sombras, se acerco a él, su viejo amigo, y aun sorprendido, le pregunto a aquel ser de ultratumba -¿Acaso tu no habías muerto?- a lo que le contesto –Eso no importa en estos momentos. Yo sé lo que gustaría tener mi talento en estos momentos, así que estoy dispuesto a dártelo, tan solo tienes que firmar este contrato-. Y poniendo en la mesa, una gran hoja y acercando una pluma sin tinta a ese hombre, le hizo una seña, de que tenía que perforar su piel del dedo con la pluma y firmar. El dudo durante un instante, pero finalmente lo hizo. Aquel fantasma enrollo la hoja, y dijo –Cuando pongas el punto final, regresare por ti-. Y en aquel cuarto, el ambiente se había vuelto sombrío, y acercándose a la “hoja”, lentamente tomo asiento frente a ella, y tomando su pluma, sintió una energía, que pareciera que lo sacaba de su cuerpo, frente a sus ojos, se crearon y murieron muchos universos, muchas vidas, muchas historias que contar. Telarañas de situaciones, que él sistemáticamente, ordenaba y acomodaba, cual si fuere una maquina, y antes de darse cuenta, ya estaba a un punto, del inevitable final. El viento empezó a rugir con mas furia que antes, llegando al punto que abrió la ventana, la cual se rompió en mil pedazos, mientras aquella lluvia de vidrio caía, cual si fuera una tormenta, la silueta de su viejo amigo, apareció. Esta se acerco al escritorio, él sabía lo que pasaría, pero aun así no pudo evitar caer de espaldas, e intentándose alejar de aquella sombra, empezó a retroceder, hasta llegar a topar con la pared, y el espectro le interrogo -¿Acaso no quieres que este trato se realice?-, pintando en la oscuridad una siniestra sonrisa. El escritor sabía que estaba perdido, pero la mano del espectro se alzo, señalando su pecho. Aquel hombre, acerco su mano rápidamente, y tocándose el pecho, sintió un pequeño bulto, y lentamente lo saco, de debajo de su camisa. Un destello dorado, se produjo durante un instante, y él, recordó lo que era, un viejo dije, que su esposa le había regalado hace tiempo, lentamente lo abrió, y vio una pequeña foto de su amada, acariciándola un instante, observo una pequeña leyenda grabada a un lado de aquella fotografía. “Te ofrezco mi alma, como muestra de mi amor incondicional”. Aquel ente, aun con su siniestra sonrisa pintada en su rostro, se acerco lentamente, y le dijo-¿Qué te parece si renegociamos?, viejo amigo-. Un pequeño rayo de luz, se asomo al cuarto, despertando al escritor, que estaba acostado sobre aquel escritorio, despertó conmocionado, observando a todos lados, pero aquel ente infernal no estaba, el sonido de los pájaros a lo lejos, le daba la impresión de que nada había pasado, observando un instante por la ventana, vio como un pequeña brisa, tocaba el pasto, respiro profundamente, y soltando en un largo suspiro, volteo a ver aquel escritorio, descubriendo lo que había hecho.
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