InicioArteConocías a Piranesi?
Arquitecto y grabador italiano, Piranesi nació el 4 de octubre de 1720 en Mogliano, próximo a Mestre. Sus primeros veinte años transcurrieron en Venecia donde, del rico y complejo panorama artístico veneciano, adquirió una sólida formación. Piranesi sacaría luego rendida cuenta de la veduta. Desde principios del siglo se multiplicaron las colecciones de láminas descriptivas, pero la presencia del artista en Venecia a mitad de la década de 1740, coincidió con un punto clave en el desarrollo de este género. Se entiende por veduta la representación fiel del aspecto urbano en el fluir de la vida cotidiana. Jamás un arte de épocas pretéritas ha sido expuesto con tal fuerza de expresión y con tal vida, al menos por lo que a reproducciones se refiere. En estos grabados que saben valerse de los más expresivos medios de que puede disponer el arte del aguafuerte, Piranesi nos habla de la emoción de la Roma imperial. Con la divulgación de las Vistas de Roma, Piranesi vio afianzar su fama transformando la convencional Veduta de un mero recuerdo topográfico en sugerentes imágenes de gran poder expresivo. Las aguafuertes son mucho más que láminas de arqueología. Los monumentos y las ruinas han sido vistos y grabados por Piranesi con un amor que devuelve alma a las cosas muertas. Son una evocación. No sólo las resucita, las engrandece. La visión de Piranesi es fundamentalmente barroca, es decir, Piranesi es el hombre de viva expresión pasional que ve la obra de arte, primero y principalmente, como un valor espacial. En las ruinas de las antiguas construcciones de Roma la circunstancia de su desmoronamiento facilita su ordenación dentro del paisaje que las rodea. Piranesi nos las muestra como ahogadas por la vegetación, pobladas de fantasmagoría y, al mismo tiempo, bañadas por el aire y la luz. No ha sido el tema carcelario un tema predilecto de los artistas. Y es natural que no lo sea: el atractivo de las celdas y de los prisioneros no ha tentado a pintores y escultores, más bien amigos de la libertad. Pero el ambiente lúgubre de las cárceles de su tiempo inspiró al gran artista veneciano Giambattista Piranesi, una famosa serie de grabados al aguafuerte que tituló, precisamente «Invenciones de caprichos de cárceles», publicadas en Roma en el año 1745. No es una casualidad que fuera un veneciano el autor de estas láminas: las cárceles de los Plomos, los temibles «Piombi» que inmortalizaría Casanova en sus Memorias, eran famosas y temidas en toda Europa. Y no es extraño que sus preocupaciones artísticas y sociales puedan presentarse hoy como las elucubraciones de un hombre avanzado a su época y a sus contemporáneos. Su obra puede, perfectamente, compararse con la de Goya o de Picasso; la de un artista que no rehúye los problemas de la gente que le rodea y que no se encierra en ninguna torre de marfil. Por ello, Aldous Huxley pudo afirmar, en 1949, que las «Carceri» son la expresión artística del siglo XVIII más próxima al arte abstracto. Piranesi tuvo que abandonar Venecia, donde había nacido, no sabemos si por algunos problemas personales relacionados con la justicia de la Señoría. Allí no había conseguido trabajo ni apoyo, que no le faltaron en Roma. Seducido por el mito y la grandeza del Imperio romano –pero viviendo en pleno siglo XVIII– tuvo especial interés en unir la grandiosidad y magnificencia de los nobles monumentos antiguos con los tipos y escenas populares que contemplaban diariamente sus ojos, tanto los elegantes caballeros con sus damas como los feriantes, peregrinos, frailes y mendigos, de manera que se pusieran de relieve todos los elementos de la vida ciudadana. Y era natural que tuviera más atractivo para el artista aquella vida más libre de la Roma del siglo XVIII que la Venecia de su juventud; famosa por sus carnavales y diversiones, pero temida por el régimen policiaco de la Señoría y de sus temibles buzones de denuncias. Era Venecia, en aquel tiempo, mejor ciudad para los forasteros que se dedicaban al placer que no para sus habitantes, que soñaban en un régimen de libertad que les era negado. Por ello, el irreal aspecto de las cárceles de Piranesi es muy probable que estuviera inspirado en la cruel realidad de las cárceles venecianas. En voz baja, entre temor y miedo, los venecianos sabían de muchas personas que entraron por aquellas puertas –o pasaron el famoso puente de los Suspiros– y que jamás volvieron a ver la luz del sol. Esta luz es la que falta en estos subterráneos y estas mazmorras, impresionantes, obsesivas, de las cárceles que dibujara Piranesi durante su estancia en Roma. Si hubiera seguido en Venecia, quizá no se hubiera atrevido a hacerlo jamás. La Señoría, bien seguro, no se lo hubiera perdonado. Toda la serie es una denuncia de la opresión; cada aguafuerte es un clamor de libertad. Incluso en las primeras ediciones no figuraba el nombre del autor: sólo el del editor, un mercader francés establecido en Roma llamado Giovanni Bouchard. No es en vano que la serie de «Cárceles» sea el símbolo de Venecia, mientras el de «Magnificencias de Roma», lo es de la Ciudad Eterna. No sabemos que Piranesi hubiera estado nunca encerrado en cárcel alguna, pero su obra es un auténtico canto a la libertad. Fuentes: http://www.mnav.gub.uy/ (Museo Nacional de Artes Visuales) - http://dadaisforever.wordpress.com/2009/08/06/las-carceles-de-piranesi/ AHORA, MIS OBRAS PREFERIDAS: AQUÍ VA UN LINK DONDE PODRÁN VER MÁS OBRAS Y AGRANDARLAS CON LUPA PARA NOTAR DETALLES: http://www.dia.org/art/search-collection.aspx?searchType=new&department=&classification=&artist=PIRANESI+GIOVANNI+BA&nationality=&medium=&objectNumber=&keyword=&date_from=&date_to=&action=Search+Art+at+the+DIA LINK PARA ENCONTRAR A PIRANESI EN MUSEOS DEL MUNDO (ARTCYCLOPEDIA): http://www.artcyclopedia.com/artists/piranesi_giovanni_battista.html La yapa... "Piedad Bonnet plantea que los antecesores de Borges que han hablado sobre el laberinto y el espacio infinito son el gran grabador y arquitecto italiano Gian Battista Piranesi, el dibujante alemán Maurits Cornelis Escher y el escritor checo Franz Kafka. La poeta colombiana reconoce que “las cárceles de Piranesi prefiguran ya los laberintos kafkianos: vemos en ellas espacios inmensos que se fugan sugiriendo el infinito, poblados de pasarelas, arcos, muros dudosos, puertas, escalinatas que se multiplican” . Luego reconoce que dos siglos después Kafka “creará un mundo tan opresivo y carente de centro como el de las Cárceles imaginarias de Piranesi. Ya es un lugar común hablar de lo kafkiano para referirse a los espacios sórdidos y laberínticos”47. Luego desarrolla la influencia de estos artistas en la obra del escritor argentino: “También en Borges, la pregunta sobre el lugar del hombre en el mundo se expresa a menudo a través de lo espacial”47, reconociendo que el laberinto más terrible lo construye la inmensidad." (FUENTE: http://siderola.com/borges-visto-a-traves-de-la-lente-de-los-intelectuales-colombianos-ii/) BORGES: "...Emergí a una suerte de plazoleta; mejor dicho, de patio. Lo rodeaba un solo edificio de forma irregular y altura variable; a ese edificio heterogéneo pertenecían las diversas cúpulas y columnas. Antes que ningún otro rasgo de ese monumento increíble, me suspendió lo antiquísimo de su fábrica. Sentí que era anterior a los hombres, anterior a la tierra. Esa notoria antigüedad (aunque terrible de algún modo para los ojos) me pareció adecuada al trabajo de obreros inmortales. Cautelosamente al principio, con indiferencia después, con desesperación al fin, erré por escaleras y pavimentos del inextricable palacio. (Después averigüé que eran inconstantes la extensión y la altura de los peldaños, hecho que me hizo comprender la singular fatiga que me infundieron.) Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos. Lo dije, bien lo sé, con una incomprensible reprobación que era casi un remordimiento, con más horror intelectual que miedo sensible. A la impresión enorme de antigüedad se agregaron otras: la de lo interminable, la de los atroz, la de lo complejamente insensato. Yo había cruzado un laberinto, pero la nítida Ciudad de los Inmortales me atemorizó y repugnó. Un laberinto es una casa labrada para confundir a los hombres; su arquitectura, pródiga en simetrías, está subordinada a ese fin. En el palacio que imperfectamente exploré, la arquitectura carecía de fin. Abundaban el corredor sin salida, la alta ventana inalcanzable, la aparatosa puerta que daba a una celda o a un pozo, las increíbles escaleras inversas, con los peldaños y la balaustrada hacia abajo. Otras, adheridas aéreamente al costado de un muro monumental, morían sin llegar a ninguna parte, al cabo de dos o tres giros, en la tiniebla superior de las cúpulas. Ignoro si todos los ejemplos que he enumerado son literales, sé que durante muchos años infestaron mis pesadillas; no puedo ya saber si tal o cual rasgo es una trascripción de la realidad o de las formas que desatinaron mis noches. Esta ciudad (pensé) es tan horrible que su mera existencia y perduración, aunque en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras perdure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz. No quiero describirla; un caos de palabras heterogéneas, un cuerpo de tigre o de toro, en el que pulularan monstruosamente, conjugados y odiándose, dientes, órganos y cabezas, pueden (tal vez) ser imágenes aproximativas..." Fragmento de “El inmortal”, publicado originalmente en El Aleph (1949). KAFKA: "... Era un largo pasillo al que se abrían algunas puertas toscamente construidas que daban paso a las oficinas instaladas en el piso. Aunque en el pasillo no había ventanas por donde entrara directamente la luz, no estaba completamente a oscuras, porque algunas oficinas, en lugar de presentar un tabique que las separara del corredor, tenían enrejados de madera que llegaban hasta el techo, a través de los cuales se filtraba un poco de luz, y podía verse a unos cuantos funcionarios, que escribían sentados a una mesa o que, de pie junto al enrejado, miraban por sus intersticios a la gente que pasaba por el corredor. En el pasillo no se veía a muchas personas a causa, seguramente, de que era domingo. Todas tenían un aspecto muy decente y estaban sentadas a intervalos a lo largo de una fila de bancos de madera dispuestos a ambos lados del corredor. Había dejadez en el vestir de aquellos hombres, aunque a juzgar por su fisonomía, sus maneras, su corte de barba y otros pequeños detalles imponderables, pertenecían obviamente a las clases mas altas de la sociedad. Como en el corredor no existían perchas, habían dejado sus sombreros sobre los bancos, siguiendo posiblemente cada uno de ellos el ejemplo de los otros. Cuando los que estaban sentados cerca de la puerta vieron venir a K. y al ujier, se pusieron de pié cortésmente, visto lo cual sus vecinos se creyeron obligados a imitarles, de modo que todos se levantaban a medida que pasaban los dos hombres. Pero ninguno de ellos se ponía derecho del todo, pues quedaban con las espaldas inclinadas y las rodillas dobladas dando la sensación de ser mendigos callejeros. .." Fragmento de "El proceso", novela inacabada publicada de manera póstuma en 1925 ESPERO QUE LES HAYA RESULTADO INTERESANTE
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