La política de inmigración masiva tiene dos utilidades principales para la oligarquía económica mundialista: 1) como herramienta de reducción de salarios e incremento de plusvalías (a corto y medio plazo), es decir, como herramienta de ajuste económico liberal y 2) como elemento de transformación étnica del estado (a largo plazo).
Inmigración masiva como instrumento de ajuste económico liberal. La inmigración masiva es un instrumento de ajuste económico liberal, equivalente al dumping social o al ecológico, que impone la oligarquía económica mundialista. De hecho, son las patronales del gran capital de los distintos estados europeos los más conspicuos representantes de la postura inmigracionista. La entrada masiva de nuevos trabajadores a un mercado de trabajo de por sí saturado incrementa el ejército industrial de reserva, lo cual es sinónimo de bajada de salarios y de empeoramiento de las condiciones laborales y, con esto, de auge de los beneficios empresariales. La afluencia de inmigrantes tiene el efecto de abaratar la mano de obra, dado el aumento en la oferta del factor fuerza de trabajo y el consiguiente descenso de su precio, el salario. Esta merma salarial afecta especialmente a los trabajadores menos cualificados. Es algo lógico: si hay más trabajadores para un número similar de puestos de trabajo las exigencias salariales de los trabajadores decrecen, algo que se agudiza si los nuevos trabajadores proceden de lugares con un bajo nivel salarial medio (caso de los inmigrantes que recibe España) y con escasa cultura obrera y sindical (relacionado con lo anterior). También es necesario destacar que, frente al discurso dominante, hay una relación estadística positiva entre inmigración y desempleo, lo que concuerda con la lógica más elemental. Puede comprobarse esta correlación entre inmigración y desempleo para las distintas autonomías españolas en el siguiente gráfico. A pesar de todo, los marxistas, ajenos a la realidad, se niegan a analizar la inmigración como lo que es, un instrumento de ajuste liberal, y apoyan esta política de la oligarquía mundialista. Pero es obvia la contradicción en la que incurren: «Se dice a veces que la inmigración es indispensable para la economía. Es posible, aunque no estoy seguro de que se tengan siempre en cuenta los costes marginales. De cualquier modo, una afirmación semejante equivale a decir que los imperativos económicos deben ser tenidos por prioritarios con respecto a todos los demás, lo que dista mucho de ser algo evidente. Estamos, pues, de nuevo ante una cuestión de preferencias. Por otra parte, hoy la fórmula “indispensable para la economía” significa “indispensable para mantener el margen de beneficio de las grandes empresas”, por lo que nos asombra verla utilizada por organizaciones que se dicen “anticapitalistas”» (Alain de Benoist. Más allá de la derecha y de la izquierda. Áltera, Barcelona, 2010, pág. 187).
Pero es tan cierto que la inmigración masiva es un instrumento empresarial que algún sindicalista de izquierda parece que no ha tenido más remedio que reconocer que esto es así. El secretario general de la Federación Agroalimentaria de UGT-Andalucía ha constatado una relación directa entre inmigración y reducción de salarios y empeoramiento de condiciones laborales: “El secretario general de la Federación Agroalimentaria de UGT-A, Pedro Marcos, cree que si no hubiera habido tantos trabajadores inmigrantes en las campañas de Almería y Huelva, los convenios del campo habrían evolucionado y no serían los dos más bajos de la comunidad”. A este sindicalista honrado no se le escapa la relación: Huelva y Almería tienen en común las peores condiciones laborales y la mayor cantidad de trabajadores inmigrantes disponibles. También denuncia, quizás sin saberlo, y sin abandonar del todo la retórica multicultural (es decir, multirracial) al uso, el racismo antiblanco institucional contra los jornaleros españoles: “ha señalado que los trabajadores andaluces están en desventaja con respecto a las condiciones que reciben los trabajadores inmigrantes de cupo, ya que a éstos "se les paga el desplazamiento, se le da una vivienda y se le dan facilidades para estar allí", mientras que al resto de andaluces no”. El caso de este sindicalista es excepcional, lo cual es lógico se tienen en cuenta las subvenciones que los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO) perciben en razón de la inmigración. En Valencia, determinadas ETTs utilizan la contratación selectiva de inmigrantes como medio no problemático de reducir costes salariales y de evitar huelgas. Ello en el contexto de un novedoso sistema en el que el empresario en vez de contratar directamente a los trabajadores lo hace, por el mismo precio, a través de la ETT, que obtiene sus beneficios de la reducción de salarios operada.
Inmigración masiva como instrumento de ajuste económico liberal. La inmigración masiva es un instrumento de ajuste económico liberal, equivalente al dumping social o al ecológico, que impone la oligarquía económica mundialista. De hecho, son las patronales del gran capital de los distintos estados europeos los más conspicuos representantes de la postura inmigracionista. La entrada masiva de nuevos trabajadores a un mercado de trabajo de por sí saturado incrementa el ejército industrial de reserva, lo cual es sinónimo de bajada de salarios y de empeoramiento de las condiciones laborales y, con esto, de auge de los beneficios empresariales. La afluencia de inmigrantes tiene el efecto de abaratar la mano de obra, dado el aumento en la oferta del factor fuerza de trabajo y el consiguiente descenso de su precio, el salario. Esta merma salarial afecta especialmente a los trabajadores menos cualificados. Es algo lógico: si hay más trabajadores para un número similar de puestos de trabajo las exigencias salariales de los trabajadores decrecen, algo que se agudiza si los nuevos trabajadores proceden de lugares con un bajo nivel salarial medio (caso de los inmigrantes que recibe España) y con escasa cultura obrera y sindical (relacionado con lo anterior). También es necesario destacar que, frente al discurso dominante, hay una relación estadística positiva entre inmigración y desempleo, lo que concuerda con la lógica más elemental. Puede comprobarse esta correlación entre inmigración y desempleo para las distintas autonomías españolas en el siguiente gráfico. A pesar de todo, los marxistas, ajenos a la realidad, se niegan a analizar la inmigración como lo que es, un instrumento de ajuste liberal, y apoyan esta política de la oligarquía mundialista. Pero es obvia la contradicción en la que incurren: «Se dice a veces que la inmigración es indispensable para la economía. Es posible, aunque no estoy seguro de que se tengan siempre en cuenta los costes marginales. De cualquier modo, una afirmación semejante equivale a decir que los imperativos económicos deben ser tenidos por prioritarios con respecto a todos los demás, lo que dista mucho de ser algo evidente. Estamos, pues, de nuevo ante una cuestión de preferencias. Por otra parte, hoy la fórmula “indispensable para la economía” significa “indispensable para mantener el margen de beneficio de las grandes empresas”, por lo que nos asombra verla utilizada por organizaciones que se dicen “anticapitalistas”» (Alain de Benoist. Más allá de la derecha y de la izquierda. Áltera, Barcelona, 2010, pág. 187).
Pero es tan cierto que la inmigración masiva es un instrumento empresarial que algún sindicalista de izquierda parece que no ha tenido más remedio que reconocer que esto es así. El secretario general de la Federación Agroalimentaria de UGT-Andalucía ha constatado una relación directa entre inmigración y reducción de salarios y empeoramiento de condiciones laborales: “El secretario general de la Federación Agroalimentaria de UGT-A, Pedro Marcos, cree que si no hubiera habido tantos trabajadores inmigrantes en las campañas de Almería y Huelva, los convenios del campo habrían evolucionado y no serían los dos más bajos de la comunidad”. A este sindicalista honrado no se le escapa la relación: Huelva y Almería tienen en común las peores condiciones laborales y la mayor cantidad de trabajadores inmigrantes disponibles. También denuncia, quizás sin saberlo, y sin abandonar del todo la retórica multicultural (es decir, multirracial) al uso, el racismo antiblanco institucional contra los jornaleros españoles: “ha señalado que los trabajadores andaluces están en desventaja con respecto a las condiciones que reciben los trabajadores inmigrantes de cupo, ya que a éstos "se les paga el desplazamiento, se le da una vivienda y se le dan facilidades para estar allí", mientras que al resto de andaluces no”. El caso de este sindicalista es excepcional, lo cual es lógico se tienen en cuenta las subvenciones que los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO) perciben en razón de la inmigración. En Valencia, determinadas ETTs utilizan la contratación selectiva de inmigrantes como medio no problemático de reducir costes salariales y de evitar huelgas. Ello en el contexto de un novedoso sistema en el que el empresario en vez de contratar directamente a los trabajadores lo hace, por el mismo precio, a través de la ETT, que obtiene sus beneficios de la reducción de salarios operada.