Inefablementerotica dijo:
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Inefablementerotica dijo:
Para algunos quizás sean solo retratos, y les aburra, pero los mas sensibles se encontraran con que cada carita, cada mirada, nos cuenta una gran historia.
De esta obra de arte podes encontrar fotos sueltas, pero no el libro completo que lo subi yo mismo a Picasa, veremos como responde
Quizas tarde en cargar pero bien saben que vale la pena

Sebastiao Salgado

Escribe Sebastiao Salgado: «El cualquier situación de crisis, ya se trate de guerras, pobreza o catástrofes naturales, los niños son las mayores víctimas. Son los más débiles físicamente, y siempre son los primeros en sucumbir a las enfermedades o al hambre. Muy vulnerables emocionalmente, los niños son incapaces de entender por qué les obligan a abandonar sus casas, por qué sus vecinos se convierten en enemigos, por qué de repente tienen que vivir en un arrabal rodeados de basura o en un campo de refugiados sumido en la desgracia. No son responsables de su destino, ya que, por definición, son inocentes».
Por eso, ellos son los protagonistas de una sección especial, de una colección que forma parte de su libro "Éxodos" pero que, a su vez, es algo independiente. Cuenta el fotógrafo que los niños son los primeros a los que se ve, su energía, sus juegos, sus sonrisas, sus carreras... Este contraste, esta paradoja entre la desgracia y la incomprensión en que viven y su alegría propia por ser niño (juguetón, cariñoso, inquieto) es la esencia y el génesis de esta colección.

La historia de estos retratos se remonta a Mozambique, cuando estando rodeado por niños, les propuso que se pusieran en fila para hacerles fotos a ellos solos y, así, se podrían ir ellos a jugar con su ilusión de ser fotografiados conseguida, y él a seguir trabajando con más tranquilidad. Esto mismo, lo repitió a todos los lugares a los que iba.
Estos niños, por un lado, representan a cualquier niño víctima de una guerra, de un exilio, de una emigración, de un genocidio o de una injusticia pero, por otro, son dueños de su individualidad, cada uno se presenta ante el objetivo como es y como quiere salir fotografiado, es su instante, su momento. Hermosos, felices, orgullosos, pensativos o tristes, son ellos. Y los ojos, siempre los ojos...

Las niños nacidos en las cárceles de Hong Kong, los huérfanos del sur de Sudán reclutados por la guerrilla, los niños de éxodo kosovar a Albania o Macedonia, los hijos de los refugiados guatemaltecos o palestinos, los adolescentes y niños adictos al pegamento -mendigos y rateros- en Sao Paulo o México, los niños trabajadores del campo asiático, las víctimas de la hambruna, la sequía y el SIDA en las sabanas y los desiertos africanos, las prostitutas de las grandes ciudades asiáticas son, en el fondo, niños forzados a ser adultos que nos miran para decirnos, en un momento: «Existo».

José Saramago.dijo:
«Dante, hoy, descendería al infierno con una cámara fotográfica. Quizá aún le sobrase alguna película cuando entrase en el purgatorio, pero es dudoso que encontrara un cielo para fotografiar. Sin embargo, para el viaje que esta exposición es, no necesitamos de un Virgilio que nos indique el camino. Sebastião Salgado, solo con su cámara, es el guía y el narrados. O dicho de otra manera: el guía y el poeta».
Eduardo Galeano.dijo:
«Él es un artista: en hombre que ve y viendo nos ayuda a ver. En esta monumental obra de arte, Salgado descubre y revela el mundo del fin del milenio: he aquí esta gran odisea de nuestro tiempo, este viaje con más náufragos que navegantes».
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