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Lo que siempre dijiste sin saber por qué

Buscando el significado de una frase que uso habitualmente di con una web en dónde figuran las frases que más usamos en el cotidiano y que muchas veces no sabemos a ciencia cierta qué es lo que significan. Así que para uds, va este post La Polaca.A caballo regalado no se le miran los dientes: Cuando alguien recibe cualquier tipo de regalo o presente, debe hacerlo sin cuestionar el obsequio y limitarse a aceptarlo tal como es. La parte final de la locución proviene de la antigua costumbre de revisar la dentadura de los caballos para conocer el estado de salud del animal.A cada cerdo le llega su sanmartín: No hay persona a la que no le llegue el momento de padecimiento. El origen de este proverbio tiene relación con la fecha del 11 de noviembre, día en que se celebra la festividad de San Martín de Tours, taumaturgo y milagrero francés, elegido por sorteo patrono de la ciudad de Buenos Aires. Ese día, con motivo de la celebración, la tradición indicaba que se comiera cerdo. Otra versión, afirma que «sanmartín» era el nombre dado a cierto cuchillo que se usaba para trocear a los cerdos. En cualquiera de los casos, la palabra "sanmartín" se escribe con minúscula inicial por tratarse de un sustantivo común y así aparece en todos los diccionarios.A la primera de cambio: Frase proveniente del ámbito bancario, que equivale a "de buenas a primeras", "en la próxima oportunidad que se presente".A la vejez, viruela: Las cosas suceden en el debido momento cronológico. Por lo general, la viruela era una enfermedad propia de la infancia o adolescencia, de manera que era casi excepcional que un anciano la padeciera. Trasladada la frase a cualquier ámbito, puede aplicarse a las personas mayores que se atreven con actividades propias de la juventud.A troche y moche: Indiscriminadamente, de manera disparatada. La comparación surge de la acción del leñador chapucero que, en muchos casos, no respeta las normas de la poda y troncha los árboles, o sea, los corta de raíz.Agarrar para el lado de los tomates: Interpretar mal alguna explicación o respuesta, irse por las ramas. El origen se relaciona con la planta del tomate, que es propensa a contraer pestes, por lo que es necesario plantarla en un lugar alejado. Otra versión asegura que la frase se origina en la facilidad con que esta planta se desarrolla hacia cualquier sentido si no se la guía en su crecimiento y entonces, "agarra" para cualquier lado.Al enemigo que huye, puente de plata: Debemos facilitarle la huida o la retirada al que nos molesta u ofende. En las guerras de la Antigüedad, era común allanarle el camino al adversario para que éste no se detuviera ni intentara reagruparse para regresar.Al pan, pan y al vino, vino: Llamemos a las cosas por su nombre, sin eufemismos. Una empresa elaboradora de vinos parafraseó esta expresión, hace algunas décadas, con el eslogan al pan, pan y al vino... Toro.Al tun-tún: Esta expresión, para algunos proviene de la locución latina "ad vultum tuum", luego llevada al latín vulgar con el valor de "al bulto". Para el etimologista Joan Corominas, es una voz expresiva creada para sugerir una acción ejecutada de golpe: tun... tun.... De cualquier forma, llegó a nosotros con el valor de algo hecho al bulto, sin diferenciar ni discriminar.Al voleo: Locución adverbial que se origina en la acción de sembrar, cuando se arrojan las semillas a puñados, esparciéndolas en el aire. Por comparación, se usa la expresión para calificar actitudes arbitrarias y desmedidas.Andar de capa caída: Estar desanimado, abatido, como quien no se preocupa en aparecer aliñado, bien vestido. En la época en que los hombres usaban capa, tenerla caída hacia un costado, era síntoma de mal gusto. Por extensión, se usó la frase para aplicarla en quien se mostraba desesperanzado.Arma de doble filo: Expresión que se aplica para calificar un método o argumento que, al ser utilizado, puede dar un resultado distinto del que se pretende o que produce efectos secundarios inesperados, como quien utiliza un arma blanca que posee realmente dos filos y puede lastimar a quien la manipula.Armado hasta los dientes: Estar alguien excesivamente armado, tanto que lleva armas incluso en los dientes, a la manera de los antiguos piratas y corsarios que, durante el abordaje a las naves enemigas, y para tener las manos libres, llevaban puñales en la boca.Armarse el tole tole: Expresión utilizada para indicar que un conflicto alcanza un importante grado de confusión, sobre todo cuando se trata de alboroto popular. El origen del dicho sería el desorden provocado por los judíos ante Poncio Pilatos, pidiéndole que crucificara a Jesús, gritando "¡Tolle, tolle, crucifige eum!" ("¡Quítalo, quítalo, crucifícalo"!).Armarse la de San Quintín: Formarse una gran riña entre varias personas. La comparación surge con la batalla de San Quintín (10 de agosto de 1557) festividad de San Lorenzo, por la que los españoles aniquilaron a los franceses, aun a costa de grandes bajas.Aunque la mona se vista de seda, mona se queda: Habla de la condición natural de las personas que, por más que traten de disfrazar su actitud, no logran despojarse de sus características. La frase está tomada de la fábula XXVII del escritor español Tomás de Iriarte.A otro perro con ese hueso: La expresión se usa como una forma de desanimar a quien quiere hacernos creer una mentira o bien nos ofrece algo cuya calidad es inferior, invitándolo a que lo intente con otra persona, aludiendo de esta forma a la ingenuidad del perro, que corre detrás de cualquier cosa que se parezca a un hueso, sea una piedra o un hueso de plástico. Respecto de la versión en inglés -tell that to the marines!, algo así como "anda a contárselo a los "marines"- está basada en la proverbial integridad que caracterizaba a los integrantes de ese Cuerpo de la marina de los EE.UU., célebres por su fama de incorruptibles, particularmente, durante la guerra fría, a partir de los años 50. En esa época, era poco probable que los "marines" aceptaran la imposición de una orden, sobre todo si esta vulneraba su integridad moral. Con el tiempo, y en la misma medida en que decayó la popularidad de los "marines", esa interpretación dejó de ser corriente en los Estados Unidos y entonces comenzó a usarse con idéntico valor- la expresión I am from Missouri (yo soy de Missouri), en alusión a la característica seriedad y poca credulidad de los habitantes de ese estado. Hoy en día, la locución a otro perro con ese hueso -que muy bien parece ser propia del Río de la Plata- se usa con idéntico valor.A seguro se lo llevaron preso: Es un dicho que, en su origen español, habría sido a Segura lo llevaron preso, en el que se produce un juego de palabras entre el apellido Segura y el adjetivo seguro/a. Aparentemente, se referiría al castillo de la villa jienense (de Jaén) de Segura de la Sierra, que sirvió de prisión. Para algunos, era una cárcel para delincuentes comunes en la que la vida era muy dura y sobrevivir se convertía en un logro casi inalcanzable; para otros, era un lugar de detención de personajes de cierta alcurnia, con lo que las condiciones de vida no eran tan malas y el tiempo de permanencia de los presos no era muy prolongado. De cualquier forma, la expresión alude a la posibilidad de que, no importa la condición social de las personas, a cualquiera le cabe la posibilidad de ser encarcelados si no ponen cuidado en sus acciones. Originariamente, la frase pudo haber sido A Segura, lo llevaron preso, como diciendo "a ese lugar (Segura), fue donde lo llevaron preso". En nuestro país, se utiliza la frase para dar a entender que nadie está exento (seguro) de que le pase algo, bueno o malo.Abrir los ojos: La expresión está basada en el origen de la palabra abrojo, que aunque muchos suponen que es una palabra propia del Río de la Plata, procede del latín, a través de la forma apere oculum, equivalente de "abre el ojo". Esta palabra era usada originariamente como advertencia para las personas, debido al peligro que supone caminar por una senda plagada de esta clase de planta de tallos largos, rastreros y frutos muy espinosos y perjudiciales para las cosechas y las personas. Posteriormente, en el ámbito militar, se comenzó a utilizar la frase abrir los ojos para advertir a los soldados acerca de la presencia de campos minados de abrojos, pero en este caso no referida a las plantas sino a unas piezas de hierro en forma de estrella, con cuatro púas que, al caer al suelo, quedaban con las puntas hacia arriba, obstaculizando el avance de la caballería enemiga. En la actualidad, la expresión se usa para advertir a alguien sobre la inminencia de un riesgo o peligro, para lo cual es necesario mantenerse alerta.Así me las den todas: El origen de este dicho está basado en un hecho muy directamente relacionado con el accionar de la Ley y la Justicia. Cuentan que un alguacil, por orden del juez, fue una vez a ejecutar un mandamiento. Sin embargo, las cosas se le complicaron: en lugar de cobrar la multa que pretendía, sólo recibió como pago dos sonoras bofetadas. De regreso ante su superior y confiando en mover la cólera del juez contra el agresor, relató ante aquel lo sucedido y acabó por decir que los bofetones, en realidad, se los habían dado a él, al señor juez en su propia cara, debido a que no habían querido acatar la orden por él dictada. El juez -hombre de buen humor, sin dudas- lo escuchó pacientemente y le respondió: "Cierto... pero así me las den todas, como queriendo decir que, de esa manera, no tenía inconveniente en "cobrar una paliza". Si bien el dicho no es muy usado en la actualidad, suele usárselo irónicamente, para dar a entender que algo nos es indiferente, sobre todo si se trata de males o desgracias ajenas.Atar los bártulos: ¡Cuántas veces habremos mencionado los bártulos, sin saber realmente a qué clase de elemento aludíamos!. En realidad, Bártulo o Bártolo de Sasso-Ferrato (que posteriormente dio origen al popular nombre Bartolo) fue un eminente jurisconsulto italiano que vivió en la baja Edad Media, profesor de Derecho en las universidades de Pisa, Bolonia, Padua y Perusa y cuyas obras -contenidas en trece volúmenes- sirvieron de base de estudio durante tres siglos a los alumnos de Derecho de toda Europa. Los estudiantes españoles tomaban nota de las obras del ilustre tratadista y, una vez concluida la clase, ataban los apuntes por medio de cintas o correas. Al conjunto de estos apuntes se los conocía familiarmente por el nombre de bártulos, de donde, en la jerga estudiantil, la tarea de reagruparlos y atarlos una vez utilizados, dio origen a la expresión atar (o liar) los bártulos. Así, por extensión, el dicho terminó por aplicarse también a toda disposición o preparativo que, por lo general, hace referencia a una mudanza, cambio de domicilio o traslado de utensilios.Bajar la guardia: Relajar la precaución, ceder la atención, considerando que ya no es necesario ser tan cuidadoso. La frase está tomada de la práctica de algunos deportes como el boxeo y la esgrima, en los que se enfrentan dos oponentes y se aplica en la vida cotidiana a la persona que ya no se esfuerza en sus tareas o profesión como lo hacía antes.Brillar por su ausencia: Entre los romanos, existía la costumbre de exhibir en los actos fúnebres los retratos de todos los antepasados y deudos del difunto. Por eso, el célebre historiador Tácito, al relatar en el libro III de sus "Anales" las honras fúnebres de Junia -viuda de Casio y hermana de Bruto (el asesino de Julio César)- cuenta que todo el mundo se daba cuenta de la ausencia ("brillaban" por ella) de la efigie de los dos criminales. Posteriormente, en el siglo XVIII, el gran poeta francés André de Chenier puso de moda la expresión brillar por su ausencia que todo el mundo usa hoy, a veces con mala intención, para resaltar la falta de algo o alguien en determinada circunstancia.Cada loco con su tema: Frase que sirve para explicar el apego que cada uno tiene por su propio parecer, al igual que los locos que, por lo general, disparatan sobre un tema que es su obsesión. Antiguamente, solían terminar la frase con ... y cada lobo por su senda.Calavera no chilla: Significa que la persona que gusta de la diversión exagerada y la vida disipada no debe quejarse de las consecuencias de su forma de vida. "Calavera", en sentido figurado, es el hombre de poco juicio dado al libertinaje.Cantar las cuarenta: Desahogarse con alguien, diciéndole lo que piensa, aun cuando moleste al destinatario. El origen es el juego de naipes conocido con el nombre de "tute", en el que se llama las cuarenta al número de puntos del que reúne el caballo y el rey de un mismo palo, lo que motiva que su poseedor esté obligado a "cantarlas".Cargar con el mochuelo: En los últimos años, se han difundido en la Argentina innumerables cuentos que tienen por protagonistas a integrantes de la colectividad gallega, a quienes se endilga una marcada falta de inteligencia, lo mismo que su poco apego a las costumbres higiénicas, en contraposición con la noticia -ignorada por muchas personas- de que el lenguaje gallego fue el primer romance (lengua derivada del latín) que se habló a la perfección. De todas formas, esos relatos, que por lo general son originarios de estas latitudes, no lo son en cuanto a la originalidad de la idea, ya que el dicho que ahora nos ocupa procede de la propia España. Cuentan que dos jóvenes -uno andaluz y otro gallego- entraron cierta vez a una posada y pidieron al dueño del lugar algo para cenar. Como el mesonero les dijo que sólo disponía de una perdiz y un mochuelo (especie de ave rapaz nocturna de carne muy dura y poco sabrosa), el andaluz -que llevaba la voz cantante- se apresuró a decir que los trajese y que ellos se encargarían de distribuir equitativamente las presas. Una vez frente a las aves cocinadas, el andaluz dijo al gallego: -Elige, hermano, puesto que la cosa es clara: o tú te comes el mochuelo y yo la perdiz o yo me como la perdiz y tú te cargas el mochuelo. Abrumado por tan "original" alternativa, el ingenuo gallego se tuvo que comer el mochuelo mientras el avivado andaluz daba cuenta de la sabrosa perdiz. Desde entonces, el dicho se usa para calificar todo asunto o trabajo enojoso y difícil que recae sobre alguien en contra de su voluntad, sobre todo si éste ha sido engañado.Cargar con el muerto: Según las leyes medievales, cuando en la jurisdicción de una localidad era hallado el cuerpo de alguna persona muerta en circunstancias extrañas, si no era posible determinar la identidad del homicida, el pueblo donde había sido encontrado el cuerpo estaba obligado a pagar una multa llamada homicidium u omecillo. A causa de esto, y con el fin de eludir el pago de la multa, cuando se hallaba un muerto en las calles, los habitantes del pueblo en cuestión se apresuraban y, de común acuerdo, levantaban el cuerpo y lo trasladaban a alguna localidad vecina, de manera que la responsabilidad del crimen recayera sobre ésta y, en consecuencia, fuera ella la que debiera hacerse responsable de pagar la multa correspondiente. Con el tiempo, el dicho comenzó a aplicarse -en sentido figurado- como equivalente de la pretensión de descargar sobre otro la culpa por algún delito o falta cometida. En la actualidad, el dicho cargar con el muerto conserva el mismo valor, aunque suele aplicárselo, preferentemente, para referir a la responsabilidad que le cabe a alguien en el pago de alguna deuda, sobre todo cuando se trata de cuentas impagas o difíciles de saldar, como cuando solemos decir -luego de una reunión de numerosos comensales-: "Y ahora... ¿quién levanta este muerto?¡Chúpate esa!: Exclamación de réplica cuando uno contesta algo que sorprende y desagrada a alguien, sobre todo por lo justo e inesperado de la respuesta. Entre nosotros, la frase originariamente era ¡chúpate esa mandarina!, indudablemente, una curiosidad idiomática porque, entre nosotros, es más habitual que alguien chupe una naranja y no una mandarina.Clavar a alguien: Dejar plantada a una persona, ya sea esperando en una cita o despojándolo de algo que esa persona merecía. El origen es la práctica delictiva de los antiguos salteadores de camino que se ofrecían para clavarles las herraduras a los forasteros, pero lo hacían dejando algunos clavos flojos, para luego -cuando estos se detenían- asaltarlos y robarles las pertenencias.Colgar el Sanbenito: Entre los antiguos usos de la Iglesia primitiva y después, durante los tiempos de la Inquisición, a los penitentes que lloraban sus culpas y mostraban arrepentimiento, se les daba una vela de cera y se los arropaba con una especie de saco de lana que, previamente, había sido bendecido por el sacerdote o párroco del lugar. De ahí, que a esa prenda se le llamase saco bendito, denominación que más tarde, derivó en las formas san bendito y, finalmente, sambenito. Este hábito -que, en realidad, era una réplica del saco de penitencia usado por los penitentes de la Iglesia primitiva- consistía en una especie de escapulario de lana amarilla con la cruz de San Andrés, llamas de fuego y otros jeroglíficos estampados en la superficie. Pero, respecto de la etimología de la palabra, hay quienes sostienen que proviene del nombre de San Benito, cuyo significado pasó por designar primero al "escapulario benedictino", luego al "escapulario que se ponía a los condenados por la Inquisición" y finalmente, "signo de infamia". El objetivo de penitencia de este atuendo dio origen al dicho popular cargar o colgar a uno el sambenito, con el que se expresa el acto de echar sobre alguien una culpa que no merece, como cuando decimos comerse un garrón, en alusión a idéntica situación.Colgar la galleta: Dejar plantado a alguien, particularmente referido a la relación amorosa, cuando uno de los integrantes de la pareja abandona al otro.Como el maestro Ciruela: Frase con la que se censura a quien habla magistralmente u opina sobre una cosa de la que no entiende. La locución completa habría sido originalmente como el maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela, incluso se dice que en un tiempo, pudo haber sido como el maestro de Siruela... en relación con el nombre de un pueblo de Badajoz, provincia española cercana a la frontera portuguesa, sin otra intención que la rima con la palabra "escuela".Como Pancho por su casa: Hacer algo con total libertad. Originariamente, la frase era como Pedro por su casa, proveniente de la locución entrarse como Pedro por Huesca, en alusión a la toma de esa ciudad por el rey aragonés Pedro.Con bombos y platillos: Con mucho ruido, como cuando se da a conocer una noticia muy importante.Con la cola entre las patas: Es la típica forma de huir que tienen la mayoría de los perros, manteniendo el rabo metido entre las patas traseras. Se aplica a la persona que abandona un lugar totalmente humillado.Con la soga al cuello: Pasando un momento de apremio, amenazado de un riesgo grave, como cuando el ahorcado se siente a punto de morir, debido a que la soga que le rodea el cuello comienza a apretar.Con las glorias se olvidan las memorias: El que llega a lo más alto en una profesión suele olvidar a los amigos y los beneficios recibidos para alcanzar ese logro.Con las manos en la masa: Sorprender a alguien en el momento de cometer un delito o, simplemente, una acción prohibida. Equivale a la expresión in fraganti y es una comparación con el hecho de estar preparando una masa (harina, agua y sal). Con una mano atrás y otra adelante: Alude a la pobreza y a la miseria, por las que a una persona sólo le quedan sus manos para cubrir su desnudez.Cuando el río suena, agua trae: Es obvio que el río trae agua, suene o no, pero la referencia está formulada a avisar a las personas sobre la conveniencia de estar atentas a cualquier advertencia sobre movimientos y cambios que pueden afectar sus posibilidades.Dar gato por liebre: Antiguamente, las hospederías gozaban de una dudosa fama, sobre todo en materia de viandas. La literatura está plagada de alusiones a este particular. Entre otras acusaciones, los venteros eran a menudo sospechosos de echar un asno en adobo y venderlo como ternera, y de servir platos cuyo contenido no se sabía si era conejo, liebre, cabrito o gato. Era tanta la desconfianza en estos establecimientos que llegó a hacerse habitual entre los comensales la práctica de un conjuro previo a sentarse a comer. Puestos de pie, los clientes recitaban así delante del asado: "Si eres cabrito, mantente frito; si eres gato, salta del plato." Una de las estafas más comunes era dar carne de gato por la de liebre. De ahí que este dicho se utilice cuando se intenta engañar en la calidad de una cosa por medio de otra inferior que se le asemeja. De tal palo, tal astilla: Se usa para realizar una comparación entre integrantes de una misma familia y, por lo general, es utilizada para justificar los defectos y virtudes de un/a hijo/a respecto de su padre/madre y otros familiares. El origen sería la frase a tal padre, tal hijo, incluida por Petronio en su "Satyricon, 58", sentido que el refrán en inglés reproduce literalmente.De todo, como en botica: Significa que hay variedad, provisión o surtido de varias cosas, como en las antiguas "boticas" (almacenes) de España, en las que había toda clase de artículos. Para otros, "botica" era el nombre dado en Sevilla a las casas de citas en las que, por un lado, se vendían remedios y por otro, había de todo.Dormirse sobre los laureles: Abandonarse, luego de conseguir un éxito; no perseverar en el esfuerzo y la dedicación, descuidando lo que se ha logrado. En la Antigüedad, el laurel estaba consagrado a Apolo y a los poetas, y sus hojas se utilizaban para confeccionar guirnaldas para premiar a los ganadores de los concursos de poesía.El horno no está para bollos: No es el momento apropiado para hacer o decir algo, es más, podríamos decir que es el menos indicado. La comparación surge de la baja temperatura que debe tener el horno para cocer bollos o tortas pero, al ser tan "caliente" la situación que se vive, se dice que el horno no está -efectivamente- para recibir bollos.El que no llora, no mama... : Frase porteña, difundida en todo el país, extraída del estribillo del célebre tango "Cambalache", de Enrique Santos Discépolo, por la que se afirma que el hombre -al igual que los bebés, que tienen que llorar para indicar a su madre que tienen hambre- debe vivir reclamando lo que le pertenece. La frase termina diciendo... y el que no afana es un gil, en una velada crítica, no sabemos si a los que viven dignamente de su trabajo (¿gil?) o al que vive robando a los demás (¿el que afana?).El que quiera celeste que le cueste: Se aplica para justificar lo difícil de una empresa. La comparación surge con el viejo prejuicio de las tradicionales familias europeas de la inmigración, de considerar el nacimiento de un varón (por eso, el celeste) más promisorio que el de una niña.Empinar el codo: Todos sabemos que el acto de beber -no importa si con vaso, porrón, bota o botella- impone por lógica necesidad, el movimiento de levantar el codo hasta determinado nivel. De este simple y cotidiano hecho procede la locución peyorativa empinar el codo, lo que equivale a "alzar, levantar, aupar el codo" de manera que el líquido se precipite dentro de la boca con mayor facilidad. Por eso, la expresión se divulgó en el uso popular con el sentido metafórico de "tomar, beber en gran cantidad de cualquier clase de bebida alcohólica", o en otras palabras, ser considerado lisa y llanamente un borracho.En la cancha se ven los pingos: Dicho rioplatense de neto origen campero que expresa que los caballos -pingos- realmente buenos demuestran su calidad en el momento de la carrera. Podría equivaler al dicho el movimiento se demuestra andando.Entre bastidores: Es el lugar en el que se preparan las representaciones teatrales, las de televisión, los desfiles de modas y suelen transitar por él artistas y técnicos. En esos lugares, se dicen y hacen cosas que no trascienden al público. En la Argentina, circula la deformación entre bambalinas, en la que se confunde a estos elementos con los bastidores. Las "bambalinas" son las tiras de lienzo que cuelgan del telar del teatro y representan la parte superior del decorado, no el piso. La expresión entre bastidores, en el lenguaje general, alude a la trama secreta que llevan a cabo algunas personas sobre ciertos temas.Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera: Frase familiar usada para censurar a quien trata de sacar ventaja de personas de su misma condición o profesión, como si realmente un bombero entorpeciera la función de un colega, pisándole la manguera. Circulan muchas variantes de esta frase, entre las que se destaca entre gitanos, no nos vamos a adivinar la suerte, con idéntico valor.Ese es el quid de la cuestión: Frase usada para señalar dónde está el punto esencial o central de un problema o cuestión. El término latino quid (que debe pronunciarse /kid/ y no /kuid/) significa "qué cosa".Estar en bolas: Equivale, literalmente, a estar desnudo y, metafóricamente, a quedarse sin ningún recurso para afrontar gastos o sin conocimiento para responder a determinada cuestión. El origen es la palabra bolas que en germanía significaba "feria" o "mercado público", con lo que la expresión estar en bolas equivalía a "exponerse públicamente".Estar en capilla: Hallarse alguien en el trance de pasar una prueba difícil o de conocer el resultado de algo que le preocupa. El rey Felipe II fue el primero que dispuso que en las cárceles se habilitaran capillas para que los reos condenados a muerte pudiesen confesarse y comulgar el día anterior a su ejecución.Estar en la cuerda floja: Permanecer en una situación delicada, comprometida o sometido a una amenaza en la realización de un asunto. La comparación surge de la actividad de los equilibristas o volatineros que realizaban exhibiciones caminando sobre una cuerda o alambre no tenso, muchas veces a varios metros de altura.Estar en Babia: Aunque al lector le parezca mentira, Babia existe y es una apartada comarca de la provincia de León, en España, poco fértil y bastante alejada de las zonas pobladas en cuyo territorio hoy se encuentran importantes pantanos de aprovechamiento hídrico. Durante la Edad Media, al parecer, abundaba la caza en ese lugar y los reyes de León lo eligieron como punto de reposo, particularmente para alejarse de los problemas de la corte, complicada con las intrigas palaciegas de los nobles, empeñados en instaurar un régimen feudal semejante al de la Europa septentrional. Además, los reyes aprovechaban las bondades del lugar para -como diríamos en nuestros días- "desenchufarse" de la tarea estresante, que no era poca. Estas ausencias del rey motivaban a menudo la inquietud de los súbditos a quienes, cuando preguntaban por él, se les respondía evasivamente que el rey estaba en Babia. La expresión se hizo coloquial y pasó al lenguaje común para significar toda disposición de ánimo desentendida, de propósito o involuntariamente, ante cualquier tarea apremiante. Hoy en día, nosotros la utilizamos específicamente para hacer referencia a toda persona distraída o que parece ausente en el momento en que más se necesita de su concentración.Estar en un brete: Estar en un aprieto, permanecer acotado. El brete es una especie de cerco por donde transita el ganado vacuno y sólo le permite dirigirse hacia donde lo guía el camino, pero también era un cepo de hierro que se ponía a los reos en los pies, para que no pudieran huir.Estar hasta el tope: En el lenguaje del marino, la palabra tope designa el punto más alto de cualquier mástil y particularmente, de los masteleros o palos menores que se colocan sobre la cabeza de los mayores. Pero también recibe el nombre de tope el vigía que va ubicado en lo alto de la arboladura. De ahí, que en la jerga naval, para hacer alusión a la sobrecarga ocasional de un buque se diga "que el barco va (o está) hasta el tope". La expresión, por analogía, pasó al uso popular para hacer referencia a todo lo que se halla cargado excesivamente e, incluso metafóricamente, se la utiliza para dar a entender la situación límite a la que ha llegado una persona.Estar loco como una cabra: Equivale a estar muy loco, chiflado. La comparación proviene de la actitud de las cabras o de las crías que destetaron (dejaron de mamar) y andan por los montes dando saltos y efectuando movimientos bruscos que, para el ser humano, resultan totalmente inexplicables.El que se fue a Sevilla, perdió su silla: Cuentan que durante el reinado en Castilla de Enrique IV de Trastámara, un sobrino de don Alonso de Fonseca -arzobispo de Sevilla- fue a su vez designado arzobispo de Compostela, pero suponiendo el tío que, a causa de las revueltas que agitaban Galicia, a su sobrino le costaría mucho tomar posesión de su cargo, se ofreció para adelantarse a Santiago para allanarle las dificultades, pero a cambio, le pidió a su sobrino que lo reemplazase en los negocios de su sede en Sevilla. Efectivamente, así se hizo y con el mejor resultado, de manera que una vez que don Alonso, concluida la gestión, regresó a Sevilla, se halló con la desagradable sorpresa de que su sobrino se resistía a abandonar la sede que regenteaba, alegando que el arreglo había sido permanente. Para reducirlo, se hizo necesaria la intervención del Papa y hasta la del propio rey Enrique. El joven, una vez que regresó a Santiago, terminó preso y sentenciado a cinco años de condena por otros delitos, pero su carrera continuó y llegó a ocupar los más altos cargos eclesiásticos, teniendo que ceder su arzobispado a su propio hijo. De aquel suceso, muy comentado en su tiempo, nació el dicho que seguramente en su origen debió ser el que se fue "de" Sevilla, perdió su silla y no como lo conocemos hoy, el que se fue "a" Sevilla, perdió su silla, porque en realidad, don Alonso no fue a Sevilla sino a Santiago de Compostela, para lo cual debió irse de Sevilla y... dejar su silla.Entrar con el pie derecho: Esta es una expresión que desde hace mucho tiempo solemos utilizar para significar el comienzo favorable de una empresa, aunque comúnmente se sostiene que la locución es una forma residual de alguna práctica supersticiosa. Lo cierto es que tiene su origen en la rúbrica de los Misales donde, por motivos arcanos se prescribe que el celebrante, una vez comenzado el introito y al disponerse a subir las gradas del altar, debe iniciar su marcha con el pie derecho, esto es, entrar con el pie derecho. Curiosamente, esta costumbre se ha mantenido a pesar de su procedencia pagana. Por extensión, comenzó a aplicarse el dicho para referirse a la acción que prenuncia la buena suerte necesaria en la iniciación de una tarea y su culminación con éxito.Estar en la palmera: Este es un dicho que pertenece a los argentinos y está ligado con los tiempos en que eran habituales los garitos o lugares de juego prohibidos, uno de los cuales, alejado del centro de la ciudad, albergaba una orgullosa palmera que se erguía en los fondos de la casa. Como la palmera estaba alejada del lugar de reunión de los jugadores, los que perdían o no la venían llevando bien con los números, se sentaban en el cantero que circundaba la planta y meditaban sobre la esquiva fortuna. Con el tiempo, y una vez que el lugar se hizo más y más popular, la planta también acrecentó su fama y dio origen al nacimiento del dicho estar en la palmera, en directa alusión a los que se hallaban junto a la planta porque ya habían perdido todo su capital. Posteriormente, la expresión comenzó a utilizarse en otros ámbitos en los que se debía justificar que alguien estaba totalmente quebrado económicamente.Faltaría más: Es una locución de cortesía que se usa para rechazar amablemente una invitación o propuesta, sin ofender a nuestro interlocutor.Favor con favor se paga: Cuando alguien recibe el favor de una persona, es probable que deba pagar de la misma forma, llegado el momento oportuno. Irónicamente, suele usarse la misma frase para devolver agravios y ofensas.Fulano y Zutano: Para algunos autores, estos dos vocablos, que se usan para referirse a unas personas indeterminadas o imaginarias, derivan de la corrupción de Fabulano y Statano, que eran, entre los gentiles, dioses de los niños. El primero era invocado para que les enseñase a hablar, y el otro, a andar. Fumar la pipa de la Paz: Tradicional hábito de los indios de Norteamérica, como señal inequívoca de tregua, que consistía en sentarse en el suelo junto a sus visitantes, formando una rueda cuyos integrantes pitaban una vez de la pipa y la iban pasando. En inglés, equivale a enterrar el hacha, otro signo de pacificación.Fuente: http://www.ciudad-real.es/varios/dichos/f.php
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