Psicología del Desarrollo
VIEJISMO: LOS PREJUICIOS CONTRA LA VEJEZ
La vejez es un tema conflictivo, tanto para las personas que lo viven en si mismas como para las personas que lo enfrentan día a día desde sus roles: hijo, vecino, colega, medico, enfermero, psicólogo.
El grado de conflicto que representa para cada uno y las conductas defensivas que se adopten estará determinado por la historia personal de los participantes, la cual se habrá ido sedimentando a través de sucesivas experiencias, fantasías y represiones en una ideología general sobre lo que es la vejez.
Teoría del desapego:
Sostiene que a medida que el sujeto envejece se produce una reducción de su interés vital por las actividades y objetos que lo rodean, lo cual va generando un sistemático apartamiento de toda clase de interacción social.
Este proceso no solo pertenece al desarrollo normal, sino que es deseado y buscado por él, apoyado en el lógico declinar de sus capacidades sensoriomotrices, lo cual permite una redistribución adecuada de sus mermadas reservas sobre menos objetos, más significativos. Este distanciamiento afectivo lo pone a cubierto de confrontarse con objetos o situaciones que le plantean problemas de difícil solución y que cuando no pueden hallarla le generan cuadros de angustia. Los puntos mas sobresalientes de la teoría del desapego son: 1- Es un proceso universal, ocurre en cualquier cultura y tiempo histórico. 2- Es un proceso inevitable, porque esta apoyado en procesos psicobiológicos. 3- Es intrinseco, no esta condicionado ni determinado por variable social alguna. 4- Recogiendo y agrupando las criticas a esta teoría se da paso a la segunda teoría o teoría contraria.
Según esta teoría, se debe inducir o favorecer un apartamiento progresivo del anciano de sus actividades como un paso de preparación hacia la muerte.
Críticas.
- Prácticas: creyendo en ella, se adopta una actitud indiferente hacia los viejos, o de que la vejez no tiene valor. Teóricas: es una prototeoria. Empíricas: la evidencia usada es inadecuada o incierta.
El estudio de Carp comprueba que en un entorno positivo la gente vieja generalmente prefiere la actividad los contactos sociales informales. Sostiene así que el desapego, sería resultado de conductas adversas del entorno. Maddox, contrapuso su “teoría de la actividad”, donde muestra que los viejos deben permanecer activos la mayor cantidad de tiempo posible, y reemplazar aquellas actividades que ya no pueden hacer. Gastrón, se opone a la teoría del desapego, ya que no es posible encontrar contraejemplos.
Teoría del apego:
Bleger decía que el ser humano es originariamente aislado y que asimilaba con esfuerzo y gradualmente la necesidad de relacionarse con otros. Toda posibilidad de “ser” dentro del contexto humano es posible solamente en relación con otros, o con los objetos contingentes. La separación o el aislamiento deben ser comprendidos como formando parte de la patología o acción prejuiciosa y segregacionista contra los viejos de ciertas estructuras sociales, pero de ninguna manera como normalidad.
Lo ideal es conservar en una edad avanzada pasiones lo bastante fuertes como para que nos eviten volvernos sobre nosotros mismos. Cuando se pone como excusa del desapego la disminución de las capacidades sensoriomotrices, se está juzgando la posibilidades de satisfacción desde un punto de vista de actividades juveniles.
El secreto de un buen envejecer estará dado por la capacidad que tenga un sujeto de aceptar y acompañar las inevitables declinaciones propias de la edad, sin insistir en mantenerse joven a cualquier precio, pero sin renunciar a una lucha activa para tratar de obtener el máximo de satisfacción con el máximo de fuerzas que en cada momento se disponga.
Nuestra conducta hacia los viejos, cualquiera sea el rol que ocupemos, será la de tratar que estos se mantengan apegados a sus objetos y actividades la mayor parte del tiempo posible y, cuando no, encontrar sustitutivos derivados. Esta será la única manera de hacerles sentir que la vida todavía vale la pena de ser vivida.
Prejuicios contra la vejez
Viejismo: conjunto de prejuicios, estereotipos, que se aplican a los viejos simplemente en función de su edad. Otro termino utilizado con frecuencia pero diferente del de viejismo es el de gerontofobia que se refiere a una conducta de temor u odio irracional hacia los viejos, de manera que es menos abarcativa y debe ser incluida dentro del viejismo y NO utilizarla como sinónimo.
Los prejuicios contra la vejez son adquiridos durante la infancia y luego se van asentando y racionalizando durante el resto de la vida de los seres prejuiciosos. Generalmente son el resultado de identificaciones primitivas con las conductas de personas significativas del entorno familiar, y por lo tanto, no forman parte de un pensamiento racional adecuado, sino que se limitan a una respuesta emocional ante un estimulo determinado. Estos orígenes quedan sumergido en el inconciente, y a estos individuos les resulta difícil reconocer el impacto de estas identificaciones sobre sus pensamientos o conductas, haciendo que tengan actitudes inapropiadas de desinterés o rechazo. Tienen una disociación de su conducta, ya que cuando se les pregunta por su rechazo, responden en términos lógicos, pero sus respuestas emocionales tienen una sobreexageración irracional.
Estos sentimientos irracionales estructurados en conductas prejuiciosas, están extendidos en toda la población, pero son especialmente peligrosos cuando los poseedores de ellos son los médicos o psicólogos que tienen a cargo la responsabilidad de la salud mental de los viejos. Los psiquiatras son pesimistas con respecto al tratamiento de los pacientes viejos. Un estudio demostró que los psiquiatras consideraban a los ancianos menos interesantes que a jóvenes con los mismo síntomas, y preferían usar drogas en ellos en vez de aplicarles psicoterapia. Algunas razones de las actitudes negativas de los psiquiatras hacia la vejez son: - los viejos estimulan a los terapeutas su temor a la vejez, - les reactualizan conflictos primitivos en relación con sus propias figuras parentales, - Piensan que no tienen nada que ofrecerles porque no van a cambiar sus conductas, o porque son debidas a enfermedades cerebrales organizas intratables, - Creen que no vale la pena prestarle atención ya que están próximos a la muerte, ¬- El paciente puede morir durante el tratamiento y afectaría el sentimiento de importancia del terapeuta, - Se sienten disminuidos en su esfuerzo, ya que se dice que los gerontólogos tienen atracción morbosa por la muerte o enfermiza.
Un viejo ante nosotros es como un “espejo del tiempo” y como todos sabemos el destino que la sociedad impone a la vejez - desconsideración, rechazo, aislamiento, explotación, y abandonados a la espera de la muerte – nos provoca angustia frente a este futuro posible y nos impulsa a escaparnos de ella, es decir, no atender a los pacientes viejos.
Nos negamos a reconocernos en el viejo que seremos. De todas las realidades, la vejez es quizás aquella de la que conservamos durante más tiempo en la vida una noción puramente abstracta. La vejez no es algo que este más allá fuera de nosotros, en el futuro, sino que es el presente actual que llevamos adentro activamente, por eso es inútil diferenciar entre pacientes viejos y terapeutas jóvenes. Tomar conciencia de esta realidad es la herramienta fundamental que permitirá que el accionar profesional se desarrolle científicamente en lugar de formar parte de una visión prejuiciosa de la vejez.
III Prejuicio más común contra la vejez
Uno de los prejuicios más comunes es el de que los viejos son todos enfermos o discapacitados. Utilizar al viejo como sinónimo de enfermo, entraña un enorme riesgo, pues pasa a comportarse como una profecía autopredictiva, que termina por internalizarse aun en los destinatarios del prejuicio, es decir, en los propios viejos.
OMS dice que la salud es “un estado de completa satisfacción física, metal y social, y no solo la ausencia de enfermedades”, pero en cuanto a la salud en los pacientes ancianos, reformula la definición de la siguiente manera: “la salud de los viejos es mejor medirla en términos de función;...el grado de ajuste mas que la falta de patología debe ser usado como la medida del monto de servicios que el viejo requiere de la comunidad”. Es decir, las cosas que una persona vieja puede, o cree que puede hacer, son indicadoras del grado de salud tanto como de los servicios que necesita.
La medida de salud, hasta hace poco considerada prerrogativa de los médicos y resultado objetivo de los exámenes de laboratorio, debe incluir en alguna medida el como el individuo se siente frente a su impedimento, y por extensión, como este impedimento interfiere con su rutina vital. A partir de allí se puede predecir como la patología se traslada a la conducta enferma y condiciona el rol del enfermo.
En la consideración de la autoevaluación de su salud que hacen los viejos y sus congruencias e incongruencias con la apreciación médica, no hay que dejar de mencionar 2 aspectos extremos y opuestos de suma importancia: uno es la negación maníaca de la enfermedad y el otro es su exacerbación hipocondríaca.
La vejez no es una enfermedad en sí misma sino que, esta última, influye negativamente sobre aquella.
VIEJISMO: LOS PREJUICIOS CONTRA LA VEJEZ
La vejez es un tema conflictivo, tanto para las personas que lo viven en si mismas como para las personas que lo enfrentan día a día desde sus roles: hijo, vecino, colega, medico, enfermero, psicólogo.
El grado de conflicto que representa para cada uno y las conductas defensivas que se adopten estará determinado por la historia personal de los participantes, la cual se habrá ido sedimentando a través de sucesivas experiencias, fantasías y represiones en una ideología general sobre lo que es la vejez.
Teoría del desapego:
Sostiene que a medida que el sujeto envejece se produce una reducción de su interés vital por las actividades y objetos que lo rodean, lo cual va generando un sistemático apartamiento de toda clase de interacción social.
Este proceso no solo pertenece al desarrollo normal, sino que es deseado y buscado por él, apoyado en el lógico declinar de sus capacidades sensoriomotrices, lo cual permite una redistribución adecuada de sus mermadas reservas sobre menos objetos, más significativos. Este distanciamiento afectivo lo pone a cubierto de confrontarse con objetos o situaciones que le plantean problemas de difícil solución y que cuando no pueden hallarla le generan cuadros de angustia. Los puntos mas sobresalientes de la teoría del desapego son: 1- Es un proceso universal, ocurre en cualquier cultura y tiempo histórico. 2- Es un proceso inevitable, porque esta apoyado en procesos psicobiológicos. 3- Es intrinseco, no esta condicionado ni determinado por variable social alguna. 4- Recogiendo y agrupando las criticas a esta teoría se da paso a la segunda teoría o teoría contraria.
Según esta teoría, se debe inducir o favorecer un apartamiento progresivo del anciano de sus actividades como un paso de preparación hacia la muerte.
Críticas.
- Prácticas: creyendo en ella, se adopta una actitud indiferente hacia los viejos, o de que la vejez no tiene valor. Teóricas: es una prototeoria. Empíricas: la evidencia usada es inadecuada o incierta.
El estudio de Carp comprueba que en un entorno positivo la gente vieja generalmente prefiere la actividad los contactos sociales informales. Sostiene así que el desapego, sería resultado de conductas adversas del entorno. Maddox, contrapuso su “teoría de la actividad”, donde muestra que los viejos deben permanecer activos la mayor cantidad de tiempo posible, y reemplazar aquellas actividades que ya no pueden hacer. Gastrón, se opone a la teoría del desapego, ya que no es posible encontrar contraejemplos.
Teoría del apego:
Bleger decía que el ser humano es originariamente aislado y que asimilaba con esfuerzo y gradualmente la necesidad de relacionarse con otros. Toda posibilidad de “ser” dentro del contexto humano es posible solamente en relación con otros, o con los objetos contingentes. La separación o el aislamiento deben ser comprendidos como formando parte de la patología o acción prejuiciosa y segregacionista contra los viejos de ciertas estructuras sociales, pero de ninguna manera como normalidad.
Lo ideal es conservar en una edad avanzada pasiones lo bastante fuertes como para que nos eviten volvernos sobre nosotros mismos. Cuando se pone como excusa del desapego la disminución de las capacidades sensoriomotrices, se está juzgando la posibilidades de satisfacción desde un punto de vista de actividades juveniles.
El secreto de un buen envejecer estará dado por la capacidad que tenga un sujeto de aceptar y acompañar las inevitables declinaciones propias de la edad, sin insistir en mantenerse joven a cualquier precio, pero sin renunciar a una lucha activa para tratar de obtener el máximo de satisfacción con el máximo de fuerzas que en cada momento se disponga.
Nuestra conducta hacia los viejos, cualquiera sea el rol que ocupemos, será la de tratar que estos se mantengan apegados a sus objetos y actividades la mayor parte del tiempo posible y, cuando no, encontrar sustitutivos derivados. Esta será la única manera de hacerles sentir que la vida todavía vale la pena de ser vivida.
Prejuicios contra la vejez
Viejismo: conjunto de prejuicios, estereotipos, que se aplican a los viejos simplemente en función de su edad. Otro termino utilizado con frecuencia pero diferente del de viejismo es el de gerontofobia que se refiere a una conducta de temor u odio irracional hacia los viejos, de manera que es menos abarcativa y debe ser incluida dentro del viejismo y NO utilizarla como sinónimo.
Los prejuicios contra la vejez son adquiridos durante la infancia y luego se van asentando y racionalizando durante el resto de la vida de los seres prejuiciosos. Generalmente son el resultado de identificaciones primitivas con las conductas de personas significativas del entorno familiar, y por lo tanto, no forman parte de un pensamiento racional adecuado, sino que se limitan a una respuesta emocional ante un estimulo determinado. Estos orígenes quedan sumergido en el inconciente, y a estos individuos les resulta difícil reconocer el impacto de estas identificaciones sobre sus pensamientos o conductas, haciendo que tengan actitudes inapropiadas de desinterés o rechazo. Tienen una disociación de su conducta, ya que cuando se les pregunta por su rechazo, responden en términos lógicos, pero sus respuestas emocionales tienen una sobreexageración irracional.
Estos sentimientos irracionales estructurados en conductas prejuiciosas, están extendidos en toda la población, pero son especialmente peligrosos cuando los poseedores de ellos son los médicos o psicólogos que tienen a cargo la responsabilidad de la salud mental de los viejos. Los psiquiatras son pesimistas con respecto al tratamiento de los pacientes viejos. Un estudio demostró que los psiquiatras consideraban a los ancianos menos interesantes que a jóvenes con los mismo síntomas, y preferían usar drogas en ellos en vez de aplicarles psicoterapia. Algunas razones de las actitudes negativas de los psiquiatras hacia la vejez son: - los viejos estimulan a los terapeutas su temor a la vejez, - les reactualizan conflictos primitivos en relación con sus propias figuras parentales, - Piensan que no tienen nada que ofrecerles porque no van a cambiar sus conductas, o porque son debidas a enfermedades cerebrales organizas intratables, - Creen que no vale la pena prestarle atención ya que están próximos a la muerte, ¬- El paciente puede morir durante el tratamiento y afectaría el sentimiento de importancia del terapeuta, - Se sienten disminuidos en su esfuerzo, ya que se dice que los gerontólogos tienen atracción morbosa por la muerte o enfermiza.
Un viejo ante nosotros es como un “espejo del tiempo” y como todos sabemos el destino que la sociedad impone a la vejez - desconsideración, rechazo, aislamiento, explotación, y abandonados a la espera de la muerte – nos provoca angustia frente a este futuro posible y nos impulsa a escaparnos de ella, es decir, no atender a los pacientes viejos.
Nos negamos a reconocernos en el viejo que seremos. De todas las realidades, la vejez es quizás aquella de la que conservamos durante más tiempo en la vida una noción puramente abstracta. La vejez no es algo que este más allá fuera de nosotros, en el futuro, sino que es el presente actual que llevamos adentro activamente, por eso es inútil diferenciar entre pacientes viejos y terapeutas jóvenes. Tomar conciencia de esta realidad es la herramienta fundamental que permitirá que el accionar profesional se desarrolle científicamente en lugar de formar parte de una visión prejuiciosa de la vejez.
III Prejuicio más común contra la vejez
Uno de los prejuicios más comunes es el de que los viejos son todos enfermos o discapacitados. Utilizar al viejo como sinónimo de enfermo, entraña un enorme riesgo, pues pasa a comportarse como una profecía autopredictiva, que termina por internalizarse aun en los destinatarios del prejuicio, es decir, en los propios viejos.
OMS dice que la salud es “un estado de completa satisfacción física, metal y social, y no solo la ausencia de enfermedades”, pero en cuanto a la salud en los pacientes ancianos, reformula la definición de la siguiente manera: “la salud de los viejos es mejor medirla en términos de función;...el grado de ajuste mas que la falta de patología debe ser usado como la medida del monto de servicios que el viejo requiere de la comunidad”. Es decir, las cosas que una persona vieja puede, o cree que puede hacer, son indicadoras del grado de salud tanto como de los servicios que necesita.
La medida de salud, hasta hace poco considerada prerrogativa de los médicos y resultado objetivo de los exámenes de laboratorio, debe incluir en alguna medida el como el individuo se siente frente a su impedimento, y por extensión, como este impedimento interfiere con su rutina vital. A partir de allí se puede predecir como la patología se traslada a la conducta enferma y condiciona el rol del enfermo.
En la consideración de la autoevaluación de su salud que hacen los viejos y sus congruencias e incongruencias con la apreciación médica, no hay que dejar de mencionar 2 aspectos extremos y opuestos de suma importancia: uno es la negación maníaca de la enfermedad y el otro es su exacerbación hipocondríaca.
La vejez no es una enfermedad en sí misma sino que, esta última, influye negativamente sobre aquella.