Los Estados suelen nuclear a su poblaciones diseñando historias que justifican su maravillosa existencia y sus inigualables virtudes. Siguiendo estas historias inevitablemente encontraremos que EE.UU es la nación más democrática del mundo; que Uruguay, por arte de birlibirloque declara su independencia en 1825 en el documento donde jura su unión a la Argentina “por los vínculos más sagrados que el mundo conoce”); y que Israel es un Estado pacifista que desde su nacimiento se vio arrastrado por los árabes a la guerra. Si pretendemos analizar la política que lleva adelante un Estado no podemos acudir exclusivamente a su historia oficial, sería como pretender analizar la bondad de los productos de una empresa por su publicidad, o evaluar las virtudes de una señorita desconocida en función de los elogios de su madre. Imaginemos que deseáramos estudiar la historia del robo y masacre de los nativos de las praderas y acudiéramos a los manuales de historia escolar norteamericanos. Esta operación que cualquiera de nosotros juzgaría desde todo punto de vista desaconsejable es practicada por eminentes intelectuales uruguayos con respecto al genocidio en Gaza. Julio María Sanguinetti comienza de esta manera su reciente artículo (1): “En un episodio más de la larga batalla que desde 1948 enfrenta Israel para sobrevivir en medio de Estados árabes que aspiran a su desaparición, la franja de Gaza ha vuelto a transformarse en una llama ardiente”. ¿Por qué el articulista data en 1948 el inicio de este conflicto? Por la astucia de iniciarlo a partir de una decisión internacional, pues a través de la ONU, las principales potencias resuelven la división de Palestina en dos Estados a partir del 15 de mayo de 1948. Los palestinos no aceptaron que esta partición se llevara a cabo en su territorio. Si viniera la ONU y le dijera a usted, lector, que el 55% de su casa se la darían a los sirios que vamos a recibir, ¿aceptaría esta orden entonando loas a la paz o se opondría con uñas y dientes? La actitud que tomaría el amigo lector es la misma que tomaron los palestinos y que tomaría cualquiera que no fuera un imbécil. La lucha palestina comienza con los primeros campesinos desplazados por colonos judíos. Si necesitamos determinar un acontecimiento que originara el actual conflicto, deberíamos viajar a 1901, cuando se crea el Fondo Nacional Judío, cuyo cometido era comprar tierras palestinas, o acaso podríamos remontarnos a 1898, al Primer Congreso Sionista. La creciente inmigración judía a Palestina era vista por los aborígenes con temor (la Historia ha justificado implacablemente que su temor era sumamente justificado). En 1919 la Comisión King-Crane que visitara Siria y Palestina para conocer la opinión de los pobladores respecto a la posibilidad de crear allí un Estado judío, establece que no es posible “crear un Estado Judío sin transgredir gravemente los derechos civiles y religiosos de las colectividades no judías de Palestina”. El informe, lamentablemente, estaba en lo cierto: los aborígenes y los colonos se enfrentaron en tumultos en el año 29, con un saldo de 133 muertos por el lado judío y 166 muertos por el lado árabe. La sistemática pérdida de tierra, amén de la negativa de los colonos a emplear trabajadores aborígenes, lleva a la insurrección palestina de los años 36 al 39, la cual, según conservadoras estimaciones que no comprenden el año 37, arrojó la cifra de 3112 muertos por el lado árabe y 329 muertos por el lado judío. Previo al fatídico 15 de mayo de 1948 los sionistas desarrollaron ciertas actividades terroristas a través de diversas organizaciones macabras. Su objetivo era provocar el éxodo palestino, limpiando el terreno y aterrorizando a la población en operaciones sumamente eficaces realizadas el día 12 de diciembre, el 14 de diciembre, el 20 de diciembre y el 29 de diciembre de 1947, el 19 de enero, el 10 de febrero, el 20 de febrero, el 13 de marzo, el 5 de abril, el 12 de abril, el 16 de abril, el 20 de abril, el 25 de abril, el 28 de abril y el 11 y 12 de julio de 1948. Ésta, con ser asombrosa, no es una lista exhaustiva de las actividades terroristas sionistas en aquellos dos años; agreguemos algunas otras: la noche del 9 de abril de 1948 se perpetra la masacre de la aldea de Deir Yassin. Terminada la operación, las autoridades judías se esfuerzan por impedir una inspección imparcial, mas venciendo esta resistencia, La Cruz Roja descubriría los cadáveres de 254 hombres, mujeres y niños. Tras esta masacre, y respondiendo a un sionista que le pedía su apoyo a la causa, Albert Einstein contestaría: “Cuando una catástrofe real y final caiga sobre nosotros en Palestina, el principal responsable por ésta será Gran Bretaña, y el segundo responsable serán las organizaciones terroristas nacidas desde nuestras propias filas. No me gustaría ver a alguien asociado con esa gente criminal y engañadora”. El 30 de diciembre de 1947, una fuerza conjunta del Palmach y la Brigada Carmel ataca al pueblo de Balad al-Cheikh, masacrando más de 60 palestinos. El 14 de febrero de 1948 el Palmach lleva a cabo una incursión en la aldea de Sasa. Resultado: veinte casas dinamitadas con sus habitantes; más de 60 palestinos asesinados, incluyendo, como siempre, mujeres y niños. El 22 de abril atacan Haiffa poco después de medianoche. Los pobladores huyen aterrorizados, pero son atacados por los puestos de avanzada judíos. Resultado: cien muertos. Mas hasta aquí hemos analizado junto a Sanguinetti la raíz del conflicto, veamos ahora su causa inmediata: “Todo comenzó con el asesinato de tres jóvenes colonos israelíes, seguido luego de otro de un joven palestino”. ¿En que se basa Sanguinetti para decir esto? En que Israel afirmó que lanzaría misiles apenas confirmó las muertes y los responsables. Tras el secuestro Israel detuvo a cien palestinos y los sometió, suponemos, a un interrogatorio. ¿Qué pueden haber confesado los cien palestinos interrogados? Lo mismo que confesaban las mujeres interrogadas por la Inquisición: que eran brujas y que copulaban en aquelarres con el Diablo de pene helado. Sometido a uno de estos interrogatorios, no bien pasado un minuto, es muy probable que Sanguinetti reconociera que en privado canta en karaoke a grito pelado It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll) de AC/DC (2). No lo culpemos, cualquiera de nosotros, sometidos a un interrogatorio de esta clase, confesaría cosas peores. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que Hamás, que si hace un operativo macabro lo admite orgullosamente, en este caso ha negado cualquier responsabilidad. El periodista alemán Christian Sievers, en declaraciones al programa “Auslands Journal”, de la cadena de televisión alemana ZDF, informó de los resultados de su investigación por la cual el asesino de los jóvenes no sería un palestino, sino un ciudadano judío, cosa bien sabida por las autoridades israelíes. No sabemos si este periodista arribó a la verdad. Sólo sabemos que antes del secuestro y asesinato de estos tres adolescentes judíos, hallaron la muerte dos niños palestinos a manos de un francotirador en la ciudad de Beituna. ¿Por qué no situar ahí la causa inmediata del bombardeo? Porque Israel pretende demostrar que “los otros empezaron”. Acaso algún palestino enloquecido, de Hamás o no, se desquitó en los tres adolescentes a raíz de los dos niños asesinados. Lo seguro es que a Israel presenta los hechos como respondiendo al terrorismo de los otros, aunque su respuesta sea terrorismo del bueno y por centuplicado. El saldo de este terrorismo de Estado es de todos conocido, en las últimas semanas 1800 muertos y más de 9000 heridos que quedarán discapacitados de por vida y odiando a Israel. Mas los responsables, según Israel y Sanguinetti, no son quienes bombardean Gaza y ya aplicaron su plan en tres escuelas de la ONU ¡NO!. Los responsables son la gente de Hamás, pues “¿Alguien ignora que se usa la población civil como escudo y que… ordena no desalojar los lugares que Israel indica como posibles objetivos?” Admito con vergüenza que ignoro si Hamás usa a la población civil como escudo. Ni lo niego ni lo afirmo. Lo único claro es que quienes bombardean escuelas, ambulancias y hospitales aseguran eso y al igual que Albert Einstein, “no me gustaría ver a alguien asociado con esa gente criminal y engañadora”. Hay tres cuestiones que me llevan a conjurar cierta nube de razonable escepticismo sobre la verosimilitud de esta acusación: la primera es que habida cuenta que hablamos del lugar con mayor densidad poblacional del planeta, no debe haber muchos sitios donde uno pueda esconderse, ni siquiera en las escuelas de la ONU. Parece que Israel anuncia dónde arrojará algún misilazo. ¿Y a dónde pretende que huya la gente si allí donde va, por ejemplo una escuela de la ONU, un hospital, un mercado o una playa, también puede caerle un misilazo? Ya murieron, al menos, 3 integrantes de la Cruz Roja, que cuenta además con 77 heridos. La segunda razón es que parece peregrino suponer que Hamás use de escudo las escuelas de la ONU. ¿Está Sanguinetti pretendiendo afirmar que la gente de la ONU, amén de los médicos de los hospitales y los imaginarios salvavidas de las playas, se prestan para las operaciones de Hamás? Es una acusación gravísima. Pero algo más que no cierra. Aparentemente Hamás los obliga a recibir en el pecho los misilazos ¿Esa es la manera a través de la cual gana las elecciones? Sanguinetti, no satisfecho con las manoseadas cartas que ha arrojado sobre la mesa, nos sorprende con la copia del más común de los lugares repetidos del plagio occidental: “Lo que se juega allí está mucho más allá de Hamas y el propio Israel: es el sistema de valores de nuestra civilización, agredido por los mismos que volaron las Torres Gemelas en Nueva York o la estación de Atocha en Madrid y que ven en el Estado judío apenas la primera muralla defensiva de esa enorme construcción que a lo largo de los siglos hicieron Jerusalem, Atenas y Roma y que se ha llamado históricamente Occidente”. Esta poética frase excluye la responsabilidad de la ultra derecha árabe en diversos atentados y responsabiliza “mucho más allá de Hamas” al mundo árabe todo. Es muy difícil, realmente, poder asir desde algún lugar este esperpento filosófico, pero intentaremos un abordaje. Sanguinetti ya tiene resuelto que los árabes derribaron las Torres Gemelas. Las pruebas que tiene, suponemos, fueron obtenidas a partir de interrogatorios macabros que por diversas causas no han convencido a la tercera parte del público norteamericano, que opina que si los atentados no los realizó el gobierno, al menos no hizo nada por evitarlos. En cuanto a “esa enorme construcción que se ha llamado Occidente”, se ha construido en constante mixtura con Oriente de tal manera que el aporte de Jerusalem reconoce una poderosa herencia de Babilonia y poco tendríamos de los griegos sin los árabes. Toda aquella “enorme construcción que hicieron Atenas y Roma” se erigió sobre la base del trabajo esclavo de enemigos vencidos que “esa enorme construcción” consideraba inferiores. Con dolor admitimos que el símbolo actual de “esa enorme construcción” es una botella de plástico que arriba a la última de las playas vírgenes. Veamos, amable lector, “el sistema de valores de nuestra civilización”, precisamente en “la primera muralla defensiva” ante el asedio de los bárbaros. Ya hemos visto que no se sostienen las excusas de Israel, bombardear defensivamente pueblos enteros para aniquilar terroristas, pues el bombardeo y la masacre generalizada generan sufrimiento y terroristas por doquier. ¿Por qué exprofeso se generan terroristas del otro lado? ¿Qué viento impulsa este genocidio? 1- La necesidad de unificar a la población a través de un enemigo común, pues como el propio fundador del sionismo dijera, “una nación es un conjunto de personas… que se mantienen unidas por causa de un enemigo común”. Para lograr esto se necesitan dos cosas: lavarle el cerebro a la población (en esto, con diversos matices, todos los Estados se asemejan); y mantenerla amedrentada a través de una guerra infinita. 2- Habida cuenta que se estimula la guerra y que la población está obligada a vivir una histeria constante, cuando la ultra-ultra derecha acusa a la ultra derecha de connivencia con los árabes, la ultra derecha utiliza el eficaz método de los bombardeos para no perder caudal electoral, algo que sucede muy a menudo en las democracias de “esa enorme construcción que se ha llamado históricamente Occidente”. 3- La apuesta a un desarrollo económico cuyo motor y combustible es un estado de guerra permanente. Para salir de la crisis económica del 2002, el gobierno israelí incrementó un 10,7% el gasto militar y “fomentó la industria de la tecnología diversificándola, pasando de las tecnologías de la información y la comunicación a la seguridad y la vigilancia”. “Como resultado, las exportaciones de Israel en productos y servicios relacionados con el antiterrorismo se incrementaron un 15% en 2006 y se proyecta que crezcan hasta un 20% en 2007, sumando un total de 1.200 millones de US$ anualmente. Las exportaciones de defensa del país en 2006 alcanzaron el récord de 3.400 millones de US$ (en comparación con 1.600 millones de US$ en 1992) haciendo de Israel el cuarto comerciante de armas más grande del mundo, mayor que el Reino Unido”.”La bolsa de valores de Tel Aviv subió en agosto de 2006, el mes de la devastadora guerra con el Líbano. Al final del último cuarto del año, la economía de Israel creció en su conjunto un asombroso 8%, más del triple de la tasa de crecimiento de la economía de EE.UU en el mismo período”. Ésta es la triste realidad, “la clave del crecimiento se basó en el envío de software y de chips informáticos a Los Ángeles y Londres y no de buques de carga pesada a Beirut y Damasco”(3). La industria israelí del armamento exporta actualmente 7,5 mil millones de euros. El lector puede entender cómo funciona este mecanismo: de igual manera que la industria del medicamento se arruinaría desde el momento que curara las enfermedades, una economía que se basa en la excelencia de su lucha contra el terrorismo debe mostrar, de manera propagandística, su eficacia constante en la lucha contra el terrorismo. Sanguinetti culmina su diatriba con una perdigonada de loables propósitos: “El tema reclama serenidad en el juicio. Pero también hablar claro, para que la verdad pueda tener algún espacio y se discuta sobre hechos y no fantasías, sobre razones y no dogmas, sobre historias comprobables y no imaginarios relatos”. Precisamente “para que la verdad pueda tener algún espacio” necesitamos que nos informe si su partido tiene algún tipo de vínculo con la comunidad sionista en el Uruguay, o eventualmente, si tiene algún vínculo con la comunidad palestina del Chuy. Uno teme que nuestros políticos podrían llegar a manifestar cierta tendencia a apoyar los negocios de sus socios, o al menos de aquellos que financian sus campañas, o en todo caso, a seguirle la corriente a sus electores. No sea cosa que se comportaran como el presidente norteamericano Harry Truman: “Lo siento señores, pero tengo que satisfacer a cientos de miles que están ansiosos de ver el éxito del sionismo. No tengo cientos de miles de árabes entre mis electores”. Esto es hablar como dios manda para la mayor gloria de “el sistema de valores de nuestra civilización”. Proceder de otra manera sería verse impulsado por “una suerte de humanismo bobalicón y frívolo que se orienta hacia el más débil”. Así razona una corriente de nuestra civilización autoconsiderada inteligente, mas a nuestra mente acude una superior definición de inteligencia que nos regalara Jorge Luis Borges. Con las palabras del poeta incomparable que nos abriera las puertas a las maravillas de Oriente y Occidente, nos despedimos a un tiempo de nuestro adversario y del amable lector: “Mi padre era muy inteligente y, como todos los hombres inteligentes, muy bondadoso. Una vez me dijo que me fijara bien en los soldados, en los uniformes, en los cuarteles, en las banderas, en las iglesias, en los sacerdotes y en las carnicerías, ya que todo eso iba a desaparecer y algún día podría contarles a mis hijos que había visto esas cosas. Hasta ahora, desgraciadamente, no se ha cumplido esa profecía”. (1) ¿Qué es la desproporción? http://www.correodelosviernes.com.uy/Que-es-la-desproporcion.asp (2) https://www.youtube.com/watch?v=uIXV0cir4-E (3) Naomi Klein. La doctrina del shock
Las raíces del terrorismo israelí (Respuesta a Sanguinetti)
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