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Realizado por: Víctor Enriquez UNAM Méx. 2012.

RESUMEN LECTURA 1 UN CLÁSICO

Psicología colectiva como moda a principios del siglo XX, las disertaciones sociales sobre la psicología social nacen en el siglo XIX, en la actualidad el autor asevera que la psicología colectiva con un carácter estudiantil, caprichoso, es una desilusión causada por la forma en que esta es impartida en las aulas universitarias: “entrampadas de soliloquios sobre lo verdadero, lo curricularmente exacto, actual y apropiado”, enfrascando la teoría en lo didáctico y lo correcto, cuando las necesidades deberían de ser otras, o la propuesta de lo que debería ser la psicología colectiva dista de lo que se aprende en la universidad.

En la transición del siglo XIX al XX suceden un gran número de reflexiones psicocolectivas de carácter pseudointelectual, en donde se pretendía encontrar las soluciones a los sucesos contemporáneos a través de la psicología y buscar una explicación a lo acontecido en la política y lo social, cualquier persona opinaba acerca de todas las circunstancias, en el presente se abren los diálogos y discusiones para validar o refutar una versión de conocimiento, realidad o hecho social.

De nueva cuenta empieza a avanzar la conciencia antes que la ciencia, el autor refiere que en un principio antes de que la psicología social se comenzara a publicar, la psicología colectiva ya se encontraba en el pensamiento común, tanto así que en los discursos de carácter político históricos y sociales se podía vislumbrar un intento de psicología social, aunque el intento de darle credibilidad a esta postura, era dificultoso por la descalificación general que existía por mantenerla como presuposiciones y argumentos sin fundamento. A partir de estos inicios turbios en donde la iniciativa de psicología social se mantiene entrelineas y discurso pseudointelectual, nace la postura de desechar todo esto como el inicio de la psicología social, y entender de nueva cuenta otro principio para ella.



El inicio histórico de la psicología social no es sencillo como aparentaría en la historia de las ciencias, en el texto se explica esta dificultad para reconocer el inicio del nacimiento de la psicología social como tal, por el olvido institucional, además de su inaprehensiblidad espacio-temporal en comparación con las demás ciencias, que estas en esos tiempos iban obteniendo fortaleza en sus propios campos de conocimiento, la génesis de lo que sería la psicología social en cambio navegaba por distintos escenarios que iban desde conversaciones coloquiales, rumores, temores, afectividades morales, políticas entre otras, en esos tiempos se escribía acerca de la psicología social, se hablaba de ella, y se compartía su conocimiento.

La aproximación que cabe mencionar a un intento de psicología social es de parte del por muchos considerado el padre la psicología como ciencia, Wundt con su proyecto de la psicología de los pueblos, aunque no tuvo tanto éxito como con su laboratorio de psicología experimental, es un intento favorable a la identificación de esta nueva ciencia.

Wundt

Pasaron los años y también los padres fundadores de esta nueva ciencia, y sus transmutaciones como fueron: la psicología de las multitudes, psicología histórica, psicología colectiva y otras versiones, que finalmente serían clasificados como tendenciosas y peor que eso, poco interesantes como constructos teóricos y como ciencias.

El mayor esfuerzo en esa época por cientificidad en el entendimiento de lo que son los grupos humanos lo obtiene la psicología social, aunque las masas y las multitudes fueron demasiado grandes e impalpables, el temor a las grandes masas era a su espontaneidad, podían estar en cualquier parte, desaparecían y aparecían en cualquier momento, producían un carácter de incertidumbre, siendo capaces de cualquier destrucción o acto fuera o no correcto.

Autores como Gustave Le Bon, Ortega y Gasset exigieron una explicación mayor a lo que es la multitud, escribieron acerca de la multitud buscando desentrañar el porqué de estas, y trascender el concepto y dominar el miedo que provocaban.

Le Bon

No es fácil precisar el inicio de la psicología social pero podemos mencionar entre la literatura clásica que la compone lo escrito por Le Bon en su Psicología de las Multitudes, Gabriel Tarde y sus Leyes de la Imitación y los escritos de Durkheim sobre el fenómeno social como producto de la conciencia colectiva, utilizando la fecha en donde es mayor el número de escritos concentrados en lo que refiere a la vida social, en el principios del siglo XX, aparecen tres libros que utilizan el titulo de psicología social.

Durkheim

Blondel en 1928 redactó el libro de Introducción a la Psicología Colectiva profundiza entre
las polémicas establecidas, a saber, lo psicológico versus lo sociológico, lo material versus lo mental, los procesos psicológicos básicos versus los procesos mentales colectivos y
Tarde versus Durkheim.

Para Blondel:“Tarde y Durkheim, no estaban hechos, por naturaleza, para entenderse” y no era por las influencias que cada uno tendría, ni por el contexto, ni por la formación personal, ni porque Tarde prefiriera a Leibniz y Durkheim a Descartes, si no porque estaban completamente inmersos en un desacuerdo sobre lo que sus bosquejos de psicología colectiva proyectaban, una muy científica; la otra, abundantemente literaria.

“Para Durkheim, la sociedad es una realidad. […]Para Tarde, la sociedad es una abstracción” Lo cual significa que cada uno de ellos estaba convencido de que su proyecto de psicología colectiva no estaba en un camino errado, empero, Tarde propone una “interpsicología”, Durkheim responde a través de una sociología científica.

Blondel intenta ubicar a la psicología colectiva como un escenario distinto al de la psicología individual y al de la psicología diferencial en la que quedaron entrampados Durkheim y Tarde, postulando que son estas las que son dependientes de la psicología colectiva, y que sólo a partir de esta última pueden ser tangibles y reales. Otras de las reflexiones fundamentales de Blondel es aquel concerniente a su descripción de lo que comúnmente se reconoce como procesos psicológicos básicos, a saber, la percepción, el lenguaje, la memoria y los afectos, los cuales siempre se ubican a nivel individuo, pero es con Blondel, junto con Wundt, el filósofo George Herbert Mead o el psicólogo marxista Lev Semionovich Vigotsky, cada cual por su cuenta y con sus presupuestos, donde la discusión acerca de los mismos se posiciona a nivel colectividad, como procesos mentales superiores, o como una conversación interna consigo mismo y con los otros.



El trabajo de Pasquale Rossi, Sociología y Psicología Colectiva, un texto que recoge todas sus reflexiones pasadas dispersas en diversos artículos, cuyo común denominador era la aparición, permanencia y descripción de las muchedumbres, con este libro se avanza en la propuesta de lograr la educación de las multitudes, además de esclarecer el papel de la psicología colectiva como ciencia original, con un determinado intercambio disciplinar con la psicología y sociología además de tener un objeto de estudio identificado, la multitud.

Rossi en su trabajo argumenta por las leyes que la psicología colectiva:

“Las propias y verdaderas leyes de la psicología colectiva, que se nos revelan por la observación, pueden reducirse a tres y son”:
1. La reunión de varias personas no da un resultado igual al de la
suma de cada una de ellas (Ferri). Esta es la ley del producto
psíquico.
2. En la multitud el pensamiento se resta y el sentimiento se
suma (Sighele).
3. Las almas en la multitud se comunican lo que tiene de más
atávico. Esta es la ley hiper-orgánica.

Rossi crea el concepto de “alma colectiva” una entidad irreductible a la multitud, y mucho menos a los individuos que la componen, estos y aquella –la multitud– son una explicación insuficiente y simple de aproximarse al fenómeno. Junto con los constructos teóricos que describen la vida interna de la multitud la sugestión, la sinestesia, la sinergia, traducibles a lenguaje coloquial y cotidiano como ritmo, forma y sociabilidad.

En el texto se reconoce a Sighele como el fundador teórico de la psicología colectiva, su obra Ensayo de Psicología Colectiva, termina el debate entre la psicología colectiva y la sociología de la siguiente forma: “La psicología colectiva tiene, pues, una esfera distinta y sigue en su desarrollo una trayectoria diametralmente opuesta a la de la sociología; se extiende cuando esta se retira, y sus leyes dominan allí donde las de la sociología pierden su imperio”.



RESUMEN LECTURA 2 LA MEMORIA SOCIAL

El segundo texto comienza de la siguiente forma: la memoria individual no es sólo personal: “...los recuerdos que constituyen nuestra identidad y proporcionan el contexto para cada pensamiento y acción no sólo son nuestros, sino que también los aprendemos, tomamos y heredamos en parte de unas reservas comunes, construidas, sostenidas y transmitidas por las familias, las comunidades y las culturas a las que pertenecemos...”

Como seres temporales, inmersos en el devenir social implantado en la súper estructura consensual cronológica la manera en la que interpretamos las estructuras sociales, los fenómenos que se desarrollan a nuestro alrededor, nuestras representaciones del mundo o nuestras pautas de actuación no pueden, pues, entenderse ni separarse del momento histórico en que han emergido y se han constituido, así como tampoco pueden separarse de los diferentes procesos históricos que dan lugar a su aparición, por lo tanto no se puede separar el tiempo de las acciones, ni viceversa.
La dimensión histórica implica la consideración de la realidad social como proceso. Cualquier fenómeno social tiene una temporalidad y cambia con el tiempo. No puede analizarse como producto acabado. En caso de hacerlo, estaríamos prescindiendo de su proceso de constitución, omitiendo el transcurso de su desarrollo, que es el que ha llevado a que sea tratado de una determinada manera en un momento histórico concreto.

No podemos recuperar un pasado inalterado del flujo temporal, y debemos admitir que el pasado se interpreta y se resignifica cambiando en función del presente. El tiempo nunca deja de fluir, y en este discurrir, se insertan nuevos acontecimientos, situaciones, hechos... que obran sobre el pasado. A esta construcción significativa del pasado no solo incorporamos acontecimientos de diferentes pretéritos, sino también contemporáneos, adhiriéndole distintos aprendizajes, conocimientos y experiencias vitales. Con todo ello, iniciamos un proceso de comprensión y creación de significado que comporta la apertura de multitud de interpretaciones y resignificaciones.

Todos estos hechos hacen que transformemos nuestra memoria, implicando la elaboración de un nuevo sentido del pasado a la luz de los acontecimientos posteriores, utilizando un discurso que ordena el pasado de forma que quede legitimado al orden social actual.

El relato histórico de cualquier colectividad, la identidad nacional de un pueblo, es un constructo basado en la memoria, conjugándose el elemento individual con el colectivo. Pero, ¿en qué medida actúan uno u otro? Lo que recordamos, cómo lo recordamos, las circunstancias que elicitan ese recuerdo, ¿dependen de nuestra pertenencia al colectivo vinculándonos, por tanto, con los demás miembros? ¿Existe la memoria social como construcción colectiva? Para el autor la respuesta es afirmativa, aunque yo me atrevería a decir en este punto que no necesariamente, digo esto en el sentido de que la memoria histórica no es creada por la colectividad sino por algunos cuantos y estos transmiten de la misma forma a otros, pero no podría afirmar que la colectividad completa conoce ni la historia creada por unos cuantos, ni mucho menos la historia completa.

Hablando de los recuerdos, los grupos sociales -en su diversidad- construyen sus propias imágenes del mundo, estableciendo una versión tácitamente acordada del pasado. La memoria social no es inmutable, sino un proceso de negociación constante y mediatizado entre el individuo y el/los colectivo/s de pertenencia. Y solo puede ser social si es capaz de transmitirse.



Los recuerdos también son un producto de la mente y, como tales, son signos, y los signos no recubren algo preexistente sino que lo conforma y lo crea. Los recuerdos no existen antes de que sean formulados por un actor, y son deudores de unas coordenadas sociales, culturales e históricas.

Podemos comprobar así cómo, en la construcción que realizamos del pasado, elaboramos descripciones plausibles, relatos y explicaciones convincentes y expresivas, narraciones significativas que se adecúan a los discursos que circulan en la sociedad, para que puedan ser pertinentes al contexto en el que se producen, utilizando el lenguaje como medio para ofrecer y sostener diferentes versiones, a través de su capacidad argumentativa y retórica.

Como ejemplificación del hecho del “ajuste” de la memoria al discurso actual, podríamos tomar diferentes hechos o símbolos que tenemos a nuestro alrededor: numerosas ciudades tienen plazas, calles, escuelas con el nombre de fallecidos dictadores o con el nombre de algunos ministros del régimen, esto se refiere exclusivamente a España y su memoria social del periodo de la dictadura de Franco.



En el texto se concluye de la siguiente forma: la Memoria Social, la circulación de la memoria, la construcción y la reconstrucción de la Memoria son de vital importancia, en la medida en que ayuda a legitimar o deslegitimar un sistema y asimismo en la medida en que la legitimación o deslegitimación de un sistema pueden favorecer el desorden y consecuentemente, el cambio.

La institucionalización de la memoria colectiva corre a cargo de las conmemoraciones. Se trata de preservar la continuidad intentando preservar experiencias pasadas para legitimar la situación presente y se puedan, así, prescribir las expectativas de futuro.

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