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La Maquinaria del populismo, una nota del lúcido Marcos Aguinis



No lo confiesa, pero es irrefutable: el populismose basa en el corto plazo. No tiene ni quiere tener una visión estratégica,aunque mienta por sistema, y diga lo contrario. Por  eso recurre a términos como"modelo" o "socialismo del siglo XXI". Ese modelo y esesocialismo no existen. Sólo existen el poder y el dinero para unos pocos. Podery dinero que se incentivan de forma recíproca y embolsan a creciente ritmo. Pordinero y por poder se llega a la aceptación de todo, en busca del blindaje queofrece la impunidad. "Profundizar el modelo" es robar y acumular máspoder para unos pocos. En los populismos decaen los valores y se enloda ladignidad.





El populismo, para ganar y sostenerse, ofrecebienestar hoy (o aparente bienestar), sin importarle el mañana. Estimula elfacilismo y la irresponsabilidad para conseguir adeptos, por lo cual laproductividad baja. No estimula la formación de mano de obra calificada, niestimula nuevas fuentes de trabajo. No disminuye de forma drástica la pobreza,sino que brinda a manos llenas el consuelo de la limosna. El permanente ascensosocial no es logrado por ningún populismo. Esa no es su verdadera intención. Ellíder y su aparato burocrático "proclaman" que se solidarizan con lospobres. Pero es mentira, porque equivaldría a su suicidio. Sin pobres elpopulismo fallece. Los países que han conseguido minimizarlos no son populistasni son tomados como ejemplo. La protección del gobierno populista a losempresarios que son sus amigos le ayuda a mantener la caja, no a incrementar lainversión. Y quienes expresan su disconformidad deben someterse a controles,extorsiones y hasta exilio.






Es obvio que el espíritu empresarial languidezcabajo la amenaza, el miedo y la incertidumbre. La competencia es uninconveniente para el populismo en todos los niveles (incluso estudiantil)porque exige esfuerzo y el esfuerzo es descalificado porque no recauda votos.Enconsecuencia, se iguala siempre para abajo, lo cual incrementa la pobreza.
Se aísla el país del mundo con medidas proteccionistas que anhelan ocultar eldescenso del desarrollo. Las exportaciones se reducen a unos pocos productosdebido a la falta de seguridad para una inversión diversificada. Se multiplicade forma incalculable la corrupción, al extremo de conseguir que este pecado seacepte como algo normal. También se tiende al partido único o un partidodominante que no ceda el poder. En algunos casos el partido dominante dura másque el líder fundador, lo que da lugar a una sucesión de mandatarios que sedisfrazan de demócratas, pero obstruyen con ferocidad la alternancia. Es otrade sus trampas. Además, los discursos justicieros calientan la atmósfera ymantienen confundida a gran parte de la población.





Para sacudirse de los hombros lagarúa envenenada que en algún momento empieza a caer sobre los líderespopulistas cuando las "amadas masas" descubren que fueron engañadas,gritan que la culpa la tiene otro. El populismo es genial en la invención deenemigos. Los va cambiando según la ocasión: empresarios, Iglesia,corporaciones, inmigrantes, medios de comunicación, bancos, potenciasextranjeras y así en adelante.
Nunca se trata de poner límites al resentimiento. Por el contrario, es unahoguera a la que se echa leña sin cesar, apasionadamente. Mientras más altaslas llamas, mejor el resultado. De esa forma se tiene ocupada a la nación enuna furiosa pelea entre sus integrantes, mientras quienes se benefician con elpoder y el dinero recogen la cosecha.





El zarzal florecimiento del populismo en América latina aumenta las dificultades. Casi siempre se maquilla de izquierdismo oprogresismo. Pero no es lo uno ni lo otro. El populismo es un vocablo políticoque empezó en la antigua Roma y resucitó a fines del siglo XVIII. Algunosteóricos se empeñan en resaltar sus virtudes. Pero los socialistas y comunistassiempre lo han criticado, porque lo ven como una vigorosa muestra degatopardismo. Y es verdad. Promete cambios, pero sólo adopta medidassuperficiales para que todo siga igual. Pone curitas a las heridas profundas.Convierte al idealizado pueblo en un niño que entusiasma con golosinas ycuentos de colores. Apunta a una suerte de protodemocracia que parece defendera los obreros, los pequeños emprendedores, los sindicatos, la baja clase mediay la cultura autóctona. Recurre al nacionalismo con espolvoreo de xenofobiapara mantener siempre abierto un costado del odio, tan necesario para conservarel poder.
Como dijimos, el populismo se ha mostrado incapaz de eliminar la pobreza y ladesigualdad. La mayoría de sus líderes aborrecen a la izquierda genuina, perocoquetean con ella. Afirman ser distintos a los regímenes que piden eternossacrificios en nombre de recompensas que sólo llegan al grupo dirigente. Elpopulismo promete un nuevo sistema, ni capitalista ni comunista. ¿Recordamos"la Tercera Posición"? ¿Recordamos "ni yanquis ni marxistas:peronistas"? Además, casi siempre desemboca en el culto a la personalidad.En lugar de más democracia hay más genuflexión ante el "adorable"líder.





En el período de la última república romana aparecieron sinceros líderesllamados populares (o factio popularium : "partido de los delpueblo" que se oponían a la aristocracia tradicional y propugnaban unamejor distribución de la tierra, aliviar las deudas de los más pobres y dar mayorparticipación al grueso de la gente. Entre ellos, figuraban los Gracos,Sulpicio Rufo, Catilina y nada menos que Julio César. Contra estas figurasbatalló una gran cabeza como la de Cicerón. ¿Aquellos fueron buenos y losactuales son malos?
En el siglo XVIII, como ya indiqué, resucitó este concepto. En Alemania habíatomado jerarquía la difusa palabra Volk (pueblo), que Herder enaltecióal desarrollar el Volkgeist (espíritu del pueblo). En Rusia sedifundió el Narod , con igual significado. Como consecuencia negativa,en Alemania se desarrolló el pangermanismo y en Europa oriental, elpaneslavismo. Pero recién fue Napoleón III quien instituyó la asistencia socialcon fines demagógicos y tuvo el claro propósito de someter el poder judicial ylegislativo bajo su cetro. En América latina se lució un gran predecesor, nadamenos que Simón Bolívar. Cuando este héroe puso término a las guerras de laindependencia, en 1825 se hizo nombrar presidente vitalicio de Bolivia y Perú,con el anhelo de extender su dominio a la Gran Colombia.Quienes se atrevieron a criticarlo recibieron una respuesta digna del absurdoionescano: "No será legal, pero es popular y, por lo tanto, propio de unarepública eminentemente democrática"... No es casual que los llamadospaíses bolivarianos sigan ese ejemplo.
En síntesis, el populismo fascina y enamora, desencadena emociones y aumenta laalienación. Les hace daño a sus naciones, pero no a sus líderes, que suelenhuir a tiempo con sus maletas bien cargadas.



Por Marcos Aguinis

Definicion:

El diccionario Larousse define al populismo como "doctrina política

que pretende defender los intereses y aspiraciones del pueblo"
Conclusion:

"El populismo ama tanto a los pobres, que los multiplica"
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