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verdadero cruce de los andes

Info3/1/2012
El verdadero cruce de los Andes La operación militar distó mucho de ser un simple cruce de tropas en alta montaña, por lo que es uno de los grandes hitos del proceso independentista. No pocos hechos de nuestra historia son en realidad desconocidos por estar tratados de ordinario, con una prodigalidad de clichés, frases hechas y lugares comunes, que consiguen opacar y dejar de poner en rigurosa perspectiva su real trascendencia. Uno de ellos es el cruce de los Andes por el General San Martín y su ejército. Para la gran mayoría, don José cruzó esas inmensas montañas andinas con su ejército para liberar Chile y luego tomar el centro del poder colonial, en Lima. Es verdad, pero no toda la verdad. No es que las alturas andinas fueran simplemente atravesadas por 5.200 soldados con todos sus bagajes, lo que de por sí resultaría una hazaña. Los Andes fueron tomados, conquistados militarmente, en una serie de efectivos golpes de mano, cumplidos por lo que hoy se podría decir eran "fuerzas especiales", en tanto el grueso del ejército sanmartiniano avanzaba. La verdad es que los realistas de Chile tenían avanzadas fortificadas en puntos críticos, en los pasos clave de la montaña, por lo que no sólo había que despejar los pasos de españoles en varios lugares, sino que ello debía hacerse de tal forma que las tropas realistas allí destacadas no pudieran dar un aviso a sus superiores en Chile, para no revelar el lugar del cruce. Una sucesión de batallas. Es por ello que durante todo el paso de los Andes se libran encuentros de armas entre pequeñas formaciones. El 24 de enero, en Picheuta, se produce el primer hecho: Granaderos y una compañía del batallón 11 de infantería hicieron replegar al enemigo hasta Río de las Vacas, donde lo pusieron nuevamente en fuga. Al día siguiente, en Potrerillos se libra otra batalla, de resultado incierto. El 3 de febrero, 150 infantes montados en mulas, en el caserío de Guardia Vieja, en el valle del río Juncal, asaltan una posición fortificada de 100 realistas. En Achupallas, el 4 de febrero, un piquete de granaderos al mando de Lavalle logra dominar la guardia de 100 realistas que se hallaban allí apostados. El 7 de febrero, 160 granaderos derrotan en Las Coimas a 400 carabineros del rey. Como puede apreciarse, la operación militar distó mucho de ser un simple cruce de tropas en alta montaña, constituyéndose, por tanto, no sólo en uno de los grandes hitos de la historia argentina, y del proceso independentista latinoamericano todo, sino también en una de las mayores hazañas de la historia militar universal. Pero su éxito no fue una cuestión de azar, o buena estrella, sino el fruto de una minuciosa planificación. Para que la artillería no se deteriorara con los golpes, se la envolvió con cueros, y se la transportó con cuerdas, zorras y cabrestantes. Para cruzar los ríos, cargaron con un puente móvil, armable y desarmable. Y toda la tropa estuvo no sólo bien abrigada, con gruesos ponchos, mantas y pieles de carnero, sino también dotada de alimentos y bebidas pensados para hacer frente al frío extremo de las alturas andinas: una mezcla de harina de maíz y charque en rama, a la que se le agregaban agua y otros condimentos, era el menú habitual. Por la noche se daba un trago de vino o aguardiente para pasar el frío nocturno. Asimismo, tanto el ajo como la cebolla se utilizaron para combatir las enfermedades de altura y poder continuar la marcha por pasos que se encontraban sobre los 3.800 metros sobre el nivel del mar, y hasta unos cinco mil metros. ¿Parangón? Como ha dicho el historiador y especialista en el tema Leopoldo R. Ornstein: "Algunos tratadistas han establecido un parangón entre el paso de los Andes con el de los Alpes por Aníbal, primero, y por Napoleón, después. La similitud es muy relativa, por cuanto difieren en forma muy pronunciada las dimensiones y características geográficas del teatro de operaciones, como también los medios y recursos con que fueron superadas en cada caso ambas cadenas orográficas. Esas diferencias son, precisamente, las que presentan la hazaña de San Martín como algo único en su género. En efecto: Aníbal cruzó los Alpes por caminos que ya en esa época eran muy transitados, por ser vías obligadas de intercambio comercial. Y aunque no pueda afirmarse que su transitabilidad fuese fácil, tampoco debe considerarse que pudiera presentar grandes dificultades, puesto que el general cartaginés pudo llevar consigo elefantes, carros de combates y sus largas columnas de abastecimiento. San Martín atravesó los Andes por empinadas y tortuosas huellas, por senderos de cornisa que sólo permitían la marcha en fila india, imposibilitado materialmente de llevar vehículos y con la necesidad de conducir a lomo de mula su artillería, municiones y víveres, aparte de haber tenido que recurrir a rústicos cabrestantes e improvisados trineos para salvar las más abruptas pendientes con sus cañones. ¿Habría podido Aníbal franquear las cinco cordilleras de la ruta de Los Patos, escalando, con elefantes y vehículos, los cinco mil metros del Paso Espinacito?". Por su parte, contrapuesto el cruce sanmartiniano al de Napoleón, los números se inclinan decididamente hacia el Libertador: el pequeño gran corso conduce su ejército por una altura media de 2.500 metros, contra 3.800 y hasta 5.000 del de San Martín; su frente de operaciones es de 160 kilómetros contra 800 del nuestro; los recorridos máximos y mínimos de las columnas francesas son de 280 y 135 kilómetros, respectivamente, contra 750 y 380 kilómetros de las nacionales; el ancho del macizo alpino era de 100 kilómetros contra los 350 kilómetros de los Andes. Y para rematar, en la zona del cruce alpino existían varios centros poblados y valles con producciones diversas, en tanto que en los Andes, por donde atravesó San Martín, había una total ausencia de poblaciones, con valles áridos sin productos de ninguna clase, por lo que debió llevarse hasta la leña para encender fuego y el forraje para los animales. Negros y cordobeses. Un dato no muy conocido es que poco menos de la mitad de las tropas eran soldados de raza negra, ex esclavos originarios de Angola, Guinea y el Congo. San Martín siempre tuvo un cariño particular por estos soldados, que a su vez lo idolatraban. Otro detalle relegado en la memoria histórica es la contribución brindada por los militares cordobeses al cruce. Es que los cívicos de Córdoba, al mando de Las Heras, ya en 1813, como "auxiliares de los Andes", habían sido las primeras tropas en cruzar hacia Chile, a los efectos de apoyar el movimiento independentista en esas tierras. Ahora, como parte del Ejército de los Andes, pusieron en la empresa todo su conocimiento y experiencia para lidiar con la montaña. Todo ello contribuyó a que, luego de casi tres semanas de marcha, las dos columnas principales de San Martín, el 8 de febrero de 1817, ocuparan los pueblos de San Antonio de Putaendo y Santa Rosa de Los Andes, luego de franquear la cordillera y en condiciones de enfrentar con éxito a las fuerzas realistas que sometían a Chile.
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