El capitalismo y la democracia están unidos como hermanos siameses, ¿no? Ese el mantra durante la Guerra Fría, cuando quedaba sobradamente claro que comunismo y democracia eran incompatibles. Después del final de la Guerra Fría, las cosas se volvieron más turbias. Recuérdese que prácticamente todos los altos ejecutivos y todos los presidentes de Estados Unidos (sobre todo los dos Bush y Clinton) nos decían que llevar el capitalismo democratizaría China.
A lo largo del último año, el capitalismo se ha llevado buenamente la democracia por delante.
Para que no piensen que exagero, consideremos la entrevista que Alex Stubb, ministro para Europa del gobierno derechista de Finlandia, concedió al Financial Times el pasado año [19-20 de noviembre]. Los seis países de la eurozona con calificación de triple A, afirma Stubbs, deberían tener más voz en los asuntos económicos europeos que los once miembros restantes. Los derechos políticos de la Europa meridional y oriental quedarían subordinados, esencialmente, a los de Alemania y Escandinavia... o a las agencias de calificación crediticia, que andan amenazando con rebajar la de Francia (reduciendo de este modo el número de países europeos con capacidad decisoria de seis a cinco).
Lo que Stubb está proponiendo, y lo que están haciendo los mercados, consiste esencialmente en extender al dominio de las naciones antaño-igualmente-soberanas el principio de un-dólar-un-voto que nuestro Tribunal Supremo consagró en su decisión respecto a Citizens United el año pasado . La exigencia de que hay que ser propietario para poder votar -abolida en este país a principios del siglo XIX por los demócratas de Jackson- ha resucitado gracias las poderosas instituciones financieras y sus poderosos aliados. Para las naciones de la unión monetaria europea, la "propiedad" que necesitan para asegurarse su derecho al voto consiste en la adecuada calificación crediticia.
Sin embargo, todo esto parece muy extraño. La idea de que se produce un conflicto entre nuestros sistemas económicos y políticos resulta difícil de aceptar, y no sólo en los Estados Unidos. También en Europa se ha asumido que democracia y capitalismo (al menos el capitalismo social europeo) van de la mano. Así es en buena medida debido a que ambos sistemas prosperaron en aparente armonía durante las tres décadas que siguieron a la II Guerra Mundial. Los beneficios aumentaban a medida que subían los salarios y se desarrollaban las prestaciones sociales. Pero, ¿y si esa paz de los 30 años hubiera sido la excepción de un estado más corriente, el del conflicto entre los mercados y el pueblo?
Ahora contraatacan los mercados. Napoleón no pudo conquistar toda Europa, pero aún puede ser que Standard & Poor's, sí. Están surgiendo conflictos entre capitalismo y democracia por todos lados. Y puede que los europeos -y hasta los estadounidenses- tengan pronto que encarar una pregunta que no han considerado desde hace muchísimo tiempo, si es que alguna vez lo han hecho: ¿de qué lado están?
El actual mandatario demócrata Barack Obama busca la reelección en medio de la desilusión generalizada por parte de muchos de los que lo aclamaron cuando llegó al poder en 2008. Y de una crisis económica que muchos creen enterrará sus aspiraciones de obtener otros cuatro años en la presidencia.Sin embargo, incluso frente a ese panorama poco halagador para Obama, son muchos los que piensan que el resultado de las elecciones del próximo 4 de noviembre no estará determinado tanto por lo que los estadounidenses piensen del presidente, sino por la clase de alternativa que presenten los republicanos. Y eso podría salvarlo.
Hay quienes piensan que Obama puede beneficiarse del radicalismo ideológico que se le atribuye a varios de sus potenciales contrincantes en el partido republicano."Cuando le pregunté a un veterano dirigente republicano sobre quién podría derrotar a Obama, me respondió tranquilamente: 'Cualquier mamífero'. El problema, agregó el político, es que todos los posibles contendores son reptiles",En el abanico de los aspirantes a la nominación republicana, el exgobernador de Massachussetts Mitt Romney y el exmandatario de Utah Jon Huntsman son frecuentemente señalados como centristas y moderados.Los demás aspirantes están más a la derecha del espectro ideológico."Los sentimientos de los activistas republicanos, especialmente los del Tea Party, han llevado al partido más en esa dirección".El resultado es un ambiente político polarizado en el que, por ejemplo, Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes y actual aspirante a la candidatura republicana, es criticado en comerciales de televisión por atreverse a decir que el cambio climático es un problema,
Aunque falta casi un año para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los candidatos republicanos a la Casa Blanca acuden hoy a ataques, unos contra otros, para intentar atraer votantes.En una entrevista reciente con la cadena Fox News, el ex gobernador de Massachussets Mitt Romney afirmó que para sacar a Barack Obama de la Casa Blanca, es necesario llevar a la campaña presidencial ideas diferentes a las enarboladas por su colega y contendiente Newton Gingrich."Él es un político de toda la vida y creo que uno tiene que comprender bien cómo funciona la economía. Yo sé cómo, y esa es una de las razones por las cuales estoy en esta carrera", afirmó Romney.Las críticas al ex presidente de la Cámara de Representantes ocurren en momentos en que ambos aparecen como las principales alternativas del Partido Republicano a la candidatura para ocupar la Oficina Oval.
Es en este ambiente donde algunos observadores piensan que Obama podría beneficiarse de un clima político en el que el candidato republicano resultante del proceso de las primarias esté tan a la derecha del espectro político que asuste a muchos de los moderados e indecisos que integran una buena parte del electorado estadounidense.Y que esa circunstancia termine entregándole en bandeja de plata la reelección pese a los múltiples problemas y desilusiones que han caracterizado el mandato del actual presidente.
Goldford, quien es coautor del libro "The Iowa caucuses: The making of a media event", explica que la asamblea partidista de Iowa no puede compararse de ninguna manera con las elecciones primarias que se llevan a cabo en el resto del país."Las caucuses son simplemente un sondeo para determinar cuál es el candidato preferido de un pequeño grupo de personas para la nominación", dice."Es como si invitaras a un grupo de 25 amigos a una fiesta en tu casa y les dijeras 'mientras estamos aquí, les voy a dar un pedazo de papel para que escriban el nombre del candidato que a ustedes les gustaría que representara al partido republicano en las elecciones presidenciales'. Después eso se suma y listo".Durante una asamblea partidista los candidatos no hacen fila para depositar su papeleta en una cabina de votación. Quienes participan en este proceso tienen que estar lo suficientemente motivados como para salir una fría noche de invierno -el clima es un factor de peso- a pasar horas reunidos en grupos dentro de una casa, gimnasio, colegio o biblioteca pública y discutir sobre las virtudes de un candidato u otro.Durante la velada, los votantes van de grupo en grupo y escuchando a los oradores hasta que llega el momento de tomar una decisión, la cual escriben en un papel y la depositan en una caja para ser contada.El número de personas que expresa su opinión en procesos como este es muy reducido."No suele participar más del 20% de los republicanos inscritos en el estado", dice Dennis Goldford.En 2008, apenas 120.000 -de 3 millones de habitantes- salieron a dar su voto por un candidato republicano.Goldford asegura además que las personas que votan en el caucus de Iowa suelen ser de mayor edad y mucho menos diversas étnicamente que el resto de la población nacional."La minoría más grande en Iowa son los latinos y ni siquiera llegan a representar el 10%. La comunidad afroamericana también es muy pequeña. Y aunque el estado no es del todo rural, la ciudad más grande es el área metropolitana de Des Moines en donde solo viven 500.000 personas".
La economía del país creó 200.000 empleos en diciembre, el sexto mes consecutivo de aumento. Y el desempleo bajó a 8.5%, el menor en cerca de tres años.Es cierto que todavía existe el grave peligro de que la recuperación en EE.UU. se eche a perder debido a los malos vientos que soplan de Europa.Sin embargo, después de un año en el que la economía estadounidense lucía estancada y atrapada en la crisis, finalmente parece estar moviéndose en la dirección correcta.Bloomberg sugiere que los datos incluso pueden ser lo suficientemente fuerte como para capear las malas noticias provenientes del otro lado del Atlántico.También argumenta que las cifras actuales esconden más buenas noticias, debido a que la producción de acero y las ventas de automóviles han aumentado, y ambas son indicadoras de la recuperación.A pesar de este empuje, 2012 no será un año electoral en el que los votantes tendrán una sensación de bienestar.Cualquier recuperación posible será muy lenta y desigual como para que la gente se sienta mejor. El presidente Obama seguirá luchando por mantener su puesto de trabajo, mientras muchos votantes han perdido el suyo y continúan sufriendo.
El estado de la economía es el punto central de esta elección. Todos los candidatos republicanos se han aprovechado de ello.En el corazón de sus campañas está la aseveración de que las políticas del presidente Obama son las responsables de los problemas económicos de Estados Unidos.Por lo tanto una recuperación, aunque sea gradual y lenta, que no haga que mucha gente se sienta mejor, en cierto modo debilita los argumentos republicanos de que el presidente Obama es un total fracaso.Cuando un componente crítico de las propuestas republicanas consiste en pedir profundos recortes al gasto gubernamental, no los ayuda el hecho de que la única noticia pesimista del día es que los gobiernos federal y regionales siguen despidiendo empleados, deteriorando la recuperación.Por supuesto, una ligera recuperación no logrará, y no debería lograr que los republicanos dejen de argumentar que sus políticas serían aún mejores y llevarían a una recuperación más rápida. Sin embargo, hace que su argumento se vuelva un poco más difícil de aceptar, un poco menos obvio.
En cualquier circunstancia, hay una distancia entre el Obama de 2008 que se presentaba como una alternativa revolucionaria en la política estadounidense, y el de 2012, que para muchos es simplemente el mal menor frente a los republicanos.los partidarios de Obama señalarán que ningún mortal podría haber satisfecho las expectativas que se le encomendaron, especialmente cuando le tocó lidiar con las complejas situaciones que encaraba el país. Dicen que Obama salvó al país de la ruina y, al mismo tiempo, aceptan que a nadie se le reconoce el mérito por prevenir un desastre."Pero también es cierto que muchos de los que lo apoyaron seriamente -y continuarán apoyándolo- piensan que no ha sido suficientemente audaz y no ha enfrentado a quienes siempre iban a ser sus opositores acérrimos""Uno de los atractivos principales de Obama era su papel de sanador, de puente, como lo describió una biografía. Él pregonaba un futuro en el que los estadounidenses trabajarían juntos, dejando atrás las divisiones partidistas. Pero en vez de eso, la amargura, la desconfianza y el atasco han empeorado", asegura Mardell,editor para Norteamérica de la BBC.
si bien es cierto que Obama puede surgir como la alternativa electoral más moderada y centrista frente a la polarización de sus contrincantes republicanos, la desilusión acumulada en sus años de gobierno hace que el resultado final dependa de quién resulte nominado como su opositor, del también incierto rumbo de la economía, y de las decisiones puntuales que se tomen a lo largo de esta campaña que apenas comienza.
A lo largo del último año, el capitalismo se ha llevado buenamente la democracia por delante.
Para que no piensen que exagero, consideremos la entrevista que Alex Stubb, ministro para Europa del gobierno derechista de Finlandia, concedió al Financial Times el pasado año [19-20 de noviembre]. Los seis países de la eurozona con calificación de triple A, afirma Stubbs, deberían tener más voz en los asuntos económicos europeos que los once miembros restantes. Los derechos políticos de la Europa meridional y oriental quedarían subordinados, esencialmente, a los de Alemania y Escandinavia... o a las agencias de calificación crediticia, que andan amenazando con rebajar la de Francia (reduciendo de este modo el número de países europeos con capacidad decisoria de seis a cinco).
Lo que Stubb está proponiendo, y lo que están haciendo los mercados, consiste esencialmente en extender al dominio de las naciones antaño-igualmente-soberanas el principio de un-dólar-un-voto que nuestro Tribunal Supremo consagró en su decisión respecto a Citizens United el año pasado . La exigencia de que hay que ser propietario para poder votar -abolida en este país a principios del siglo XIX por los demócratas de Jackson- ha resucitado gracias las poderosas instituciones financieras y sus poderosos aliados. Para las naciones de la unión monetaria europea, la "propiedad" que necesitan para asegurarse su derecho al voto consiste en la adecuada calificación crediticia.
Sin embargo, todo esto parece muy extraño. La idea de que se produce un conflicto entre nuestros sistemas económicos y políticos resulta difícil de aceptar, y no sólo en los Estados Unidos. También en Europa se ha asumido que democracia y capitalismo (al menos el capitalismo social europeo) van de la mano. Así es en buena medida debido a que ambos sistemas prosperaron en aparente armonía durante las tres décadas que siguieron a la II Guerra Mundial. Los beneficios aumentaban a medida que subían los salarios y se desarrollaban las prestaciones sociales. Pero, ¿y si esa paz de los 30 años hubiera sido la excepción de un estado más corriente, el del conflicto entre los mercados y el pueblo?
Ahora contraatacan los mercados. Napoleón no pudo conquistar toda Europa, pero aún puede ser que Standard & Poor's, sí. Están surgiendo conflictos entre capitalismo y democracia por todos lados. Y puede que los europeos -y hasta los estadounidenses- tengan pronto que encarar una pregunta que no han considerado desde hace muchísimo tiempo, si es que alguna vez lo han hecho: ¿de qué lado están?
El actual mandatario demócrata Barack Obama busca la reelección en medio de la desilusión generalizada por parte de muchos de los que lo aclamaron cuando llegó al poder en 2008. Y de una crisis económica que muchos creen enterrará sus aspiraciones de obtener otros cuatro años en la presidencia.Sin embargo, incluso frente a ese panorama poco halagador para Obama, son muchos los que piensan que el resultado de las elecciones del próximo 4 de noviembre no estará determinado tanto por lo que los estadounidenses piensen del presidente, sino por la clase de alternativa que presenten los republicanos. Y eso podría salvarlo.
Hay quienes piensan que Obama puede beneficiarse del radicalismo ideológico que se le atribuye a varios de sus potenciales contrincantes en el partido republicano."Cuando le pregunté a un veterano dirigente republicano sobre quién podría derrotar a Obama, me respondió tranquilamente: 'Cualquier mamífero'. El problema, agregó el político, es que todos los posibles contendores son reptiles",En el abanico de los aspirantes a la nominación republicana, el exgobernador de Massachussetts Mitt Romney y el exmandatario de Utah Jon Huntsman son frecuentemente señalados como centristas y moderados.Los demás aspirantes están más a la derecha del espectro ideológico."Los sentimientos de los activistas republicanos, especialmente los del Tea Party, han llevado al partido más en esa dirección".El resultado es un ambiente político polarizado en el que, por ejemplo, Newt Gingrich, expresidente de la Cámara de Representantes y actual aspirante a la candidatura republicana, es criticado en comerciales de televisión por atreverse a decir que el cambio climático es un problema,
Aunque falta casi un año para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, los candidatos republicanos a la Casa Blanca acuden hoy a ataques, unos contra otros, para intentar atraer votantes.En una entrevista reciente con la cadena Fox News, el ex gobernador de Massachussets Mitt Romney afirmó que para sacar a Barack Obama de la Casa Blanca, es necesario llevar a la campaña presidencial ideas diferentes a las enarboladas por su colega y contendiente Newton Gingrich."Él es un político de toda la vida y creo que uno tiene que comprender bien cómo funciona la economía. Yo sé cómo, y esa es una de las razones por las cuales estoy en esta carrera", afirmó Romney.Las críticas al ex presidente de la Cámara de Representantes ocurren en momentos en que ambos aparecen como las principales alternativas del Partido Republicano a la candidatura para ocupar la Oficina Oval.
Es en este ambiente donde algunos observadores piensan que Obama podría beneficiarse de un clima político en el que el candidato republicano resultante del proceso de las primarias esté tan a la derecha del espectro político que asuste a muchos de los moderados e indecisos que integran una buena parte del electorado estadounidense.Y que esa circunstancia termine entregándole en bandeja de plata la reelección pese a los múltiples problemas y desilusiones que han caracterizado el mandato del actual presidente.
Goldford, quien es coautor del libro "The Iowa caucuses: The making of a media event", explica que la asamblea partidista de Iowa no puede compararse de ninguna manera con las elecciones primarias que se llevan a cabo en el resto del país."Las caucuses son simplemente un sondeo para determinar cuál es el candidato preferido de un pequeño grupo de personas para la nominación", dice."Es como si invitaras a un grupo de 25 amigos a una fiesta en tu casa y les dijeras 'mientras estamos aquí, les voy a dar un pedazo de papel para que escriban el nombre del candidato que a ustedes les gustaría que representara al partido republicano en las elecciones presidenciales'. Después eso se suma y listo".Durante una asamblea partidista los candidatos no hacen fila para depositar su papeleta en una cabina de votación. Quienes participan en este proceso tienen que estar lo suficientemente motivados como para salir una fría noche de invierno -el clima es un factor de peso- a pasar horas reunidos en grupos dentro de una casa, gimnasio, colegio o biblioteca pública y discutir sobre las virtudes de un candidato u otro.Durante la velada, los votantes van de grupo en grupo y escuchando a los oradores hasta que llega el momento de tomar una decisión, la cual escriben en un papel y la depositan en una caja para ser contada.El número de personas que expresa su opinión en procesos como este es muy reducido."No suele participar más del 20% de los republicanos inscritos en el estado", dice Dennis Goldford.En 2008, apenas 120.000 -de 3 millones de habitantes- salieron a dar su voto por un candidato republicano.Goldford asegura además que las personas que votan en el caucus de Iowa suelen ser de mayor edad y mucho menos diversas étnicamente que el resto de la población nacional."La minoría más grande en Iowa son los latinos y ni siquiera llegan a representar el 10%. La comunidad afroamericana también es muy pequeña. Y aunque el estado no es del todo rural, la ciudad más grande es el área metropolitana de Des Moines en donde solo viven 500.000 personas".
La economía del país creó 200.000 empleos en diciembre, el sexto mes consecutivo de aumento. Y el desempleo bajó a 8.5%, el menor en cerca de tres años.Es cierto que todavía existe el grave peligro de que la recuperación en EE.UU. se eche a perder debido a los malos vientos que soplan de Europa.Sin embargo, después de un año en el que la economía estadounidense lucía estancada y atrapada en la crisis, finalmente parece estar moviéndose en la dirección correcta.Bloomberg sugiere que los datos incluso pueden ser lo suficientemente fuerte como para capear las malas noticias provenientes del otro lado del Atlántico.También argumenta que las cifras actuales esconden más buenas noticias, debido a que la producción de acero y las ventas de automóviles han aumentado, y ambas son indicadoras de la recuperación.A pesar de este empuje, 2012 no será un año electoral en el que los votantes tendrán una sensación de bienestar.Cualquier recuperación posible será muy lenta y desigual como para que la gente se sienta mejor. El presidente Obama seguirá luchando por mantener su puesto de trabajo, mientras muchos votantes han perdido el suyo y continúan sufriendo.
El estado de la economía es el punto central de esta elección. Todos los candidatos republicanos se han aprovechado de ello.En el corazón de sus campañas está la aseveración de que las políticas del presidente Obama son las responsables de los problemas económicos de Estados Unidos.Por lo tanto una recuperación, aunque sea gradual y lenta, que no haga que mucha gente se sienta mejor, en cierto modo debilita los argumentos republicanos de que el presidente Obama es un total fracaso.Cuando un componente crítico de las propuestas republicanas consiste en pedir profundos recortes al gasto gubernamental, no los ayuda el hecho de que la única noticia pesimista del día es que los gobiernos federal y regionales siguen despidiendo empleados, deteriorando la recuperación.Por supuesto, una ligera recuperación no logrará, y no debería lograr que los republicanos dejen de argumentar que sus políticas serían aún mejores y llevarían a una recuperación más rápida. Sin embargo, hace que su argumento se vuelva un poco más difícil de aceptar, un poco menos obvio.
En cualquier circunstancia, hay una distancia entre el Obama de 2008 que se presentaba como una alternativa revolucionaria en la política estadounidense, y el de 2012, que para muchos es simplemente el mal menor frente a los republicanos.los partidarios de Obama señalarán que ningún mortal podría haber satisfecho las expectativas que se le encomendaron, especialmente cuando le tocó lidiar con las complejas situaciones que encaraba el país. Dicen que Obama salvó al país de la ruina y, al mismo tiempo, aceptan que a nadie se le reconoce el mérito por prevenir un desastre."Pero también es cierto que muchos de los que lo apoyaron seriamente -y continuarán apoyándolo- piensan que no ha sido suficientemente audaz y no ha enfrentado a quienes siempre iban a ser sus opositores acérrimos""Uno de los atractivos principales de Obama era su papel de sanador, de puente, como lo describió una biografía. Él pregonaba un futuro en el que los estadounidenses trabajarían juntos, dejando atrás las divisiones partidistas. Pero en vez de eso, la amargura, la desconfianza y el atasco han empeorado", asegura Mardell,editor para Norteamérica de la BBC.
si bien es cierto que Obama puede surgir como la alternativa electoral más moderada y centrista frente a la polarización de sus contrincantes republicanos, la desilusión acumulada en sus años de gobierno hace que el resultado final dependa de quién resulte nominado como su opositor, del también incierto rumbo de la economía, y de las decisiones puntuales que se tomen a lo largo de esta campaña que apenas comienza.