Sería un lugar común comenzar afirmando que el Internet ha modificado nuestra manera de entender las relaciones interpersonales, la sexualidad y hasta los tabús sexuales. Pero, la verdad, es que si estudias la historia de las diferentes culturas, y su manera de percibir la sexualidad, es fácil darse cuenta de que la manera de entender la sexualidad es definida primariamente por el entorno sociocultural, y por lo tanto, siempre ha sido mutable y ha ido cambiando a lo largo de la historia humana.
El tema de la sexualidad, los tabús sexuales, las parafilias -y las perspectivas éticas y estéticas sobre los mismos-, es bastante grande y complejo. Tiene muchos pliegues y aristas, muchas dimensiones y perspectivas.
En este ensayo, me enfocaré sobre un problema muy específico. Los efectos de la divulgación de la pornografía a través del Internet en la manera de percibir la sexualidad, y la opinión de la ética sobre esta cuestión.
La ética, recordemos, trata de generar una perspectiva desde la racionalidad pura, y por lo tanto, trata de ser igualmente válida para todos los seres humanos, en cuanto que todos son racionales.
Diferencia entre erotismo y pornografía
Un primer punto sería tratar de entender claramente qué es la pornografía
A nivel teórico, es fácil declamar las diferencias entre erotismo y pornografía. El erotismo es una forma de arte que busca mostrar de manera bella al cuerpo humano y su sexualidad, de manera digna. La pornografía es una manifestación que busca estimular la excitación sexual, es vulgar y cosifica al ser humano, volviéndolo un objeto de uso sexual.
El problema aquí, igual que con toda la reflexión estética, es que en última instancia estamos apelando al criterio subjetivo, que depende en parte de los criterios sociales generales, pero también del entorno cultural especifico a cada persona. Y estos criterios no son, y nunca han sido, universales.
Así, por un lado puede haber manifestaciones que dentro del entorno cultural occidental judeocristiano nos sean perfectamente tolerables (una mujer en bikini), pero para otros grupos culturales no sean para nada aceptables, y sean indignos (una mujer en bikini a los ojos de un musulmán). Esto criterios estéticos también han evolucionado históricamente (los trajes cretenses de antes de Cristo, que mostraban los senos femeninos) e incluso muestran evoluciones en escalas mas pequeñas (el tamaño del bikini ha ido cambiando, aumentando y disminuyendo, en diferentes décadas desde que fue inventado)
Tabú y parafilias.
Aquí debo introducir aún otro concepto, el tabú.
Revisar la evolución histórica del concepto sería muy largo de realizar, y poco relevante para la naturaleza del ensayo, bástese con entender que usaremos el término tabú para designar una idea prohibida, intocable, dentro de los parámetros culturales de un grupo social. En muchos casos son ideas consideradas como tan malas, que no se puede hablar de ellas.
Las conductas sexuales parafílicas (estoy usando ese término, dado que es el que tiene menos implicaciones moralistas y psicologistas) son conductas sexuales que se salen del estándar social. Dependiendo del entorno cultural, diferentes conductas sexuales pueden ser consideradas o no parafílicas (aunque he presenciado largas discusiones entre antropólogos y filósofos, donde al final, una de las ideas que es aparentemente universalmente considerada filia es el incesto… pero no poseo los conocimientos suficientes para sustentar esa afirmación).
Las parafilias rayan en el tabú. Son conductas consideradas fuera del esténdar social, y por lo tanto son prohibidas, al punto que no se considera adecuado hablar de ellas en la mayoría de los entornos sociales.
Historia de la pornografía
Considero necesario hacer algo de perspectiva entre el antes y el ahora, en la cuestión de la pornografía. Es necesario para demostrar mi punto posterior.
Pensemos en los setentas, para no irnos taaaan lejos. La pornografía más accesible estaba en forma de revistas, que no eran accesibles en todos los puestos de periódicos, había que saber donde conseguirlas. Había películas pornográficas, pero en casi todos los casos, había que ir a cines pornos (si, había cines especializados en proyectar solo pornografía), y algunos pocos privilegiados, podían ponerla en el proyector de cine en su propia casa.
En los ochenta se inventaron los video cassettes. Cajas que contenían cintas magnéticas en las que se registraba video (siempre es probable que algunos no haya alcanzado a ver las cosas de hace veinte o treinta años). Los videocassettes permitieron llevar a la pornografía a la propia casa y verla en privado, a la gran mayoría de la gente. E incluso, una vez que las videocámaras fueron tecnología económicamente accesible, de producir pornografía casera (No entraré aquí en el efecto que tuvo el mercado estadounidense de la pornografía en la competencia entre los formatos de VHS y Beta, esto esta más que cubierto por Rushkoff en Media Virus)
Y luego, a través de los noventas los procesos de almacenamiento electrónico de información se hicieron más efectivos, y más pequeños y permitió crear cámaras más pequeñas, guardar videos en memory sticks, e incluso transmitir videos en forma de corriente a través de la red (como el Youtube). La pornografía, obviamente, se adaptó a estos nuevos medios. Se hizo más accesible, se hizo más popular (tanto como las computadoras pueden ser populares, lo cual es material para otro ensayo en si mismo). La división entre la pornografía casera y la profesional se hizo endeble, y el acceso a diferentes filias manifestadas en la pornografía que antes era tabú fue más común.
En la actualidad sólo se necesita un buen enlace a la Red, y algo de maña, para poder encontrar videos pornográficos que muestran filias que hace veinte años habrían sido consideradas de cuatro o cinco equis.
Estoy seguro que para ahora, muchos de los lectores están pensando que eso es una muestra del progreso de la tecnología en el siglo 21, una ventaja más de la globalización informática. Pero esto no es necesariamente bueno.
Consecuencias de la divulgación
¿Qué consecuencias psicológicas y sociales tiene el hecho de que la pornografía, y en especial la pornografía parafílica, sea cada vez más accesible?
Dentro del conductismo existe el concepto de desensibilización. Consiste en que si hay una reacción negativa a un estimulo, la exposición repetida y controlada a ese estimulo remueve la reacción negativa. Al principio, se usaba como una técnica para remover fobias, pero algunos autores (como Nicholas Carnagey) pensaron que el proceso podía ocurrir con la violencia y los videojuegos. Normalmente tenemos una reacción emotiva negativa ante la violencia inflingida a otros, pero el verla repetidamente, reduce las reacciones negativas.
Relacionando las ideas, el hecho de que la pornografía sea más accesible, tiene por consecuencia de que sea más vista, y por lo tanto, se vuelve más consuetudinaria, se incorpora a la costumbre, y se vuelve menos tabú. Se vuelve más aceptable dentro del standard social.
Adicción por neurotoxicidad
Alphonse Mucha - job
Alphonse Mucha - job
Neurotoxicidad es un concepto relativamente nuevo. La idea se deriva del condicionamiento clásico (también del conductismo). Si tu realizas una conducta especifica, y recibes un premio por esa conducta, automáticamente (es decir, fuera del consciente) buscas repetir esa conducta para lograr el premio. La idea nueva aquí, es darse cuenta de que ante ciertas situaciones, el cerebro segrega la hormona del placer, las endorfinas.
Ahora, imagina que cada vez que una persona ve pornografía segrega endorfinas. Y que ve pornografía de manera regular y relativamente seguido. Esto genera un condicionamiento hacia la pornografía, y probablemente es el mecanismo detrás de las diferentes adicciones a Internet, que seguramente entraran al DSM-IV(1) el próximo año (la adicción a Internet es considerada un problema de salud publica en China, por ejemplo)
Ética y pornografía
Aquí voy a tener que hacer un poco de retroingeniería conceptual
Cuando estudié ética en la licenciatura (¿alguna vez te habías dado cuenta de que la licenciatura en filosofía no lleva la materia ética profesional?), después de un largo semestre de profundas y obscuras disertaciones filosóficas sobre lo bueno y lo malo de la conducta humana, simplemente detuve la clase, y le pregunte al Doctor que me la impartía “bueno, así, en pocas y breves palabras, ¿Qué hace a un acto bueno?
La respuesta fue: lo que hace al humano más humano, lo que plenifica o desarrolla su esencia, es lo bueno; lo que no tiene ese efecto es lo malo (respuesta aristotélico-tomista, por cierto). Por el momento, aceptemos esa definición, que en sí misma requeriría otras demostraciones, y la explicación de qué es la esencia del humano.
Habíamos definido la pornografía como una expresión que denigra al ser humano en su aspecto sexual, dado que lo cosifica, lo contempla como objeto de uso sexual, y por tanto le quita su dignidad como ser humano. Derivando de esa definición, podemos decir que la pornografía es mala, porque denigra a los seres humanos que están siendo mostrados en ella, porque los cosifica.
La respuesta aquí suele ser argumentar que entonces, la pornografía es mala para quien la hace, pero no para quien la ve.
La respuesta, aquí, entra en planos más sutiles.
¿Porqué una persona ve (o lee, o escucha) pornografía?
No nos hagamos tontos, no es por contemplación estética. Ni por crítica artística.
Puede haber varias razones psicológicas para ver pornografía, e incluso varias psicopatologías que lleven a eso (y, de nuevo, el problema de si una persona puede aprender a controlar o no conductas psicopáticas es material de otro ensayo).
Pero si suponemos que estamos hablando de personas mentalmente sanas (y por lo tanto, con la capacidad de ser éticamente responsables), esta persona vería pornografía por satisfacer (de manera alterna) sus pulsiones sexuales (estoy refiriendo aquí a Freud y Reich con esto).
Es decir (tomando las ideas de Reich) se busca satisfacer las pulsiones sexuales con un sustituto pobre. Y quien hace eso, se deja llevar por las pulsiones.
El humano esta integrado por diferentes aspectos, que incluyen la razón y la inteligencia, las emociones y los sentimientos, la corporalidad, las pulsiones, etc.
Lo que hace malo el ver pornografía, es que la persona se deja llevar por las pulsiones, olvidándose de los demás aspectos que lo componen. Y por eso, se reduce su humanidad. Por lo tanto, también ver pornografía es malo.
Y aunque la mayor accesibilidad a las diferentes formas de pornografía la vuelvan más tolerada por la sociedad, eso no modifica que éticamente sea mala.
Accesibilidad, ¿ventaja o desventaja?
Ahora, ante esta, y muchas otras situaciones inmorales de Internet, ¿qué es lo que podemos hacer? ¿Cerrar los accesos a Internet? ¿Censurar las páginas que contengan este tipo de expresiones?
La accesibilidad de la información en Internet no es necesariamente mala. Volteemos a ver a Irán o a China. Movimientos políticos de resistencia se organizaron espontáneamente a través de Internet y otros medios electrónicos como los celulares. Y la censura y el bloqueo de estos medios no logró mucho. Es más, a veces la censura es contraproducente.
La única respuesta ante la accesibilidad de información, buena y mala, en Internet, es enfocarnos en la formación en los valores, y generar criterios que permitan discernir entre lo bueno y lo malo, lo verdadero y lo falso.
Cada persona debe llegar a ser capaz de decidir, conciente y voluntariamente, lo que desea ver. Y debe poder distinguir cuales informaciones de las que le son presentadas son más cercanas a la verdad.
En parte, ese es el objetivo de este artículo, el generar consciencia sobre los efectos de ciertos tipos de información disponibles en Internet. Y proponer una línea de pensamiento para juzgarlos. Cada quien decide.
1 N.E. El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (en inglés Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, DSM) de la Asociación Psiquiátrica de los Estados Unidos. Algo así como la biblia de las enfermedades psicologícas y sus tratamientos.