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de confusiones y cerebros femeninos

Hace mas de un siglo, un médico nacido en Moravia (actual república checa), neurólogo y que residía en la capital del Imperio Austrohúngaro, escribió una muy interesante obra: Die Traumdeutung, conocida también como «La interpretación de los Sueños».

Este neurólogo se llamaba Sigismund Schlomo Freud. (Sigmundo o Segismundo Salomón)

Este verdadero genio, hurgó por sitios en donde pocas veces anteriormente, alguien quiso hacerlo: en el interior de la psiquis humana.

Y lo hizo por bastante tiempo, llegando a conclusiones interesantes.

En mi visión, la eterna pregunta que cualquiera de los foristas de este sitio se pregunta, es "-...¿qué es lo que quiere la mujer?".

La misma pregunta, Sigmund se la habrá hecho durante muuucho tiempo, a tal punto que signó en gran medida, sus investigaciones iniciales, para ver que es lo que pasa dentro del complejo cerebro femenino.

En mi visión como neurofisiólogo, hombres y mujeres son dos seres totalmente diferentes.

A un chico, si se le extirpa el hemisferio cerebral en donde asienta el centro del habla (corteza prefrontal del hemisferio izquierdo), muy probablemente, no hable mas.

En cambio, si a una nena, por algún motivo, es necesario extirparle el hemisferio cerebral izquierdo... igual, después, recupera el habla.

Porque toma el control el hemisferio derecho.

O sea, simplificando: los cerebros son morfológicamente diferentes. Y fisiológicamente, también.

Sería muy tedioso mencionar montones de diferencias que bien pueden buscarse en cualquier libro avanzado de neurofisiología, o en papers, en Internet... las opciones son múltiples.

La realidad, pues, es que los cerebros son diferentes.

Por lo tanto, difícilmente pueda esperarse similitudes en el accionar femenino, frente al masculino.

Y sería una verdadera falacia tratar de equiparar ambos cerebros.

Al pobre Sigmund, en mas de una oportunidad le saltó la llave térmica de seguridad de su propio cerebro, al intentar comprender complejas patologías que sus pacientas traían a su consultorio.

Nuevamente, nos circunscribimos a lo mismo: ¿Qué es lo que la mujer quiere?.

Mi visión es mas práctica, y también descarnada: el género femenino busca estar gestante.

Y frente a tal pulsión primitiva, va a hacer todo lo necesario para obtener su tan anhelada gestación y descendencia.

Como, por ejemplo, engancharse con el primer pelotudo que pase por su cachufleta sin engomarse, quedando preñada de una.

Cuando uno comienza a darse cuenta que tuvo la suerte de ir adquiriendo experiencia en la vida, sin embarazar a nadie, y va viendo que todas sus amigas, conforme pasan los años, se vuelven mas locas por conseguir un tipo y tener hijos, comienza a pergeñar obscuras ideas... que cuando se las confronta con las directísimas interesadas, termina uno pensando que mejor hubiera sido nacer en formato de un árbol, antes que en formato humano.

Algunas de las «charlas de cama» con la novia de turno, me hizo pensar y mucho, acerca de la necesidad imperiosa que tiene cualquier mujer en procrear.

Es lo que signa su vida desde que tienen mas o menos... 5 años en adelante.

Muñecos, muñecas, «jugar a la mamá», jugar con sobrinitos, jugar con animales... siempre todo redirige al mismo rumbo: tener hijos.

Claro, tal actitud contrapone a la del hombre, que por lo menos, por 3 décadas desde que nació, si puede, quisiera pasársela de joda corrida, empomarse 324659923 minas y no preñar a ninguna.

Nunca, hasta ahora, he podido tener como compañera de sábanas a una pediatra.

Será una cuestión cerval, o simplemente, que me produce bastante escozor una mujer que está desesperada por tener hijos, me llevó a preguntarles a ellas (las pediatras) qué es lo que les llevó a elegir tal especialidad, en vez, por ejemplo, de ser urólogas (no conozco ni a una uróloga).

Y la respuesta es simple (sobre todo cuando las ves con un pendejo de días en los brazos de la susodicha: «me encantan los chicos».

Dicho de otra forma, viven pensando en críos todo el día.

Expresión no muy diferente, de sus demás congéneres femeninas.

Ahora... ¿qué tiene que ver con las terroríficas confusiones femeninas que llevan a que nos pidan un tiempo?.

Simple.

En su espectro de visión, consideran que el actual hombre, ya no les sirve como pareja reproductiva.

Podrán quererlo mucho, considerar que es el mejor del mundo... pero lo que es mandatario en el género femenino, es reproducirse.

Y con aquella mujer que diga que no es así, recomiendo no tocarla ni con un palo esterilizado.

Porque o está mintiendo, o tiene una severa distorsión de la realidad.

Tarde o temprano, a una mujer que no tuvo la posibilidad de ser madre, le termina saltando la ficha.

Eso, casi es normativo.

Entonces, ¿qué sucedió en el cándido cerebrito femenino de nuestra fémina de ensueños, cuando dijo que "-...estoy confundida, necesito un tiempo"?.

Simple. Su cerebro de algún lado sacó que el tipo que tiene a su lado, no le sirve como padre para sus hijos.

Los tenga, o no.

Por lo tanto, como todo ser práctico, adopta la postura mas simple: sacárselo de encima y buscar otro.

A veces, optan por buscar otro, comenzar a fifárselo y luego sacarse de encima al anterior... pero el orden de los factores no alteran los cuernos.

Cuando una mina está bien con un tipo, al que considera como el mejor padre para sus hijos (aunque no sea padre biológico de los críos) ni en pedo larga al tipo.

Eso sí, si se le cruza un pijasucia que le parece mejor como donante de genes, primero, fantaseará con fifárselo, y si las condiciones están dadas, de seguro que se la va a entubar.

Y si por esas casualidades la mina quedó prendada de las características de los antígenos de histocompatibilidad del pijasucia que se le cruzó... fuiste. (éso es temario de otro post).

Ahora, el hecho concreto es que no existe mujer fiel.

Solo una mujer que de momento nos está siendo fiel, porque le somos útiles como potenciales dadores de ADN para que ella pueda concretar su sueño de maternidad.

En el momento que la fémina de turno, vea que el tipo que tiene a su lado (o encima o abajo de él) no le sirva, se lo va a sacar de encima como un tampón usado.

De ahí que, muchas veces, intentar recuperar una mina que ni siquiera sabe lo que quiere, pero sí sabe lo que no quiere ( o sea, el masculino que hasta hace poco era «el hombre de sus sueños») muchas veces orilla en el delirio.

La desaparición puede actuar para generar esa sensación que toda mujer aborrece: la de quedarse sola y sin un tipo a su lado.

Pero no va a soliviantar el hecho que la fémina de turno se haya recalentado con el profesor de tenis, y hasta que no se lo fifó 18 veces, no se va a sentir tranquila (aunque eso sea difícil de mensurar).

¿Qué hacer, entonces, cuando la señorita que hasta hace poquito era «la» mina que teníamos a nuestro lado, se pone en pelotuda?.

Y... requiere de bastante entrepierna.

Cuando una mina comienza a evidenciar gestos ya actitudes que hacen ruido, no hay que andar con muchos melindres: es cierto. Le minita está pelotuda, y probablemente, por otro tipo.

¿Qué hacer, entonces?.

Pues... sacársela de encima antes que ella lo haga.

¿Qué genera ésto?.

Y, algo muy particular.

Si nos retrotraemos a la época de las cavernas, es muy factible que ninguna mina se confundiera.

Por un lado, porque si se quedaba sin su hombre, y se quería mandar solita, tenía que hacerse cargo de sus hijos, cazar, recolectar y todas esas cosas que solían hacer los hombres mientras ellas se quedaban en la cueva cotorreando con otras mujeres.

Algo impensado para un físico de menor resistencia que el de un hombre cavernícola.

Y, por otro lado, existía la posibilidad que si la fémina se quería mandar con otro cavernícola, su hombre la fuera a buscar de los pelos, le sacudiera un robusto garrotazo al «confundidor» y, de paso, otro para la confundida.

No estoy haciendo una apología a la violencia de género, porque me parece de poco hombre, levantarle la mano a una mujer.

Es más, considero que es bastante pelotudo, siquiera, discutir con ellas.

Quizás a los garrotazos hoy día, puedan entrar en razón... pero nos van a caer encima montones de abogadas quienes van a acusarnos de violentos y de cavernícolas, con lo que los palos, quedan descartados.

¿Qué hacer, pues, con una novia/pareja/sucedáneo razonable que se «confunda»?.

Pues... sacárselo de encima.

Con insistirle, no se va a quedar un pomo, porque ya está pelotudificada con otro tipo.

Con rogarle, además, quedamos nosotros como pelotudos.

En cambio, anticipándonos a lo que ella pueda hacer (dejarnos), al dejarla queda la puerta abierta para que, si algún día se nos canta las pelotas, pueda volver a nuestro lado (como pasaba con las cavernícolas femeninas).

En cambio, si se las tomó con otro tipo, dejándonos pagando... ahí estamos en el horno, junto con alguna suprema de pterodáctilo con papas.

Más de una vez fui considerado como alguien «muy duro» a la hora de los considerandos para sacarme una mina de encima.

Y algunos blogs feministas, también me han tildado de cavernícola, primitivo, salvaje, bestia peluda... las opciones siguen.

Lo que sí puedo asegurar a los lectores -y lectoras- que minita que salga conmigo, y se pone en pelotuda confundida, dura 2 µsegundos, antes que le diga que sería bueno que nos tomáramos un tiempo... preferentemente de varias décadas o siglos.

Y si después quiere volver alegando demencia, locura temporal, o simplemente, calentura por otro tipo... la respuesta es simple: "-...andate con el que te hizo el bocho. Con él seguro que vas a estar mejor que conmigo".

Resumiendo: ni el Sigmund pudo determinar lo que pasa por el cerebro de una mujer.

A los fines prácticos, de poco serviría, dado que ellas tienen sus ideas bien claras, hacia adonde apuntan: maternidad siempre.

Y si una minita consideró que no soy lo suficientemente útil para ser padre de sus hijos... flaca, tomátelas antes que te raje yo de un voleo en el tujes que te va a dejar orbitando junto a alguna luna de Saturno.

Y recordar que una actitud enérgica frente al género femenino, no necesariamente va a limitar la cantidad de minas que uno hombre conozca -y empome- en su vida... sino todo lo contrario.
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