José Hernández ha sido tal vez, el escritor mas "argentino" de la historia de la literatura argentina. Autor de una obra capital y de fama mundial, sus inicios como escritor en realidad son rarísimos pues fue autodidacta. Se inició en la literatura con algunas composiciones poéticas cultas, sin mayor fortuna. Fue en la poesía gauchesca en donde encontraría su mayor logro e inspiración. Pero ya en 1863 escribe Rasgos biográficos del general Ángel Peñaloza, en donde narra la vida de éste famoso caudillo riojano y que es llamado Vida del Chacho a partir de la segunda edición. Instrucción del Estanciero trata sobre las posibilidades económicas del campo argentino con consejos para el hombre de estancia. La descripción gaucha Los treinta y tres orientales y varios escritos dispersos que fueron recopilados póstumamente en Prosas del autor del Martín Fierro (1834-1886). Pero la hora de su mayor e inalterable obra llegaría el 28 de noviembre de 1872 cuando el diario La República anuncia El gaucho Martín Fierro (Martín en honor a Martín Güemes) y lo publica en forma de entregas. En diciembre aparece editado por la imprenta La Pampa, precedida por una importante carta del autor a su amigo y editor Don José Zoilo Miguens. La obra comenzó a venderse en las zonas rurales. Era leída en grupo, en fogones o pulperías y su gran éxito se debió a que pintaba con veracidad las vicisitudes del gaucho y los paisanos se reconocían en la desgracia del protagonista. En 1879 se publica la continuación de la obra, llamada La vuelta de Martín Fierro, en una edición ilustrada por Carlos Clérice. Ambas partes conforman el Martín Fierro, extenso poema nativo calificado de obra maestra en su género, que logra la interpretación sociológica de una época y de una sociedad, aúna lo lírico, lo descriptivo, lo satírico y lo épico, alcanzando los caracteres de una epopeya. El gran mérito de José Hernández fue el de llevar a la literatura la vida de un gaucho contándola en primera persona, con sus propias palabras e imbuido de su espíritu. En el gaucho, descubrió la encarnación del coraje y la integridad inherentes a una vida independiente. Ésta figura era, según él, el verdadero representante del carácter argentino. Lo que el autor no consiguió en su actividad política lo obtuvo por medio de la literatura. A través de la poesía consiguió un gran eco para sus propuestas, y el Martín Fierro fue su más valiosa contribución a la causa de los Gauchos. La grandeza de Hernández no radica solo en la singularidad y carácter fundacional de su obra, sino también en la construcción de un lenguaje, un fraseo único que redefine hasta hoy en dia la lengua de los argentinos. Su influencia es inmensa y en el presente todavía no termina de sorprender como sus "tentáculos" siguen posesionándose en forma de influencias de la obra de otros grandes poetas nacionales. Sus rasgos, su manera de escribir puede verse en la obra de O. Lamborghini, Néstor Perlongher, R. Zelarayán, J. L Ortíz etc. Asimismo, escribir tamaña reivindicación del gaucho, del carácter nacional y popular de esta raza en momentos en que el culto al liberalismo positivista era la "religión oficial" resulta una hazaña intelectual y humana difícil de igualar. Obra profética, visceral y brutal, el Martín Fierro es también un canto a la lucha contra la opresión y a la libertad. Su fama mundial y su vigencia son indiscutidas así como la evidente sentencia de que si "Sarmiento escribió el Facundo para demoler a Rosas, Hernandez sepultó a Sarmiento con un puntazo literario del facón de Fierro". Gracias a Hernández, el gaucho y el ser nacional tuvo voz, se cantó a si mismo y a una cultura en retroceso. El gran poeta nacional ganó merecidamente el nombre de "padre de las letras nacionales y de la tradición" FRAGMENTOS: Como nunca, en la ocasión por peliar me dió la tranca. y la emprendí con un negro que trujo una negra en ancas. Al ver llegar la morena, que no hacía caso de naides, le dije con la mamúa: -Va...ca...yendo gente al baile. La negra entendió la cosa y no tardó en contestarme, mirándome como a un perro: -Mas vaca será su madre.- Y dentró al baile muy tiesa con más cola que una zorra, haciendo blanquiar los dientes lo mesmo que mazamorra. -!Negra linda!-... dije yo. -Me gusta... pa la carona-; y me puse a champurriar esta coplita fregona: -A los blancos hizo Dios, a los mulatos San Pedro, a los negros hizo el diablo para tizón del infierno.- Había estao juntando rabia el moreno dende ajuera; en lo escuro le brillaban los ojos como linterna. Lo conocí retobao, me acerqué y le dije presto: -Po...r...rudo que un hombre sea nunca se enoja por esto. Corcovió el de los tamangos y creyéndose muy fijo: -!Mas porrudo seras vos, gaucho rotoso!-, me dijo. Y ya se me vino al humo como a buscarme la hebra, y un golpe le acomodé con el porrón de ginebra. Ahi nomás pegó el de hollín mas gruñidos que un chanchito, y pelando el envenao me atropelló dando gritos. Pegué un brinco y abrí cancha diciéndoles: -Caballeros, dejen venir ese toro. solo nací... solo muero. El negro, después del golpe, se había el poncho refalao y dijo: -Vas a saber si es solo o acompañado. Y mientras se arremangó, yo me saqué las espuelas, pues malicié que aquel tío no era de arriar con las riendas. No hay cosa como el peligro pa refrescar un mamao; hasta la vista se aclara por mucho que haiga chupao. El negro me atropelló como a quererme comer; me hizo dos tiros seguidos y los dos le abarajé. Yo tenía un facon con S, que era de lima de acero; le hice un tiro, lo quitó y vino ciego el moreno; Y en el medio de las aspas un planazo le asenté, que lo largue culebriando lo mesmo que buscapié. Le coloriaron las motas con la sangre de la herida, y volvió a venir jurioso como una tigra parida. Y ya me hizo relumbrar por los ojos el chchillo, alcanzando con la punta a cortarme en un carrillo. Me hirvió la sangre en las venas y me le afirmé al moreno, dándole de punta y hacha pa dejar un diablo menos. Por fin en una topada en el cuchillo lo alcé, y como un saco de güesos contra un cerco lo largué. Tiró unas cuantas patadas y ya cantó pal carnero: nunca me puedo olvidar de la agonía de aquel negro. En esto la negra vino con los ojos como ají y empezó la pobre allí a bramar como una loba. yo quise darle una soba a ver si la hacía callar, mas pude reflesionar que era malo en aquel punto, y por respeto al dijunto no la quise castigar. Limpié el facón en los pastos, desate mi redomón, monté despacio y salí al tranco pa el ca˜nadon. Después supe que al finao ni siquiera lo velaron, y retobao en un cuero, sin rezarle lo enterraron. Y dicen que dende entonces, cuando es la noche serena suele verse una luz mala como de alma que anda en pena. Yo tengo intención a veces, para que no pene tanto, de sacar de allí los gũesos y echarlos al camposanto. ¡¡¡¡¡GRANDE DON JOSÉ, GRANDE¡¡¡¡¡¡
El Padre del Martín Fierro: el Gran José Hernández
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