La primera noticia que tuvo Paul Eluard de Max Ernst fueron sus collages, nada más verlos supo que se trataba de un colaborador necesario para la revista Littérature de André Breton. Tan convencido estaba que marchó a Alemania a buscarlo aunque cuando trató de entrar en Francia con él las autoridades lo impidieron. Ya habían trascendido los escándalos de algunas de las exhibiciones dadaistas de Ernst.
En una ocasión organizaron una exposición en un mingitorio público (o a la que se entraba a través del mismo según otros autores). En una de las más divertidas se entregaba hachas a los asistentes y se pedía que destrozaran aquellas obras que no les gustaban. Animaba a la destrucción una joven vestida de comunión que recitaba poema obscenos. ¿El visado? Mejor no, concluyó la autoridad francesa. Daba igual, Éluard paso ilegalmente a Ernst con su propio pasaporte.
Una vez en París siguió desarrollando sus collages y verían la luz La femme 100 têtes (La mujer 100 cabezas o La mujer sin cabeza, ya que fonéticamente en francés 100 = sans = sin) (1929) y Rêve d’une petite fille qui voulut entrer au carmel (Sueño de una niña que quiso entrar en el Carmelo) (1930) y durante un viaje a Italia en 1933 la que nos interesa: Une semaine de bonté (una semana de bondad).
Construida con imágenes de enciclopedias, folletines y novelas del siglo XIX pueden encontrarse fragmentos de las ilustraciones de Doré para El Paraiso Perdido de Milton y los grabados de las novelas Les damnées de Paris de Jules Mary, Martyre de Alphonse D’Ennery, Drácula de Bram Stoker… que dan lugar a 184 collages divididos en cinco cuadernos cuya estructura y contenido pueden apreciar en esta web pinchando en la sección Exposición.
Los collages originales fueron expuestos en Madrid en 1936 aunque cinco de ellos fueron censurados por blasfemos (aparecía un corazón de Jesús, una custodia, una mujer crucificada…) y no se volvieron a exponer hasta el 2007. Regresaron de nuevo a Madrid, esta vez completos, en el 2009. Con la audioguia no te prestaban un hacha ni había ninguna jovencita haciendo rimas procaces.
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