NIHON MONOGATARI NI YOUKOSO
Lo prometido es deuda, aqui esta la segunda parte :
Hanasakajiisan
Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar vivía una pareja de ancianos muy amable. Un día, el anciano, al ver a su vecino maltratando a un perrito, se dirigió a él diciendo: "¡No! ¡No lo hagas!"
El vecino le contestó: "¡Este perro estropeó mi campo! ¡Pero lo perdonaré por esta vez!"
El buen anciano propuso a su mujer: "Vamos a criar a este perrito."
La anciana contestó: "Sí ¡Lo llamaremos Shiro (blanco, en japonés)! porque es de color blanco." Y ambos lo criaron con mucho cariño.
Shiro creció rápidamente. Un día, éste se encontraba escarbando la tierra y el anciano al verlo le preguntó:
"¿Qué te pasa?" y se puso a su lado para ayudarlo a cavar la tierra.
El anciano se sorprendió al ver aparecer mucho dinero del
hoyo que habían cavado.
La pareja de ancianos se puso muy contenta y ambos agradecieron al perro: "¡Muchas gracias
Shiro!"
El vecino, al ver lo sucedido se llevó a Shiro para que haga lo mismo en su jardín.
"¡Busca el dinero!", dijo el vecino.
Y Shiro empezó a escarbar y el vencino se puso a su lado a hacer lo mismo. El vecino se sorprendió mucho al ver que del hoyo aparecía mucha basura en lugar del dinero que tanto esperaba. Irritado, mató a Shiro.
Los ancianos sintieron un profundo dolor por la muerte del perrito. Ellos erigieron una tumba y plantaron un árbol pequeño en su memoria.
El árbol creció en un instante y el anciano se dirigió a su mujer diciendo: "Vamos a hacer un mortero con este árbol y machacaremos arroz para hacer tortas." Y así lo hicieron.
La pareja de ancianos se sorprendió mucho al ver que en esta oportunidad la torta de arroz se transformó en dinero.
El vecino al ver esto se llevó el mortero y machacó arroz para hacer tortas. Pero no pasó nada.Este se irritó y encendió el mortero.
Los ancianos se pusieron muy tristes y trajeron la ceniza a su casa. En ese momento sopló un viento fuerte y la ceniza se dispersó.
Unos árboles muertos que se encontraban cerca de allí empezaron a brillar y los cerezos empezaron a florecer.
Los ancianos muy sorprendidos dijeron: "¡Todavía no es primavera pero los cerezos ya han florecido!"
En ese momento pasaba por casualidad el monarca quien se dirigió al anciano: "¡Qué maravilloso! ¡Voy a recompensarte!"
El vecino al verla dijo: "¡Yo también puedo hacer lo mismo!" y vertió ceniza.
Pero la ceniza salpicó en la cabeza del monarca.
El vecino fue encarcelado y los ancianos vivieron felices para siempre. VEAN LOS VIDEOS, SON OTRAS VERSIONES DEL MISMO CUENTO
Issunboushi
Hace mucho, mucho tiempo, en un pueblo nació un niño muy pequeño. Su estatura era igual al del dedo meñique de un adulto.
A pesar de ello sus padres estaban muy contentos porque pensaban que él era unregalo de los dioses.
Se llamaba "Issunboushi".Este comía mucho pero a pesar del paso de los años no crecía nada.Un día subió a un árbol alto y por primera vez pudo ver a lo lejos un río y una montaña.
Esa noche preguntó a su padre: "¿Hasta dónde corre el río?"
El padre le contestó: "Hasta el otro lado de la montaña."
De nuevo preguntó: "¿Qué hay al otro lado de la montaña?"
Y el padre dijo: "Al otro lado de la montaña está la ciudad de Kyoto. Allí hay mucha gente y templos."
Al escuchar eso, Issunboushi se iba imaginando la ciudad llena de gente, las calles, los templos, y de repente exclamó: "¡Voy a ir a Kyoto!".
El padre sorprendido dijo: "¿Qué?"
Issunboushi repitió: "¡Voy a ir a Kyoto y seré samurai!"
Sus padres al escucharlo trataron de convencerlo para que desistiera de su idea, pero al ver que estaba firme
en su resolución le ayudaron a hacer su equipaje. Prepararon un tazón, a manera de bote, para que
pueda ir río abajo, unos palillos de remo y una aguja para que la utilice como espada.
Así Issunboushi partió hacia la ciudad. A lo largo del trayecto estaba expuesto a muchos peligros pero él se
dijo: "¡Venceré sin falta! ¡Voy a realizar mi sueño!"
Unos días después llegó a la ciudad. Allí buscó un castillo en donde poder ejercitarse para convertirse en samurai. Encontró uno muy grande y se entrevistó con su sueño, un señor feudal, el cual se rió al
escuchar las pretensiones de Issunboushi, pero accedió a su solicitud al ver la determinación de éste.
Allí vivía una princesa llamada Haruhime, hija de aquelseñor feudal. Por esos días unos demonios estaban causando alboroto y cometiendo fechorías por toda la ciudad.
Un día Issunboushi escuchó la noticia de que la princesa iría al templo de Kiyomizu. Para ello el padre de ella, sabiendo lo que sucedía con los demonios, eligió a sus guardias más fuertes para acompañarla. Issunboushi se ofreció a ir con ellos.
En el camino al templo se encontraron con un demonio. Todos huyeron pero él permaneció al lado de la princesa para salvarla. Issunboushi dijo: "¡Tu contrincante soy yo!"
refiriéndose al demonio. Este al verlo empezó a reírse y de un bocado se lo comió.
En ese momento el demonio empezó a padecer de dolores de vientre y gritaba: "¡No, no lo hagas!" Issunboushi estaba hincando con su espada de aguja el vientre del demonio diciendo: "¡Ya no hagan cosas malas!"
El demonio contestó: "¡Nunca más lo haremos!" y lo echo fuera de su vientre.
El demonio huyó llorando muy adolorido. Haruhime se refirió a Issunboushi diciendo: "¡Muchas
gracias por todo. Te debo la vida.!"
En ese momento ella vio un objeto que el demonio había dejado.
Lo tomó y dijo: "Esto es Uchidenokozuchi. Con esto podrás realizar tus deseos. ¿Qué deseas?"
El contestó: "Deseo una constitución física fuerte."
Ella agitó el "Uchidenokozuchi" y dijo: "¡Ten una constitución fuerte!"
En ese momento Issunboushi empezó a crecer mucho.
Quedó muy contento porque ya tenía una constitución fuerte y podía convertirse en un imponente samurai.
Se esforzó mucho y pudo realizar su sueño.
Issunboushi y Haruhime se casaron e invitaron a sus padres a la ciudad y vivieron felices para siempre.
Kappa no Amagoi
Hace mucho, mucho tiempo, vivía un kappa (ser viviente que se dice existió en la antigüedad y vivía en los ríos y pantanos) en el pantano de un pueblo. Este andaba cometiendo maldades por todas partes, por eso todo el mundo lo aborrecía.
Un día llegó al pueblo un monje budista quien se enteró sobre este asunto y enseguida se dirigió al pantano para conversar con el kappa. Allí se puso a llamarlo: "¡kappa!" "¡kappa!" "¿Dónde estás?"
En eso del agua salió un kappa. El monje le preguntó: "¿Por qué haces cosas malas?"
El kappa le contestó: "Porque estoy muy triste. ¡Mírame! soy deforme, no soy humano ni pez. Así no
puedo hacer amigos, por eso a veces hago alborotos. Cuando vuelva a nacer, quisiera ser un humano. ¿Qué
podría hacer para lograr eso?"
El monje le contestó: "Tienes que ayudar a los necesitados" y se marchó.
En el verano de ese año se atravesaba una larga sequía. Los aldeanos ya no tenían comida ni agua, estaban en un apuro. En ese momento se apareció el kappa y les dijo: "Déjenme suplicar a los dioses y pedirle que
llueva para ustedes."
Ellos no creían ni una palabra de lo que decía y lo ataron de manos porque pensaban que nuevamente haría alguna cosa mala. Pero de nuevo volvió a repetir lo mismo:
"Déjenme suplicar a los dioses y pedirle que llueva para ustedes."
Ellos, al ver que lo decía en serio le pidieron que lo hiciera. El kappa continuó orando a los dioses durante muchos días diciendo: "He estado haciendo muchas cosas malas y causando molestia a los aldeanos de este pueblo. Doy mi vida a cambio de que llueva."
Los aldeanos también continuaban orando. Unos días después empezó a llover, pronto llovió a cántaros. Ellos se pusieron muy contentos y aclamaban por todas partes: "¡Gracias al kappa!"
Pero el kappa ya había muerto. Al siguiente año de nuevo pasó por el pueblo aquel monje y se enteró de lo ocurrido.
El dijo: "El Kappa expió sus malas acciones y por eso quizá vuelva algún día cuando vuelva a nacer, esta vez como humano." Así los aldeanos vivieron agradecidos para siempre al kappa.
Kikimimizukini
Hace mucho, mucho tiempo, vivía un anciano en el fondo de una montaña.
Este iba todos los días a la montaña para recoger leña. Un día, camino a casa, se encontró con un zorrillo,
el cual quería recoger uvas pero no podía porque tenía paralizada una pierna.
El anciano al verlo, le ayudó a recoger las uvas. El zorrillo le agradeció.
Al día siguiente, el zorrillo que estaba esperando al anciano en el camino, al verlo lo llamó haciéndole
señas con la mano.
Al acercarse, el anciano pudo ver también a la madre del zorrillo. Esta le regaló una caperuza roja por el favor que le había hecho a su hijo.
El anciano agradeció el gesto y regresó a casa. Al día siguiente, en la montaña,se puso la caperuza que le
había regalado la mamá zorrilla y se sorprendió mucho al darse cuenta que podía escuchar las conversaciones de
los animales y plantas que se encontraban a su alrededor.
Se alegró porque hasta ese momento se había sentido muy sólo, pero escuchando las conversaciones de animales y plantas se sentía acompañado. En eso logró escuchar la conversación de dos pájaros:
"Sabes, la hija de aquél millonario se encuentra muy enferma y él está muy desesperado".
"¿Por qué? ¿Qué tiene?"
"La culpa la tiene un árbol de su jardín"
El anciano al escuchar eso decidió ir a la casa del millonario.
"Quiero salvar a su hija", dijo el anciano al millonario. "¿Puedo quedarme esta noche en su
casa?El millonario contestó: "¡Por supuesto. Por favor!"
Esa misma noche el anciano salió al jardín con la caperuza puesta y en eso empezó a escuchar a unos árboles que estaban conversando.
"Me duele la cadera."
"¿Por qué?"
"Porque el millonario ha levantado un nuevo almacén, justo al lado mío. Por eso lo estoy poniendo en apuros."
Al día siguiente el anciano convenció al millonario para que cambie de lugar el nuevo almacén.
Este decidió cambiarlo inmediatamente a otro lugar.
Su hija recobró la salud en un segundo y el árbol también recobró el ánimo.
El millonario se puso muy contento y le regaló mucho dinero al anciano por el favor que le había hecho en curar a su hija.
El anciano pensó: "Este dinero se lo debo en parte a los zorrillos. Voy a comprarles comida antes de regresar."
Y el anciano vivió feliz para siempre.
Kintaroi
Hace mucho, mucho tiempo, en algún lugar nació un niño llamado Kintaro. Kintaro creció fuerte y robusto y nadie podía rivalizar con él. Siempre andaba con unos animales de montaña. Ellos eran
sus amigos y con ellos practicaba sumo todos los días. Un día, Kintaro y sus amigos fueron a la montaña de
enfrente para recoger unas castañas. Allí había muchos castaños.
De repente apareció un oso grande que se dirigió a ellos:
"¡Esta montaña es mía! ¡y también lo son esas castañas! pero si me vencen en una lucha de sumo ¡se
las daré!"
Los animales se horripilaron, pero Kintaro respondió: "¡Yo seré tu contrincante!" y empezaron a
luchar.
Al poco rato, Kintaro con toda su fuerza echó al oso al suelo. Los animales se alegraron mucho y Kintaro se dirigió al
oso: "¡Ahora tú eres nuestro amigo!"
El oso contestó : ¡Gracias! ¡Qué persona tan estupenda eres!"
Con el tiempo Kintaro se convirtió en un valiente samurai
llamado "Sakatano Kintoki".
Kishibojin
Hace mucho, mucho tiempo, en un pueblo muy tranquilo los pobladores trabajaban mucho mientras sus niños jugaban muy animadamente.
De repente un día apareció una demonio gritando: "¡Dónde están los niños, dónde están!"
Desde ese momento, todos los días al atardecer, la demonio aparecía y raptaba a un niño diferente.
Los aldeanos muy tristes y preocupados fueron a ver a Shakya-muni.
"¡Shakya-muni, ayúdanos por favor! ¡Ayúdanos a encontrar a nuestros niños!" Shakya-muni respondió: "Está bien, tranquilícense"
Shakya-muni, sospechando de la demonio fue a verla y se quedó muy sorprendido de enterarse que ella misma tenía muchos hijos a los cuales los trataba con mucho cariño.
En un momento de descuido, en que la demonio no estaba allí, Shakya-muni aprovechó y ocultó a uno de sus hijos. Al poco rato la demonio notó la ausencia y gritó
desesperadamente: "!Dónde está mi hijo! !Dónde está!"
Shakya-muni se le acercó y le preguntó: "¿Qué te pasa?"
Ella contestó a gritos: "¡No encuentro a uno de mis hijos!"
Shakya-muni preguntó: "¿Tienes muchos hijos pero la falta de uno te preocupa tanto?"
Ella contestó: "¡Sí. Mucho!"
Shakya-muni dijo: "Lo mismo le sucede a los aldeanos. Tú has estado raptando a sus hijos y ellos están muy tristes. Retórna a los niños inmediatamente" y Shakya-muni entregó a la demonio el hijo que estaba buscando.
La demonio arrepentida dijo: "Perdóname. No volveré a cometer el mismo error"
Ella inmediatamente devolvió a los niños y a partir de ese día se dedicó al servicio de
Shakya-muni y recibió el nombre de "Kishibojin"
"Kishibojin" se convirtió un una diosa muy famosa por proteger a las mujeres durante el parto y cuidar a los niños de las enfermedades.
BUENO, ESO ES TODO POR AHORA ESPEREN LA TERCERA PARTE.
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