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Conceptos de normalidad médica y homosexualidad

NORMALIDAD MÉDICA.



Desde la década de los 70 la medicina viene atravesando una renovación absoluta del paradigma. Con las críticas de Engel al modelo médico tradicional; biologicista, individualista, pragmático, unicausal y mercantil se ha vivido una etapa de cambio en todas las ciencias de la salud pasando del mencionado modelo a un modelo holístico, para llegar a lo que es hoy día el modelo biopsicosocial de la medicina. ¿Pero cómo se relaciona ésto con los criterios de normalidad y anormalidad? Para entenderlo tenemos que hacer una breve explicación sobre que es la salud según la nueva perspectiva.



“Salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no la mera ausencia de enfermedad” (OMS)



El nuevo modelo no ve a la salud y a la enfermedad como conceptos aislados sino como parte de un mismo proceso multidimensional que ocurre durante toda la vida; un proceso en el que no existe la salud ni la enfermedad por sí solas sino que se van alternando, predominando una sobre otra, en los distintos momentos de nuestras vidas. Ninguna persona está 100% sana o enferma. Todo este proceso es multicausal y es analizado en todos los niveles: biológico, psicológico y social (es importante tener esto en cuenta ya que la homosexualidad debe ser analizada desde todos los niveles).



Habiendo conocido lo que es la salud podemos centrarnos en el concepto de normalidad. Si observamos lo que nos entrega sobre el término el diccionario de la lengua española encontramos lo siguiente:

*Dícese de lo que se halla en su estado natural.

*Que sirve de norma o regla.

*Dícese de lo que por su naturaleza, forma o magnitud se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano.

Lo que debemos tener muy en claro desde el principio es que en la medicina los conceptos de normalidad y anormalidad no siempre son significantes de salud ni de enfermedad por sí solos. Por ese motivo, la medicina incorpora dos conceptos de normalidad que son complementarios entre sí: el de normalidad univalente o aislada y el de normalidad correlacionada o multivariada.



Todos en algún momento de nuestra vida nos hemos hecho análisis de laboratorio, siendo el hemograma y el hepatograma los más frecuentes. En éstos son normales los valores de una medición que se encuentren dentro de los límites de un espectro de valores que por su frecuencia son los esperados para una población determinada. En estos casos se aplica el concepto univalente de normalidad, donde dicha normalidad no se relaciona con la ausencia de un estado mórbido sino que tiene un carácter puramente estadístico. Para determinar los valores de normalidad se utiliza por lo general el modelo matemático definido por Gauss, donde en consideración de la media poblacional, los valores normales caen en un 95% (normalidad gaussiana) y los anormales en un 5%. Entonces, la normalidad queda desvinculada de la salud así como la anormalidad de la enfermedad. Pero, ¿por qué? Lo explicamos con ejemplos.



1) En niños y mujeres embarazadas pueden observarse valores de hemoglobina que, según las cifras normales, deberían interpretarse como individuos anémicos. Sin embargo la enfermedad no existe. Se le llama anemia fisiológica.

2) Según la OMS hay anemia cuando las concentraciones de hemoglobina en sangre están por debajo de los 12 g/Dl. De acuerdo a este criterio de normalidad el 11% de las mujeres inglesas serían anémicas. La normalidad varía dependiendo de la población.

3) Imaginemos una población dónde el bocio es endémico. La ausencia de esta enfermedad sería considerada anormal, pero sin signos de morbilidad.

4) Una de las formas de resistencia al HIV se debe a la concentración y cantidad anormal de una cadena de aminoácidos que conforman una proteína la cual ayuda a generar mayores cantidades de un determinado tipo celular de lo que es normal. Así encontramos algo que escapa a la normalidad gaussiana, que es anormal, pero sin embargo es positivo para la salud.



Ya desvinculadas las relaciones normalidad-salud y anormalidad-enfermedad en el primer enfoque pasamos al segundo, donde lo normal sí es sinónimo de sano: el concepto correlacionado de normalidad. En éste se asocian necesariamente los valores estadísticos clínicos (normalidad univalente) con algún atributo biológico. De esta manera se dice que cierta característica clínica es anormal, por lo tanto mórbida, cuando corresponde a una manifestación de enfermedad (definida según criterios netamente biológicos) o cuando predice mayor riesgo de padecerla. Las observaciones anormales son solo las que pueden asociarse con signos y síntomas o con el riesgo de padecerlos. Por eso mismo al realizarnos cualquier estudio de laboratorio, a pesar de que podamos conocer los valores normales y de entrar o no en ese rango de normalidad, solo el médico puede interpretarlos efectivamente



Si aplicamos entonces la homosexualidad a ambos conceptos podemos decir que según el primero (normalidad univalente) es absolutamente imposible determinar tanto la anormalidad (porque es estadísticamente relativa) como su correspondencia con un estado de morbilidad, ya que ésta está desvinculada del concepto de normalidad univalente.

Analizándola desde la normalidad correlacionada se debería establecer, además de su anormalidad, consecuencias biológicas negativas específicamente relacionadas a la orientación sexual para luego establecerla como condición patológica o no. Esto jamás se hace por quienes ven en la homosexualidad una condición patológica.

No debemos olvidar que, situándonos en el nuevo modelo médico, no solo el nivel biológico es determinante del proceso salud-enfermedad sino también el aspecto emocional y social. Hablando de la homosexualidad, la percepción que cada persona tenga sobre su sexualidad y su desempeño y aceptación social serán las que determinen el grado de salud emocional social. La salud psicosocial del homosexual depende de nosotros, la sociedad.



Las acepciones anteriormente mencionadas que brinda el diccionario de la lengua española nos aproximan en forma relativa a lo que podría considerarse como algo normal y surgen dos enfoques:

1) Estadístico médico (normalidad univalente y correlacionada).

2) Uso frecuente (normalidad social y cultural).



El primer enfoque ya fue analizado, lo que nos deja con el enfoque más considerado a escala social. Es el que analiza la normalidad dentro de la cultura, desde la norma, la costumbre.



NORMALIDAD SOCIAL



No hay forma mejor que encarar el concepto de normalidad social que desde la antropología social. Su objeto de estudio es lo que se denominó en los 60 “el otro cultural”, que se define como lo diferente de la normalidad (entendida como sectores sociales dominantes), como lo diferente y diverso, estudiando entonces la sociedad en su conjunto (aglomeraciones urbanas, sociedades industriales). Por eso mismo es que desde la normalidad social no podemos calificar lo diferente de la normalidad como no aceptable. De ser así se atentaría contra la existencia de los sectores sociales no dominantes que de hecho son mayoría.

El objeto dominante en el contexto social de la sexualidad por excelencia que ha definido la antropología es el heterosexismo. Éste opera a través de un doble proceso: invisibilidad y ataque.

La homosexualidad suele ser muy poco visible o incluso encontrarse completamente oculta en muchas sociedades, pues son aún muchas las personas homosexuales que ocultan su orientación sexual al resto de la sociedad, incluyendo familiares, amigos heterosexuales o compañeros de trabajo. En el momento en que hacen visible su homosexualidad, muchos son atacados por la sociedad. Este ataque será mayor cuanto mayor sea el grado de homofobia y heterosexismo presente en una sociedad o país determinado. Estos dos factores crean un círculo de invisibilización y rechazo a la homosexualidad que tiene como resultado su exclusión de las leyes sobre protección social. La sociedad en general se construye sobre bases heterosexistas sencillamente porque la homosexualidad es virtualmente inexistente y no necesariamente por discriminación consciente. Ésto se comprueba al escuchar afirmaciones de sectores conservadores sobre el incremento de la homosexualidad, la propaganda homosexual, lo que pone en evidencia la existencia de este sistema heterosexista y el temor por su posible ruptura. Así tenemos leyes pensadas en un principio solo para heterosexuales, como lo es el matrimonio y las leyes antidiscriminación. Pero a medida que el heterosexismo cae la inclusión de la homosexualidad en el sistema legal aumenta. El mismo mecanismo se observó en su momento con las diferencias raciales.

El término homosexualidad pertenece a ese grupo de palabras cuyos significados no son unívocos o fijos, sino que lo subjetivo o ideológico contribuyen a darle un sentido determinado: para unos es un acto o conjunto de actos, para otros una identidad social o cultural, para otros una enfermedad, para otros un deseo, para otros un pecado.

La antropología social considera que no sólo el concepto, sino también esas realidades a las que parece referirse, han sido siempre parte de una estrategia de demarcación de fronteras y marginación de la diferencia. Se trataría así de una palabra creada desde una perspectiva heterosexista, con el afán de nombrar algo, cuando otros muchos rasgos de la personalidad no reciben ni atención ni etiqueta, y de este modo se crea una otredad con la que un nosotros rechaza cualquier identificación. La homosexualidad se construiría como una identidad cuyo fin sería el de reforzar por oposición un modelo, el heterosexista.

En definitiva, lo interesante de este enfoque es que no se presta a juicios valorativos. Lo anormal, antropológicamente hablando, no es sinónimo de bueno o malo. Así encontramos culturas, situadas en distintos tiempos y espacios que dieron y dan distinto trato a la homosexualidad. Actualmente ser gay es un modo de ser en el mundo legítimo en sí mismo. Es una identidad cuyos símbolos más representativos corresponden cada vez más a los adoptados por la cultura heterosexual, lo que hace que las diferencias se acorten y el sistema heterosexista peligre.

La normalidad social solo refiere a grupos dominantes, por lo que en una sociedad pluralista y de derechos humanos la no normalidad debe ser incluso más aceptada porque es la que está en desventaja.
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