Los documentos confidenciales publicados en 1995 en Estados Unidos demostraron que el ataque japonés a Pearl Habour no fue ninguna sorpresa para nadie, y menos para el gobierno de Roosvelt. El persistente fraude histórico y las películas de Hollywood han inculcado en todo el mundo una patraña que encubre un grave crimen por parte del gobierno estadounidense contra su propia población. Cuando Estados Unidos honra a los 2.400 muertos caídos en aquel ataque, derrama lágrimas de cocodrilo.
El espionaje estadounidense estaba al corriente de los planes militares de Japón por adelantado, pero no los pusieron en conocimiento de los mandos militares de Hawai, el almirante Husband E. Kimmel y el teniente general Walter Short. Tras el ataque, ambos oficiales fueron relevados de sus cargos, inculpados por fracasar en la defensa de Pearl Harbour contra del ataque, y degradados de su rango. La manipulación ha sido de tal calibre y tan prolongada que en 2000 Clinton pidió al Congreso que los comandantes fueran restituidos en sus rangos.
El ataque por sorpresa era una táctica conocida de los imperialistas nipones. En la noche del 8 de febrero de 1904, la flota japonesa también lanzó un ataque sorpresa en Port Arthur contra Rusia y bloqueó a la marina rusa, iniciando así otra guerra. Los militares estadounidenses conocían de sobra esa experiencia porque la estudiaban en las academias y habían realizado numerosas maniobras navales para prevenirla. Los planes de la Marina estadounidense siempre asumieron que, en caso de guerra, Japon atacaría a su flota en donde estuviera atracada.
En 1932 durante las maniobras Grand Joint del ejército y de la marina de guerra de Estados Unidos, el almirante Yarnell simuló un ataque con 152 aviones media hora antes de amanecer, sorpendiendo a los defensores de Pearl Habour. También era Domingo. En su informe determinó que la mejor manera de atacar Pearl Habour era un domingo por la mañana con aviones despegando desde los portaviones.
En 1938 el almirante Ernst dirigió un ataque aéreo desde el portaviones USS Saratoga contra Pearl Habour en otro ejercicio bélico de entrenamiento.
Por consiguiente, el mito del ataque por sorpresa a Pearl Habour no se sostiene. Pero el fraude a la historia va mucho más allá: Estados Unidos provocó el ataque de Japón para asumir su conocido papel de víctima.
El espionaje estadounidense estaba al corriente de los planes militares de Japón por adelantado, pero no los pusieron en conocimiento de los mandos militares de Hawai, el almirante Husband E. Kimmel y el teniente general Walter Short. Tras el ataque, ambos oficiales fueron relevados de sus cargos, inculpados por fracasar en la defensa de Pearl Harbour contra del ataque, y degradados de su rango. La manipulación ha sido de tal calibre y tan prolongada que en 2000 Clinton pidió al Congreso que los comandantes fueran restituidos en sus rangos.
El ataque por sorpresa era una táctica conocida de los imperialistas nipones. En la noche del 8 de febrero de 1904, la flota japonesa también lanzó un ataque sorpresa en Port Arthur contra Rusia y bloqueó a la marina rusa, iniciando así otra guerra. Los militares estadounidenses conocían de sobra esa experiencia porque la estudiaban en las academias y habían realizado numerosas maniobras navales para prevenirla. Los planes de la Marina estadounidense siempre asumieron que, en caso de guerra, Japon atacaría a su flota en donde estuviera atracada.
En 1932 durante las maniobras Grand Joint del ejército y de la marina de guerra de Estados Unidos, el almirante Yarnell simuló un ataque con 152 aviones media hora antes de amanecer, sorpendiendo a los defensores de Pearl Habour. También era Domingo. En su informe determinó que la mejor manera de atacar Pearl Habour era un domingo por la mañana con aviones despegando desde los portaviones.
En 1938 el almirante Ernst dirigió un ataque aéreo desde el portaviones USS Saratoga contra Pearl Habour en otro ejercicio bélico de entrenamiento.
Por consiguiente, el mito del ataque por sorpresa a Pearl Habour no se sostiene. Pero el fraude a la historia va mucho más allá: Estados Unidos provocó el ataque de Japón para asumir su conocido papel de víctima.