Hola, hace mucho que ando alejado de T! por muchas razones xD una de ellas el fallo en la pagina antes de cambiar a la V6 xD acá les traigo un relato de horror de mi narrativa, la cual cuenta la historia en primera persona a forma de diario. Espero les guste y comenten que les pareció. Gracias por pasar!
Este es el diario del doctor Francisco Madero, medico de turno en el hospital psiquiátrico Del Valle, a las afueras del pueblo fronterizo de Tierra Negra en el norte del país.
En este diario lleve casi mi vida entera, cada caso y cada experiencia vividos en los casi veinte años en el hospital fueron plasmados en este diario, pero un caso en especial en las últimas páginas de este fue uno que jamás había visto, incluso luego de ver a miles de personas dementes y perturbadas, algo, jamás visto.
Caso #298
Paciente: Alfonso Villa.
Edad: 56 años.
Padecimiento: Demencia y alucinaciones.
Tratamiento: sesiones y terapia de electrochoques.
Ese día, veinticinco de enero de mil novecientos veintidós a las veinte horas y con el caso del señor Villa. Frente a mí se encontraba el paciente, estaba sentado en una silla, con sus manos atadas a los posa manos, y con un bozal en su boca para evitar ataques tanto así mismo, como a mi persona. Empezamos la primera sesión.
Primera sesión.
El estaba tranquilo aquella noche, su respiración era normal y continua, mirando siempre al piso con su mirada perdida y oscura. El silencio en la habitación era profundo solo el tic tac de las manecillas del reloj hacían eco el ella. Miraba aquel hombre, de unas largas y mugrientas cubiertas de su propia sangre debido al daño que el mismo se causaba en sus momentos de locura, de cabello largo y desmarañado, y de un físico algo extraño para un hombre de su edad.
-Señor Villa. Le dije mientras sacaba mi bolígrafo de mi saco, y con la libreta en mi otra mano. –Dígame señor ¿Cómo se siente?
El no respondía solo miraba al piso, ni una sola palabra solo su respiración. De nuevo empuñe el bolígrafo.
–No tiene que temer, soy su amigo y quiero ayudarle. Le dije.
De nuevo no obtuve respuesta de él, simplemente nada, este no sería el primer caso en el que el paciente se encierra en su propio mundo de miedos y temores. La demencia del señor Villa era algo diferente, el se auto lastimaba con el fin de, según él, despistar al ser que lo perseguía. Decía que si estaba herido y cubierto de sangre él ser no lo encontraría, pero en cambio si él no hacia eso, corre el riesgo de ser arrastrado a lo más profundo de su propio infierno.
Me sentía algo cansado, había tenido mucho trabajo ese día, y la verdad creía que solo era un paciente más así que no sería nada de otro mundo dejarlo y seguir luego de una buena noche de sueño. Guarde mi bolígrafo de nuevo en mi saco y pedí a los enfermeros que se llevaran al señor Villa.
Me retire sin más demora a mi casa a unos cuantos kilómetros del hospital, iba somnoliento y cansado. Tarde los quince minutos que cada noche me tomaba en llegar, a veces dormía en una habitación privada y lejana de los pacientes en el hospital pero esa noche aun era temprano y la verdad me tenía harto el ambiente lúgubremente frío del hospital. Llegue a mi casa y de inmediato entre y me prepare un té y me puse mis cómodas pantuflas, seguido tome el expediente del señor Villa y sentado en mi estudio lo revise rápidamente.
Es curioso que el señor Villa fuera un exitoso comerciante de oro, él y su familia tenían una extensa propiedad cubierta de minas en casi su totalidad, su propia refinadora y una gran cantidad de socios que lo financiaban en sus más grandes y locos proyectos. Pero su vida no era lo que me pareció curioso si no que, con todo su dinero, toda su familia y todos sus socios, el jamás había tenido visitas ni nadie había dado responsabilidad hacia él.
Esa noche, a pesar de que estaba en mi casa y mejor aun mi cama, sentía el ambiente frío del hospital, ese frío que odiaba tanto me estaba volviendo loco. Mis huesos se sentían extraños como si algo los estuvieran cubriendo lentamente, acostado en mi cama era extraño el sentimiento que sentía, con los ojos cerrados, sentía el ambiente como si fuera el hospital pero sabía que estaba en mi casa.
Abrí los ojos estrepitosamente alimentados por el miedo, miedo que se hizo terror al ver lo que se posaba en el marco de la puerta de mi habitación. Mis músculos temblaron, mis nervios se dispararon y mi corazón, palpitaba a una velocidad que no podría comparar con ninguna medición antes hecha. El extraño ser que se posaba en el marco, era algo que no podía comprender, de raros contornos y horrendas formas. Casi humano pero con la diferencia de que sus brazos, pies, estomago y cuello eran estirados y su cabeza era dos veces más grande que la de un humano normal, garras en lugar de uñas orejas punteadas y cabello largo, cubierto por una especie de tela gruesa y color ocre. Su rostro no pude verlo, la oscuridad de mi habitación lo impedía, las anteriores señas, las note porque estaba en contra luz y la silueta era notable.
El ser, generaba una especie de chillidos u gruñidos, más no palabra o sonido claro. Solo eso, nada más, estaba de pie bajo el marco de la puerta, pero mi corazón no se detenía, no pensaba en miles de horrores o en historias de terror, a mi mente solo llego una sola pregunta. ¿Qué es? Más no encontré respuesta. Esos escasos diez segundos en los que este ser se poso ahí se hicieron horas, sentía su furia, su poder, su odio, aunque no hacía nada para lastimarme.
En un momento neutro, el ser empezó a caminar hacia mí, quise encender la lámpara pero solo la tiré. Mis nervios eran incontenibles ¿Qué inhumanas mutilaciones me haría este demonio sin rostro? No lo sabía, solo se acercaba. Al llegar a mí, creí que moriría, que era mi fin inmediato, no podía escapar estaba inmóvil no podía no. Cerré mis ojos y espere mi fin. Pero.
Al notar que a pesar de estar cerca de mí, el ser no me había atacado no me había hecho daño alguno así que decidí abrir los ojos. Al abrirlos, el ser iba de regreso hacia la puerta como si ya no tuviera nada que hacer, lentamente así como llego, se alejo y desapareciendo por la puerta gruñendo se fue. Alivio e inquietud llego a mí.
– ¿Pero qué era eso? Me pregunte.
Luego que me tranquilice, me puse de pie y recogí la lámpara que minutos antes había tirado, encendiéndola ilumine la habitación y mire hacia la puerta, bajo el marco donde estaba la criatura, el ser, el demonio, se encontraba un charco de un liquido pegajoso y claro de horrible olor y mezclado con él un poco de sangre, al igual las huellas en el piso eran de este mismo liquido, los pies era como humanos pero igual alargados con dedos delgados.
Lleve mis manos a la cabeza, en señal de incertidumbre aunque en mis lejanos temores jamás había tenido semejante escena o sueño.
–Sí, fue un sueño. Me dije a mi mismo en forma de consuelo.
Al retirar las manos de mi cabeza, no podía creer lo que veía, frente a mi cama huellas de aquel ser húmedas y expidiendo el mal olor. Pero eso no era lo que me sorprendió, si no que el expediente del señor Villa el cual había dejado sobre mi mesita de noche ya no estaba, este monstruo de la noche lo debió tomar. Pero ¿Por qué? De inmediato a mi mente se presentó el recuerdo de su caso y de su demencia.
El señor Villa se auto lastimaba y se cubría de sangre para no ser encontrado por el ser. ¿Sería este el ser que lo atormentaba? Y si no lo es ¿Por qué tomo su expediente? Preguntas a las cuales, no llegaron respuesta. Solo existía una persona una sola, que sabía que pasaba, el señor Villa.
Rápidamente me puse de pie y corrí a mi auto, los quince minutos que a diario hacia esta vez fueron ocho minutos interminables en los cuales y en todo el camino no deje de pensar en ese ser extraño. Al llegar al hospital me apersone a mi oficina y mediante la línea interna, pedí que llevaran al señor Villa al cuarto donde hacia mis sesiones con los pacientes.
Medite unos minutos antes de apersonarme al cuarto, pensé en miles de cosas que solo sacudían mi mente, si, mi mente, la misma que por estar rodeada de demencia pura se estaba convirtiendo en uno de ellos. Respire profundo, me acerque a la puerta y con un suave giro a la perilla, la abrí, seguidamente, entre.
Segunda sesión.
El señor villa se encontraba sentado en la misma posición en la que se encontraba la última vez que lo vi, con su mirada perdida en el piso y atado como era el procedimiento de rutina. Tome mi libreta y me dispuse a sacar de mi saco el bolígrafo, pero con el nerviosismo y el cansancio que aun tenia sobre mí, hizo que sin querer, lo dejara caer al piso, mire al señor Villa aun inmóvil, me incline a recogerlo.
–Usted cree que fue un sueño. Me dijo con voz áspera y rasposa, rápidamente lo mire.
– ¿Qué a dicho? Le pregunte sin demora mientras recogía el bolígrafo.
–Usted lo vio, si, lo vio, tiene impregnado su aroma a muerte.
Abrí mi libreta y empecé a hacerle unas preguntas, debía aprovechar ese momento de lucidez en el, a partir de este momento, no sé qué paso pero todo cambio.
–Señor villa, ¿Cuántos años tiene?
No respondió.
–Señor Villa. Levanto la cabeza y me miro. Sus ojos me aterraron, la fría mirada de sus ojos color café penetro mi ser dejándome sin aliento, su cara maltratada, arañada y manchada de su propia sangre era algo grotesco, diabólico. Me miraba fijamente.
–Dígame, doctor Madero. Dijo con voz gruesa, misma voz me petrifico. – ¿Quien es el verdadero loco en este lugar?
Lo mire en silencio fijamente con mi bolígrafo apoyado sobre la libreta.
–Jajaja, doctor, nadie es demente, loco o anormal, simplemente la mente de cada persona es una realidad diferente, nos vemos iguales por fuera pero nuestra mente es única. Dijo mientras sacudía su cabeza.
–No entiendo a que se refiere señor Villa, nadie ha dicho que este loco, estamos tratando su enfermedad misma que opaca su lucidez mental.
–Doctor. ¿Acaso lo que vio en su habitación lo vería alguien sano mentalmente?
De inmediato deje caer el bolígrafo y la libreta al piso, estaba en shock, era imposible que el supiera lo que había visto.
–Si doctor, lo sé, y déjeme decirle que no es de locos ver eso, es simplemente aquello que todos llevamos dentro de nosotros. Sacudió la cabeza de nuevo y miro al piso. –Solo vio lo que muchos de ustedes llaman demencia, pero en realidad doctor, eso es nuestra conciencia oscura la que ocultamos y tratamos de encarcelar ante la sociedad.
Estaba loco sin lugar a duda. Recogí mis cosas y las coloque sobre la mesa.
–Señor Villa. Dije al tiempo que cruzaba los pies. –Como dice que esta, demencia o como usted dice, “nuestra conciencia” ¿Cómo es que la vemos? Pregunte. El solo miraba al piso.
–Doctor, doctor, usted no comprende de que se trata la vida, no son solo sueños y codiciar cosas. La vida se trata de cosas que ni usted ni el más esmerado científico explicaría. Lo que usted ve, es solo una pequeña partícula de lo que pasa en la vida, a su alrededor pasan miles de cosas que no podría resistir, la locura que lo invadiría.
Lo mire fijamente, solo agachando la cabeza en leves intervalos. Me sentía completamente intimidado.
–Mi querido doctor. Prosiguió. –Usted, que es un estudiado hombre de vida dígame; ¿Qué es lo que vio en su habitación esta misma noche?
El me miraba con una fría y penetrante mirada que me doblegaba y me obligaba a bajar la cabeza.
–Vi. No. No, vi nada no se a que se refiere o a que está jugando señor Villa, acá el que esta demente y ve cosas es usted.
–Jajaja querido doctor, no tiene que fingir o ponerse nervioso, ambos sabemos lo que vio. Esa es la realidad de la vida, la vida que despierta al dormir y la realidad que nunca vemos, la verdadera, doctor. La legítima raza que domina el mundo.
Solo podría agachar mi cabeza, me encontraba en un profundo temor, el porqué o el cómo, el sabia de mi horrible experiencia con el fétido ser. Medite en mi cabeza mil respuestas pero no, nada podía ser claro ante aquello, imposible el estaba en su habitación atado con la camisa de fuerza, jamás podría.
–Nosotros doctor. Dijo mientras se levantaba y dejaba caer la camisa de fuerza y las mordazas que lo ataban, y extendió sus brazos. –Nosotros, los entes de la noche somos los que dominamos el mundo mientras ustedes los humanos seres intrusos en nuestro universo duermen.
Mi corazón comenzó a latir fuertemente y a velocidades que nunca había presenciado, empecé a sudar sin control a hiperventilar, no eran normales los escalofríos que recorrían mi espalda y hacían temblar mis ya viejas carnes.
–Sí, nosotros somos esas personas que en sus sueños ven y no conocen, somos nosotros que en medio de la oscuridad de sus habitaciones caminamos y nos asomamos a mirar sus caras adormiladas y sin vida más que una leve señal eléctrica de su cerebro. Somos las sombras que ven de reojo y el motivo de que los perros ladren a la nada, piénselo doctor, la nada, también es algo.
Poco a poco su piel empezó a humear, de sus poros brotaban pequeñas líneas de humo blanco que cambiaba a negro en pocos segundos, el aire se empezó a hacer pesado y de nuevo un fétido olor cubrió la habitación.
–Mmm… la vida, la hermosa vida que los humanos aprecian de una manera sin igual, esa vida es solo un lapso de tiempo que se pierde a cada segundo, nosotros, vivimos por siempre, mientras haya oscuridad, existiremos.
Empezó a caminar hacia mí, lentamente y caminando de una manera peculiar se acercaba. Mis ojos se llenaron de horror y sin pena de decirlo, de lágrimas al atestiguar como su piel empezaba a desprenderse como una serpiente que muda su piel, desprendiendo la fina capa de piel cayendo al piso dejando al descubierto solo una piel rugosa negra y mal oliente, sus ojos se saltaron y cambiaron de color a un negro profundo y vació, su cabello cayo y de su cabeza surgieron don pequeños cuernos redondos, y sus orejas punteadas y finas como las de un fiero perro.
Sus risas pasaron de ser humanas a unos quejidos roncos, sus manos se alargaron así como sus piernas y de sus dedos tanto de las manos como de los pies garras de no más de dos pulgadas, finas y afiladas y lo más espantoso, su cara sin nariz y solo dos pequeños agujeros y de su ya ancha y estirada boca se notaban como las puntas de hueso que ahora eran sus dientes sobresalían de ella.
Se acercaba mas y mas y mi temor era notorio e iba en aumento, mis temores que hacían escasas horas viví en mi casa no era ni la décima parte de lo que ahora sentía, se acerca, dejando tras de sí la ya putrefacta piel humana y un liquido mal oliente y de color oscuro. Llego al fin hasta mí y sentí como mi corazón empezaba a contraerse. Al estar frente a mí, coloco su garra en mi pecho y presionó levemente.
–Doctor. Susurro. –No tenga miedo mi amigo, usted ha visto miles de demencias y a intentado curarlas, eso es bueno pero la verdadera demencia se encuentra en usted mismo, la demencia llamada vida es incurable solo cuando su día ya programado llegue, será cuando sea libre de si demencia.
Retiro su garra de mi pecho y me sentí más relajado, pero aun moría de temor, el terror era enorme ya que no dejaba de mirarme con aquellos ojos negros y vacíos.
–Lo que vio en su habitación mi querido doctor era uno de tantos entes que habitan en la oscuridad y están atentos a mis necesidades, en este caso, localizar al señor Villa, el vio más de la cuenta al igual que usted, pero el debió pagar su sangre estaba maldita y su tiempo ya estaba escrito. Usted no tendrá su destino mi querido amigo, usted deberá ser su verdugo vivirá sabiendo la verdad de la vida pero no podrá decirlo a nadie porque si lo hace, bueno, lo que le paso al señor Villa no será más que un hermoso obsequio comparado con lo que a usted le pasaría.
Se alejo con una horrenda sonrisa y sus risas demoníacas hacían eco en mi cabeza, mientras se alejaba saliendo lentamente por la puerta sin quitar de mi su mirada.
–Viva doctor, porque la vida no será eterna. Dijo mientras la cruzaba. Y así, desapareció por completo dejándome aquí donde estoy, solo y sentado en el mismo lugar acabando de escribir en mi libreta estas sesiones con mi querido paciente Villa, no es que este loco, no es que los problemas de los pacientes me hayan inundado y me afectaran por algún síndrome o algo así. No estoy loco, no lo estoy, solo que, siendo humano eh visto la realidad y lo que en ella se oculta. No estoy loco, solo vi más de lo que mi mente puede aguantar.
Caso #001
Paciente: Francisco Madero (Ex doctor de este centro médico)
Edad: 63 años.
Padecimiento: Demencia, psicosis y trastornos mentales severos.
Tratamiento: aislamiento total y tratamiento con terapias variadas.
Doctor: Carlos olivera.
Diagnostico:
Doy por cerrado tanto el expediente como el caso, el paciente en si no da rastros de mejora a pesar de sus ya tres años de terapia. Procedo a dar por cerrado el caso y asignar al paciente en sí, a aislamiento perpetuo hasta su muerte.
Nota: conservare su libreta y sus casos anteriores así como sus archivos personales. No lo sé pero… No lo sé.
Se cierra el caso el once de agosto de mil novecientos veinticinco a la una con quince minutos de la mañana. Sin más que decir, doy por cerrado el caso y es una pena que dio su vida por curar a sus pacientes y al final acabo en el mismo lugar que ellos.

Este es el diario del doctor Francisco Madero, medico de turno en el hospital psiquiátrico Del Valle, a las afueras del pueblo fronterizo de Tierra Negra en el norte del país.
En este diario lleve casi mi vida entera, cada caso y cada experiencia vividos en los casi veinte años en el hospital fueron plasmados en este diario, pero un caso en especial en las últimas páginas de este fue uno que jamás había visto, incluso luego de ver a miles de personas dementes y perturbadas, algo, jamás visto.
Caso #298
Paciente: Alfonso Villa.
Edad: 56 años.
Padecimiento: Demencia y alucinaciones.
Tratamiento: sesiones y terapia de electrochoques.
Ese día, veinticinco de enero de mil novecientos veintidós a las veinte horas y con el caso del señor Villa. Frente a mí se encontraba el paciente, estaba sentado en una silla, con sus manos atadas a los posa manos, y con un bozal en su boca para evitar ataques tanto así mismo, como a mi persona. Empezamos la primera sesión.
Primera sesión.
El estaba tranquilo aquella noche, su respiración era normal y continua, mirando siempre al piso con su mirada perdida y oscura. El silencio en la habitación era profundo solo el tic tac de las manecillas del reloj hacían eco el ella. Miraba aquel hombre, de unas largas y mugrientas cubiertas de su propia sangre debido al daño que el mismo se causaba en sus momentos de locura, de cabello largo y desmarañado, y de un físico algo extraño para un hombre de su edad.
-Señor Villa. Le dije mientras sacaba mi bolígrafo de mi saco, y con la libreta en mi otra mano. –Dígame señor ¿Cómo se siente?
El no respondía solo miraba al piso, ni una sola palabra solo su respiración. De nuevo empuñe el bolígrafo.
–No tiene que temer, soy su amigo y quiero ayudarle. Le dije.
De nuevo no obtuve respuesta de él, simplemente nada, este no sería el primer caso en el que el paciente se encierra en su propio mundo de miedos y temores. La demencia del señor Villa era algo diferente, el se auto lastimaba con el fin de, según él, despistar al ser que lo perseguía. Decía que si estaba herido y cubierto de sangre él ser no lo encontraría, pero en cambio si él no hacia eso, corre el riesgo de ser arrastrado a lo más profundo de su propio infierno.
Me sentía algo cansado, había tenido mucho trabajo ese día, y la verdad creía que solo era un paciente más así que no sería nada de otro mundo dejarlo y seguir luego de una buena noche de sueño. Guarde mi bolígrafo de nuevo en mi saco y pedí a los enfermeros que se llevaran al señor Villa.
Me retire sin más demora a mi casa a unos cuantos kilómetros del hospital, iba somnoliento y cansado. Tarde los quince minutos que cada noche me tomaba en llegar, a veces dormía en una habitación privada y lejana de los pacientes en el hospital pero esa noche aun era temprano y la verdad me tenía harto el ambiente lúgubremente frío del hospital. Llegue a mi casa y de inmediato entre y me prepare un té y me puse mis cómodas pantuflas, seguido tome el expediente del señor Villa y sentado en mi estudio lo revise rápidamente.
Es curioso que el señor Villa fuera un exitoso comerciante de oro, él y su familia tenían una extensa propiedad cubierta de minas en casi su totalidad, su propia refinadora y una gran cantidad de socios que lo financiaban en sus más grandes y locos proyectos. Pero su vida no era lo que me pareció curioso si no que, con todo su dinero, toda su familia y todos sus socios, el jamás había tenido visitas ni nadie había dado responsabilidad hacia él.
Esa noche, a pesar de que estaba en mi casa y mejor aun mi cama, sentía el ambiente frío del hospital, ese frío que odiaba tanto me estaba volviendo loco. Mis huesos se sentían extraños como si algo los estuvieran cubriendo lentamente, acostado en mi cama era extraño el sentimiento que sentía, con los ojos cerrados, sentía el ambiente como si fuera el hospital pero sabía que estaba en mi casa.
Abrí los ojos estrepitosamente alimentados por el miedo, miedo que se hizo terror al ver lo que se posaba en el marco de la puerta de mi habitación. Mis músculos temblaron, mis nervios se dispararon y mi corazón, palpitaba a una velocidad que no podría comparar con ninguna medición antes hecha. El extraño ser que se posaba en el marco, era algo que no podía comprender, de raros contornos y horrendas formas. Casi humano pero con la diferencia de que sus brazos, pies, estomago y cuello eran estirados y su cabeza era dos veces más grande que la de un humano normal, garras en lugar de uñas orejas punteadas y cabello largo, cubierto por una especie de tela gruesa y color ocre. Su rostro no pude verlo, la oscuridad de mi habitación lo impedía, las anteriores señas, las note porque estaba en contra luz y la silueta era notable.
El ser, generaba una especie de chillidos u gruñidos, más no palabra o sonido claro. Solo eso, nada más, estaba de pie bajo el marco de la puerta, pero mi corazón no se detenía, no pensaba en miles de horrores o en historias de terror, a mi mente solo llego una sola pregunta. ¿Qué es? Más no encontré respuesta. Esos escasos diez segundos en los que este ser se poso ahí se hicieron horas, sentía su furia, su poder, su odio, aunque no hacía nada para lastimarme.
En un momento neutro, el ser empezó a caminar hacia mí, quise encender la lámpara pero solo la tiré. Mis nervios eran incontenibles ¿Qué inhumanas mutilaciones me haría este demonio sin rostro? No lo sabía, solo se acercaba. Al llegar a mí, creí que moriría, que era mi fin inmediato, no podía escapar estaba inmóvil no podía no. Cerré mis ojos y espere mi fin. Pero.
Al notar que a pesar de estar cerca de mí, el ser no me había atacado no me había hecho daño alguno así que decidí abrir los ojos. Al abrirlos, el ser iba de regreso hacia la puerta como si ya no tuviera nada que hacer, lentamente así como llego, se alejo y desapareciendo por la puerta gruñendo se fue. Alivio e inquietud llego a mí.
– ¿Pero qué era eso? Me pregunte.
Luego que me tranquilice, me puse de pie y recogí la lámpara que minutos antes había tirado, encendiéndola ilumine la habitación y mire hacia la puerta, bajo el marco donde estaba la criatura, el ser, el demonio, se encontraba un charco de un liquido pegajoso y claro de horrible olor y mezclado con él un poco de sangre, al igual las huellas en el piso eran de este mismo liquido, los pies era como humanos pero igual alargados con dedos delgados.
Lleve mis manos a la cabeza, en señal de incertidumbre aunque en mis lejanos temores jamás había tenido semejante escena o sueño.
–Sí, fue un sueño. Me dije a mi mismo en forma de consuelo.
Al retirar las manos de mi cabeza, no podía creer lo que veía, frente a mi cama huellas de aquel ser húmedas y expidiendo el mal olor. Pero eso no era lo que me sorprendió, si no que el expediente del señor Villa el cual había dejado sobre mi mesita de noche ya no estaba, este monstruo de la noche lo debió tomar. Pero ¿Por qué? De inmediato a mi mente se presentó el recuerdo de su caso y de su demencia.
El señor Villa se auto lastimaba y se cubría de sangre para no ser encontrado por el ser. ¿Sería este el ser que lo atormentaba? Y si no lo es ¿Por qué tomo su expediente? Preguntas a las cuales, no llegaron respuesta. Solo existía una persona una sola, que sabía que pasaba, el señor Villa.
Rápidamente me puse de pie y corrí a mi auto, los quince minutos que a diario hacia esta vez fueron ocho minutos interminables en los cuales y en todo el camino no deje de pensar en ese ser extraño. Al llegar al hospital me apersone a mi oficina y mediante la línea interna, pedí que llevaran al señor Villa al cuarto donde hacia mis sesiones con los pacientes.
Medite unos minutos antes de apersonarme al cuarto, pensé en miles de cosas que solo sacudían mi mente, si, mi mente, la misma que por estar rodeada de demencia pura se estaba convirtiendo en uno de ellos. Respire profundo, me acerque a la puerta y con un suave giro a la perilla, la abrí, seguidamente, entre.
Segunda sesión.
El señor villa se encontraba sentado en la misma posición en la que se encontraba la última vez que lo vi, con su mirada perdida en el piso y atado como era el procedimiento de rutina. Tome mi libreta y me dispuse a sacar de mi saco el bolígrafo, pero con el nerviosismo y el cansancio que aun tenia sobre mí, hizo que sin querer, lo dejara caer al piso, mire al señor Villa aun inmóvil, me incline a recogerlo.
–Usted cree que fue un sueño. Me dijo con voz áspera y rasposa, rápidamente lo mire.
– ¿Qué a dicho? Le pregunte sin demora mientras recogía el bolígrafo.
–Usted lo vio, si, lo vio, tiene impregnado su aroma a muerte.
Abrí mi libreta y empecé a hacerle unas preguntas, debía aprovechar ese momento de lucidez en el, a partir de este momento, no sé qué paso pero todo cambio.
–Señor villa, ¿Cuántos años tiene?
No respondió.
–Señor Villa. Levanto la cabeza y me miro. Sus ojos me aterraron, la fría mirada de sus ojos color café penetro mi ser dejándome sin aliento, su cara maltratada, arañada y manchada de su propia sangre era algo grotesco, diabólico. Me miraba fijamente.
–Dígame, doctor Madero. Dijo con voz gruesa, misma voz me petrifico. – ¿Quien es el verdadero loco en este lugar?
Lo mire en silencio fijamente con mi bolígrafo apoyado sobre la libreta.
–Jajaja, doctor, nadie es demente, loco o anormal, simplemente la mente de cada persona es una realidad diferente, nos vemos iguales por fuera pero nuestra mente es única. Dijo mientras sacudía su cabeza.
–No entiendo a que se refiere señor Villa, nadie ha dicho que este loco, estamos tratando su enfermedad misma que opaca su lucidez mental.
–Doctor. ¿Acaso lo que vio en su habitación lo vería alguien sano mentalmente?
De inmediato deje caer el bolígrafo y la libreta al piso, estaba en shock, era imposible que el supiera lo que había visto.
–Si doctor, lo sé, y déjeme decirle que no es de locos ver eso, es simplemente aquello que todos llevamos dentro de nosotros. Sacudió la cabeza de nuevo y miro al piso. –Solo vio lo que muchos de ustedes llaman demencia, pero en realidad doctor, eso es nuestra conciencia oscura la que ocultamos y tratamos de encarcelar ante la sociedad.
Estaba loco sin lugar a duda. Recogí mis cosas y las coloque sobre la mesa.
–Señor Villa. Dije al tiempo que cruzaba los pies. –Como dice que esta, demencia o como usted dice, “nuestra conciencia” ¿Cómo es que la vemos? Pregunte. El solo miraba al piso.
–Doctor, doctor, usted no comprende de que se trata la vida, no son solo sueños y codiciar cosas. La vida se trata de cosas que ni usted ni el más esmerado científico explicaría. Lo que usted ve, es solo una pequeña partícula de lo que pasa en la vida, a su alrededor pasan miles de cosas que no podría resistir, la locura que lo invadiría.
Lo mire fijamente, solo agachando la cabeza en leves intervalos. Me sentía completamente intimidado.
–Mi querido doctor. Prosiguió. –Usted, que es un estudiado hombre de vida dígame; ¿Qué es lo que vio en su habitación esta misma noche?
El me miraba con una fría y penetrante mirada que me doblegaba y me obligaba a bajar la cabeza.
–Vi. No. No, vi nada no se a que se refiere o a que está jugando señor Villa, acá el que esta demente y ve cosas es usted.
–Jajaja querido doctor, no tiene que fingir o ponerse nervioso, ambos sabemos lo que vio. Esa es la realidad de la vida, la vida que despierta al dormir y la realidad que nunca vemos, la verdadera, doctor. La legítima raza que domina el mundo.
Solo podría agachar mi cabeza, me encontraba en un profundo temor, el porqué o el cómo, el sabia de mi horrible experiencia con el fétido ser. Medite en mi cabeza mil respuestas pero no, nada podía ser claro ante aquello, imposible el estaba en su habitación atado con la camisa de fuerza, jamás podría.
–Nosotros doctor. Dijo mientras se levantaba y dejaba caer la camisa de fuerza y las mordazas que lo ataban, y extendió sus brazos. –Nosotros, los entes de la noche somos los que dominamos el mundo mientras ustedes los humanos seres intrusos en nuestro universo duermen.
Mi corazón comenzó a latir fuertemente y a velocidades que nunca había presenciado, empecé a sudar sin control a hiperventilar, no eran normales los escalofríos que recorrían mi espalda y hacían temblar mis ya viejas carnes.
–Sí, nosotros somos esas personas que en sus sueños ven y no conocen, somos nosotros que en medio de la oscuridad de sus habitaciones caminamos y nos asomamos a mirar sus caras adormiladas y sin vida más que una leve señal eléctrica de su cerebro. Somos las sombras que ven de reojo y el motivo de que los perros ladren a la nada, piénselo doctor, la nada, también es algo.
Poco a poco su piel empezó a humear, de sus poros brotaban pequeñas líneas de humo blanco que cambiaba a negro en pocos segundos, el aire se empezó a hacer pesado y de nuevo un fétido olor cubrió la habitación.
–Mmm… la vida, la hermosa vida que los humanos aprecian de una manera sin igual, esa vida es solo un lapso de tiempo que se pierde a cada segundo, nosotros, vivimos por siempre, mientras haya oscuridad, existiremos.
Empezó a caminar hacia mí, lentamente y caminando de una manera peculiar se acercaba. Mis ojos se llenaron de horror y sin pena de decirlo, de lágrimas al atestiguar como su piel empezaba a desprenderse como una serpiente que muda su piel, desprendiendo la fina capa de piel cayendo al piso dejando al descubierto solo una piel rugosa negra y mal oliente, sus ojos se saltaron y cambiaron de color a un negro profundo y vació, su cabello cayo y de su cabeza surgieron don pequeños cuernos redondos, y sus orejas punteadas y finas como las de un fiero perro.
Sus risas pasaron de ser humanas a unos quejidos roncos, sus manos se alargaron así como sus piernas y de sus dedos tanto de las manos como de los pies garras de no más de dos pulgadas, finas y afiladas y lo más espantoso, su cara sin nariz y solo dos pequeños agujeros y de su ya ancha y estirada boca se notaban como las puntas de hueso que ahora eran sus dientes sobresalían de ella.
Se acercaba mas y mas y mi temor era notorio e iba en aumento, mis temores que hacían escasas horas viví en mi casa no era ni la décima parte de lo que ahora sentía, se acerca, dejando tras de sí la ya putrefacta piel humana y un liquido mal oliente y de color oscuro. Llego al fin hasta mí y sentí como mi corazón empezaba a contraerse. Al estar frente a mí, coloco su garra en mi pecho y presionó levemente.
–Doctor. Susurro. –No tenga miedo mi amigo, usted ha visto miles de demencias y a intentado curarlas, eso es bueno pero la verdadera demencia se encuentra en usted mismo, la demencia llamada vida es incurable solo cuando su día ya programado llegue, será cuando sea libre de si demencia.
Retiro su garra de mi pecho y me sentí más relajado, pero aun moría de temor, el terror era enorme ya que no dejaba de mirarme con aquellos ojos negros y vacíos.
–Lo que vio en su habitación mi querido doctor era uno de tantos entes que habitan en la oscuridad y están atentos a mis necesidades, en este caso, localizar al señor Villa, el vio más de la cuenta al igual que usted, pero el debió pagar su sangre estaba maldita y su tiempo ya estaba escrito. Usted no tendrá su destino mi querido amigo, usted deberá ser su verdugo vivirá sabiendo la verdad de la vida pero no podrá decirlo a nadie porque si lo hace, bueno, lo que le paso al señor Villa no será más que un hermoso obsequio comparado con lo que a usted le pasaría.
Se alejo con una horrenda sonrisa y sus risas demoníacas hacían eco en mi cabeza, mientras se alejaba saliendo lentamente por la puerta sin quitar de mi su mirada.
–Viva doctor, porque la vida no será eterna. Dijo mientras la cruzaba. Y así, desapareció por completo dejándome aquí donde estoy, solo y sentado en el mismo lugar acabando de escribir en mi libreta estas sesiones con mi querido paciente Villa, no es que este loco, no es que los problemas de los pacientes me hayan inundado y me afectaran por algún síndrome o algo así. No estoy loco, no lo estoy, solo que, siendo humano eh visto la realidad y lo que en ella se oculta. No estoy loco, solo vi más de lo que mi mente puede aguantar.
Caso #001
Paciente: Francisco Madero (Ex doctor de este centro médico)
Edad: 63 años.
Padecimiento: Demencia, psicosis y trastornos mentales severos.
Tratamiento: aislamiento total y tratamiento con terapias variadas.
Doctor: Carlos olivera.
Diagnostico:
Doy por cerrado tanto el expediente como el caso, el paciente en si no da rastros de mejora a pesar de sus ya tres años de terapia. Procedo a dar por cerrado el caso y asignar al paciente en sí, a aislamiento perpetuo hasta su muerte.
Nota: conservare su libreta y sus casos anteriores así como sus archivos personales. No lo sé pero… No lo sé.
Se cierra el caso el once de agosto de mil novecientos veinticinco a la una con quince minutos de la mañana. Sin más que decir, doy por cerrado el caso y es una pena que dio su vida por curar a sus pacientes y al final acabo en el mismo lugar que ellos.

