Abro los ojos y parpadeo y la veo en una décima de segundo, todavía no me doy cuenta a quien tengo en frente, y vuelve a parpadear, y ya no esta.
- ¿que paso?- me dije a mi mismo- si la tenía enfrente, sentía su respiración en mi boca.
La reconocí enseguida nunca la había olvidado, desde que la deje en aquel pueblo, a la única que amo.
Desde hace un año vivo en la ciudad, hace un año yo vivía en un pueblo, antes que en la cuidad hubo un pueblo al que yo amaba. Pero por las circunstancias de la vida tuve que mudarme de aquel paraíso.
Yo desde que llegue aquí me sentí como un indio en una casa, infeliz, tuve depresión por varios meses no me sentía vivo en este lugar, al final comenzaron las clases y tuve que de a poco a amoldarme, sin embargo. No era lo mismo.
En una décima de segundo es lo que tardo en recodar, en cuanto despierto, de que no estoy en mi pueblo sino en la ciudad, en este feo departamento que me asfixia.
En aquel pueblo nací, y me críe hasta el segundo año de secundaria, ahí mi padre y mi madre consiguieron por cosas del destino un trabajo importante, era una posibilidad única para ellos en lo laboral, además a mi me acercaba a la universidad, pero ¡yo no quiero ir a la universidad! Quiero quedarme en mi pueblo y vivir con ella y trabajar allí. Pero al mismo tiempo estoy desconcertado, hace más de un mes que ella no contesta mis mensajes, pero ese es otro tema.
Quiero antes que todo ordenar mis prioridades.
1. Ella, la chica a la que amo que se quedo en él.
Hace un año.
Era un atardecer de veranos en una aldea, que son espectaculares y reconfortantes en los finales de año, y en la que se realiza la fiesta de la fundación de él, en la que la única escuela del pueblo se encarga en conjunto con el alcalde de organizarlo, donde hacen desfiles, ferias, etc., hacen de una fiesta la cuidad. También es cuando vienen los turistas a disfrutar, y esta de más decir el entusiasmo que se generaba en los alumnos de la escuela.
Pero alguien no está satisfecho por eso, esa persona en su corazón no hay entusiasmo, se queda en este crepúsculo de verano contemplando al árbol que planto cuando era mas pequeño. Y nota lo que a crecido no puede evitar que se le humedezcan los ojos por la nostalgia, ya era tres veces mas grande de altura que él.
En una décima de segundo se da cuenta de que alguien lo esta observando, y gira para verla a ella, a su amor juvenil.
-tus viejos me contaron lo del nuevo trabajo- le dijo- y que te perderás de la celebración. Lo siento mucho.
-no tienes que disculparte- y se dio vuelta para contemplarla a ella.
- odio cundo pones esa cara de nabo telenovela- rugió de repente y le lanzó una carpeta en la cara que impacto contra su nariz e hizo una mueca de dolor mientras su amiga salio corriendo.
Este no podía culparla de sus actitudes violentas, ella es así aunque también le podemos sumarle que es bipolar y a veces es mucho más aterrador que una persona que sea solamente violenta. A veces la veía sentada sola observando por la ventana con una mirada melancólico de ojos tristes, callados y tranquilos, y en segundos tenia unos arranques de emoción y de pasión, de ira y de felicidad que iban hacia los extremos. Es de las personas, que siempre, cuando se mete algo en la cabeza no descansa hasta obtenerlo.
Ella es una chica difícil.
Pero al fin esa era su manera de amar, algunos de forma silenciosa, otros de manera fugaz o de manera violenta como es ella.
En la ultima semana su existencia en el pueblo ella no le dirigió la palabra enfadada, su frío era tan dañino como tomar mil kilos de veneno, letal y lento.
Siempre cuando le dirigía la palabra era como si no existiera para ella, como un fantasma del pasado que ella no se acuerda.
El último día, se encontraba con sus viejos en la terminal de trenes esperando al que llevaría. Todos los amigos con quienes compartieron sus vidas vinieron a despedirlos, él se encontraba rodeado por todo el curso que trataba de animarlo con sumo esfuerzo, este solo les sonreía amablemente, y sus parpados estaban coloreados por una purpurina por no haber dormido toda la noche pensando si ella vendrá para despedirlo, el consideraba la posibilidad de que no venga por su forma de ser testadura y orgullosa seria capaz de no venir por mas doloroso que fuera. Por otro lado es posible que recapacite a ultimo minuto y se de cuenta del error que esta por cometer.
Lo único que le esperaba era esperar los segundos que quedaban para partir a la ciudad mientras los aprovechaba con sus amigos, que seria tal vez la última vez que los viera. Aun no se rendía en su interior, guardaba los últimos gramos de esperanza.
El noto que algunos de sus compañeros echaban un vistazo hacia atrás y se volvían hacia el con una sonrisa, como si guardaran una sorpresa, entonces los que estaban atrás de ellos se comenzaron abrir dejando pasar a alguien que no podía ver, a causa de lo que tenían enfrente le tapaban la visión.
Todos los presentes le esbozaron una sonrisa cómplice, y se abrieron para dejarla pasar, a ella, que avanzaba a causa de los empujones que le daban sus amigas desde atrás dándole valor para venir aquí.
-creí que nunca vendrías- fue el primero en hablar, mirándola a la cara.
-no te hagas ilusiones solo vine porque me obligaron- se excuso mirando hacia un costado, con sus manos hacia atrás escondiendo algo entre ellas.
Unos segundos de silencio trascurrieron eternos, hasta que suspiró y me miró.
-creo que te debo una disculpa- dijo finalmente- no te debí tratar tan fríamente, y no haberte hablado, creo que fue lo peor que te pude haber echo creo que nunca me vas a perdonar, soy una tonta en este tipo de cosas que hasta a veces me lastimo a mi misma.
El no podía creer con que franqueza lo había abordado, la primera vez que la escuchaba hablar así.
-pobre, la fiebre te debe estar matando- musito, mientras apoyaba la palma de la mano en su frente.
-no tonto- exclamo- se que te parece esto muy anormal viniendo de mi. Pero lo que te dije es cierto.
Obviamente no tiene fiebre, fue lo que pensó. Lo que le había dicho fue su propia reflexión de sus acciones.
- esta bien disculpa aceptada- dijo, y la cara de ella que hasta entonces estaba tensa se tranquilizó como si fueran palabras mágicas que deshicieron un hechizo que la maldijo.- ¿y qué tienes entre tus manos?
Al preguntarle ella cambió de color paso de su piel blanca como el anís a un rojo como el tomate. Éste notó su cambio radical.
-¿qué te pasó?- preguntó alarmado.
-nada, nada- dijo sofocada. Y le entregó en sus manos un celular con un moño rojo de regalo- tiene el numero de todos, ya que nunca tuviste, es el regalo perfecto para ti pensamos todos.
Lo tomo con cuidado como si fuera una reliquia, el regalo más hermoso del mundo.
- sabés- dijo mirando el celular- este regalo es el que mejor que te recibido, pero que me lo entregues es el mejor regalo que siempre quise y ansíe.
Después de confesarse ambos se abrazaron, transportándose a su propio mundo donde nadie puede entrar excepto ellos dos.
Ella se llama Celeste.
2. Mi pueblo.
-abuelo ¿cuéntame de la cuidad por favor?- dijo el chico mientras caminaban por un sendero borrascoso.
-qué te puedo decir no es la gran cosa. Prefiero el pueblo con mi corazón, además ¿por qué preguntas chico?
-es que en la escuela estuvimos hablando de las metrópolis, y descubrí que hay algo mas grande que el pueblo en el mundo.
-y mas aterrador- lo interrumpió este. El chico se quedo extrañado.
-¿por que?
-porque la cuidad es como un monstruo come hombres, come corduras- el chico se aterró de la descripción que le hacia.-y lamentablemente tiene una forma atrayente para las personas como un engaño, y lamentablemente tarde o temprano tenemos que ir.
Al chico le humedecieron los ojos.
-abuelo juro que jamás iré a la cuidad y me quedaré en mi amado pueblo.
La mama del chico apareció luego de haber escuchado la conversación desde atrás con su mama.
- papá no le cuentes esas cosas a mi hijo lo vas a traumar.
-ya lo logre, jeje, pero es por su bien linda- dijo.
La mama tomo a su hijo por las axilas y lo acurruco en sus brazos.
-no le hagas caso al abuelo, hijo, esta viejo y amargado a veces le gusta inventar historias.
-mas respeto a tu viejo que te oye- le advirtió sin mucho credibilidad.
-no te ofendas papá, pero no puedes atormentar a tu nieto de esa forma- y comenzaron a discutir los tres de cómo era la forma debida para educar a un niño si asustándolo o diciéndole la verdad, el chico ya no le dio importancia a lo que discutían, porque la charlas entre adultos eran muy rígidas y aburridas. Y se entretuvo en los brazos de su mama que lo llevaba sin esfuerzo mirando el cielo azul libre de nubes, era tan hermoso el siempre quiso dibujarlo igual pero no existía crayón azul o celeste que cumpla sus expectativas, ya que el cielo es irreprodusible.
Cuando terminaron de escalar una subida el se bajó de los brazos de su mama y se sorprendió de cuanto habían ascendido por la montaña donde todo el tramo lo llevo su mamá, y el no se había dado cuenta cuanto tiempo había pasado.
-ya llegamos a la cima.
-¿y por que habíamos vinimos?- preguntó sin ánimos. Su mamá le señalo a espaldas de el para que mire.
Cuando giro quedo alucinado al ver la vista de toda la cuidad tan hermosa y espontánea.
Y se dio cuenta que había encontrado algo irreprodusible.
Quiero aclarar que Él y el chico son yo, El es de hace un año la ultima semana antes de irme del pueblo y el chico cuando tenia cinco años, me llamo Ariel Allende.
Esas son las dos cosas que amo, sin contar a mis viejos.
Tengo en mi cabeza lo que me pasó esta mañana no puedo sacarme su imagen fresca y viva que vi por un momento, estaba algo cambiada a pasado un año desde que la ultima vez que nos vimos somos diferentes y a nosotros nos pasa de diferentes formas el tiempo.
Es posible que haya sido fruto de mi imaginación mezclada con la melancolía de su recuerdo y la pude a ver materializado frente a mí por unos segundos ya que la mente humana es muy poderosa.
Me senté en la clase de arte donde soy excepcionalmente talentoso, no es que lo diga yo, lo dicen mis profesores, hasta llegue a participar en concursos y ganarlos, eso es un cambio que paso solamente en la cuidad, pero lo que nunca cambio es que todavía trato de reproducir el cielo, aunque todavía no lo logro no desistí todavía.
-¿Vas volver a hacer tú experimentar?-pregunto Pamela intrigada, una compañera del instituto es con la que tengo mas afinidad.
-sí- respondí secamente.
-¿Qué vas a ser cuando lo logres?
-nada- respondí sacando una tela.
-¿Cómo que nada?- pregunto extrañada. Suspire por su insistencia y la mire a la cara.
-me volveré millonario. Esta feliz- le respondí.- ¿por que insistes tanto con eso?
-a lo largo de tu experimento en busca del cielo, has logrado que seas reconocido, hasta saliste en el diario, cuando lo logres ¿Qué harás después?- pregunto por fin. La pregunta me desconcertó del todo nunca lo había pensado.
-supongo que…que lo explotaré y luego descansare- respondí a la ligera, pensándolo poco. A pamela supo que mi respuesta no era legítima así que no le dio importancia más al tema.
-¿Ariel viste que este sábado León Innocenso abrirá una galería?- pregunto ansiosa por mi respuesta.
-¿Hoy te tragaste a Sherlock Holmes que haces tantas preguntas?- dije irónicamente- si ¿por?
-es que tengo que ir porque el profesor me ha pedido que saque unas fotos sobre su arte y haga un trabajo sobre ellas, y yo sé que siempre has seguido a ese artista, y ya que no quiero ir sola ¿te gustaría ir conmigo?- pregunto con un tono de voz algo nervioso.
-talvez no sea buena idea- musitándome a mi mismo y me fije por un momento en mi celular si tenia algún mensaje, estaba vacío.- si claro me encantaría, ¿hoy que es jueves?...mañana viernes, pasado sábado, entonces nos reunimos en la puerta de la galería.
-gracias Ariel no sabes la ayuda que me das – dijo alegremente, y se fue silbando.
Me fui del aula de plástica a las maquinas de gaseosas que hay a la entrada del instituto, mientras atravesaba todo el hall note que en la vidriera donde había uno de mis ultimas pinturas no te que alguien la contemplaba con sumo interés no le di importancia, a la vuelta, cuando me había comprado una Coca-Cola, ya no estaba esa persona, no reconocí si era hombre o mujer.
Volví a sentarme en mi silla y me concentré en mi tela.
Cuando se me hizo tarde dejé mi tela y me volví a casa sin parar en ningún lado antes, mi vieja tenia lista la cena comí, vi tele, revisé mi celular el buzón todavía estaba vacío, y me fui a acostar cuando caí en el colchón sentí como algo punzante y frío se me había clavado en la espalda salte de dolor de la cama, parecía que el objeto era chico pero el dolor era inmenso, prendí la luz y me refleje en mi espejo para ver si me había dejado una marca me alarmé al darme cuenta que apareció un hematoma enorme en forma de circulo.
- ¡¿Que carajo?!- grité. Mis padres entraron a mi pieza preocupados.
-¿Que te paso?- pregunto mi papá al entrar.
-me salio un hematoma.
-hay que maricon y por eso llorás- dijo mi viejo, mi vieja le pegó en la nuca.
-¿Como te la hiciste?- pregunto mi vieja examinándola.
-me pinché con algo en la cama, ¿puede ser que se te haya caído una aguja?
Mi padre se puso a buscar en mi cama algo parecido revolviendo la s sabanas.
-pues aquí no hay nada- dijo.
-te traeré algo de hielo- dijo mi mamá dando por finalizada la cuestión.
Al despertarme al día siguiente, me fijé ante todo si el hematoma estaba en mi espalda todavía, solo quedaba un moretón.
A la primera hora teníamos matemáticas, en las que siempre llego tarde por cosa del destino. Cuando me senté en mi banco cansado por venir corriendo, saque mi carpeta y empecé a trabajar un calor recorrió todo mi cuerpo esparciéndose y mi mente comenzó a nublarse hasta oscurecerse todo.
Una alarma del reloj de mi cuarto sonó retumbando adentro de mi cabeza, obligo a que mis ojos se abrieran, y en una décima de segundo note que este no era mi cuarto y la nostalgia me invadió, este cuarto era en donde dormía en el pueblo, salte de mi cama y me asome por la ventana y contemple nuevamente mi pueblo.
-¿que carajo esta pasando?-me dije.
Alguien toco mi puerta.
- Ariel, Celeste ya esta en la puerta, ya tienes que ir al cole- dijo mi mamá.
-si, ya bajo-dijo sorprendido, Celeste estaba aquí en la puerta.
Me puse mi antiguo uniforme de clases que me quedaba perfecto, y bajé corriendo las escaleras y salí al exterior y estaba ella como la recordaba. Enseguida me abalance sobre ella y la abrace.
-no sabes cuanto te extrañe- dije emocionado.
Ella no respondió y me miro extrañada como si yo estuviera desubicado.
-Ariel, la última vez que no vimos fue ayer- dijo atónita.
-¿eh?
-pobre, la fiebre te debe estar matando- apoyo su delicada mano en mi frente sudada- bueno algo caliente estas, entremos así tu mamá te da algo ¿si?
Entramos a casa que seguía igual como la recordaba, me senté en una silla de la cocina esperando a que alguien volviera, y note un diario encima de la mesa lo tome para ver la fecha estaba dos años atrás en el pasado, me puse blanco del asombro y vomite en el piso. Cuando mi mamá y Celeste volvieron me encontraron sofocado.
Celeste se fue antes para no llegar tarde a pesar de que quería quedarse se termino yendo preocupada.
Yo me fuí a mi cama a dormir un poco más, tocaron a mi puerta y entró mi abuelo que hace mucho que no lo veía, lo abrasé y termino siendo una situación parecida que con Celeste. Al final le terminé confesando lo que me había sucedido contándole toda la historia de los últimos días, el, al terminar mi historia, puso una cara divertida.
-¿así que vienes de dos años en el futuro?- preguntó con gracia- sabes si Argentina termina ganando el mundial.
-no, pierde la final con Brasil con gol de penal al ultimo minuto, pero eso no viene al caso- le repliqué- ¿Qué opinas?
-pues opino que necesitas un loquero- me miro a los ojos buscando la farsa en ellos, pero solo vio verdad- bueno…digamos que te creo entonces ¿que?
- ¿Que pudo haberme pasado?- le pregunte ansioso.
-obviamente hiciste un viaje en el tiempo y no sabes cómo- se quedo un momento reflexionando- sos un boludo.
-¡abuelo!- bramé.
-esta bien, pues que quieres que te diga disfrútalo. Es el sueño de todo humano viajar en el tiempo.
-¿A que te refieres?
-si que eres lento, sabes lo que va pasar úsalo a tu favor- dijo seriamente- y si fuera tu lo primero que haría seria aprender a como usarlo.
Mi cabeza hizo ‘clic’ al escucharlo.
El abuelo me dejo solo y empecé a repasar todos los hechos que sucedieron para que termine aquí, algo fuera de lo común, ¿que podía ser? y me quede dormido.
Desperté en la cama de la enfermería de la escuela. Y en una décima de segundo me di cuenta de que no estaba en casa.
Me acordé de las palabras de mi abuelo y me acosté y cerré los ojos engañándome a mi mismo para dormirme pero no era tan fácil como pensé, y abrí los parpados en una décima de segundo estaba en la casa del pueblo, mamá llamo a la puerta de mi recamara
- Ariel, Celeste ya esta en la puerta, ya tienes que ir al cole-dijo por segunda vez para mi. Lo había logrado encontré el mecanismo para hacerlo andar.
Salí de la casa y me estaba esperaba Celeste la tome de la mano y fuimos al colegio, todos mis compañeros estaban en el aula como los había dejado cuando me fui, ellos notaron mi euforia por la felicidad de estar con ellos, a nadie le importo, pero ahora los podía disfrutar a todos.
Podía disfrutarlos a todos eternamente como si nada hubiera cambiado el tiempo, ya no existía la cuidad ahora solo estaba mi pueblo y mi Celeste, estaba en una burbuja, una burbuja de tiempo aparte del tiempo del mundo.
Ya pasaron tres meses en este mundo perfecto, descubrí en estos tres meses que el viaje en el tiempo produjo en mi cuerpo un rejuvenecimiento, habían retrocedido dos años mi cuerpo de rejuveneció dos años, es un ley del tiempo.
También en clases de natación un amigo me hizo notar que el la espalda tenía un tatuaje donde tenía el hematoma, rezaba: Chronos.
Descubrí que así se llamaba a la personificación del tiempo en la mitología griega, entonces me di cuenta de que yo estaba metido en algo único.
Eso fue lo único que pude averiguar en estos días, el resto de ellos me los pase divirtiéndome.
En mi mochila encontré una nota de Celeste que la leyenda decía:
‘Te espero en el aula de música, Celeste’
Esa aula estaba en el último piso del instituto, donde siempre no pasaba ningún alma.
Al entrar ella me esperaba sentada arriba del piano, cuando entre arrugo su frente mirándome a los ojos.
-¿Qué pasa?- pregunto cauteloso.
-Ariel lo que estuviste haciendo estos últimos tres meses es enfermo, te estás haciendo daño- dijo cambiando su semblante de enojo a piadoso.
-¿Cómo lo sabes?- pregunte asustado con mi mundo perfecto cayéndose a pedazos.
-es culpa mía en primer lugar nunca debí dejarlo en tu cama-se lamento con desgana.-por favor vive tu vida.
Todo el aula se puso de color blanco y aparecí en la puerta de la casa de Pamela, que abrió la puerta y me tomo del brazo.
-vamos a la galería Ariel- dijo emocionada.
Y yo no supe que decir solo la seguí.
- ¿que paso?- me dije a mi mismo- si la tenía enfrente, sentía su respiración en mi boca.
La reconocí enseguida nunca la había olvidado, desde que la deje en aquel pueblo, a la única que amo.
Desde hace un año vivo en la ciudad, hace un año yo vivía en un pueblo, antes que en la cuidad hubo un pueblo al que yo amaba. Pero por las circunstancias de la vida tuve que mudarme de aquel paraíso.
Yo desde que llegue aquí me sentí como un indio en una casa, infeliz, tuve depresión por varios meses no me sentía vivo en este lugar, al final comenzaron las clases y tuve que de a poco a amoldarme, sin embargo. No era lo mismo.
En una décima de segundo es lo que tardo en recodar, en cuanto despierto, de que no estoy en mi pueblo sino en la ciudad, en este feo departamento que me asfixia.
En aquel pueblo nací, y me críe hasta el segundo año de secundaria, ahí mi padre y mi madre consiguieron por cosas del destino un trabajo importante, era una posibilidad única para ellos en lo laboral, además a mi me acercaba a la universidad, pero ¡yo no quiero ir a la universidad! Quiero quedarme en mi pueblo y vivir con ella y trabajar allí. Pero al mismo tiempo estoy desconcertado, hace más de un mes que ella no contesta mis mensajes, pero ese es otro tema.
Quiero antes que todo ordenar mis prioridades.
1. Ella, la chica a la que amo que se quedo en él.
Hace un año.
Era un atardecer de veranos en una aldea, que son espectaculares y reconfortantes en los finales de año, y en la que se realiza la fiesta de la fundación de él, en la que la única escuela del pueblo se encarga en conjunto con el alcalde de organizarlo, donde hacen desfiles, ferias, etc., hacen de una fiesta la cuidad. También es cuando vienen los turistas a disfrutar, y esta de más decir el entusiasmo que se generaba en los alumnos de la escuela.
Pero alguien no está satisfecho por eso, esa persona en su corazón no hay entusiasmo, se queda en este crepúsculo de verano contemplando al árbol que planto cuando era mas pequeño. Y nota lo que a crecido no puede evitar que se le humedezcan los ojos por la nostalgia, ya era tres veces mas grande de altura que él.
En una décima de segundo se da cuenta de que alguien lo esta observando, y gira para verla a ella, a su amor juvenil.
-tus viejos me contaron lo del nuevo trabajo- le dijo- y que te perderás de la celebración. Lo siento mucho.
-no tienes que disculparte- y se dio vuelta para contemplarla a ella.
- odio cundo pones esa cara de nabo telenovela- rugió de repente y le lanzó una carpeta en la cara que impacto contra su nariz e hizo una mueca de dolor mientras su amiga salio corriendo.
Este no podía culparla de sus actitudes violentas, ella es así aunque también le podemos sumarle que es bipolar y a veces es mucho más aterrador que una persona que sea solamente violenta. A veces la veía sentada sola observando por la ventana con una mirada melancólico de ojos tristes, callados y tranquilos, y en segundos tenia unos arranques de emoción y de pasión, de ira y de felicidad que iban hacia los extremos. Es de las personas, que siempre, cuando se mete algo en la cabeza no descansa hasta obtenerlo.
Ella es una chica difícil.
Pero al fin esa era su manera de amar, algunos de forma silenciosa, otros de manera fugaz o de manera violenta como es ella.
En la ultima semana su existencia en el pueblo ella no le dirigió la palabra enfadada, su frío era tan dañino como tomar mil kilos de veneno, letal y lento.
Siempre cuando le dirigía la palabra era como si no existiera para ella, como un fantasma del pasado que ella no se acuerda.
El último día, se encontraba con sus viejos en la terminal de trenes esperando al que llevaría. Todos los amigos con quienes compartieron sus vidas vinieron a despedirlos, él se encontraba rodeado por todo el curso que trataba de animarlo con sumo esfuerzo, este solo les sonreía amablemente, y sus parpados estaban coloreados por una purpurina por no haber dormido toda la noche pensando si ella vendrá para despedirlo, el consideraba la posibilidad de que no venga por su forma de ser testadura y orgullosa seria capaz de no venir por mas doloroso que fuera. Por otro lado es posible que recapacite a ultimo minuto y se de cuenta del error que esta por cometer.
Lo único que le esperaba era esperar los segundos que quedaban para partir a la ciudad mientras los aprovechaba con sus amigos, que seria tal vez la última vez que los viera. Aun no se rendía en su interior, guardaba los últimos gramos de esperanza.
El noto que algunos de sus compañeros echaban un vistazo hacia atrás y se volvían hacia el con una sonrisa, como si guardaran una sorpresa, entonces los que estaban atrás de ellos se comenzaron abrir dejando pasar a alguien que no podía ver, a causa de lo que tenían enfrente le tapaban la visión.
Todos los presentes le esbozaron una sonrisa cómplice, y se abrieron para dejarla pasar, a ella, que avanzaba a causa de los empujones que le daban sus amigas desde atrás dándole valor para venir aquí.
-creí que nunca vendrías- fue el primero en hablar, mirándola a la cara.
-no te hagas ilusiones solo vine porque me obligaron- se excuso mirando hacia un costado, con sus manos hacia atrás escondiendo algo entre ellas.
Unos segundos de silencio trascurrieron eternos, hasta que suspiró y me miró.
-creo que te debo una disculpa- dijo finalmente- no te debí tratar tan fríamente, y no haberte hablado, creo que fue lo peor que te pude haber echo creo que nunca me vas a perdonar, soy una tonta en este tipo de cosas que hasta a veces me lastimo a mi misma.
El no podía creer con que franqueza lo había abordado, la primera vez que la escuchaba hablar así.
-pobre, la fiebre te debe estar matando- musito, mientras apoyaba la palma de la mano en su frente.
-no tonto- exclamo- se que te parece esto muy anormal viniendo de mi. Pero lo que te dije es cierto.
Obviamente no tiene fiebre, fue lo que pensó. Lo que le había dicho fue su propia reflexión de sus acciones.
- esta bien disculpa aceptada- dijo, y la cara de ella que hasta entonces estaba tensa se tranquilizó como si fueran palabras mágicas que deshicieron un hechizo que la maldijo.- ¿y qué tienes entre tus manos?
Al preguntarle ella cambió de color paso de su piel blanca como el anís a un rojo como el tomate. Éste notó su cambio radical.
-¿qué te pasó?- preguntó alarmado.
-nada, nada- dijo sofocada. Y le entregó en sus manos un celular con un moño rojo de regalo- tiene el numero de todos, ya que nunca tuviste, es el regalo perfecto para ti pensamos todos.
Lo tomo con cuidado como si fuera una reliquia, el regalo más hermoso del mundo.
- sabés- dijo mirando el celular- este regalo es el que mejor que te recibido, pero que me lo entregues es el mejor regalo que siempre quise y ansíe.
Después de confesarse ambos se abrazaron, transportándose a su propio mundo donde nadie puede entrar excepto ellos dos.
Ella se llama Celeste.
2. Mi pueblo.
-abuelo ¿cuéntame de la cuidad por favor?- dijo el chico mientras caminaban por un sendero borrascoso.
-qué te puedo decir no es la gran cosa. Prefiero el pueblo con mi corazón, además ¿por qué preguntas chico?
-es que en la escuela estuvimos hablando de las metrópolis, y descubrí que hay algo mas grande que el pueblo en el mundo.
-y mas aterrador- lo interrumpió este. El chico se quedo extrañado.
-¿por que?
-porque la cuidad es como un monstruo come hombres, come corduras- el chico se aterró de la descripción que le hacia.-y lamentablemente tiene una forma atrayente para las personas como un engaño, y lamentablemente tarde o temprano tenemos que ir.
Al chico le humedecieron los ojos.
-abuelo juro que jamás iré a la cuidad y me quedaré en mi amado pueblo.
La mama del chico apareció luego de haber escuchado la conversación desde atrás con su mama.
- papá no le cuentes esas cosas a mi hijo lo vas a traumar.
-ya lo logre, jeje, pero es por su bien linda- dijo.
La mama tomo a su hijo por las axilas y lo acurruco en sus brazos.
-no le hagas caso al abuelo, hijo, esta viejo y amargado a veces le gusta inventar historias.
-mas respeto a tu viejo que te oye- le advirtió sin mucho credibilidad.
-no te ofendas papá, pero no puedes atormentar a tu nieto de esa forma- y comenzaron a discutir los tres de cómo era la forma debida para educar a un niño si asustándolo o diciéndole la verdad, el chico ya no le dio importancia a lo que discutían, porque la charlas entre adultos eran muy rígidas y aburridas. Y se entretuvo en los brazos de su mama que lo llevaba sin esfuerzo mirando el cielo azul libre de nubes, era tan hermoso el siempre quiso dibujarlo igual pero no existía crayón azul o celeste que cumpla sus expectativas, ya que el cielo es irreprodusible.
Cuando terminaron de escalar una subida el se bajó de los brazos de su mama y se sorprendió de cuanto habían ascendido por la montaña donde todo el tramo lo llevo su mamá, y el no se había dado cuenta cuanto tiempo había pasado.
-ya llegamos a la cima.
-¿y por que habíamos vinimos?- preguntó sin ánimos. Su mamá le señalo a espaldas de el para que mire.
Cuando giro quedo alucinado al ver la vista de toda la cuidad tan hermosa y espontánea.
Y se dio cuenta que había encontrado algo irreprodusible.
Quiero aclarar que Él y el chico son yo, El es de hace un año la ultima semana antes de irme del pueblo y el chico cuando tenia cinco años, me llamo Ariel Allende.
Esas son las dos cosas que amo, sin contar a mis viejos.
Tengo en mi cabeza lo que me pasó esta mañana no puedo sacarme su imagen fresca y viva que vi por un momento, estaba algo cambiada a pasado un año desde que la ultima vez que nos vimos somos diferentes y a nosotros nos pasa de diferentes formas el tiempo.
Es posible que haya sido fruto de mi imaginación mezclada con la melancolía de su recuerdo y la pude a ver materializado frente a mí por unos segundos ya que la mente humana es muy poderosa.
Me senté en la clase de arte donde soy excepcionalmente talentoso, no es que lo diga yo, lo dicen mis profesores, hasta llegue a participar en concursos y ganarlos, eso es un cambio que paso solamente en la cuidad, pero lo que nunca cambio es que todavía trato de reproducir el cielo, aunque todavía no lo logro no desistí todavía.
-¿Vas volver a hacer tú experimentar?-pregunto Pamela intrigada, una compañera del instituto es con la que tengo mas afinidad.
-sí- respondí secamente.
-¿Qué vas a ser cuando lo logres?
-nada- respondí sacando una tela.
-¿Cómo que nada?- pregunto extrañada. Suspire por su insistencia y la mire a la cara.
-me volveré millonario. Esta feliz- le respondí.- ¿por que insistes tanto con eso?
-a lo largo de tu experimento en busca del cielo, has logrado que seas reconocido, hasta saliste en el diario, cuando lo logres ¿Qué harás después?- pregunto por fin. La pregunta me desconcertó del todo nunca lo había pensado.
-supongo que…que lo explotaré y luego descansare- respondí a la ligera, pensándolo poco. A pamela supo que mi respuesta no era legítima así que no le dio importancia más al tema.
-¿Ariel viste que este sábado León Innocenso abrirá una galería?- pregunto ansiosa por mi respuesta.
-¿Hoy te tragaste a Sherlock Holmes que haces tantas preguntas?- dije irónicamente- si ¿por?
-es que tengo que ir porque el profesor me ha pedido que saque unas fotos sobre su arte y haga un trabajo sobre ellas, y yo sé que siempre has seguido a ese artista, y ya que no quiero ir sola ¿te gustaría ir conmigo?- pregunto con un tono de voz algo nervioso.
-talvez no sea buena idea- musitándome a mi mismo y me fije por un momento en mi celular si tenia algún mensaje, estaba vacío.- si claro me encantaría, ¿hoy que es jueves?...mañana viernes, pasado sábado, entonces nos reunimos en la puerta de la galería.
-gracias Ariel no sabes la ayuda que me das – dijo alegremente, y se fue silbando.
Me fui del aula de plástica a las maquinas de gaseosas que hay a la entrada del instituto, mientras atravesaba todo el hall note que en la vidriera donde había uno de mis ultimas pinturas no te que alguien la contemplaba con sumo interés no le di importancia, a la vuelta, cuando me había comprado una Coca-Cola, ya no estaba esa persona, no reconocí si era hombre o mujer.
Volví a sentarme en mi silla y me concentré en mi tela.
Cuando se me hizo tarde dejé mi tela y me volví a casa sin parar en ningún lado antes, mi vieja tenia lista la cena comí, vi tele, revisé mi celular el buzón todavía estaba vacío, y me fui a acostar cuando caí en el colchón sentí como algo punzante y frío se me había clavado en la espalda salte de dolor de la cama, parecía que el objeto era chico pero el dolor era inmenso, prendí la luz y me refleje en mi espejo para ver si me había dejado una marca me alarmé al darme cuenta que apareció un hematoma enorme en forma de circulo.
- ¡¿Que carajo?!- grité. Mis padres entraron a mi pieza preocupados.
-¿Que te paso?- pregunto mi papá al entrar.
-me salio un hematoma.
-hay que maricon y por eso llorás- dijo mi viejo, mi vieja le pegó en la nuca.
-¿Como te la hiciste?- pregunto mi vieja examinándola.
-me pinché con algo en la cama, ¿puede ser que se te haya caído una aguja?
Mi padre se puso a buscar en mi cama algo parecido revolviendo la s sabanas.
-pues aquí no hay nada- dijo.
-te traeré algo de hielo- dijo mi mamá dando por finalizada la cuestión.
Al despertarme al día siguiente, me fijé ante todo si el hematoma estaba en mi espalda todavía, solo quedaba un moretón.
A la primera hora teníamos matemáticas, en las que siempre llego tarde por cosa del destino. Cuando me senté en mi banco cansado por venir corriendo, saque mi carpeta y empecé a trabajar un calor recorrió todo mi cuerpo esparciéndose y mi mente comenzó a nublarse hasta oscurecerse todo.
Una alarma del reloj de mi cuarto sonó retumbando adentro de mi cabeza, obligo a que mis ojos se abrieran, y en una décima de segundo note que este no era mi cuarto y la nostalgia me invadió, este cuarto era en donde dormía en el pueblo, salte de mi cama y me asome por la ventana y contemple nuevamente mi pueblo.
-¿que carajo esta pasando?-me dije.
Alguien toco mi puerta.
- Ariel, Celeste ya esta en la puerta, ya tienes que ir al cole- dijo mi mamá.
-si, ya bajo-dijo sorprendido, Celeste estaba aquí en la puerta.
Me puse mi antiguo uniforme de clases que me quedaba perfecto, y bajé corriendo las escaleras y salí al exterior y estaba ella como la recordaba. Enseguida me abalance sobre ella y la abrace.
-no sabes cuanto te extrañe- dije emocionado.
Ella no respondió y me miro extrañada como si yo estuviera desubicado.
-Ariel, la última vez que no vimos fue ayer- dijo atónita.
-¿eh?
-pobre, la fiebre te debe estar matando- apoyo su delicada mano en mi frente sudada- bueno algo caliente estas, entremos así tu mamá te da algo ¿si?
Entramos a casa que seguía igual como la recordaba, me senté en una silla de la cocina esperando a que alguien volviera, y note un diario encima de la mesa lo tome para ver la fecha estaba dos años atrás en el pasado, me puse blanco del asombro y vomite en el piso. Cuando mi mamá y Celeste volvieron me encontraron sofocado.
Celeste se fue antes para no llegar tarde a pesar de que quería quedarse se termino yendo preocupada.
Yo me fuí a mi cama a dormir un poco más, tocaron a mi puerta y entró mi abuelo que hace mucho que no lo veía, lo abrasé y termino siendo una situación parecida que con Celeste. Al final le terminé confesando lo que me había sucedido contándole toda la historia de los últimos días, el, al terminar mi historia, puso una cara divertida.
-¿así que vienes de dos años en el futuro?- preguntó con gracia- sabes si Argentina termina ganando el mundial.
-no, pierde la final con Brasil con gol de penal al ultimo minuto, pero eso no viene al caso- le repliqué- ¿Qué opinas?
-pues opino que necesitas un loquero- me miro a los ojos buscando la farsa en ellos, pero solo vio verdad- bueno…digamos que te creo entonces ¿que?
- ¿Que pudo haberme pasado?- le pregunte ansioso.
-obviamente hiciste un viaje en el tiempo y no sabes cómo- se quedo un momento reflexionando- sos un boludo.
-¡abuelo!- bramé.
-esta bien, pues que quieres que te diga disfrútalo. Es el sueño de todo humano viajar en el tiempo.
-¿A que te refieres?
-si que eres lento, sabes lo que va pasar úsalo a tu favor- dijo seriamente- y si fuera tu lo primero que haría seria aprender a como usarlo.
Mi cabeza hizo ‘clic’ al escucharlo.
El abuelo me dejo solo y empecé a repasar todos los hechos que sucedieron para que termine aquí, algo fuera de lo común, ¿que podía ser? y me quede dormido.
Desperté en la cama de la enfermería de la escuela. Y en una décima de segundo me di cuenta de que no estaba en casa.
Me acordé de las palabras de mi abuelo y me acosté y cerré los ojos engañándome a mi mismo para dormirme pero no era tan fácil como pensé, y abrí los parpados en una décima de segundo estaba en la casa del pueblo, mamá llamo a la puerta de mi recamara
- Ariel, Celeste ya esta en la puerta, ya tienes que ir al cole-dijo por segunda vez para mi. Lo había logrado encontré el mecanismo para hacerlo andar.
Salí de la casa y me estaba esperaba Celeste la tome de la mano y fuimos al colegio, todos mis compañeros estaban en el aula como los había dejado cuando me fui, ellos notaron mi euforia por la felicidad de estar con ellos, a nadie le importo, pero ahora los podía disfrutar a todos.
Podía disfrutarlos a todos eternamente como si nada hubiera cambiado el tiempo, ya no existía la cuidad ahora solo estaba mi pueblo y mi Celeste, estaba en una burbuja, una burbuja de tiempo aparte del tiempo del mundo.
Ya pasaron tres meses en este mundo perfecto, descubrí en estos tres meses que el viaje en el tiempo produjo en mi cuerpo un rejuvenecimiento, habían retrocedido dos años mi cuerpo de rejuveneció dos años, es un ley del tiempo.
También en clases de natación un amigo me hizo notar que el la espalda tenía un tatuaje donde tenía el hematoma, rezaba: Chronos.
Descubrí que así se llamaba a la personificación del tiempo en la mitología griega, entonces me di cuenta de que yo estaba metido en algo único.
Eso fue lo único que pude averiguar en estos días, el resto de ellos me los pase divirtiéndome.
En mi mochila encontré una nota de Celeste que la leyenda decía:
‘Te espero en el aula de música, Celeste’
Esa aula estaba en el último piso del instituto, donde siempre no pasaba ningún alma.
Al entrar ella me esperaba sentada arriba del piano, cuando entre arrugo su frente mirándome a los ojos.
-¿Qué pasa?- pregunto cauteloso.
-Ariel lo que estuviste haciendo estos últimos tres meses es enfermo, te estás haciendo daño- dijo cambiando su semblante de enojo a piadoso.
-¿Cómo lo sabes?- pregunte asustado con mi mundo perfecto cayéndose a pedazos.
-es culpa mía en primer lugar nunca debí dejarlo en tu cama-se lamento con desgana.-por favor vive tu vida.
Todo el aula se puso de color blanco y aparecí en la puerta de la casa de Pamela, que abrió la puerta y me tomo del brazo.
-vamos a la galería Ariel- dijo emocionada.
Y yo no supe que decir solo la seguí.