Ustedes se preguntarán ¿Cómo viene la mano del post? Bueno, la historia se remonta a la creación del movimiento Colectivo Lleno. Estos locos querían "revolucionar" Taringa pidiendo la categoría Literatura para diferenciarse de los post de Arte. Si señores, para no mezclar todo en la misma bolsa. Sin saberlo fuimos participes del mejor fracaso de la historia de taringa.
Otro de sus grandes fracasos del Colectivo fue la realizacion de un pequeño concurso literario que no pudo hacerse por falta de "Regalos" o "Premios" para que el concurso sea atractivo. Ademas careció de todo apoyo posible por parte de los administradores, o simplemente no nos contestaron nunca un pedorro MP.
Desde esa época me quedaron guardado apuntes de textos (poesías y cuentos cortos) que en ese momento fui leyendo más a fondo para saber cuales eran los temas principales, características, objetivos, inquietudes y estilos literarios que figuraban en los post de los escritores taringueros que conocía o que estaba al tanto que posteaban textos propios.
Actualmente estuve repasando nuevamente estos post y llegué a la conclusión que sería casi imposible clasificarla debido a que no es una masa constante de escritores, sino todo lo contrario. Hay ejemplos interesantísimos de escritores que postearon con gran calidad artística y desaparecieron sin dejar rastro. Sin embargo, todos los días hay nuevos usuarios que desean compartir sus obras y entre ellos, escritores interesantes para destacar.
Si o si para realizar esta pequeña y humilde seleccion tuve que realizar un corte cronológico. Coloqué una fecha límite: mitad del año 2009. Así que mucho de los nuevos escritores no figurarán por una cuestión temporal.
Analizando también los textos posteados no puedo dejar de mencionar a Waits. Este señor (tocayo) siempre se encargó de leer casi todo aquí dentro. El fue el realizador de la primera revista, "Entre evangelios y medios mundos", de escritores taringueros. Otra persona que también tuvo la misma idea fue Julianita97 con el proyecto de su revista "El Tintero". Las dos revistas, con un enfoque completamente diferente, hicieron o hacen (que se yo), selecciones.
Dentro de esta selección no consederé los cuentos extensos (aunque existen excepciones) y me concentré solamente en poesías, prosas, microcuentos y prosas poéticas.
Para ir terminando, está más que claro que pueden criticar esta selección de textos ya que creo que ese fue uno de los motivos fundamentales, aparte del informativo.
El orden de los textos es sólo azaroso y no tiene mucho que ver con la calidad.
Bueno muchachos, los dejo con la obra.
PD: Acepto propuestas de nuevos textos.
Proluna8
Seremos silencio
Construíamos un edificio con hierro y sudor y cemento.
“Ya estoy demasiado viejo para esto”
Se derritió el cemento, el hierro salió volando por una ventana y hasta el sudor se nos congeló dentro.
Salí a la calle buscándote, la idea de tu presencia encajando perfecta en mi animus.
Recorrí ríos y avenidas, tugurios y templos, dudas y esperanzas.
La eterna batalla entre el pienso y el siento.
El alma ahorcándose con sogas de la mente y la razón vencida por los latidos turbulentos. Bipolaridades del amor.
Me tendí entre árboles mirando el cielo a través de las copas y miré con tus ojos las nubes que se quedaron vacías de formas.
Inspiré profundo el humo de leños crepitantes que no recordaron cómo era tener aromas a noches sin sueño.
Bebí vinos de muchos colores y en ninguno mi boca halló tus sabores.
Quise escuchar mi propio dolor y mi tristeza no tenía nada de aquel abrazo de blues o profundidades de saxo.
Y fui limpiando mi ser de tus rutinas, prolijamente sacando tus rastros de mí. Hasta dejé de soñarte para que dejaras de estar allí, incongruente y mágico, con los ojos tristes y el gozo feliz.
Supuse que lo lograría.
Erradicar tu recuerdo como un viejo vicio sin sentido. Odiar tu voz como se odia a los ruidos. Despreciar tus “me planto” con mi profundo desdén al capricho. Olvidar tu nombre como si nunca hubiese existido.
Pero tu fantasma me sigue. Me llama. Y yo sé que es mi amigo. Una parte de tu alma se quedó conmigo. Creíste irte entero y estás partido y llevas en tu memoria el nombre mío. Tu sombra ahora está aquí y sé que si, de pronto, giro, te reconoceré en ella, sobre este muro. Si te animaras a mirar, de pronto, de apuro, verías también mi sombra detrás tuyo, en tu camino.
Algún día te seguiré al fondo del río. Te buscaré a tientas entre las aguas color de león.
Me recostaré quieta a tu lado y ya no tendremos sombra. Nos mecerá el agua, a salvo del odio y los lamentos. Nos amaremos despacio. Seremos silencio.
Jpd
Consentimiento
Poder
Dominio
Es lo que él siente
Le hace bien y lo demuestra
Una excusa cualquiera es buena razón
Con un puño cerrado y dientes apretados,
con su cinturón latigueando y silbando en el aire
Cada vez tiene su encanto, su liberación, su premio
Le sienta bien, y es así por la naturaleza como debe ser, el cumple su rol
No piensa las consecuencias, ni le preocupan, es una necesidad y un regocijo
---------------------------------
Lo ve acercarse, y tiembla recordando como fue el día anterior y temiendo por el próximo,
Se acurruca en un rincón, con los brazos cruzados sobre su pecho, sollozando
Y él no sabe cuanto duele, ni se imagina cuanto duran las cicatrices
Hasta donde puede llegar? Cuando se detendrá?
Pero recibe su castigo, en absoluto silencio
comprende que no esta del todo mal
Así le enseñaron que era
Así fue otra vida
con sus padres,
ellas al final
siempre,
sumisas
Litterarte
Mi vida con ella
Su figura de sol se esfuma, mis versos ya no se entreveran, la astuta luz del día se ha llevado su sombra. En los rebordes de su boca me reconocía. Los finos pliegues de tanto practicar el a veces fortuito sacrificio del beso, el arco iris que acompaña los destellos de sol sobre su cabello, que es fino y no es de oro, y esa oscura golondrina...
Sus ojos rechazaban la vana figura de los amantes, respiraba alma y resignaba versos perfectos con sus palabras, que cual remolino todo lo envolvía, pacífico remolino audaz, metódico y calculado pero irreversible y avasallante, lenta furia que invadía toda mirada que se contagiara con la suya, muerte constante, instantánea del ser, todo el espejo se iluminaba con su alma, como una fotografía que nunca pasa de moda.
Allí estaban, dignos del ejercicio escatológico del amor, lanzando flechas y forjando idilios, continua batalla de voluntades dulces; amante y amado se confunden en el espejo empañado, se someten, liberan, suavizan, se funden y el espejo continúa mirándolos, como testigo inusual y perfecto del amor en estado puro.
Cautelosa, mide sus sensaciones, imprudente y ligera lanza un ataque sobre el amante que la observa como se observa lo absoluto, con minucia la detalla en sus pupilas (las interiores) y espera su artillería bajo el refugio de una boca conmovedora; la lucha comienza, comienza y el espejo puede empañarse, va a empañarse, de seguro lo hará y las lágrimas brotarán de su manantial, se perderán en su envase, su esencia fluirá, la más profunda y genuina, la que el amante desea y bebe pleno, elixir pleno de la esencia que perdió y recupera de a ratos, la credulidad de recuperar algo perdido lo conmueve, de cerca la mira, acaricia su frío rostro y comprende que todo comenzó por un instante, que es inútil perderse para luego volver a recomenzar, y el espejo lentamente recobra su forma primitiva.
Volví mis ojos del espejo. Ya no podré verla.
Jerewolf
La tristeza del río
Desde el muelle la tarde gris cae sobre el agua
Se siente la tristeza del río con sus lágrimas de otoño
En el corto horizonte de mi delta
Una canoa corta a remo el silencio de los hombres
Un rostro surcado por la lluvia busca refugio
Mientras los grotescos juncos bailan su vals de sudestada
No se escucha ni el murmullo de los pájaros
Ni la cadencia estrepitosa de las lanchas
Atrás quedo el verano turbulento
Con sus marejadas de carcajada humana
Sin prejuicio en su locura ciudadana
Mi río se aquieta….
Se deja picar por las hordas salvajes de esta lluvia inesperada
Deja que sobre él se escriban las historias
Lame las orillas para reencontrarse en la mañana
Y en ese corto horizonte de mi muelle
Mis ojos se esfuman pensando en mi destino
Pensando cuantas aguas han corrido y han venido
Cuantas cosas he vivido
Cuanto quiero esta tierra tan amada
A mi espalda mis paredes me reclaman
La tibieza del otoño a través de la ventana
Mis libros, las canciones
Las suaves piernas de la mujer amada
El río esta triste en el otoño…
Ahogado de historias que es testigo…
Bachodelich
La noche en que despertemos.
Llegaremos, llegaremos corriendo, llegaremos morados, llegaremos con recuerdos y con recuadros, llegaremos cobrando, llegaremos al baile, llegaremos arrastrados, llegaremos a arrasar, llegaremos de amarillo y de amaranto, llegaremos temprano, llegaremos a un acuerdo, llegaremos todos, llegaremos al principio, llegaremos llegando y llorando, llegaremos cansados, llegaremos tarde, llegaremos a rezar, llegaremos al fondo del asunto, llegaremos como reyes, llegaremos descarriados, llegaremos muy pocos, pero siempre demasiados, llegaremos a la meta y a la mesa, llegaremos sin mapa, llegaremos a la hora de la cena, llegaremos y no necesitaremos un motivo para llegar, llegaremos de altamar, llegaremos de la Luna, llegaremos con las manos llenas de llagas, la cara de cicatrices, llegaremos y disfrutaremos la llegada, llegaremos a medias, pero llegaremos...
La noche en que despertemos al fin llegaremos y sabremos a dónde llegar, porque sabremos a donde vamos caminando desde ahora. Y por fin llegaremos...
AMO56
¿Será?
Se sentia extraño hoy, varias veces en estos ultimos dias le falto el aire pero no le dio mayor importancia, hoy prometia ser un dia especial, se sentia euforico y frenetico, se puso a acomodar sus cosas, sus ideas primero, no es cuestion de olvidarse de la cosas, alguna idea traviesa le robo una sonrisa, otra, un poco incomoda, lo hizo menear la cabeza, se miro las manos y vaya asaber porque, no pudo resistirse y se chupo un dedo, se sonrio nuevamente y
siguio con sus cosas, sintio de nuevo ese ahogo,y el mundo se puso loco, todo giraba, boqueo desesperado y lo sostuvieron para que no cayera. Con un vagido triunfal. Miguel nació
NO PUDO SER
HOY VI A MI NIÑO CASI REIR
HOY VI A MI NIÑO CASI JUGAR
HOY VI A MI NIÑO CASI NACER
DURMIENDO EN EL REGAZO
DE LA QUE NO PUDO SER
Waits
Extracto de "Bajo tu ausencia"
No hablo sobre lo que vi o escuché
Si sobre la vieja mujer
que va nuevamente por la calle,
respirando el desnudo habitual
de las posibles salidas al pasado
Extracto de "A tu Endo"
No importa si es necesario
desabrochar tanto ojal hasta llegar al pecho
y quedarse así
(tan solo esperando)
mientras las cosas vuelven a su lugar.
manuelmandeb08
Antena Parabólica en Deconstrucción
Que el silencio de los pianos
agreda la noticia de tu voz,
cuando te extrañe por inconstante.
Como la prisión de tus manos
extendidas al fuego de mi (tu)
ausencia comprometedora.
Cajas de cartón, amuleto estío
velas sin candelabros
besos de celulares.
Verso y gracia de mañanas
de pasado mañana, quasar
de futuros inaceptables.
Parpadeo festivo de tu ayer
elementos fríos de mi aurora
amanecer dislocado.
Y aún, a tropiezos
y prisas de soles
bebo la copa de nostalgia.
Parafraseo a Macedonio
con vergüenza de papiros:
nada dejó sin doler.
Juanesloko
Corriendo
Un día empezó a correr. Corriendo llegó a los suburbios y corriendo dejó atrás la ciudad. Corriendo alcanzó las pampas inabarcables y corriendo alcanzó las sierras. Corriendo se dio cuenta de que al costado de un camino se había olvidado aquello que estaba buscando, y corriendo dio la vuelta, tratando de no distraerse de su carrera. Corriendo siguió por años, sabiendo, pensando, creyendo que ya no podía faltar mucho para llegar corriendo hacia ese objeto tan preciado. Y corriendo murió aquel hombre, sin entender qué era lo que estaba buscando.
Su sonrisa en el viento
No pudo evitar sonreír con el viento en su cara, sintiendo la felicidad de otros tiempos. Las ráfagas lo acariciaban cada vez en forma más violenta, pero no pudo evitar seguir sonriendo. Ni siquiera cuando desde sus ojos empezaron a llover las lágrimas, ni siquiera cuando los párpados se rehusaron a mantenerse abiertos, ni siquiera cuando ya no pudo pensar más en la felicidad, ni siquiera en el instante final, cuando sin previo aviso, los transeúntes vieron con sorpresa como su sonrisa, acompañada de un tremendo estruendo, dio un último beso al piso.
Nociones básicas de la fé absoluta
Había llegado el momento. Tomó aire y saltó. Tiró de la primera cuerda, no funcionó. Tiró de la segunda cuerda, no funcionó. Rezó un Padre Nuestro, tampoco funcionó.
Maxi18
Nocturno a mediados de Junio
Nadie sabrá de ti ni de tus largos extravíos.
El navegante del infierno se irá a morir hacia otros puertos
infinitamente más tristes que los tuyos y tus ojos:
tocará el odio su pecho como la proa de un barco:
los elementales sabrán sobre el fulgor de la embestida.
No recordará nadie tus veletas inconstantes.
Qué entenderán de tempestades las lagunas, los oasis?
Volverás los breves cabellos a la violencia de los sótanos
allí donde nacieron caricias amenazantes como estatuas
y cometas ateridos naturalmente al azufre,
como el barro y los adoquines y la lluvia formándose,
mirando fríamente con sus ojos opacados,
de igual modo a los muertos inesperadamente vacíos
de suspiros y silencios, de penumbras y de esperma,
contabilizando el eco de las lágrimas en el túmulo
compartido por ausencias y arrepentimientos tardíos.
Nadie hablará de ti ni de tus áridos mares
donde al cuerpo desnudas sus blancas humedades
y no sabes y no vuelves y te trenzas y destrenzas
en furiosas libertades demasiado concurridas
y embebidas dulcemente por la luz de los crepúsculos.
Pero el tiempo de las flores aún transcurre entre las venas.
Por qué las heridas?
Por qué solos?
Hacia dónde tus brazos?
Sobre qué rostro tus manos?
Ya andarás seguramente con la voz polvorosa.
Y en la noche de tal modo como una lanza de nostalgia
entre la tristeza y los destellos recordarás los abismos,
sujeto tenazmente por besos y fantasmas,
deliberadamente olvidado como un guijarro en el río.
Marxscell
Desesperación
La tarde ha caído afuera y en mi habitación, un sonoro estampido me ha abrigado con su calor. El viento a menudo me lleva al borde del abismo. Ya no existen sueños que protejan mi ilusión. La ilusión de querer ser el mejor.
Salgo a la calle de la mano de mi sombra. En la esquina, terribles espectros agitan sus cuerpos al percibir mi figura. Y se dirigen, presurosos, a interceptarme.
Mas yo ya no quiero pelear. Ya no puedo más. Finalmente, el invierno de mi alma ha terminado por destrozar mis sentidos. Es hora de que me entregue. Para que todo acabe de una maldita vez... A menos que aún tenga algo por qué vivir.
Ahora la duda revolotea en mi cabeza, como ciegas mariposas danzando en la noche. ¿Acaso no estabas tú de mi lado? ¿O es sólo que tengo temor a lo que desconozco? No entiendo a qué me estoy aferrando, para seguir. Y cuando ya los tengo encima, echándome su fétido aliento, comprendo todo. No tengo porqué dejarme atrapar. Aún puedo combatir.
Empiezo a correr una vez más, desesperado, por las calles apenas iluminadas. Alaridos de angustia escapan de mi trémula garganta. Caballeros de mirada fría y andar elegante, ocultan su ayuda bajo anchos sombreros de copa. Y comprendo que estoy solo en esto. Y ellos se acercan...
Entonces, me apresan. Siento sus garras clavarse en mi ser, y el desgarro de la carne joven me produce un dolor inhumano. Y luego, delante de mis ojos, por encima de sus deformes rostros, un valle se abre profundo, misterioso, infinito. Y ya no hay marcha atrás.
Vagando sin rumbo por toda esa inmensa oscuridad, me llega tu dulce y apacible voz, trastornada por un llanto inesperado y lastimoso, mientras el olor acre de la pólvora me descompone en partículas invisibles. Y casi ya no puedo comprender aquello que me estás gritando...
¿Por qué lo hice? No lo sé, preciosa.
A lo mejor me cansé de esperar tu amor.
Hanzelacayo
Tu nombre es la única cosa que sé acerca de Bruselas.
Tu nombre es la única cosa que sé acerca de Bruselas. Mientras llueve, en mi mente te pronuncio como un cántico celeste. La lluvia, copiosa, hace que el techo cobre vida, como un metálico monstruo que se ha plegado en mesurado zinc y bien pudiera hablar en el lenguaje de tus dedos, cuando acarician mi cabello mojado y hacen que la pesadumbre de la madrugada espese completamente como los huesos de mi cráneo, convirtiendo cada uno de los fragmentos de felicidad en estrellas irrecuperables, tornando el sudor en el más dulce licor y la más inexorable fachada de rostro perplejo en la más inofensiva de las flores carnívoras.
—¿Vas a venir a Bélgica?
—Aún no lo sé; pueda que tal vez…
—¿Cómo no lo sabes acaso? Si me eres leal, deberás seguirme siempre.
—¿Por qué habría de serte leal?
—No lo sé; me pareció una buena excusa.
El olor de tu cabello ha quedado sellado en mi almohada. Así lo has predispuesto. No quiero que desaparezca. Por eso debía llover esta noche, para dar un sentido de perfume denso a tu cabello, que es casi como si la música fuera urdimbrada en finas hileras de castaño puro, incapaz de ser dorado por el sol. Los rayos tristemente rebotan cuando te incorporas en el viento, mientras cortas el espacio con frases infinitesimales de tus ojos, que callando, me llaman a tu encuentro. Tu piel es el agua esta noche; no la lluvia.
—Tranquilo, no voy a leer lo que estás escribiendo.
—¿Por qué?
—No lo sé; pareces incómodo.
—No me incomoda escribirte.
—Durmamos, y así podrás seguir... Si duermo por lo menos cuatro horas, estaré bien.
Me gusta pensar que soy pequeño entre tus brazos, que como un ave muerta me tomas para no soltarme nunca, y que de tu calor austero vivo como del sol en la cúspide del cielo, sin extrañar el sabor salado de los peces, la dulzura escueta de una fruta, semillas que son tantas para amar por su recuerdo a sus mil y un cerrados ojos todavía a su corteza conflagrados. Si por estar tranquilo pudiera dormir para siempre, quisiera ser una piedra de tu tumba, resistirlo todo antes que alguna mano conocida me arranque de ti.
—No escribía algo así desde hace años.
—¿Desde la última vez que te enamoraste?
—Desde la última vez que empecé a olvidar.
—¿Y si no vuelves? ¿Y si no me sigues?
—Lo pensaré. Es muy temprano aún para cerrar el Paraíso.
Quisiera detener este momento, y no podré. Quisiera, aunque sea, una gota de tu encanto poder retener, tenderte telaraña y vivirte con mil pies, ya no por el empeño de hacer perdurar lo tangible, como algún día se vive a cuestas de una mano, y no nos desolla la ausencia posterior, sino por incendiario clamor, júbilo efímero, oro que no dura y se hace polvo entre las manos. Te prefiero por ser en el barro. No te doblegues. Acércate a beber: fuego en mi agua. Mi motor te será fiel hasta en el más ígneo pensamiento, como soldado a reminiscencias de patria en una guerra contra el tiempo. No te vayas ni te sueltes. Es hora de que nos dejemos soñar.
—No te preocupes. Estoy en Bruselas y es el año 2010.
Hanksoriano
¿Qué es ese olor?
El subte está repleto de gente, el pelo de las personas está adherido a las pieles aceitosas y calurosas.
El calor, oh, el calor… es tan, pero tan insoportable que hace que nos odiemos, sincera, pura y terriblemente.
Pero… ¿Qué es ese olor?
Por Dios… que alguien demuestre que algo le está pasando o que abran lo que tengan que abrir para que ese maldito OLOR se termine.
Seguimos en un viaje a donde nadie sabe que vamos, el subte sigue cada vez más y más repleto y nunca vemos que se detenga, no hay estaciones, no hay paradas, simplemente sentimos que el vagón está cada vez más chico, y todo aprieta más, todo es más incómodo y menos lógico.
No estoy seguro de qué es lo que está pasando acá, pero creo recordar haber sacado un ticket, cruzado el molinete y subido al subte… cuando no había tanta gente.
Y acá… o nadie sabe o nadie quiere hacerse cargo de este pestilente, molesto y cuasi visible olor que afea cualquier cosa.
Uf, el calor cada vez es más notorio, alguna persona, allá a lo lejos, se sacó la camisa, y ni siquiera llego a divisar si es mujer u hombre.
Otro lo imita, luego una chica, visiblemente mujer, también, y comienzan a pegarse los cuerpos en una inmunda amalgama de carne hirviente y mojada.
Casi que nadie se hace mucho cargo de la situación, como si fuéramos muertos vivientes o algo… pero ese olor… empieza a acomodarse en donde sea que se guarda la memoria olfativa y busca su lugar.
Casi seguro que ese olor es… no… no puede ser… esto es un subte… no.
Pero ¿Qué es entonces si no es lo que supongo?
A esta altura de este viaje miserable y extraño, el pie de una persona me queda cerca de mi cara, observo a mi cuerpo y noto que yo también extrañamente estoy desnudo.
Y seguro estoy de no haberme sacado nada, de que la ropa siempre la tuve puesta y de que mi mano siempre estuvo agarrada a éste caño transversal.
Miro mi mano.
El reloj de mi abuelo, el que me regalo varios años antes de morir, aunque siempre elija decir que fue unas horas antes, ya no está en mi muñeca.
Prefiero pensar que en el roce se cayó, y no dejo más de unos segundos en mi cabeza la idea ruin de que alguien me lo haya robado con saña, que me lo hayan birlado en el ajetreo, en el refriegue.
Pero no lo tengo.
Y el olor sigue… ¿Qué es ese olor?
Sigo tratando de mirar afuera, pero hay tantos cuerpos en el medio, tantas personas o no enturbiando mi vista con sus feos cuerpos desnudos que no sé donde estoy.
Y al rato, sin ningún tipo de resquemor, noto que estoy parado arriba de algunas personas, que gimen y sufren, desnudas, bajo mis pies.
Me pregunto, incluso, si no llegará en cualquier momento la situación de estar yo abajo, porque ahora sí, siento todo el peso de una persona en mi hombro, y cuando miro hacia arriba, sin ningún tipo de sorpresa noto que tampoco llego a ver el techo, e incluso, algunas personas no se arrastran, sino que se deslizan en sus líquidos por el techo del vagón, que, insisto, no estoy seguro de que aún se encuentre ahí.
Y el olor sigue, nunca crece, nunca se disminuye… sigue ahí… y sigo sin saber qué es ese olor.
Al cabo de un buen rato, de observar, de sufrir, y ya con el torso desnudo de una mujer apoyando sus pechos en mi nuca, el tren se detiene secamente, pero no nos movemos, como correspondería en verdad en el “mundo real”, de acuerdo a las leyes gravitacionales.
Se detiene, se escuchan gemidos y sólo gemidos, gemidos penosos, como, recuerdo, cuando una señora lamenta la muerte de su hijo al lado de un negro cajón de madera.
Estamos un rato así, y entre el sonido de la carne deslizándose y los gemidos, de la carne de una persona en el frote con otra, del pelo mojado en la cara y en la nuca de las personas, ese olor putrefacto… ¡Es eso!
Es olor a podrido…
Y me doy cuenta de algo terrible: no recuerdo haber subido jamás a éste tren, era todo una mentira o un truco de mi memoria y se, oh si, vaya si lo sé, que el olor que siento es el de la carne recién podrida de un cuerpo humano.
Es el olor de los gusanos, de la madera y la tierra, de los bichos, de la carne pestilente el que nubla mi vista.
Poco más puedo hacer, más que aguantar sobre mis hombros a la cantidad ahora enorme de personas que pretenden bajarme hasta quién, y no yo, sabe dónde.
Croniamantal
Un hombre tropieza
un hombre tropieza con una piedra
y descubre que es un hombre
lo levanta y al caerse
el otro se tropieza con él
Me acuerdo de mi padre
me acuerdo de mi padre
gritando al viento
se me respeta
del viento volando
hacia unos pájaros
Debemos tener especial cuidado
debemos tener especial cuidado
en no confundir un pájaro
con un pájaro un reptil
con un reptil
siempre estamos en el medio
Rbelaustegui
1
Cuando al naciente
se desnuda la noche
cubro tu sombra
2
El mar enciende
fuego de noctilucas
hasta la aurora
3
La misma esquina
sorprendió el primer beso
y un no te quiero
5
No seas vida
nada más que rutina
de nuestra muerte
6
Soñaban siempre
con lejanas ausencias
tus ojos ciegos
Antipiquete
La máquina de Beltrán
Si Beltrán hubiera vivido lo suficiente como para llegar a ver los cambios que su invento provocó en la humanidad, seguro no le hubiese importado un comino. No era de la clase de personas que se preocupara por el Progreso, ni por hacer el bien, ni nada. De hecho, antes de morir le había vendido los derechos de fabricación de su maquina a un grupo de abogados inescrupulosos que representaban a una firma multinacional, en unos cuantos pesos, que no tardó en invertir en una mudanza- con todo y Cachilo, su cuzco- al cabaret de un tal Sabino, que regenteaba unas seis o siete prostitutas venidas a menos y una mesa de pool famosa por sus hondonadas, valles y pendientes que les permitían ganar a los jugadores más asiduos al lugar sumas en carácter de apuestas que el mismo Sabino organizaba con los desprevenidos visitantes nuevos, recibiendo luego una comisión. Beltrán murió al poco tiempo, en circunstancias que ni aún la inefable máquina (menos la policía) supo dilucidar.
En su pueblo, la máquina se conoció como “de Beltrán” aunque la empresa se encargó de registrarla como “La Máquina de Enterarse de Cosas”. Como la llamaran, no tardó en popularizarse. Al principio su alcance no superaba los cien metros a la redonda, suficientes como para enterarse todo el tiempo de lo que acontecía en la intimidad de cada hogar. Una voz de locutora anunciaba: “en la casa de los Crovatti se discute con fervor por la conducta indecente de Iris, la esposa de el Cholo”, y así por el estilo.
Con el paso del tiempo, y una oportuna inyección de capitales, como suele decirse, remitiendo la imaginación a un artefacto con una aguja gigante, del que salen Paris, Caracas, Lima, etc., la empresa llevó el alcance a 500 metros, a 1000, y así hasta llegar a ser mundial, aunque dejando a cada paso, obsoletas las máquinas luego de un lapso, obligando a los usuarios a gastar siempre en novedades y accesorios. La empresa prosperaba, a qué negarlo, y en la medida en que los incrédulos se sorprendían de su eficacia, pronto se convirtió en el monopolio más poderoso del universo conocido, y aún prometían que si había vida en otro planeta la máquina pronto lo iba a descubrir. La NASA jamás respondió a los llamados de la empresa, aunque cierta vez, juran que la máquina oyó que en los EEUU habían descubierto una conversación en Ganímedes, en un idioma incomprensible y en un tono que hacia insoportable su audición, usando la máquina de Beltrán sin permiso. Un funcionario yanqui de escaso rango aclaró que sólo se trataba de un programa de televisión argentino en el que un imbécil al que los directivos se encargaban de ponerlo a toda hora, se había mezclado en su programación. Un problema de satélite que estuvo a punto de causar un conflicto internacional.
El avance de este diabólico invento provocó, como se supondrá, un cambio rotundo en la conducta de las gentes. Casi nadie se atrevía a hacer lo que no fuera justo y necesario, además de permanecer la mayor parte del día –y sobre todo de la noche- en sus hogares, frente a la máquina alcahueta.
La empresa se jactaba de haber hecho de la política y la economía poco menos que un paraíso de la transparencia, la moral y las buenas costumbres. Así es que el Universo permanecía estático, temeroso de ser bichado. Mientras tanto la empresa crecía en poder, tanto que, saturada por las ventas, comenzó a usar de lo que se llamó “publicidad infidente”, que consistía en anunciar avisos en forma de infidencia, como ya habrá sospechado el sagaz lector; así, cuentan que se oían cosas tales como: “… se comenta que en el mercadito de Fulano venden unos chorizos secos que están para chuparse los dedos”.O: “…dicen que lo que parece ser un local de pool en verdad es una casa de citas que administra su dueño, Sabino”. Al confundir estas redondas publicidades con chismes la gente acudía en verdaderas masas consumidoras a los locales aludidos en busca de lo más parecido a la verdad que se tenía a mano .Por el mismo precio, los anunciantes ,además, se hacían acreedores de una suerte de salvoconducto moral. Esto es, que propiamente podían bailar la jota aragonesa sin ropas en la plaza San Martín, como también detener los autos en la ruta impidiendo su paso ya que nadie les iba a reprochar, dado que la máquina no sólo hacía caso omiso sino que además sostenía que en realidad el que lo hizo fue otro. Y a esa altura la gente creía menos en lo que sus ojos y sus oídos le advertían que en la dichosa máquina. Por fortuna todo esto ha quedado en un pasado remoto y quien suscribe comenta esto a manera de modesta crónica de curiosidades de época.
Oh, paradoja, el arte y el amor se vieron relegados a su mínima expresión, aunque tuvieron, sin embargo, su momento más feliz, ante la indiferencia de los mediocres que preferían la maquinita, cuando no al conductor de televisión, aquél cuya mayor proeza fuera estar a punto de provocar un incidente internacional. Es que la juventud rebelada se pronunció en contra del sistema del modo más irreverente: al principio, haciendo exactamente lo que se les parecía; esto es, organizando las orgías más lujuriosas, llevando la creatividad y el desenfreno a límites desconocidos. Verdaderos ejércitos de pintores, poetas, músicos y algunos colados se desarrollaban de forma autodidacta o académica, sin pensar en los comentarios de la famosa máquina, al tiempo que la empresa vendía cada vez más, ya que las viejas chusmas se la pasaban queriendo enterarse de lo que la juventud perdida, como las llamaban, hacían de noche y de día .La publicidad infidente, a esas alturas, dominaba la política, la economía, además del mercado de chorizos secos, que llegó a cotizar en la bolsa de valores en Wall Street. Es decir que aquella noble actitud de los jóvenes sólo sirvió para fortalecer más al sistema.
En vano fue que las voces opositoras se cansaran de repetir por ahí que, antes de morir, Beltrán, el famoso inventor, le había dicho a una de sus amigas prostitutas que la máquina en cuestión era puro cuento, que no servía para nada y que el único invento que había realizado en su vida era , justamente, decir que funcionaba. Parece ser que sus compradores, avivados del timo, vieron, sin embargo, el negocio y por eso decidieron comprarle los derechos de igual modo. Pero eso no se pudo demostrar, y lo que es peor: la máquina nunca lo dijo, con lo cual la gente siguió creyendo en su eficacia.
Pero no todas fueron rosas para la empresa. Los jóvenes rebelados tomaron una decisión que hizo temblar el negocio; hartos de ser invadidos en su libertad tomaron el toro por las astas. Tuvieron la idea de poner fin a su libertad con el propósito de ser libres: no hicieron nada, como el resto de la gente. Con la consigna “Ni chicha, ni limonada” mantuvieron por un lapso prolongado una inercia total; una nada, una ausencia tan brutal, que es uno mismo el que no está, como dijo el poeta. La empresa no tardó en colapsar, pero tampoco en dar respuesta. Contrató a unos cuantos jóvenes sin ningún talento para que se convirtieran en artistas de la noche a la mañana; así, otra vez le ofrecieron a la gente un producto artístico, redoblando esfuerzos en poner énfasis en sus capacidades. Se les inventaba romances, éxitos, viajes, infidelidades de cuarta categoría que todos oían con espíritu indagatorio. Una nueva veta nacía de una fisura. La empresa parecía invencible y los jóvenes artistas- los verdaderos- no sólo sufrieron la indiferencia, sino que además se los menospreciaba por no poseer el talento suficiente para ser mencionados por la máquina y por no aparecer en los programas que conducía aquél simpático amanerado que cada vez aparecía en más y más horarios en la televisión.
Antes de su ocaso, la empresa se defendía como podía del avance de la sensatez que hoy reina. La voz de la locutora, cierta vez nos aleccionaba: “hay gente que anda dudando de la veracidad de la Máquina de Enterarse de Cosas, pero todos sabemos que se trata de resentidos sociales que temen a la Verdad, y que no aman la Libertad”.
MLamique
Los Robadores
La primera vez que entraron en casa nos asustamos mucho. Mi papá no se movió de su lugar en ningún momento, parecía que no respiraba; mi mamá gritaba cosas que nadie de los presentes se tomó el trabajo de entender, mientras nos abrazaba —muy fuerte— a mi hermana y a mí, como si nos fuera a asfixiar.
Ellos hacían todos sus movimientos de forma maquinal, como siguiendo paso a paso una coreografía; mi papá no salía de su insoportable quietud, y mi mamá, en un intento desesperado por escapar, corrió hacia la puerta, pero le fue imposible abrirla: ya no era la nuestra.
La segunda vez que entraron se hizo de noche en ese instante. Saltaron la verja, se metieron por la puerta, que estaba mal cerrada y volvieron a hacer sus movimientos maquinales, manipulando las armas; una bolsa vacía y otra llena. Robaron el televisor a color y pusieron otro falso en su lugar, hicieron lo mismo con el equipo de música, el microondas y los cuadros de paisajes que tapaban manchas de humedad en la pared; cuando ellos se fueron la noche siguió.
La tercera vez que entraron nos habíamos mudado de casa pero nos encontraron igual. Estábamos solos, mi mamá ya se había ido y mi papá tardaba en llegar; ellos entraron sin esfuerzo y con sus dos bolsas robaron cada uno de los artefactos del hogar y los muebles, y pusieron otros falsos en su lugar, sin mirarnos. Siguieron robando, un florero, expresiones de fotos familiares y hasta posters de la habitación de mi hermana, que abría la boca como si estuviera por decir algo y se balanceaba de atrás para adelante como presagiando una caída.
La cuarta vez que entraron los maté.
Mi mamá viene a verme seguido y me cuenta mentiras sobre su vida, continúa diciendo frases incomprensibles aunque ya no me puede abrazar —muy fuerte— como si me fuera a proteger.
Mi padre está tranquilo en casa, a salvo de sobresaltos, ya sin nada verdadero que le puedan robar. Mi hermana a veces emite algún sonido, pero de su boca nunca sale una palabra, mientras balancea el cuerpo de atrás para adelante, siempre a punto de caer.
Matiasfender
Otro sueño
Otra vez… el reloj de mi habitación me confirma que todavía faltan un par de horas para que amanezca, y como tantas otras noches me despierto luego de soñar nuevamente con ella. Inútilmente intento mantener la mente en blanco para recordar la mayor cantidad posible de detalles, los cuales se van vaporizando a medida que pasan los segundos y mi mente recobra su lucidez; opto por procurarme una taza de café, que quizás pueda ayudar a terminar de despertar mis sentidos. Efectivamente el aroma me devuelve parte del alma, la parte que no quedó en los sueños.
Todavía un poco confuso comienzo la recreación, como si se tratase de un peritaje policial. Generalmente suelo recordar los sueños por partes, como si se tratase del avance de una película, pero lo curioso es que las partes que permanecen en mi memoria parecen ser seleccionadas con una lógica extraña, donde algunos hechos sin mayor importancia son centrales y se definen con detalles que escapan a cualquier tipo de raciocinio.
Caminaba a su lado por una vereda de baldosas color beige no muy deterioradas, mientras reíamos casi al punto de romper en llanto por alguna causa desconocida, causa que aparentemente no resultó de importancia para mi subconsciente, o quizás decidió descartarla. La cuadra tenía hileras de casas de un color blanco mate con manchas de humedad, de un único piso, con esos típicos diseños austeros que se pueden encontrar en los pueblos del conurbano, obra de arquitectos demasiado inspirados en el welfare state. Luego de la tercera o cuarta casa delante nuestro la cuadra parecía morir súbitamente, dando lugar a terrenos baldíos llenos de escombros con escasa vegetación, que metros después se convertían en desiertos repletos de dunas de arena dorada, las que lastimaban los ojos con el reflejo del sol e impedían ver el horizonte con claridad.
La vereda contraria a la nuestra doblaba hacia la izquierda en un ángulo de noventa grados y continuaba la maratón de casas blancas. En la esquina un grupo de cinco o seis leones descansaba sobre el suelo y nos miraba con atención. El macho de mayor tamaño tenía debajo de sus patas restos de alguna presa y su expresión era calma, pero las hembras que lo acompañaban se relamían y no nos quitaban la vista de encima, lo cual hasta cierto punto me inquietó, y en un reflejo dejé de reír para prevenir su enojo.
Seguimos caminando lentamente hasta el punto donde la vereda se hacía arena y escombros y nos despedimos rápidamente con algunas palabras torpes. Cuando empezaba a adentrarse en el desierto, me dominó cierta nostalgia y por un momento sentí dentro mío la necesidad de correr hacia ella y estrecharla en un abrazo, sentía que mi pecho se enfriaba, pero di media vuelta y comencé a volver por la vereda. Los leones se habían marchado, eso fue todo.
Sospecho que ella formó parte de mi vida, pero día tras día intento retener su rostro, su mirada, sus manos; es inútil, el tiempo va desfigurando su imagen como arena que se esparce con el viento, nuevamente la crueldad del olvido me impide rescatar un momento del cual no puedo asegurarme que haya sucedido. Al fin y al cabo, mi mente siempre fue como una esponja que absorbe y que deja escapar lo que quiere, y que con el paso del tiempo se va gastando y endureciendo, pierde su flexibilidad y se vuelve quebradiza dejando rastros indescifrables en los sueños. Tomo el último sorbo de café.
Elcondor1982
Boca del 77
Amanda. Así se llamaba mi madre, Amanda. Murió hace veinte años, de cáncer. Así llamé ayer a mi esposa Ana. La llamé como a mi madre muerta, le dije que la extrañaba, que no volviera a irse nunca más, y luego lloré, lloré sobre su regazo durante media hora. No recuerdo nada de eso. Ana me lo contó luego, estando yo en un momento de lucidez. Lucidez que es cada vez menos frecuente y cada vez más corta.
Llevó casado cuarenta años con Ana, cuarenta años viéndole la cara, acostándome y amaneciendo con ella, haciéndole el amor, ¡y la confundo con mi vieja y después lloró como un bebé entre sus piernas! ¿Cómo puede pasarme esto a mí? ¡A mí! A mí que lideré proyectos importantísimos. Que fui primero en promedio de mi clase en la universidad. Que hablando de fútbol en el bar no había quien me ganará. Que sabía de memoria resultados, formaciones y estadísticas de jugadores. Recitaba, hasta hace sólo unos meses, como un cassette el plantel de Boca campeón de América en el setenta y siete, ¡como un cassette! Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Tarantini, Ribolzi, Mastrángelo… Y el cassette ya no funciona, se rompió la cinta, se hizo un nudo y no arranca. Mi mente me traiciona, hace lo que quiere, me desfigura, juega con mis recuerdos, destroza todo lo que soy, me transforma en nada, en un ente perdido en el tiempo. Pero lo hace despacio, lento, disfrutándolo. Mete mi pasado y mi presente en una coctelera y mezcla, mezcla mientras se ríe. Pasan los días y con un martillo demuele como paredes de ladrillo hueco mi pasado, mi presente y mi futuro. Derriba mi matrimonio, mis hijos, mis amistades, mis hermanos, mis viejos, mis logros, todo.
Entiendo que es una enfermedad que puede atacar a cualquiera, ¡pero yo no soy cualquiera! ¡Yo soy quién construyó el puente más importante del país! Soy más fuerte que los demás, puedo ganarle. Yo domino mi mente y no voy a dejar que sus trucos me engañen. Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Tarantini… ¡Vamos! ¡Vamos!...Gatti, Pernía… ¡Y la re puta madre! Tengo que concentrarme, puedo zafar de esta, tengo que zafar de esta. Gatti, Rodríguez, Pernía… Porque si ayer confundí a mi esposa con mi madre, puedo entonces confundir a uno de mis hijos con un extraño y lastimarlo, ¡o matarlo!, o puedo despertarme a mitad de la noche y estrangular a mi esposa porque sí, por un viejo recuerdo que se vuelve presente. O tal vez pueda perderme para siempre sin saber cómo volver a casa; o, sin más remedio para mi familia, terminar en un geriátrico, internado allí hasta morir. Pero eso no va a pasar, tengo que ganar. Soy capaz de hacerlo. Tengo un coeficiente intelectual superior a la media, mi mente es una máquina perfecta, no puede una enfermedad destruirla como si nada, tengo que dar batalla, no puedo bajar los brazos. Tengo que hacerlo por Ana, por mis hijos, por mí, por lo que fui, por lo que soy.
Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Mouzo, Tarantini, Benítez, Suñé… ¡Ahí va!… Ribolzi, Mastrángelo, Pavón… ¡Sí! ¡Sí! ¡Yo puedo! ¡Yo puedo!...Felman, Zanabria… Zanabria, Suñé… Gatti… ¡Amanda! ¡Amanda, mamá! ¿Dónde estás? ¡Mamá! No me acuerdo la formación de Boquita, vieja ¿Dónde dejaste el gráfico del domingo pasado? ¡Mamá! ¿Dónde estás, mamá?
Iscariote
Extracto de Sueños de Iridiscencia Femenina
“…Dicen que los sueños han muerto, que nadie más lo hace. No están muertos, sólo en el olvido. Sacados de nuestro idioma. Nadie los enseña, por lo que nadie sabe que existen. El soñador está desterrado a la oscuridad. Bueno, yo estoy tratando de cambiar todo eso, y espero que vos también. Soñando todos los días. Soñando con nuestras manos y soñando con nuestras mentes..”
Richard Linklater
“El cielo se presentará nublado, con posibilidad de chaparrones aislados…”
Nublado, gris, cerrazón, oscuridad, frío. Todos lo días iguales, todos domingos. El sofá y el polvo, los platos sucios y el televisor que no dice nada. Los ojos fijos en la pantalla que brilla sin coherencia. De a ratos cobran sentido las palabras, de a ratos los recuerdos se apoderan de todo. Y flotan en el aire las cavilaciones: recuerdos y pensamientos, pero ninguna solución ni anhelo, ya no queda ninguno. Nublado, triste, frío… y gris. Calculando cuáles habrán sido los errores, dónde y en qué momento se habrían dado. El sofá y su humanidad, su estática humanidad, su inmóvil presencia, su perturbada conciencia. Se ve a sí mismo en el pasado, en su antigua felicidad, dentro de ella: adentro y circunvalándola. El poder y la felicidad, la memoria y el sofá.
“El empresario paraguayo, víctima de secuestro, fue encontrado…”
¿Será el mismo canal que hace 5 horas? No importa. La indiferencia reina hasta los tuétanos. La ropa sucia en el piso y puesta en él. Cuánta asquerosidad. Un vino… Sí, una buena botella de vino, o tal vez una damajuana. Con eso desaparecería esta dispersión, esta disgregación, este vaivén mental que lo retorna una y otra vez a los perversos y depresivos divagues. Pero ¿Y si el alcohol rasga las heridas que no cicatrizan? Y la televisión que no lo distrae. Mejor quedarse en el sofá.
“River tiene que ganar sí o sí de local, para tener posibilidades…”
Un bostezo. La modorra, y la pesadez en los párpados: Morfeo lame con lujuria las neuronas. Por fin un respiro para el cerebro.
-----------------------------------------
ViQuiconQ
Base Luca
Eran las tres de la tarde, el cielo de un gris áspero no me decía mucho. Yo cortaba una rama del gran árbol sin bautizar. Se encuentra en un lado del jardín, junto a las matas donde suelen albergarse unas serpientes. Las había ahuyentado con tambores para poder podar. No es la poda de estos días, puesto que la primitividad fallecería. Sólo corté la rama que molestaba al pasar.
En ese momento, oí unos gritos desde lejos. El viento había levantado y había algo extraño. Algo extraño en el aire. Un silencio. Una inquietud. Las serpientes no volvían. Unos pájaros se fueron. “¿Qué sucede?” Se me ocurrió mirar al cielo. Éste giraba. Nunca lo había visto girar.
Unos espirales en algodón me cautivaron. Giraban y giraban. Y después, ese espiral bajó a nuestra tierra de a poco. Un fino hilo que se estiraba a tocarnos.
Luego, todo fue nube.
Un tornado arrasó a mi ciudad y a mi jardín primitivo.
---------------------------
Almas gemelas, no por idénticas, sino por lo unidas
Se me apareció un campo de burbujas.
Dentro de cada una, una figura humana representaba el alma de un cuerpo lejano. Había miles y miles.
Algunas se acurrucaban en su soledad. Otras extendían los brazos con desesperación, a nadie en particular, pero sin exceder el límite de su burbuja.
Otras, en cambio, iban de a pares, rozándose o pegadas como siamesas, sin llegar a unirse.
Hubo una burbuja que me atrajo la mirada. Era doble. En ella, dos almas se abrazaban. Eran dos, pero habían unido sus burbujas para lograr encontrarse, para compartir su espacio.
En todo lo que alcanzaban a ver mis ojos, no encontré otras almas que hubieran podido, como éstas, fundir su débil coraza en un único corazón.
|201106|
---------------------------
¿Fue el viento o la puerta?
¿Fue el viento o la puerta? Ese susurro en la alfombra… ¿sería eso? Al abrir la puerta se oía ese susurro, ¿o no? Alejandra no se movió. Algo pasaría. Si era la puerta, alguien entraría.
No se movió.
Apretaba los dientes y su muñeca de vestido azul. Tenía que mirar. Estaba acostada y la alfombra olía a polvo. Si había sido el viento, podría salir.
Decidió mirar.
Suavemente movió a un lado, despacio, despacio, la caja de zapatos. ¡Zapatos! Frente a ella. Habían entrado. Giraban en la alfombra los zapatos, buscando. No la habían visto. Shh. Si no se movía… Si no se movía no la iban a ver.
Esta vez libraba a todos.
---------------------------
Gritos un día
Los nuevos gritos inundan la gran habitación de techos altos y paredes tapizadas. Reina la penumbra y todos miran serios un lecho con las cortinas abiertas. Las sábanas están revueltas, pero tan petrificadas como la muchacha recostada, de frente húmeda y párpados cansados. Sus piernas continúan escoltando un río que llega al suelo. No se sabe si llorar, como él, que tal vez ya entienda y se culpe y quiera morir y no quiera nacer nunca más.
Escaleras abajo, cruzando el salón, las puertas se abren al jinete agitado que ha tardado demasiado y recibe el funesto ¨ es un varón, pero la hemos perdido ¨.
Ludomatic
Arroyo
Un día, en su departamento de Nueva York, un empresario argentino se levanta, va al baño, se mira en el espejo y piensa en un arroyo. Luego, va hasta el aeropuerto y se toma un avión a Buenos Aires. Una vez en Ezeiza, consigue un taxi y llega hasta Aeroparque donde toma un vuelo charter hasta Córdoba. Averigua en la terminal y se sube a un micro que lo lleva hasta La Falda. Desde ahí sigue el camino a pie hasta llegar al arroyo.
Cuatro piedras se encuentran flotando sobre el agua y son la única manera de cruzarlo. El empresario se acerca y pone un pie en la primera piedra, un pie en la segunda y cuando quiere pasar a la tercera se da cuenta que no puede porque hay una persona enfrente de él, con sus pies en las otras dos piedras.
- ¿Qué haces? –pregunta el empresario.
- Trato de llegar a Nueva York –responde la persona.
Jerobg
Permítanmé contarle un disparate sobre la yerba mate
este relato es totalmente real; me refiero, claro está, a lo que yo entiendo como real, aunque seguramente si me explayara acerca de mis convicciones usted discreparía, y se alejaría enojado, y rezaría un Padrenuestro, y pasarían muchas otras cosas, pero qué importa.
Sí importa el hecho de que yo me entretenía en la Closiére des Liles, mientras detrás del vidrio empañado la gran gran ciudad daba vueltas vueltas como siempre en un vertiginoso ascenso y descenso de luces y desluces, (y quien interprete esto como una metáfora nunca ha estado en París), cuando llegó Ernest. Me golpeó el hombro, y:
-¡Hem! Que raro vos por acá.- Nada raro, él vivía en el 113 de Notre-Dam-des-Champs. Antes de sentarse, fiel a su instinto, ya había pedido al mozo dos whiskys, no fuera cosa de que se enfriara el estómago. Yo tenía el mío bien tibiecito, pero mi vaso ya estaba vacío.
-No estoy de muy buen humor, discutí con Miss Stein.
-¿Otra vez?
-Es la primera.
-¿En serio?
-Sí.
-¿Con Miss Stein?
-Así es.
-¿Discutieron?
-Nunca mejor dicho.
-Que barbaridad. ¿Otra vez?
-Es la primera. La primera después de que dijera que pertenezco a une géneration perdue, llamándome, además, borracho. ¿Vos que hacés por acá?
-Lo de siempre. (1)
-¿Qué?
-Espero a Godot.
-¿Godot? No lo conozco.
-¡Bah! En unos años lo conocerás. Un gran ciclista...
-¿Y llegará pronto?
-Eso no es lo importante. Pero ya que viniste primero, entreteneme.
-A eso vine.
-¿En serio?
-¡Claro!
Siempre fue un placer charlar con Hem. Esto ocurrió antes de que el mozo trajera los whiskys, vale aclarar. En realidad no vale aclarar, a estas alturas de la lectura, pero permítaseme hacer trampa.
-Es una lástima que acá ya no vengan los poetas- dijo Ernest con la vista perdida en el vidrio empañado, como queriendo ver más allá de lo que no se podía ver (cosa que logró, con el pasar de los años).
-Nunca vi a ningún poeta acá. Vos sólo venís porque vivís cerca.
-Una vez lo vi a Blaise Cendrars.
-No lo leí.
-No lo leas.
-No lo haré.
-Lee a Scott.
-No me cae bien ese amigo tuyo.
-A mi tampoco.
-No me extraña. Siempre anda del brazo de esa tal Zelda, bicho desagradable si se me permite el término. Me gustaría, empero, que me presentes al señor Pound.
-¿Ezra Pound? ¡Él sí que es un gran hombre!
-Sí. ¿Por qué mirás el vidrio?
-Miro para ver.
-Pero no se ve nada.
-No importa.
-¿Para qué mirás algo que no se puede ver?
-Llegaron los whiskys. A tu salud.
-A la tuya.- A los labios el vaso. ¡Y qué más podría pedirse, si París era una fiesta! Claro, se podría pedir que el vidrio se desempañara un poco, sólo para ver la rue que todos sabemos pero que no podemos ver porque el vidrio está empañado y qué angustia, qué angustia que empieza abrasando la garganta, quema por el esófago, y cae al estómago como una bola de fuego líquido. Enseguida rebota, y llega de golpe a la cabeza galopando como el mejor corcel español nunca lo hizo. Entonces pareciera que las cosas se aclaran, que se vuelven aún más reales, y cuando el proceso se repite varias veces no hay ventanas empañadas en todo café parisino que le impidan a uno ver a Godot, o quien quiera.
-Vos sí que la tenés clara, Hem.
-What do you mean?
-Siempre ves más allá, por eso tomás tanto, y viceversa.
-I don't think horses are that bad, it's just that people don't take them seriously.
-De una, guachín.
-A man can be drunk but not defeated.
Y esa frase algún día se remodelaría en una mentira más profunda y menos mentirosa. Usted se preguntará cómo sé yo tanto. Y bien que lo sé. Pero si usted se sacara las orejeras, comprendería que lo último que pretendo es que usted crea que
(1) Eso es precisamente una mentira. Pero le contaré a usted, mi buen amigo que bajó la mirada a esta humilde nota al pie, la verdadera historia. No hacía siquiera dos horas, habíame encontrado con James en el boulevard Saint-Michel (o en la Plaza Misserere, o en una esquina de la tumultuosa Nevskij Prospekt, o vaya uno a saber dónde). James era talentoso en grado sumo, y me alegraba mucho de que se hallara en la ciudad más bohemia de la historia. Unos años atrás había publicado una gran obra que yo, por mi parte, no había terminado de leer. Además, me era muy querido y admirado, y la belleza de su hija era digna alabanzas. Sería interesante contar exactamente cómo fue nuestro encuentro, pero realmente no podría hacerlo, pues James siempre dejaba fluir su consciencia, y una charla con él no sólo era complicada de sostener, sino también imposible de expresar.
Pues bien, el buen irlandés monologaba sin parar, entreteniéndome verdaderamente, divagando con propiedad sobre temas a los que pocos acceden en sus estados de mayor lucidez. Pero repentinamente detuvo su lengua. Me miró a los ojos, extrañado.
-And you, who are you?
Yo, James, yo, sabés mi nombre, sabés a qué me dedico, sabés quien soy, ¿por qué me lo preguntás? No, no, no, tu nombre es lo que tu tarjeta de identificación dice que sos: quiero saber quien sos vos. Qué buena pregunta, pero cómo. A vos te pregunto. Soy yo… ¡yo soy yo! ¿Y cuál de todos tus yoes, el enojado, el buen cliente, el amigo divertido? Soy un rato cada uno. Entonces, ¿quién sos?
¡No sé! No sé, no sé, no sé. ¿Quién soy yo, después de todo? El que escribe esto, claro está. O no tan claro, pues tal vez nadie sepa mi nombre jamás. Y si sólo soy un hombre detrás de un papel, entonces, si nadie lee esto, ¿jamás habré existido?
No, no soy sólo un esclavo del lápiz que se refugia detrás de un cuadernillo: también soy alguien que camina por la calle. Y esto dice mucho, pues mientras deambulo por el boulevard Saint-Germain, o por la diagonal 74, me mezclo con miles de personas que no son como yo. ¡Somos tan distintos! Claro que para alguien que mirara de lejos, seríamos todos iguales. Miles de hormiguitas preocupadas en nimiedades tales como la literatura, el amor, el cáncer. Y además, todos vamos a morir. Pertenecemos a una masa homogénea, horriblemente hormigueante, que se confunde en la caricaturesca danza de luces en el preámbulo de la noche urbana. No, no soy un hombre que camina por la calle, bajo el cielo de etéreo azul o bajo el cielo de techos lacrimosos. Ése no es mi rasgo diferencial; soy uno más de los miles, una gota en el océano (ni siquiera una lágrima en el río).
Que tristeza, que angustia, y todo por la culpa de James, perverso James. ¿Cuál es el desgraciado puño que arrojó esta mísera piedra sobre un montón de cascotes grises?
Ante todo, soy un hombre honesto; pero he mentido. Antes se me consideraba un buen nadador, pero hace años que no practico deporte alguno. En una época fui el amante correspondido, pero ya no lo soy. ¿Quién soy: quien yo creo, o quien los demás ven en mí?
¡Ya lo sé! No soy otra cosa que el personaje de una novela. ¡Cómo no me he dado cuenta! No soy otra cosa que un Eugène de Rastignac, a quien el Balzac que lo escribe no tardará en relegar a un segundo plano para centrarse luego en un Horace Bianchon, que bien puede ser el propio James que acababa de hablar conmigo. ¡Maldita comedia, irrisoria sólo a los ojos de los que existen más allá de las páginas de la vida! Tal vez mi destino conste en buscar a quien maneja los hilos de la marioneta que soy. Un personaggio in cerca d'autore, maldita suerte la mía y la de todos ustedes, víctimas eternas de este relato enmarcadísimo, vaya a saber por qué aburrido dios comenzado, y abandonado eras atrás.
Ah, si, amigo lector, eso y más pensaba luego de mi encuentro con James, dejándome llevar por los adoquines de la sucia ciudad. Pero contar todos mis pensamientos sería tan complicado y fútil como relatar todos los divagues de ese maldito de James (que por cierto, esta vez había dado en la tecla adecuada).
La multitud que asedia el individualismo en la ciudad por las tardes es abrumadora, eso se sabe. Pero fue mi único consuelo, no sabiendo quien era yo. Después de todo no es tan importante: todos vamos a morir (que la certeza no traiga desgracias: tanta es mi mala suerte y tan estadística es la seguridad en la muerte, que no me extrañaría ser el primer inmortal que conozco). Todos hemos nacido, según nos cuentan. No es necesario saber quiénes somos: para conseguir trabajo basta con dar un nombre y datos de actividades pasadas, ningún burgués se interesa en metafísica hoy en día, ni mañana en día tampoco.
Vaya banalidades. ¿De qué preocuparse? Después de todo, lo objetivo y lo absoluto jamás existieron. Y aquí, mi abstracto lector, puede usted continuar con la lectura de mis mentiras.
Faaaaa, lindo libro que armé!!! Que lindo que estaría publicarlo en pel-pa.
Releí mucho estos tres días, y me dí cuenta de la importancia de una categoría propia. Pero parece que la literatura no garpa las cuentas ni vende porpagandas. Quizá, eso sea lo lindo.
BUENO GENTE, espero que haya sido de su agrado.
TAMBIÉN EN FACEBOOK (CLICK EN LAS IMÁGENES)
[img=http://t1
Otro de sus grandes fracasos del Colectivo fue la realizacion de un pequeño concurso literario que no pudo hacerse por falta de "Regalos" o "Premios" para que el concurso sea atractivo. Ademas careció de todo apoyo posible por parte de los administradores, o simplemente no nos contestaron nunca un pedorro MP.
Desde esa época me quedaron guardado apuntes de textos (poesías y cuentos cortos) que en ese momento fui leyendo más a fondo para saber cuales eran los temas principales, características, objetivos, inquietudes y estilos literarios que figuraban en los post de los escritores taringueros que conocía o que estaba al tanto que posteaban textos propios.
Actualmente estuve repasando nuevamente estos post y llegué a la conclusión que sería casi imposible clasificarla debido a que no es una masa constante de escritores, sino todo lo contrario. Hay ejemplos interesantísimos de escritores que postearon con gran calidad artística y desaparecieron sin dejar rastro. Sin embargo, todos los días hay nuevos usuarios que desean compartir sus obras y entre ellos, escritores interesantes para destacar.
Si o si para realizar esta pequeña y humilde seleccion tuve que realizar un corte cronológico. Coloqué una fecha límite: mitad del año 2009. Así que mucho de los nuevos escritores no figurarán por una cuestión temporal.
Analizando también los textos posteados no puedo dejar de mencionar a Waits. Este señor (tocayo) siempre se encargó de leer casi todo aquí dentro. El fue el realizador de la primera revista, "Entre evangelios y medios mundos", de escritores taringueros. Otra persona que también tuvo la misma idea fue Julianita97 con el proyecto de su revista "El Tintero". Las dos revistas, con un enfoque completamente diferente, hicieron o hacen (que se yo), selecciones.
Dentro de esta selección no consederé los cuentos extensos (aunque existen excepciones) y me concentré solamente en poesías, prosas, microcuentos y prosas poéticas.
Para ir terminando, está más que claro que pueden criticar esta selección de textos ya que creo que ese fue uno de los motivos fundamentales, aparte del informativo.
El orden de los textos es sólo azaroso y no tiene mucho que ver con la calidad.
Bueno muchachos, los dejo con la obra.
PD: Acepto propuestas de nuevos textos.
Proluna8
Seremos silencio
Construíamos un edificio con hierro y sudor y cemento.
“Ya estoy demasiado viejo para esto”
Se derritió el cemento, el hierro salió volando por una ventana y hasta el sudor se nos congeló dentro.
Salí a la calle buscándote, la idea de tu presencia encajando perfecta en mi animus.
Recorrí ríos y avenidas, tugurios y templos, dudas y esperanzas.
La eterna batalla entre el pienso y el siento.
El alma ahorcándose con sogas de la mente y la razón vencida por los latidos turbulentos. Bipolaridades del amor.
Me tendí entre árboles mirando el cielo a través de las copas y miré con tus ojos las nubes que se quedaron vacías de formas.
Inspiré profundo el humo de leños crepitantes que no recordaron cómo era tener aromas a noches sin sueño.
Bebí vinos de muchos colores y en ninguno mi boca halló tus sabores.
Quise escuchar mi propio dolor y mi tristeza no tenía nada de aquel abrazo de blues o profundidades de saxo.
Y fui limpiando mi ser de tus rutinas, prolijamente sacando tus rastros de mí. Hasta dejé de soñarte para que dejaras de estar allí, incongruente y mágico, con los ojos tristes y el gozo feliz.
Supuse que lo lograría.
Erradicar tu recuerdo como un viejo vicio sin sentido. Odiar tu voz como se odia a los ruidos. Despreciar tus “me planto” con mi profundo desdén al capricho. Olvidar tu nombre como si nunca hubiese existido.
Pero tu fantasma me sigue. Me llama. Y yo sé que es mi amigo. Una parte de tu alma se quedó conmigo. Creíste irte entero y estás partido y llevas en tu memoria el nombre mío. Tu sombra ahora está aquí y sé que si, de pronto, giro, te reconoceré en ella, sobre este muro. Si te animaras a mirar, de pronto, de apuro, verías también mi sombra detrás tuyo, en tu camino.
Algún día te seguiré al fondo del río. Te buscaré a tientas entre las aguas color de león.
Me recostaré quieta a tu lado y ya no tendremos sombra. Nos mecerá el agua, a salvo del odio y los lamentos. Nos amaremos despacio. Seremos silencio.
Jpd
Frente al espejo
Que miras ? Tu me miras o te miras
Y que hay de bueno ? Porque no de malo? Tienes miedo ?
No, porque habria de tenerlo? Tu dimelo, o a ti mismo
No, no tengo miedo Vergüenza ?
.. Pena ?
…. CULPA ?
Sin remordimientos, hice lo correcto Para ella? Para vos/mi?
Hablas complicado Lo tuyo no es sencillo
“Hicimos” lo mejor para los dos, estas contento? No tengo porque estar contento o triste. Soy un reflejo
… Y creo que hiciste lo mejor para ti, no para ella
No tenia opcion Siempre hay opcion
Tengo 20 años, por favor!! Y tienes el resto de tu vida..
Fue un ERROR!! No quisimos. Pero hicieron, y se equivocaron
Mis padres me hubieran matado Ironico, no?. Y le hechas el fardo a alguien mas
Cállate No estoy hablando, y tu no escuchas
Pero no teniamos otro camino! Tarde te das cuenta. Lo hubieras pensado antes de entregar tu alma y la de ella
… Ella quería seguir adelante, tu se lo impediste
Basta! Basta por favor ¡ Duele! Te lo mereces
Cállate, Cállate! CÁLLATE ….
CÁLLATE …
No puedo seguir. … Que vas a haces con eso ? Que vas a hacer?
Perdon Dios, perdón …. NOOOOOO
<Bum> <Crash>
Y que hay de bueno ? Porque no de malo? Tienes miedo ?
No, porque habria de tenerlo? Tu dimelo, o a ti mismo
No, no tengo miedo Vergüenza ?
.. Pena ?
…. CULPA ?
Sin remordimientos, hice lo correcto Para ella? Para vos/mi?
Hablas complicado Lo tuyo no es sencillo
“Hicimos” lo mejor para los dos, estas contento? No tengo porque estar contento o triste. Soy un reflejo
… Y creo que hiciste lo mejor para ti, no para ella
No tenia opcion Siempre hay opcion
Tengo 20 años, por favor!! Y tienes el resto de tu vida..
Fue un ERROR!! No quisimos. Pero hicieron, y se equivocaron
Mis padres me hubieran matado Ironico, no?. Y le hechas el fardo a alguien mas
Cállate No estoy hablando, y tu no escuchas
Pero no teniamos otro camino! Tarde te das cuenta. Lo hubieras pensado antes de entregar tu alma y la de ella
… Ella quería seguir adelante, tu se lo impediste
Basta! Basta por favor ¡ Duele! Te lo mereces
Cállate, Cállate! CÁLLATE ….
CÁLLATE …
No puedo seguir. … Que vas a haces con eso ? Que vas a hacer?
Perdon Dios, perdón …. NOOOOOO
<Bum> <Crash>
"Nadie se conoce a si mismo si se mira al espejo de espaldas"
(Carballobsky)
(Carballobsky)
Consentimiento
Poder
Dominio
Es lo que él siente
Le hace bien y lo demuestra
Una excusa cualquiera es buena razón
Con un puño cerrado y dientes apretados,
con su cinturón latigueando y silbando en el aire
Cada vez tiene su encanto, su liberación, su premio
Le sienta bien, y es así por la naturaleza como debe ser, el cumple su rol
No piensa las consecuencias, ni le preocupan, es una necesidad y un regocijo
---------------------------------
Lo ve acercarse, y tiembla recordando como fue el día anterior y temiendo por el próximo,
Se acurruca en un rincón, con los brazos cruzados sobre su pecho, sollozando
Y él no sabe cuanto duele, ni se imagina cuanto duran las cicatrices
Hasta donde puede llegar? Cuando se detendrá?
Pero recibe su castigo, en absoluto silencio
comprende que no esta del todo mal
Así le enseñaron que era
Así fue otra vida
con sus padres,
ellas al final
siempre,
sumisas
Litterarte
Mi vida con ella
“En todo idilio
Una boca hay que besa
Y otra es besada”
Mario Benedetti
Una boca hay que besa
Y otra es besada”
Mario Benedetti
Su figura de sol se esfuma, mis versos ya no se entreveran, la astuta luz del día se ha llevado su sombra. En los rebordes de su boca me reconocía. Los finos pliegues de tanto practicar el a veces fortuito sacrificio del beso, el arco iris que acompaña los destellos de sol sobre su cabello, que es fino y no es de oro, y esa oscura golondrina...
Sus ojos rechazaban la vana figura de los amantes, respiraba alma y resignaba versos perfectos con sus palabras, que cual remolino todo lo envolvía, pacífico remolino audaz, metódico y calculado pero irreversible y avasallante, lenta furia que invadía toda mirada que se contagiara con la suya, muerte constante, instantánea del ser, todo el espejo se iluminaba con su alma, como una fotografía que nunca pasa de moda.
Allí estaban, dignos del ejercicio escatológico del amor, lanzando flechas y forjando idilios, continua batalla de voluntades dulces; amante y amado se confunden en el espejo empañado, se someten, liberan, suavizan, se funden y el espejo continúa mirándolos, como testigo inusual y perfecto del amor en estado puro.
Cautelosa, mide sus sensaciones, imprudente y ligera lanza un ataque sobre el amante que la observa como se observa lo absoluto, con minucia la detalla en sus pupilas (las interiores) y espera su artillería bajo el refugio de una boca conmovedora; la lucha comienza, comienza y el espejo puede empañarse, va a empañarse, de seguro lo hará y las lágrimas brotarán de su manantial, se perderán en su envase, su esencia fluirá, la más profunda y genuina, la que el amante desea y bebe pleno, elixir pleno de la esencia que perdió y recupera de a ratos, la credulidad de recuperar algo perdido lo conmueve, de cerca la mira, acaricia su frío rostro y comprende que todo comenzó por un instante, que es inútil perderse para luego volver a recomenzar, y el espejo lentamente recobra su forma primitiva.
Volví mis ojos del espejo. Ya no podré verla.
Jerewolf
La tristeza del río
Desde el muelle la tarde gris cae sobre el agua
Se siente la tristeza del río con sus lágrimas de otoño
En el corto horizonte de mi delta
Una canoa corta a remo el silencio de los hombres
Un rostro surcado por la lluvia busca refugio
Mientras los grotescos juncos bailan su vals de sudestada
No se escucha ni el murmullo de los pájaros
Ni la cadencia estrepitosa de las lanchas
Atrás quedo el verano turbulento
Con sus marejadas de carcajada humana
Sin prejuicio en su locura ciudadana
Mi río se aquieta….
Se deja picar por las hordas salvajes de esta lluvia inesperada
Deja que sobre él se escriban las historias
Lame las orillas para reencontrarse en la mañana
Y en ese corto horizonte de mi muelle
Mis ojos se esfuman pensando en mi destino
Pensando cuantas aguas han corrido y han venido
Cuantas cosas he vivido
Cuanto quiero esta tierra tan amada
A mi espalda mis paredes me reclaman
La tibieza del otoño a través de la ventana
Mis libros, las canciones
Las suaves piernas de la mujer amada
El río esta triste en el otoño…
Ahogado de historias que es testigo…
Bachodelich
La noche en que despertemos.
Llegaremos, llegaremos corriendo, llegaremos morados, llegaremos con recuerdos y con recuadros, llegaremos cobrando, llegaremos al baile, llegaremos arrastrados, llegaremos a arrasar, llegaremos de amarillo y de amaranto, llegaremos temprano, llegaremos a un acuerdo, llegaremos todos, llegaremos al principio, llegaremos llegando y llorando, llegaremos cansados, llegaremos tarde, llegaremos a rezar, llegaremos al fondo del asunto, llegaremos como reyes, llegaremos descarriados, llegaremos muy pocos, pero siempre demasiados, llegaremos a la meta y a la mesa, llegaremos sin mapa, llegaremos a la hora de la cena, llegaremos y no necesitaremos un motivo para llegar, llegaremos de altamar, llegaremos de la Luna, llegaremos con las manos llenas de llagas, la cara de cicatrices, llegaremos y disfrutaremos la llegada, llegaremos a medias, pero llegaremos...
La noche en que despertemos al fin llegaremos y sabremos a dónde llegar, porque sabremos a donde vamos caminando desde ahora. Y por fin llegaremos...
AMO56
¿Será?
Se sentia extraño hoy, varias veces en estos ultimos dias le falto el aire pero no le dio mayor importancia, hoy prometia ser un dia especial, se sentia euforico y frenetico, se puso a acomodar sus cosas, sus ideas primero, no es cuestion de olvidarse de la cosas, alguna idea traviesa le robo una sonrisa, otra, un poco incomoda, lo hizo menear la cabeza, se miro las manos y vaya asaber porque, no pudo resistirse y se chupo un dedo, se sonrio nuevamente y
siguio con sus cosas, sintio de nuevo ese ahogo,y el mundo se puso loco, todo giraba, boqueo desesperado y lo sostuvieron para que no cayera. Con un vagido triunfal. Miguel nació
NO PUDO SER
HOY VI A MI NIÑO CASI REIR
HOY VI A MI NIÑO CASI JUGAR
HOY VI A MI NIÑO CASI NACER
DURMIENDO EN EL REGAZO
DE LA QUE NO PUDO SER
Waits
Extracto de "Bajo tu ausencia"
No hablo sobre lo que vi o escuché
Si sobre la vieja mujer
que va nuevamente por la calle,
respirando el desnudo habitual
de las posibles salidas al pasado
Extracto de "A tu Endo"
No importa si es necesario
desabrochar tanto ojal hasta llegar al pecho
y quedarse así
(tan solo esperando)
mientras las cosas vuelven a su lugar.
manuelmandeb08
Antena Parabólica en Deconstrucción
Que el silencio de los pianos
agreda la noticia de tu voz,
cuando te extrañe por inconstante.
Como la prisión de tus manos
extendidas al fuego de mi (tu)
ausencia comprometedora.
Cajas de cartón, amuleto estío
velas sin candelabros
besos de celulares.
Verso y gracia de mañanas
de pasado mañana, quasar
de futuros inaceptables.
Parpadeo festivo de tu ayer
elementos fríos de mi aurora
amanecer dislocado.
Y aún, a tropiezos
y prisas de soles
bebo la copa de nostalgia.
Parafraseo a Macedonio
con vergüenza de papiros:
nada dejó sin doler.
Juanesloko
Corriendo
Un día empezó a correr. Corriendo llegó a los suburbios y corriendo dejó atrás la ciudad. Corriendo alcanzó las pampas inabarcables y corriendo alcanzó las sierras. Corriendo se dio cuenta de que al costado de un camino se había olvidado aquello que estaba buscando, y corriendo dio la vuelta, tratando de no distraerse de su carrera. Corriendo siguió por años, sabiendo, pensando, creyendo que ya no podía faltar mucho para llegar corriendo hacia ese objeto tan preciado. Y corriendo murió aquel hombre, sin entender qué era lo que estaba buscando.
Su sonrisa en el viento
No pudo evitar sonreír con el viento en su cara, sintiendo la felicidad de otros tiempos. Las ráfagas lo acariciaban cada vez en forma más violenta, pero no pudo evitar seguir sonriendo. Ni siquiera cuando desde sus ojos empezaron a llover las lágrimas, ni siquiera cuando los párpados se rehusaron a mantenerse abiertos, ni siquiera cuando ya no pudo pensar más en la felicidad, ni siquiera en el instante final, cuando sin previo aviso, los transeúntes vieron con sorpresa como su sonrisa, acompañada de un tremendo estruendo, dio un último beso al piso.
Nociones básicas de la fé absoluta
Había llegado el momento. Tomó aire y saltó. Tiró de la primera cuerda, no funcionó. Tiró de la segunda cuerda, no funcionó. Rezó un Padre Nuestro, tampoco funcionó.
Maxi18
Nocturno a mediados de Junio
Nadie sabrá de ti ni de tus largos extravíos.
El navegante del infierno se irá a morir hacia otros puertos
infinitamente más tristes que los tuyos y tus ojos:
tocará el odio su pecho como la proa de un barco:
los elementales sabrán sobre el fulgor de la embestida.
No recordará nadie tus veletas inconstantes.
Qué entenderán de tempestades las lagunas, los oasis?
Volverás los breves cabellos a la violencia de los sótanos
allí donde nacieron caricias amenazantes como estatuas
y cometas ateridos naturalmente al azufre,
como el barro y los adoquines y la lluvia formándose,
mirando fríamente con sus ojos opacados,
de igual modo a los muertos inesperadamente vacíos
de suspiros y silencios, de penumbras y de esperma,
contabilizando el eco de las lágrimas en el túmulo
compartido por ausencias y arrepentimientos tardíos.
Nadie hablará de ti ni de tus áridos mares
donde al cuerpo desnudas sus blancas humedades
y no sabes y no vuelves y te trenzas y destrenzas
en furiosas libertades demasiado concurridas
y embebidas dulcemente por la luz de los crepúsculos.
Pero el tiempo de las flores aún transcurre entre las venas.
Por qué las heridas?
Por qué solos?
Hacia dónde tus brazos?
Sobre qué rostro tus manos?
Ya andarás seguramente con la voz polvorosa.
Y en la noche de tal modo como una lanza de nostalgia
entre la tristeza y los destellos recordarás los abismos,
sujeto tenazmente por besos y fantasmas,
deliberadamente olvidado como un guijarro en el río.
Marxscell
Desesperación
La tarde ha caído afuera y en mi habitación, un sonoro estampido me ha abrigado con su calor. El viento a menudo me lleva al borde del abismo. Ya no existen sueños que protejan mi ilusión. La ilusión de querer ser el mejor.
Salgo a la calle de la mano de mi sombra. En la esquina, terribles espectros agitan sus cuerpos al percibir mi figura. Y se dirigen, presurosos, a interceptarme.
Mas yo ya no quiero pelear. Ya no puedo más. Finalmente, el invierno de mi alma ha terminado por destrozar mis sentidos. Es hora de que me entregue. Para que todo acabe de una maldita vez... A menos que aún tenga algo por qué vivir.
Ahora la duda revolotea en mi cabeza, como ciegas mariposas danzando en la noche. ¿Acaso no estabas tú de mi lado? ¿O es sólo que tengo temor a lo que desconozco? No entiendo a qué me estoy aferrando, para seguir. Y cuando ya los tengo encima, echándome su fétido aliento, comprendo todo. No tengo porqué dejarme atrapar. Aún puedo combatir.
Empiezo a correr una vez más, desesperado, por las calles apenas iluminadas. Alaridos de angustia escapan de mi trémula garganta. Caballeros de mirada fría y andar elegante, ocultan su ayuda bajo anchos sombreros de copa. Y comprendo que estoy solo en esto. Y ellos se acercan...
Entonces, me apresan. Siento sus garras clavarse en mi ser, y el desgarro de la carne joven me produce un dolor inhumano. Y luego, delante de mis ojos, por encima de sus deformes rostros, un valle se abre profundo, misterioso, infinito. Y ya no hay marcha atrás.
Vagando sin rumbo por toda esa inmensa oscuridad, me llega tu dulce y apacible voz, trastornada por un llanto inesperado y lastimoso, mientras el olor acre de la pólvora me descompone en partículas invisibles. Y casi ya no puedo comprender aquello que me estás gritando...
¿Por qué lo hice? No lo sé, preciosa.
A lo mejor me cansé de esperar tu amor.
Hanzelacayo
“No toda narrativa debe obedecer al arquetipo”
Hanzel y Teseracto
Hanzel y Teseracto
Tu nombre es la única cosa que sé acerca de Bruselas.
Tu nombre es la única cosa que sé acerca de Bruselas. Mientras llueve, en mi mente te pronuncio como un cántico celeste. La lluvia, copiosa, hace que el techo cobre vida, como un metálico monstruo que se ha plegado en mesurado zinc y bien pudiera hablar en el lenguaje de tus dedos, cuando acarician mi cabello mojado y hacen que la pesadumbre de la madrugada espese completamente como los huesos de mi cráneo, convirtiendo cada uno de los fragmentos de felicidad en estrellas irrecuperables, tornando el sudor en el más dulce licor y la más inexorable fachada de rostro perplejo en la más inofensiva de las flores carnívoras.
—¿Vas a venir a Bélgica?
—Aún no lo sé; pueda que tal vez…
—¿Cómo no lo sabes acaso? Si me eres leal, deberás seguirme siempre.
—¿Por qué habría de serte leal?
—No lo sé; me pareció una buena excusa.
El olor de tu cabello ha quedado sellado en mi almohada. Así lo has predispuesto. No quiero que desaparezca. Por eso debía llover esta noche, para dar un sentido de perfume denso a tu cabello, que es casi como si la música fuera urdimbrada en finas hileras de castaño puro, incapaz de ser dorado por el sol. Los rayos tristemente rebotan cuando te incorporas en el viento, mientras cortas el espacio con frases infinitesimales de tus ojos, que callando, me llaman a tu encuentro. Tu piel es el agua esta noche; no la lluvia.
—Tranquilo, no voy a leer lo que estás escribiendo.
—¿Por qué?
—No lo sé; pareces incómodo.
—No me incomoda escribirte.
—Durmamos, y así podrás seguir... Si duermo por lo menos cuatro horas, estaré bien.
Me gusta pensar que soy pequeño entre tus brazos, que como un ave muerta me tomas para no soltarme nunca, y que de tu calor austero vivo como del sol en la cúspide del cielo, sin extrañar el sabor salado de los peces, la dulzura escueta de una fruta, semillas que son tantas para amar por su recuerdo a sus mil y un cerrados ojos todavía a su corteza conflagrados. Si por estar tranquilo pudiera dormir para siempre, quisiera ser una piedra de tu tumba, resistirlo todo antes que alguna mano conocida me arranque de ti.
—No escribía algo así desde hace años.
—¿Desde la última vez que te enamoraste?
—Desde la última vez que empecé a olvidar.
—¿Y si no vuelves? ¿Y si no me sigues?
—Lo pensaré. Es muy temprano aún para cerrar el Paraíso.
Quisiera detener este momento, y no podré. Quisiera, aunque sea, una gota de tu encanto poder retener, tenderte telaraña y vivirte con mil pies, ya no por el empeño de hacer perdurar lo tangible, como algún día se vive a cuestas de una mano, y no nos desolla la ausencia posterior, sino por incendiario clamor, júbilo efímero, oro que no dura y se hace polvo entre las manos. Te prefiero por ser en el barro. No te doblegues. Acércate a beber: fuego en mi agua. Mi motor te será fiel hasta en el más ígneo pensamiento, como soldado a reminiscencias de patria en una guerra contra el tiempo. No te vayas ni te sueltes. Es hora de que nos dejemos soñar.
—No te preocupes. Estoy en Bruselas y es el año 2010.
Hanksoriano
¿Qué es ese olor?
El subte está repleto de gente, el pelo de las personas está adherido a las pieles aceitosas y calurosas.
El calor, oh, el calor… es tan, pero tan insoportable que hace que nos odiemos, sincera, pura y terriblemente.
Pero… ¿Qué es ese olor?
Por Dios… que alguien demuestre que algo le está pasando o que abran lo que tengan que abrir para que ese maldito OLOR se termine.
Seguimos en un viaje a donde nadie sabe que vamos, el subte sigue cada vez más y más repleto y nunca vemos que se detenga, no hay estaciones, no hay paradas, simplemente sentimos que el vagón está cada vez más chico, y todo aprieta más, todo es más incómodo y menos lógico.
No estoy seguro de qué es lo que está pasando acá, pero creo recordar haber sacado un ticket, cruzado el molinete y subido al subte… cuando no había tanta gente.
Y acá… o nadie sabe o nadie quiere hacerse cargo de este pestilente, molesto y cuasi visible olor que afea cualquier cosa.
Uf, el calor cada vez es más notorio, alguna persona, allá a lo lejos, se sacó la camisa, y ni siquiera llego a divisar si es mujer u hombre.
Otro lo imita, luego una chica, visiblemente mujer, también, y comienzan a pegarse los cuerpos en una inmunda amalgama de carne hirviente y mojada.
Casi que nadie se hace mucho cargo de la situación, como si fuéramos muertos vivientes o algo… pero ese olor… empieza a acomodarse en donde sea que se guarda la memoria olfativa y busca su lugar.
Casi seguro que ese olor es… no… no puede ser… esto es un subte… no.
Pero ¿Qué es entonces si no es lo que supongo?
A esta altura de este viaje miserable y extraño, el pie de una persona me queda cerca de mi cara, observo a mi cuerpo y noto que yo también extrañamente estoy desnudo.
Y seguro estoy de no haberme sacado nada, de que la ropa siempre la tuve puesta y de que mi mano siempre estuvo agarrada a éste caño transversal.
Miro mi mano.
El reloj de mi abuelo, el que me regalo varios años antes de morir, aunque siempre elija decir que fue unas horas antes, ya no está en mi muñeca.
Prefiero pensar que en el roce se cayó, y no dejo más de unos segundos en mi cabeza la idea ruin de que alguien me lo haya robado con saña, que me lo hayan birlado en el ajetreo, en el refriegue.
Pero no lo tengo.
Y el olor sigue… ¿Qué es ese olor?
Sigo tratando de mirar afuera, pero hay tantos cuerpos en el medio, tantas personas o no enturbiando mi vista con sus feos cuerpos desnudos que no sé donde estoy.
Y al rato, sin ningún tipo de resquemor, noto que estoy parado arriba de algunas personas, que gimen y sufren, desnudas, bajo mis pies.
Me pregunto, incluso, si no llegará en cualquier momento la situación de estar yo abajo, porque ahora sí, siento todo el peso de una persona en mi hombro, y cuando miro hacia arriba, sin ningún tipo de sorpresa noto que tampoco llego a ver el techo, e incluso, algunas personas no se arrastran, sino que se deslizan en sus líquidos por el techo del vagón, que, insisto, no estoy seguro de que aún se encuentre ahí.
Y el olor sigue, nunca crece, nunca se disminuye… sigue ahí… y sigo sin saber qué es ese olor.
Al cabo de un buen rato, de observar, de sufrir, y ya con el torso desnudo de una mujer apoyando sus pechos en mi nuca, el tren se detiene secamente, pero no nos movemos, como correspondería en verdad en el “mundo real”, de acuerdo a las leyes gravitacionales.
Se detiene, se escuchan gemidos y sólo gemidos, gemidos penosos, como, recuerdo, cuando una señora lamenta la muerte de su hijo al lado de un negro cajón de madera.
Estamos un rato así, y entre el sonido de la carne deslizándose y los gemidos, de la carne de una persona en el frote con otra, del pelo mojado en la cara y en la nuca de las personas, ese olor putrefacto… ¡Es eso!
Es olor a podrido…
Y me doy cuenta de algo terrible: no recuerdo haber subido jamás a éste tren, era todo una mentira o un truco de mi memoria y se, oh si, vaya si lo sé, que el olor que siento es el de la carne recién podrida de un cuerpo humano.
Es el olor de los gusanos, de la madera y la tierra, de los bichos, de la carne pestilente el que nubla mi vista.
Poco más puedo hacer, más que aguantar sobre mis hombros a la cantidad ahora enorme de personas que pretenden bajarme hasta quién, y no yo, sabe dónde.
Croniamantal
Un hombre tropieza
un hombre tropieza con una piedra
y descubre que es un hombre
lo levanta y al caerse
el otro se tropieza con él
Me acuerdo de mi padre
me acuerdo de mi padre
gritando al viento
se me respeta
del viento volando
hacia unos pájaros
Debemos tener especial cuidado
debemos tener especial cuidado
en no confundir un pájaro
con un pájaro un reptil
con un reptil
siempre estamos en el medio
Rbelaustegui
1
Cuando al naciente
se desnuda la noche
cubro tu sombra
2
El mar enciende
fuego de noctilucas
hasta la aurora
3
La misma esquina
sorprendió el primer beso
y un no te quiero
5
No seas vida
nada más que rutina
de nuestra muerte
6
Soñaban siempre
con lejanas ausencias
tus ojos ciegos
Antipiquete
La máquina de Beltrán
Si Beltrán hubiera vivido lo suficiente como para llegar a ver los cambios que su invento provocó en la humanidad, seguro no le hubiese importado un comino. No era de la clase de personas que se preocupara por el Progreso, ni por hacer el bien, ni nada. De hecho, antes de morir le había vendido los derechos de fabricación de su maquina a un grupo de abogados inescrupulosos que representaban a una firma multinacional, en unos cuantos pesos, que no tardó en invertir en una mudanza- con todo y Cachilo, su cuzco- al cabaret de un tal Sabino, que regenteaba unas seis o siete prostitutas venidas a menos y una mesa de pool famosa por sus hondonadas, valles y pendientes que les permitían ganar a los jugadores más asiduos al lugar sumas en carácter de apuestas que el mismo Sabino organizaba con los desprevenidos visitantes nuevos, recibiendo luego una comisión. Beltrán murió al poco tiempo, en circunstancias que ni aún la inefable máquina (menos la policía) supo dilucidar.
En su pueblo, la máquina se conoció como “de Beltrán” aunque la empresa se encargó de registrarla como “La Máquina de Enterarse de Cosas”. Como la llamaran, no tardó en popularizarse. Al principio su alcance no superaba los cien metros a la redonda, suficientes como para enterarse todo el tiempo de lo que acontecía en la intimidad de cada hogar. Una voz de locutora anunciaba: “en la casa de los Crovatti se discute con fervor por la conducta indecente de Iris, la esposa de el Cholo”, y así por el estilo.
Con el paso del tiempo, y una oportuna inyección de capitales, como suele decirse, remitiendo la imaginación a un artefacto con una aguja gigante, del que salen Paris, Caracas, Lima, etc., la empresa llevó el alcance a 500 metros, a 1000, y así hasta llegar a ser mundial, aunque dejando a cada paso, obsoletas las máquinas luego de un lapso, obligando a los usuarios a gastar siempre en novedades y accesorios. La empresa prosperaba, a qué negarlo, y en la medida en que los incrédulos se sorprendían de su eficacia, pronto se convirtió en el monopolio más poderoso del universo conocido, y aún prometían que si había vida en otro planeta la máquina pronto lo iba a descubrir. La NASA jamás respondió a los llamados de la empresa, aunque cierta vez, juran que la máquina oyó que en los EEUU habían descubierto una conversación en Ganímedes, en un idioma incomprensible y en un tono que hacia insoportable su audición, usando la máquina de Beltrán sin permiso. Un funcionario yanqui de escaso rango aclaró que sólo se trataba de un programa de televisión argentino en el que un imbécil al que los directivos se encargaban de ponerlo a toda hora, se había mezclado en su programación. Un problema de satélite que estuvo a punto de causar un conflicto internacional.
El avance de este diabólico invento provocó, como se supondrá, un cambio rotundo en la conducta de las gentes. Casi nadie se atrevía a hacer lo que no fuera justo y necesario, además de permanecer la mayor parte del día –y sobre todo de la noche- en sus hogares, frente a la máquina alcahueta.
La empresa se jactaba de haber hecho de la política y la economía poco menos que un paraíso de la transparencia, la moral y las buenas costumbres. Así es que el Universo permanecía estático, temeroso de ser bichado. Mientras tanto la empresa crecía en poder, tanto que, saturada por las ventas, comenzó a usar de lo que se llamó “publicidad infidente”, que consistía en anunciar avisos en forma de infidencia, como ya habrá sospechado el sagaz lector; así, cuentan que se oían cosas tales como: “… se comenta que en el mercadito de Fulano venden unos chorizos secos que están para chuparse los dedos”.O: “…dicen que lo que parece ser un local de pool en verdad es una casa de citas que administra su dueño, Sabino”. Al confundir estas redondas publicidades con chismes la gente acudía en verdaderas masas consumidoras a los locales aludidos en busca de lo más parecido a la verdad que se tenía a mano .Por el mismo precio, los anunciantes ,además, se hacían acreedores de una suerte de salvoconducto moral. Esto es, que propiamente podían bailar la jota aragonesa sin ropas en la plaza San Martín, como también detener los autos en la ruta impidiendo su paso ya que nadie les iba a reprochar, dado que la máquina no sólo hacía caso omiso sino que además sostenía que en realidad el que lo hizo fue otro. Y a esa altura la gente creía menos en lo que sus ojos y sus oídos le advertían que en la dichosa máquina. Por fortuna todo esto ha quedado en un pasado remoto y quien suscribe comenta esto a manera de modesta crónica de curiosidades de época.
Oh, paradoja, el arte y el amor se vieron relegados a su mínima expresión, aunque tuvieron, sin embargo, su momento más feliz, ante la indiferencia de los mediocres que preferían la maquinita, cuando no al conductor de televisión, aquél cuya mayor proeza fuera estar a punto de provocar un incidente internacional. Es que la juventud rebelada se pronunció en contra del sistema del modo más irreverente: al principio, haciendo exactamente lo que se les parecía; esto es, organizando las orgías más lujuriosas, llevando la creatividad y el desenfreno a límites desconocidos. Verdaderos ejércitos de pintores, poetas, músicos y algunos colados se desarrollaban de forma autodidacta o académica, sin pensar en los comentarios de la famosa máquina, al tiempo que la empresa vendía cada vez más, ya que las viejas chusmas se la pasaban queriendo enterarse de lo que la juventud perdida, como las llamaban, hacían de noche y de día .La publicidad infidente, a esas alturas, dominaba la política, la economía, además del mercado de chorizos secos, que llegó a cotizar en la bolsa de valores en Wall Street. Es decir que aquella noble actitud de los jóvenes sólo sirvió para fortalecer más al sistema.
En vano fue que las voces opositoras se cansaran de repetir por ahí que, antes de morir, Beltrán, el famoso inventor, le había dicho a una de sus amigas prostitutas que la máquina en cuestión era puro cuento, que no servía para nada y que el único invento que había realizado en su vida era , justamente, decir que funcionaba. Parece ser que sus compradores, avivados del timo, vieron, sin embargo, el negocio y por eso decidieron comprarle los derechos de igual modo. Pero eso no se pudo demostrar, y lo que es peor: la máquina nunca lo dijo, con lo cual la gente siguió creyendo en su eficacia.
Pero no todas fueron rosas para la empresa. Los jóvenes rebelados tomaron una decisión que hizo temblar el negocio; hartos de ser invadidos en su libertad tomaron el toro por las astas. Tuvieron la idea de poner fin a su libertad con el propósito de ser libres: no hicieron nada, como el resto de la gente. Con la consigna “Ni chicha, ni limonada” mantuvieron por un lapso prolongado una inercia total; una nada, una ausencia tan brutal, que es uno mismo el que no está, como dijo el poeta. La empresa no tardó en colapsar, pero tampoco en dar respuesta. Contrató a unos cuantos jóvenes sin ningún talento para que se convirtieran en artistas de la noche a la mañana; así, otra vez le ofrecieron a la gente un producto artístico, redoblando esfuerzos en poner énfasis en sus capacidades. Se les inventaba romances, éxitos, viajes, infidelidades de cuarta categoría que todos oían con espíritu indagatorio. Una nueva veta nacía de una fisura. La empresa parecía invencible y los jóvenes artistas- los verdaderos- no sólo sufrieron la indiferencia, sino que además se los menospreciaba por no poseer el talento suficiente para ser mencionados por la máquina y por no aparecer en los programas que conducía aquél simpático amanerado que cada vez aparecía en más y más horarios en la televisión.
Antes de su ocaso, la empresa se defendía como podía del avance de la sensatez que hoy reina. La voz de la locutora, cierta vez nos aleccionaba: “hay gente que anda dudando de la veracidad de la Máquina de Enterarse de Cosas, pero todos sabemos que se trata de resentidos sociales que temen a la Verdad, y que no aman la Libertad”.
MLamique
Los Robadores
La primera vez que entraron en casa nos asustamos mucho. Mi papá no se movió de su lugar en ningún momento, parecía que no respiraba; mi mamá gritaba cosas que nadie de los presentes se tomó el trabajo de entender, mientras nos abrazaba —muy fuerte— a mi hermana y a mí, como si nos fuera a asfixiar.
Ellos hacían todos sus movimientos de forma maquinal, como siguiendo paso a paso una coreografía; mi papá no salía de su insoportable quietud, y mi mamá, en un intento desesperado por escapar, corrió hacia la puerta, pero le fue imposible abrirla: ya no era la nuestra.
La segunda vez que entraron se hizo de noche en ese instante. Saltaron la verja, se metieron por la puerta, que estaba mal cerrada y volvieron a hacer sus movimientos maquinales, manipulando las armas; una bolsa vacía y otra llena. Robaron el televisor a color y pusieron otro falso en su lugar, hicieron lo mismo con el equipo de música, el microondas y los cuadros de paisajes que tapaban manchas de humedad en la pared; cuando ellos se fueron la noche siguió.
La tercera vez que entraron nos habíamos mudado de casa pero nos encontraron igual. Estábamos solos, mi mamá ya se había ido y mi papá tardaba en llegar; ellos entraron sin esfuerzo y con sus dos bolsas robaron cada uno de los artefactos del hogar y los muebles, y pusieron otros falsos en su lugar, sin mirarnos. Siguieron robando, un florero, expresiones de fotos familiares y hasta posters de la habitación de mi hermana, que abría la boca como si estuviera por decir algo y se balanceaba de atrás para adelante como presagiando una caída.
La cuarta vez que entraron los maté.
Mi mamá viene a verme seguido y me cuenta mentiras sobre su vida, continúa diciendo frases incomprensibles aunque ya no me puede abrazar —muy fuerte— como si me fuera a proteger.
Mi padre está tranquilo en casa, a salvo de sobresaltos, ya sin nada verdadero que le puedan robar. Mi hermana a veces emite algún sonido, pero de su boca nunca sale una palabra, mientras balancea el cuerpo de atrás para adelante, siempre a punto de caer.
Matiasfender
Otro sueño
Otra vez… el reloj de mi habitación me confirma que todavía faltan un par de horas para que amanezca, y como tantas otras noches me despierto luego de soñar nuevamente con ella. Inútilmente intento mantener la mente en blanco para recordar la mayor cantidad posible de detalles, los cuales se van vaporizando a medida que pasan los segundos y mi mente recobra su lucidez; opto por procurarme una taza de café, que quizás pueda ayudar a terminar de despertar mis sentidos. Efectivamente el aroma me devuelve parte del alma, la parte que no quedó en los sueños.
Todavía un poco confuso comienzo la recreación, como si se tratase de un peritaje policial. Generalmente suelo recordar los sueños por partes, como si se tratase del avance de una película, pero lo curioso es que las partes que permanecen en mi memoria parecen ser seleccionadas con una lógica extraña, donde algunos hechos sin mayor importancia son centrales y se definen con detalles que escapan a cualquier tipo de raciocinio.
Caminaba a su lado por una vereda de baldosas color beige no muy deterioradas, mientras reíamos casi al punto de romper en llanto por alguna causa desconocida, causa que aparentemente no resultó de importancia para mi subconsciente, o quizás decidió descartarla. La cuadra tenía hileras de casas de un color blanco mate con manchas de humedad, de un único piso, con esos típicos diseños austeros que se pueden encontrar en los pueblos del conurbano, obra de arquitectos demasiado inspirados en el welfare state. Luego de la tercera o cuarta casa delante nuestro la cuadra parecía morir súbitamente, dando lugar a terrenos baldíos llenos de escombros con escasa vegetación, que metros después se convertían en desiertos repletos de dunas de arena dorada, las que lastimaban los ojos con el reflejo del sol e impedían ver el horizonte con claridad.
La vereda contraria a la nuestra doblaba hacia la izquierda en un ángulo de noventa grados y continuaba la maratón de casas blancas. En la esquina un grupo de cinco o seis leones descansaba sobre el suelo y nos miraba con atención. El macho de mayor tamaño tenía debajo de sus patas restos de alguna presa y su expresión era calma, pero las hembras que lo acompañaban se relamían y no nos quitaban la vista de encima, lo cual hasta cierto punto me inquietó, y en un reflejo dejé de reír para prevenir su enojo.
Seguimos caminando lentamente hasta el punto donde la vereda se hacía arena y escombros y nos despedimos rápidamente con algunas palabras torpes. Cuando empezaba a adentrarse en el desierto, me dominó cierta nostalgia y por un momento sentí dentro mío la necesidad de correr hacia ella y estrecharla en un abrazo, sentía que mi pecho se enfriaba, pero di media vuelta y comencé a volver por la vereda. Los leones se habían marchado, eso fue todo.
Sospecho que ella formó parte de mi vida, pero día tras día intento retener su rostro, su mirada, sus manos; es inútil, el tiempo va desfigurando su imagen como arena que se esparce con el viento, nuevamente la crueldad del olvido me impide rescatar un momento del cual no puedo asegurarme que haya sucedido. Al fin y al cabo, mi mente siempre fue como una esponja que absorbe y que deja escapar lo que quiere, y que con el paso del tiempo se va gastando y endureciendo, pierde su flexibilidad y se vuelve quebradiza dejando rastros indescifrables en los sueños. Tomo el último sorbo de café.
Elcondor1982
Boca del 77
Amanda. Así se llamaba mi madre, Amanda. Murió hace veinte años, de cáncer. Así llamé ayer a mi esposa Ana. La llamé como a mi madre muerta, le dije que la extrañaba, que no volviera a irse nunca más, y luego lloré, lloré sobre su regazo durante media hora. No recuerdo nada de eso. Ana me lo contó luego, estando yo en un momento de lucidez. Lucidez que es cada vez menos frecuente y cada vez más corta.
Llevó casado cuarenta años con Ana, cuarenta años viéndole la cara, acostándome y amaneciendo con ella, haciéndole el amor, ¡y la confundo con mi vieja y después lloró como un bebé entre sus piernas! ¿Cómo puede pasarme esto a mí? ¡A mí! A mí que lideré proyectos importantísimos. Que fui primero en promedio de mi clase en la universidad. Que hablando de fútbol en el bar no había quien me ganará. Que sabía de memoria resultados, formaciones y estadísticas de jugadores. Recitaba, hasta hace sólo unos meses, como un cassette el plantel de Boca campeón de América en el setenta y siete, ¡como un cassette! Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Tarantini, Ribolzi, Mastrángelo… Y el cassette ya no funciona, se rompió la cinta, se hizo un nudo y no arranca. Mi mente me traiciona, hace lo que quiere, me desfigura, juega con mis recuerdos, destroza todo lo que soy, me transforma en nada, en un ente perdido en el tiempo. Pero lo hace despacio, lento, disfrutándolo. Mete mi pasado y mi presente en una coctelera y mezcla, mezcla mientras se ríe. Pasan los días y con un martillo demuele como paredes de ladrillo hueco mi pasado, mi presente y mi futuro. Derriba mi matrimonio, mis hijos, mis amistades, mis hermanos, mis viejos, mis logros, todo.
Entiendo que es una enfermedad que puede atacar a cualquiera, ¡pero yo no soy cualquiera! ¡Yo soy quién construyó el puente más importante del país! Soy más fuerte que los demás, puedo ganarle. Yo domino mi mente y no voy a dejar que sus trucos me engañen. Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Tarantini… ¡Vamos! ¡Vamos!...Gatti, Pernía… ¡Y la re puta madre! Tengo que concentrarme, puedo zafar de esta, tengo que zafar de esta. Gatti, Rodríguez, Pernía… Porque si ayer confundí a mi esposa con mi madre, puedo entonces confundir a uno de mis hijos con un extraño y lastimarlo, ¡o matarlo!, o puedo despertarme a mitad de la noche y estrangular a mi esposa porque sí, por un viejo recuerdo que se vuelve presente. O tal vez pueda perderme para siempre sin saber cómo volver a casa; o, sin más remedio para mi familia, terminar en un geriátrico, internado allí hasta morir. Pero eso no va a pasar, tengo que ganar. Soy capaz de hacerlo. Tengo un coeficiente intelectual superior a la media, mi mente es una máquina perfecta, no puede una enfermedad destruirla como si nada, tengo que dar batalla, no puedo bajar los brazos. Tengo que hacerlo por Ana, por mis hijos, por mí, por lo que fui, por lo que soy.
Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Mouzo, Tarantini, Benítez, Suñé… ¡Ahí va!… Ribolzi, Mastrángelo, Pavón… ¡Sí! ¡Sí! ¡Yo puedo! ¡Yo puedo!...Felman, Zanabria… Zanabria, Suñé… Gatti… ¡Amanda! ¡Amanda, mamá! ¿Dónde estás? ¡Mamá! No me acuerdo la formación de Boquita, vieja ¿Dónde dejaste el gráfico del domingo pasado? ¡Mamá! ¿Dónde estás, mamá?
Iscariote
Extracto de Sueños de Iridiscencia Femenina
“…Dicen que los sueños han muerto, que nadie más lo hace. No están muertos, sólo en el olvido. Sacados de nuestro idioma. Nadie los enseña, por lo que nadie sabe que existen. El soñador está desterrado a la oscuridad. Bueno, yo estoy tratando de cambiar todo eso, y espero que vos también. Soñando todos los días. Soñando con nuestras manos y soñando con nuestras mentes..”
Richard Linklater
“El cielo se presentará nublado, con posibilidad de chaparrones aislados…”
Nublado, gris, cerrazón, oscuridad, frío. Todos lo días iguales, todos domingos. El sofá y el polvo, los platos sucios y el televisor que no dice nada. Los ojos fijos en la pantalla que brilla sin coherencia. De a ratos cobran sentido las palabras, de a ratos los recuerdos se apoderan de todo. Y flotan en el aire las cavilaciones: recuerdos y pensamientos, pero ninguna solución ni anhelo, ya no queda ninguno. Nublado, triste, frío… y gris. Calculando cuáles habrán sido los errores, dónde y en qué momento se habrían dado. El sofá y su humanidad, su estática humanidad, su inmóvil presencia, su perturbada conciencia. Se ve a sí mismo en el pasado, en su antigua felicidad, dentro de ella: adentro y circunvalándola. El poder y la felicidad, la memoria y el sofá.
“El empresario paraguayo, víctima de secuestro, fue encontrado…”
¿Será el mismo canal que hace 5 horas? No importa. La indiferencia reina hasta los tuétanos. La ropa sucia en el piso y puesta en él. Cuánta asquerosidad. Un vino… Sí, una buena botella de vino, o tal vez una damajuana. Con eso desaparecería esta dispersión, esta disgregación, este vaivén mental que lo retorna una y otra vez a los perversos y depresivos divagues. Pero ¿Y si el alcohol rasga las heridas que no cicatrizan? Y la televisión que no lo distrae. Mejor quedarse en el sofá.
“River tiene que ganar sí o sí de local, para tener posibilidades…”
Un bostezo. La modorra, y la pesadez en los párpados: Morfeo lame con lujuria las neuronas. Por fin un respiro para el cerebro.
-----------------------------------------
ViQuiconQ
Base Luca
Eran las tres de la tarde, el cielo de un gris áspero no me decía mucho. Yo cortaba una rama del gran árbol sin bautizar. Se encuentra en un lado del jardín, junto a las matas donde suelen albergarse unas serpientes. Las había ahuyentado con tambores para poder podar. No es la poda de estos días, puesto que la primitividad fallecería. Sólo corté la rama que molestaba al pasar.
En ese momento, oí unos gritos desde lejos. El viento había levantado y había algo extraño. Algo extraño en el aire. Un silencio. Una inquietud. Las serpientes no volvían. Unos pájaros se fueron. “¿Qué sucede?” Se me ocurrió mirar al cielo. Éste giraba. Nunca lo había visto girar.
Unos espirales en algodón me cautivaron. Giraban y giraban. Y después, ese espiral bajó a nuestra tierra de a poco. Un fino hilo que se estiraba a tocarnos.
Luego, todo fue nube.
Un tornado arrasó a mi ciudad y a mi jardín primitivo.
---------------------------
Almas gemelas, no por idénticas, sino por lo unidas
Se me apareció un campo de burbujas.
Dentro de cada una, una figura humana representaba el alma de un cuerpo lejano. Había miles y miles.
Algunas se acurrucaban en su soledad. Otras extendían los brazos con desesperación, a nadie en particular, pero sin exceder el límite de su burbuja.
Otras, en cambio, iban de a pares, rozándose o pegadas como siamesas, sin llegar a unirse.
Hubo una burbuja que me atrajo la mirada. Era doble. En ella, dos almas se abrazaban. Eran dos, pero habían unido sus burbujas para lograr encontrarse, para compartir su espacio.
En todo lo que alcanzaban a ver mis ojos, no encontré otras almas que hubieran podido, como éstas, fundir su débil coraza en un único corazón.
|201106|
---------------------------
¿Fue el viento o la puerta?
¿Fue el viento o la puerta? Ese susurro en la alfombra… ¿sería eso? Al abrir la puerta se oía ese susurro, ¿o no? Alejandra no se movió. Algo pasaría. Si era la puerta, alguien entraría.
No se movió.
Apretaba los dientes y su muñeca de vestido azul. Tenía que mirar. Estaba acostada y la alfombra olía a polvo. Si había sido el viento, podría salir.
Decidió mirar.
Suavemente movió a un lado, despacio, despacio, la caja de zapatos. ¡Zapatos! Frente a ella. Habían entrado. Giraban en la alfombra los zapatos, buscando. No la habían visto. Shh. Si no se movía… Si no se movía no la iban a ver.
Esta vez libraba a todos.
---------------------------
Gritos un día
Los nuevos gritos inundan la gran habitación de techos altos y paredes tapizadas. Reina la penumbra y todos miran serios un lecho con las cortinas abiertas. Las sábanas están revueltas, pero tan petrificadas como la muchacha recostada, de frente húmeda y párpados cansados. Sus piernas continúan escoltando un río que llega al suelo. No se sabe si llorar, como él, que tal vez ya entienda y se culpe y quiera morir y no quiera nacer nunca más.
Escaleras abajo, cruzando el salón, las puertas se abren al jinete agitado que ha tardado demasiado y recibe el funesto ¨ es un varón, pero la hemos perdido ¨.
Ludomatic
Arroyo
Un día, en su departamento de Nueva York, un empresario argentino se levanta, va al baño, se mira en el espejo y piensa en un arroyo. Luego, va hasta el aeropuerto y se toma un avión a Buenos Aires. Una vez en Ezeiza, consigue un taxi y llega hasta Aeroparque donde toma un vuelo charter hasta Córdoba. Averigua en la terminal y se sube a un micro que lo lleva hasta La Falda. Desde ahí sigue el camino a pie hasta llegar al arroyo.
Cuatro piedras se encuentran flotando sobre el agua y son la única manera de cruzarlo. El empresario se acerca y pone un pie en la primera piedra, un pie en la segunda y cuando quiere pasar a la tercera se da cuenta que no puede porque hay una persona enfrente de él, con sus pies en las otras dos piedras.
- ¿Qué haces? –pregunta el empresario.
- Trato de llegar a Nueva York –responde la persona.
Jerobg
Permítanmé contarle un disparate sobre la yerba mate
"¿Tengo que aceptar un texto porque simplemente dice que tengo que aceptar un texto?"
Julio Cortázar
Julio Cortázar
este relato es totalmente real; me refiero, claro está, a lo que yo entiendo como real, aunque seguramente si me explayara acerca de mis convicciones usted discreparía, y se alejaría enojado, y rezaría un Padrenuestro, y pasarían muchas otras cosas, pero qué importa.
Sí importa el hecho de que yo me entretenía en la Closiére des Liles, mientras detrás del vidrio empañado la gran gran ciudad daba vueltas vueltas como siempre en un vertiginoso ascenso y descenso de luces y desluces, (y quien interprete esto como una metáfora nunca ha estado en París), cuando llegó Ernest. Me golpeó el hombro, y:
-¡Hem! Que raro vos por acá.- Nada raro, él vivía en el 113 de Notre-Dam-des-Champs. Antes de sentarse, fiel a su instinto, ya había pedido al mozo dos whiskys, no fuera cosa de que se enfriara el estómago. Yo tenía el mío bien tibiecito, pero mi vaso ya estaba vacío.
-No estoy de muy buen humor, discutí con Miss Stein.
-¿Otra vez?
-Es la primera.
-¿En serio?
-Sí.
-¿Con Miss Stein?
-Así es.
-¿Discutieron?
-Nunca mejor dicho.
-Que barbaridad. ¿Otra vez?
-Es la primera. La primera después de que dijera que pertenezco a une géneration perdue, llamándome, además, borracho. ¿Vos que hacés por acá?
-Lo de siempre. (1)
-¿Qué?
-Espero a Godot.
-¿Godot? No lo conozco.
-¡Bah! En unos años lo conocerás. Un gran ciclista...
-¿Y llegará pronto?
-Eso no es lo importante. Pero ya que viniste primero, entreteneme.
-A eso vine.
-¿En serio?
-¡Claro!
Siempre fue un placer charlar con Hem. Esto ocurrió antes de que el mozo trajera los whiskys, vale aclarar. En realidad no vale aclarar, a estas alturas de la lectura, pero permítaseme hacer trampa.
-Es una lástima que acá ya no vengan los poetas- dijo Ernest con la vista perdida en el vidrio empañado, como queriendo ver más allá de lo que no se podía ver (cosa que logró, con el pasar de los años).
-Nunca vi a ningún poeta acá. Vos sólo venís porque vivís cerca.
-Una vez lo vi a Blaise Cendrars.
-No lo leí.
-No lo leas.
-No lo haré.
-Lee a Scott.
-No me cae bien ese amigo tuyo.
-A mi tampoco.
-No me extraña. Siempre anda del brazo de esa tal Zelda, bicho desagradable si se me permite el término. Me gustaría, empero, que me presentes al señor Pound.
-¿Ezra Pound? ¡Él sí que es un gran hombre!
-Sí. ¿Por qué mirás el vidrio?
-Miro para ver.
-Pero no se ve nada.
-No importa.
-¿Para qué mirás algo que no se puede ver?
-Llegaron los whiskys. A tu salud.
-A la tuya.- A los labios el vaso. ¡Y qué más podría pedirse, si París era una fiesta! Claro, se podría pedir que el vidrio se desempañara un poco, sólo para ver la rue que todos sabemos pero que no podemos ver porque el vidrio está empañado y qué angustia, qué angustia que empieza abrasando la garganta, quema por el esófago, y cae al estómago como una bola de fuego líquido. Enseguida rebota, y llega de golpe a la cabeza galopando como el mejor corcel español nunca lo hizo. Entonces pareciera que las cosas se aclaran, que se vuelven aún más reales, y cuando el proceso se repite varias veces no hay ventanas empañadas en todo café parisino que le impidan a uno ver a Godot, o quien quiera.
-Vos sí que la tenés clara, Hem.
-What do you mean?
-Siempre ves más allá, por eso tomás tanto, y viceversa.
-I don't think horses are that bad, it's just that people don't take them seriously.
-De una, guachín.
-A man can be drunk but not defeated.
Y esa frase algún día se remodelaría en una mentira más profunda y menos mentirosa. Usted se preguntará cómo sé yo tanto. Y bien que lo sé. Pero si usted se sacara las orejeras, comprendería que lo último que pretendo es que usted crea que
(1) Eso es precisamente una mentira. Pero le contaré a usted, mi buen amigo que bajó la mirada a esta humilde nota al pie, la verdadera historia. No hacía siquiera dos horas, habíame encontrado con James en el boulevard Saint-Michel (o en la Plaza Misserere, o en una esquina de la tumultuosa Nevskij Prospekt, o vaya uno a saber dónde). James era talentoso en grado sumo, y me alegraba mucho de que se hallara en la ciudad más bohemia de la historia. Unos años atrás había publicado una gran obra que yo, por mi parte, no había terminado de leer. Además, me era muy querido y admirado, y la belleza de su hija era digna alabanzas. Sería interesante contar exactamente cómo fue nuestro encuentro, pero realmente no podría hacerlo, pues James siempre dejaba fluir su consciencia, y una charla con él no sólo era complicada de sostener, sino también imposible de expresar.
Pues bien, el buen irlandés monologaba sin parar, entreteniéndome verdaderamente, divagando con propiedad sobre temas a los que pocos acceden en sus estados de mayor lucidez. Pero repentinamente detuvo su lengua. Me miró a los ojos, extrañado.
-And you, who are you?
Yo, James, yo, sabés mi nombre, sabés a qué me dedico, sabés quien soy, ¿por qué me lo preguntás? No, no, no, tu nombre es lo que tu tarjeta de identificación dice que sos: quiero saber quien sos vos. Qué buena pregunta, pero cómo. A vos te pregunto. Soy yo… ¡yo soy yo! ¿Y cuál de todos tus yoes, el enojado, el buen cliente, el amigo divertido? Soy un rato cada uno. Entonces, ¿quién sos?
¡No sé! No sé, no sé, no sé. ¿Quién soy yo, después de todo? El que escribe esto, claro está. O no tan claro, pues tal vez nadie sepa mi nombre jamás. Y si sólo soy un hombre detrás de un papel, entonces, si nadie lee esto, ¿jamás habré existido?
No, no soy sólo un esclavo del lápiz que se refugia detrás de un cuadernillo: también soy alguien que camina por la calle. Y esto dice mucho, pues mientras deambulo por el boulevard Saint-Germain, o por la diagonal 74, me mezclo con miles de personas que no son como yo. ¡Somos tan distintos! Claro que para alguien que mirara de lejos, seríamos todos iguales. Miles de hormiguitas preocupadas en nimiedades tales como la literatura, el amor, el cáncer. Y además, todos vamos a morir. Pertenecemos a una masa homogénea, horriblemente hormigueante, que se confunde en la caricaturesca danza de luces en el preámbulo de la noche urbana. No, no soy un hombre que camina por la calle, bajo el cielo de etéreo azul o bajo el cielo de techos lacrimosos. Ése no es mi rasgo diferencial; soy uno más de los miles, una gota en el océano (ni siquiera una lágrima en el río).
Que tristeza, que angustia, y todo por la culpa de James, perverso James. ¿Cuál es el desgraciado puño que arrojó esta mísera piedra sobre un montón de cascotes grises?
Ante todo, soy un hombre honesto; pero he mentido. Antes se me consideraba un buen nadador, pero hace años que no practico deporte alguno. En una época fui el amante correspondido, pero ya no lo soy. ¿Quién soy: quien yo creo, o quien los demás ven en mí?
¡Ya lo sé! No soy otra cosa que el personaje de una novela. ¡Cómo no me he dado cuenta! No soy otra cosa que un Eugène de Rastignac, a quien el Balzac que lo escribe no tardará en relegar a un segundo plano para centrarse luego en un Horace Bianchon, que bien puede ser el propio James que acababa de hablar conmigo. ¡Maldita comedia, irrisoria sólo a los ojos de los que existen más allá de las páginas de la vida! Tal vez mi destino conste en buscar a quien maneja los hilos de la marioneta que soy. Un personaggio in cerca d'autore, maldita suerte la mía y la de todos ustedes, víctimas eternas de este relato enmarcadísimo, vaya a saber por qué aburrido dios comenzado, y abandonado eras atrás.
Ah, si, amigo lector, eso y más pensaba luego de mi encuentro con James, dejándome llevar por los adoquines de la sucia ciudad. Pero contar todos mis pensamientos sería tan complicado y fútil como relatar todos los divagues de ese maldito de James (que por cierto, esta vez había dado en la tecla adecuada).
La multitud que asedia el individualismo en la ciudad por las tardes es abrumadora, eso se sabe. Pero fue mi único consuelo, no sabiendo quien era yo. Después de todo no es tan importante: todos vamos a morir (que la certeza no traiga desgracias: tanta es mi mala suerte y tan estadística es la seguridad en la muerte, que no me extrañaría ser el primer inmortal que conozco). Todos hemos nacido, según nos cuentan. No es necesario saber quiénes somos: para conseguir trabajo basta con dar un nombre y datos de actividades pasadas, ningún burgués se interesa en metafísica hoy en día, ni mañana en día tampoco.
Vaya banalidades. ¿De qué preocuparse? Después de todo, lo objetivo y lo absoluto jamás existieron. Y aquí, mi abstracto lector, puede usted continuar con la lectura de mis mentiras.
Faaaaa, lindo libro que armé!!! Que lindo que estaría publicarlo en pel-pa.
Releí mucho estos tres días, y me dí cuenta de la importancia de una categoría propia. Pero parece que la literatura no garpa las cuentas ni vende porpagandas. Quizá, eso sea lo lindo.
BUENO GENTE, espero que haya sido de su agrado.
TAMBIÉN EN FACEBOOK (CLICK EN LAS IMÁGENES)
[img=http://t1