Teseracto
Usuario (Argentina)
Hola muchachos, la verdad es que me embolé mucho cuando me dí cuenta que había textos míos por cualquier lado de internet. Pero después recapacité mucho sobre la idea de seguir posteando porque en realidad, la gente que valora su trabajo no copia y se dá cuenta que no tiene que copiarle a nadie. Lo mismo les cuento que uno de los tipos se contactó conmigo y me dijo que él pensaba que me estaba haciendo un poco de propaganda asi que bueno, por lo menos, un poco se me me pasó. Otra cosa que les quería contar es que siempre leo cosas por cualquier lado, asi que siganmé invitando que por ahí se leen cosas lindas y para destacar. Bueno, yendo a la poesía, sólo es una observación. Vidrieras del centro La colilla de los cigarrilos el humo de los escapes los canillitas y los altoparlantes General Paz y los demás. Los demás, los poetas. Que tiñen de rosa sus manos con corazones y cielos frescos que recorren los mares debajo de sus gorras. Aquellos que ven rios en tu sonrisa cuando desesperas. Esos que alimentan a tu amor con un campo de caricias y te perdonan el sufrimiento de otros en la noche oscura. Aquellos que hicieron un blog y empapelaron con letras que escucharon en una canción de Enrique Martín Morales, son los mismos, que hoy desean amarte debajo de la luna plateada. Junto nauseas cuando camino por algunas frases que releo, como si tu boca no valiera ni veinticinco. Algunas vidrieras del centro se llenan de zapatos remeras bombachitas botas pantalones todos todas iguales. Hombres y mujeres que alimentan el helado de Grido y los poemas, hombres que llenan su cabeza de Speed y mujeres que cambian zapatos similares, se juntan para reír y merecerte. Y los demás, los poetas que pelean para que todo no cambie se siguen juntando en una vidriera del centro a ponerse el precio en su cabeza y hablarte de los sueños y tus besos super dulces. Espero que les haya gustado y sino, estás en el horno porque no la entendiste. Pueden seguirme en T! o en blogspot...
Hola muchachos, esto es algo rarísimo. Algo que personalmente es un hallazgo dentro de mis textos debido a que fue una tarea de mi taller de literatura que nunca terminé del todo hasta hace unos meses. Quiero compartirlo con ustedes para ver que opinion tienen. Es una nana. Si, leyeron bien... una nana. Canción para esperar Lamparita de luna y un pipi en la ventana, ojos fijos en esperanza de cuna. Serán mis desvelos tuyos, ojear el diario Nadie se percata de tus palabras miradas Mi cara lavada por el perro y la casa se ilumina. Extraño las sábanas, el velador y mi almohada Nunca me voy a ir, nunca me iré Y la simple melodía es eco de tus madrugadas. Puedes llorar como cachorrito, como estrellita saltar sobre mis brazos, brillar hasta eclipsar tus ovejas de sueño, O en mi pecho descansar y cerrar esos ojos de búho. Nunca me iré y nunca me voy a dormir Y el simple arrullo es eco de sinfonía. Habrá que cerrar la ventana poco a poco Y sentir acurrucase su alma sobre la mía, Como caen mis ojos sobre los tuyos; La brisa, el aroma de su piel, la madre y después amanecer. Nunca me fuí, Y ahora mi mañana torpe corre y cae, como cayeron tus pestañas y cayeron mis párpados de barrer Ahora, como canción de cuna y mañana también. BUENO GENTE, espero que haya sido de su agrado. YA SABEN QUE SI LES GUSTÓ HAY MAS EN MI BLOG y en el perfil. TAMBIÉN EN FACEBOOK (CLICK EN LAS IMÁGENES)

Ustedes se preguntarán ¿Cómo viene la mano del post? Bueno, la historia se remonta a la creación del movimiento Colectivo Lleno. Estos locos querían "revolucionar" Taringa pidiendo la categoría Literatura para diferenciarse de los post de Arte. Si señores, para no mezclar todo en la misma bolsa. Sin saberlo fuimos participes del mejor fracaso de la historia de taringa. Otro de sus grandes fracasos del Colectivo fue la realizacion de un pequeño concurso literario que no pudo hacerse por falta de "Regalos" o "Premios" para que el concurso sea atractivo. Ademas careció de todo apoyo posible por parte de los administradores, o simplemente no nos contestaron nunca un pedorro MP. Desde esa época me quedaron guardado apuntes de textos (poesías y cuentos cortos) que en ese momento fui leyendo más a fondo para saber cuales eran los temas principales, características, objetivos, inquietudes y estilos literarios que figuraban en los post de los escritores taringueros que conocía o que estaba al tanto que posteaban textos propios. Actualmente estuve repasando nuevamente estos post y llegué a la conclusión que sería casi imposible clasificarla debido a que no es una masa constante de escritores, sino todo lo contrario. Hay ejemplos interesantísimos de escritores que postearon con gran calidad artística y desaparecieron sin dejar rastro. Sin embargo, todos los días hay nuevos usuarios que desean compartir sus obras y entre ellos, escritores interesantes para destacar. Si o si para realizar esta pequeña y humilde seleccion tuve que realizar un corte cronológico. Coloqué una fecha límite: mitad del año 2009. Así que mucho de los nuevos escritores no figurarán por una cuestión temporal. Analizando también los textos posteados no puedo dejar de mencionar a Waits. Este señor (tocayo) siempre se encargó de leer casi todo aquí dentro. El fue el realizador de la primera revista, "Entre evangelios y medios mundos", de escritores taringueros. Otra persona que también tuvo la misma idea fue Julianita97 con el proyecto de su revista "El Tintero". Las dos revistas, con un enfoque completamente diferente, hicieron o hacen (que se yo), selecciones. Dentro de esta selección no consederé los cuentos extensos (aunque existen excepciones) y me concentré solamente en poesías, prosas, microcuentos y prosas poéticas. Para ir terminando, está más que claro que pueden criticar esta selección de textos ya que creo que ese fue uno de los motivos fundamentales, aparte del informativo. El orden de los textos es sólo azaroso y no tiene mucho que ver con la calidad. Bueno muchachos, los dejo con la obra. PD: Acepto propuestas de nuevos textos. Proluna8 http://taringa.net/perfil/proluna8 Seremos silencio Construíamos un edificio con hierro y sudor y cemento. “Ya estoy demasiado viejo para esto” Se derritió el cemento, el hierro salió volando por una ventana y hasta el sudor se nos congeló dentro. Salí a la calle buscándote, la idea de tu presencia encajando perfecta en mi animus. Recorrí ríos y avenidas, tugurios y templos, dudas y esperanzas. La eterna batalla entre el pienso y el siento. El alma ahorcándose con sogas de la mente y la razón vencida por los latidos turbulentos. Bipolaridades del amor. Me tendí entre árboles mirando el cielo a través de las copas y miré con tus ojos las nubes que se quedaron vacías de formas. Inspiré profundo el humo de leños crepitantes que no recordaron cómo era tener aromas a noches sin sueño. Bebí vinos de muchos colores y en ninguno mi boca halló tus sabores. Quise escuchar mi propio dolor y mi tristeza no tenía nada de aquel abrazo de blues o profundidades de saxo. Y fui limpiando mi ser de tus rutinas, prolijamente sacando tus rastros de mí. Hasta dejé de soñarte para que dejaras de estar allí, incongruente y mágico, con los ojos tristes y el gozo feliz. Supuse que lo lograría. Erradicar tu recuerdo como un viejo vicio sin sentido. Odiar tu voz como se odia a los ruidos. Despreciar tus “me planto” con mi profundo desdén al capricho. Olvidar tu nombre como si nunca hubiese existido. Pero tu fantasma me sigue. Me llama. Y yo sé que es mi amigo. Una parte de tu alma se quedó conmigo. Creíste irte entero y estás partido y llevas en tu memoria el nombre mío. Tu sombra ahora está aquí y sé que si, de pronto, giro, te reconoceré en ella, sobre este muro. Si te animaras a mirar, de pronto, de apuro, verías también mi sombra detrás tuyo, en tu camino. Algún día te seguiré al fondo del río. Te buscaré a tientas entre las aguas color de león. Me recostaré quieta a tu lado y ya no tendremos sombra. Nos mecerá el agua, a salvo del odio y los lamentos. Nos amaremos despacio. Seremos silencio. Jpd http://taringa.net/perfil/jpd Frente al espejo Que miras ? Tu me miras o te miras Y que hay de bueno ? Porque no de malo? Tienes miedo ? No, porque habria de tenerlo? Tu dimelo, o a ti mismo No, no tengo miedo Vergüenza ? .. Pena ? …. CULPA ? Sin remordimientos, hice lo correcto Para ella? Para vos/mi? Hablas complicado Lo tuyo no es sencillo “Hicimos” lo mejor para los dos, estas contento? No tengo porque estar contento o triste. Soy un reflejo … Y creo que hiciste lo mejor para ti, no para ella No tenia opcion Siempre hay opcion Tengo 20 años, por favor!! Y tienes el resto de tu vida.. Fue un ERROR!! No quisimos. Pero hicieron, y se equivocaron Mis padres me hubieran matado Ironico, no?. Y le hechas el fardo a alguien mas Cállate No estoy hablando, y tu no escuchas Pero no teniamos otro camino! Tarde te das cuenta. Lo hubieras pensado antes de entregar tu alma y la de ella … Ella quería seguir adelante, tu se lo impediste Basta! Basta por favor ¡ Duele! Te lo mereces Cállate, Cállate! CÁLLATE …. CÁLLATE … No puedo seguir. … Que vas a haces con eso ? Que vas a hacer? Perdon Dios, perdón …. NOOOOOO <Bum> <Crash> "Nadie se conoce a si mismo si se mira al espejo de espaldas" (Carballobsky) Consentimiento Poder Dominio Es lo que él siente Le hace bien y lo demuestra Una excusa cualquiera es buena razón Con un puño cerrado y dientes apretados, con su cinturón latigueando y silbando en el aire Cada vez tiene su encanto, su liberación, su premio Le sienta bien, y es así por la naturaleza como debe ser, el cumple su rol No piensa las consecuencias, ni le preocupan, es una necesidad y un regocijo --------------------------------- Lo ve acercarse, y tiembla recordando como fue el día anterior y temiendo por el próximo, Se acurruca en un rincón, con los brazos cruzados sobre su pecho, sollozando Y él no sabe cuanto duele, ni se imagina cuanto duran las cicatrices Hasta donde puede llegar? Cuando se detendrá? Pero recibe su castigo, en absoluto silencio comprende que no esta del todo mal Así le enseñaron que era Así fue otra vida con sus padres, ellas al final siempre, sumisas Litterarte http://www.taringa.net/perfil/litterarte Mi vida con ella “En todo idilio Una boca hay que besa Y otra es besada” Mario Benedetti Su figura de sol se esfuma, mis versos ya no se entreveran, la astuta luz del día se ha llevado su sombra. En los rebordes de su boca me reconocía. Los finos pliegues de tanto practicar el a veces fortuito sacrificio del beso, el arco iris que acompaña los destellos de sol sobre su cabello, que es fino y no es de oro, y esa oscura golondrina... Sus ojos rechazaban la vana figura de los amantes, respiraba alma y resignaba versos perfectos con sus palabras, que cual remolino todo lo envolvía, pacífico remolino audaz, metódico y calculado pero irreversible y avasallante, lenta furia que invadía toda mirada que se contagiara con la suya, muerte constante, instantánea del ser, todo el espejo se iluminaba con su alma, como una fotografía que nunca pasa de moda. Allí estaban, dignos del ejercicio escatológico del amor, lanzando flechas y forjando idilios, continua batalla de voluntades dulces; amante y amado se confunden en el espejo empañado, se someten, liberan, suavizan, se funden y el espejo continúa mirándolos, como testigo inusual y perfecto del amor en estado puro. Cautelosa, mide sus sensaciones, imprudente y ligera lanza un ataque sobre el amante que la observa como se observa lo absoluto, con minucia la detalla en sus pupilas (las interiores) y espera su artillería bajo el refugio de una boca conmovedora; la lucha comienza, comienza y el espejo puede empañarse, va a empañarse, de seguro lo hará y las lágrimas brotarán de su manantial, se perderán en su envase, su esencia fluirá, la más profunda y genuina, la que el amante desea y bebe pleno, elixir pleno de la esencia que perdió y recupera de a ratos, la credulidad de recuperar algo perdido lo conmueve, de cerca la mira, acaricia su frío rostro y comprende que todo comenzó por un instante, que es inútil perderse para luego volver a recomenzar, y el espejo lentamente recobra su forma primitiva. Volví mis ojos del espejo. Ya no podré verla. Jerewolf http://www.taringa.net/perfil/jerewolf La tristeza del río Desde el muelle la tarde gris cae sobre el agua Se siente la tristeza del río con sus lágrimas de otoño En el corto horizonte de mi delta Una canoa corta a remo el silencio de los hombres Un rostro surcado por la lluvia busca refugio Mientras los grotescos juncos bailan su vals de sudestada No se escucha ni el murmullo de los pájaros Ni la cadencia estrepitosa de las lanchas Atrás quedo el verano turbulento Con sus marejadas de carcajada humana Sin prejuicio en su locura ciudadana Mi río se aquieta…. Se deja picar por las hordas salvajes de esta lluvia inesperada Deja que sobre él se escriban las historias Lame las orillas para reencontrarse en la mañana Y en ese corto horizonte de mi muelle Mis ojos se esfuman pensando en mi destino Pensando cuantas aguas han corrido y han venido Cuantas cosas he vivido Cuanto quiero esta tierra tan amada A mi espalda mis paredes me reclaman La tibieza del otoño a través de la ventana Mis libros, las canciones Las suaves piernas de la mujer amada El río esta triste en el otoño… Ahogado de historias que es testigo… Bachodelich http://www.taringa.net/perfil/bachodelic La noche en que despertemos. Llegaremos, llegaremos corriendo, llegaremos morados, llegaremos con recuerdos y con recuadros, llegaremos cobrando, llegaremos al baile, llegaremos arrastrados, llegaremos a arrasar, llegaremos de amarillo y de amaranto, llegaremos temprano, llegaremos a un acuerdo, llegaremos todos, llegaremos al principio, llegaremos llegando y llorando, llegaremos cansados, llegaremos tarde, llegaremos a rezar, llegaremos al fondo del asunto, llegaremos como reyes, llegaremos descarriados, llegaremos muy pocos, pero siempre demasiados, llegaremos a la meta y a la mesa, llegaremos sin mapa, llegaremos a la hora de la cena, llegaremos y no necesitaremos un motivo para llegar, llegaremos de altamar, llegaremos de la Luna, llegaremos con las manos llenas de llagas, la cara de cicatrices, llegaremos y disfrutaremos la llegada, llegaremos a medias, pero llegaremos... La noche en que despertemos al fin llegaremos y sabremos a dónde llegar, porque sabremos a donde vamos caminando desde ahora. Y por fin llegaremos... AMO56 http://www.taringa.net/perfil/AMO56 ¿Será? Se sentia extraño hoy, varias veces en estos ultimos dias le falto el aire pero no le dio mayor importancia, hoy prometia ser un dia especial, se sentia euforico y frenetico, se puso a acomodar sus cosas, sus ideas primero, no es cuestion de olvidarse de la cosas, alguna idea traviesa le robo una sonrisa, otra, un poco incomoda, lo hizo menear la cabeza, se miro las manos y vaya asaber porque, no pudo resistirse y se chupo un dedo, se sonrio nuevamente y siguio con sus cosas, sintio de nuevo ese ahogo,y el mundo se puso loco, todo giraba, boqueo desesperado y lo sostuvieron para que no cayera. Con un vagido triunfal. Miguel nació NO PUDO SER HOY VI A MI NIÑO CASI REIR HOY VI A MI NIÑO CASI JUGAR HOY VI A MI NIÑO CASI NACER DURMIENDO EN EL REGAZO DE LA QUE NO PUDO SER Waits http://www.taringa.net/perfil/waits Extracto de "Bajo tu ausencia" http://www.taringa.net/posts/arte/1729203/Mi-primera-publicacion-1989.html No hablo sobre lo que vi o escuché Si sobre la vieja mujer que va nuevamente por la calle, respirando el desnudo habitual de las posibles salidas al pasado Extracto de "A tu Endo" http://www.taringa.net/posts/arte/1795187/Waits-_-Mi-primer-libro-publicado.html No importa si es necesario desabrochar tanto ojal hasta llegar al pecho y quedarse así (tan solo esperando) mientras las cosas vuelven a su lugar. manuelmandeb08 http://taringa.net/perfil/manuelmandeb08 Antena Parabólica en Deconstrucción Que el silencio de los pianos agreda la noticia de tu voz, cuando te extrañe por inconstante. Como la prisión de tus manos extendidas al fuego de mi (tu) ausencia comprometedora. Cajas de cartón, amuleto estío velas sin candelabros besos de celulares. Verso y gracia de mañanas de pasado mañana, quasar de futuros inaceptables. Parpadeo festivo de tu ayer elementos fríos de mi aurora amanecer dislocado. Y aún, a tropiezos y prisas de soles bebo la copa de nostalgia. Parafraseo a Macedonio con vergüenza de papiros: nada dejó sin doler. Juanesloko http://www.taringa.net/perfil/juanesloko Corriendo Un día empezó a correr. Corriendo llegó a los suburbios y corriendo dejó atrás la ciudad. Corriendo alcanzó las pampas inabarcables y corriendo alcanzó las sierras. Corriendo se dio cuenta de que al costado de un camino se había olvidado aquello que estaba buscando, y corriendo dio la vuelta, tratando de no distraerse de su carrera. Corriendo siguió por años, sabiendo, pensando, creyendo que ya no podía faltar mucho para llegar corriendo hacia ese objeto tan preciado. Y corriendo murió aquel hombre, sin entender qué era lo que estaba buscando. Su sonrisa en el viento No pudo evitar sonreír con el viento en su cara, sintiendo la felicidad de otros tiempos. Las ráfagas lo acariciaban cada vez en forma más violenta, pero no pudo evitar seguir sonriendo. Ni siquiera cuando desde sus ojos empezaron a llover las lágrimas, ni siquiera cuando los párpados se rehusaron a mantenerse abiertos, ni siquiera cuando ya no pudo pensar más en la felicidad, ni siquiera en el instante final, cuando sin previo aviso, los transeúntes vieron con sorpresa como su sonrisa, acompañada de un tremendo estruendo, dio un último beso al piso. Nociones básicas de la fé absoluta Había llegado el momento. Tomó aire y saltó. Tiró de la primera cuerda, no funcionó. Tiró de la segunda cuerda, no funcionó. Rezó un Padre Nuestro, tampoco funcionó. Maxi18 http://www.taringa.net/perfil/maxi18 Nocturno a mediados de Junio Nadie sabrá de ti ni de tus largos extravíos. El navegante del infierno se irá a morir hacia otros puertos infinitamente más tristes que los tuyos y tus ojos: tocará el odio su pecho como la proa de un barco: los elementales sabrán sobre el fulgor de la embestida. No recordará nadie tus veletas inconstantes. Qué entenderán de tempestades las lagunas, los oasis? Volverás los breves cabellos a la violencia de los sótanos allí donde nacieron caricias amenazantes como estatuas y cometas ateridos naturalmente al azufre, como el barro y los adoquines y la lluvia formándose, mirando fríamente con sus ojos opacados, de igual modo a los muertos inesperadamente vacíos de suspiros y silencios, de penumbras y de esperma, contabilizando el eco de las lágrimas en el túmulo compartido por ausencias y arrepentimientos tardíos. Nadie hablará de ti ni de tus áridos mares donde al cuerpo desnudas sus blancas humedades y no sabes y no vuelves y te trenzas y destrenzas en furiosas libertades demasiado concurridas y embebidas dulcemente por la luz de los crepúsculos. Pero el tiempo de las flores aún transcurre entre las venas. Por qué las heridas? Por qué solos? Hacia dónde tus brazos? Sobre qué rostro tus manos? Ya andarás seguramente con la voz polvorosa. Y en la noche de tal modo como una lanza de nostalgia entre la tristeza y los destellos recordarás los abismos, sujeto tenazmente por besos y fantasmas, deliberadamente olvidado como un guijarro en el río. Marxscell http://taringa.net/perfil/marxscell Desesperación La tarde ha caído afuera y en mi habitación, un sonoro estampido me ha abrigado con su calor. El viento a menudo me lleva al borde del abismo. Ya no existen sueños que protejan mi ilusión. La ilusión de querer ser el mejor. Salgo a la calle de la mano de mi sombra. En la esquina, terribles espectros agitan sus cuerpos al percibir mi figura. Y se dirigen, presurosos, a interceptarme. Mas yo ya no quiero pelear. Ya no puedo más. Finalmente, el invierno de mi alma ha terminado por destrozar mis sentidos. Es hora de que me entregue. Para que todo acabe de una maldita vez... A menos que aún tenga algo por qué vivir. Ahora la duda revolotea en mi cabeza, como ciegas mariposas danzando en la noche. ¿Acaso no estabas tú de mi lado? ¿O es sólo que tengo temor a lo que desconozco? No entiendo a qué me estoy aferrando, para seguir. Y cuando ya los tengo encima, echándome su fétido aliento, comprendo todo. No tengo porqué dejarme atrapar. Aún puedo combatir. Empiezo a correr una vez más, desesperado, por las calles apenas iluminadas. Alaridos de angustia escapan de mi trémula garganta. Caballeros de mirada fría y andar elegante, ocultan su ayuda bajo anchos sombreros de copa. Y comprendo que estoy solo en esto. Y ellos se acercan... Entonces, me apresan. Siento sus garras clavarse en mi ser, y el desgarro de la carne joven me produce un dolor inhumano. Y luego, delante de mis ojos, por encima de sus deformes rostros, un valle se abre profundo, misterioso, infinito. Y ya no hay marcha atrás. Vagando sin rumbo por toda esa inmensa oscuridad, me llega tu dulce y apacible voz, trastornada por un llanto inesperado y lastimoso, mientras el olor acre de la pólvora me descompone en partículas invisibles. Y casi ya no puedo comprender aquello que me estás gritando... ¿Por qué lo hice? No lo sé, preciosa. A lo mejor me cansé de esperar tu amor. Hanzelacayo http://www.taringa.net/perfil/hanzelacayo “No toda narrativa debe obedecer al arquetipo” Hanzel y Teseracto Tu nombre es la única cosa que sé acerca de Bruselas. Tu nombre es la única cosa que sé acerca de Bruselas. Mientras llueve, en mi mente te pronuncio como un cántico celeste. La lluvia, copiosa, hace que el techo cobre vida, como un metálico monstruo que se ha plegado en mesurado zinc y bien pudiera hablar en el lenguaje de tus dedos, cuando acarician mi cabello mojado y hacen que la pesadumbre de la madrugada espese completamente como los huesos de mi cráneo, convirtiendo cada uno de los fragmentos de felicidad en estrellas irrecuperables, tornando el sudor en el más dulce licor y la más inexorable fachada de rostro perplejo en la más inofensiva de las flores carnívoras. —¿Vas a venir a Bélgica? —Aún no lo sé; pueda que tal vez… —¿Cómo no lo sabes acaso? Si me eres leal, deberás seguirme siempre. —¿Por qué habría de serte leal? —No lo sé; me pareció una buena excusa. El olor de tu cabello ha quedado sellado en mi almohada. Así lo has predispuesto. No quiero que desaparezca. Por eso debía llover esta noche, para dar un sentido de perfume denso a tu cabello, que es casi como si la música fuera urdimbrada en finas hileras de castaño puro, incapaz de ser dorado por el sol. Los rayos tristemente rebotan cuando te incorporas en el viento, mientras cortas el espacio con frases infinitesimales de tus ojos, que callando, me llaman a tu encuentro. Tu piel es el agua esta noche; no la lluvia. —Tranquilo, no voy a leer lo que estás escribiendo. —¿Por qué? —No lo sé; pareces incómodo. —No me incomoda escribirte. —Durmamos, y así podrás seguir... Si duermo por lo menos cuatro horas, estaré bien. Me gusta pensar que soy pequeño entre tus brazos, que como un ave muerta me tomas para no soltarme nunca, y que de tu calor austero vivo como del sol en la cúspide del cielo, sin extrañar el sabor salado de los peces, la dulzura escueta de una fruta, semillas que son tantas para amar por su recuerdo a sus mil y un cerrados ojos todavía a su corteza conflagrados. Si por estar tranquilo pudiera dormir para siempre, quisiera ser una piedra de tu tumba, resistirlo todo antes que alguna mano conocida me arranque de ti. —No escribía algo así desde hace años. —¿Desde la última vez que te enamoraste? —Desde la última vez que empecé a olvidar. —¿Y si no vuelves? ¿Y si no me sigues? —Lo pensaré. Es muy temprano aún para cerrar el Paraíso. Quisiera detener este momento, y no podré. Quisiera, aunque sea, una gota de tu encanto poder retener, tenderte telaraña y vivirte con mil pies, ya no por el empeño de hacer perdurar lo tangible, como algún día se vive a cuestas de una mano, y no nos desolla la ausencia posterior, sino por incendiario clamor, júbilo efímero, oro que no dura y se hace polvo entre las manos. Te prefiero por ser en el barro. No te doblegues. Acércate a beber: fuego en mi agua. Mi motor te será fiel hasta en el más ígneo pensamiento, como soldado a reminiscencias de patria en una guerra contra el tiempo. No te vayas ni te sueltes. Es hora de que nos dejemos soñar. —No te preocupes. Estoy en Bruselas y es el año 2010. Hanksoriano http://taringa.net/perfil/Hanksoriano ¿Qué es ese olor? El subte está repleto de gente, el pelo de las personas está adherido a las pieles aceitosas y calurosas. El calor, oh, el calor… es tan, pero tan insoportable que hace que nos odiemos, sincera, pura y terriblemente. Pero… ¿Qué es ese olor? Por Dios… que alguien demuestre que algo le está pasando o que abran lo que tengan que abrir para que ese maldito OLOR se termine. Seguimos en un viaje a donde nadie sabe que vamos, el subte sigue cada vez más y más repleto y nunca vemos que se detenga, no hay estaciones, no hay paradas, simplemente sentimos que el vagón está cada vez más chico, y todo aprieta más, todo es más incómodo y menos lógico. No estoy seguro de qué es lo que está pasando acá, pero creo recordar haber sacado un ticket, cruzado el molinete y subido al subte… cuando no había tanta gente. Y acá… o nadie sabe o nadie quiere hacerse cargo de este pestilente, molesto y cuasi visible olor que afea cualquier cosa. Uf, el calor cada vez es más notorio, alguna persona, allá a lo lejos, se sacó la camisa, y ni siquiera llego a divisar si es mujer u hombre. Otro lo imita, luego una chica, visiblemente mujer, también, y comienzan a pegarse los cuerpos en una inmunda amalgama de carne hirviente y mojada. Casi que nadie se hace mucho cargo de la situación, como si fuéramos muertos vivientes o algo… pero ese olor… empieza a acomodarse en donde sea que se guarda la memoria olfativa y busca su lugar. Casi seguro que ese olor es… no… no puede ser… esto es un subte… no. Pero ¿Qué es entonces si no es lo que supongo? A esta altura de este viaje miserable y extraño, el pie de una persona me queda cerca de mi cara, observo a mi cuerpo y noto que yo también extrañamente estoy desnudo. Y seguro estoy de no haberme sacado nada, de que la ropa siempre la tuve puesta y de que mi mano siempre estuvo agarrada a éste caño transversal. Miro mi mano. El reloj de mi abuelo, el que me regalo varios años antes de morir, aunque siempre elija decir que fue unas horas antes, ya no está en mi muñeca. Prefiero pensar que en el roce se cayó, y no dejo más de unos segundos en mi cabeza la idea ruin de que alguien me lo haya robado con saña, que me lo hayan birlado en el ajetreo, en el refriegue. Pero no lo tengo. Y el olor sigue… ¿Qué es ese olor? Sigo tratando de mirar afuera, pero hay tantos cuerpos en el medio, tantas personas o no enturbiando mi vista con sus feos cuerpos desnudos que no sé donde estoy. Y al rato, sin ningún tipo de resquemor, noto que estoy parado arriba de algunas personas, que gimen y sufren, desnudas, bajo mis pies. Me pregunto, incluso, si no llegará en cualquier momento la situación de estar yo abajo, porque ahora sí, siento todo el peso de una persona en mi hombro, y cuando miro hacia arriba, sin ningún tipo de sorpresa noto que tampoco llego a ver el techo, e incluso, algunas personas no se arrastran, sino que se deslizan en sus líquidos por el techo del vagón, que, insisto, no estoy seguro de que aún se encuentre ahí. Y el olor sigue, nunca crece, nunca se disminuye… sigue ahí… y sigo sin saber qué es ese olor. Al cabo de un buen rato, de observar, de sufrir, y ya con el torso desnudo de una mujer apoyando sus pechos en mi nuca, el tren se detiene secamente, pero no nos movemos, como correspondería en verdad en el “mundo real”, de acuerdo a las leyes gravitacionales. Se detiene, se escuchan gemidos y sólo gemidos, gemidos penosos, como, recuerdo, cuando una señora lamenta la muerte de su hijo al lado de un negro cajón de madera. Estamos un rato así, y entre el sonido de la carne deslizándose y los gemidos, de la carne de una persona en el frote con otra, del pelo mojado en la cara y en la nuca de las personas, ese olor putrefacto… ¡Es eso! Es olor a podrido… Y me doy cuenta de algo terrible: no recuerdo haber subido jamás a éste tren, era todo una mentira o un truco de mi memoria y se, oh si, vaya si lo sé, que el olor que siento es el de la carne recién podrida de un cuerpo humano. Es el olor de los gusanos, de la madera y la tierra, de los bichos, de la carne pestilente el que nubla mi vista. Poco más puedo hacer, más que aguantar sobre mis hombros a la cantidad ahora enorme de personas que pretenden bajarme hasta quién, y no yo, sabe dónde. Croniamantal http://www.taringa.net/perfil/Croniamantal Un hombre tropieza un hombre tropieza con una piedra y descubre que es un hombre lo levanta y al caerse el otro se tropieza con él Me acuerdo de mi padre me acuerdo de mi padre gritando al viento se me respeta del viento volando hacia unos pájaros Debemos tener especial cuidado debemos tener especial cuidado en no confundir un pájaro con un pájaro un reptil con un reptil siempre estamos en el medio Rbelaustegui http://taringa.net/perfil/rbelaustegui 1 Cuando al naciente se desnuda la noche cubro tu sombra 2 El mar enciende fuego de noctilucas hasta la aurora 3 La misma esquina sorprendió el primer beso y un no te quiero 5 No seas vida nada más que rutina de nuestra muerte 6 Soñaban siempre con lejanas ausencias tus ojos ciegos Antipiquete http://www.taringa.net/perfil/antipiquete La máquina de Beltrán Si Beltrán hubiera vivido lo suficiente como para llegar a ver los cambios que su invento provocó en la humanidad, seguro no le hubiese importado un comino. No era de la clase de personas que se preocupara por el Progreso, ni por hacer el bien, ni nada. De hecho, antes de morir le había vendido los derechos de fabricación de su maquina a un grupo de abogados inescrupulosos que representaban a una firma multinacional, en unos cuantos pesos, que no tardó en invertir en una mudanza- con todo y Cachilo, su cuzco- al cabaret de un tal Sabino, que regenteaba unas seis o siete prostitutas venidas a menos y una mesa de pool famosa por sus hondonadas, valles y pendientes que les permitían ganar a los jugadores más asiduos al lugar sumas en carácter de apuestas que el mismo Sabino organizaba con los desprevenidos visitantes nuevos, recibiendo luego una comisión. Beltrán murió al poco tiempo, en circunstancias que ni aún la inefable máquina (menos la policía) supo dilucidar. En su pueblo, la máquina se conoció como “de Beltrán” aunque la empresa se encargó de registrarla como “La Máquina de Enterarse de Cosas”. Como la llamaran, no tardó en popularizarse. Al principio su alcance no superaba los cien metros a la redonda, suficientes como para enterarse todo el tiempo de lo que acontecía en la intimidad de cada hogar. Una voz de locutora anunciaba: “en la casa de los Crovatti se discute con fervor por la conducta indecente de Iris, la esposa de el Cholo”, y así por el estilo. Con el paso del tiempo, y una oportuna inyección de capitales, como suele decirse, remitiendo la imaginación a un artefacto con una aguja gigante, del que salen Paris, Caracas, Lima, etc., la empresa llevó el alcance a 500 metros, a 1000, y así hasta llegar a ser mundial, aunque dejando a cada paso, obsoletas las máquinas luego de un lapso, obligando a los usuarios a gastar siempre en novedades y accesorios. La empresa prosperaba, a qué negarlo, y en la medida en que los incrédulos se sorprendían de su eficacia, pronto se convirtió en el monopolio más poderoso del universo conocido, y aún prometían que si había vida en otro planeta la máquina pronto lo iba a descubrir. La NASA jamás respondió a los llamados de la empresa, aunque cierta vez, juran que la máquina oyó que en los EEUU habían descubierto una conversación en Ganímedes, en un idioma incomprensible y en un tono que hacia insoportable su audición, usando la máquina de Beltrán sin permiso. Un funcionario yanqui de escaso rango aclaró que sólo se trataba de un programa de televisión argentino en el que un imbécil al que los directivos se encargaban de ponerlo a toda hora, se había mezclado en su programación. Un problema de satélite que estuvo a punto de causar un conflicto internacional. El avance de este diabólico invento provocó, como se supondrá, un cambio rotundo en la conducta de las gentes. Casi nadie se atrevía a hacer lo que no fuera justo y necesario, además de permanecer la mayor parte del día –y sobre todo de la noche- en sus hogares, frente a la máquina alcahueta. La empresa se jactaba de haber hecho de la política y la economía poco menos que un paraíso de la transparencia, la moral y las buenas costumbres. Así es que el Universo permanecía estático, temeroso de ser bichado. Mientras tanto la empresa crecía en poder, tanto que, saturada por las ventas, comenzó a usar de lo que se llamó “publicidad infidente”, que consistía en anunciar avisos en forma de infidencia, como ya habrá sospechado el sagaz lector; así, cuentan que se oían cosas tales como: “… se comenta que en el mercadito de Fulano venden unos chorizos secos que están para chuparse los dedos”.O: “…dicen que lo que parece ser un local de pool en verdad es una casa de citas que administra su dueño, Sabino”. Al confundir estas redondas publicidades con chismes la gente acudía en verdaderas masas consumidoras a los locales aludidos en busca de lo más parecido a la verdad que se tenía a mano .Por el mismo precio, los anunciantes ,además, se hacían acreedores de una suerte de salvoconducto moral. Esto es, que propiamente podían bailar la jota aragonesa sin ropas en la plaza San Martín, como también detener los autos en la ruta impidiendo su paso ya que nadie les iba a reprochar, dado que la máquina no sólo hacía caso omiso sino que además sostenía que en realidad el que lo hizo fue otro. Y a esa altura la gente creía menos en lo que sus ojos y sus oídos le advertían que en la dichosa máquina. Por fortuna todo esto ha quedado en un pasado remoto y quien suscribe comenta esto a manera de modesta crónica de curiosidades de época. Oh, paradoja, el arte y el amor se vieron relegados a su mínima expresión, aunque tuvieron, sin embargo, su momento más feliz, ante la indiferencia de los mediocres que preferían la maquinita, cuando no al conductor de televisión, aquél cuya mayor proeza fuera estar a punto de provocar un incidente internacional. Es que la juventud rebelada se pronunció en contra del sistema del modo más irreverente: al principio, haciendo exactamente lo que se les parecía; esto es, organizando las orgías más lujuriosas, llevando la creatividad y el desenfreno a límites desconocidos. Verdaderos ejércitos de pintores, poetas, músicos y algunos colados se desarrollaban de forma autodidacta o académica, sin pensar en los comentarios de la famosa máquina, al tiempo que la empresa vendía cada vez más, ya que las viejas chusmas se la pasaban queriendo enterarse de lo que la juventud perdida, como las llamaban, hacían de noche y de día .La publicidad infidente, a esas alturas, dominaba la política, la economía, además del mercado de chorizos secos, que llegó a cotizar en la bolsa de valores en Wall Street. Es decir que aquella noble actitud de los jóvenes sólo sirvió para fortalecer más al sistema. En vano fue que las voces opositoras se cansaran de repetir por ahí que, antes de morir, Beltrán, el famoso inventor, le había dicho a una de sus amigas prostitutas que la máquina en cuestión era puro cuento, que no servía para nada y que el único invento que había realizado en su vida era , justamente, decir que funcionaba. Parece ser que sus compradores, avivados del timo, vieron, sin embargo, el negocio y por eso decidieron comprarle los derechos de igual modo. Pero eso no se pudo demostrar, y lo que es peor: la máquina nunca lo dijo, con lo cual la gente siguió creyendo en su eficacia. Pero no todas fueron rosas para la empresa. Los jóvenes rebelados tomaron una decisión que hizo temblar el negocio; hartos de ser invadidos en su libertad tomaron el toro por las astas. Tuvieron la idea de poner fin a su libertad con el propósito de ser libres: no hicieron nada, como el resto de la gente. Con la consigna “Ni chicha, ni limonada” mantuvieron por un lapso prolongado una inercia total; una nada, una ausencia tan brutal, que es uno mismo el que no está, como dijo el poeta. La empresa no tardó en colapsar, pero tampoco en dar respuesta. Contrató a unos cuantos jóvenes sin ningún talento para que se convirtieran en artistas de la noche a la mañana; así, otra vez le ofrecieron a la gente un producto artístico, redoblando esfuerzos en poner énfasis en sus capacidades. Se les inventaba romances, éxitos, viajes, infidelidades de cuarta categoría que todos oían con espíritu indagatorio. Una nueva veta nacía de una fisura. La empresa parecía invencible y los jóvenes artistas- los verdaderos- no sólo sufrieron la indiferencia, sino que además se los menospreciaba por no poseer el talento suficiente para ser mencionados por la máquina y por no aparecer en los programas que conducía aquél simpático amanerado que cada vez aparecía en más y más horarios en la televisión. Antes de su ocaso, la empresa se defendía como podía del avance de la sensatez que hoy reina. La voz de la locutora, cierta vez nos aleccionaba: “hay gente que anda dudando de la veracidad de la Máquina de Enterarse de Cosas, pero todos sabemos que se trata de resentidos sociales que temen a la Verdad, y que no aman la Libertad”. MLamique http://taringa.net/perfil/MLamique Los Robadores La primera vez que entraron en casa nos asustamos mucho. Mi papá no se movió de su lugar en ningún momento, parecía que no respiraba; mi mamá gritaba cosas que nadie de los presentes se tomó el trabajo de entender, mientras nos abrazaba —muy fuerte— a mi hermana y a mí, como si nos fuera a asfixiar. Ellos hacían todos sus movimientos de forma maquinal, como siguiendo paso a paso una coreografía; mi papá no salía de su insoportable quietud, y mi mamá, en un intento desesperado por escapar, corrió hacia la puerta, pero le fue imposible abrirla: ya no era la nuestra. La segunda vez que entraron se hizo de noche en ese instante. Saltaron la verja, se metieron por la puerta, que estaba mal cerrada y volvieron a hacer sus movimientos maquinales, manipulando las armas; una bolsa vacía y otra llena. Robaron el televisor a color y pusieron otro falso en su lugar, hicieron lo mismo con el equipo de música, el microondas y los cuadros de paisajes que tapaban manchas de humedad en la pared; cuando ellos se fueron la noche siguió. La tercera vez que entraron nos habíamos mudado de casa pero nos encontraron igual. Estábamos solos, mi mamá ya se había ido y mi papá tardaba en llegar; ellos entraron sin esfuerzo y con sus dos bolsas robaron cada uno de los artefactos del hogar y los muebles, y pusieron otros falsos en su lugar, sin mirarnos. Siguieron robando, un florero, expresiones de fotos familiares y hasta posters de la habitación de mi hermana, que abría la boca como si estuviera por decir algo y se balanceaba de atrás para adelante como presagiando una caída. La cuarta vez que entraron los maté. Mi mamá viene a verme seguido y me cuenta mentiras sobre su vida, continúa diciendo frases incomprensibles aunque ya no me puede abrazar —muy fuerte— como si me fuera a proteger. Mi padre está tranquilo en casa, a salvo de sobresaltos, ya sin nada verdadero que le puedan robar. Mi hermana a veces emite algún sonido, pero de su boca nunca sale una palabra, mientras balancea el cuerpo de atrás para adelante, siempre a punto de caer. Matiasfender http://taringa.net/perfil/Matiasfender Otro sueño Otra vez… el reloj de mi habitación me confirma que todavía faltan un par de horas para que amanezca, y como tantas otras noches me despierto luego de soñar nuevamente con ella. Inútilmente intento mantener la mente en blanco para recordar la mayor cantidad posible de detalles, los cuales se van vaporizando a medida que pasan los segundos y mi mente recobra su lucidez; opto por procurarme una taza de café, que quizás pueda ayudar a terminar de despertar mis sentidos. Efectivamente el aroma me devuelve parte del alma, la parte que no quedó en los sueños. Todavía un poco confuso comienzo la recreación, como si se tratase de un peritaje policial. Generalmente suelo recordar los sueños por partes, como si se tratase del avance de una película, pero lo curioso es que las partes que permanecen en mi memoria parecen ser seleccionadas con una lógica extraña, donde algunos hechos sin mayor importancia son centrales y se definen con detalles que escapan a cualquier tipo de raciocinio. Caminaba a su lado por una vereda de baldosas color beige no muy deterioradas, mientras reíamos casi al punto de romper en llanto por alguna causa desconocida, causa que aparentemente no resultó de importancia para mi subconsciente, o quizás decidió descartarla. La cuadra tenía hileras de casas de un color blanco mate con manchas de humedad, de un único piso, con esos típicos diseños austeros que se pueden encontrar en los pueblos del conurbano, obra de arquitectos demasiado inspirados en el welfare state. Luego de la tercera o cuarta casa delante nuestro la cuadra parecía morir súbitamente, dando lugar a terrenos baldíos llenos de escombros con escasa vegetación, que metros después se convertían en desiertos repletos de dunas de arena dorada, las que lastimaban los ojos con el reflejo del sol e impedían ver el horizonte con claridad. La vereda contraria a la nuestra doblaba hacia la izquierda en un ángulo de noventa grados y continuaba la maratón de casas blancas. En la esquina un grupo de cinco o seis leones descansaba sobre el suelo y nos miraba con atención. El macho de mayor tamaño tenía debajo de sus patas restos de alguna presa y su expresión era calma, pero las hembras que lo acompañaban se relamían y no nos quitaban la vista de encima, lo cual hasta cierto punto me inquietó, y en un reflejo dejé de reír para prevenir su enojo. Seguimos caminando lentamente hasta el punto donde la vereda se hacía arena y escombros y nos despedimos rápidamente con algunas palabras torpes. Cuando empezaba a adentrarse en el desierto, me dominó cierta nostalgia y por un momento sentí dentro mío la necesidad de correr hacia ella y estrecharla en un abrazo, sentía que mi pecho se enfriaba, pero di media vuelta y comencé a volver por la vereda. Los leones se habían marchado, eso fue todo. Sospecho que ella formó parte de mi vida, pero día tras día intento retener su rostro, su mirada, sus manos; es inútil, el tiempo va desfigurando su imagen como arena que se esparce con el viento, nuevamente la crueldad del olvido me impide rescatar un momento del cual no puedo asegurarme que haya sucedido. Al fin y al cabo, mi mente siempre fue como una esponja que absorbe y que deja escapar lo que quiere, y que con el paso del tiempo se va gastando y endureciendo, pierde su flexibilidad y se vuelve quebradiza dejando rastros indescifrables en los sueños. Tomo el último sorbo de café. Elcondor1982 http://www.taringa.net/perfil/elcondor1982 Boca del 77 Amanda. Así se llamaba mi madre, Amanda. Murió hace veinte años, de cáncer. Así llamé ayer a mi esposa Ana. La llamé como a mi madre muerta, le dije que la extrañaba, que no volviera a irse nunca más, y luego lloré, lloré sobre su regazo durante media hora. No recuerdo nada de eso. Ana me lo contó luego, estando yo en un momento de lucidez. Lucidez que es cada vez menos frecuente y cada vez más corta. Llevó casado cuarenta años con Ana, cuarenta años viéndole la cara, acostándome y amaneciendo con ella, haciéndole el amor, ¡y la confundo con mi vieja y después lloró como un bebé entre sus piernas! ¿Cómo puede pasarme esto a mí? ¡A mí! A mí que lideré proyectos importantísimos. Que fui primero en promedio de mi clase en la universidad. Que hablando de fútbol en el bar no había quien me ganará. Que sabía de memoria resultados, formaciones y estadísticas de jugadores. Recitaba, hasta hace sólo unos meses, como un cassette el plantel de Boca campeón de América en el setenta y siete, ¡como un cassette! Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Tarantini, Ribolzi, Mastrángelo… Y el cassette ya no funciona, se rompió la cinta, se hizo un nudo y no arranca. Mi mente me traiciona, hace lo que quiere, me desfigura, juega con mis recuerdos, destroza todo lo que soy, me transforma en nada, en un ente perdido en el tiempo. Pero lo hace despacio, lento, disfrutándolo. Mete mi pasado y mi presente en una coctelera y mezcla, mezcla mientras se ríe. Pasan los días y con un martillo demuele como paredes de ladrillo hueco mi pasado, mi presente y mi futuro. Derriba mi matrimonio, mis hijos, mis amistades, mis hermanos, mis viejos, mis logros, todo. Entiendo que es una enfermedad que puede atacar a cualquiera, ¡pero yo no soy cualquiera! ¡Yo soy quién construyó el puente más importante del país! Soy más fuerte que los demás, puedo ganarle. Yo domino mi mente y no voy a dejar que sus trucos me engañen. Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Tarantini… ¡Vamos! ¡Vamos!...Gatti, Pernía… ¡Y la re puta madre! Tengo que concentrarme, puedo zafar de esta, tengo que zafar de esta. Gatti, Rodríguez, Pernía… Porque si ayer confundí a mi esposa con mi madre, puedo entonces confundir a uno de mis hijos con un extraño y lastimarlo, ¡o matarlo!, o puedo despertarme a mitad de la noche y estrangular a mi esposa porque sí, por un viejo recuerdo que se vuelve presente. O tal vez pueda perderme para siempre sin saber cómo volver a casa; o, sin más remedio para mi familia, terminar en un geriátrico, internado allí hasta morir. Pero eso no va a pasar, tengo que ganar. Soy capaz de hacerlo. Tengo un coeficiente intelectual superior a la media, mi mente es una máquina perfecta, no puede una enfermedad destruirla como si nada, tengo que dar batalla, no puedo bajar los brazos. Tengo que hacerlo por Ana, por mis hijos, por mí, por lo que fui, por lo que soy. Gatti, Rodríguez, Pernía, Sa, Mouzo, Tarantini, Benítez, Suñé… ¡Ahí va!… Ribolzi, Mastrángelo, Pavón… ¡Sí! ¡Sí! ¡Yo puedo! ¡Yo puedo!...Felman, Zanabria… Zanabria, Suñé… Gatti… ¡Amanda! ¡Amanda, mamá! ¿Dónde estás? ¡Mamá! No me acuerdo la formación de Boquita, vieja ¿Dónde dejaste el gráfico del domingo pasado? ¡Mamá! ¿Dónde estás, mamá? Iscariote http://taringa.net/perfil/iscariote Extracto de Sueños de Iridiscencia Femenina “…Dicen que los sueños han muerto, que nadie más lo hace. No están muertos, sólo en el olvido. Sacados de nuestro idioma. Nadie los enseña, por lo que nadie sabe que existen. El soñador está desterrado a la oscuridad. Bueno, yo estoy tratando de cambiar todo eso, y espero que vos también. Soñando todos los días. Soñando con nuestras manos y soñando con nuestras mentes..” Richard Linklater “El cielo se presentará nublado, con posibilidad de chaparrones aislados…” Nublado, gris, cerrazón, oscuridad, frío. Todos lo días iguales, todos domingos. El sofá y el polvo, los platos sucios y el televisor que no dice nada. Los ojos fijos en la pantalla que brilla sin coherencia. De a ratos cobran sentido las palabras, de a ratos los recuerdos se apoderan de todo. Y flotan en el aire las cavilaciones: recuerdos y pensamientos, pero ninguna solución ni anhelo, ya no queda ninguno. Nublado, triste, frío… y gris. Calculando cuáles habrán sido los errores, dónde y en qué momento se habrían dado. El sofá y su humanidad, su estática humanidad, su inmóvil presencia, su perturbada conciencia. Se ve a sí mismo en el pasado, en su antigua felicidad, dentro de ella: adentro y circunvalándola. El poder y la felicidad, la memoria y el sofá. “El empresario paraguayo, víctima de secuestro, fue encontrado…” ¿Será el mismo canal que hace 5 horas? No importa. La indiferencia reina hasta los tuétanos. La ropa sucia en el piso y puesta en él. Cuánta asquerosidad. Un vino… Sí, una buena botella de vino, o tal vez una damajuana. Con eso desaparecería esta dispersión, esta disgregación, este vaivén mental que lo retorna una y otra vez a los perversos y depresivos divagues. Pero ¿Y si el alcohol rasga las heridas que no cicatrizan? Y la televisión que no lo distrae. Mejor quedarse en el sofá. “River tiene que ganar sí o sí de local, para tener posibilidades…” Un bostezo. La modorra, y la pesadez en los párpados: Morfeo lame con lujuria las neuronas. Por fin un respiro para el cerebro. ----------------------------------------- ViQuiconQ http://www.taringa.net/perfil/ViQuiconQ Base Luca Eran las tres de la tarde, el cielo de un gris áspero no me decía mucho. Yo cortaba una rama del gran árbol sin bautizar. Se encuentra en un lado del jardín, junto a las matas donde suelen albergarse unas serpientes. Las había ahuyentado con tambores para poder podar. No es la poda de estos días, puesto que la primitividad fallecería. Sólo corté la rama que molestaba al pasar. En ese momento, oí unos gritos desde lejos. El viento había levantado y había algo extraño. Algo extraño en el aire. Un silencio. Una inquietud. Las serpientes no volvían. Unos pájaros se fueron. “¿Qué sucede?” Se me ocurrió mirar al cielo. Éste giraba. Nunca lo había visto girar. Unos espirales en algodón me cautivaron. Giraban y giraban. Y después, ese espiral bajó a nuestra tierra de a poco. Un fino hilo que se estiraba a tocarnos. Luego, todo fue nube. Un tornado arrasó a mi ciudad y a mi jardín primitivo. --------------------------- Almas gemelas, no por idénticas, sino por lo unidas Se me apareció un campo de burbujas. Dentro de cada una, una figura humana representaba el alma de un cuerpo lejano. Había miles y miles. Algunas se acurrucaban en su soledad. Otras extendían los brazos con desesperación, a nadie en particular, pero sin exceder el límite de su burbuja. Otras, en cambio, iban de a pares, rozándose o pegadas como siamesas, sin llegar a unirse. Hubo una burbuja que me atrajo la mirada. Era doble. En ella, dos almas se abrazaban. Eran dos, pero habían unido sus burbujas para lograr encontrarse, para compartir su espacio. En todo lo que alcanzaban a ver mis ojos, no encontré otras almas que hubieran podido, como éstas, fundir su débil coraza en un único corazón. |201106| --------------------------- ¿Fue el viento o la puerta? ¿Fue el viento o la puerta? Ese susurro en la alfombra… ¿sería eso? Al abrir la puerta se oía ese susurro, ¿o no? Alejandra no se movió. Algo pasaría. Si era la puerta, alguien entraría. No se movió. Apretaba los dientes y su muñeca de vestido azul. Tenía que mirar. Estaba acostada y la alfombra olía a polvo. Si había sido el viento, podría salir. Decidió mirar. Suavemente movió a un lado, despacio, despacio, la caja de zapatos. ¡Zapatos! Frente a ella. Habían entrado. Giraban en la alfombra los zapatos, buscando. No la habían visto. Shh. Si no se movía… Si no se movía no la iban a ver. Esta vez libraba a todos. --------------------------- Gritos un día Los nuevos gritos inundan la gran habitación de techos altos y paredes tapizadas. Reina la penumbra y todos miran serios un lecho con las cortinas abiertas. Las sábanas están revueltas, pero tan petrificadas como la muchacha recostada, de frente húmeda y párpados cansados. Sus piernas continúan escoltando un río que llega al suelo. No se sabe si llorar, como él, que tal vez ya entienda y se culpe y quiera morir y no quiera nacer nunca más. Escaleras abajo, cruzando el salón, las puertas se abren al jinete agitado que ha tardado demasiado y recibe el funesto ¨ es un varón, pero la hemos perdido ¨. Ludomatic http://www.taringa.net/perfil/LudoMatic Arroyo Un día, en su departamento de Nueva York, un empresario argentino se levanta, va al baño, se mira en el espejo y piensa en un arroyo. Luego, va hasta el aeropuerto y se toma un avión a Buenos Aires. Una vez en Ezeiza, consigue un taxi y llega hasta Aeroparque donde toma un vuelo charter hasta Córdoba. Averigua en la terminal y se sube a un micro que lo lleva hasta La Falda. Desde ahí sigue el camino a pie hasta llegar al arroyo. Cuatro piedras se encuentran flotando sobre el agua y son la única manera de cruzarlo. El empresario se acerca y pone un pie en la primera piedra, un pie en la segunda y cuando quiere pasar a la tercera se da cuenta que no puede porque hay una persona enfrente de él, con sus pies en las otras dos piedras. - ¿Qué haces? –pregunta el empresario. - Trato de llegar a Nueva York –responde la persona. Jerobg http://taringa.net/perfil/jerobg Permítanmé contarle un disparate sobre la yerba mate "¿Tengo que aceptar un texto porque simplemente dice que tengo que aceptar un texto?" Julio Cortázar este relato es totalmente real; me refiero, claro está, a lo que yo entiendo como real, aunque seguramente si me explayara acerca de mis convicciones usted discreparía, y se alejaría enojado, y rezaría un Padrenuestro, y pasarían muchas otras cosas, pero qué importa. Sí importa el hecho de que yo me entretenía en la Closiére des Liles, mientras detrás del vidrio empañado la gran gran ciudad daba vueltas vueltas como siempre en un vertiginoso ascenso y descenso de luces y desluces, (y quien interprete esto como una metáfora nunca ha estado en París), cuando llegó Ernest. Me golpeó el hombro, y: -¡Hem! Que raro vos por acá.- Nada raro, él vivía en el 113 de Notre-Dam-des-Champs. Antes de sentarse, fiel a su instinto, ya había pedido al mozo dos whiskys, no fuera cosa de que se enfriara el estómago. Yo tenía el mío bien tibiecito, pero mi vaso ya estaba vacío. -No estoy de muy buen humor, discutí con Miss Stein. -¿Otra vez? -Es la primera. -¿En serio? -Sí. -¿Con Miss Stein? -Así es. -¿Discutieron? -Nunca mejor dicho. -Que barbaridad. ¿Otra vez? -Es la primera. La primera después de que dijera que pertenezco a une géneration perdue, llamándome, además, borracho. ¿Vos que hacés por acá? -Lo de siempre. (1) -¿Qué? -Espero a Godot. -¿Godot? No lo conozco. -¡Bah! En unos años lo conocerás. Un gran ciclista... -¿Y llegará pronto? -Eso no es lo importante. Pero ya que viniste primero, entreteneme. -A eso vine. -¿En serio? -¡Claro! Siempre fue un placer charlar con Hem. Esto ocurrió antes de que el mozo trajera los whiskys, vale aclarar. En realidad no vale aclarar, a estas alturas de la lectura, pero permítaseme hacer trampa. -Es una lástima que acá ya no vengan los poetas- dijo Ernest con la vista perdida en el vidrio empañado, como queriendo ver más allá de lo que no se podía ver (cosa que logró, con el pasar de los años). -Nunca vi a ningún poeta acá. Vos sólo venís porque vivís cerca. -Una vez lo vi a Blaise Cendrars. -No lo leí. -No lo leas. -No lo haré. -Lee a Scott. -No me cae bien ese amigo tuyo. -A mi tampoco. -No me extraña. Siempre anda del brazo de esa tal Zelda, bicho desagradable si se me permite el término. Me gustaría, empero, que me presentes al señor Pound. -¿Ezra Pound? ¡Él sí que es un gran hombre! -Sí. ¿Por qué mirás el vidrio? -Miro para ver. -Pero no se ve nada. -No importa. -¿Para qué mirás algo que no se puede ver? -Llegaron los whiskys. A tu salud. -A la tuya.- A los labios el vaso. ¡Y qué más podría pedirse, si París era una fiesta! Claro, se podría pedir que el vidrio se desempañara un poco, sólo para ver la rue que todos sabemos pero que no podemos ver porque el vidrio está empañado y qué angustia, qué angustia que empieza abrasando la garganta, quema por el esófago, y cae al estómago como una bola de fuego líquido. Enseguida rebota, y llega de golpe a la cabeza galopando como el mejor corcel español nunca lo hizo. Entonces pareciera que las cosas se aclaran, que se vuelven aún más reales, y cuando el proceso se repite varias veces no hay ventanas empañadas en todo café parisino que le impidan a uno ver a Godot, o quien quiera. -Vos sí que la tenés clara, Hem. -What do you mean? -Siempre ves más allá, por eso tomás tanto, y viceversa. -I don't think horses are that bad, it's just that people don't take them seriously. -De una, guachín. -A man can be drunk but not defeated. Y esa frase algún día se remodelaría en una mentira más profunda y menos mentirosa. Usted se preguntará cómo sé yo tanto. Y bien que lo sé. Pero si usted se sacara las orejeras, comprendería que lo último que pretendo es que usted crea que (1) Eso es precisamente una mentira. Pero le contaré a usted, mi buen amigo que bajó la mirada a esta humilde nota al pie, la verdadera historia. No hacía siquiera dos horas, habíame encontrado con James en el boulevard Saint-Michel (o en la Plaza Misserere, o en una esquina de la tumultuosa Nevskij Prospekt, o vaya uno a saber dónde). James era talentoso en grado sumo, y me alegraba mucho de que se hallara en la ciudad más bohemia de la historia. Unos años atrás había publicado una gran obra que yo, por mi parte, no había terminado de leer. Además, me era muy querido y admirado, y la belleza de su hija era digna alabanzas. Sería interesante contar exactamente cómo fue nuestro encuentro, pero realmente no podría hacerlo, pues James siempre dejaba fluir su consciencia, y una charla con él no sólo era complicada de sostener, sino también imposible de expresar. Pues bien, el buen irlandés monologaba sin parar, entreteniéndome verdaderamente, divagando con propiedad sobre temas a los que pocos acceden en sus estados de mayor lucidez. Pero repentinamente detuvo su lengua. Me miró a los ojos, extrañado. -And you, who are you? Yo, James, yo, sabés mi nombre, sabés a qué me dedico, sabés quien soy, ¿por qué me lo preguntás? No, no, no, tu nombre es lo que tu tarjeta de identificación dice que sos: quiero saber quien sos vos. Qué buena pregunta, pero cómo. A vos te pregunto. Soy yo… ¡yo soy yo! ¿Y cuál de todos tus yoes, el enojado, el buen cliente, el amigo divertido? Soy un rato cada uno. Entonces, ¿quién sos? ¡No sé! No sé, no sé, no sé. ¿Quién soy yo, después de todo? El que escribe esto, claro está. O no tan claro, pues tal vez nadie sepa mi nombre jamás. Y si sólo soy un hombre detrás de un papel, entonces, si nadie lee esto, ¿jamás habré existido? No, no soy sólo un esclavo del lápiz que se refugia detrás de un cuadernillo: también soy alguien que camina por la calle. Y esto dice mucho, pues mientras deambulo por el boulevard Saint-Germain, o por la diagonal 74, me mezclo con miles de personas que no son como yo. ¡Somos tan distintos! Claro que para alguien que mirara de lejos, seríamos todos iguales. Miles de hormiguitas preocupadas en nimiedades tales como la literatura, el amor, el cáncer. Y además, todos vamos a morir. Pertenecemos a una masa homogénea, horriblemente hormigueante, que se confunde en la caricaturesca danza de luces en el preámbulo de la noche urbana. No, no soy un hombre que camina por la calle, bajo el cielo de etéreo azul o bajo el cielo de techos lacrimosos. Ése no es mi rasgo diferencial; soy uno más de los miles, una gota en el océano (ni siquiera una lágrima en el río). Que tristeza, que angustia, y todo por la culpa de James, perverso James. ¿Cuál es el desgraciado puño que arrojó esta mísera piedra sobre un montón de cascotes grises? Ante todo, soy un hombre honesto; pero he mentido. Antes se me consideraba un buen nadador, pero hace años que no practico deporte alguno. En una época fui el amante correspondido, pero ya no lo soy. ¿Quién soy: quien yo creo, o quien los demás ven en mí? ¡Ya lo sé! No soy otra cosa que el personaje de una novela. ¡Cómo no me he dado cuenta! No soy otra cosa que un Eugène de Rastignac, a quien el Balzac que lo escribe no tardará en relegar a un segundo plano para centrarse luego en un Horace Bianchon, que bien puede ser el propio James que acababa de hablar conmigo. ¡Maldita comedia, irrisoria sólo a los ojos de los que existen más allá de las páginas de la vida! Tal vez mi destino conste en buscar a quien maneja los hilos de la marioneta que soy. Un personaggio in cerca d'autore, maldita suerte la mía y la de todos ustedes, víctimas eternas de este relato enmarcadísimo, vaya a saber por qué aburrido dios comenzado, y abandonado eras atrás. Ah, si, amigo lector, eso y más pensaba luego de mi encuentro con James, dejándome llevar por los adoquines de la sucia ciudad. Pero contar todos mis pensamientos sería tan complicado y fútil como relatar todos los divagues de ese maldito de James (que por cierto, esta vez había dado en la tecla adecuada). La multitud que asedia el individualismo en la ciudad por las tardes es abrumadora, eso se sabe. Pero fue mi único consuelo, no sabiendo quien era yo. Después de todo no es tan importante: todos vamos a morir (que la certeza no traiga desgracias: tanta es mi mala suerte y tan estadística es la seguridad en la muerte, que no me extrañaría ser el primer inmortal que conozco). Todos hemos nacido, según nos cuentan. No es necesario saber quiénes somos: para conseguir trabajo basta con dar un nombre y datos de actividades pasadas, ningún burgués se interesa en metafísica hoy en día, ni mañana en día tampoco. Vaya banalidades. ¿De qué preocuparse? Después de todo, lo objetivo y lo absoluto jamás existieron. Y aquí, mi abstracto lector, puede usted continuar con la lectura de mis mentiras. Faaaaa, lindo libro que armé!!! Que lindo que estaría publicarlo en pel-pa. Releí mucho estos tres días, y me dí cuenta de la importancia de una categoría propia. Pero parece que la literatura no garpa las cuentas ni vende porpagandas. Quizá, eso sea lo lindo. BUENO GENTE, espero que haya sido de su agrado. TAMBIÉN EN FACEBOOK (CLICK EN LAS IMÁGENES) [img=http://t1

muchachos, este es mi primer cuento y deseo repostearlo debido a que se me canta la regalada gana. Saludos A Cecilia... Lepucio (Cuento sobre las luces, los colores y las sombras) UNO Estuve toda la noche buscando respuestas, traté de no ser débil de no amarrarme a tu mirada tibia que junto a la mía sostenían la eterna oscuridad de tus profundas palabras. Como sin paracaídas ni abrigo mi oído no hacía más que invitarme a caer en aquel pozo ciego. Es que siempre llegaban como por arte de magia, los momentos en que era peor interceder en tu discurso aunque estuvieras equivocada. Diariamente caminaba por esta zona de la ciudad en medianoche, algunas veces trataba de divisar los nuevos sonidos que podía encontrar sobre la peatonal en la calle San Martín pero lo que más me interesaba era encontrar algún sentido extrañísimo a la luz de las farolas, a la de los coches, a la de los bondis, a la de los carteles de neón. Siempre detenía mi atención (monotemático) sobre esas luces, los colores y las sombras que formaban; tal vez el ser daltónico me lleve a curiosear con mis ojos, a ver si puedo percibir otra realidad cromática que otros no percatan. Empezamos a caminar desde aquel edificio donde te encontré, vos misma me dijiste que te pase a buscar por este lugar, no venías de ahí, supe que tuviste que dar una vuelta larga para aparecer en esta calle. Pero no te voy a decir nada (ya fue), todavía mi oído quiere que caiga en el agujero. De repente, empezó a llover en la pequeña Córdoba sin Big Ben, un gris que confundía con sepias y azules formaban bandera sobre las gotas y obligaban a sostener un paraguas sobre tu sombra derretida (algún día te contaré de las sombras derretidas). Trataba de desviar mi mirada pero el Jean celeste claro, gastado, deshilachado y pisado te quedaba hermoso y yo, no podía emitir palabra todavía, ni siquiera quería fumar. Demasiado era tu escote como para no mirarlo, estaba pensando en como se erizaba rápidamente tu piel, pero ya encontraré el momento para hablar sobre collares de semillas “bolivianas o colombianas”. Descubrí entre tus pómulos un nuevo color. Aquella luz que se reflejaba tenuemente en tu rostro, le otorgaba un brillo muy especial que desvanecía lentamente, era un rosa (como quería un rojo, un amarillo) de miedo y de duda pero también de rechazo… y dentro de mi boca llena de saliva ese rosa en tus pómulos se transformaba de a poco en un sabor verde que perpetuaba la distancia, un gesto agrio. “Estoy demasiado cansado”- pensé, es miércoles, tuve un día de mil cigarrillos, seis cospeles y cuatro colas bancarias, pero ahora estoy encandilado por esos rosas y sólo quiero verte pintada entre rojos y amarillos, los azules no figuran los verdes son demasiado seguros. Estabas apática, fijabas límites a mis sentimientos desde que te encontré, pero ya estábamos acostumbrados a esto porque hubo un tiempo en que a esos límites los puse yo. Siempre estábamos jugando con aquellos, tal juego se transformaba de a poco en el TEG donde el tablero se componía de nuestros cuerpos y nuestros secretos (nuestras mentiras) y los dados eran aquellos cigarrillos que me fumabas sin pedir permiso o el vino que impunemente me abrías. A veces ganaba un abrazo, a veces perdía el tiempo. Empecé a adelantarme sobre las huellas futuras, a entender con que pie debía caminar para coordinar un paso que me acostumbre a tu andar y la verdad, tu discurso fue perdiendo importancia, una pausa o una distancia acogedora que me rescataba de tus palabras. Llegamos a la avenida (¿de donde veníamos? ¿Donde te fui a buscar?) El semáforo no era claro, los coches se morían por hablarme de velocidad y un alma de vino reserva se volvía demasiado explosiva, invisible y humana: cagona. Se sentía la música típica de mi ciudad y un lío a lo lejos, se sentía el calor de polleritas cortas que se mojaban con el paso de motos de baja cilindrada, nosotros distintos, supuestamente (equivocada) no podíamos escapar de los estribillos y dejaste escapar un tarareo que me causó risa sobre tu catedrático discurso sobre vanguardismo: Avant-garde, los primeros. El muñequito del semáforo intensificaba su rojo en la Colón y mientras un superhéroe descalzo sustraía su criptonita de aquel cesto de basura encontré el calor de tu hombro tímido. Forzaste el contacto tratando de simular una mayor relación personal de la que tenemos y no aparentamos, tenías miedo y eso lo sentí desde el primer momento. Estabas escondiéndote en el muro embarrado que formaba mi cuerpo. Tus días eran jóvenes y se sentía nuestra juventud, a decir verdad… tú juventud. Eran épocas en donde tus lágrimas se retorcían entre el virtuosismo de Pantaleón, unos apuntes que añejaban sobre un escritorio y un niño “colgado” que hacia las tardes de tu amante. Me hablabas al oído de ciertos grupos de Rock que ni conocías, habías impuesto una guerra que ganaba sólo aquel que aceptaba la derrota de no conocer tales agrupaciones. A veces (esta era una de las veces) podías descifrar con claridad algunos símbolos musicales entre los escalafones construidos de tu literatura predilecta, y estabas horas y horas tratando de preguntarme a escondidas si aquellos símbolos me causaban la misma sensación...el mismo placer; y como si fuera lo más importante del mundo seguías apostando cada vez mas a la charla, debías explicarme que arte te producía más éxtasis, cual de todas aquellas expresiones podía sacarte de la cabeza a ese “colgado” que no podía ver otra cosa que tu piel (a veces -esta era una de las veces- me sentía un pelotudo). Y mientras me percataba de tu profundo nivel de percepción yo quería experimentar con tus melodías, tus sueños, tus ideas y tu cintura, pero la combinación de nuestros cuerpos sólo se podía dar en un lugar profundo (horroroso) de nuestras charlas así que todo ese erotismo que me causaban aquellas palabras no vivía más allá de mis manos y tus hombros. Hoy te encontrabas como desmembrada, no podías encontrar tu cuerpo con el tacto y aunque quería estar cerca tuyo ésta no era la forma, estabas vacía como aquel jarrón de cristal que nunca tuvo flores ni agua. Lo mismo no podías escapar (ni yo) de tu miedo, un héroe dejaba disparar ese estado tembloroso, un muñequito rojo y los autos lo ayudaban, las gotas se hacían más intensas: estábamos encerrados debajo de un pequeño paraguas al que no dejaba de sostener. Tu recelo encendió un cigarrillo que se mojaba como tu pelo, una chispa y el fuego encendieron la calma mientras no podía dejar de mirar tu boca. Y de repente, todas las luces te enfocaban… todo era tuyo: el humo de aquel cigarrillo, las gotas, las huellas futuras y tu contradicción, el superhéroe y el muñequito. “¡Dale nene! dejá de mirar la nada que dio verde”-dijo. Y situándome a la derecha un poco atrás perdí el paso y miré el dorso de su abrigo, no pude leer lo que decía el caligrama que habías armado en tu bolsito, un caligrama que quizás yo le hubiera agregado un par de cosas o un par de colores. Un auto y su claxon me enfrentaron sorprendiéndome, despertándome, miré el muñequito y había cambiado a rojo, te alejabas. Miraba mis zapatillas mojadas y encandilado por las luces de la avenida perdía la vista: No eras clara, no era claro y no veía. ¿Nadie puede ser claro? ¿Nada era claro esta noche? Pensé. La óptica y Newton volvieron junto a mi confusión ocular. Poseer ojos y una pregunta (¿Tenés frío?) eran la excusa perfecta para ver de nuevo tu piel mojada. No dijiste donde íbamos, donde dirigías tu mirada y tus pensamientos. Tratabas de formular una hipótesis errónea, eras un investigador confundido sin inspiración ni preguntas… tratabas y tratabas de encontrar dudas pero estabas muy clara: recelo rosa. Quitándote el traje de investigador pude encontrar que tus manos temblaban de frío. ¿Viste que tenés frío?-yo Formabas ondas con el humo del cigarrillo que irritaban mis ojos. Me recordaban a una pelotita de goma dentro de una cápsula que de niño sacaba de una maquinita, abría y la encontraba entre mis manos, entre mis manos tus bocanadas, rebotaban en mi cabeza y tus labios… entre mis manos tus bocanadas, rebotaban en mi cabeza y tu piel… entre mis manos tus bocanadas, rebotaban en mi cabeza y tus ojos… Te adoraba. Desde ese momento, traté de comprender mis sentimientos, tus palabras como la lluvia mojaban mi cuerpo (sostenía mi paraguas), bañaban a esta piel pero no le daba crédito, aparte ¿esa lluvia limpiaba mi cuerpo o sólo daba humedad a este objeto? Muchas preguntas, demasiadas, halagabas algo que no querías por instantes, me dijiste que era la persona indicada para estar con vos esta noche. Dabas forma a nuevas ideas, nuevos colores, pero estoy discapacitado, no puedo reconocerlos. Hoy nada puede ser claro, como el arco iris frente a mis ojos. Encima, Estabas pidiéndole seguridad a un alma cagona que caminaba sobre peatonal San Martín… DOS La luz es la clase de energía que puede ser percibida por el ojo humano, pero yo sentía tu luz atravesar hondamente mis sentimientos que de a ratos me permitían ser claro y mi corazón se debatía entre vivir detrás de tu sombra o derretirse entre los fuegos rojos y amarillos de tu vientre. Tratemos de pensar, tratemos de desviar la charla… -Perdón por detener tú disertación comunista, pero ponete a pensar lo siguiente: ¿si estuviéramos bajo la mano de políticos socialistas cambiaría algo nuestra realidad? ¿Te parece que necesitamos un Chávez?- dije -Yo no dije un Chávez, dije un socialista. Personas como vos ya perdieron las esperanzas gracias a estos pelotudos…-dijiste -¡Pero por qué no te callas! (chiste facilísimo)- yo Reías, no se porque te causó tanta risa, tiraste lo poco que quedaba de ese cigarrillo y te pusiste a pensar. Volvieron los tonos rosas a tus pómulos y tus ojos. Nunca supe porque pero durante ese diálogo pude percibir una luminiscencia que venía de tus pupilas, posiblemente fueron tus ojos los que encontré demasiado enteros. Ellos eran claros como el agua de lluvia cuando me miraron y nos paramos uno frente al otro y tomaste mi mano. Me obligue a decir algo que te enojara, algo que consideraras completamente verdadero y te incomodara, algo que corte este instante de acercamiento, que marque los límites. Juguemos entonces al TEG: -¿hace mucho que no te digo que te amo?- Y callamos. “De la propagación de la luz y su encuentro con objetos surgen las sombras”. Si esa luz esta formada de desilusiones y se encuentran con un hombre objeto, ergo ¿surgen las sombras? Caminamos en silencio desde el puesto de diarios donde estaban refugiados una parejita de niños que nos quisieron ofrecer “La Luciérnaga” y nos apuramos. El silencio que reinaba era muy parecido al que quería tapar todas las noches en mi cama. Siempre trataba de dormirme con tus ruidos y casi como si fuera un padrenuestro imaginaba tu voz a través de una charla por sms que constantemente decía lo mismo: “Loca, q ands haciendo? Dormís?” y siempre respondías, tarde, algo así: “Estoy en eso tengo mucho sueño hoy fue un día agitado. Besos que descanses”. Así, sólo con esa frase podía armar un rompecabezas imaginario de charlas todas inconclusas sobre política, música, tus libros y el “colgado”. Ahora tu miedo era mío y pasábamos la pelota de un lado a otro, en un lado silencio y en el otro palabras afónicas. Y en ese mutismo retumbaban esas palabras erróneas ¿hace mucho que no te digo que te amo? Llegamos hacia la plaza San Martín y seguían las palabras haciendo eco entre nosotros ¿hace mucho que no te digo que te amo?... Se podía sentir la respiración de las polillas bailarinas. Silencio de teatro. No nos mirábamos desde hace dos cuadras y no podía decirte que estabas hermosa, las gotas regaban tu cuerpo desde tu frente hasta tus pies y necesitaba abrazarte, algo imposible. Sentía como tus pasos golpeaban los charcos de agua y como tus pantalones deshilachados crujían cuando los pisabas. Trataba de contener todo un amor que parecía imposible, quería inundarme debajo de la fuerza de tus piernas y sentir con los ojos cerrados como tus manos podían nublar mi rostro con cada caricia. Miraba mucho tus labios finos y delicados, sabía que querían decirme algo más y un recuerdo imborrable se me topó en mi mente: una vez te vi besar. Todavía no nos conocíamos muy bien pero detuve mis ojos sobre ese cuadro (Madonna de Edvard Munch, eras realmente parecida y así, te agendé en mis contactos), tu pelo negro cerró las puertas por un instante y en una milésima observé tus labios mojados. Imaginé que aquellos labios que te besaban eran míos y aquella liga que creaste inconcientemente con saliva podía atar sábanas y piel en una noche de otoño. Me miraste, limpiaste tu boca y rápidamente corrí mi mirada, sentiste que te estaba deseando. Nunca supe muy bien porqué quisiste conocerme después de ese incidente, ni quiero saberlo todavía. ¿Dónde íbamos? Bah… ni quiero pensar en eso, además siempre decidías todo lo que hacíamos y no porque no tuviera la autoridad de oponerme sino porque teníamos los mismos gustos realmente, los mismos gustos por la música y las empanadas. Siempre pensé que eso te aburría, que nuestra situación de sentirnos tan parecidos era algo que no te convencía. Que sentías que le hablabas a un espejo masculino, que era sólo un bastón de tus pensamientos y de tus conocimientos. Un espejo que yo también sentía por momentos y también me aburría. Pero tal vez yo no reflejaba tanta luz como vos, creo que mi energía era tan tenue que podías perderte en tu terreno, a lo mejor ese era mi error. Pero no podía cambiar mi forma de ser, quería mirarte con estos ojos que eran tuyos y eso nunca lo entendiste. Sé que darías la vida porque te tratara como aquel “colgado” que te hacía el amor y te rompía el corazón cada tres días. Pedías imposibles, nunca podría hacer eso. Probablemente, siempre seré el “espejo colgado” en tu habitación de la segunda década, la habitación donde te sentías muy lejos de tu padre, donde desnuda fumabas y escribías poemas, donde aparecía una computadora siempre prendida bajando discografías, llena de libros que nada tienen que ver con tu carrera. Es verdad, eso es lo que soy: un espejo en el cual reemito una energía escasa. O quizá no lo sea… y me veas como un vidrio de invernadero que retiene el calor que me brindas. ¿Por qué no quiero cambiar para vos? ¿O es que no puedo? Un egoísta. TRES “Los cuerpos son focos que desprenden imágenes, estos son captados a través de los ojos y de ahí pasan al alma que los interpreta” (Lepucio 450 A.c.) Hace sólo un año que te conozco y las raíces que tatuaste con tinta blanca sobre tu hombro ésta noche me brindaban una atención que antes no había podido encontrar, empecé a entender que extrañabas demasiado tu pueblo. Sabía que las casas neocoloniales de Alberdi parecían las de la vuelta de tu casa y que el salir a tomar mates a la plaza Intendencia calmaba tus males (siempre sola). Además podía saber sin siquiera encontrarte aunque sea en el ascensor de nuestro edificio por un par de días, como desistías de la comida que comprabas en el súper y corrías a comer en aquel comedor cerca de la terminal que te hacía acordar al de tus abuelos. Es más, recuerdo el incidente de los platos rotos en el que no quisiste llamar a tus amigas y telefoneaste al Salame que los tuvo que pagar después de la golpiza que le diste a ese morochón (borracho) que quiso invitarte con un vino. Jajaja, ¡Cómo corrimos! Deseaba encontrar más historias que me saquen del Noise que escuchaba en estos momentos… ¿hace mucho que no te digo que te amo? Lepucio: ¿así que la luz de esa mujer que percibo con mis ojos me llega al alma? Ojalá pudiera percibir de una manera distinta su corazón rojizo, ver toda esa misma gama de colores en mi alma e interpretarlos. Ojala pudiéramos juntarnos a charlar y me ayudaras a definir una idea truncada: “El cuerpo mojado de una mujer puede ser un foco que desprende imágenes, vida y sentimientos, estos son captados a través de los ojos cerrados de un escritor berreta y de ahí pasan a su alma que las interpreta, como el culo” (Caminando triste con la mujer que amo después de un vino reserva) Nunca menguó la lluvia, tratabas de encontrar el rumbo y te sentaste en las escalinatas de la Catedral, a decir verdad tenias el freno de vivir que conozco como propio, el de las almas cagonas, el mismo freno que desactivé cuando desistí del círculo que delineaban los límites de mi paraguas y nos empezamos a empapar. A decir verdad estaba un tanto cansado (por mi día) pero sabía que algo extraordinario iba a pasar todavía quedaban demasiadas cuadras para llegar a nuestros departamentos hermanos (3A y 4A), a nuestro edificio. Te propuse la idea de tomarnos un taxi. No tenía un mango pero al día siguiente iba a pedir un adelanto de sueldo al dueño del bar en donde trabajaba los jueves y viernes. -Nunca me dijiste que me amabas…-ella. Esa fue la primera parte de la respuesta que andaba buscando esa noche pero las incoherencias de la lluvia, los pantalones mojados, los adoquines y esas líneas blancas de otro material (¿mármol?) que dibujan la sombra del Cabildo disparaban tu atención y complicaban una respuesta continua. Debía esperar una hora más. Mi mirada se escapó y de vuelta no te escuché, seguías con la idea fija de los planteos de tu vida, la mala fortuna que tenemos y le agregabas ahora, la necesidad de una madre viva con quien hablar. Me senté a tu lado sin mirarte, pude ver que como nosotros también hay mucha gente que se moja y no porque quieren lavar sus cuerpos y sus mentes, sino porque el mundo les jugó una mala pasada de verdad. Encontré las luces de las farolas que alumbraban un montón de palomas que se peleaban por una misma rama, tal vez eso sea vanguardismo: volar, no pensar y cagar cabezas de despistados. También me detuve a mirar un hombre que dormía en uno de los bancos, vos también mirabas lo mismo, seguramente estaba borracho o drogado pero lo que llamaba la atención era que una luz de un reflector lo iluminaba como si fuera a ser salvado de la pesadilla de vivir en una plaza. Quizás, podía tener la suerte de actuar como un prisma y brindarnos un arco iris. Dejaste la caer la cabeza en mi hombro y te diste cuenta del error, era un juego a muerte, el último TEG. -Loca dale, pasémosla bien que esta es la última noche- dije -¿Cómo sabes que es mi ultima noche?- ella -Madonna mirá… -¿Cómo me dijiste?- -Algún día te explicaré, dale tomemos un taxi que te vas a resfriar como siempre.- Tenías mucha suerte para los taxis, no se porqué siempre que estaba con ella conseguía tomarlos en lugares imposibles. Recuerdo la noche que te encontré en la degustación de la casona Chateau Carreras (¿Era “Artes y vino: Desnudos”?). Yo estaba trabajando completamente tranquilo hasta que una nube de perfume inconfundible me avisó de tu presencia. Estabas bellísima y no olvidabas nunca por esos días ese collar de semillas bolivianas o colombianas que te había traído no se quien de regalo de su viaje. No eras de las mujeres que se enclaustraban en una misma forma de vestirse, sino que variabas tu vestuario siempre que podías. Quizás así podías despistar o aparentar siempre algo que nunca supe que era. Siempre ocultabas algo y eso era lo que más me gustaba. Ese día fue la primera vez que te vi de rojo y haciéndome una broma (de las que me enfermaba) me dijiste que el collar que llevabas era amarillo como tu bolso, yo sabía que no podía ser cierto porque aunque los amarillos también los confundía, la combinación no la observaba extravagante, tan vanguardista. Al final me quedé con esos colores que elegiste que viera: rojo y amarillo. Pude no imaginarte posando desnuda pero no quise, pensé demasiado en eso, tanto que derramaba demasiado vino cada vez que me tocaba servir una copa. El arte se había introducido de a poco en tu cuerpo y mirando pinturas con cierto rechazo al silencio, paseabas medio borracha por toda la sala como si fueras un óleo más que podía moverse dentro de mi cabeza, hablando de desnudos. Y mágicamente, esa noche el cuadro de Munch que me topé por casualidad pudo desplazarse por un rato en la capital de Córdoba. Te acercabas hacia el lugar donde trabajaba, y me mirabas sólo cuando tus ojos giraban tratando de encontrar al “colgado” (se creía pintor y yo Roberto Arlt) que te había invitado. Les preguntabas infinidades de cosas sobre el vino (que te había enseñado con paciencia) a cualquier sommelier que cruzabas y desde ese día inauguramos el juego que llamábamos TEG. Como siempre que se te daba la oportunidad, hablabas de las aventuras de tu padre y del museo propio que pudo armar con los cuadros heredados de no se que pintor importantísimo de tu pueblo (te enfermaba que yo no le diera crédito). Empezaba a retirarse la gente y llegaste hacia mí con una frase demasiado directa que escuchó hasta mi jefe: “Me voy con vos, Remo Erdosain con peperina”. Te aferraste demasiado al diálogo esa noche pero siempre terminabas por aburrirte de las personas y te retirabas afuera a fumar, o al baño. Te gustaba la soledad y disfrutabas de ella. Pero ese día estuviste algo distinta, estuviste formando una burbuja invisible que podía entrar sólo yo, por eso entendí después que tu pintor se había ido sin ofrecer demasiadas puteadas a tu madre. Sentí que estabas en un lugar en el que querías permanecer por siempre, deslizándote sobre aquel palacio en el cual podía verte de reojo y jugábamos al TEG. Terminé de trabajar y me esperabas sentada en una silla que por casualidad encontraste, tus zapatos querían salir de tus pies, tu copa quería mas vino y tu cigarrillo quería durar unas pitadas más. No estabas bien como de costumbre, pero en el inconciente estabas feliz. Tu peinado quería ser sofisticado y desde que me acerqué hacia vos, traté de desprestigiar tu esfuerzo… Nos reíamos y me abrazabas, no podías desenganchar un par de invisibles que sujetaban un flequillo amarrado y salimos por un taxi. Los autos se iban del lugar y quedábamos solos en medio de la nada, tuviste la mala idea de tomarnos el E1. Esperamos en esa parada menos de un minuto, no sé de donde aparecieron dos taxis pero estiramos las manos haciéndoles seña. Estaba cansado de traje y zapatos y vos cansada por el vino. El primero no nos paró, el segundo nos llevó a casa. Pensaste que era mucho mejor que vayamos al cuarto piso, nunca ibas a casa, siempre era yo el que bajaba por las escaleras. Llegamos juntos hasta la puerta de mi departamento y mientras no podía encontrar las llaves en mi bolso encontré una mano y un rostro que quería perderme. Te apoyaste sobre la pared y mientras te miraba puse las llaves dentro de la cerradura como pude, dejé las llaves colgando (se iban a caer) y mientras apretabas mi brazo con tu puño, una de mis manos se cruzaban en tu espalda y subía despacio hacia tus omóplatos. Dijiste algo como: “tal vez esto es lo que yo quiero”, quise callarte, destruías los colores de tu rostro, la luz del pasillo se apagaba, tiraste por la borda esa cartera y tus zapatos que colgaban; y con las dos manos que se apoyaban en mi pecho ya caídas se enganchaba el collar que rompiste. Las semillas se desparramaban sobre el piso y nadie las veía, nadie las miraba ni las escuchaba. Tu nariz se acercaba hacia mi boca y una espalda tibia calentaba mis brazos. Habías formado un cinturón con ellos y ese lazo parecía marcar los límites de mi universo. Dejaste caer un beso sobre mi cuello y una cama totalmente desecha de celos te estaba esperando detrás de esa pared a la que nos acercábamos. Toc… Toc… Toc… Mis zapatos… -No camines, shhhh. Pisabas con tus pies los amarillos, estabas descalza, tenias frío y mareo en un mes de diciembre, nos quedamos en la oscuridad un rato más y de repente, alguien tenía que ceder a la tentación de tu boca. Quizás todo paso medio rápido, fue la velocidad de tu luz que no pude alcanzar, debí callarme y no invitarte a pasar. Tal vez la vida nos quería separados por un piso… -Estas hermosa de rojo… -¿De rojo y amarillo?, reías. -Dale, entremos que tenés frío. -Remo estas loco… estoy loca y no te amo… ¿sabías? Prendiste la luz, miraste mis ojos, levanté las llaves del piso y mientras juntabas lo que quedaba de tu collar abrí la puerta de mi departamento. Entré y dejé la puerta entreabierta para que la luz de mi departamento iluminara tu rojo y mis amarillos dispersados como estrellas que juntabas de mi universo. Te miraba y tuve un deseo: buscar de mi vitrina aquel Malamado que tanto atesoraba… y mientras la copa se iba llenando vos me miraste y me dijiste “hasta mañana”. -Hasta mañana- CUATRO El taxi nos llevaba una vez más como aquella noche, yo, tratando de encontrar una charla sobre el clima con el taxista moví mi cabeza hacia tu semblante triste, ¿el miedo a la tristeza absoluta? Caperucita mojada, ¿tu clima esta tan tormentoso como el de mi ciudad?- dije- y el taxista se cayó. Estabas muda y me miraste como con cierto lenguaje de señas que yo sólo parecía entender (callate pelotudo). El taxi subía por Vélez Sarsfield y dobló por Yrigoyen, sabíamos que estaba buscando un camino un tanto más largo, no dijimos nada y seguimos callados hasta la puerta del edificio cuando me ofreciste cinco pesos en monedas que no acepté. La contribución estudiantil, los cospeles, la luz, el gas, el alquiler, el teléfono e Internet; cinco pesos un veintinueve de mes eran una fortuna. Dejaste que buscara mis llaves (nunca las encontraba) y el portero que nunca estaba despierto fumaba en el alerito que formaban las chapas del edificio que se construía al lado. Le pediste que nos abriera y accedió. Caminamos por ¿hace mucho que no te digo que te amo? ese pasillo eterno hasta los ¿hace mucho que no te digo que te amo? ascensores y te pregunte ¿hace mucho que no te digo que te amo? que te andaba pasando ¿hace mucho que no te digo que te amo?, hacía varios días que no nos mirábamos. Sólo eran mensajes en el celular y mis llamadas que no contestabas. Nada tontón, quedate tranquilo… Entonces, como aquella noche de tus rojos y mis amarillos subimos a un cuarto piso, prendimos la luz del pasillo, mi universo empezó a crearse pero de repente se apagó cuando pasaste rápidamente por la puerta. Tenías mucho frío y yo también, estábamos empapados… fui a buscar una de las dos toallas que tenía sanas para dejarla sobre tus hombros y me preguntaste si tenía café y el termotanque prendido. Te manejabas demasiado bien en mi casa, era exactamente igual a la tuya, nada más que en mi casa ahora había demasiados vinos y fotos de mi novia. -¿Qué esperas para ir a ducharte? Andá dale… te puedo prestar ropa de mi novia, siempre deja demasiada. -Y después me acuesto en tu cama ¿En que lugar de tu mente quedó el “hace mucho que no te digo que te amo” cuando me ofreces ponerme ropa de tu novia y ducharme en tu casa? No supe que decir, tenías razón, pregunta y una respuesta a la vez. No sé que te pasaba, planeabas algo con miedo y muchas lágrimas. En ese momento entraste al baño, cerraste la puerta por un instante y la volviste a abrir, sentí el fuego del termotanque en mi cabeza. Yo estaba en la cocina preparando café muerto de frío y de miedo. Básicamente, pensaba en dos cosas opuestas: ¿hace mucho que no te digo que te amo? y mi novia. Y mientras batía café apoyado en la mesada pude pensar que mi vida se decoloraba o se transformaba de a poco en un abrir y cerrar de ojos en los colores que escondía la Madonna detrás de su cuerpo. Estaba ciego de pensamiento, sólo podía sentir una misma lluvia caer, la de la Docta y la que caía sobre el cuerpo de René. Estaba muy callado el silencio, decidí abrir un poco el ventanal que separaba la misma lluvia. Entraba el frío exacto como para pensar profundo y tratando de hacer futurología me perdí en unos nuevos amarillos que se formaban en el piso de la cocina. La puerta abierta que separaba una vida de otra estaba completamente abierta y podía ver tus sombras en la cortina de la ducha. La espalda de un Munch. Creo que nunca pude ver a mi novia desde tu sombra, esa que se iba derritiendo de poco. Sabías que me había sentado en la mesa a esperarte (puta pava que chifla) y en silencio empezamos a romper las fichas, el tablero, los limites y tiramos los dados por última vez para que no existiera más el TEG. Puta pava que chifla que llamaba, saqué dos tazas eternas de la alacena (una decía “te voy a amar toda la vida”), agregué azúcar al tuyo y mientras caía el agua de la pava escuché… ¿Tenés dkljl choc,gñlnervñldf tan r*/aakl%&o? Dejé las tazas en la mesa, me acerqué hasta la puerta del baño y te pregunté si necesitabas algo, querías chocolate venezolano (te volvía loca), una de las tantas cosas de las que guardaba celosamente en una vitrina colmada de vinos y puros. Fui a buscarlo. Volví a sentarme en la silla y mientras terminabas de ducharte tu mano salió de las sombras para buscar una toalla. Saliste medio mojada o completamente mojada, empezaste a desnudar lo poco que te quedaba de intimidad frente a un café. Tapabas los amarillos del piso y con la toalla aferrada sobre tu busto caminaste descalza hacia mi silla. Cerré los ojos un instante para reconocer el aroma que me podía brindar este instante: tu cuerpo tibio, la lluvia, el café y un chocolate que acercaste con tu boca. Te sentaste sobre mis piernas y pude encontrar el calor de tu sexo. Inmóvil (¿estoy con la ropa mojada?) trate de quitarme el pudor de besarte y esta vez no fue imposible. Aquellos labios perdieron mi visión, nublaron lo poco de cordura que me quedaba… ¿Donde estabas amor? Apagamos las luces Reías Un ruido de pierna que choca sobre una silla El café se enfriaba Un beso sobre tu vientre Un celular que suena a lo lejos La lluvia que desparrama nuestras sombras sobre la ventana Una rayo que condena una charla… -Remo Erdosain… no creo amarte. -Pero que puro que es tu amor, siempre pudiste crear un mundo para que te ame pero yo no amo a nadie. Soy una luz blanca que entra en un prisma y no refleja. Soy como la luz del sol que ante la lluvia de verano no forma arco iris, ¿Entendés?- ¿Es pregunta para estar desnudos en el piso? Pensé. Y mientras me paraba, sentía que mis ojos se volvían cada vez más lluvia, lluvia que no podías atravesar para formar arco iris. Encendí un cigarrillo, el fuego volvió tu cara visible y te observé desnuda en el piso con tu mano derecha de almohada y tu izquierda haciendo circulitos en el piso. Cerraste la ventana con uno de tus pies y te pusiste a jugar con la humedad que se formaba: escribías mi nombre. Y yo, te amaba. Podía ver todos tus rojos, quería verte nuevamente diciendo “Me voy con vos” pero nada de eso iba a pasar. Sólo iba a llorar junto al cuerpo de la mujer que amo, la que hace olvidar que figuro entre los objetos de esta casa. Seguro que si fuera otro estaría feliz charlando de lo bien que hicimos el amor, de lo buen amante que soy como para tenerte en mi casa desnuda tirada en el piso sin importarte lo transpirada que estés; pero nunca pude pensar así, sólo podía sentir tus abrazos desvanecerse frente a los míos, aquellos que necesitaste cuando murió tu madre, rendías mal o te puteaba el “colgado”. Como era de esperarse el sexo no cambió nada, sólo pudo reforzarme la definición de pelotudo. Llevé lentamente las tazas cargadas de café junto con mi cuerpo mareado hasta el microondas. Puse a calentarlas dos minutos… 1:59- -Creo que no soy estas lágrimas, yo debo ser otra cosa en tu vida, no puedo ser sólo el tonto que te coje una noche que estás triste- dije 1:50- - A veces siento que te amo. Te extraño demasiado como para decirte amigo, por eso nunca te presento así frente a mis conocidos- René 1:45- (Pensaba en el “A veces”) -¿Levantate querés?... que con los pies más arriba que tu cabeza no podés pensar bien y decís incoherencias- 1:40- -Vos dejá de mirar el micro que esos aparatos te avisan cuando terminan… y mirame a los ojos que es la última vez que querés verme, vení a mi espalda, abrazame- Hubo un instante en cual no supe que hacer, tenía frío y volvía a ocupar el mismo lugar de siempre. Entré a mi habitación a vestirme y vos seguías tirada en el piso, esperándome “Ey… vení acá que no soy tu novia”… Yo seguía ocultando mis lágrimas ahora sobre una camiseta y un pantalón. Te busqué, te di la mano y ayudé a levantarte. 0:59- -Abrazame, vení a mi espalda, miremos la lluvia un rato más… De repente, la noche se volvió respuesta y pude ver dos cuerpos unidos que debían estarlo así siempre, pero por alguna causa, quizás por la deuda –una charla- que siempre tuvimos no pudo ser posible. Quizá esta noche nunca debería haber existido, deberíamos haber juntado los dos mis amarillos de mi universo aquel día, y yo no haber pasado tan rápido por aquella puerta. Seguramente, esta noche fue una segunda oportunidad, una oportunidad demasiado real, demasiado humana. De verdad, no pude refractar tu luz blanca. -Tenés razón, nunca pude descomponer tu amor en cada color que lo forma, no supe transformarlo y mirarlo de a poco, despacio. No pude formar un arco iris que ilumine nuestras almas-. 0:30- -Me voy a Francia José, me voy y no se si vuelvo. Sabés bien que mi viejo es de allá y él tiene mucho más posibilidades de trabajar en un museo donde se le reconozca su trabajo. No se si vuelvo entendés… y creo que ahora te amo. Miranos sobre el vidrio Remo, ¿nos ves?... (Nos derretiamos sobre la lluvia- vos desnuda, un cuadro-) esto podría ser esa luz de la que tanto hablamos, la que necesitamos… No lloremos, ya llore demasiado estos días, por eso no quise atender tus llamados. Te amo, ¿hace mucho que no te digo que te amo?- René 0:00- La alarma del microondas sonaba y yo fui a buscar las tazas, reíamos, te pusiste la ropa de mi novia y mientras tomábamos cada sorbo nos observábamos, creo que nos mirábamos antes, no ahora, mirábamos recuerdos. FIN. siganme, loco, soy bloggero acá estoy...
Hola gente, como andan. Yo para el orto, como siempre; pero intentando que la vida me vaya más pal orto escribo cosas que son más al pedo que los mismos artistas o que dejar a los cantantes en estado vegetativo, o que el congreso, o que los volantes del partido obrero. TODO es al pedo muchachos, como leerme, como tomar Ginseng, como hacer una dieta de Cormillot con caldo antes de las comidas. Pero esperen che, bah, pensándolo mejor... es hermoso estar al pedo. De ella conmigo y el final de la hoja borrosa No pude colocar sus ojos ni dibujar los míos, o correr con sus pies mi boca deslucida perdida. Con frío salté al vacío de su vientre erizado mas leí desde sus labios las palabras que taché, que borré con mi puño y todo su cuerpo. Al oscurecer desde su sexo con el que sueño, no merecer ni su vida ni la mía perra. Fijo carteles como ella niña en mi triste adolescencia, mientras juro en mis nichos extinguirle sus bellos miedos, en colchón de mil colores en atardeceres muy oscuros. Fernando, El teseracto MENSAJE EN CÓDIGO: mono, dejá de relampitearme la chilampeta... ratapúm, y comunicate con la casa de SARCANDUNFO que te espera Pavone o el mismo Lamela!!!