Duro despertar, mas duro levantarse. Azulejos fríos bajo los pies descalzos que torpes te conducen al baño. Mirarse una vez mas y ver que ya no sos el mismo. Agua en la cara.
Afuera, niebla. Tomas el diario y volves a entrar. El café y las tostadas te despiertan, las noticias no dice nada.
La oficina gris, los papeles blancos, la calefacción al máximo. Sudor, incomodidad, nauseas. La ventana abierta deja que el aire frió despeje tu mente y seque tu frente.
Volves a la calle. El ruido del transito y el amontonamiento de gente te desorienta. La boca del subte te llama, te invita a su tranquilidad. Con cada paso re escapas , te hundís en vos mismo, solo en vos, solo. Dulces notas de un jazz callejero te sacan una sonrisa, el músico agradece tu dinero y muere en tu recuerdo, en tu sonrisa ya distorsionada. En dulce sonido del saxofón que te acompaña hasta la salida.
Pies cansados te conducen al baño. Ya no vale la pena mirarse. Con la habitación oscura te desplomas en la cama, intentado dormir, para vivir otro día.
Afuera, niebla. Tomas el diario y volves a entrar. El café y las tostadas te despiertan, las noticias no dice nada.
La oficina gris, los papeles blancos, la calefacción al máximo. Sudor, incomodidad, nauseas. La ventana abierta deja que el aire frió despeje tu mente y seque tu frente.
Volves a la calle. El ruido del transito y el amontonamiento de gente te desorienta. La boca del subte te llama, te invita a su tranquilidad. Con cada paso re escapas , te hundís en vos mismo, solo en vos, solo. Dulces notas de un jazz callejero te sacan una sonrisa, el músico agradece tu dinero y muere en tu recuerdo, en tu sonrisa ya distorsionada. En dulce sonido del saxofón que te acompaña hasta la salida.
Pies cansados te conducen al baño. Ya no vale la pena mirarse. Con la habitación oscura te desplomas en la cama, intentado dormir, para vivir otro día.