
El ojo es un órgano tan maravilloso que al propio Darwin casi le parecía imposible que se hubiese podido formar por selección natural. La siguiente afirmación, recogida en “La evolución de las especies“, ha dado pie a los creacionistas a argumentar que el mismísimo padre de la Teoría de la Evolución apoyaba la idea del diseño inteligente, al menos respecto a lo que el ojo se refiere:
Parece absurdo de todo punto – lo confieso espontáneamente- suponer que el ojo, con todas sus inimitables disposiciones para acomodar el foco a diferentes distancias, para admitir cantidad variable de luz y para la corrección de las aberraciones esférica y cromática, pudo haberse formado por selección natural.
La afirmación de Darwin, sin embargo, trata de hacer notar que una cosa es lo que nuestro sentido común nos hace creer y otra lo que realmente puede ser. Darwin sigue escribiendo:
Cuando se dijo por primera vez que el Sol estaba quieto y la Tierra giraba a su alrededor, el sentido común de la humanidad declaró falsa esta doctrina; pero el antiguo adagio de vox populi, vox Dei, como sabe todo filósofo, no puede admitirse en la ciencia. La razón me dice que sí se puede demostrar que existen muchas gradaciones, desde un ojo sencillo e imperfecto a un ojo completo y perfecto, siendo cada grado útil al animal que lo posea, como ocurre ciertamente; si además el ojo alguna vez varía y las variaciones son hereditarias, como ocurre también ciertamente, y si estas variaciones son útiles a un animal en condiciones variables de la vida, entonces la dificultad de creer que un ojo perfecto y complejo pudo formarse por selección natural, aún cuando insuperable para nuestra imaginación, no tendría que considerarse como destructora de nuestra teoría.
Por supuesto, la complejidad del ojo humano y el de muchos otros animales es realmente increíble. Miles de millones de años de evolución y aproximadamente cuatrocientas mil generaciones fueron atravesando el proceso de selección natural para derivar en el ojo complejo que poseen muchas de las especies. Y la evidencia de esto podemos obtenerla simplemente observando el mundo natural, donde diferentes especies cuentan con diferentes tipos de ojos, cada uno de ellos en distintas fases evolutivas y con distintos niveles de complejidad.
El ojo más simple que podemos encontrar en la naturaleza, representando las primeras instancias en la evolución de este órgano, lo poseen ciertos organismos unicelulares del género Euglena, que sencillamente cuentan con un pequeño punto ocular (orgánulo) en un extremo de la célula. Este primitivo ojo es solamente sensible a la luminosidad, siendo capaz de determinar si hay luz o no, pero no puede formar imágenes ni ver absolutamente nada.
El siguiente paso en la evolución del ojo podemos imaginarlo de la siguiente manera: si tenemos una lámina de células sensibles a la luminosidad y plegamos dicha lámina en forma de “U”, obtendríamos una figura cóncava denominada “ojo en copa”. Diferentes partes de la superficie de la lámina en forma de “U” se iluminarían dependiendo del lugar del cual provenga la luz; esto quiere decir que un organismo equipado con un ojo en copa puede detectar de que dirección proviene la luminosidad. Para los animales con ojos en copa, como los gusanos planos, esto representa una gran ventaja evolutiva para determinar la ubicación de presas o depredadores dependiendo de la fuente de luminosidad y las sombras.
Continuando con los pasos evolutivos, si tomamos la lámina en forma de “U” utilizada en el ejemplo anterior y la seguimos plegando gradualmente, la copa se cierra sobre sí misma y retiene solamente un agujero en la parte superior, lo que provee un ojo con un mecanismo similar al de una cámara estenopeica. Esta clase de ojo provee una visión borrosa y poco detallada, pero permite determinar algunas formas simples. El nautilus, un género de moluscos cefalópodos, cuenta con ojos de este tipo, simples y que proveen una visión borrosa del entorno.
La clave para obtener una imagen más clara y que provea una buena visión se encuentra en el lente, el cual es el encargado de refractar la luz de manera tal que la imagen se capte con una gran nitidez. Cuanto mejor sea el lente, de mayor calidad será la imagen obtenida. En la próxima etapa de la evolución del ojo, se debió desarrollar paulatinamente una capa de líquido de textura gelatinosa que hiciera las veces de lente y permitiera enfocar los objetos, mejorando notablemente la visión de los organismos. Al quedar determinado que éste formato de ojo funciona mejor que cualquier otro y provee una visión óptima, la selección natural sigue trabajando generación tras generación, imponiendo en cada fase pequeñas mejoras sobre diferentes características, como la curvatura o la trasparencia del lente, hasta que finalmente se alcanza un grado de evolución como el del ojo vertebrado (nuestro tipo de ojos).
Acá les dejo un vídeo que es muy ilustrativo:
link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=lEKyqIJkuDQ#!
