InicioCiencia EducacionLa Batalla del Río de la Plata
Constituyó todo un triunfo táctico y político aliado, además de suponer el final de uno de los mejores comandantes navales de Alemania.



Cuando estalló la guerra el 3 de septiembre de 1939, Alemania tenía en alta mar dos de los denominados “barcos acorazados” (Panzerschiffe, en alemán). A estas embarcaciones normalmente se las conoce como “acorazados de bolsillo”, ya que habían sido diseñadas para resultar lo más poderosas posible sin incumplir las severas restricciones del Tratado de Versalles de 1919. Por este tratado, Alemania vio limitada su capacidad de rearme, ya que en él se especificaba que la marina alemana no podría contar con ninguna embarcación que superara las 10.000 toneladas. Los Panzerschiffe habían sido construidos originalmente para llevar a cabo operaciones contra la marina francesa en el Mar del Norte y en el Báltico, pero ahora su principal papel era atacar las rutas comerciales y hundir mercantes aliados en alta mar.
El prototipo del Panzerschiff, el Deutschland, se encontraba en el Atlántico Norte, donde el sistema de convoyes que rápidamente se puso en funcionamiento pronto consiguió neutralizarlo. El otro, el Admiral Graf Spee, atacó tan solo embarcaciones mercantiles aisladas en su travesía por el Atlántico. Su capitán, Hans Langsdorff, era un marino compasivo y diestro con un arraigado sentido del humor y del honor. Le encantaba sembrar el caos en las rutas comerciales británicas y buscarle las cosquillas al lobo que en 1918 había derrotado a su país.
El Graf Spee hundió su primer navío, el Clement, a finales de septiembre de 1939, al cual le siguieron el Newton Beech el 5 de octubre, el Ashlea el 7 de octubre y el Huntsman el 10 de octubre. Después recargó combustible de su buque cisterna auxiliar, el Altmark y el 22 de octubre hundió el Trevanion, antes de volver a recargar combustible y rodear el Cabo de Buena Esperanza. El fuerte oleaje causó problemas a la embarcación, que no había sido diseñada para hacer frente a tales condiciones. Debido a ello, en noviembre Langsdorff solo cosechó un éxito: el abordaje y hundimiento del buque cisterna costero Africa Shell el 15 de mes. No obstante, había hecho creer a los británicos que había otro navío de ataque alemán en el Océano Índico. El Graf Spee osó atravesar de nuevo la gruesa mar del Cabo de Buena Esperanza para volver a recargar combustible del Altmark.
Fue entonces cuando Langsdorff soltó la noticia bomba a sus oficiales. Hasta ahora había obedecido escrupulosamente las órdenes de evitar enfrentarse a los barcos de guerra británicos. El comandante de la marina alemana, el almirante Raeder, había estudiado las operaciones de los navíos de ataque alemanes durante la anterior guerra y diagnosticado sus fallos a la hora de hacer frente a los acorazados británicos: los navíos de ataque únicamente podrían sobrevivir si evitaban los enfrentamientos. Langsdorff, al encontrarse tan lejos de casa en medio del Atlántico Sur, anunció ahora que pretendía desobedecer las órdenes y emprender la acción con el objetivo de asegurar una victoria alemana notable. El almirante que había dado nombre al navío había conseguido un éxito similar en 1914, cuando infligió una derrota contundente a la marina real británica en la batalla de Coronel, entablada frente a la costa de Chile.
El 2 de diciembre el Graf Spee hundió el carguero Doric Star y el Tairoa al día siguiente. Posteriormente, en una última visita al Altmark, la mayor parte de oficiales prisioneros fueron transferidos al Graf Spee, dejando al resto de marineros en condiciones deplorables confinados en el buque cisterna. El 7 de diciembre el Graf Spee hundió al Streonshalh y confiscó documentación importante que revelaba los movimientos británicos y mostraba los jugosos éxitos que se podían cosechar en el litoral del Río de la Plata, en Uruguay. Las ansias de Langsdorff se vieron asimismo acrecentadas debido a un mensaje recibido de Alemania en el que se informaba de la existencia de un convoy que se esperaba se adentrara en el estuario con relativamente poca escolta. Así, el Graf Spee puso rumbo a estas ajetreadas rutas comerciales y a lo que sería a su destino final.
El comodoro Henry Harwood fue uno de los mejores y más experimentados comandantes de crucero de la marina real británica. Llevaba liderando la división sudamericana desde hacía algún tiempo y conocía la región al dedillo. En una de las más acertadas conjeturas de la historia naval, ordenó que todas las unidades disponibles se concentraran, los cruceros ligeros Ajax y Achilles y el crucero pesado Exeter, frente a la desembocadura del rio de la Plata el 10 de diciembre. Tres días más tarde se avistó el Graf Spee.
Langsdorff pudo haber escapado, pero erró al calcular la fuerza de su contrincante y continuó su camino. Su intención era destruir el acorazado de mayor tamaño en primer lugar, pero su ataque se vio debilitado debido al mal funcionamiento de su armamento principal, que quedó inutilizado durante unos cruciales minutos. El Graf Spee pudo haber hundido el Exeter, ya que se puso a tiro tras su tercer salvo. Al final el crucero pesado británico recibió un impacto grave en la torreta justo delante del puente de mando y fue aparentemente deshabilitado. Harwood estaba utilizando sus cruceros ligeros como una división separada que dividiera la atención y el ataque del Graf Spee. El peso de la munición de 15 cm disparada por los cañones del Ajax y el Achiles obligó a Langsdorff a destinar su principal armamento a estas embarcaciones. Poco después, ante el peligro de ser atacado por los torpedos del Exeter y su fuego preciso y continuado, se vio forzado a volver a centrarse en el crucero pesado. El Exeter resultó seriamente dañado por los impactos, por lo que quedó deshabilitado como unidad bélica y se vio obligado a abandonar la acción. El crucero recibió órdenes de Harwood de poner rumbo a las Malvinas para poder llevar a cabo las reparaciones.
Los dos cruceros ligeros no dieron ni un momento de respiro al Graf Spee y continuaron disparando sin parar persiguiéndolo en su ruta hacia el oeste. Tras algunos problemas iniciales, el avión Fairey Seafox del Ajax ayudó a los británicos a corregir el tiro. El Graf Spee respondió al ataque y deshabilitó las torretas de popa del Ajax, debido a lo cual Harwood decidió suspender la ofensiva. No obstante, Langsdorff continuó navegando rumbo a la desembocadura del Río de la Plata, con los dos cruceros británicos siguiéndole los talones. Sus condiciones de navegación se habían visto comprometidas debido a un agujero en el castillo de proa. La embarcación también había sufrido daños significativos en la cocina y el sistema de combustible, además de en el equipo de corrección de fuego. Hasta el mismo Langsdorff había resultado herido. Decidió hacer puerto en Montevideo para llevar a cabo reparaciones, algo de lo que llegaría tremendamente a arrepentirse.
No podía haber elegido refugio peor. La capital uruguaya era el principal centro del M16 en Sudamérica y la influencia británica en la ciudad era considerable. El diplomático británico Eugen Millington-Drake, resultó ser una figura dinámica y eficaz que contaba con la competente ayuda del agregado naval de Buenos Aires, el capitán Henry MCCall, y el jefe de la oficina del M16, Rex Miller. Al principio intentaron obligar al Graf Spee a que volviera a zarpar, pero Harwood pronto insistió en que la embarcación debería permanecer en Montevideo el mayor tiempo posible para dar tiempo a que llegaran los refuerzos aliados. El Exeter fue sustituido por el Cumberland, que tras el conflicto había zarpado de Port Stanley, en las islas Malvinas. No obstante, si se quería doblegar al acorazado de bolsillo alemán, harían falta las principales naves de la flota, armadas con cañones de alto calibre. El carguero Ark Royal y el crucero de batalla Renown se encontraban todavía a varios días de distancia.



Los barcos mercantes británicos recibieron órdenes de abandonar Montevideo para retrasar todo lo posible al Graf Spee bajo la ley internacional de las 24 horas. Según esta ley, ningún buque de guerra podía abandonar un puerto neutral hasta que no pasaran 24 horas después de zarpar una embarcación mercante del bando opuesto. Mientras tanto, gracias a una operación de inteligencia británica, los alemanes estaban convencidos erróneamente de que los buques de guerra pesados se encontraban de hecho ya en aguas uruguayas. La actitud de ambos bandos consiguió frustrar a los uruguayos, pero la disposición más amenazadora de los alemanes logró que al final se unieran a los británicos y permitieran que el Graf Spee se quedara más tiempo del que el gobierno de Montevideo tenía planeado.
Esta decisión se vio rebasada por los acontecimientos, ya que Langsdorff, debido a la presión que estaba soportando, ya había decidido hundir su navío. El domingo 17 de diciembre, la tripulación del Graf Spee comenzó a desalojar el barco. Esa misma tarde, ante la mirada de las multitudes y los periodistas, que estaban retransmitiendo el suceso por radio, el acorazado zarpó del puerto de Montevideo y se detuvo. El capitán y los últimos miembros de la tripulación abandonaron el barco y las cargas que habían dispuesto fueron detonadas. Las cargas de proa no explosionaron, pero las de popa y mitad de cubierta bastaron para destruir la embarcación.
Langsdorff había decidido que la compañía de su navío no tenía por qué pagar el precio de su desobediencia al atacar de manera deliberada los barcos de guerra británicos. Convencido de que su navío sería destruido por los acorazados que en teoría habían dispuesto los británicos al respecto, prefirió inmolarse como hiciera la Flota de Alta Mar, que había sido hundida en Scapa Flow en 1919 por orden del oficial alemán al mando. El hundimiento de navíos no era ninguna vergüenza para la marina alemana. Langsdorff, no obstante, no era el más típico de los oficiales de marina de guerra, por lo que la situación le afectó profundamente. Decidió llevar a cabo un sacrificio personal para expiar sus errores, pero prefirió no hundirse con su barco ya que sentía el deber de asegurarse de que sus hombres llegaban a salvo al otro lado del Rio de la Plata, en Argentina. Una vez conseguido esto, colocó una enseña alemana (probablemente una de las banderas que ondeó en el Graf Spee cuando zarpó de Montevideo) sobre la cama de la habitación de su hotel. Se acostó, tomó una pistola, apuntó a su cabeza… y erró el tiro. Tuvo más suerte con el segundo disparo. Un hombre honorable y valiente compartiendo el destino de su navío.

La batalla del Atlántico

Buques de guerra, desciframiento de claves y torpedos: los aliados derrotan a los submarinos alemanes y hacen frente a su táctica de manada de lobos


El mismo día que Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania, el 3 de septiembre de 1939, submarinos alemanes atacaron con torpedos el transatlántico británico Athenia. El transporte marítimo de mercancías en el Atlántico Norte fue inmediatamente agrupado en convoyes protegidos por acorazados. Las reservas de alimentos y materiales no podían agotarse, por lo que resultaba esencial mantener el tráfico comercial entre Gran Bretaña y el resto del mundo. Los convoyes del Atlántico Norte y los grupos de asalto de aguas más lejanas contrarrestaron la amenaza submarina y de superficie. El Graf Spee fue una de las embarcaciones alemanas cuya actuación resultó más significativa.
Los alemanes, no obstante, obtuvieron una mayor ventaja tras capturar las bases del litoral francés, lo que les proporcionaba mejor acceso al Atlántico. Con ello también pudieron poner en práctica sus tácticas de manada de lobos, por las que varios grupos de submarinos atacaban un mismo convoy. A los británicos no les sirvió de ninguna ayuda tener que destinar posibles escoltas de convoy a detener la amenaza de invasión que sufría su país. En septiembre y octubre, varios convoyes sufrieron pérdidas graves: los comandantes de submarinos alemanes llamaron a esta época “los buenos tiempos”.
A finales de octubre, la nave gemela del Graf Spee, el Admiral Schneer, emprendió una larga misión de asalto y atacó un convoy que fue valerosamente defendido por su escolta oceánica, el crucero armado de la marina mercante Jervis Bay. Las pérdidas se limitaron a seis embarcaciones, además del Jervis Bay. El Schneer no volvió a puerto hasta marzo de 1941, habiendo hundido otras 11 embarcaciones. El crucero Admiral Hipper y los barcos de guerra Scharnhost y Gneisenau son otras de las embarcaciones de superficie que se encontraban en alta mar a principios de 1941. Estos dos últimos estuvieron en alta mar de enero a marzo de 1941 y obtuvieron cierto éxito atacando barcos individuales, aunque los acorazados británicos hicieron un buen trabajo manteniéndolos alejados de los convoyes.
En medio de estas amenazas submarinas y de superficie, el 6 de marzo Churchill declaró que la Batalla del Atlántico había sucedido oficialmente a la Batalla de Inglaterra. En cuanto esta “batalla” fue declarada de manera oficial, la situación comenzó a cambiar. Los descifradores de claves británicos empezaron a interceptar los mensajes que enviaban y recibían los submarinos alemanes, lo cual permitió que los convoyes pudieran sortear los posibles ataques.
Al contar con mayor número de escoltas disponibles, en gran parte gracias a los canadienses, los convoyes pudieron disfrutar de la protección de una escolta anti-submarinos durante todo su viaje. Hasta entonces, esto únicamente había sido posible en la zona denominada Western Approaches. En otoño, los americanos, aunque todavía no se habían unido a la guerra, también empezaron a proporcionar escoltas a los convoyes del Atlántico occidental. Para noviembre los submarinos alemanes ya habían sido derrotados y se centraban ahora en la defensa de Noruega y en la asistencia a Italia en el Mediterráneo.

Misión abortada
La amenaza en superficie también había sido controlada. En mayo de 1941, el Bismarck, el más poderoso buque de guerra alemán del momento, se adentró en el Atlántico junto con el crucero Prinz Eugen. El objetivo era aniquilar los convoyes: el Bismarck se ocuparía de las escoltas y el Prinz Eugen de los barcos mercantes. El grupo alemán fue interceptado por el crucero de batalla Hood y el buque de guerra Prince of Wales. El Hood perdió a toda su tripulación en la batalla, exceptuando a tres personas, pero el Prince of Wales consiguió alcanzar al Bismarck, con lo que las embarcaciones alemanas se vieron obligadas a abortar su misión. El Prinz Eugen regresó a puerto, pero el Bismarck recibió los impactos de torpedos británicos lanzados desde el portaviones Air Royal y fue hundido por los buques King George V y Rodney. Esta fue la última embarcación de superficie de tales dimensiones que logró penetrar en el Atlántico.
En junio de 1941, las fuerzas aéreas británicas atacaron la otra nave gemela del Graf Spree, el Lützow (anteriormente conocido como el Deutschland), antes de que emprendiera la escapada, como era su plan. En noviembre, cuando el Admiral Scheer intentó realizar una maniobra similar, no hubo suficientes barcos británicos para guardar los pasajes que rodeaban Islandia. Los barcos alemanes sí que solían transitar el Estrecho de Dinamarca, que se encontraba de hecho vigilado por un grupo americano organizado en torno a dos buques de guerra. El Admiral Scheer evitó verse inmerso en un interesante enfrentamiento al verse obligado a abortar la misión debido a problemas con los motores.

América hace su entrada
En 1941 la Batalla del Atlántico de Churchill estaba prácticamente resuelta, pero la incorporación de Estados Unidos en el bando aliado en diciembre de ese mismo año constituyó paradójicamente un auténtico desastre en el Atlántico. Los submarinos alemanes masacraron a los barcos mercantiles que transitaban la costa oriental de Estados Unidos sin escolta alguna, ya que la luz de las ciudades conseguía delimitar perfectamente su contorno. Nos encontramos ante los segundos “buenos tiempos” de los alemanes. Se organizaron convoyes de ayuda, pero solo a posteriori. Dichos convoyes pusieron rumbo sur por el litoral americano, pero los submarinos alemanes tuvieron tiempo de sobra para atacar las embarcaciones independientes situadas aún más al sur. La ofensiva únicamente fue frenada completamente cuando en el hemisferio occidental se consiguió organizar un sistema completo de convoyes.
En julio de 1942 los alemanes atacaron con sus submarinos este sistema de convoyes, que por entonces se encontraba en su situación más vulnerable en mitad del Atlántico, sin protección aérea alguna. Comenzó entonces una agotadora guerra de desgaste que supuso grandes pérdidas para ambos bandos. Cada vez resultaba más difícil sortear las manadas de lobos, ya que los británicos ya no podían descifrar las claves alemanas. En diciembre de 1942 consiguieron volver a hacerlo, pero por entonces había tantos submarinos alemanes en alta mar que resultaba casi imposible evitar las manadas. Las labores de inteligencia se centraron ahora en el refuerzo de los convoyes que se encontraban en una situación alta de riesgo. Aunque los “grupos de apoyo” adicionales formados por embarcaciones de superficie servían de protección a estos convoyes, el mayor problema seguía siendo la ausencia de apoyo aéreo en el “agujero negro” de mitad del Atlántico. Tanto los portaviones diseñados como escolta como la flota aérea de largo alcance siempre parecían dar prioridad a otras misiones, por lo que su ausencia continuaba siendo un punto débil en la defensa de los convoyes.
Marzo de 1943 resultó ser un mes especialmente difícil, ya que los alemanes consiguieron hundir 71 embarcaciones, entre los barcos que formaban los convoyes y las escoltas. Casi una cuarta parte de las embarcaciones que intentó atravesar el Atlántico durante las tres primeras semanas del mes fueron hundidas. No obstante, no tardaron en cambiar las cosas. Fuerzas aéreas Liberator de muy largo alcance comenzaron a llegar en gran número y algunos grupos de apoyo estaban ahora equipados con portaviones de reducido tamaño. Para mayo todo el espacio aéreo quedó ya cubierto y se consiguieron hundir 41 submarinos alemanes. Los alemanes tuvieron que admitir la derrota y el día 24 retiraron sus submarinos del Atlántico Norte.




Un último esfuerzo
Equipados con torpedos buscadores para ocuparse de las escoltas y con armamento antiaéreo pesado, los submarinos alemanes intentaron atacar de nuevo los convoyes atlánticos en septiembre. No obstante, los alemanes no estaban preparados para hacer frente al maduro sistema de escoltas aéreas y de superficie del bando aliado. Hasta el final de la guerra, los submarinos no hicieron más que jugar al gato y al ratón alrededor de las islas británicas, constituyendo una molestia más que una amenaza real.
Aunque a menudo se piensa que la batalla por la continuación del transporte comercial en el Atlántico constituía una prioridad para Churchill y los altos mandos aliados, lo cierto es que los registros no cuentan lo mismo. Sí que es cierto que los alemanes sufrieron una derrota decisiva en 1941, pero en 1942 y 1943 la defensa de las embarcaciones aliadas no constituyó durante muchísimo tiempo una prioridad. No obstante, las fuerzas aliadas, cada vez mejor equipadas y organizadas, lograron evitar que la marina alemana afectara ni a los suministros necesarios para mantener a Gran Bretaña en la guerra ni a la capacidad de Estados Unidos para proyectar su enorme poder a través del Atlántico hasta Europa occidental. La segunda victoria decisiva sobre la marina alemana en la Batalla del Atlántico en 1943 fue la única causa de que el año siguiente los aliados pudieran llevar a cabo su invasión a gran escala de Europa occidental desde las playas de Normandía.
Datos archivados del Taringa! original
20puntos
0visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
4visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

O
Usuario
Puntos0
Posts8
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.