Palacio Santa Cándida Propiedad del general Urquiza funcionó como un importante saladero, desde donde se realizaban exportaciones de carne a Inglaterra. Era una de las industrias más pujantes y económicamente poderosas de la región. Lleva ese nombre en homenaje a la madre del general. Fue el primer saladero que ocupó íntegramente al animal: desde el cuero que se curtía para su posterior utilización, hasta la grasa con la cual se fabricaban jabones. En el parque, se encuentran dos esfinges de mármol, esculturas (reproducciones), Hércules con la hidra de siete cabezas; y Hércules matando al le león de Nemea. Completando esto, ejemplares de eucaliptos, casuarinas, tipas blancas y amarillas y un hermoso ejemplar de roble europeo. Llama la atención, la armonía del edificio y la perfección de su simetría. La puerta principal es original de pinotea y presenta finas tallas. Entrando se puede apreciar una hermosa cancel de hierro y cobre adquirida por Leloir en un palacio de Venecia. El piso de la sala de recepción es de mármol blanco y negro. Tanto las arañas de la recepción , como las del comedor y de otras dependencias son de cristal de Baccarat importadas de Venecia. En las finas dependencias, finos muebles y porcelanas de época; dos grandes cormicopias que pertenecieron a Sara Bernhardt. Se destacan las estufas de mármol de carrara que presentan esculpidas hojas estilizadas como también faunos. En la década del 30 la casa se volvió a vender y cayo otra vez en la ruina hasta que en 1971 Francisco Sáenz Valiente -nieto del prócer-, pudo comprarla y rescatarla de la decadencia. En Noviembre 1977 Santa Cándida en la economía de la provincia y del país fue declarada Monumento histórico nacional. La planta baja fue destinada a la recepción y administración. Contaba también con un comedor, el ambiente social más importante. La escalera de madera, conservada intacta, llevaba a la planta alta, el área privada de dormitorios con pisos de baldosas coloradas que aun existen. El edificio esta coronado, en un cuarto nivel estaba la linterna y mirador, de planta octogonal. En ese entonces el general vivía en el Palacio San José, con su joven mujer Dolores Costa y sus once Hijos. Urquiza invirtió toda su fortuna en bienes productivos, y eso hizo que después de su trágica muerte en 1870 la sucesión se viera obligada a vender bienes para hacer frente a los impuestos y obligaciones comerciales contraídas por el general. El saladero fue vendido El saladero fue vendido a don Mariano Unzué, quien lo mantuvo con las mismas características arquitectónicas. Al fallecer lo heredo su hija Adela, casada con Antonio Leloir, quienes enamorados del paisaje y las posibilidades que ofrecía la casona, decidieron transformar el saladero en un verdadero casco de estancia. Contrataron al arquitecto Ángel Gallardo, quien provocó transformaciones de importancia en la planta baja. Amplió la recepción y agregó un porche y baños por doquier. La casa se llenó de detalles de lujo y confort, se agregaron estufas de mármol de gran diseño, se construyeron sendas galerías para las dos fachadas, y se intercalaron columnas, molduras y esculturas de mármol con figuras mitológicas, que las enriquecieron con un armonioso juego de claroscuros. Se colocaron varias piezas como rosetas y pisos de mármol comprada de la demolición del primer colegio nacional de Buenos Aires. Casi todas las construcciones del Saladero fueron demolidas, salvo un pabellón muy cercano a la casa, de estilo italiano pero con líneas más criollas, destinado a la administración del personal. Se lo estilizó con galerías y se agregó una torre de agua. El jardinero suizo Emilio Bruder se encargó de transformar los talleres industriales en áreas de canteros de flores y arboledas de variadas especies, así como avenidas forestadas. Luego de varios sucesores el palacio fue perdiendo su esplendor hasta que la señora Helena Zimmermann casada con un nieto de Urquiza, don Francisco Saenz Valiente compró en 1971 la casa para rescatarla del olvido. Francisco que murió en 1997 era hijo de Teresa Urquiza, la hija menor del general, que tenía solo tres años cuando murió su padre. Ella se casó con el marino Juan Pablo Saenz Valiente. Francisco junto con su segunda mujer, Helena Zimmermann, dedicaron una década entera a reflotar el palacio. De a poco recuperaron la arquitectura y también los objetos. Hechos a destacar El Palacio Santa Cándida pertenece ahora a doña Adela Unzúe de Leloir, que fomentó la cría de Aberdeen Angus, muy premiados en Palermo. El arquitecto Angel Gallardo amplió lo que había hecho Fosatti, adosando una galería cubierta con varias esculturas. Para Oscar Urquiza Almandoz, descendiente de Urquiza y también historiador, las tres estancias del general muestran una noción totalizadora del pasado y una visión de cómo se trabaja en el campo entrerriano. Fuente
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