La casa no humana

El otro día, cuando me desperté, era una casa abandonada.
Decir que la sensación de haber sido usado durante bastante tiempo para después acabar obteniendo como único sentido el arrastre del óxido y el tiempo durante un gran e inmenso lapso indefinido, sería describir la expresión más básica de mi estado. Porque en realidad a lo que me estoy refiriendo es que no solamente me sentía como una casa abandonada, lo era. Esto incluye puertas desvencijadas, ventanas tapiadas con madera podrida, candelabros quebrados sobre pinturas de rostros y muecas deformes sobre el piso, baños como letrinas al revés, marcas de llanto sobre el polvo encima de cualquier superficie, camas rotas como muñecas (o como esa tela algodonoza y horrible que siempre me resultó repulsiva al tacto) y muchos pero muchísimos más sentidos abstractos que ni pienso ni necesito emular.
Yo era una casa abandonada, y ahora nadie va a venir a rescatarme. Excepto, quizás, a demolerme algún día. Pero no hoy, ni mañana ni pasado. No, no hoy.
Por la tarde, cuando el sol se va poniendo a mis espaldas, puedo ver mi inmensa (tengo planta superior más un altillo) silueta sobre el jardín frontal. Mis ojos, como es de esperarse, son un par de ventanas en el primer piso a través de las cuales puedo ver una porción de realidad debido a que tienen todavía algunos pedazos de madera retorcida y alambres oblicuos. ¿No es gracioso esto? Siempre me consideré capaz de apreciar la realidad que me rodea de una forma entera, comprensible y lógica. El otro día, cuando desperté siendo esta casa abandonada que aún hoy sigo siendo, me di cuenta de que no tenía la más mínima idea de nada. ¿Cómo lo supe? Bueno, no parece una gran ecuación. Ahora casi con absoluta claridad puedo ver hasta la última molécula de los objetos y partes que me componen. Inclusive, con algo de esfuerzo y concentración, alcanzo a vislumbrar algunas características tanto físicas como psicológicas de cada persona que condicionó la existencia de esta casa... desde los albañiles que la sudaron hasta la última familia que la habitó. No es dificil. Todo está dentro mío ahora. Hasta los fantasmas y los vórtices de energía que algunos pobres diablos se inventaron dentro mío. ¿Cómo explicarlo sin que suene confuso? Esta casa abandonada en la que me convertí desde el otro día no fue inventada con tal propósito ni tampoco se encuentra en Siberia. Es bien real para mí desde que soy chico. O sea, está en mi barrio, ¿qué más propicio que eso? Acá venían mis amigos a jugar a la copa, los loquitos a suicidarse y los pinchados a tener sexo. Antes de todo eso, la última familia que la habitó fueron los Gabardina (cinco integrantes bastante violentos y apáticos, según los registros y cicatrices que me dejaron en la memoria). De verdad todo eso parece lejano, como cuando uno intenta recordar cuando sus abuelos eran jovenes y todavía no estaban quebrados, pero ahora no. No, señor.
Cada insulto, cada maltrato, cada arrebato de locura y denigración mancillado por esas personas (y todas, todas las demás) sobre esta casa que hoy soy, se sienten perfectamente frescos. En la carne que ahora es ladrillo. En la piel que ahora es pintura. En mis uñas que ahora son madera. Lo puedo sentir todo de forma clarísima y actualizada, como si todo lo que las personas me hicieron o se hicieron a sí mismas dentro mío hubiese ocurrido en un solo y único día.
Un día muy pero muy largo para la eternidad.
Sabés, cuando una persona comete un acto de gran positividad o gran negatividad polariza ese punto donde lo llevó a cabo. Esta casa que ahora tengo de estómago y corazón no es precisamente un templo Shaolin, es más bien una clase de calabozo infectado de lamentos suicidas, deprimencias ancianas, derrotas vividas sin conciencia provechosa y violación a casi toda regla universal del funcionamiento lógica de la existencia. Esto, claro, significa que el pobre viejo Tony que se pegó un tiro en el altillo mientras pensaba que debería haberse ido a sentar a la puerta de la parroquia para hacerlo, rompió algo valioso con su acto miserable. En ese punto, en ese lugar exacto, el tiempo y el espacio se doblaron, se retorcieron en una danza lujuriosa, extraña y olorienta. Nunca había visto cosa semejante ni en mis sueños más locos, lo aseguro. Pero ahora es claro como el agua y más real que ella todavía. Lo tengo en mi interior, por favor, ¿cómo podría no ser capaz de verlo?
Bueno, rídiculo de mí ahora que lo pienso porque, como es bastante sencillo de deducir, por culpa de todos los acontecimientos y grabaciones hechas en este punto dimensional que me encuentro representando (¿o él a mí?... podría ser... bah, nah, no creo) soy una gran pelota de anomalías, un tumor amorfo y rojizo a punto de implosionar en alguna línea temporal que, después de haberlo hecho, no va a tener la más mínima importancia ya para mí. Cosas así, ¿por qué no fueron nunca claras para mi razonamiento cuando manejé un cuerpo y no una casa? El cuerpo también estaba abandonado, pero por mí mismo. Ahora me abandonaron otros y otras que, a su vez, se habían abandonado a sí mismos en primer lugar. Suena lógico no tener valor alguno por lo ajeno mientras no se tenga el más mínimo conocimiento conciente de uno mismo ocupando un espacio y un tiempo muy pero muy exactos en algún inmenso mapa celestial.
Me acuerdo ahora que cuando esta casa fue un boliche durante un tiempo (creo que una década casi completa) los que la alquilaron dijeron que se escuchaban ruidos de cadenas cada vez que todo el mundo se iba al amanecer y ellos se dedicaban a limpiar el desastre. Es muy irónico acordarme de esto ahora mismo porque siempre tomé esa historia como super real y, ahora que me convertí yo mismo en la casa abandonada, puedo desmentir ese verso. No hay cadenas en el sótano (ojalá fuera un cementerio indio como en esa película... ¿o era un capítulo de Los Simpsons?), lo que hay es una mujer durmiendo en el piso. Te juro que se ve muy pero muy mal y su presencia básicamente es como un borrón negro hecho con fibra sobre esta línea dimensional de la que te hablé antes. ¿Lo verdaderamente raro? No tengo la más mínima idea de quién es ni por qué vive acá, en mis pies, como si fuera una bella durmiente hecha de huesos negros que encima no le pertenecen. Esos huesos son frágiles porque son de resentimientos y putrefacción acumulada, igual a como se ponen los órganos y articulaciones de una persona que aborrece a todo el planeta o culpa a cada ser viviente de su desdicha personal.
Realmente es muy incómodo y me provoca una infelicidad que no soy capaz de describir (a pesar de que lo intento cada día de mi vida) el saberme habitado por entidades que se escapan a mi conocimiento y comprensión. No es nada raro tampoco.
Todas las personas que conozco están hechas de huesos negros.
Datos archivados del Taringa! original
20puntos
167visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
1visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

H
Usuario
Puntos0
Posts4
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.