
Un vecino encontró a Nasruddin cuando éste andaba buscando algo de rodillas. ¿Qué andas buscando, Mullah? Mi llave, La he perdido. Y arrodillados los dos, se pusieron a buscar la llave perdida. Al cabo de un rato dijo el vecino. ¿Dónde la perdiste? En casa. ¡Santo Dios! Y entonces, ¿por qué la buscas aquí? Porque aquí hay más luz.
Os saco a colación este cuento oriental, con motivo de la fiesta de Cristo Rey que celebramos este domingo, donde leemos el Evangelio de Mateo que nos explica, Jesús, lo que nos preguntarán en el último examen de nuestras vidas. Porque tuve hambre, sed, estuve enfermo y me atendisteis. Y cuando ¿te vimos así? Cuando lo hicisteis a uno de estos mis hermanos... A mí me lo hicisteis ¿de qué vale buscar a Dios en lugares santos si donde lo has perdido ha sido en el corazón? Cuando nos presentamos a unas oposiciones, ¡cuánto nos gustaría saber lo que nos van a preguntar, para así poder responderlas a todas y poder ganas las oposiciones!
Ésta página del evangelio nos condensa lo esencial, lo verdaderamente central del mensaje de Jesús. Es el resumen y la quintaesencia de la vida y mensaje de Jesús.
Algunos han llamado 'cristianos ateos' a los que invocando o rezando mucho, sin embargo, solo se aman a sí mismos; y 'ateos cristianos' a todos aquellos que sin, confesar su religiosidad, practican los valores del reino de Dios, y reciben en la penumbra de sus vidas, el saludo de Cristo: «no estás lejos del Reino de Dios». El problema no es si vemos o no a Dios, sino cómo estamos mirando. Nosotros deseamos ver, sentir que vemos a Dios y lo esencial no es sentir a Dios, sino «hacerle». No es que yo crea en Dios, sino que Dios cree en tí. Piensa una cosa que es muy importante, que todas nuestras historias forman parte de la enorme aventura del Reino de Dios. ¿Adónde miras? Nos dirá el Señor. Acordémonos de aquello del apóstol Santiago: la fe sin obras está muerta. Un abrazo.
FIN DEL CRAP