Una lincesa diamond me cagó y te lo cuento
Todo comenzó una cálida noche de noviembre en la que me encontraba taringueando plácidamente, cuando de repente una llamada perturba mi paz. Atiendo y ¿quién era? sino los pibes que me invitaban a salir de mi virgocueva e ir a una joda de una mina que yo ni conocía.
Al principio me mostré reacio a abandonar mi oscura habitación, pero ante la insistencia y las promesas de que la iba a poner, me decidí a darle una chance al mundo exterior. Después de todo... no pegaba una salida desde que terminé el secundario.
Luego de colgar el telefono, terminé la partida de Age of Empires 2 (con los teutones no me para nadie) y me dispuse a acicalarme para la ocasión.
Una lincesa diamond me cagó y te lo cuento
Me bañé, me afieté y me calcé mis mejores pilchas. Me comí manso medio pebete (de jamón y queso, no me gustan a la Dalmau) que me sobró del medio día cuando pasé por la panadería y me decidí a esperar a la muchachada.
A eso de las 22 un coche toca bocina, eran los pibes que venían a mi encuentro.
Salgo y los saludo. Estaba un poco extasiado por las múltiples posibilidades que la noche guardaba para mí. Nos pusimos en marcha y al rato paramos en un quiosco donde compramos bebida, papitas y puchos. Continuamos con nuestro viaje hasta dar con la casa en donde se producía la joda en cuestión. Entré temeroso, pero con paso firme. La música sonaba alto, esos ritmos instintivos, casi prehistóricos de fuertes tambores y zumuva tinto caliente. Por supuesto que yo prefería estar virgueando como todo un diamond en taringa.
Sin embargo las lincesas abundaban y desparramaban su belleza en cada rincón, yo como un iluso fantaseaba con ellas y procuraba recordar sus esculturales cuerpos para la tota que me iba a clavar en casa cuando vuelva. En fin, yo no sabía exactamente qué hacer, así que me fui para la cocina y me serví un poco de alcohol, creyendo que eso me ayudaría a socializar. Luego de unas cuantas copas me decido a bailar un poco. En el comedor de la casa los chicos habían corrido las sillas improvisando una pista de baile. Me dirigí al incipiente bailongo y me dispuse a bailar con alguna lincesa. Vi a una no era linda, pero se veía copada. Me le acerqué y le pregunté si quería bailar. Ella aceptó con una sonrisa forzada.
Luego de un rato vino el horror. Me di cuenta que un grupo de chicos y chicas se reía de mi persona. Lo cierto es que no podía disimular mi virginidad. Miraba los rostros de las personas y por dentro pensaba ELLOS LO SABEN, no pertenezco aquí. Corté el baile con la chica y me tomé unos cuantos tragos más para olvidar que era el chiste de la fiesta. Ya estaba en pedo. Nunca toleré bien el alcohol.
Decidí salir afuera para despejarme un poco, y empecé a caminar en la noche. Di con una plaza y me sentí paralizado cuando una voz femenina dijo "Hola!". Me di vuelta y respondí al saludo. Eran 3 lincesas solas en la plaza. Dos muy bonitas, sentadas en un banquito, y la otra era ALTO DIAMOND y requería todo un banco aparte para ella sola (No exagero).
Cuestión que medio borracho me acerco a hablar y me preguntan si me quería sentar con ellas. Accedí y la diamond corrió sus enormes nalgas dejándome un diminuto lugar donde poner las mías.
La conversación fue muy amena, o al menos eso creí. Para serles sinceros no recuerdo mucho de esta parte, por los efectos del alcohol. Lo importante fue que la diamond me pidió mi celular para anotar en él la dirección en donde ella trabaja, para que un día yo pase por allí y la vea. Yo accedí y le di mi teléfono. Ella anotó la dirección y me lo devolvió.¡Oh Atlas, que iluso fui al creer que un ser tan virgo como yo podía ponerla, colocarla, mojar la chaucha, hacer cabecear al titán o como quieran llamarlo!
Estaba amaneciendo así que me dispuse a ir a la parada del colectivo, no pensaba volver a la fiesta ni volver con mis amigos. Me tomé el bondi, estaba lleno de negros. Como siempre.
Llegué a mi virgocueva y me desplomé exhausto y aún ebrio, sobre la cama.
Al otro día me desperté y rememorando lo ocurrido recordé que la dirección de la lincesa diamond estaba en mi celular. No la había controlado en su momento, cuando ella la anotó. Así que saqué mi celu y me dispuse a ver la dirección en cuestión. Y aquí es donde la historia tiene su cruel desenlace. Abrí el mensaje de borrador que la lincesa me había escrito. Horrorizados mis ojos contemplaron la cruel verdad; y yo, pese a mi negación, ya conocía su amargo sabor. Oh sí, lo sabía muy bien, pero no quería aceptarlo.
Así que mi destino estaba sellado. Muy en el fondo lo sabía, y así también lo sabía la gente al verme. LLEVO LA MARCA DEL VIRGO EN MI ROSTRO. Soy más virgen que la virgen maría... Soy un VIRGUS MÁXIMUS
Bueno eso fue todo papá.
No cometan el mismo error que yo.
La moraleja es nunca abandonar la pajacueva. La vida afuera es muy dura.
Todo comenzó una cálida noche de noviembre en la que me encontraba taringueando plácidamente, cuando de repente una llamada perturba mi paz. Atiendo y ¿quién era? sino los pibes que me invitaban a salir de mi virgocueva e ir a una joda de una mina que yo ni conocía.
Al principio me mostré reacio a abandonar mi oscura habitación, pero ante la insistencia y las promesas de que la iba a poner, me decidí a darle una chance al mundo exterior. Después de todo... no pegaba una salida desde que terminé el secundario.
Luego de colgar el telefono, terminé la partida de Age of Empires 2 (con los teutones no me para nadie) y me dispuse a acicalarme para la ocasión.
Una lincesa diamond me cagó y te lo cuento
Me bañé, me afieté y me calcé mis mejores pilchas. Me comí manso medio pebete (de jamón y queso, no me gustan a la Dalmau) que me sobró del medio día cuando pasé por la panadería y me decidí a esperar a la muchachada.
A eso de las 22 un coche toca bocina, eran los pibes que venían a mi encuentro.
Salgo y los saludo. Estaba un poco extasiado por las múltiples posibilidades que la noche guardaba para mí. Nos pusimos en marcha y al rato paramos en un quiosco donde compramos bebida, papitas y puchos. Continuamos con nuestro viaje hasta dar con la casa en donde se producía la joda en cuestión. Entré temeroso, pero con paso firme. La música sonaba alto, esos ritmos instintivos, casi prehistóricos de fuertes tambores y zumuva tinto caliente. Por supuesto que yo prefería estar virgueando como todo un diamond en taringa.
Sin embargo las lincesas abundaban y desparramaban su belleza en cada rincón, yo como un iluso fantaseaba con ellas y procuraba recordar sus esculturales cuerpos para la tota que me iba a clavar en casa cuando vuelva. En fin, yo no sabía exactamente qué hacer, así que me fui para la cocina y me serví un poco de alcohol, creyendo que eso me ayudaría a socializar. Luego de unas cuantas copas me decido a bailar un poco. En el comedor de la casa los chicos habían corrido las sillas improvisando una pista de baile. Me dirigí al incipiente bailongo y me dispuse a bailar con alguna lincesa. Vi a una no era linda, pero se veía copada. Me le acerqué y le pregunté si quería bailar. Ella aceptó con una sonrisa forzada.
Luego de un rato vino el horror. Me di cuenta que un grupo de chicos y chicas se reía de mi persona. Lo cierto es que no podía disimular mi virginidad. Miraba los rostros de las personas y por dentro pensaba ELLOS LO SABEN, no pertenezco aquí. Corté el baile con la chica y me tomé unos cuantos tragos más para olvidar que era el chiste de la fiesta. Ya estaba en pedo. Nunca toleré bien el alcohol.
Decidí salir afuera para despejarme un poco, y empecé a caminar en la noche. Di con una plaza y me sentí paralizado cuando una voz femenina dijo "Hola!". Me di vuelta y respondí al saludo. Eran 3 lincesas solas en la plaza. Dos muy bonitas, sentadas en un banquito, y la otra era ALTO DIAMOND y requería todo un banco aparte para ella sola (No exagero).
Cuestión que medio borracho me acerco a hablar y me preguntan si me quería sentar con ellas. Accedí y la diamond corrió sus enormes nalgas dejándome un diminuto lugar donde poner las mías.
La conversación fue muy amena, o al menos eso creí. Para serles sinceros no recuerdo mucho de esta parte, por los efectos del alcohol. Lo importante fue que la diamond me pidió mi celular para anotar en él la dirección en donde ella trabaja, para que un día yo pase por allí y la vea. Yo accedí y le di mi teléfono. Ella anotó la dirección y me lo devolvió.¡Oh Atlas, que iluso fui al creer que un ser tan virgo como yo podía ponerla, colocarla, mojar la chaucha, hacer cabecear al titán o como quieran llamarlo!
Estaba amaneciendo así que me dispuse a ir a la parada del colectivo, no pensaba volver a la fiesta ni volver con mis amigos. Me tomé el bondi, estaba lleno de negros. Como siempre.
Llegué a mi virgocueva y me desplomé exhausto y aún ebrio, sobre la cama.
Al otro día me desperté y rememorando lo ocurrido recordé que la dirección de la lincesa diamond estaba en mi celular. No la había controlado en su momento, cuando ella la anotó. Así que saqué mi celu y me dispuse a ver la dirección en cuestión. Y aquí es donde la historia tiene su cruel desenlace. Abrí el mensaje de borrador que la lincesa me había escrito. Horrorizados mis ojos contemplaron la cruel verdad; y yo, pese a mi negación, ya conocía su amargo sabor. Oh sí, lo sabía muy bien, pero no quería aceptarlo.
Así que mi destino estaba sellado. Muy en el fondo lo sabía, y así también lo sabía la gente al verme. LLEVO LA MARCA DEL VIRGO EN MI ROSTRO. Soy más virgen que la virgen maría... Soy un VIRGUS MÁXIMUS
Bueno eso fue todo papá.
No cometan el mismo error que yo.
La moraleja es nunca abandonar la pajacueva. La vida afuera es muy dura.