InicioApuntes Y Monografias…Y dicen que no sé de fútbol…
“_No opines porque las mujeres no saben de fútbol”, me dicen algunos. “_Las mujeres que se dediquen a cocinar”, esa es otra pelotudez más que he escuchado. Yo me pregunto: ¿qué hay que hacer para saber de fútbol? ¿A qué escuela de fútbol van los hombres que no se pierden un partido y saben tanto? ¿Dónde estudiaron para ser árbitros, técnicos, jugadores, jueces de línea, presidentes de clubes, relatores deportivos, etc? Por supuesto que hablo de los hombres comunes de la especie doméstica digo. Esos hombres que se sientan a dejar que la vida pase mientras se pierden en la pantalla y se convierten en primates eufóricos. No hablo de quienes sí hicieron carrera futbolística y se llenan los bolsillos y las cuentas con millones de dólares que la industria del fútbol les ha permitido recaudar. No hablo de los jugadores mercancía que se la pasan cambiando de camiseta al mejor postor o al que les dé una mano. Ni hablo de presidentes de clubes, comisiones, asociaciones nacionales ni federaciones internacionales, ni empresarios de cadenas de televisión, ni de ropa deportiva, ni políticos que tejen hilos en el ambiente corrupto del fútbol. No, no hablo de esa gente, hablo de los hombres de casa como dije, esos que se sacan la remera y se aplastan a putear, gritar, hacer ademanes, festejar goles ajenos, justificar tarjetas rojas o posiciones adelantadas. “_¡Nos robaron, nos robaron!”_ gritan, y uno se imagina que entraron ladrones, que aumentaron los precios, que fueron a cargar combustible, algo así. Pero no, hablan de que el árbitro les robó el partido. Yo me pregunto cuánto les pagan por esa cholulez, por ser abogados defensores de sus equipos o acusadores de los otros. Cuánto les pagan por ponerse una camiseta de un club que no los conoce, obligándolos a aceptar conformes combinaciones ridículas de colores en algunos casos. En fin, pero dicen “_callate que vos no sabés nada de fútbol, cociná, sos mujer”, y yo digo, sí, soy mujer, sé cocinar porque aprendí como puede aprender cualquiera, y de fútbol sé mucho, lo suficiente diría yo como para disfrutar del deporte cuando me genera satisfacción, no para hacerme mala sangre con cosas que no están a mi alcance. Sé mucho de fútbol, como por ejemplo que es una vía de manifestación del fanatismo con el que nacen algunos, que es un mega negocio, como cualquier otro, que muchos lo convierten en una razón para tener rivales, para matar y hacer destrozos con su barra brava de preferencia, que le llaman “una pasión” cuando quieren justificar un comportamiento desaforado al gritar un gol, etc. Sería interesante que las personas que dicen que el fútbol es una pasión comenten alguna otra pasión que tengan, si es que la tienen. Y sé más de fútbol, además de saber cocinar, porque sé hacer bastantes cosas por suerte, soy capaz de aprender mucho. Sé también que no hace falta pecar de ignorante respecto de los nombres de todos los jugadores ni los campeonatos que ganó un equipo, ni cuándo juega y con quién, etc, para poder decir: yo soy de San Lorenzo, y me gusta Boca además, y me encanta que pierda River ¿y qué? A mí también puede gustarme de vez en cuando ver fútbol televisado, pero qué tiene que ver eso con tener que aprenderme tantos datos de gente que ni conozco para tener derecho a opinar. Es posible que en mi ignorancia sea mejor espectadora del juego, pues puedo disfrutar de ver la habilidad y destreza de los jugadores, de la energía y vitalidad de otros, de la inteligencia y audacia, en fin, de las cosas lindas del fútbol. Yo diría que sé más que estos machistas que hablan con xenofobia, sé la mejor parte, que puedo decidir cuándo sentarme a ver un partido, nadie me obliga con el cronograma anual ni todos los fixtures que se quieran inventar. Sé también que para divertirse un rato con la folclórica “cargada” no hace falta ponerle un bozal al otro por condiciones de género, eso es quedarse sin palabras y optar por agresiones. Sé también que mucho de lo que digo o me dijeron es parte de la violencia que hay en las canchas, lugar donde no iría nunca a arriesgar mi pellejo. También ha generado que tantas mujeres sientan la necesidad de adoptar comportamientos masculinos para ser aceptadas como “hinchas con derecho de opinar”, qué frustrante, conozco algunas “patrimachos” (como decía mi abuela a las niñas que parecían varones). Sé también que tengo derecho de opinar lo que se me cante porque lo pienso yo, pues no ando buscando letra prestada de algún comentarista o relator o técnico, etc. También sé que no existe explicación científica que avale la falaz teoría machista de que una mujer no puede hablar de fútbol porque no se sabe ni el nombre de los jugadores. ¿De qué tienen miedo? ¿Se creen dueños los hombres de un territorio que ven amenazado por la presencia femenina? Es más, sé también que es casi improbable que un hombre acepte lo dicho, siempre seguirá negando la capacidad y el derecho de opinar de fútbol a una mujer. Al fútbol tal vez lo inventaron los hombres, y quizás por eso es tan violento. Pero la opinión y la voz son gratis y públicas. Hace rato que es hora que el machismo y el fanatismo se pasen de moda. Muchachos, pónganse media pila. Mujer que sabe algo de fútbol, entre otras cosas.
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