Presentemos brevemente algunos tipos de la Eucaristía que la Iglesia ha visto como tales en determinados personajes o acontecimientos del Antiguo Testamento. El canon romano dice así en efecto: «Dirige tu mirada serena y bondadosa sobre esta ofrenda; acéptala como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec». 1) El sacrificio de Abel El sacrificio de Abel es evocado por la carta de los Hebreos (11,4), donde es presentado como modelo de fe, en virtud de la cual sus sacrificios fueron aceptados por Dios. En otro pasaje dice también la carta a los Hebreos que los cristianos se han acercado a «Jesús, mediador de una nueva alianza, y a la aspersión purificadora de una sangre, que habla mejor que la de Abel» (Heb 12,24). Aquí, la comparación, como se puede ver, se establece entre el sacrificio propio de Cristo en la cruz y el sacrificio, también personal, de Abel. 2) El sacrificio de Abraham En el Nuevo Testamento, el sacrificio de Abraham, que, bajo la petición de Dios, se presta a inmolar a su propio hijo Isaac (Gén 22,1-19), es visto como tipo del sacrificio de Cristo. San Pablo alude a él cuando dice: «El que no perdonó a su hijo, sino antes bien lo entregó por todos nosotros...» (Rom 8,32). Más clara todavía es la alusión de Juan: «Dios ha amado tanto al mundo, que ha entregado a su Hijo único...» (Jn 3,16). Se trata de la misma actitud de Abraham, que entrega a su propio hijo a la muerte. Por su parte, la carta a los Hebreos considera la resurrección de Cristo, y ve en Isaac, recuperado por su padre, una imagen perfecta de Cristo resucitado y recuperado por el Padre tras su muerte: «Pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar de entre los muertos. Por eso lo recobró, para que Isaac fuera también figura» (Heb 11,19). 3) El sacrificio de Melquisedec 79 En Gén 14,18-20 encontramos la figura de Melquisedec, del que se dice que salió al encuentro de Abraham a la vuelta de la victoria sobre Kedorlaomer y los reyes que le acompañaban: «Entonces Melquisedec, rey de Salem, presentó pan y vino, pues era sacerdote del Altísimo, y le bendijo, diciendo: "¡Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de cielo y tierra, y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos a tus manos"» (Gén 14,18-20). Se ha discutido sobre el valor sacrificial del gesto de presentación del pan y del vino por parte de Melquisedec. El verbo hôsî, por sí mismo, no dice nada, pues literalmente significa presentar, hacer salir, y en el Antiguo Testamento no es usado con significado específicamente sacrificial 80. El pan y el vino tampoco constituyen, de suyo, un índice cierto de sacrificio. Es preciso, por tanto, acudir al contexto. En efecto, en él vemos que se añade a la acción de la presentación las siguientes palabras: «pues era sacerdote del Altísimo». Castellino defiende la tesis de que dicho inciso especifica la acción de presentar el pan y el vino; pues, si especificase sólo la identidad personal de Melquisedec, vendría junto al inciso primero: «rey de Salem» 81. Además, dice, esta tesis está apoyada porque a continuación viene una acción sagrada, como es la doble bendición impartida por Melquisedec. Esta interpretación parece favorecida por la traducción de la Vulgata, la cual añade el inciso mencionado («pues era sacerdote del Altísimo») a la presentación del pan y del vino con la partícula enim (al igual que la traducción de la Biblia de Jerusalén que hemos expuesto). Asimismo, el griego de los LXX traduce we por dé, colocándolo justamente después del inciso. Vaccari, por el contrario, no apoya esta tesis y defiende que el inciso puede ir ligado a las bendiciones que siguen, y se apoya para ello en que la partícula dé es adversativa, y se referiría, por tanto, a un hecho nuevo 82; pero también es cierto que Vaccari nota que, de cuatro proposiciones circunstanciales que aparecen en el capítulo, tres se refieren a lo que precede y sólo una a lo que sigue. Sea como fuere, el hecho es que la carta a los Hebreos ve en Melquisedec un tipo de Cristo (Heb 5-7). Melquisedec, por no estar vinculado ni a la ley ni a la descendencia de Aarón, sin principio ni fin, viene a ser un personaje representativo del nuevo y eterno sacerdocio de Cristo, aunque lo cierto es que no hace mención de un sacrificio ofrecido por Melquisedec. Los Padres han visto en el pan y el vino aportados por Melquisedec la materia de un sacrificio ofrecido por él y, por tanto, una figura profética de la Eucaristía. 4) El maná Finalmente, hagamos alusión al maná, como figura de la Eucaristía. En Ex 16,2-5.9-16.31.35 se nos habla de este alimento milagroso, con el que Dios alimentó a su pueblo en la marcha por el desierto. El termino maná es la forma aramea de la voz hebrea man. El Éxodo mismo ofrece una etimología popular del término: los hebreos se habían preguntado: «Man hu?» (¿qué es?) (Ex 16,15), y así se llamó maná a aquel alimento; pero el significado exacto de la palabra maná es desconocido. Moisés explica a su pueblo que este maná es el pan del cielo, el pan que el Señor les ha dado como alimento (Ex 16,15). Es, por tanto, un don de Dios que demuestra su fidelidad en los días difíciles de la rebelión y dispersión en el oasis de Cadés (Núm 14). En Sal 77,24 encontramos una interpretación de este alimento como pan de los ángeles, al igual que la interpretación dada por Sab 16,20. Una espiritualización de este alimento, imagen de la palabra de Dios, es la que aparece en Dt 8,2-3: Dios alimentó al pueblo con el maná para hacerle comprender que el hombre no sólo vive de pan, sino de toda la palabra que sale de la boca de Dios. Y en esta misma línea va Sab 16,20:el maná es la palabra de Dios que nutre una vida superior. Por su parte, San Pablo llama a este alimento del desierto «alimento espiritual» (1 Cor 10,3). Todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebieron de la roca espiritual que les seguía, y la roca era Cristo, dice Pablo. Según una tradición rabínica, la roca de Núm 20,8 acompañó a los israelitas en el desierto; para Pablo, dicha roca simboliza a Cristo preexistente, actuando ya en la historia de Israel. Todo esto sucedió en figura, dice Pablo; en figura de lo que tenía que venir (1 Cor 10,6.11). Es, sobre todo, Juan (Jn 6) el que desarrolla la teología del maná en relación a la Eucaristía. CONCLUSIÓN Una vez que hemos visto las instituciones, ritos y figuras que preparan la Eucaristía en el Antiguo Testamento, particularmente la pascua y la realización ritual de la Alianza, conocemos ya el contexto previo de la misma. Las instituciones principales del Antiguo Testamento, como son la pascua, el rito de la alianza y los sacrificios la preparan. Los profetas ven en perspectiva estas realidades y anuncian la conclusión de una nueva alianza y la realización de un sacrificio puro ofrecido por todo el mundo. Ninguna de estas instituciones tiene un carácter estático y cerrado en sí mismo, pues todas ellas, bajo la iluminación profética, anuncian una plenitud de sentido que las conduce a un culmen insospechado. Por ello se podría decir que el Antiguo Testamento «habla» de la Eucaristía. En el tiempo de la Antigua Alianza sólo Cristo tiene una prefiguración mas rica que la Eucaristía. No en vano es ésta el misterio mismo de Cristo, entregado por él a los hombres.
Prefiguraciones eucaristicas del antiguo testamento
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