HOLA!!! COMPARTO OTROS PEQUEÑOS RELATOS DE FICCIÓN. LA CUNETA: En un lugar desconocido, con cosas desconocidas, allí están ellos. Allí el viento es sólo recuerdo y eco de su sonido, todo el tiempo zumba entre las hojas de los árboles, pero no las mueve. La atmósfera es extraña, sin olores, sólo con evocaciones profundas y desteñidas del olor de las cosas. No hay huellas, ni caminos, ni sombras. No hay rastros de aquellos que transitan por ahí, con paso distraído, sin rumbo, sin latidos. El rumor misterioso y oscuro del agua de la cuneta rodea ese sitio singular. Aquel lugar sin sol ni luna, sólo es iluminado por un resplandor sin origen, no existe el día ni la noche. Ellos no saben dónde emerge la cuneta, lo cierto es que encierra como un anillo toda la dimensión, no nace ni muere en ningún punto, el caudal que posee no tiene boca ni se alimenta. No saben nada porque no se preguntan nada a sí mismos. La cuneta está allí, cercando todo… o nada. Pero no piensan en ella, ni en su misterio. Tampoco intentaron cruzarla jamás, no sienten ni piensan qué hay luego. Sólo transitan dentro del círculo, sólo son imágenes que rodean por dentro la cuneta. Del otro lado vienen algunos con sed, y al cruzar la cuneta olvidan a qué venían. Allí no hace falta agua, ni aire, ni pensamiento. Negra, profunda, fría… sólo contiene su secreto, que circula sin detenerse. El agua cantarina no dice nada, todo es silencio. La cuneta está cercando aquel tránsito varado, aquel sordo lugar de almas, mentes, esencias, espíritus, inteligencias descorporizadas, o como quieras llamarles. EL DESEO DE SAJIBA Estaba riendo a carcajadas, con un vaso de algún alcohol en la mano. Sus dientes brillaban, relucían, se reía y más se acaloraba. Su piel se enrojecía con cada parpadeo, cada risa, cada pensamiento que tenía. El lugar estaba en penumbras, como esa intimidad colectiva de los bares. Muchas personas a su alrededor, y ella, sin nada más que hacer, sólo dejarse ser. Reía con todos y todos le hablaban, ella sólo reía y sostenía el vaso, sentada en una silla alta, apoyada en la barra. Ecos de fondo, risas, conversaciones, susurros y una sensación musical extraña, eléctrica pero tenue y sensual. Un rostro se le acercó al oído, ella sabía que era él, pero quería oír su voz, lo deseaba más que nada en el espacio. Se preparó para escucharlo, se estremecía en la caricia de ese momento. Sentía que el cuello se prolongaba más en éxtasis, y las manos apretadas le temblaban al unísono del alma. Quería oír su voz, porque sabía que era él, lo deseaba, suspiraba, con los ojos abiertos, mirando hacia el abismo, con la certeza vana que era él, quien estaba cerca de su cuello pero nunca llegaba. Nunca llegaba. Su garganta estaba seca, caliente, su frente sudorosa, su cuerpo palpitante. Y no oyó nada, ninguna voz le penetró al interior que le ardía. El rostro se desvaneció, se apagó, como todo lo demás. Despertó. La mañana estaba ahí como siempre con todas las cosas de la casa. Poner los pies en el piso y reiniciar sistemas en modo estándar para comenzar con la rutina. Niños, desayuno, esposo, trabajo. Gente, trabajo, gente, cosas de todos los días, sin más. Todo igual, la vida ´perfecta. Mujer exitosa, admirada, profesional, seria, impecable siempre. Era perfectamente sofisticada, precisa, ubicada, coherente e infaliblemente responsable. Sin embargo nunca pudo dejar de estar narcóticamente enamorada de un vago atorrante que se cruzó en la vida por un tiempo. Un arrogante que tenía la desgraciada belleza en los ojos, de mirada poderosa y dulce, de fuego, de lanza, de proyectil envenenado. Ese condenado que sonreía con la boca torcida, una sonrisa falsa, que ocultaba su perversión hasta con cierta ingenuidad vergonzosa, tímida. Su sonrisa seductora, su mirada incitante, las cosas que decía no significaban nada, pero cómo las decía significaba todo. Un inútil sin brillo, poco inteligente, incapaz de prosperar en nada, descarriado, vicioso, perdido, decadente…Ese era él, el vago atorrante más afrodisíaco de todos, el único que estaba clavado en una costilla y se hacía sentir en cualquier instante. Una vez lo conoció y fue para siempre esa sensación de querer lo prohibido, la conciencia de algo inminente, insostenible, insoportable, desesperante, excitante y dulce, dulce y fresco, adictivo en el paladar. Era tan sofisticada y sin embargo se estremecía al recordar esos tiempos en que todo podía pasar y sólo pasaba sin pasar nada. Esos momentos donde todo fue posible porque él y ella se atraían, se deseaban, jugaban a poder y no hacer nada, ese tiempo en que todo lo que pudo pasar pasó sólo por sus cabezas y sus miradas, y nada más. Del sueño no se acordó en absoluto. Su día fue perfecto, como todos los días. Sajiba a veces discutía con su esposo, pero lo quería, y cuando él no estaba pensaba en lo mucho que lo necesitaba, hasta con sus imperfecciones más insoportables. Tenía casi todo lo que quería, y todo lo que precisaba tener. Una vida ordenada, feliz, y frígida. En el centro de su ser los demonios estaban bien empaquetados. Cada día para ella era nuevo, pero igual. Ese maldito desgraciado que se metió en su costilla para arder conservaba su perfecta sonrisa torcida, su mirada de caníbal que entraba por los ojos y recorría todo el cuerpo manoseando las caderas, apretando los pechos, abrazando la cintura y quemando la boca en un beso doloroso y fantasma. Ese atorrante que no era nadie, seguía provocando los deseos más reprimidos de Sajiba. Sabía que él siempre estaría ahí para ella, para el deseo y la fiebre de algo que no llega. La seguiría mirando con esos ojos infinitos. Le dedicaría en intervalos esa sonrisa torcida y falsa, tímida y diabólica. Le provocaría en los sueños el vértigo y el mareo, y justo antes de que le despedazara la piel a mordidas, caería su cabeza rodando por la sincera realidad en donde nunca pasa nada. Sajiba a veces se encontraba agotada de desear tanto ese dulce sabor que no conoció. Él era ese hombre que estaba allí todo el tiempo, lejos. Y llegaba como un ángel de la perdición a sus sueños para ese casi sentir y casi vivir, para ese final muerto. Pero Sajiba prefería al menos mantener el inconmensurable deseo de beberse el sudor de aquel maldito bello hombre que no haber sabido jamás qué se siente desear así. CONFUSIÓN Estoy viva, sí, siento que estoy viva pues si no fuera así no me latiría tan fuerte el corazón. No puedo ver nada, todo es tan confuso aquí, ni siquiera recuerdo qué pasó. Sólo sé que un grito espeluznante y rojo me trajo hasta aquí mientras yo dormía desvanecida. Pero qué me pasó, dónde estoy, ¿quién quiere hacerme daño? Solo sé que alguien me persigue, tengo que correr antes que me mate. Siento que el corazón se me quiere salir del pecho, pero no puedo moverme, quiero correr, me desespero, sufro, quiero gritar pero no me sale ni un sonido de la garganta, no puedo pedir ayuda. Estoy atada, nada me cubre el rostro ni la boca, pero no puedo ver ni hablar, ¡qué me hicieron! Ahora no siento las piernas, tampoco los brazos, un dolor comienza a meterse dentro de mí como una afilada aguja cada vez más ancha. Quiero gritar y no puedo, estoy desesperada, ¡ayuda por favor, quiero salir de aquí! De pronto quiero hacer memoria de lo que pasó, y se me viene una imagen a la mente: estoy en un balcón sonriendo, mirando a lo lejos. Tengo puesto un largo vestido, amplio, fresco, que se ondea con la suave brisa. Hay colores claros a mí alrededor. El día está soleado, decido salir corriendo hacia una pradera verde, llena de fragantes flores silvestres. Lo imagino, me veo corriendo en cámara lenta, sonrío, estoy en paz. Pero cuando me dispongo a realizar mi cometido, una fuerza invisible me arrastra de espaldas hacia atrás, no puedo ver qué es pero grito con fuerza. De pronto ingreso violentamente a una habitación muy oscura y delante de mí las puertas se cierran estruendosamente, quitando todo rayo de luz de aquel cuarto. Afuera nadie me oyó. Ahora no puedo gritar, la confusión y la impotencia son insoportables en este encierro. No puedo dejar de preguntarme qué es lo que sucede, porqué nadie viene a ayudarme a salir de aquí. Ahora me doy cuenta que escucho fuertemente un sonido desde que desperté, es un latido. Quiero acercarme hacia él, saber de dónde proviene, pero justo ahora que me doy cuenta y comencé a percibirlo, noto que se está desvaneciendo. Poco a poco todo quedó en silencio, pero algo extraño ocurre. Pronto descubro que no oigo mi respiración, y comienzo a experimentar una sensación horrible, me mareo, tiemblo, quiero vomitar, quiero gritar y no puedo. Estoy asustada pero una imagen se estrella contra mis ojos, es un recuerdo, otro distinto. Es un día hermoso para viajar, el aire es fresco y la lluvia paró. El camino tiene esa nostalgia que lo adorna, voy abrazada a alguien, siento que lo conozco pero no lo recuerdo. Él conduce una moto, ese sonido no lo oigo hace rato. Respiro profundamente el aroma húmedo y embriagador de la mañana, tengo los ojos cerrados y disfruto todo, pero algo golpeó mi cabeza y el día se hizo noche. No sé donde estoy, no sé quién soy, no siento mi cuerpo, sólo mi mente. Creí que estaba prisionera, pero lentamente me voy sintiendo liberada. No puedo ver pero tengo la sensación de estar buscando algo, aunque por ahora sólo siento tranquilidad… y sueño. **************
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
8visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

c
Usuario
Puntos0
Posts3
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.