Elsa
Invitado
: La Amistad
Cuando nos transformamos radicalmente,
nuestros amigos,
los que no se han transformado,
se convierten en los fantasmas de nuestro propio pasado;
su voz resuena en nuestros oídos como si viniera de la región de las sombras,
como si nos oyésemos a nosotros mismos,
más jóvenes,
pero más duros y menos maduros.
(Texto de F. Nietzsche tomado de "Humanos, demasiado humanos".
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ingeneratus
amigo viene de amicus y amicus de ánima (alma) y custes (custodio)
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ingeneratus
Elsa escribió:
Cuando nos transformamos radicalmente,
nuestros amigos,
los que no se han transformado,
se convierten en los fantasmas de nuestro propio pasado;
su voz resuena en nuestros oídos como si viniera de la región de las sombras,
como si nos oyésemos a nosotros mismos,
más jóvenes,
pero más duros y menos maduros.
(Texto de F. Nietzsche tomado de "Humanos, demasiado humanos".
Le voy a llevar esta perla nietzcheana a un amigo paraguayo que otrora andaba buscando en el germánico coincidencia y ratificaciones del negocio tradicional, iniciático, tan bien renovado y aclarado por la pluma de CARLOS CASTANEDA. Por otro lado: qué OXÍMORON este : "pero más duros [/b]y menos maduros."
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ingeneratus
Hay un cuento de Papini que desarrolla más o menos este tema...
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ingeneratus
Dos imágenes en un estanque
[Cuento. Texto completo]
Giovanni Papini
¿Sólo para volver a ver mi rostro en un estanque muerto, lleno de hojas muertas, en un jardín estéril, me detuve después de tanto tiempo en la pequeña capital? Cuando me aproximaba a ella no pensaba tener otro motivo que éste.
Regresando del mar y de las grandes ciudades de la costa, sentía el deseo de las cosas ocultas, de las calles estrechas, de los muros silenciosos y un poco ennegrecidos por las lluvias. Estaba seguro de hallar todo eso en la pequeña capital, en la ciudad donde había estudiado durante cinco años, con maestros de clásicas barbas blancas, las ciencias más germánicas y más fantásticas.
Recordaba a menudo la querida ciudad, tan sola en medio de la llanura, como una exiliada (he pensado siempre que existen también ciudades desterradas de su propia patria), sin río, sin torres ni campanarios, casi sin árboles, pero totalmente quieta y resignada en torno al gran palacio rococó, en el que charla y duerme la corte. En las calles, a cada cien pasos, hay un pozo y junto al pozo una fuente y sobre cada fuente un guerrero de terracota, pintado de azul y rojo pálido.
Recordaba también la casa en que viví durante los años de mi aprendizaje científico. Mis ventanas no se abrían sobre la plaza sino sobre un gran jardín, cerrado entre las casas, donde había, en un rincón, un estanque circuido por rocas artificiales. A nadie le importaba el jardín: el viejo señor había muerto y la hija, aburrida y devota, consideraba a los árboles como herejes y a las flores como vanidosas. También el estanque había muerto por su culpa. Ningún chorro brotaba ya de su seno. El agua parecía tan cansada e inmóvil como si fuese la misma desde hacía una cantidad enorme de años. Por lo demás, las hojas de los árboles la cubrían casi enteramente e incluso las hojas parecían haber caído allí en otoños míticamente lejanos.
Este jardín fue el sitio de mis alegrías mientras viví en la pequeña capital. Tenía la libertad de poder visitarlo cada hora y cuando los maestros no me llamaban me sentaba con algún libro junto al estanque, y cuando estaba cansado de leer o la luz menguaba, intentaba mirar mis ojos reflejados en el agua o contaba las viejas hojas y seguía con estática ansiedad sus lentos viajes bajo el hálito desigual del viento. Alguna vez las hojas se apartaban o se reunían todas en el fondo y entonces veía en el agua mi rostro y lo contemplaba tan largamente que me parecía no existir más por mí mismo, con mi cuerpo, sino ser solamente una imagen fijada en el estanque por la eternidad.
Fue por eso que corrí inmediatamente al jardín, apenas llegué a la pequeña capital. Habían pasado muchos años, pero la ciudad se mantenía igual. Por las mismas calles estrechas pasaban las mismas mujeres enanas y amarillentas, de cofias ajadas, y los guerreros de terracota, inútiles y ridículos, se apoyaban en el puño de las espadas sobre las habituales fuentes.
Y también el jardín estaba tal como yo lo había dejado, también el estanque estaba como yo lo vi por última vez, antes de regresar a mi patria. Alguna mata de más en los canteros, algunas hojas más en el estanque y todo el resto como antaño. Quise entonces volver a ver mi cara en el agua y me di cuenta de que era diferente, muy diferente de aquella que tan lúcidamente recordaba. El encanto de ese estanque, de ese sitio volvió a apoderarse de mí. Me senté sobre una de las rocas artificiales y con la mano moví las hojas muertas para formar un espejo más grande a mi rostro palidecido y transfigurado. Permanecí algunos minutos mirando mi imagen y pensando en las leyes del tiempo cuando vi dibujarse en el agua otra imagen junto a la mía. Me volví bruscamente: un hombre se había sentado a mi lado y se reflejaba junto a mí en el estanque. Lo miré sorprendido -volví a mirarlo y me pareció que se me asemejaba un poco. Dirigí de nuevo los ojos al estanque y contemplé otra vez su imagen reflejada sobre el fondo sombrío. Al instante comprendí la verdad: ¡su imagen se parecía perfectamente a la que yo reflejaba siete años antes!
En otro tiempo, quizás, aquello me hubiera espantado y seguramente habría gritado como quien se halla preso en el círculo de alguna invencible obsesión. Pero yo sabía ahora que solamente lo imposible se vuelve real algunas veces y por lo tanto no sentí el menor asomo de terror. Tendí la mano al hombre, que me la estrechó, y le dije:
-Sé que tú eres yo mismo, un yo que pasó hace mucho, un yo que creía muerto pero que vuelvo a ver aquí, tal como lo dejé, sin cambio visible.
Y no sé, oh mi yo pasado, qué deseas de mi yo presente, pero sea lo que fuere no sabré negártelo.
El hombre me miró con cierto estupor, como si me viera por primera vez, y respondió después de unos instantes de vacilación:
"Quisiera estar un poco contigo. Cuando tú creíste partir definitivamente yo permanecí aquí, en esta ciudad donde no pasa el tiempo, sin moverme, sin hacer nada, esperándote. Sabía que regresarías. Habías dejado la parte más sutil de tu alma en el agua de este estanque y de esta alma yo he vivido hasta hoy. Pero ahora quisiera unirme nuevamente a ti, permanecer estrechado a ti, viviendo contigo, escuchando de ti el relato de tus vidas de todos estos años. Yo soy como tú eras entonces y no conozco de ti más que lo que tú conocías entonces. Comprende mi ansiedad de saber y de escuchar. Hazme de nuevo tu compañero hasta que partas una vez más de esta ciudad exiliada del mundo y del tiempo."
Asentí con la cabeza y salimos del jardín tomados de la mano, como dos hermanos.
Comenzó entonces para mí uno de los periodos más singulares de mi vida, esta vida mía tan diferente ya de la de otros hombres. Viví conmigo mismo -con mi yo transcurrido- algunos días de imprevista alegría. Mis dos yo caminaban por las calles mal empedradas, en medio del silencio que reinaba desde hacía tanto tiempo en la pequeña capital -¡un silencio que databa del siglo decimoctavo!-, y conversaban incesantemente tratando de recordar las cosas que vieron, los hombres que conocieron, los sentimientos que los agitaron, los sueños que dejaron un amargo sabor en sus espíritus. Las dos almas -la antigua y la nueva- buscaron juntas la universidad, silenciosa y sepulcral como un monasterio montañés -recorrieron el jardín a la francesa, detrás del palacio rococó, donde las estatuas, mutiladas y ennegrecidas, no concedían más de una mirada a las alamedas infinitas- y se aventuraron hasta el Liliensee, una chacra mal excavada que por decreto de los viejos príncipes había llegado a obtener el nombre de lago. ¡No puedo recordar aquellos días de paseos y de confidencias sin que desfallezca por un instante mi corazón! Pero luego de las primeras horas de efusión, después de los primeros días de evocaciones, comencé a sentir un tedio inenarrable al escuchar a mi compañero. Ciertas ingenuidades, ciertas brutalidades, ciertos modos grotescos que continuamente exhibía me desagradaban. Me percaté, además, al hablar extensamente con él, de que estaba lleno de ideas ridículas, de teorías ya muertas, de entusiasmos provincianos hacia cosas y seres que yo ni siquiera recordaba. Confiaba en ciertas palabras, se conmovía con ciertos versos, se exaltaba ante ciertos espectáculos que a mí, en cambio, me inspiraban muecas o sonrisas. Su cabeza estaba llena todavía de ese romanticismo genérico, desproporcionado, hecho de cabelleras desmelenadas, de montañas malditas, de bosques tenebrosos, de tempestades y de batallas con redoblar de truenos y tambores, y su corazón se deshacía en aquel pathos germánico (flores azules, luna entre nubes, tumbas de castas novias, cabalgatas nocturnas, etcétera) del cual vivían los esmirriados petimetres melancólicos y las señoritas rubias un poco obesas.
Su ingenuo orgullo, su inexperiencia del mundo, su ignorancia profunda de los secretos de la vida, que al principio me divertían, terminaron por cansarme, por suscitar en mí una especie de compasión despreciativa que poco a poco llegó a la repugnancia.
Durante algunos días aún supe resistir mi deseo de insultarlo o de huir, pero una mañana, luego de que hubo declamado con gran énfasis un lied estúpidamente conmovedor, sentí que mi desprecio iba transformándose en odio.
"Y sin embargo, pensé, yo mismo he sido en otra época este hombre del que me burlo, este joven ridículo e ignorante. Él es todavía, de alguna manera, yo mismo. Durante estos largos años yo he vivido, he visto, he adivinado, he pensado y él ha permanecido aquí, en la soledad, intacto, perfectamente igual a ese que era yo el día en que dejé estos lugares. Ahora mi yo presente desprecia a mi yo pasado -y sin embargo en ese tiempo yo creía, más que hoy todavía, ser el hombre superior, el ser alto y noble, el sabio universal, el genio expectante. Y recuerdo que entonces despreciaba a mi yo pasado, mi pequeño yo de niño ignorante y sin refinamiento todavía. Ahora desprecio a aquel que despreciaba. Y todos estos menospreciadores y menospreciados han tenido el mismo nombre, han habitado el mismo cuerpo, se presentaron ante los hombres como un solo ser vivo. Después de mi yo presente, se formará otro que juzgará a mi alma de hoy tal como yo juzgo hoy a la de ayer. ¿Quién tendrá piedad de mí si yo no la tengo para mí mismo?"
Mientras yo pensaba esto, el yo antiguo me hablaba y declamaba. Yo no tenía nada ya para decirle y callaba; él no tenía nada más para decirme, pero, en vez de callar, fabricaba frases y recitaba poesías horriblemente extensas. ¿Qué había ahora de común entre nosotros? Habiendo agotado los recuerdos del pasado lejano, yo no podía hablar con él del pasado próximo, de todo mi mundo reciente de bellezas conocidas, de corazones amados y destrozados, de paradojas improvisadas en torno de la mesa de té, y mucho menos del sueño doloroso que ocupa ahora íntegramente mi alma. Era inútil decirle todo eso; él no me comprendía. El sonido de ciertas palabras que me sugería toda una escena, las asociaciones de ideas de un perfume, de un nombre, de un rumor nada le decían a su alma. Me rogaba que le hablara, y si consentía, me escuchaba con curiosidad pero sin sentir, sin comprender, sin revivir conmigo lo que yo le narraba. Sus ojos se perdían en el vacío y apenas yo enmudecía recomenzaba sus declamaciones y sus melosidades sentimentales.
Llegó, pues, un día en que el odio contra ese pasado yo mío no supo ya contenerse. Le dije entonces con mucha firmeza que no podía más vivir con él y que debía separarme de su compañía para acabar con mi disgusto. Mis palabras lo sorprendieron y lo entristecieron profundamente. Sus ojos me miraron suplicando. Su mano me estrechó con más fuerza.
"¿Por qué quieres dejarme -dijo con su odiosa voz de teatral apasionamiento-; por qué quieres dejarme una vez más tan solo? ¡Te he estado esperando durante tanto tiempo en silencio, durante tantos años he contado las horas que me acercaban a estos momentos! Y ahora que estás conmigo, ahora que te amo, que hablamos del amor y de la belleza del mundo, de los pesares de sus criaturas, ¿quieres dejarme solo en esta ciudad tan triste, tan lentamente triste?"
No respondí a sus palabras sino con un gesto de rabia. Pero cuando me adelanté para irme sentí su brazo aferrarme con violencia y escuché de nuevo su voz que me decía sollozando:
"No, tú no partirás. ¡No te dejaré partir! Soy tan feliz ahora de poder hablar a alguien que puede comprenderme, a alguien que todavía tiene un corazón, ardiente, que viene de las ciudades de los vivos, que puede escuchar todos mis gemidos y acoger mis confesiones. ¡No, tú no partirás, no podrás partir! ¡No permitiré que te vayas!"
Tampoco esta vez respondí y todo el día permanecí con él sin hablar. Él me miraba en silencio y me seguía siempre.
Al día siguiente me preparé para irme pero él se plantó ante la puerta y no me dejó salir hasta que no le hube prometido que me quedaría con él durante todo el día.
Así pasaron todavía cuatro días. Yo intentaba eludirlo, pero él me perseguía constantemente, aburriéndome con sus lamentaciones e impidiéndome, aun por la fuerza, abandonar la ciudad. Mi odio, mi desesperación crecían de hora en hora. Finalmente, al quinto día, viendo que no podía liberarme de su celosa vigilancia, pensé que sólo me quedaba un medio y salí resueltamente de casa seguido de su lamentable sombra.
También aquel día anduvimos por el estéril jardín donde tantas horas había pasado yo con su alma, y nos aproximamos, también aquel día, al estanque muerto cubierto de hojas muertas. También aquel día nos sentamos sobre las falsas rocas y separamos con la mano las hojas para contemplar nuestras imágenes. Cuando nuestros dos rostros aparecieron juntos sobre el espejo sombrío del agua, me volví rápidamente, aferré a mi yo pasado por los hombros y lo arrojé de cara al agua, en el sitio donde aparecía su imagen. Empujé su cabeza bajo la superficie y la sostuve quieta con toda la energía de mi odio exasperado. Él intentó resistirse; sus piernas se agitaron violentamente pero su cabeza permaneció bajo el remolino trémulo del estanque. Después de algunos instantes sentí que su cuerpo se aflojaba y debilitaba. Entonces lo solté y cayó aún más abajo, hacia el fondo del agua. Mi odioso yo pasado, mi ridículo y estúpido yo de otros años había muerto para siempre. Abandoné con calma el jardín y la ciudad. Nadie me molestó jamás por este hecho. Y vivo ahora todavía en el mundo, en las grandes ciudades de la costa, y me parece que me falta algo cuyo preciso recuerdo no poseo. Cuando me asalta la alegría con sus tontas risas pienso que soy el único hombre que ha matado a su yo y que vive todavía. Pero esto no es suficiente para que permanezca serio.
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ingeneratus
Lo de PAPINI es una versión muy menos que profana, muy exotérica del tema... Nietzsche siempre parece el colmo de la tradición; parece que fue un solitario que casi se realiza y emancipa que, por falta de protección iniciática y la hostilidad e incomprensión del medio, los ataques y tormentos de la horizontal y la substancia tenebrosa terminó como terminó, de un modo análogo a Hölderlin...
También, Elsa, con su Nietzstche, me ha recordado a mi SANTA TERESA DE JESÚS que me atrapó , en mi adolescencia, con su CARIDAD LAZARIANA ( quita en vez de dar) de CORTAR EL ROSTRO, DEJAR MORIR DE SER EN EL DESIERTO DE LA AUTOCOMPASÍÓN, CORTAR CON LA ASOCIACIÓN ILÍCITA DE TOMAR EL MUNDO COMO UN HOSPITAL...Formidable cómo TERESA nos explica que la verdadera CARIDAD es el viaje directo hacia Dios o Nuestro Sí Mismo sin la OPACIDAD de ninguna CRIATURA... Cuando esta Sra (SUFI para muchos), REINA DE LAS MORADAS ( MAKAMS, ESTACIONES) y de todo un VIAJE AL SEÑOR DEL PODER (Ibn Arabi) sin detenerse ni distraerse con ningúna ESTACIÓN, corta drasticamente con sus AMIGOS, AMANTES y COMPINCHES del pasado...
angshan
Digamos que esto que expones Elsa seria como la historia que cuenta Genaro a Castaneda cuando lucho contra el aliado? Todas las personas que se cruzaban en su camino no eran mas que fantasmas
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Ante lo inevitable, la serenidad es deseable. Ante lo agitado, el sosiego es recomendable. Ante una pregunta de ruido, la única respuesta será el silencio. *Ibn Asad*
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Invitado
Wudangshan escribió:
Digamos que esto que expones Elsa seria como la historia que cuenta Genaro a Castaneda cuando lucho contra el aliado? Todas las personas que se cruzaban en su camino no eran mas que fantasmas
No wudang
Lo que expone Genaro a Castaneda cuando lucho contra el aliado, seria como la historia que cuenta Elsa.
Wudangshan
redpiramydk
no se por que pero eso de que los demas (personas) que no cambiaron se vuelven tu pasado, me da esta idea, de que son como obstaculos que estan ahi para que regreses a ser el ser de antes, es como si despues de que cambiaras tu forma de vida y te encontraras con una persona que te recuerda a tu forma de vida anterior por que el estuvo ahi haciendote la vida de cuadritos antes, y ahora que has cambiado lo ves y te vuelve a dar un mal recuerdo y sientes que sigues siendo indefenso todavia ante el, pero esa es la prueba, demostrar que es pasado y vencer a ese fantasma de tu pasado...
ojala se entienda la idea
salu2!
FLAMEL
no, no se te entiende nada, habla mas corto y claro, y usá mas puntos y comas. Para eso sirven, para que la gente pueda descansar cuando te leen.
Pantagruel
Invitado
: Cantinfleada de Redpipi
Claro redpipi tienes razón
Es como cuando sientes que lo inevitable esta por suceder en la amplitud del momento tantas veces esperado pero nunca recordado, sin crear lo abstractamente insulso a la deriva de la conciencia con el pudor de la rareza y sin coartada demostrable, analizando el porvenir psicologico , encuentras un placer inminente debido a la amistad que tanto añoras pero que detrás has dejado junto a las aliadas avenidas de desconocidos caminos recorridos sin aportar lo iletrado al asomar la alborada se descubre el hecho fortuito de que estas solo y todos los demás son fantasmas, incluso tu pero excepto Flamel .
Elsa
Invitado
: Un viaje a Itxlan "Fantasmas".
Una vez observado el texto de Nietzsche Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres (1878), junto al paralelismo que nos ofrece Genaro y Carlos en su viaje a Itxlan cruzándose con fantasmas, sabiendo de antemano que la obra de Nietzsche es 100 años aproximadamente anterior a la de Carlos..
Creéis que es un plagio de Carlos o su fuente de inspiración? , o por el contrario una causalidad?
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ingeneratus
Oh, no te imaginás cuánta tinta hemos gastado sobre este tema ( porque en Castaneda está Homero, Schopenahuer, Niezstche, Berkeley, Heidegger, Juan Rulfo, etc, etc, etc,) en los dos foros carlos castaneda y otros con el amigo paraguayo Antonio...Siempre henos fallado a favor de Castaneda porque su estilo y sus efectos consumatorios y ulteriores los salvan; en 1975 proclamaba que lo de Castaneda era el primer MATERIAL FRESCO de los últimos 3000 años...exageraba un poco; pero algo de eso hay: Lo que transmite tiene demasiada BARAKA...Por supuesto que siempre ha sido sospechoso que lo introdujera OCTAVIO PAZ , por sus supuestas vinculaciones con la CIA; otrora, un amigo ( que ahora mudó de idea a favor de Castaneda), lo juzgaba un funcionario más de la CIA ( como TIMOTY LEARY ante el cual se postró hasta ser despreciado sarcásticamente por él) fabulando pescado podrido...
pantagruel escribió:
Elsita, depende
Para Flamel no hay duda que fue un Plagio, y esta es una prueba mas de que Castaneda era un mentiroso manipulador y que todos los que lo leen son crédulos esclavos.
Para A Marga no hay duda de que esto demuestra de que Castaneda podía mover el punto de encaje y viajo al pasado donde se le cayo una copia de Viaje a Ixtlan y fue Nietzche el que plagio a Castaneda, pero que Krisna lo va a castigar.
Para El mago de la galaxia, es todo parte de una conspiración Cósmica que se esta a punto de resolver, por eso hay que estar preparados y tener armas.
Para la Psicologa, el solo hecho de que te hagas esa pregunta, es un claro síntoma de que tienes un complejo de Edipo onanistico con psicopatologias esquizo-paranico-sociopaticas y que nos intentas manipular.
Para Lucas, seguro que le hicieron una regresión hipnótica a Castaneda y lo llevaron a otra vida donde era Nietzche y de sus archivos akashicos sacó esa información.
Para ingeneratus, todo se explica en 20 tópicos de 300 paginas cada uno, pero la conclusión es que Guenon ya ha dado la explicación varias veces.
Para Tito, todo es uno y el ego es lo que hace que todo parezca separado y que exista ilusión del tiempo. Entonces sin ego es fácil acceder a toda la información de todo y nadie plagió a nadie porque no hay dos hay uno.
Para Cralves, el solo cuestionar al Nagual Castaneda significa que no entendiste nada de las enseñanzas de Don Juan y que debería darte vergüenza Elsa, y que no te le cruzes porque el, como guardian de las enseñanzas, del Nagual Carlos y de los creadores del Foro va conducir su carro nuevo o su moto nueva de 6 cilindros y te va a atropellar para hacer justicia.
Wudang va a conseguir la web para ver la película donde muestra como sucedió. Poro solo para juntar herramientas e informacion para el futuro.
Para aprendiz, dice que no sabe, porque la vida lo ha maltratado tanto, pero que es muy posible que los dos lo hayan plagiado a el y que lo tendrian que compensar financiera y energéticamente para que pueda vivir bien y ver energía sin haber movido un dedo nunca para nada, y fumar mariguana con su amigos brujos de Red hot chilli peper.
Para Lazar habría que llevarlos a los dos en el ensueño al infierno y después darle con un caño en la cabeza a los dos.
Para Fran, no importa lo que digas o preguntes, tu, Elsita,tienes razón porque eres la única que quiere del foro.
Y para mi , no sé, porque ya ni me acuerdo cual era la pregunta
Realmente Pantagruel parecés un avatar de Rabelais: Me has hecho recagar de risa ( y ojo que la risa es la contraseña divina)...