La Naturaleza de las Cosas, Lucrecio
Por
Jamie McGregor A. C.
De Rerum Natura como es llamado originalmente el célebre poema del poeta Romano Tito Lucrecio Caro, es un escrito cuya belleza no reside en la composición poética, en su métrica o en las palabras usadas por el escritor, sino por su contenido, su libro, en partes controvertido, irreal, real, correcto, errado… es conocido por muchos en el mundo porque además de exponer y ser materia principal para el estudio de las ideas de Epicuro, muestra un gran avance en el pensamiento humana al intentar Lucrecio en el quitar los dos grandes miedos de la humanidad a todos aquellos que lean tan celebres versos, el miedo a la muerte y a los dioses, aunque siempre se ha controvertido la ideología de Lucrecio respecto a este punto, muchos han ido desde considerarlo Ateo, Agnóstico o simplemente un creyente que no le daba la menor importancia a los Dioses. Pese a que muchos dicen con razón o sin razón, que su obra no es más que un despropósito y quizás producto de su mente desvariada, pues se cree que Lucrecio sufría de accesos de locura, pero siendo así, resulta más loco llegar a decir que un poema con tanta lógica tanto en su composición como en su contenido es producto de una mente perturbada, bien Lucrecio podría sufrir de locura (cosa que se debería dudar), pero debe quedar claro que cuando escribió La Naturaleza estaba en sus momentos de lucidez. Volviendo a la controversia respecto a las ideas de Lucrecio hay que considerar que este fue un hombre verdaderamente muy inteligente que entendió que contra los dioses inexistentes absolutamente poderosos, no se les podía atacar completamente intentando negarlo del todo, pues aunque lo dioses son inexistentes el poder que les da la fe en las personas los convierte en todopoderosos, así, Lucrecio simplemente considero que si los dioses existían, y en gran parte del poema parece concebirlo, no merecen ninguna reverencia o veneración, ni cuidados ni respeto, ni fervor ni temor, porque ellos no intervenían en nuestras vidas ni nosotros en la de ellos, pues, ellos tienen su propio mundo y sus propios problemas, así, Lucrecio puso a los dioses en una especie de “si los dioses existen no son necesarios para nada”, no nos crearon, no nos ayudan, ni nos castigan, no nos premian, no, nada. De una manera sutil Lucrecio puso a los dioses en una posición ridícula, tan absurda, que bien daría lo mismo que existieran o no, porque no sirven ni intervienen de ninguna manera en la vida, pero ello no obedece a que Lucrecio creyera sinceramente en los dioses, si no, que veía en ello una manera de quitarle de a poco a la gente el miedo y fe en la existencia de los dioses, haciéndolos pensar “el no me dice que los dioses no existen, sino que no les debo tener temor, no debo seguirlos, que no debo obedecerlos…”; otra vez, de una manera sutil, la fe en su existencia se puede ir perdiendo por este camino muy fácilmente. Aunque muchos quisieran refutar estas ideas alegando que Lucrecio era un hombre ambiguo (por lo que se convirtió al cristianismo), se engañan o quieren engañar al mundo, pues con una clara interpretación de sus versos se da cuenta uno de sus verdaderas ideas y motivaciones; si bien, Lucrecio se convirtió al cristianismo porque como el mismo lo confesó en una de su cartas “…este ofrece un consuelo y consejo a las almas heridas y perturbadas por las pasiones, pero al igual que con los dioses romanos, no se le debe temer pues no existen […]”, sino es conocido por todos, al menos, muchos saben de la desilusión amorosa que debió sufrir Lucrecio que fueron causa de que en su La Naturaleza hiciera tan fuertes criticas del Amor y viera con tan amarga mirada el amor material que profesaban las mujeres, a ello puede obedecer sus “… consuelo y consejo a las almas […] perturbadas por las pasiones…”. En Rerum Natura así se expresa respecto al amor:
“¡Tan ciega herida errantes los consume!
Agrega a los tormentos que padecen
Sus fuerzas agotadas y perdidas,
Una vida pasada en servidumbre,
La hacienda destruida, muchas deudas,
Abandonadas las obligaciones,
Y vacilante la opinión perdida:
Perfumes y calzado primoroso
De Sición, que sus plantas hermosea:
Y en el oro se engastan esmeraldas
Mayores y de verde más subido,
Y se usan en continuos ejercicios
De la Venus las telas exquisitas,
Que en su sudor se quedan empapadas:
Y el caudal bien ganado por sus padres
En cintas y en adornos es gastado:
Le emplean otras veces en vestidos
De Malta y de Scio: le disipan
En menaje, en convites, en excesos,
En juegos, en perfumes, en coronas,
En las guirnaldas, pero inútilmente;
Porque en el manantial de los placeres
Una cierta amargura sobresalta,
Que molesta y angustia entonces misma;,
Bien porque acaso arguye la conciencia
De una vida holgazana y desidiosa
Pasada en ramerías; ó bien sea
Que una palabra equívoca tirada
Por el objeto amado, como flecha,
Traspasa el corazón apasionado
Y toma en él fomento corno fuego;
Ó bien celoso observa en sus miradas
Distracción hacia él mirando a otro,
Ó ve en su cara risa mofadora.
Si en el amor feliz hay tantas penas,
Innumerables son las inquietudes
De un amor desgraciado y miserable:
Se vienen a los ojos tan de claro,
Que es mejor abrazar, corno he enseñado,
El estar siempre alerta, y no dejarse
Enredar en sus lazos; pues más fácil
Es evitar las redes, que escaparse
Y de Venus romper los fuertes lazos
Cuando el amor nos tiene ya prendidos.
Y aunque fueras cogido y enredado
Podrías evitar el infortunio
Si tú mismo no fueras a buscarle;
Si primero los ojos no cerraras
Sobre todos los vicios de su alma
Y sobre los defectos corporales
De aquel objeto por quien sólo anhelas:
Ciega por lo común a los amantes
La pasión, y les muestra perfecciones
Aéreas; porque vemos que las feas
Aprisionan los hombres de mil modos,
Y hacen obsequio grande a las viciosas:
Y unos de otros se burlan y aconsejan
El aplacar a Venus mutuamente
Que los aflige con amor infame:
Si es negra su querida, para ellos
Es una morenita muy graciosa;
Si sucia y asquerosa, es descuidada;
Si es de ojos pardos, se asemeja a Palas;
Si seca y descarnada, es una corza
Del Ménalo; si enana y pequeñita,
Es una de las gracias, muy salada,
Si alta y agigantada, es majestuosa,
Llena de dignidad; tartamudea
Y no pronuncia bien, es un tropiezo
Gracioso; taciturna, es vergonzosa;
Colérica, envidiosa, bachillera,
Es un fuego vivaz que no reposa;
Cuando de puro tísica se muere,
Es de un temperamento delicado;
Si con la tos se ahoga y desfallece,
Entonces es beldad descaecida,
Y si gorda y tetuda, es una Ceres,
La querida de Baco: si chatilla,
Es silla de placer; ¡nadie podría
Enumerar tan ciegas ilusiones!
Pero demos que sea ella un hechizo
Y que la haya agraciado Venus misma;
No faltan en el mundo otras hermosas,
Y sin ellas pasamos. La hermosura
a las mismas miserias está expuesta,
Y a las mismas flaquezas que la fea;
Tenemos evidencia: y la infelice
Por su hedor insufrible se sahuma,
De la cual huyen mucho sus doncellas,
Y a escondidas dan grandes carcajadas.
Llorando, empero, el despedido amante
Muchas veces adorna los umbrales
Con flores y guirnaldas, derramando
Perfumes en los postes altaneros,
Y da en las puertas besos infelices;
Á quien si ya una vez introducido
Un ligero olorcillo molestara
Al entrar en la casa buscaría
Al punto algún pretexto de alejarse;
Se olvida de las quejas elocuentes
Tanto tiempo pensadas, y se acusa
De mentecato por haber supuesto
En aquella mortal más perfecciones
Que es justo conceder: muy bien lo saben
Nuestras diosas: ocultan por lo mismo
Estas flaquezas de la vida a quienes
Desean sujetar de amor con grillos:
Muy necias son en esto; porque puedes
Correr el velo a todos sus misterios,
É informarte de todos sus secretos:
Y si es de buena índole y modesta,
A mal no llevará que tú igualmente
Veas y observes la miseria humana.
No siempre la mujer con amor falso
Suspira: cuando el cuerpo de su amante
Contra su seno aprieta entre sus brazos;
Cuando sus labios húmedos imprimen
Besos que fluyen el deleite, entonces
Su amor es verdadero, y deseosa
De gozar el placer común a entrambos,
Le incita a que concluya la carrera
Del amor: no podrían de otro modo
Las aves, los ganados y las fieras
Y yeguas a los machos ayuntarse,
Si las hembras calientes no estuvieran,
Sin ellas no excitaran los hervores
Del placer esta dulce resistencia
Tan favorable a la caliente Venus.
¿Por ventura no ves también aquellos
Que un deleite recíproco ayuntara
En mutua ligadura atormentados?
¿Y queriendo los perros desligarse,
En las encrucijadas muchas veces
Cada uno tira mucho por su parte
Cuando los tiene Venus aún pegados
Con fuertes ataduras? No lo harían
Si no fueran comunes los contentos
Que en aquel dulce lazo los unieron,
Teniéndolos a entrambos en prisiones.
Sólo el placer recíproco es deleite”
***
“Conviene, pues, huir los simulacros,
De fomentos de amores alejarnos,
Y volver a otra parte el pensamiento,
Y divertirse con cualquiera objeto;
No fijar el amor en uno solo,
Pues la llama se irrita y se envejece
Col el fomento, y el furor se extiende
Y el mal de día en día se empeora.
Si no entretienes tú con llagas nuevas
Las heridas que te hizo amor primero,
Y haciéndote veleta en los amores
No reprimes el mal desde su origen
Y llevas la pasión hacia otra parte.
Las dulzuras de Venus no renuncia
Aquel que huye de amor: por el contrario,
Coge sus frutos solo sin disgusto.
Gozan siempre las almas racionales
De un deleite purísimo y seguro,
Mejor que los amantes desgraciados,
Que al mismo tiempo de gozar fluctúan
Sobre el hechizo de su amor incierto.
No saben do fijar ojos y manos;
Aprietan con furor entre sus brazos
El objeto primero que agarraron,
Le molestan muchísimo, y sus dientes
Clavan cuando le besan en los labios,
Porque no tienen un deleite puro;
Secretamente son aguijoneados
a maltratar aquel objeto vago
Que motivó su frenesí rabioso:
Pero Venus mitiga los dolores
Gozando del amor suavemente,
Y con blando placer las llagas cura.
Pues los amantes tienen esperanza
De que aquel mismo cuerpo que ha inflamado
Su pecho en amor ciego, puede él mismo
Apagar el incendio que ha movido […]”
A pesar de estas líneas tan amargas, Lucrecio parece considerar que no siempre el amor es tirano, aun en contra de sus ideas epicureistas como lo hace ver en estos versos:
“No es preciso el auxilio de los dioses
Ni las flechas de Venus para amarse.
A veces a más fea mujercilla,
Su conducta, su agrado, su limpieza,
Sus artificios inocentes hacen
Que se acostumbre el hombre fácilmente
a vivir en su trato y compañía,
Porque engendra cariño el mucho trato:
Golpes reiterados, aunque leves,
Al cabo de años triunfan de los cuerpos
Más sólidos. ¿No observas que las gotas
De la lluvia que caen sobre las peñas
Después de mucho tiempo las socavan?”
Lucrecio, fue un hombre que loco o no, expreso una realidad en cuanto a los dioses, la muerte, el amor, la ambición, y en gran parte, una buena hipótesis sobre los inicios de la vida y de las civilizaciones humanas, al menos, para su tiempo. En cuanto a los Dioses, la muerte y lo relacionado con ello, Lucrecio se expresa así en su Rerum Natura:
“[…] La naturaleza de los dioses
Debe gozar por si con paz profunda
De la inmortalidad; muy apartados
De los tumultos de la vida humana,
Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
Por sí mismos, su nada dependientes
De nosotros; ni acciones virtuosas
Ni el enojo y la cólera les mueven”
***
“[…] Mas si alguno
Quiere más que se llame al mar Neptuno
Y a las mieses poner nombre de Ceres,
Y si el nombre de Baco prefiriere
a aquel vocablo propio que tenemos,
Concedamos también llamar la tierra
Con el nombre de madre de los dioses,
Aunque tal madre fabulosa sea”
***
“[…] Los cuerpos,
Formados todos de elementos fijos,
Por una cierta fuerza creadora […]”
***
“Libre al momento es la naturaleza,
De soberbios señores despojada;
Ella misma por sí rige su imperio,
Sin dar parte a los dioses. Pechos santos
De las deidades que en eterna calma
Pasan vida pacífica y serena,
Decid: ¿quién de vosotros dará leyes
Al Universo, y sus valientes riendas
Es capaz de llevar entre sus manos?
¿Y hace a la vez rodar todos los cielos?
¿Y quién con los influjos celestiales
En general las tierras fertiliza,
Y hace que en todo tiempo nos socorran?
¿Quién suspende las nubes tenebrosas,
Del cielo atruena la mansión serena,
Y lanza rayos que regularmente
Los propios templos vuestros arruinan,
Y su furor en vano desenvuelven
En desiertos, y pasan con frecuencia
Al lado de los hombres criminales
Y al virtuoso, al inocente matan?”
***
“[…] Trato de romper los fuertes nudos
De la superstición agobiadora”
***
“Porque serán materia de mi canto
La mansión celestial, sus moradores;
De qué principios la naturaleza
Forma todos los seres, cómo crecen,
Cómo los alimenta y los deshace
Después de haber perdido su existencia:
Los elementos que en mi obra llamo
La materia y los cuerpos genitales,
Y las semillas, los primeros cuerpos,
Porque todas las cosas nacen de ellas.
Pues la naturaleza de los dioses
Debe gozar por sí con paz profunda
De la inmortalidad: muy apartados
De los tumultos de la vida humana,
Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
Por sí mismos, en nada dependientes
De nosotros; ni acciones virtuosas
Ni el enojo y la cólera les mueven.
Cuando la humana vida a nuestros ojos
Oprimida yacía con infamia
En la tierra por grave fanatismo,
Que desde las mansiones celestiales
Alzaba la cabeza amenazando
Los mortales con horrible aspecto,
Al punto un varón griego osó el primero
Levantar hacia él mortales ojos
Y abiertamente declararle guerra:
No intimidó a este hombre señalado
La fama de los dioses, ni sus rayos,
Ni del cielo el colérico murmullo.
El valor extremado de su alma
Se irrita más y más con la codicia
De romper el primero los recintos
Y de Natura las ferradas puertas.
La fuerza vigorosa de su ingenio
Triunfa y se lanza más allá los muros
Inflamados del mundo, y con su mente
Corrió lo, inmensidad, pues victorioso
Nos dice cuáles cosas nacer pueden,
Cuáles no pueden, cómo cada cuerpo
Es limitado por su misma esencia:
Por lo que el fanatismo envilecido
A su voz es hallado con desprecio;
¡Nos iguala a los dioses la victoria!
Más temo mucho en esto que te digo
Pienses acaso no te dé lecciones
De impiedad, enseñándote el camino
De la maldad: por el contrario, ¡oh Memmio!
De acciones execrables y malvadas
Fue causa el fanatismo muchas veces […] ¡Tanta maldad persuade el fanatismo! […]”
***
“Ninguna cosa nace de la nada;
No puede hacerlo la divina esencia:
Aunque reprime a todos los mortales
El miedo de manera que se inclinan
A creer producidas por los dioses
Muchas cosas del cielo y de la tierra,
Por no llegar a comprender sus causas.
Por lo que cuando, hubiéremos probado
Que de la nada nada puede hacerse,
Entonces quedaremos convencidos
Del origen que tiene cada cosa;
Y sin la ayuda de los inmortales
De qué modo los seres son formados”
***
“[…] Los necios
Aman y admiran más lo que está envuelto
En misteriosos términos; su oreja
Suavemente puede ser herida
Y embelesada con gracioso ruido:
Y el dulce halago a la verdad prefieren”
***
“Cuando veas que el mar tus velas cubren,
Y que le hacen gemir por todas partes,
Te figures con esto que aterrada
La superstición huye con espanto
Del ánimo, y el miedo de la muerte
Deja entonces el pecho descuidado.
Pues si vemos que son ridiculeces
Y vanidades estas cosas todas;
Y a la verdad los miedos de los hombres
Y los cuidados que les van siguiendo
No temen el estruendo de las armas
Ni las crueles lanzas; audazmente
Se sientan con los reyes y señores:
Ni sus fulgentes púrpuras respetan,
Ni sus diademas de oro; único fruto
De la ignorancia dudarás que es todo,
Nuestra vida en tinieblas sepultada.
Así como los niños temerosos
Se recelan de todo por la noche,
Así nosotros, tímidos de día
Nos asustamos de lo mismo a veces
Que despavorir suele a los muchachos.
Preciso es que nosotros desterremos
Estas tinieblas y estos sobresaltos,
No con los rayos de la luz del día,
Sino pensando en la naturaleza”
***
“En vano algunos necios imaginan
Que sin la ciencia y numen de los dioses,
Tantos efectos producir no puede
La materia arreglados y precisos,
Ni las vicisitudes de estaciones
Y los varios productos de la tierra
Ni el suave impulso del amor que mueve
Por medio del deleite a los mortales,
Ni el divino placer que da la vida,
Y a propagar les lleva las especies
Porque el género humano no se extinga.
Fingen ellos ser obra de los dioses
Y producción divina todo esto:
Muy engañados van en su sistema”
***
“[…] ¡Cuántos riesgos
Tenemos que vencer! ¡de qué inquietudes,
De qué cuidados y de qué temores
No es desgarrado el corazón del hombre
Que se entrega sin freno a sus pasiones!
¡Cuántos estragos hacen en su alma
Orgullo, obscenidad Y petulancia!
¡Cuántos el lujo y la desidia torpe!
Así el que a todos estos enemigos
Hubiera sujetado, y de su pecho
Los hubiese lanzado con las armas
De la razón tan sólo, ¿no debemos
Colocar este hombre entre los dioses?
¿Qué diremos si en términos divinos
Su lengua desató este mismo sabio
Para hablar de los dioses inmortales
Y para descubrir a nuestros ojos
De la naturaleza los misterios?
Entrando yo en la senda que me he abierto,
Proseguiré enseñándote las leyes
Que hacen que todo ser tenga su límite
Según su formación, y que no pueda
Pasar jamás los límites prescritos
Á su duración propia: pues habiendo
Probado nace el alma con nosotros,
Que no puede durar eternamente,
Que no son más que vanos simulacros
Las fantasmas, imágenes de muertos,
Que creemos en sueños ver nosotros:
Y el orden mismo de mi objeto ahora
Me conduce a tratar del nacimiento
Del mundo y de su término postrero;
Y también a explicarte de qué modo
Los átomos unidos han formado
La tierra, el ciclo, el mar, el Sol, los astros,
Y el globo de la Luna: qué animales
Ha parido la tierra, y cuáles nunca
Pudieron existir: y por qué encanto,
Variando los hombres las palabras
Entre sí, establecieron el comercio
De las ideas; cómo se introdujo
Aquel miedo a los dioses en los pechos
Que en todos los países de la tierra
Conserva templos, lagos, bosques, aras,
Y las santas estatuas de los dioses.
Explicaré las leyes que ha prescrito
Del Sol al curso la Naturaleza
Y a las revoluciones de la Luna;
Para que no creamos falsamente
Que por un espontáneo movimiento
Eternamente ruedan estos astros
Tan obsequiosos entre cielo y tierra,
Para acrecentamiento de los frutos
Y de los animales: ó que sea
Á los dioses debido en cierto modo
El periodo de sus revoluciones:
Porque los que estuvieren persuadidos
Del descuido en que viven las deidades,
Si no obstante se admiran de las causas,
Aun de las naturales apariencias
Que se observan encima de nosotros
En la región etérea, nuevamente
Caen en su inveterado fanatismo
Y nos ponen tiranos inflexibles,
A quienes para colmo de miseria
Conceder un poder ilimitado,
Por no saber qué cosa existir puede,
Cuál no puede, y los límites precisos
Que ha señalado la Naturaleza,
En fin, a la energía de los cuerpos.
Yo no ignoro cuán nueva é increíble
Es la opinión de que la tierra y cielo
Se acabarán, y cuán difícil sea
Para mí convencer a los mortales
De una verdad que hasta ahora no ha llegado
a sus oídos; que por otra parte
No pueden a la vista sujetarla
Ni al tacto, los dos únicos caminos
Que a la evidencia guían hasta el templo
Del espíritu humano: sin embargo,
Yo romperé el silencio: la experiencia
Vendrá quizá en apoyo de mi aserto;
Verás quizá dentro de poco tiempo,
Agitado de horribles terremotos,
Todo el orbe en ruinas convertido.
Aleje de nosotros el destino
Desastre semejante; el raciocinio
Convénzanos más bien que la experiencia
De que es posible se hunda todo el
Globo Con un fragor horrísono deshecho.
Antes de que yo empiece a revelarte
Los decretos del hado, más sagrados
Y mucho más seguros que no aquellos
Que pronuncia la Pitia coronada
De laurel en la trípode de Apolo,
Quiero infundirte aliento con verdades
Consoladoras, por si acaso piensas,
De la superstición aherrojado,
Que la Tierra y el Sol, el mar, el cielo,
Los astros y la Luna son substancias
Eternas y divinas; presumiendo
Que son impíos corno los gigantes,
Dignos de los suplicios más atroces
Por su horrible atentado, los que quieran
Desbaratar las bóvedas del Mundo
Y apagar la clarísima lumbrera
Del Sol con vanas argumentaciones,
Tratando lo inmortal con mortal labio.
Pero están estos cuerpos tan distantes
De la divinidad, y nos parecen
Tan indignos de estar entre los dioses,
Que, al contrario, más bien nos dan ideas
De una materia bruta inanimada:
No se debe creer que el sentimiento
É inteligencia sean propiedades
De cualquier cuerpo indiferentemente”
***
“Tampoco puedes presumir que tengan
Los dioses sus moradas sacrosantas
En una de las partes de este mundo:
Porque ellos son substancias tan sutiles,
Que el sentido no puede percibirlas,
Ni el espíritu apenas comprenderlas:
Si escapan al contacto de las manos,
No deben tocar ellos ningún cuerpo
Que podamos tocar; porque no puede
Tocar el que de suyo es intangible:
Luego muy diferentes de las nuestras
Deben ser sus moradas, tan sutiles
Como sus cuerpos: lo que extensamente
Te probaré en la serie de mi escrito.
Decir, a la verdad, que en favor nuestro
Han querido los dioses disponernos
El orden bello de naturaleza;
Que debemos loar por esto mismo
Esta obra admirable de los dioses;
Por inmortal y eterna reputarla;
Que es un crimen minar con lengua osada
De este edificio eterno los cimientos
Que levantó para la especie humana
El saber de los dioses inmortales:
Estas fábulas y otras semejantes
Indicio, ¡oh Memmio!, son de gran locura.
¿Qué utilidad nuestro agradecimiento
Podría acarrear a aquellos seres
Inmortales por sí y afortunados,
Para empeñarlos en obsequio nuestro
a emprender esta obra y concluirla?
¿Ó qué nuevo interés pudo inducirlos
Pacíficos después de tantos siglos
a codiciar nuevo tenor de vida?
Aquel sólo apetece las mudanzas
Que de suerte infeliz es perseguido:
Pero aquel que jamás probó infortunio
Gozando de tranquila y dulce vida,
¿Qué nuevo estado pudo enamorarle?
¿En las tinieblas y en la angustia estaba
Su vida acaso hundida hasta el momento
En que nueva brilló naturaleza?
Y de no haber nacido, ¿qué desgracia
Nos podía venir? Cualquier nacido
Tan sólo debe apetecer la vida
Mientras blando placer le tenga en ella:
Pero aquel que jamás contado fuera
Entre los que gustaron su dulzura,
¿En no haber existido, qué perdiera?
¿De dónde, pues, sacaron las deidades
Para la creación del Universo
El ejemplar y la primera idea
De los hombres, de modo que pudiesen
Concebir claramente su proyecto
Y ejecutarle? ó ¿cómo conocieron
Las cualidades de los elementos,
Y lo que pueden sus combinaciones
Diferentes, a no ser que la misma
Naturaleza lo haya declarado?”
***
“[…] Suponiendo que yo mismo ignorara
De los principios la naturaleza,
a asegurar, no obstante, me atreviera,
Cielo y naturaleza contemplando,
Que no puede ser hecha por los dioses
Máquina tan viciosa é imperfecta”
***
“[…] En las soledades los peñascos
Repiten las palabras por su orden
Y en articulación cuando buscamos
Entre montes opacos los perdidos
Compañeros, llamándolos a voces.
Sitios he visto yo que repetían
Seis ó siete palabras, diciendo una:
Las palabras así de cerro en cerro
Reflejadas muy bien se distinguían.
Los pueblos comarcanos se figuran
Que las ninfas habitan estos sitios,
Y caprípedos sátiros, diciendo
Los faunos ser, que en estas soledades
Interrumpen la calma silenciosa
Con su nocturno estrépito y retozo
Y que hieren las cuerdas con destreza,
Que acompaña la flauta bien tocada:
Y aseguran sentir los campesinos
Cuando Pan, agitando en su cabeza
Anfibia la corona de los pinos,
Recorre con sus labios retorcidos
Los caramillos, porque nunca deja
De sonar canción rústica la flauta.
Otros muchos prodigios de esta clase
Refieren, y los venden por milagros,
Bien porque no se mire aquella tierra
Que habitan ellos como abandonada
De los dioses, ó bien sean movidos
De otra cualquier razón, como que toda
La raza humana fábulas ansía”
***
“La imagen de un centauro no se forma
Seguramente de un centauro vivo:
No ha criado jamás naturaleza
Semejante animal; es un compuesto
De simulacros de caballo y hombre
Que el acaso juntó; y cual dicho habemos
Su tejido sutil y delicado
La reunión al momento facilita […]”
***
“No es preciso el auxilio de los dioses
Ni las flechas de Venus para amarse.
A veces a más fea mujercilla,
Su conducta, su agrado, su limpieza,
Sus artificios inocentes hacen
Que se acostumbre el hombre fácilmente
a vivir en su trato y compañía,
Porque engendra cariño el mucho trato:
Golpes reiterados, aunque leves,
Al cabo de años triunfan de los cuerpos
Más sólidos. ¿No observas que las gotas
De la lluvia que caen sobre las peñas
Después de mucho tiempo las socavan?”
***
“Efectos naturales, pues, son todos,
Y se puede atinar bien con sus causas
Sin presumir que sean estos sitios
Mucho más bien las puertas infernales
Por do los dioses del obscuro imperio
Atraen quizá las almas de los muertos
Sobre la orilla de Aquerón; conforme
A la opinión común de que la simple
Aspiración de los ligeros ciervos
Saca de sus guaridas las serpientes” A propósito de los Volcanes
***
Así, Lucrecio, trata muchos temas relacionados con la naturaleza, la vida, anécdotas, y las personas y sus vidas, siempre con aciertos y otros con versos totalmente errados, pero ya es bastante que un hombre de su época haya hecho descubrimientos científicos, sociales y entre otros tan acertados; aunque tengo muchas más frases y fragmentos creo que ya ha sido suficiente mi exposición y me temo que debo parar y dejar a ustedes que lean esta magnífico libro.
Se vale comentar respetuosamente, claro está, si quieren el libro versión digital, nada más déjenme su correo en un comentario o en un MP y les mandare una versión de este libro bajo licencia GNU de Creative Commons, pero claro os agradecería unos puntillos. Ok. Os veremos en otros post.
P.D: Como no tengo Internet en mi casa, no prometo que pronto os mande el libro en PDF pero de que os llega, os llega. No preocupéis.



Por
Jamie McGregor A. C.
De Rerum Natura como es llamado originalmente el célebre poema del poeta Romano Tito Lucrecio Caro, es un escrito cuya belleza no reside en la composición poética, en su métrica o en las palabras usadas por el escritor, sino por su contenido, su libro, en partes controvertido, irreal, real, correcto, errado… es conocido por muchos en el mundo porque además de exponer y ser materia principal para el estudio de las ideas de Epicuro, muestra un gran avance en el pensamiento humana al intentar Lucrecio en el quitar los dos grandes miedos de la humanidad a todos aquellos que lean tan celebres versos, el miedo a la muerte y a los dioses, aunque siempre se ha controvertido la ideología de Lucrecio respecto a este punto, muchos han ido desde considerarlo Ateo, Agnóstico o simplemente un creyente que no le daba la menor importancia a los Dioses. Pese a que muchos dicen con razón o sin razón, que su obra no es más que un despropósito y quizás producto de su mente desvariada, pues se cree que Lucrecio sufría de accesos de locura, pero siendo así, resulta más loco llegar a decir que un poema con tanta lógica tanto en su composición como en su contenido es producto de una mente perturbada, bien Lucrecio podría sufrir de locura (cosa que se debería dudar), pero debe quedar claro que cuando escribió La Naturaleza estaba en sus momentos de lucidez. Volviendo a la controversia respecto a las ideas de Lucrecio hay que considerar que este fue un hombre verdaderamente muy inteligente que entendió que contra los dioses inexistentes absolutamente poderosos, no se les podía atacar completamente intentando negarlo del todo, pues aunque lo dioses son inexistentes el poder que les da la fe en las personas los convierte en todopoderosos, así, Lucrecio simplemente considero que si los dioses existían, y en gran parte del poema parece concebirlo, no merecen ninguna reverencia o veneración, ni cuidados ni respeto, ni fervor ni temor, porque ellos no intervenían en nuestras vidas ni nosotros en la de ellos, pues, ellos tienen su propio mundo y sus propios problemas, así, Lucrecio puso a los dioses en una especie de “si los dioses existen no son necesarios para nada”, no nos crearon, no nos ayudan, ni nos castigan, no nos premian, no, nada. De una manera sutil Lucrecio puso a los dioses en una posición ridícula, tan absurda, que bien daría lo mismo que existieran o no, porque no sirven ni intervienen de ninguna manera en la vida, pero ello no obedece a que Lucrecio creyera sinceramente en los dioses, si no, que veía en ello una manera de quitarle de a poco a la gente el miedo y fe en la existencia de los dioses, haciéndolos pensar “el no me dice que los dioses no existen, sino que no les debo tener temor, no debo seguirlos, que no debo obedecerlos…”; otra vez, de una manera sutil, la fe en su existencia se puede ir perdiendo por este camino muy fácilmente. Aunque muchos quisieran refutar estas ideas alegando que Lucrecio era un hombre ambiguo (por lo que se convirtió al cristianismo), se engañan o quieren engañar al mundo, pues con una clara interpretación de sus versos se da cuenta uno de sus verdaderas ideas y motivaciones; si bien, Lucrecio se convirtió al cristianismo porque como el mismo lo confesó en una de su cartas “…este ofrece un consuelo y consejo a las almas heridas y perturbadas por las pasiones, pero al igual que con los dioses romanos, no se le debe temer pues no existen […]”, sino es conocido por todos, al menos, muchos saben de la desilusión amorosa que debió sufrir Lucrecio que fueron causa de que en su La Naturaleza hiciera tan fuertes criticas del Amor y viera con tan amarga mirada el amor material que profesaban las mujeres, a ello puede obedecer sus “… consuelo y consejo a las almas […] perturbadas por las pasiones…”. En Rerum Natura así se expresa respecto al amor:
“¡Tan ciega herida errantes los consume!
Agrega a los tormentos que padecen
Sus fuerzas agotadas y perdidas,
Una vida pasada en servidumbre,
La hacienda destruida, muchas deudas,
Abandonadas las obligaciones,
Y vacilante la opinión perdida:
Perfumes y calzado primoroso
De Sición, que sus plantas hermosea:
Y en el oro se engastan esmeraldas
Mayores y de verde más subido,
Y se usan en continuos ejercicios
De la Venus las telas exquisitas,
Que en su sudor se quedan empapadas:
Y el caudal bien ganado por sus padres
En cintas y en adornos es gastado:
Le emplean otras veces en vestidos
De Malta y de Scio: le disipan
En menaje, en convites, en excesos,
En juegos, en perfumes, en coronas,
En las guirnaldas, pero inútilmente;
Porque en el manantial de los placeres
Una cierta amargura sobresalta,
Que molesta y angustia entonces misma;,
Bien porque acaso arguye la conciencia
De una vida holgazana y desidiosa
Pasada en ramerías; ó bien sea
Que una palabra equívoca tirada
Por el objeto amado, como flecha,
Traspasa el corazón apasionado
Y toma en él fomento corno fuego;
Ó bien celoso observa en sus miradas
Distracción hacia él mirando a otro,
Ó ve en su cara risa mofadora.
Si en el amor feliz hay tantas penas,
Innumerables son las inquietudes
De un amor desgraciado y miserable:
Se vienen a los ojos tan de claro,
Que es mejor abrazar, corno he enseñado,
El estar siempre alerta, y no dejarse
Enredar en sus lazos; pues más fácil
Es evitar las redes, que escaparse
Y de Venus romper los fuertes lazos
Cuando el amor nos tiene ya prendidos.
Y aunque fueras cogido y enredado
Podrías evitar el infortunio
Si tú mismo no fueras a buscarle;
Si primero los ojos no cerraras
Sobre todos los vicios de su alma
Y sobre los defectos corporales
De aquel objeto por quien sólo anhelas:
Ciega por lo común a los amantes
La pasión, y les muestra perfecciones
Aéreas; porque vemos que las feas
Aprisionan los hombres de mil modos,
Y hacen obsequio grande a las viciosas:
Y unos de otros se burlan y aconsejan
El aplacar a Venus mutuamente
Que los aflige con amor infame:
Si es negra su querida, para ellos
Es una morenita muy graciosa;
Si sucia y asquerosa, es descuidada;
Si es de ojos pardos, se asemeja a Palas;
Si seca y descarnada, es una corza
Del Ménalo; si enana y pequeñita,
Es una de las gracias, muy salada,
Si alta y agigantada, es majestuosa,
Llena de dignidad; tartamudea
Y no pronuncia bien, es un tropiezo
Gracioso; taciturna, es vergonzosa;
Colérica, envidiosa, bachillera,
Es un fuego vivaz que no reposa;
Cuando de puro tísica se muere,
Es de un temperamento delicado;
Si con la tos se ahoga y desfallece,
Entonces es beldad descaecida,
Y si gorda y tetuda, es una Ceres,
La querida de Baco: si chatilla,
Es silla de placer; ¡nadie podría
Enumerar tan ciegas ilusiones!
Pero demos que sea ella un hechizo
Y que la haya agraciado Venus misma;
No faltan en el mundo otras hermosas,
Y sin ellas pasamos. La hermosura
a las mismas miserias está expuesta,
Y a las mismas flaquezas que la fea;
Tenemos evidencia: y la infelice
Por su hedor insufrible se sahuma,
De la cual huyen mucho sus doncellas,
Y a escondidas dan grandes carcajadas.
Llorando, empero, el despedido amante
Muchas veces adorna los umbrales
Con flores y guirnaldas, derramando
Perfumes en los postes altaneros,
Y da en las puertas besos infelices;
Á quien si ya una vez introducido
Un ligero olorcillo molestara
Al entrar en la casa buscaría
Al punto algún pretexto de alejarse;
Se olvida de las quejas elocuentes
Tanto tiempo pensadas, y se acusa
De mentecato por haber supuesto
En aquella mortal más perfecciones
Que es justo conceder: muy bien lo saben
Nuestras diosas: ocultan por lo mismo
Estas flaquezas de la vida a quienes
Desean sujetar de amor con grillos:
Muy necias son en esto; porque puedes
Correr el velo a todos sus misterios,
É informarte de todos sus secretos:
Y si es de buena índole y modesta,
A mal no llevará que tú igualmente
Veas y observes la miseria humana.
No siempre la mujer con amor falso
Suspira: cuando el cuerpo de su amante
Contra su seno aprieta entre sus brazos;
Cuando sus labios húmedos imprimen
Besos que fluyen el deleite, entonces
Su amor es verdadero, y deseosa
De gozar el placer común a entrambos,
Le incita a que concluya la carrera
Del amor: no podrían de otro modo
Las aves, los ganados y las fieras
Y yeguas a los machos ayuntarse,
Si las hembras calientes no estuvieran,
Sin ellas no excitaran los hervores
Del placer esta dulce resistencia
Tan favorable a la caliente Venus.
¿Por ventura no ves también aquellos
Que un deleite recíproco ayuntara
En mutua ligadura atormentados?
¿Y queriendo los perros desligarse,
En las encrucijadas muchas veces
Cada uno tira mucho por su parte
Cuando los tiene Venus aún pegados
Con fuertes ataduras? No lo harían
Si no fueran comunes los contentos
Que en aquel dulce lazo los unieron,
Teniéndolos a entrambos en prisiones.
Sólo el placer recíproco es deleite”
***
“Conviene, pues, huir los simulacros,
De fomentos de amores alejarnos,
Y volver a otra parte el pensamiento,
Y divertirse con cualquiera objeto;
No fijar el amor en uno solo,
Pues la llama se irrita y se envejece
Col el fomento, y el furor se extiende
Y el mal de día en día se empeora.
Si no entretienes tú con llagas nuevas
Las heridas que te hizo amor primero,
Y haciéndote veleta en los amores
No reprimes el mal desde su origen
Y llevas la pasión hacia otra parte.
Las dulzuras de Venus no renuncia
Aquel que huye de amor: por el contrario,
Coge sus frutos solo sin disgusto.
Gozan siempre las almas racionales
De un deleite purísimo y seguro,
Mejor que los amantes desgraciados,
Que al mismo tiempo de gozar fluctúan
Sobre el hechizo de su amor incierto.
No saben do fijar ojos y manos;
Aprietan con furor entre sus brazos
El objeto primero que agarraron,
Le molestan muchísimo, y sus dientes
Clavan cuando le besan en los labios,
Porque no tienen un deleite puro;
Secretamente son aguijoneados
a maltratar aquel objeto vago
Que motivó su frenesí rabioso:
Pero Venus mitiga los dolores
Gozando del amor suavemente,
Y con blando placer las llagas cura.
Pues los amantes tienen esperanza
De que aquel mismo cuerpo que ha inflamado
Su pecho en amor ciego, puede él mismo
Apagar el incendio que ha movido […]”
A pesar de estas líneas tan amargas, Lucrecio parece considerar que no siempre el amor es tirano, aun en contra de sus ideas epicureistas como lo hace ver en estos versos:
“No es preciso el auxilio de los dioses
Ni las flechas de Venus para amarse.
A veces a más fea mujercilla,
Su conducta, su agrado, su limpieza,
Sus artificios inocentes hacen
Que se acostumbre el hombre fácilmente
a vivir en su trato y compañía,
Porque engendra cariño el mucho trato:
Golpes reiterados, aunque leves,
Al cabo de años triunfan de los cuerpos
Más sólidos. ¿No observas que las gotas
De la lluvia que caen sobre las peñas
Después de mucho tiempo las socavan?”
Lucrecio, fue un hombre que loco o no, expreso una realidad en cuanto a los dioses, la muerte, el amor, la ambición, y en gran parte, una buena hipótesis sobre los inicios de la vida y de las civilizaciones humanas, al menos, para su tiempo. En cuanto a los Dioses, la muerte y lo relacionado con ello, Lucrecio se expresa así en su Rerum Natura:
“[…] La naturaleza de los dioses
Debe gozar por si con paz profunda
De la inmortalidad; muy apartados
De los tumultos de la vida humana,
Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
Por sí mismos, su nada dependientes
De nosotros; ni acciones virtuosas
Ni el enojo y la cólera les mueven”
***
“[…] Mas si alguno
Quiere más que se llame al mar Neptuno
Y a las mieses poner nombre de Ceres,
Y si el nombre de Baco prefiriere
a aquel vocablo propio que tenemos,
Concedamos también llamar la tierra
Con el nombre de madre de los dioses,
Aunque tal madre fabulosa sea”
***
“[…] Los cuerpos,
Formados todos de elementos fijos,
Por una cierta fuerza creadora […]”
***
“Libre al momento es la naturaleza,
De soberbios señores despojada;
Ella misma por sí rige su imperio,
Sin dar parte a los dioses. Pechos santos
De las deidades que en eterna calma
Pasan vida pacífica y serena,
Decid: ¿quién de vosotros dará leyes
Al Universo, y sus valientes riendas
Es capaz de llevar entre sus manos?
¿Y hace a la vez rodar todos los cielos?
¿Y quién con los influjos celestiales
En general las tierras fertiliza,
Y hace que en todo tiempo nos socorran?
¿Quién suspende las nubes tenebrosas,
Del cielo atruena la mansión serena,
Y lanza rayos que regularmente
Los propios templos vuestros arruinan,
Y su furor en vano desenvuelven
En desiertos, y pasan con frecuencia
Al lado de los hombres criminales
Y al virtuoso, al inocente matan?”
***
“[…] Trato de romper los fuertes nudos
De la superstición agobiadora”
***
“Porque serán materia de mi canto
La mansión celestial, sus moradores;
De qué principios la naturaleza
Forma todos los seres, cómo crecen,
Cómo los alimenta y los deshace
Después de haber perdido su existencia:
Los elementos que en mi obra llamo
La materia y los cuerpos genitales,
Y las semillas, los primeros cuerpos,
Porque todas las cosas nacen de ellas.
Pues la naturaleza de los dioses
Debe gozar por sí con paz profunda
De la inmortalidad: muy apartados
De los tumultos de la vida humana,
Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
Por sí mismos, en nada dependientes
De nosotros; ni acciones virtuosas
Ni el enojo y la cólera les mueven.
Cuando la humana vida a nuestros ojos
Oprimida yacía con infamia
En la tierra por grave fanatismo,
Que desde las mansiones celestiales
Alzaba la cabeza amenazando
Los mortales con horrible aspecto,
Al punto un varón griego osó el primero
Levantar hacia él mortales ojos
Y abiertamente declararle guerra:
No intimidó a este hombre señalado
La fama de los dioses, ni sus rayos,
Ni del cielo el colérico murmullo.
El valor extremado de su alma
Se irrita más y más con la codicia
De romper el primero los recintos
Y de Natura las ferradas puertas.
La fuerza vigorosa de su ingenio
Triunfa y se lanza más allá los muros
Inflamados del mundo, y con su mente
Corrió lo, inmensidad, pues victorioso
Nos dice cuáles cosas nacer pueden,
Cuáles no pueden, cómo cada cuerpo
Es limitado por su misma esencia:
Por lo que el fanatismo envilecido
A su voz es hallado con desprecio;
¡Nos iguala a los dioses la victoria!
Más temo mucho en esto que te digo
Pienses acaso no te dé lecciones
De impiedad, enseñándote el camino
De la maldad: por el contrario, ¡oh Memmio!
De acciones execrables y malvadas
Fue causa el fanatismo muchas veces […] ¡Tanta maldad persuade el fanatismo! […]”
***
“Ninguna cosa nace de la nada;
No puede hacerlo la divina esencia:
Aunque reprime a todos los mortales
El miedo de manera que se inclinan
A creer producidas por los dioses
Muchas cosas del cielo y de la tierra,
Por no llegar a comprender sus causas.
Por lo que cuando, hubiéremos probado
Que de la nada nada puede hacerse,
Entonces quedaremos convencidos
Del origen que tiene cada cosa;
Y sin la ayuda de los inmortales
De qué modo los seres son formados”
***
“[…] Los necios
Aman y admiran más lo que está envuelto
En misteriosos términos; su oreja
Suavemente puede ser herida
Y embelesada con gracioso ruido:
Y el dulce halago a la verdad prefieren”
***
“Cuando veas que el mar tus velas cubren,
Y que le hacen gemir por todas partes,
Te figures con esto que aterrada
La superstición huye con espanto
Del ánimo, y el miedo de la muerte
Deja entonces el pecho descuidado.
Pues si vemos que son ridiculeces
Y vanidades estas cosas todas;
Y a la verdad los miedos de los hombres
Y los cuidados que les van siguiendo
No temen el estruendo de las armas
Ni las crueles lanzas; audazmente
Se sientan con los reyes y señores:
Ni sus fulgentes púrpuras respetan,
Ni sus diademas de oro; único fruto
De la ignorancia dudarás que es todo,
Nuestra vida en tinieblas sepultada.
Así como los niños temerosos
Se recelan de todo por la noche,
Así nosotros, tímidos de día
Nos asustamos de lo mismo a veces
Que despavorir suele a los muchachos.
Preciso es que nosotros desterremos
Estas tinieblas y estos sobresaltos,
No con los rayos de la luz del día,
Sino pensando en la naturaleza”
***
“En vano algunos necios imaginan
Que sin la ciencia y numen de los dioses,
Tantos efectos producir no puede
La materia arreglados y precisos,
Ni las vicisitudes de estaciones
Y los varios productos de la tierra
Ni el suave impulso del amor que mueve
Por medio del deleite a los mortales,
Ni el divino placer que da la vida,
Y a propagar les lleva las especies
Porque el género humano no se extinga.
Fingen ellos ser obra de los dioses
Y producción divina todo esto:
Muy engañados van en su sistema”
***
“[…] ¡Cuántos riesgos
Tenemos que vencer! ¡de qué inquietudes,
De qué cuidados y de qué temores
No es desgarrado el corazón del hombre
Que se entrega sin freno a sus pasiones!
¡Cuántos estragos hacen en su alma
Orgullo, obscenidad Y petulancia!
¡Cuántos el lujo y la desidia torpe!
Así el que a todos estos enemigos
Hubiera sujetado, y de su pecho
Los hubiese lanzado con las armas
De la razón tan sólo, ¿no debemos
Colocar este hombre entre los dioses?
¿Qué diremos si en términos divinos
Su lengua desató este mismo sabio
Para hablar de los dioses inmortales
Y para descubrir a nuestros ojos
De la naturaleza los misterios?
Entrando yo en la senda que me he abierto,
Proseguiré enseñándote las leyes
Que hacen que todo ser tenga su límite
Según su formación, y que no pueda
Pasar jamás los límites prescritos
Á su duración propia: pues habiendo
Probado nace el alma con nosotros,
Que no puede durar eternamente,
Que no son más que vanos simulacros
Las fantasmas, imágenes de muertos,
Que creemos en sueños ver nosotros:
Y el orden mismo de mi objeto ahora
Me conduce a tratar del nacimiento
Del mundo y de su término postrero;
Y también a explicarte de qué modo
Los átomos unidos han formado
La tierra, el ciclo, el mar, el Sol, los astros,
Y el globo de la Luna: qué animales
Ha parido la tierra, y cuáles nunca
Pudieron existir: y por qué encanto,
Variando los hombres las palabras
Entre sí, establecieron el comercio
De las ideas; cómo se introdujo
Aquel miedo a los dioses en los pechos
Que en todos los países de la tierra
Conserva templos, lagos, bosques, aras,
Y las santas estatuas de los dioses.
Explicaré las leyes que ha prescrito
Del Sol al curso la Naturaleza
Y a las revoluciones de la Luna;
Para que no creamos falsamente
Que por un espontáneo movimiento
Eternamente ruedan estos astros
Tan obsequiosos entre cielo y tierra,
Para acrecentamiento de los frutos
Y de los animales: ó que sea
Á los dioses debido en cierto modo
El periodo de sus revoluciones:
Porque los que estuvieren persuadidos
Del descuido en que viven las deidades,
Si no obstante se admiran de las causas,
Aun de las naturales apariencias
Que se observan encima de nosotros
En la región etérea, nuevamente
Caen en su inveterado fanatismo
Y nos ponen tiranos inflexibles,
A quienes para colmo de miseria
Conceder un poder ilimitado,
Por no saber qué cosa existir puede,
Cuál no puede, y los límites precisos
Que ha señalado la Naturaleza,
En fin, a la energía de los cuerpos.
Yo no ignoro cuán nueva é increíble
Es la opinión de que la tierra y cielo
Se acabarán, y cuán difícil sea
Para mí convencer a los mortales
De una verdad que hasta ahora no ha llegado
a sus oídos; que por otra parte
No pueden a la vista sujetarla
Ni al tacto, los dos únicos caminos
Que a la evidencia guían hasta el templo
Del espíritu humano: sin embargo,
Yo romperé el silencio: la experiencia
Vendrá quizá en apoyo de mi aserto;
Verás quizá dentro de poco tiempo,
Agitado de horribles terremotos,
Todo el orbe en ruinas convertido.
Aleje de nosotros el destino
Desastre semejante; el raciocinio
Convénzanos más bien que la experiencia
De que es posible se hunda todo el
Globo Con un fragor horrísono deshecho.
Antes de que yo empiece a revelarte
Los decretos del hado, más sagrados
Y mucho más seguros que no aquellos
Que pronuncia la Pitia coronada
De laurel en la trípode de Apolo,
Quiero infundirte aliento con verdades
Consoladoras, por si acaso piensas,
De la superstición aherrojado,
Que la Tierra y el Sol, el mar, el cielo,
Los astros y la Luna son substancias
Eternas y divinas; presumiendo
Que son impíos corno los gigantes,
Dignos de los suplicios más atroces
Por su horrible atentado, los que quieran
Desbaratar las bóvedas del Mundo
Y apagar la clarísima lumbrera
Del Sol con vanas argumentaciones,
Tratando lo inmortal con mortal labio.
Pero están estos cuerpos tan distantes
De la divinidad, y nos parecen
Tan indignos de estar entre los dioses,
Que, al contrario, más bien nos dan ideas
De una materia bruta inanimada:
No se debe creer que el sentimiento
É inteligencia sean propiedades
De cualquier cuerpo indiferentemente”
***
“Tampoco puedes presumir que tengan
Los dioses sus moradas sacrosantas
En una de las partes de este mundo:
Porque ellos son substancias tan sutiles,
Que el sentido no puede percibirlas,
Ni el espíritu apenas comprenderlas:
Si escapan al contacto de las manos,
No deben tocar ellos ningún cuerpo
Que podamos tocar; porque no puede
Tocar el que de suyo es intangible:
Luego muy diferentes de las nuestras
Deben ser sus moradas, tan sutiles
Como sus cuerpos: lo que extensamente
Te probaré en la serie de mi escrito.
Decir, a la verdad, que en favor nuestro
Han querido los dioses disponernos
El orden bello de naturaleza;
Que debemos loar por esto mismo
Esta obra admirable de los dioses;
Por inmortal y eterna reputarla;
Que es un crimen minar con lengua osada
De este edificio eterno los cimientos
Que levantó para la especie humana
El saber de los dioses inmortales:
Estas fábulas y otras semejantes
Indicio, ¡oh Memmio!, son de gran locura.
¿Qué utilidad nuestro agradecimiento
Podría acarrear a aquellos seres
Inmortales por sí y afortunados,
Para empeñarlos en obsequio nuestro
a emprender esta obra y concluirla?
¿Ó qué nuevo interés pudo inducirlos
Pacíficos después de tantos siglos
a codiciar nuevo tenor de vida?
Aquel sólo apetece las mudanzas
Que de suerte infeliz es perseguido:
Pero aquel que jamás probó infortunio
Gozando de tranquila y dulce vida,
¿Qué nuevo estado pudo enamorarle?
¿En las tinieblas y en la angustia estaba
Su vida acaso hundida hasta el momento
En que nueva brilló naturaleza?
Y de no haber nacido, ¿qué desgracia
Nos podía venir? Cualquier nacido
Tan sólo debe apetecer la vida
Mientras blando placer le tenga en ella:
Pero aquel que jamás contado fuera
Entre los que gustaron su dulzura,
¿En no haber existido, qué perdiera?
¿De dónde, pues, sacaron las deidades
Para la creación del Universo
El ejemplar y la primera idea
De los hombres, de modo que pudiesen
Concebir claramente su proyecto
Y ejecutarle? ó ¿cómo conocieron
Las cualidades de los elementos,
Y lo que pueden sus combinaciones
Diferentes, a no ser que la misma
Naturaleza lo haya declarado?”
***
“[…] Suponiendo que yo mismo ignorara
De los principios la naturaleza,
a asegurar, no obstante, me atreviera,
Cielo y naturaleza contemplando,
Que no puede ser hecha por los dioses
Máquina tan viciosa é imperfecta”
***
“[…] En las soledades los peñascos
Repiten las palabras por su orden
Y en articulación cuando buscamos
Entre montes opacos los perdidos
Compañeros, llamándolos a voces.
Sitios he visto yo que repetían
Seis ó siete palabras, diciendo una:
Las palabras así de cerro en cerro
Reflejadas muy bien se distinguían.
Los pueblos comarcanos se figuran
Que las ninfas habitan estos sitios,
Y caprípedos sátiros, diciendo
Los faunos ser, que en estas soledades
Interrumpen la calma silenciosa
Con su nocturno estrépito y retozo
Y que hieren las cuerdas con destreza,
Que acompaña la flauta bien tocada:
Y aseguran sentir los campesinos
Cuando Pan, agitando en su cabeza
Anfibia la corona de los pinos,
Recorre con sus labios retorcidos
Los caramillos, porque nunca deja
De sonar canción rústica la flauta.
Otros muchos prodigios de esta clase
Refieren, y los venden por milagros,
Bien porque no se mire aquella tierra
Que habitan ellos como abandonada
De los dioses, ó bien sean movidos
De otra cualquier razón, como que toda
La raza humana fábulas ansía”
***
“La imagen de un centauro no se forma
Seguramente de un centauro vivo:
No ha criado jamás naturaleza
Semejante animal; es un compuesto
De simulacros de caballo y hombre
Que el acaso juntó; y cual dicho habemos
Su tejido sutil y delicado
La reunión al momento facilita […]”
***
“No es preciso el auxilio de los dioses
Ni las flechas de Venus para amarse.
A veces a más fea mujercilla,
Su conducta, su agrado, su limpieza,
Sus artificios inocentes hacen
Que se acostumbre el hombre fácilmente
a vivir en su trato y compañía,
Porque engendra cariño el mucho trato:
Golpes reiterados, aunque leves,
Al cabo de años triunfan de los cuerpos
Más sólidos. ¿No observas que las gotas
De la lluvia que caen sobre las peñas
Después de mucho tiempo las socavan?”
***
“Efectos naturales, pues, son todos,
Y se puede atinar bien con sus causas
Sin presumir que sean estos sitios
Mucho más bien las puertas infernales
Por do los dioses del obscuro imperio
Atraen quizá las almas de los muertos
Sobre la orilla de Aquerón; conforme
A la opinión común de que la simple
Aspiración de los ligeros ciervos
Saca de sus guaridas las serpientes” A propósito de los Volcanes
***
Así, Lucrecio, trata muchos temas relacionados con la naturaleza, la vida, anécdotas, y las personas y sus vidas, siempre con aciertos y otros con versos totalmente errados, pero ya es bastante que un hombre de su época haya hecho descubrimientos científicos, sociales y entre otros tan acertados; aunque tengo muchas más frases y fragmentos creo que ya ha sido suficiente mi exposición y me temo que debo parar y dejar a ustedes que lean esta magnífico libro.
Se vale comentar respetuosamente, claro está, si quieren el libro versión digital, nada más déjenme su correo en un comentario o en un MP y les mandare una versión de este libro bajo licencia GNU de Creative Commons, pero claro os agradecería unos puntillos. Ok. Os veremos en otros post.
P.D: Como no tengo Internet en mi casa, no prometo que pronto os mande el libro en PDF pero de que os llega, os llega. No preocupéis.


